lunes, 2 de octubre de 2017

El enigma de “La otra muerte”


  En el análisis del cuento “La otra muerte” de Jorge Luis Borges, como en la leyenda de Edipo Rey, quien descifró el enigma de la esfinge, por lo que se le concedió el reino de Tebas, habrá que descifrar lo enigmático y  lo conjetural, para poder desentrañar el verdadero sentido de la obra. Conjeturar es inferir hipótesis interpretativas. Este es el procedimiento que se ve obligado a seguir el lector “detective” que conjetura en torno a las argucias que tiende Borges que confunden constantemente la verdad y la mentira y hacen de la conjetura un proceso inestable: “El texto postula la cooperación del lector como condición de su actualización. Podemos mejorar esa formulación diciendo que un texto es un producto cuya suerte interpretativa debe formar parte de su propio mecanismo generativo: generar un texto significa aplicar una estrategia que incluye las previsiones de los movimientos del otro; como ocurre, por lo demás, en toda estrategia…”(Lector in fabula, p.79) Para comenzar con esta indagación deberemos tener en cuenta los siguientes presupuestos  teóricos:  Podemos decir que un poema no tiene existencia real hasta que es leído, y que su sentido sólo puede ser discutido por sus lectores. Si diferimos en nuestras interpretaciones, se debe a que, nuestras maneras de leer también son diferentes. Es el lector quien asigna el código en el cual el mensaje está escrito y, así realiza lo que de otro modo sólo tendría sentido en potencia.[2] El lector debe actuar sobre el material textual para producir el sentido. Wolfgang Iser sostiene que los textos literarios siempre contienen “huecos” que sólo el lector puede llenar.[3] Si actuamos en esa producción de sentido, el primer hueco que debemos colmar de significado es el título “La otra muerte”. Éste  sugiere un problema enigmático, del cual surge la siguiente incógnita ¿qué significa la otra muerte?, acaso existe más de una muerte en el interior del texto, es aquí donde opera la conjetura. En esta búsqueda de sentido es preciso tener en cuenta, que la  experiencia de la lectura variará según las experiencias vividas. Las palabras que leemos no representan objetos reales, son un enunciado humano bajo una apariencia de ficción. El lenguaje de la ficción nos ayuda a construir en nuestra mente objetos imaginarios. Siempre podremos aprender algo leyendo. Para utilizar las palabras de Iser, la lectura nos da la oportunidad de formular lo informulado.[4] A través de estos conceptos podemos decir, que  el enigma que atraviesa el cuento, está determinado por la presunción de dos muertes. Al enunciar la “otra”, se presume que la precedió alguna, desconocida aún, para el lector al comienzo de la lectura. Cuando nos internamos en el texto descubrimos que don Pedro Damián, el personaje alrededor del cual gira la acción, participó  de la batalla de Masoller en 1904, donde habría actuado como un cobarde. Ejemplo: “…Alguien podría pensarse cobarde y ser un valiente, y asimismo al revés, como le ocurrió a ese pobre Damián, que se anduvo floreando en las pulperías con su divisa blanca y después flaqueó en Masoller.”[5] Esto es referido por un narrador protagonista, que se interesa, por la vida de Damián. La fiebre y la agonía de éste le sugieren un relato fantástico. Ejemplo: “…La fiebre y la agonía del entrerriano me sugirieron un relato fantástico sobre la derrota de Masoller…” [6] En sus indagaciones es éste, quien descubre las incongruencias, del tiempo y sus consecuencias. Para continuar podemos citar a Barthes, quien nos dice que, toda lectura se da en el interior de una estructura (por múltiple y abierta que ésta sea) y no en el espacio presuntamente libre de una presunta espontaneidad: no hay lectura “natural”, “salvaje”, la lectura no desborda la estructura está sometida a ella, tiene necesidad de ella, la respeta; pero también la pervierte.[7] Mediante esta propuesta de la lectura que nos platea Barthes, descubrimos que luego, de  aquel acontecimiento fallido nuestro protagonista, procuró vivir en soledad en el campo, casi sin existir, con la esperanza y el deseo de cambiar su “destino”, que logró realizar en el delirio de su muerte en 1946. Ejemplo:   “…La adivino así. Damián se portó como un cobarde en el campo de Masoller, y dedicó la vida a corregir esa bochornosa flaqueza. Volvió a Entre Ríos; no alzó la mano a ningún hombre, no marcó a nadie, no buscó fama de valiente, pero en los campos de Ñancay se hizo duro, lidiando con el  monte y la hacienda chúcara. Fue preparando, sin duda sin saberlo, el milagro. Pensó con lo más hondo: Si el destino me trae otra batalla, yo sabré merecerla. Durante cuarenta años la aguardó con oscura esperanza, y el destino al fin se la trajo, en la hora de su muerte. La trajo en forma de delirio pero ya los griegos sabían que somos la sombra de un sueño. En la agonía revivió su batalla, y se condujo como un hombre y encabezo la carga final y una bala lo acertó en pleno pecho. Así, en 1946, por obra de una larga pasión, Pedro Damián murió en la derrota de Masoller, que ocurrió entre el invierno y la primavera de 1904…”[8]   “La otra muerte” produce en el lector una nueva percepción del destino y de la muerte. Borges logra esto, en primer lugar con el título que provoca un extrañamiento. En segundo lugar, la aparición de fechas históricas, hechos y personajes que afirman la muerte de Damián en una y en otra época, desconciertan al lector, y lo sumergen en una vacilación expectante. Y por último el cambio del destino, se describe como una modificación de hechos que pertenecen a una cadena de causalidad, que están vinculados a su vida y a quienes lo rodearon. Ejemplo: “…Pedro Damián murió en Entre Ríos, en 1946; en la segunda, en Masoller, en 1904. Ésta es la que vivimos ahora, pero la supresión de aquélla no fue inmediata y produjo las incoherencias que he referido. En el coronel Dionisio Tabares se cumplieron las diversas etapas: al principio recordó que Damián obró como un cobarde; luego, lo olvidó totalmente; luego recordó su impetuosa muerte. No menos corroborativo es el caso del puestero Abaroa; éste murió, lo entiendo porque tenía demasiadas memorias de don Pedro Damián.”[9] Con respecto al destino, Borges en una entrevista dice lo siguiente: Mi padre era anarquista individualista, lector de Spencer, profesor de psicología, poeta romántico que dejó algunos buenos sonetos, pero él quiso que se cumpliera en mí el destino de escritor (que no pudo cumplirse en él). Ya mayor habría yo de entender que desde niño se me había trazado el destino de las letras (…) Este es mi destino; lo supe siempre. Yo no imagino ningún otro que no sea éste. Yo quiero ser feliz a la manera de todos. También Milton intuyó ser escritor antes de serlo y lo fue.[10] Aquí se encuentran los elementos que Borges presenta en sus narraciones como distintivos del Destino: inevitable, consecuencia de acciones anteriores, epifánico e interminable como fuerza generadora. Un elemento adicional que sobresale en estos fragmentos es algo muy sabido sobre la propuesta literaria de Borges: la vida es literatura. También, se percibe la afirmación de Borges sobre la literatura como génesis de ella misma. A la propia literatura también podría aplicársele, según la ecuación de causa-efecto, el que su Destino es la inevitable tarea de engendrar más literatura y para ello se vale de intrincadas cadenas de causas y efectos que suceden entre los hombres con la intención final de perpetuar la gran razón de la existencia (la literatura), en que se constituye, para Borges, la vida.[11]   Para concluir, a través de la conjetura su puede descifrar el enigma de “La otra muerte”, ¿Existieron dos muertes simultaneas? No, en realidad fue una sólo que se trasladó en el tiempo, en consecuencia cambió el destino de Damián. Con respecto al narrador protagonista en primera persona, podríamos decir, que se pude identificar con el autor del texto si tenemos en cuenta, que éste alguna vez dijo lo siguiente: “No soy un pensador ni un moralista, sino solamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llaman filosofía, en forma de literatura”. En la obra en cuestión, el destino, el tiempo y la muerte forman parte de esa confusión. “La otra muerte”, es un claro ejemplo del universo borgiano, inquietante y escéptico sobre la realidad de las cosas.

Bibliografía:

    Borges, Jorge Luis, La otra muerte, en El aleph, Alianza Editorial, 1998
    Eufraccio, Patricio, La presencia del “Destino” en Borges, Universidad Nacional Autónoma de México 1998
    Peicovich, Esteban, Borges, el palabrista. Madrid, Letra viva, 1980, p. 71
    Rodríguez Monega, Emir , “Ficcionario” (adaptado)
    Selden, R., La teoría literaria contemporánea, Ariel, Barcelona, 1987

[1] Rodríguez Monega, Emir , “Ficcionario” (adaptado)
[2] Selden, R., La teoría literaria contemporánea, Ariel, Barcelona, 1987
[3] Idem op cit
[4] Selden, R., La teoría literaria contemporánea, Ariel, Barcelona, 1987
[5] Borges, Jorge Luis, La otra muerte, en  El aleph , Alianza Editorial, 1998
[6] Borges, Jorge Luis, La otra muerte, en El aleph, Alianza Editorial, 1998
[7] Barthes, R., El susurro del lenguaje, Paidos, 1994
[8]Borges, Jorge Luis, La otra muerte, en El aleph, Alianza Editorial, 1998
[9]Borges, Jorge Luis, La otra muerte, en El aleph, Alianza Editorial, 1998
[10]Peicovich, Esteban. Borges, el palabrista. Madrid, Letra viva, 1980, p. 71.
[11] Eufraccio, Patricio, La presencia del “Destino” en Borges, Universidad Nacional Autónoma de México 1998

Fuente : Falsaria  -  Julieta

Imagen: registro fotográfico Guerra Civil Uruguaya de 1904
Fuente de imagen: enlacesuruguayos.com

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