sábado, 21 de septiembre de 2019

Borges, a 120 años de su nacimiento


            Rafael Olea Franco, especialista en la obra borgeana

Se trata de los pocos autores de quienes tras su muerte no se pierde el interés por su literatura, por el contrario, crece

Eterno nominado al Premio Nobel de Literatura, que nunca obtiene no obstante que es de los escritores que más lo han merecido, el argentino Jorge Luis Borges es el creador de un estilo propio e inconfundible de literatura, del cual Tito Monterroso decía que era el más fácil, pero también el más difícil de copiar. Se trata de los pocos autores de quienes tras su muerte no se pierde el interés por su literatura, por el contrario, crece, y lo anterior queda demostrado por el hecho de que continúa la traducción de su obra completa a otros idiomas, la más reciente al chino, en 2006, es decir 20 años después de su muerte, y la publicación de estudios sobre sus cuentos, ensayos o temas recurrentes crece cada año.

Lo anterior se puede entender por la universalidad de sus textos que consigue no sólo por tratar temas de la misma índole, sino por los conocimientos del género humano que incluye en ellos. En charla con Litoral, el doctor de El Colegio de México (Colmex), Rafael Olea Franco, especialista en la obra borgiana, señala que el narrador, ensayista y poeta, cumple con dos características que pocos literatos tienen: ser escritor y pensador, y ello se demuestra, obviamente y en primer lugar, por sus libros, y en segundo por los saberes en diversas materias, entre ellas filosofía, matemáticas, tradición y costumbres judías, y de otras literaturas que incorpora a su escritura. Esta conjunción de literatura y conocimientos hace que consiga una literatura única, que lo identifica y lo hace universal, pues se trata de temas que le son comunes a las personas en cualquier punto del planeta.

Por ejemplo, Borges, de quien el 24 de agosto se cumplen 120 años de su nacimiento, gustaba de la filosofía idealista y pensaba que el alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) había resuelto los misterios del universo, y esos conocimientos los traslada a su obra, pero literariamente, es decir “con carnita”, de una manera no tajante como lo son los libros o los discursos filosóficos.

De ahí viene también su contemporaneidad, señala al recordar que en el centenario de su nacimiento (1999), José Emilio Pacheco dictó una serie de conferencias en El Colegio Nacional en las que hizo hincapié en que, a diferencia de otros autores, quienes cuando mueren se pierde el interés en ellos, con Borges no ha sucedido así, por el contrario, aumenta, lo que continúa hasta hoy. Por ejemplo, es uno de los escritores de todos los tiempos más traducidos a otras lenguas.

De su obra puede decirse que es en sí misma un estilo y que es muy compleja, pero la complejidad no significa dificultad. De lo primero, Monterroso (1921-2003) decía que era el más fácil de imitar y el más difícil, pues quien lo intenta es fácil de identificar como una copia. Y de lo segundo, el mismo Borges recordaba una anécdota sobre el español Francisco de Quevedo, de quien en su tiempo se decía que su literatura era muy difícil, a lo que sus seguidores respondían: si se pone sobre la mesa un juego de damas y otro de ajedrez, el primero es más sencillo y el segundo más complejo, pero más rico.

La obra de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 24 de agosto de 1899-Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986) permite varias lecturas, en cada una de las cuales se descubrirá algo nuevo, un ángulo o un conocimiento nuevo (de otras literaturas, de filosofía, cábala, etcétera), y en cada una de ellas se disfrutará igual o más, lo que no ocurre con otros autores. Igualmente es un innovador, como ocurre en la literatura detectivesca y como muestra está su narración La muerte y la brújula. Olea Franco recuerda que una obra de este género debe tener un enigma a resolver, en el que hay un crimen o no. En el cuento mencionado Borges introduce, muy a su estilo, datos del conocimiento universal, como lo es la tradición judía, y en una aparente trama de crímenes seriales el final enseña al lector que no es así, que la investigación lleva al detective a su muerte.

Pero hay un elemento más, extraordinario: al final de una discusión filosófica, más bien sofista, el narrador-detective se dirige al asesino dándole una serie de indicaciones para “la próxima vez que lo mate”. Frase que para un lector no avezado será una incongruencia, para uno con conocimientos verá que se trata de una estructura rica, compleja, que hace referencia a la paradoja de Zenón de Elea.

Con referencia a esa memoria prodigiosa y los conocimientos amplios que poseía, recuerda que en su educación infantil recibió como segunda lengua el inglés, porque tenía una abuela con ese origen, y en la adolescencia viajó con su familia a Inglaterra, en busca de una cura para su padre, quien padecía en los ojos una enfermad incurable que terminaría por heredarle a su hijo. Pero es 1914 y en Europa empieza la Primera Guerra Mundial por lo que la familia debe permanece ahí hasta 1921, entonces se le envía a estudiar a Ginebra, en alemán.

Por cierto, se trata de una época que recuerda triste, por la persistente lluvia, pero que casualmente al final de su vida la retomará con alegría, al grado que decide morir (14 de junio de 1986) y ser enterrado en Bruselas, lo que los argentinos han tomado como máxima traición.

El conocimiento del inglés, sobre todo, le permite acceder a una amplia gama de conocimientos de prácticamente todo el mundo, mientras que el alemán lo aprende de libros de filósofos de ese país, conocimiento que le interesaba en particular. También vive en España. En fin, su educación es amplia, variada, con intereses marcados en literatura, filosofía, historia, teología, lo que le permite formar una biblioteca personal, de títulos que le inspiran para crear su obra, pero además de ello está su creatividad.

De esta, el doctor en Filosofía (Lenguas Romances) y en Literatura Hispánica por la Universidad de Princeton y El Colegio de México, refiere que se pueden identificar dos etapas creativas, que no son radicalmente diferenciadas, una primera que se da en los años 20 del siglo pasado y la segunda, que es la del Borges que es admirado, inicia en los 40. En la primera se le nota cierto interés que tuvo por lo experimental, más que por las vanguardias, y también por su nacionalismo, en particular su amor a Buenos Aires. Del primer ciclo son los libros Inquisiciones y El tamaño de mi esperanza, que son sobre todo de ensayos, aunque también publica poemas. Libros que Borges pide no se vuelvan a publicar, que desaparecieran de su bibliografía, aunque su viuda, María Kodama, ya ha autorizado su reimpresión. Se trata de poemas y ensayos con una redacción muy enrevesada, con muchos juegos que no llegan a cuajar, detalla.

En los años 30 se nota un cambio en su literatura, que es cuando empieza a escribir relatos, cuentos, que publica por ejemplo en el libro Historia universal de la infamia. Para los 40 ya concreta su estilo, el cosmopolita, el de conocimientos vastos en diversas materias, el obsesionado por los laberintos, el tiempo circular, la tradición judía, el ajedrez, los tigres, etcétera. Sin embargo, acota, el primer Borges no desaparece, pues hasta el último de sus días seguirá escribiendo poemas sobre Buenos Aires.

EL ALEPH, 70 AÑOS

El libro El Aleph cumple 70 años en 2019, quizá uno de los más conocidos y contundentes del escritor, y es muestra de la forma de escritura de Borges, muy oblicua, es decir, inicia de una manera y luego tuerce, da media vuelta hacia el tema que al escritor interesa y regresa al origen. El cuento del título es un ejemplo: empieza narrando una historia de amor, del narrador por Beatriz Elena Viterbo, para pasar el deslumbrante objeto del cuento: el aleph, un “lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Lo que hace Borges en esta narración es hablar del proceso de escritura, porque uno de los personajes, Carlos Argentino Daneri, escribe un poema llamado La Tierra a partir de T-O-D-O lo que ve a través del aleph, mientras que el narrador cuenta que escribe también algo, pero en sentido inverso, generalizando, seleccionando, eliminando cosas, porque no todo puede caber en una obra literaria, ya que sería enorme, inabarcable, inacabable.

En el fondo de este cuento, puntualiza, lo que hay es una referencia a la mirada divina, la que permite ver todos los lados de una esfera al mismo tiempo, lo que es humanamente imposible. Hay otros que han visto una preinvención del internet, en la que es posible múltiples cosas al mismo tiempo.

Unos más relacionan al cuento con la escritura misma: con la Beatriz de La Divina Comedia; Elena, la Helena de la mitología y la literatura griegas, y porque con la escritura es posible “ver” todos los lugares y objetos sin estar o haber estado ahí.

Hay otros elementos del cuento que vale la pena mencionar, como que Borges se convierte en un personaje del cuento. Veamos: del personaje Carlos Argentino Daneri -al que aborrece tanto- dice que trabaja en una biblioteca del sur de Buenos Aires, como Borges lo hizo en la Biblioteca Ideal Miguel Cané. Pero, además, en el momento más emotivo del cuento el narrador expresa: “Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges”. Y es entonces que el cuento regresa a su inicio, a la historia de amor. Borges muestra de esta manera que su literatura abarca todos los aspectos humanos, tanto la del hombre frente a lo que le rodea, pero también hacia su interior, a las pasiones, al amor, además que es irónico.

Al respecto, vale la pena mencionar que El Colegio de México sacó una edición de la redacción original del cuento, en la que se ve los cambios que Borges hace, entre ellos el que en un principio Beatriz Elena y Carlos Argentino eran hermanos y no primos, lo que es importante porque en el cuento se menciona que en la correspondencia que mantienen se establece que hubo una relación íntima entre ellos, lo que nos hablaría de incesto en alto grado.

Sobre ello, recuerda que Borges era muy obsesivo al publicar, corregía, cambiaba, buscaba opciones, aunque manejaba una frase: la concepción del texto definitivo solo está en la religión (las escrituras sagradas) o en el cansancio, así como afirmaba que el noveno borrador no siempre es mejor que el primero o el segundo.

MÉXICO

Jorge Luis Borges sostuvo una relación especial con México, con algunos escritores, en especial con Alfonso Reyes. Esta amistad inicia cuando el intelectual mexicano era embajador en Argentina, en la segunda mitad de los años 20. Incluso su poemario Cuaderno San Martín fue publicado en una colección que dirigía el pensador mexicano, titulada Cuadernos de Plata. Desde el inicio hubo mucha coincidencia y complicidad literaria entre ambos, no obstante que Reyes era 10 años mayor que Borges, y pudieron hacer más, pero el mexicano terminó su labor diplomática y regresó al país. Cuando el mexicano muere, en 1959, Borges declara: Alfonso Reyes me enseñó que el español puede ser un instrumento de precisión y elegancia.

También le escribe un poema, AR (Alfonso Reyes), en el que destaca que Reyes había abarcado toda la circunferencia de la escritura.

Otro autor mexicano al que se acerca es Juan Rulfo, sobre todo por la novela Pedro Páramo y la atmósfera fantástica que genera, pero no se conoce nada que haya dicho o escrito de El llano en llamas. Incluso, a la novela le escribe un prólogo en el que dice que es una de las mejores obras de la literatura en lengua española y quizá de la universal.

También deja huella en escritores como Juan José Arreola o en José Emilio Pacheco, pero con quien no fluye mucho la relación es con Octavio Paz, lo que se pudo deber a un asunto personal, por alguna declaración o porque al argentino no le interesaba mucho leer a los escritores jóvenes, como Paz lo era; él se inclinaba por los clásicos.

RECONOCIMIENTO

El reconocimiento a la obra de Borges empezó en la década de los años 40. En los 20 era muy poco y mejoró en los 30. En los 50 empieza la traducción de su obra, primero al francés, y a pesar de que su fama se hizo universal en los 60, al obtener el Premio Formentor, jamás obtuvo el Nobel, no obstante ser de los pocos que se lo merecían. Al respecto, él ironizaba y declaraba cada año que una vez más sería candidato al galardón, pero que una vez más no lo obtendría. En esa omisión tiene que ver su relación con el régimen de Augusto Pinochet, del que recibe un reconocimiento. Olea Franco recuerda que hubo quien le dice que es un error, pero Borges decía que por ética ya no podía echarse atrás, declinar. Era una persona conservadora, aunque no exactamente un animal político. Sin embargo, como lo revelara el poeta argentino Juan Gelman, quien se refugió en México de la dictadura de su país, fue favorable al caso de las Madres de la Plaza de Mayo y les firmó un desplegado de apoyo, lo que le vale la animadversión de la junta militar.

Borges estaba marcado por el peronismo, gobierno que no lo trata nada bien, además de que con su ceguera también pierde relación con la realidad política, a la que asociaba con la era peronista.

Pero Borges no necesitaba el Nobel para ser el escritor que es, como lo en su momento lo dijo José Emilio Pacheco.

Fuente: El Porvenir  -  México




CRUZAR LA CALLE CON BORGES Y CON LAS




 Por Eduardo González Viaña


¿Ha intentado usted en Lima cruzar la avenida Abancay en una hora punta con los ojos vendados?

No. Usted parece, pero no está loco. En julio de 1975, Jorge Luis Borges y Luis Alberto Sánchez cruzaron de manera similar la carrera (avenida) 10 de Bogotá para entrar en el hotel Tequendama donde se alojaban. Se realizaba allí un encuentro de escritores y críticos latinoamericanos.

Antes de ejecutar la proeza, ambos habían estado recorriendo a pie el centro de la hermosa capital colombiana. Los acompañaba Leonor Acevedo Suárez, la madre de Borges, quien hacía de lazarillo, porque el genial narrador y poeta argentino era completamente ciego.

Justo antes de llegar al cruce, doña Leonor descubrió un conjunto de llamativas tiendas que no podía dejar de conocer.

- Me voy a hacer compras. - dijo de pronto y le pidió, o acaso le ordenó, al peruano:
- Luis Alberto, por favor, tome de la mano a mi Jorge Luis y condúzcalo al hotel Tequendama.

Allí comenzó la aventura.

Como se sabe, en estos días se está rindiendo homenaje a los 120 años del gran creador de ficciones Jorge Luis Borges de quien muchos dicen, y yo me sumo a ellos, que podría haber estado entre los autores de la Biblia.

Los temas y motivos sobre lo que escribió son una obsesión humana: los espejos, los laberintos, los libros inventados, la búsqueda del nombre real de Dios y de los hombres y, por fin, la dimensión del tiempo circular e inconcebible frente a la latitud de la eternidad.

Nadie ha producido creaciones como las suyas en el siglo XX ni argumentos tan simétricos y asombrosos. Su prosa limpia, casi desnuda, tiene la capacidad de sugerir contenidos y mundos que van más allá de la palabra.

Se cuenta que una mañana de octubre de 1967 daba su clase de literatura inglesa cuando entró en ella un estudiante para ordenarle que la terminara para rendir homenaje a un gran personaje histórico.

“Si no se va, le corto la luz”. - amenazó el estudiante. Respondió Borges:

-He tomado la precaución de ser ciego esperando este momento.

Con más de un centenar de libros en su haber, Luis Alberto Sánchez es el escritor más prolífico del Perú. Sus temas abarcan crítica literaria, crítica histórica, historia, biografía novelada, ensayo, novela y poesía.

Tres veces rector de la Universidad de San Marcos, vicepresidente de la república, senador, diputado y ministro, alternó todas estas ocupaciones con una efervescente e incansable vida a la que sumaron campañas políticas y largos destierros.

Con razón, se le ha llamado el Doctor Océano. Se cumplirán 120 años de su nacimiento el 2020.

En una ocasión que presidía el Senado, el representante Manuel Ulloa quiso tomar la palabra interrumpiendo a alguien que lo hacía en esos momentos. Sánchez lo atajó:

-Tiene usted que esperar. - dijo y añadió: -El senador Ulloa no tiene corona… aunque pronto la tendrá.

Se refería al hecho de que Ulloa se había casado recientemente con una duquesa europea.

¿Qué pasó frente al hotel Tequendama? LAS tomó de la mano a JLB y lo hizo cruzar. Al llegar a su destino, le pidió que lo acompañara al bar:

-Ya se que usted es abstemio. Puede tomar una Coca Cola, pero yo prefiero un whisky.

-¿Por qué?

-Porque usted es ciego…y yo también lo soy.

Me lo contó Luis Alberto.

Fuente: El Correo de Salem

viernes, 20 de septiembre de 2019

Jorge Luis Borges y el puñal de Pehuajó



Hace 36 años formó parte de los actos conmemorativos del centenario de Pehuajó, por iniciativa de un grupo de estudiantes secundarios. Al cumplirse 120 años del nacimiento del escritor evocamos aquella memorable visita.

La comunidad pehuajense se abocaba a la organización de los actos celebratorios del centenario fundacional. Todas las institucionales programaron actividades desde mediados de 1982. La participación fue notoria y un grupo de estudiantes secundarios se destacó de manera muy especial.

Cursaban 4° año en el Colegio Nacional. Había que juntar dinero para solventar el viaje de egresados al año siguiente. Junto a su tutora, la profesora Yolanda Calveiras, reunieron a todos los padres para programar acciones. Hubo diversas propuestas. Limpiar vidrios de autos, vender tortas, organizar rifas, etc.

Uno de los padres de los alumnos, el Dr. Raúl Insúa, propuso invitar a escritores de renombre y realizar un ciclo de conferencias y vender un abono. “Traemos a Borges”, sugirió entre otros celebres escritores argentinos. Hubo gestos y rostros de asombro. Era una propuesta inusual, inédita.

El alumno Sergio Insúa viajó a Buenos Aires y solicitó en la Sociedad Argentina de Escritores nómina de domicilios de escritores para realizar invitaciones. Cuando se dirigía a la terminal de ómnibus de Retiro para regresar, advirtió que pasaba por el edificio donde vivía Jorge Luis Borges. Tocó timbre y lo atendieron.

Habló con Borges, le explicó el proyecto y lo invitó a participar. No dudó un instante, contestó afirmativamente. Le preguntó cuánto cobraría. “Nada -contestó el célebre escritor- me llevan y me traen”. Sergio no lo podía creer. La insólita propuesta de su padre comenzaba a gestarse.

Luego se coordinó el viaje. Borges descartó venir en avión (en esa época la empresa Lapa unía Capital con Pehuajó) y el Dr. Insúa se ofreció para ir a buscarlo y luego llevarlo. Así fue. Lo acompañaron dos de sus hijos, Sergio y Germán, compartiendo un viaje inolvidable. Una experiencia jamás imaginada e irrepetible.

La charla se realizó el 8 de julio de 1983. Cinco días antes Pehuajó había cumplido su primer centenario. El salón blanco del Palacio Municipal resultó chico. Asistió público de numerosos pueblos y ciudades de la región, incluso de la provincia de La Pampa. Se amplificó la conferencia y muchos la siguieron desde la plaza Rocha.

Borges se mostró muy complacido con el recibimiento y la afectuosidad puesta de manifiesto durante su estadía. Compartió hermosos momentos con la comunidad educativa del “Nacional”. Durmió en el hotel Los Nogales y compartió una comida en la casa de la familia Insúa.

Como recuerdo de su estadía, durante un ágape posterior a la charla, le regalaron un cuchillo artesanal cuyo mango fue trenzado por el soguero Juan Morini. Borges lo llamó “el puñal de Pehuajó”, despertó inspiración y escribió la Milonga del puñal.

Al cumplirse el 120° aniversario del natalicio del célebre escritor argentino, evocamos aquella hermosa iniciativa de los inquietos alumnos del Colegio Nacional y la memorable visita que constituyó uno de los resonantes actos del centenario de la ciudad.


Fuente: Mi Pehuajó

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Borges, en órbita




ERIC KREBS

Cuando un astronauta entra en órbita por primera vez, a menudo se dan la vuelta y miran hacia el planeta desde donde vinieron, y algo cambia.

Como los documentos soviéticos desclasificados han revelado desde entonces, el viaje inaugural de la humanidad alrededor de la Tierra fue precario. La mañana del 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin estaba nervioso. Tenía buenas razones para estarlo. Gagarin era muy consciente del hecho de que la mitad de todos los lanzamientos soviéticos hasta ese momento habían fallado. Una enfermera lo reportó como pálido, insociable y callado y era en general, diferente a él. Mientras esperaba el despegue, sellado dentro del Vostok 1, les pidió a los ingenieros que tocaran música por la radio.

A las 9:18 am, Gagarin entró en órbita sobre Siberia, a 200 millas sobre Siberia. El cosmonauta de 27 años, hijo de un carpintero y un granjero de lácteos, estaba más lejos de la Tierra que ningún humano. Vio con sus propios ojos algo que ningún humano había visto antes. "La Tierra está rodeada por un halo azul característico", recordó en una conferencia de prensa posterior al vuelo. “Este halo es particularmente visible en el horizonte. De un color azul claro, el cielo se mezcla en un hermoso azul profundo, luego azul oscuro, violeta y finalmente negro completo ".

Pasaron 67 minutos y el retrocohete S5.4, la parte de la cápsula de Gagarin responsable de su regreso, se activó. Hubo un problema: el motor se apagó un segundo antes. El combustible sobrante desvió el barco de Gagarin y comenzó a girar. El incontrolable cuerpo de ballet, como lo describió, evitó que su cápsula se separara adecuadamente y creó el riesgo de quemarse en el reingreso. Finalmente, los módulos se separaron y Gagarin desplegó su paracaídas, a 100 millas sobre el Mediterráneo.

La casualidad del vuelo de Gagarin, los hilos por los cuales la primera órbita de la humanidad en el espacio evitó la tragedia, la fragilidad de todo. Michael Collins, el astronauta del Apolo 11 que se quedó en el Columbia mientras Aldrin y Armstrong caminaron en la luna, descubrió esa fragilidad en el espacio , también. Solo, para Collins, la fragilidad no pertenecía a las computadoras, motores o cables destinados a llevarlo a él y a sus compañeros de regreso a la Tierra. Era de la Tierra misma.

"Lo que realmente me sorprendió fue que proyectaba un aire de fragilidad", dijo al New York Times a principios de este año. “Y por qué, no lo sé. No lo sé hasta el día de hoy. Tenía la sensación de que es pequeño, es brillante, es hermoso, es el hogar y es frágil”. Y mientras Collins era" el hombre más solitario en toda la historia solitaria de este planeta solitario ", mientras flotaba solo 60 millas sobre la superficie de la luna, cuando este sentimiento le llegara, no estaría solo sintiéndose así. El fenómeno se conoció como el "Efecto general", la sensación de euforia, de felicidad, de conexión, de humanidad intensa experimentada por los astronautas al mirar hacia atrás a nuestro punto azul pálido en medio del negro infinito y completo del universo que lo rodea.

El autor argentino Jorge Luis Borges nunca vio la Tierra desde el espacio. No pudo haberlo hecho. Cuando Gargarin hizo su primera órbita, Borges, que había vivido una vida literaria, de bibliotecas, de la palabra escrita, era ciego. No creo que se hubiera preocupado por eso, de todos modos. En su ceguera, Borges continuaría escribiendo, leyendo e inspirando a un estudiante universitario para que se volviera poético mucho después de su muerte. "La ceguera es un regalo", escribió en un ensayo sobre el tema.

Me imagino que si Borges hubiera entrado en órbita, y si hubiera podido ver más allá de la neblina roja y negra de su ceguera heredada, eso, presentado con la Tierra, pequeño y frágil contra el universo, se habría dado la vuelta. Y, dado la vuelta, de vuelta al mundo, habría esperado ver algo más, algo más grande.

En su ensayo "Magias Parciales del Quijote", Borges examina la naturaleza novedosa y extraña de la serie infinita. Cuenta la historia del capítulo seis del Quijote de Cervantes, en el que el personaje del barbero examina la biblioteca de Don Quijote, solo para encontrar una copia de Galatea de Cervantes. El barbero señala que es amigo del autor y, sin embargo, no lo aprecia mucho, y exclama que "el libro posee cierta inventiva, propone algunas ideas y no concluye nada". En la segunda mitad del Quijote, los personajes ellos mismos revelan que han leído la primera mitad de la novela (de la cual son los protagonistas). Borges continúa con un extracto del filósofo estadounidense Josiah Royce. Royce plantea el caso de una sección nivelada de tierra en Inglaterra sobre la cual se construye un mapa perfectamente detallado del país; Nada está excluido. Así,

"¿Por qué nos molesta que el mapa se incluya en el mapa", que "Don Quijote sea un lector del Quijote", pregunta Borges. ¿Cuál es la extraña sensación que surge de la idea de que las letras que estás leyendo te están mirando? Borges sugiere que nuestra incomodidad es con la sensación de que si un personaje de ficción en una historia puede ser un lector, entonces un espectador también puede ser un personaje de ficción, que "la historia del universo es un libro sagrado infinito que todos los hombres escriben y escriben". leer y tratar de entender, y en el que también están escritos ".

Pocos autores me han hecho sentir más en la Universidad que Borges. Aprendí a amar su trabajo el otoño pasado en un seminario de literatura sofocante en William Harkness Hall. Estaba aterrorizado por su prosa obtusa, sus referencias enciclopédicas a la literatura clásica (ninguna de las cuales había leído) y la proporción de doctorados del seminario para mí.

Pero algo me mantuvo allí. Su trabajo es extraño, realmente extraño. Hay historias que toman la forma de entradas de enciclopedia, historias que son reseñas de libros de libros que no existen, historias que combinan la Cabalá con la novela de detectives, historias que imaginan el mundo en forma de una biblioteca hexagonal en expansión infinita. que todo el universo está escrito. Al empujar los límites de la literatura, Borges rasga los bordes del pensamiento, de lo que consideramos ficción. En esas páginas, vertiendo sobre mapas infinitos y detectives cabalísticos, me encontré en órbita. Claro, pocos autores me han hecho sentir más en la universidad que Borges, pero pocas cosas me han hecho sentir menos en Yale que él: menos en Yale, menos en New Haven, menos en Connecticut, menos en los Estados Unidos, menos en mi propio cuerpo, menos atrapado en mi propia mente.

Y así, sin peso en medio de la pura alegría de leer, descifrar, no entender, tal vez nunca entender, encontré un sentido infantil de asombro, el asombro de "¿Y si?"

Las alas que se supone que debe proporcionar este lugar a menudo son pesadas, paralizadoramente. Pero no hay gravedad en el espacio. No hay gravedad en el mapa. No hay gravedad en lo absurdo, excepto lo que nos permitimos sentir. Sumérgete en lo desconocido, lo ilegible, lo incomprensible. Después de todo, ¿qué pasa si todos estamos escritos en algún libro antiguo? ¿Qué pasaría si Michael Collins, solo en el Columbia, a la deriva en la profunda quietud del espacio, hubiera mirado más allá de la frágil Tierra y hacia la profunda sombra del universo?

Habría visto a Borges mismo, con un bolígrafo en la mano, y un estudiante universitario a medio siglo de distancia, tomando notas.

Eric Krebs | eric.krebs@yale.edu.

Fuente: Yale Daily News