sábado, 30 de enero de 2016

Borges y la hipótesis de los universos paralelos: El jardín de los senderos que se bifurcan.



 
Era 1941, en plena segunda guerra mundial. En Argentina, un país más al Sur de lo que puedieron imaginarse los combatientes de la guerra, vivió Jorge Luis Borges (1899-1986), un escritor con una habilidad enorme de sintetizar la fantasía y la realidad, de contar historias surreales y de interactuar con la profundidad del pensamiento del lector, en síntesis, uno de los grandes.

Por ese entonces, Borges publicó “El jardín de los senderos que se bifurcan” un cuento policiaco en el contexto de la guerra donde se hablaba de un personaje ficticio llamado Ts’ui Pên. La obra del ficticio Pên, es abordada para incluir pasajes de fantasía. Detrás de la historia central, Borges expone la obra de su personaje Pên:

“En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras. En cambio, en la obra del casi inextricable Ts’ui Pên, el hombre opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan.”

Al seguir las letras de Borges, puede verse que van más allá de lo literario. Sin saberlo, quizá Borges se adelantó a su tiempo y pensaba en algo mucho más fundamental: la interpretación de los universos paralelos: una idea que busca interpretar las feroces ecuaciones de la mecánica cuántica.

La mecánica cuántica es la teoría que se encarga de formalizar gran parte de las características del universo en lo fundamental: lo microscópico. Esta teoría es quizá uno de los logros intelectuales más importantes de la civilización humana. Sin embargo, escapa a la comprensión de la mayoría de personas e incluso para la mayoría de los físicos.

La cuántica utiliza compendio de reglas y procedimientos matemáticos y obtiene excelentes resultados al comparar su predicciones con los experimentos. A pesar de su éxito como herramienta de cálculo, esta teoría requiere suposiciones que no son familiares para nuestra comprensión “macroscópica” del universo. Partículas superpuestas en varios estados a la vez, cuya posición y velocidad no pueden ser medidas al mismo tiempo, fuciones de onda, densidades de probabilidad, etc.

Es por esto que se han desarrollado una gran cantidad de interpretaciones para entender qué pasa en el universo cuántico de una manera un poco más familiar al sentido común. Todas estas interpretaciones hacen suposiciones mucho más trascendentales que la cuántica y que, incluso, van más allá de las herramientas matemáticas metiendose en asuntos fuera de la frontera de la ciencia. Así, actualmente, estas interpretaciones conforman gran parte de la metafísica moderna y no se ha decidido una u otra como verdaderas simplemente porque no son decidibles: se puede escoger cualquier interpretación sin perder los mismos resultados que prevee la cuántica como herramienta matemática. Son iguales en lo útil.

Como expliqué en un artículo anterior, la mecánica cuántica plantea la idea de que una partícula puede coexistir en varios estados simultáneamente (por ejemplo, seguir varios caminos a la vez) siempre que no sea medida. Es la idea central de la teoría. Justo en el momento de que alguien observa la partícula, ocurrira un fenómeno llamado “colapso de la función de onda” o “decoherencia” , es decir, la partícula deja de estar en la superposición de estados o de ir por todos los caminos a la vez y se comporta como si hubiera estado, todo el tiempo, en uno sólo.

Una vez que se “rompe” la coherencia, la partícula sigue su evolución en el tiempo sin saber que en algún momento en el pasado estuvo entrelazada y convivía simultaneamente, en otros estados. Así, se ha bifurcado su camino, ya no volvera a saber de los otros. Una vez se rompe la coherencia ya no ha paso atrás, el proceso es irreversible.

El famoso experimento de la doble rendija hecho con electrones, en 1987, corroboró la idea de que una partícula podía estar en varios estados a la vez antes de ser medida. Efectivamente, se observó que, una vez que su posición era medida, se perdía la superposición con otros estados y seguía uno sólo. La distinción en ese entonces entre partícula y observador era clara: su tamaño. El observador era grande y los electrones pequeños. La partícula se comporta cuánticamente y el observador sigue la mecánica clásica, la de las tres leyes de Newton.


La partícula va por todos los caminos posibles hasta que es medida. Entonces, se decide por uno solo.



Sin embargo, en 2003 se logró mostrar que una molécula tan grande como un Fullereno, compuesto por 60 átomos de Carbono (unas mil partículas) también podía estar, simultaneamente, en un estado coherente: vivir simultaneamente en infinitas historias antes de ser observado. Es decir, se consiguió que esas mil partículas no se “observaran” entre ellas y siguieran conviviendo en coherencia. Así, no queda claro que tan pequeño se debe ser para ser considerado “cuántico”. Este experimento planteó más preguntas que respuestas.

Entonces, se volvió más ambigua la diferencia entre observador y objeto medido. Ambos podían ser arbitrariamente grandes o arbitrariamente pequeños. De esta manera, se puede pensar que no sólo las particulas “cuánticas” se encontraban en una superposición de estados sino también lo estaría el observador pues él tambien está hecho de partículas elementales. El jardín de los senderos que se bifurcan es el universo mismo.

Pero a Borges ya se le había ocurrido algo similar. En su obra, aclara su idea de realidades que se entrelazan hablando de Fang, un personaje de la obra de Ts’ui Pên:

“…Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo. En otro, mi amigo.”

De esta manera, en la obra del escritor que imagina Borges, la bifurcación de historias no se restringen, unicamente, a partículas elementales. Cuando pasa algo importante, el futuro se bifurca en todos los descenlaces posibles y todos son reales simultáneamente. Existe una realidad en la que usted decidió leer este artículo y otra, simultaneamente en que decidió no hacer click y sigue haciendo otras cosas. Una idea perturbadora. Afortunadamente seguimos la línea en la que ud decidió leer el artículo.

El formalismo de las ideas que han sido expuestas fue publicado dieciseis años después de la publicación de “El jardín de los senderos que se bifurcan”, en 1957, Hugh Everett III (1930-1982). En su paper de 1956 llamado “The Theory of the Universal Wavefunction” (la teoría de la función de onda universal)f ormuló la interpretación de universos paralelos o más adecuadamente realidades paralelas.Allí, proponía que la función de onda (función que describe una partícula) en realidad no se restringe a una simple partícula sino que, en realidad también involucraba a los observadores. Todo el universo era una función de onda y todas las partículas del universo se encuentran en estados superpuestos. No solo el observador observa la partícula y rompe su coherencia, también pasaba lo contrario, la partícula “observa” al observador y colapsaba sus posibles futuros en uno sólo. Al momento de colapsar, todas los posibles futuros coexisten sin saberlo.

El punto de la idea de Everett es que los estados superpuestos solo saben de los demás mientras se mantenga la coherencia. Una vez perdida la coherencia, es decir, hecha una observación y colapsada la función de onda, los estados son independientes y no podrán interactuar más con aquellos estados con los que alguna vez estuvieron entrelazados. No hay forma de probar que existen realidades paralelas ya que no hay interacción entre ellas una vez ha colapsada nuestra función de onda. Y esta función de onda colapsa, al menos en nuestras partículas, con una rápidez mucho mayor a loq ue podemos percibir. De hecho nuestra percepción es lo que las colapsa.

Esta idea duró mucho tiempo ignorada y Everett se sintió grandemente frustrado cuando no se tomó en serio su hipótesis y se dedicó a otras cosas. Sólo hasta 1970, la comunidad científica adoptó esta interpretación como una forma de ver la mecánica cuántica. Sin embargo, insisto, la interpretación de Everett no corresponde, hasta ahora, a algo verificable pues lleva a los mismos resultados que las demás interpretaciones.

El proceso de observación, es entonces, el que define nuestra dinámica. La bifurcación de los senderos del Jardín de Borges ocurre justo allí. Sin embargo, aún no estamos seguros qué es lo que causa que los estados colapsen a uno sólo o que, por el contrario, sigan en una superposición como pasa en el sistema de mil partículas del Fullereno. Sea lo que sea, no se puede verificar, hasta ahora. Como expliqué en ¿Cuál es la causa del universo? Desde Aristóteles hasta la teoría cuántica, la idea de que haya algo más allá que haga que se escoja el camino por el cual vamos ahora, corresponde a metafísica y no es necesaria dentro del formalismo de la mecánica cuántica. Debemos conformarnos con los cálculos de la probabilidad de que la función de onda de la partícula colapse en un camino específico.

Sin embargo, algo sí es claro, mientras haya una mayor cantidad de partículas en un sistema, será más fácil que alguna colapse, que pierda su coherencia (usualmente el sistema colapsará a un estado muy cercano al predicho por las ecuaciones de Newton de la mecánida usual) Actualmente se ha intentado, sin éxito, hacer el experimento de doble rendija con moléculas de decenas de miles de partículas como un virus pequeño. Mantener la coherencia de un sistema de varias partículas es, por tanto, el gran objetivo de los físicos cuánticos.

El interés no es sólo académico, mantener un sistema complejo en varios estados al mismo tiempo podría elevar exponencialmente los rendimientos de, por ejemplo, las computadoras. ¿Imagina que en lugar de un computador haciendo un cálculo para resolver un problema, tengamos a uno que puede estar en infinitos estados al mismo tiempo y por lo tanto realizar infinitos cálculos? Ese es el propósito y el mecanismo de funcionamiento de un computador cuántico. Pero pasará mucho tiempo antes de que aprendamos a mantener la coherencia de muchas partículas. Mucho tiempo antes de dominar las realidades paralelas.

Fuente : El Espectador

domingo, 24 de enero de 2016

Jorge Luis Borges estuvo cerca de ganar el Nobel de Literatura en 1965




Fernando Chaves Espinach

Cuando los amantes de los libros discuten sobre el Premio Nobel de Literatura, no pasan muchos minutos antes de discutir las grandes omisiones del galardón. Entre muchos grandes autores dejados de lado por la Academia Sueca, Jorge Luis Borges es uno de los más notorios. Lo que no sabíamos hasta ahora es que estuvo muy cerca de ganarlo en 1965.

El premio literario más respetado del mundo, otorgado por la Academia Sueca, es conocido por la extrema discreción con la que se decide. Sin embargo, 50 años después de las decisiones, se revelan los nominados por diferentes instituciones y académicos y las decisiones del jurado.

Ahora sabemos que el premio otorgado a Mijaíl Shólojov, autor de la monumental novela El Don apacible, pudo haber quedado en manos de Borges, Vladimir Nabokov o W. H. Auden.

Como recuerda Electric Literature, el premio a Shólojov fue controversial incluso entonces. El autor, quien apoyaba al gobierno soviético, había criticado el premio de 1958 a Boris Pasternak.

Aquel poeta ruso, autor de Doctor Zhivago y crítico del sistema soviético, fue obligado por el gobierno de su país a renunciar al galardón. Aún más, Shólojov había sido acusado de plagiar partes de su gran novela.

Los premios para soviéticos y rusos siempre han sido controversiales. Pocos años después, en 1970, el Nobel fue para Aleksandr Solzhenitsyn, quien había destapado los crímenes de los campos de trabajos forzosos soviéticos en El Archipiélago Gulag y Un día en la vida de Iván Denisóvich.

En el 2015, resugieron debates similares por el premio para la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, ácida crítica de los gobiernos ruso y bielorruso.

Por ello, contar con la lista compilada por la Academia Sueca en 1965 resulta tan interesante. Sabemos ahora que el autor de Lolita, Nabokov, y Borges pudieron haber ganado el premio ese año. También consideraron al cubano Alejo Carpentier ( El reino de este mundo, El siglo de las luces), al filósofo alemán Theodor W. Adorno, y al poeta inglés W. H. Auden.

Aparecen en la lista otros autores que eventualmente serían nobelizados, como el japonés Yasunari Kawabata y el chileno Pablo Neruda.

Borges bromeaba con el tema. Su influencia internacional fue tan grande que siempre se especuló en torno a las razones por las que el Nobel no reconocía su literatura –especialmente, por su aparente apoyo a los regímenes derechistas de Sudamérica–. El autor de Ficciones decía que era "tradición" de los suecos no darle el premio.

Fuente : La Nación – Costa Rica

Chasing Fried Eggs With Jorge Luis Borges




 
By César Chelala | January 23, 2016

During a recent trip to Argentina I was talking with an old friend, a successful psychiatrist, about Jorge Luis Borges, the famous Argentine writer. She told me about the only time she had met him. “I had gone to a lecture by Borges at a cultural center in Buenos Aires. I was a 14-year old student planning to study literature at the university and become a writer and Borges was a hero to me.

“I was enraptured by Borges strong personality. However, there was a big discrepancy between his physical appearance and the quality of his speech. I saw him as an old man who looked very tired—a sensation increased by the poor lighting in the place—but the magic of his words transported me to another world, the world of the imagination.

“After the lecture I decided that I wouldn’t study literature, since I would never be able to write like him. On my way out, there were several books on sale. On an impulse I bought a book called ‘Psychosomatic Medicine,’ by Eric Wittkower and Hector Warnes. I was so taken by it that after reading it I decided to become a psychiatrist, a decision I never regretted. I can truly say that although I saw Borges only that one time, he dramatically changed my life.”
I can truly say that although I saw Borges only that one time, he dramatically changed my life.

Although in reading Borges one may think he was a very serious person, he was actually a man who loved jokes and always had unexpected responses to everyday events. Mario Rojman, a friend I met in Buenos Aires, told me that Borges visited Peru when he was an attaché at the Argentine Embassy. Because he loves poetry, both he and Borges would recite some of the writer’s poems aloud, each one a line at a time. They were having a lot of fun, said Rojman. During that visit, the King and Queen of Spain decided to visit Peru. When Rojman told Borges the news he replied, with a mischievous smile, “I hope they won’t bother us…”
Antiquarian manuscripts by Argentine writer Jorge Luis Borges diplayed at a book fair in Frankfurt, Germany, on Oct. 8, 2010. (Daniel Roland/AFP/Getty Images)

Antiquarian manuscripts by Argentine writer Jorge Luis Borges diplayed at a book fair in Frankfurt, Germany, on Oct. 8, 2010. (Daniel Roland/AFP/Getty Images)

His sense of irony never left him. Says María Esther Vazquez, who was his secretary and then his partner (in the book “The Other Borges” by Mario Paoletti), that on one occasion, when he was with a group of ladies and as he walked to the bathroom, Borges said, “I am going to shake Monsignor’s hand.” When Borges returned from the bathroom one of the ladies reproached him, “Georgie, you don’t shake hands with a Msgr. When you meet him you have to kiss his ring.”

On another occasion, during an interview in Rome, an Italian journalist tried to embarrass him. As he failed to do so he asked Borges, “Do you still have cannibals in your country?” Borges replied, “No, we don’t. We ate them all…”
An Italian journalist trying to embarrass Borges asked, ‘Do you still have cannibals in your country?’ Borges replied, ‘No, we don’t. We ate them all…’

I had the honor of meeting Borges personally. In 1970, I was doing biomedical research in Buenos Aires, on a fellowship from Tucumán, my hometown in the northern part of the country. For my wife and me, living in Buenos Aires was a far cry from the provincial kind of life we had been leading in Tucumán.

We didn’t have much money or personal contacts which made our daily life difficult and dull. Life was also stressful due to the demands of working in a world class research institute where the director, Dr. Luis F. Leloir, had received the Nobel Prize in Chemistry in 1970. To make ends meet my wife was working in jobs far below her professional capacity as a university graduate. At the time, she was also taking language and literature courses at the Instituto de Lenguas Vivas in Buenos Aires.
A man looks at pictures of Argentine writer Jorge Luis Borges during the International Book Fair in Lima, Peru, on July 20, 2006. (Eitan Abramovich/AFP/Getty Images)

A man looks at pictures of Argentine writer Jorge Luis Borges during the International Book Fair in Lima, Peru, on July 20, 2006. (Eitan Abramovich/AFP/Getty Images)

One of her professors was an American named Donald A. Yates, a professor emeritus of Spanish-American literature at Michigan State University (East Lansing). He is the translator of both novels and short stories by many Spanish-American authors, including “Labyrinths: Selected Stories and Other Writings” by Jorge Luis Borges.

One day, Prof. Yates invited both of us to join him and Borges for dinner at an upscale restaurant in Buenos Aires. For us, it was a wonderful change from our daily life. And Borges didn’t disappoint us. He was practically the only person who spoke the whole evening, always full of charm and knowledge.

Learning that my wife was of Basque descent from both sides of her family, he talked a lot about Basque history. He had come to dinner alone and was virtually blind. He ordered a pair of fried eggs, which were brought to him in a deep dish with a spoon. All evening he kept trying to catch the eggs with the spoon, and only succeeded in pushing them to the side of the dish.

Although we felt bad about seeing this, Borges didn’t seem to mind at all, and kept talking as if nothing unusual were happening. For a blind person used to living on past memories, perhaps the life of the imagination was for him more important than real life. And yet his life and work had a singular impact on the life of many.

César Chelala, M.D., Ph.D., is a global public health consultant for several U.N. and other international agencies. He has carried out health-related missions in 50 countries worldwide. He lives in New York and writes extensively on human rights and foreign policy issues, and is the recipient of awards from Overseas Press Club of America, ADEPA, and Chaski, and recently received the Cedar of Lebanon Gold Medal. He is also the author of several U.N. official publications on health issues.

Views expressed in this article are the opinions of the author(s) and do not necessarily reflect the views of Epoch Times.

Fuente :Epoch Times

sábado, 23 de enero de 2016

Borges y la neurociencia de la lectura



 
Borges, neurocientífico: el gran lector argentino al parecer estaba en lo cierto: somos lo que leemos, y nuestro cerebro se transforma literalmente a través de los textos que introducimos a nuestra mente

Alejandro Martinez Gallardo   

Tempranamente condenado a una progresiva ceguera, el escritor argentino Jorge Luis Borges se asumió poéticamente como parte de una tradición literaria de eminentes escritores ciegos. En el “Poema de los dones”, escribió: “Nadie rebaje a lágrima o reproche/ esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche”. Ciego, a Borges le estaba destinado un mundo interior de sueños y versos; velado el mundo de la sangre, la espada y la rosa (para él sólo la rosa del poema). Quizás por esto nadie ha mistificado la literatura tanto como Borges, el hombre que hizo de la biblioteca una imagen del paraíso, el único paraíso al que podía acceder, aunque al final de su vida sólo en sueños podía vislumbrar las páginas de los libros.

Lo de Borges y la literatura no fue una glorificación del escritor, como ocurre con otras figuras más viriles; fue una más humilde y entusiasta elevación de la lectura a una dimensión numinosa. Como buen hombre de letras –aunque en sus letras envidió a los hombres de acción, como un dejo o quizás más como un recurso narrativo– Borges eligió moverse solamente por un laberinto de bloques mentales, de palabras que reflejaban antiguas luces como espejos, de los escritores que leyó como los fantasmas que se adhieren a los muebles de una casa. En otro poema Borges escribió: “Qué otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Recorriendo las páginas que había leído, Borges notó que las palabras, las ideas y las imágenes que había encontrado en los libros eran parte ya de su rostro, de su álgebra más íntima. La literatura, podemos decir en términos más actuales, siguiendo a Borges, es una forma de modificar nuestra estructura cerebral.

Todo esto a colación de un artículo reciente compartido por el sitio de tecnología del MIT donde se cita a Borges como precursor de una propiedad de la neuroficción. Leemos una cita de otra famosa frase de Borges en su defensa de la lectura por sobre la escritura, la cual es una disciplina menor: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Luego se nos explica que el escritor argentino tenía razón, ya que ciertas estructuras cerebrales se modifican cuando se lee ficción, según un estudio científico. Investigadores, publicando en Brain Connectivity, observaron efectos duraderos en el lóbulo temporal y otras estructuras ligadas al lenguaje en personas que leyeron algunas novelas. Otro estudio citado sugiere que leer fomenta la neurogénesis o la sinaptogénesis, nuevas neuronas y nuevas conexiones. Otro estudio reveló un incremento en la capacidad de sentir empatía, esa emoción eminentemente humana, luego de leer ciertas novelas. El psicólogo Steven Pinker definió hace unos meses la literatura como la forma en la que una mente entra en otra, una fantasmagoría literal: Borges llevaba cientos de fantasmas en su mente.

Borges no es el primer escritor que es visto como un antecedente de un descubrimiento neurocientífico. Proust, por ejemplo, ha sido citado como un precursor del funcionamiento de la memoria involuntaria: cómo una percepción sensorial puede detonar todo un continente de memoria. Los neurocientíficos, de la misma manera que los escritores (transformando en su lectura la forma en la que nos acercamos a un texto), también crean sus precursores, lo cual era una de las ideas preferidas de Borges.

Fuente : Pijama Surf