viernes, 17 de febrero de 2017

Los libros de Bioy Casares y Silvina Ocampo se mudarán a la Biblioteca Nacional


La biblioteca de 17.000 ejemplares de los escritores -muchos de ellos con notas manuscritas de sus dueños y de Borges, con quienes "compartían" la propiedad de una cantidad de volúmenes- serán donados a la institución por sus compradores, según anunció hoy Alberto Manguel

La biblioteca personal de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, unos 10 lotes de 33 cajas que constarían de 17.000 volúmenes, muchos de ellos con anotaciones de puño y letra de los escritores, se mudará a la Biblioteca Nacional , según confirmó el director de la institución, Alberto Manguel.

Hoy por la mañana se firmó una carta de intención en la Biblioteca que refleja el compromiso de los compradores de la colección (Eduardo Escasany y Banco Galicia, Ricardo Torres y Sandra Sakai, Anna Gancia, Fundación Bunge y Born, Marcela Zinn, Fundación Páremai Fractal, Alejandro Stengel y María Cecilia Bullrich y la Fundación del Banco de la Nación Argentina) de donarla a la Biblioteca Nacional al hacerse efectiva la compra a los herederos de Bioy y Ocampo.

"No es una biblioteca de bibliófilos, sino de uso -explicaron Laura Rosato y Germán Álvarez, investigadores de la Biblioteca Nacional, acerca de la importancia de los volúmenes, en un comunicado distribuido por la institución-. Hay un trabajo en conjunto de Bioy y Borges en los ejemplares que adquire un valor documental y con ello se pondrá una puesta en valor de conservación y de trabajo de investigación. Es una biblioteca viva: la utilizaron y nos permite ver, no sólo qué leyeron, sino cómo lo hacían"

Manguel confirmó que algunos ejemplares serán mostrados al público.

Fuente : La Nación.com  - VIERNES 17 DE FEBRERO DE 2017


Jorge Luis Borges: Conferencia sobre James Joyce




Conferencia pronunciada por J. L. Borges en 1960, en la ciudad de La Plata (Argentina).
La producción es obra de Radio Universidad Nacional de La Plata.

Fuente : You Tube

Conversaciones en el laberinto - 6. Borges y el policial



"Conversaciones en el laberinto" es una coproducción de Canal Acequia con Canal Encuentro. El programa propone conocer y explorar en la literatura de Jorge Luis Borges de la mano de la escritora Claudia Piñeiro mediante entrevistas a reconocidos escritores argentinos como Liliana Bodoc, Jorge Aulicino, Carlos Gamerro, Guillermo Martínez, Gonzalo Aguilar, Vlady Kociancich, Juan Sasturain y Martin Kohan.

El ciclo, de 8 capítulos de media hora va en busca de las huellas de Jorge Luis Borges en la finca Los Álamos, ubicada en San Rafael, Mendoza, donde el escritor pasó varios veranos. En este sitio emblemático vivió Susana Bombal, la escritora que transformó la estancia en un refugio de poetas y artistas en los años ´40.

Fuente : You Tube

James Joyce y el Ulises: la causa por la cual Saer conoció a Borges



 El 15 de junio de 1966 Jorge Luis Borges brindó una conferencia sobre la obra de James Joyce en una sala del Museo Municipal de Santa Fe. Un par de horas antes tuvo lugar el primer -y quizás único- encuentro entre el poeta de “Fervor de Buenos Aires” y un joven y casi desconocido Juan José Saer, que registró el diálogo en un grabador.

Por Germán Ulrich

Lo curioso es que posteriormente Saer situó esa charla en 1967 (al citarla en su artículo “El destino en español del Ulises”, publicado en El País de Madrid en junio de 2004), y también la fecha fue esquiva para Jorge Conti, que la transcribió en 1988 en la revista “Crisis” como ocurrida en 1968.

Como fuere, Saer era un joven de 28 años que solo había publicado hasta entonces los cuentos de “En la zona” (1960) y “Palo y hueso” (1965), y la novela “Responso” (1964), y su nombre había llegado a Buenos Aires menos por esos libros que por una iracunda intervención en el Congreso de Escritores que la SADE realizó en Paraná en noviembre de 1964, cuando atacó a Silvina Bullrich (“'Los burgueses' no pasa de ser un best-seller") y a Manuel Mujica Láinez ("'Bomarzo' podría estar fechada en 1870").

El diálogo con un Borges ya ciego, célebre y casi mítico, derivó hacia inquietudes que Saer parecía tener a flor de piel por esa época: cercano a publicar “La vuelta completa”, su segunda novela, le pidió una reflexión sobre la estructura de la novela moderna luego de endilgarle a su interlocutor ser “un gran traductor de Faulkner, que conoce tan a fondo el 'Ulises' de Joyce, Proust y toda la narrativa moderna...".

Borges plagió a Shaw “cuando dijo de O'Neill que no había nada nuevo en él salvo sus novedades”, y mencionó a Faulkner y a Proust como representantes del género novela para decir que "esos artificios acabarán por cansar".

“Creo que volveremos a 'En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...'”, sentenció Borges, y luego pareció aconsejar a Saer al decir que “un joven escritor debiera empezar por la sencillez y no por la complejidad”.

Otra curiosidad, a la distancia, se revela en la alusión al “Ulises”: mientras en la charla le atribuye a Borges conocer esa obra “tan a fondo”, en el artículo de El País (publicado luego en “Trabajos”, de 2005), Saer sospecha que el autor de “El Aleph” “nunca la había leído” a la traducción, y va más lejos al decir “como probablemente tampoco el original”.

Sobre la conferencia de Borges en el Museo Municipal de Santa Fe, el vespertino “El Litoral” consigna dos días después, el 17 de junio de 1966: “La apagada y monótona voz de Jorge Luis Borges fue ayer un desafío para la atención de los numerosos oyentes que, por falta de micrófono, en vano pugnaban por oír las disquisiciones de este calmo autor sobre la obra del irlandés James Joyce”.

“Un vaso de agua bebido al final y un reloj eran los únicos objetos sobre la mesa en que se apoyaba Borges, envuelto en su propio mundo de resonancias verbales del que poco a poco fue surgiendo el retrato de Joyce”, sigue.

Luego de referirse a “Retrato del artista adolescente” y los deliberadamente grises cuentos reunidos en “Dublineses”, la crónica destaca “el profuso, complicado, irónico orbe del 'Ulises', esa obra calificada como laberíntica que inspirándose lejanamente en 'La Odisea' traza la novela de un día, un simple, habitual día de un sencillo y común hombre de Dublín”.

A los efectos de su encuentro con Saer, vale detenerse en su reflexión siguiente, cuando señaló que “el talento de Joyce, como el de Góngora, como el de Lugones, es esencialmente verbal, hecho de articulaciones nuevas, de palabras intraducibles a idiomas como el castellano o el francés, hostiles a las palabras compuestas”.

“Para Borges, Joyce, más que un novelista, es un poeta ligado esencialmente al ámbito del idioma inglés. El 'Ulises', en toda su vasta complejidad, en sus aciertos y valores, poco importa como novela en sentido estricto. Pero Joyce perdurará sobre todo por su enorme poder de invención y renovación, por su intento de violenta originalidad de recorrer nuevos caminos que, a su manera, justifican a todos los que se sintieron tentados de nuevas experiencias literarias".

En su artículo de El País, Saer recuerda a Borges en aquella tarde de 1966 charlando con un grupito de jóvenes escritores que iban a hacerle un reportaje, entre los que él mismo se encontraba, “cuando de pronto se acordó de que en los años cuarenta lo habían invitado a integrar una comisión que se proponía traducir colectivamente Ulises”.

Luego de casi un año de discusiones semanales, “uno de los miembros de la comisión llegó blandiendo un enorme libro y gritó: '¡Acaba de aparecer una traducción de Ulises!'”.

El periodista Roberto Maurer, amigo por décadas de Saer, contó en diálogo con Télam que fue Max Dickmann, en nombre de Santiago Rueda Editor, quien se contactó con el sorpresivo traductor: J. Salas Subirat.

Salas Subirat era un vendedor de seguros absolutamente anónimo al oído de los entendidos en literatura de la época; por cuenta propia resolvió traducir una página por día hasta acumular las 815 páginas de lo que luego sería la primera traducción del “Ulises” al español.

En la charla con los jóvenes escritores de Santa Fe, unas horas antes de dictar su conferencia sobre Joyce, Borges recordó la historia y riéndose dijo: - “Y la traducción era muy mala”.

Según Saer, ante esa afirmación, “uno de los jóvenes que lo estaba escuchando replicó: 'Puede ser, pero si es así, entonces el señor Salas Subirat es el más grande escritor de la lengua española”.

A cincuenta años de aquella visita de Borges a Santa Fe, Maurer también recuerda la anécdota y sobre todo la frase. Y no duda: el escritor que le respondió a Borges, con tono algo socarrón y sonrisita dibujada en su cara de turco ladino, fue el joven Juan José Saer.

Fuente : Telam

miércoles, 15 de febrero de 2017

Conversaciones en el laberinto - 5. Borges y el cine


"Conversaciones en el laberinto" es una coproducción de Canal Acequia con Canal Encuentro. El programa propone conocer y explorar en la literatura de Jorge Luis Borges de la mano de la escritora Claudia Piñeiro mediante entrevistas a reconocidos escritores argentinos como Liliana Bodoc, Jorge Aulicino, Carlos Gamerro, Guillermo Martínez, Gonzalo Aguilar, Vlady Kociancich, Juan Sasturain y Martin Kohan.

El ciclo, de 8 capítulos de media hora va en busca de las huellas de Jorge Luis Borges en la finca Los Álamos, ubicada en San Rafael, Mendoza, donde el escritor pasó varios veranos. En este sitio emblemático vivió Susana Bombal, la escritora que transformó la estancia en un refugio de poetas y artistas en los años ´40.

Fuente : You Tube

sábado, 11 de febrero de 2017

Descubren la verdadera función del sueño


Nuevos estudios científicos publicados en la revista Science indican que dormimos para olvidar

Dos ensayos publicados en la revista Science sugieren que la principal función del sueño es olvidar. A su vez, dormir es una herramienta esencial que el cerebro aprovecha para aprender. Paradójicamente, los estudios científicos afirman que dormimos justamente para olvidarnos de algunas cosas que aprendemos durante el día y de esta manera logramos pensar mejor en la vigilia.

La neurociencia sostiene que para aprender, debemos desarrollar sinapsis cerebrales . Este proceso permite que nuestras neuronas se comuniquen rápida y eficientemente, y es en estas conexiones que guardamos nuestros recuerdos.

De acuerdo a la hipótesis llamada homeostasis sináptica –que defienden el Dr. Giulio Tononi y la Dra. Chiara Cirelli, biólogos en la Universidad de Wisconsin-Madison- las sinapsis ocurren con tanta abundancia en la vigilia que nuestros circuitos cerebrales se llenan de "ruido". Es cuando dormimos que nuestro cerebro puede reducir la cantidad de sinapsis almacenada en nuestra memoria para que lo esencial de las señales predominen sobre el ruido.

En apoyo a su hipótesis, los científicos observaron que las neuronas son capaces de reducir sus sinapsis. Usando el tejido cerebral de ratones-algunos despiertos y otros dormidos- para conducir sus experimentos, los científicos determinaron el tamaño y la forma de un total de 6.920 sinapsis. Descubrieron que las sinapsis de los ratones que dormían eran un 18% más pequeñas que la de los despiertos. "Ese gran cambio es sorprendente", dijo el Dr. Tononi.

Graham H. Diering, un investigador de postdoctarado en la Universidad John Hopkins, defendió la hipótesis en un segundo estudio. Diering sabía que si las sinapsis se reducen durante el sueño, también disminuyen unas proteínas en el cerebro. Iluminando esas proteínas en los cerebros de ratones con un compuesto químico, observaron que la cantidad se reducía durante el sueño.

En su propio experimento, Tononi y sus colaboradores también destacaron que la reducción no se produjo en una quinta parte de las sinapsis. El proceso selectivo del olvido puede significar que hay recuerdos bien establecidos que el sueño no tiene por qué manipular. "Puedes olvidar de manera inteligente", dijo Tononi.


 Podemos recordar ese gran cuento "Funes el memorioso" (1942) en la antología Ficciones de nuestro maestro Jorge Luis Borges en el cual el personaje principal, Funes, no puede sino recordar todas las percepciones y experiencias de todos los momentos de su vida. Funes solía decir "mis sueños son como la vigilia de ustedes", y en el prólogo de la antología, Borges describió al cuento como "una larga metáfora del insomnio." Sobre el final del cuento, el narrador opina sobre Funes:
"Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos."

Resulta asombroso que dentro de sus consideraciones metafísicas Borges supo anticipar novedosos descubrimientos de la neurociencia que hoy salen a la luz. Quizá Funes tenía el poder absoluto de la memoria que muchos deseamos. Sin embargo, fue a razón de ese poder que, a diferencia de nosotros, Funes no podía pensar. Ahora sabemos científicamente que esto se debía a que no podía dormir y, por ende, tampoco olvidar.

Fuente : Infobae


domingo, 5 de febrero de 2017

Funes el atemporal: Borges y la irreversibilidad del tiempo en la física


Por Alberto Rojo

Pocas nociones son tan obvias como el paso irrevocable del tiempo. Sabemos (o sentimos) que el pasado es inalterable, que el futuro está abierto y que el tiempo es como un río que corre en una sola dirección. Sin embargo, diría Borges, a la realidad le gustan las simetrías. Para las leyes de la física, el pasado y el futuro son indistinguibles. El origen de su asimetría está en el azar, en nuestra ignorancia de “la infinita operación incesante de millares de causas entreveradas” que ocurren en la intimidad del universo microscópico, donde pasado y futuro son indistinguibles. “El tiempo [dice Carlo Rovelli] es nuestra ignorancia”. Si conociéramos cada estado microscópico del mundo, como el Ireneo Funes del cuento de Borges, no habría flecha del tiempo.

Cuando era niño, mi madre, que era especialista en didáctica de las ciencias, me mostró la irreversibilidad del tiempo con un experimento casero. Tiró una gota de tinta en una botella de agua. La tinta se fue esparciendo hasta que, al cabo de un rato, el agua adoptó un tinte uniforme, levemente azulado. Y así permaneció todo el día. Imaginen que filmo la botella durante el experimento y les paso la película al revés. Verán una mancha de tinta que se forma espontáneamente en la parte superior de la botella. Nunca vimos algo así. Hay una clara asimetría entre el experimento tal como lo hice con mi madre y su versión con el tiempo al revés. Ahora imaginen que hago zoom sobre una parte cualquiera del interior de la botella. El zoom nos lleva hasta el nivel microscópico. Somos testigos del choque entre cada molécula de agua y cada molécula de tinta, como si fueran bolas de billar de distinto tamaño. En ese nivel microscópico, somos incapaces de distinguir entre la película real y la película invertida. Cada choque individual entre esas bolas de billar es reversible: si lo paso al revés, no veo nada raro. Del mismo modo, si les muestro la filmación de un planeta girando alrededor del Sol y luego proyecto la misma filmación de atrás para adelante, el planeta invierte el sentido de giro y, en esa inversión, no habrá nada sorprendente. La trayectoria de un planeta alrededor del Sol y el choque microscópico entre moléculas de agua y moléculas de tinta están de acuerdo con las leyes de Newton, que no distinguen el pasado del futuro. El origen de la asimetría en la mancha que se expande está en nuestra inaccesibilidad a cada estado individual, microscópico, del agua con tinta.

A cada estado macroscópico que observamos le corresponde una infinidad de estados microscópicos a los que no tenemos acceso y que sintetizamos con un número limitado de frases: “mancha de tinta en la parte superior”, “mancha semiesparcida” o “agua uniformemente azulada”. La clave de la asimetría está en la distinta multiplicidad de los estados microscópicos que se corresponden con cada una de esas frases: hay muchos más estados microscópicos compatibles con “agua uniformemente azulada” que con “mancha de tinta en la parte superior”. Es frecuente el uso del término “desorden” para designar mayor multiplicidad, aunque la valoración estética de orden o desorden no sea aplicable a la idea de multiplicidad. La analogía con el mazo de naipes que se mezclan es apropiada. Hay muchísimas configuraciones (estados) del mazo, y sólo les damos nombre a algunas, las más ordenadas: “naipes puestos de mayor a menor” o “naipes acomodadas por palos”. Si empezamos con una de esas configuraciones ordenadas y mezclamos las cartas, lo más probable es que terminemos en una de las tantas configuraciones anónimas que llamamos, genéricamente, desordenadas. La mezcla de cartas es análoga al choque de moléculas que pasan de un estado a otro. A medida que transcurre el tiempo, las moléculas van visitando todas las posibles configuraciones microscópicas, del mismo modo que un planeta, al girar alrededor del Sol, visita todos los puntos de su órbita, y que el mazo de naipes va pasando de una configuración a otra. En esa visita por la infinidad de posibles estados del agua con tinta, cada una de las configuraciones microscópicas, como en el mazo de naipes, tiene la misma probabilidad. Pero desde un punto de vista macroscópico, es mucho (muchísimo) más probable el pasaje entre configuraciones de menor a mayor multiplicidad que al revés: es mucho más probable pasar de “mancha de tinta en la parte superior” a “agua uniformemente azulada” que al revés, y es mucho más probable pasar de “naipes acomodados por palos” a “baraja desordenada” que al revés.

La asimetría del tiempo está en la síntesis macroscópica que hacemos de la multiplicidad del mundo microscópico. Pero esa multiplicidad es, al fin y al cabo, una limitación de nuestro lenguaje y de nuestra accesibilidad a cada estado íntimo de la naturaleza. Si pudiéramos darle un nombre distinto a cada orden de la baraja, no habría motivo para preferir un orden sobre otro y no tendría sentido decir que al mezclar desordenamos. La mezcla sería simplemente un pasaje simétrico entre configuraciones. Para un ser con infinita memoria, que no sintetizara la enorme multiplicidad de estados microscópicos de la naturaleza en un número reducido de conceptos, la asimetría entre pasado y futuro no existiría. En Funes el memorioso, Borges habla de un orillero de Fray Bentos que fue maldecido con esa virtud luego de que lo volteara un redomón en la estancia de San Francisco: “Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido”.

El “cronométrico Funes” era incapaz de sintetizar: “No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)”. Su memoria era descomunal: “no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado”, y su descripción de las cosas adolecía de un detalle extremo: “Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero”. Lo más llamativo de Funes en relación con la asimetría del tiempo, es el carácter instantáneo de su percepción: “ Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso”.

Si el tiempo es nuestra ignorancia, la asimetría que observamos, el flujo irrevocable del pasado al futuro se debe a que el universo empezó en un estado de baja multiplicidad, o bajo “desorden”; no empezó con la tinta azulada distribuida uniformemente sobre la botella sino como una “mancha” que fue, y está, expandiéndose hacia estados más “ordenados”. Por qué empezó en ese estado no lo sabemos. Pero sí sabemos que si hubiera empezado en otro estado no estaríamos aquí para hacernos esa pregunta. En su libro La nueva mente del emperador (1989), Roger Penrose dibuja a Dios eligiendo el estado inicial del universo como una aguja en un pajar de estados posibles. Y elije uno con baja multiplicidad. De algún modo, somos fragmentos de una mancha de tinta que va expandiéndose hacia un desorden final y siempre será extraño que podamos mirar indefinidamente hacia atrás, pero no hacia adelante.

Fuente :  Parque Explora – Medellín


sábado, 4 de febrero de 2017

Conversaciones en el laberinto - 4. Borges y la matemática




"Conversaciones en el laberinto" es una coproducción de Canal Acequia con Canal Encuentro. El programa propone conocer y explorar en la literatura de Jorge Luis Borges de la mano de la escritora Claudia Piñeiro mediante entrevistas a reconocidos escritores argentinos como Liliana Bodoc, Jorge Aulicino, Carlos Gamerro, Guillermo Martínez, Gonzalo Aguilar, Vlady Kociancich, Juan Sasturain y Martin Kohan.

El ciclo, de 8 capítulos de media hora va en busca de las huellas de Jorge Luis Borges en la finca Los Álamos, ubicada en San Rafael, Mendoza, donde el escritor pasó varios veranos. En este sitio emblemático vivió Susana Bombal, la escritora que transformó la estancia en un refugio de poetas y artistas en los años ´40.

Fuente : You Tube