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lunes, 15 de octubre de 2012

Los hermanos Borges: años y afanes españoles

 por Juan Manuel Bonet



En el apéndice de sus interesantísimos Taccuini 1915-1921 póstumos (1987), dando cuenta de su «tournée» latinoamericana de 1926, F. T. Marinetti, en la escala de Buenos Aires, se refiere a un encuentro con el «fidanzato di Norah Borges», presumiblemente Guillermo de Torre, que estaba de paso. A ella la califica de «pittrice debole» que «imita Laurencin». Y añade: «Il fratello Borges è presente. Timido ironico con occhiali neri». Curiosa esta aparición: Borges, del que nada se dice como escritor, como hermano de Norah, y no a la inversa, como suele suceder.

Jorge Luis Borges: «Cuando en Ginebra o Zurich, la fortuna quiso / que yo también fuera poeta», escribiría años después en su poema «La luna», de El hacedor (1960). Efectivamente el aprendizaje de la pintura y de la poesía moderna había empezado para los hermanos Borges en la neutral Ginebra, donde pasaron, en compañía de sus padres, los años 1914-1918, es decir, los de la Primera Guerra Mundial. Allá hojearon y leyeron las revistas expresionistas y pacifistas. Mientras Jorge Luis traducirá algunos poemas de ese signo para las revistas españolas Cervantes y Grecia, las maderas y los linóleos de Norah, que había estudiado con el escultor Maurice Sarkisoff en la École des Beaux-Arts, y artes decorativas con Madame Cateret, y en Lugano con Arnaldo Bossi, revelan influencias similares: la de las xilografías de los expresionistas alemanes y también de las del flamenco Frans Masereel.

Palma de Mallorca, Sevilla y Madrid fueron las ciudades españolas donde residieron los Borges —no entro en detalles respecto de esas estancias—, entre 1919 y 1921.

En 1919, Borges publicó «Himno del mar», su primer poema, escrito en Mallorca, y un tanto whitmaniano, en la revista ultraísta sevillana Grecia, cuyo director era Isaac del Vando Villar (terminaría trasladándola a Madrid), al cual volvería a ver durante una gira de propaganda ultraísta que en 1922 condujo al futuro autor de La sombrilla japonesa a orillas del Río de la Plata, donde ya en 1919 había pregonado ese evangelio en las páginas del único número de Los raros, la revista del «calamitoso» (Borges dixit) Bartolomé Galíndez. Otra publicación sevillana en la cual colaboró el argentino fue Gran Guignol. Pedro Garfias y Adriano del Valle fueron otros dos de sus amigos sevillanos. Ya en Madrid, encontramos su firma en Cervantes,en Cosmópolis, en Reflector, en Tableros, en Ultra... No olvidemos tampoco la coruñesa Alfar.

Siempre digo que si en una novela a alguien se le ocurre inventar a un poeta nacido en una ciudad de provincias española, y amigo de Federico García Lorca, de Jorge Luis Borges y de Fernando Pessoa, no nos lo creeríamos. Pues bien, ese poeta existió, y se llamó Adriano del Valle. Nadie más estuvo en esa encrucijada. Compañero de estudios de García Lorca en la Facultad de Derecho de Granada, le está dedicado el citado «Himno del mar» de Borges, y en la Lisboa de 1923 tradujo al castellano, con Pessoa, la poesía de Mário de Sá-Carneiro. Adriano del Valle, además, pretendió a Norah, a la cual dedicó, en Grecia, dos composiciones encendidas. Norah, por su parte, realizó una cubierta para El jardín del centauro, poemario del sevillano que se quedó en proyecto. Era la época —otoño de 1919— en que la familia Borges pasaba una temporada en Sevilla, en el Hotel Cécil de la Plaza de San Fernando (hoy Plaza Nueva), espacio urbano que encontraremos representado en un precioso dibujo a tinta china de la pintora, aparecido en 1927 en la revista onubense Papel de Aleluyas, que codirigían Rogelio Buendía, Adriano del Valle nuevamente y Fernando Villalón. En la vecina Córdoba, Norah Borges visitó a Julio Romero de Torres, del cual sería luego alumna en Madrid, en San Fernando.

En Madrid, Borges trató asiduamente, en la época en que andaba componiendo su libro, a la postre nonato, Ritmos rojos —al cual iban destinados poemas como «Trinchera», «Rusia», «Gesta maximalista» y «Guardia roja»—, a otro sevillano, este madrileñizado y de una generación anterior. Obviamente me refiero a Rafael Cansinos Assens, al cual bautizó con fórmula definitiva: «irónico padre del ultraísmo». Fue Pedro Garfias quien a comienzos de 1920 le presentó a Borges, en el Colonial, a Cansinos. Bellísima la composición con Viaducto («Larga y final andanza sobre la exaltación arrebatada del ala del viaducto», y así sucesivamente) que Borges le dedicaría al «senior», primero en Proa en 1924, y luego en su segundo poemario, Luna de enfrente (1925); en 1964, habrá otra, de carácter judáico, en El otro, el mismo. Siempre en 1925, uno de los capítulos de Inquisiciones versa sobre él, y otro («La traducción de un accidente») sobre la permanente disputa Cansinos-Ramón, mientras en El tamaño de mi esperanza encontramos otro texto sobre la novela cansiniana en clave Las luminarias de Hanukah. Todavía más que por su condición de profeta ultraísta, está claro que Borges conectó con Cansinos, por el lado de lo judío. En 1922 Borges le comunica a Jacobo Sureda su entusiasmo ante El movimiento V.P., la sátira cansiniana del ultraísmo. En 1968, entrevistado por Rita Guibert para Life, Borges definirá a Cansinos como «alguien que ha influido mucho en mí» y como «un judío andaluz, contemporáneo de todos los siglos».

En 1915 Cansinos había figurado, como puede comprobarse repasando la Proclama de Pombo —uno de cuyos ejemplares se encuentra en el ARCA, es decir, en el Archivo Cansinos—, entre los fundadores de aquella tertulia ramoniana sabatina. Sin embargo las relaciones entre Ramón Gómez de la Serna y él no iban a tardar en deteriorarse. Por lo demás, Ramón nunca simpatizó demasiado con el ultraísmo, aunque colaboró en varias de sus revistas, y aunque no pocos de los ultraístas frecuentaron Pombo, como fue el caso de Guillermo de Torre, o del propio Borges, que en 1925 publicó en Martín Fierro —y luego incluyó en Inquisiciones— una reseña del segundo volumen ramoniano sobre la tertulia. En ella constata la presencia en él, «en sus páginas hechas de filas de retratos de pasaporte», de la silueta de «un ya perdido J.L.B. lleno de reticencias y cavilaciones posibles». El carácter un tanto monstruosista de la tertulia, no iba por lo demás con su carácter. «Pudoroso, reservado, demasiado bien educado Borges no puede participar del grotesco ramoniano», escribe Saúl Yurkievich.

En 1920, Borges colaboró en la redacción de un poema colectivo enviado desde Madrid a Tristan Tzara, y en el cual participaron además Evaristo Correa Calderón, Pedro Garfias, Tomás Luque, Eugenio Montes, Guillermo de Torre y el inglés L. Walton.

Otro ultraísta —más bien habría que decir: ultraizante— al cual trató y estimó un Borges noctívago, Pedro Luis de Gálvez, que sale en su poema «Insomnio», aparecido en 1920 en Grecia, y que es el protagonista del hasta hace poco inédito «Pedro-Luis en Martigny», donde lo califica de «rufián y caballero», y que le envió a su amigo suizo Maurice Abramowicz. Abelardo Linares ha recordado cómo Borges, en el Buenos Aires de los años ochenta, le recitó un soneto de Gálvez.

En Palma, Borges frecuentó a Juan Alomar, Fortunio Bonanova (entonces Josep Lluís Moll), Miguel Ángel Colomar, Ernesto Dethorey y Jacobo Sureda —qué maravilla, en Cartas del fervor (1999), las dirigidas a este último—, a los cuales contagió el ultraísmo. Norah, por su parte, influenciada por el pintor sueco Swen R. Westman, tiene algún bonito grabado mallorquín, y pintó un pequeño mural al carboncillo en el Hotel des Artistes, de Valldemosa, donde se alojó la familia, mural que se conserva hoy en Palma, en Es Baluard. Desapareció en cambio Las campesinas de Mallorca, pintura al fresco de mayor empeño, en colaboración con Westman, ubicada en el Hotel Continental de la capital balear, donde la familia también se alojó. Es interesante comprobar que la catedral palmesana inspira tanto a Borges, que le dedica un poema, aparecido en 1921 primero en Baleares y luego —con alguna variante— en Ultra, como a su hermana, que a partir de tan inconfundible mole realizó un grabado que en 1922 se publicaría en Tableros. También es mallorquín el pretexto de una prosa borgiana aparecida en 1921, asimismo en Ultra, y titulada «Casa Elena (Hacia una estética del lupanar en España)».

Norah Borges, por su parte, terminó eligiendo como marido a aquel «fidanzato» citado al comienzo de estas líneas: a Guillermo de Torre, el auténtico cerebro del ultraísmo, cuyo «Manifiesto vertical», aparecido en 1920 como suplemento al último número de Grecia, y reseñado no sin distancia y no sin ironía por Borges en Reflector, había ilustrado la pintora con Barradas; Guillermo de Torre que en Hélices (1923), su único poemario, una de cuyas composiciones está dedicada a Borges —cuya opinión sobre el libro sería muy negativa: ver una de sus cartas a Sureda—, había calificado nada menos que de «fémina porvenirista» a quien fue, con Barradas nuevamente, y con Vázquez Díaz, responsable de la parte plástica del volumen. Cuando en 1925 su futuro cuñado publique Literaturas europeas de vanguardia, Borges lo reseñará en tono agridulce en Martín Fierro, recogiendo luego el texto, uno más, en Inquisiciones, que por cierto —esto es una auténtica galería de espejos— sería reseñado por Guillermo de Torre en Alfar.

Presencia de Norah Borges, en las revistas ultraístas: Alfar de La Coruña, Grecia, Horizonte, Plural, Reflector, Ronsel de Lugo, Tableros, Ultra... Además de Guillermo de Torre y de Adriano del Valle, alabaron por aquel entonces su arte el pombiano Manuel Abril en Alfar y el propio Isaac del Vando Villar en Grecia.

Una vez reinstalado en Buenos Aires —«más que un regreso fue un redescubrimiento», escribiría años después en su autobiografía—, Borges se puso a la tarea de contagiar de ultraísmo a los nuevos poetas argentinos. En los dos números de su revista mural Prisma (1921-1922), que se pegaba en las calles de la ciudad, incluye, junto a ejemplos de esa primerísima cosecha ultraísta argentina (Eduardo González Lanuza, Guillermo Juan, Norah Lange, Francisco Piñero, más naturalmente él mismo) y chilena (Salvador Reyes, Rafael Yépez Alvear), poemas de los españoles Pedro Garfias, José Rivas Panedas, Jacobo Sureda, Guillermo de Torre y Adriano del Valle. De la biblioteca de Adriano del Valle procede la colección de Prisma que compré para el IVAM. En cuanto a Proa —Borges quería haberla llamado Inquisición—, durante su primera etapa tipográficamente era copia literal de Ultra de Madrid. Pero poco a poco Borges va arrumbando la poética ultraísta. Aunque en 1926 figura como coautor con Alberto Hidalgo y con Vicente Huidobro, del maravilloso Índice de la nueva poesía americana, hoy sabemos que el papel principal de articulador del mismo le correspondió a Hidalgo.

Reencuentro paralelo, por parte de los dos hermanos, con la ciudad natal. Paralelismo subrayado por la definitiva cubierta que Norah le puso a Fervor de Buenos Aires (1923), el primer —y genial— poemario borgiano, fruto de ese reencuentro, y la obra maestra en verso de la generación martinfierrista, dentro de la cual muchos otros poetas iban a intentar esa conversión del callejero, y especialmente del callejero suburbial, en materia del poema, algo que ya había intentado, con resultados notables, el posmodernista y prosaísta Baldomero Fernández Moreno en Ciudad (1917). En el libro hay un poema, «Arrabal», dedicado a Guillermo de Torre. También de Norah sería, dos años después, la cubierta del segundo poemario de su hermano, el ya citado Luna de enfrente.

En Europa, uno de los primeros en detectar y decir, en términos entusiastas, la importancia de Fervor de Buenos Aires fue Ramón Gómez de la Serna, que al año siguiente de su aparición lo reseñó en Revista de Occidente, mientras Enrique Díez-Canedo hacía otro tanto en el semanario España. Cansinos, por su parte, reseñaría conjuntamente ese libro y Luna de enfrente, en un ensayo recogido en el tercer tomo (1927) de La Nueva Literatura. Ramón evoca al Borges que se sienta en los divanes de Pombo, y enseguida surge Norah: «Jorge Luis se me presenta siempre unido a su hermana Norah, la inquietante muchacha con la misma piel pálida del hermano y como él perdida entre las cortinas, atisbando las cosas de la noble casa de los Borges», y así sucesivamente. Ramón manifiesta su deseo de ir a comprobar si existe, dentro de Buenos Aires, ese Buenos Aires borgiano. Ramón, por lo demás, iba a publicar, en 1932, en el primer número de Arte, la revista de la SAI, un excelente texto sobre una Norah recién reintegrada a la escena madrileña. Ramón siempre había esperado, para escribir sobre la pintora, ese momento: conocer Buenos Aires, de donde por lo demás había vuelto enamorado de Luisa Sofovich. Familiarizado ya con las calles y plazas de la gran metrópolis austral, se siente capacitado para escribir sobre la pintora que la reinventa en sus cuadros y en sus grabados. De destino porteño él mismo a partir de 1936, en 1945 Ramón publicaría en Losada una monografía sobre Norah, que es como una ampliación de ese texto de 1932, incorporado por cierto al libro, al igual que su reseña de Fervor de Buenos Aires. Ramón considera que Norah había empezado a encontrar el camino de su retorno al país natal con Romero de Torres.

Si como vemos para Ramón Fervor de Buenos Aires hizo nacer su deseo de conocer la capital argentina, y la pintura de Norah quedó por siempre asociada para él a su descubrimiento de la misma, es interesante leer en ese contexto un texto borgiano de 1925, aparecido en un suplemento color naranja de cuatro páginas, publicado por Martín Fierro con motivo de un anunciado viaje argentino del madrileño, que finalmente no se produjo porque Ortega y Gasset, que iba a haberlo acompañado, desistió del mismo. Los restantes colaboradores de aquel suplemento fueron Francisco Luis Bernárdez, Alfredo Brandán Caraffa, Arturo Cancela, Macedonio Fernández, Oliverio Girondo, Ricardo Güiraldes, Alberto Hidalgo, Evar Méndez, Sergio Piñero hijo y el arquitecto Alberto Prebisch. Interesante, sobre todo, comprobar que Borges «porteñiza» a Ramón. Reproduzco a continuación este texto poco conocido, titulado «Para el advenimiento de Ramón»:

«De cierto genovés (que para congraciarse con Paco Luis, nació a medias en La Coruña), dicen que descubrió el continente. Se ha exagerado mucho la cosa. Carriego descubrió los conventillos, Bartolomé Galíndez el Rosedal, yo las esquinas de Palermo con instalación de puestas de sol, Lanuza cualquier pájaro. De Luis María Jordán se afirma que es el inventor de la siesta. La entereza de América, sin embargo, está por descubrir y el descubridor ya es Ramón y el doce de octubre de veras caerá este año en agosto.

Lo sabremos todo por él. Por él sabremos la querencia del Ángel que en los instantes más perdidos del alba, atorra por el corso del Cabildo y se roba las serpentinas para los venideros arcoiris. Por él sabremos que Santos Vega no ha muerto, pero que está tan lejos, tan hundido en la incansabilidad de la pampa, que el rumor de su guitarreo llega a nosotros disfrazado de brisa y pone ansiosas y carnales las noches. Por él sabremos que ese resplandor en las tardes no es la puesta del sol, sino las crenchas rojas de Norah Lange, que vive en el oeste. Por él sabremos el influjo del organito en el acriollamiento y en el canto de los gorriones gringos. Por él sabremos que la gran Cruz del Sur no es otra cosa que un velorio pobre, de barrio. (Él te dirá el milagro que habrá visto tu novia para tener los ojos tan lindos.) Por él sabremos el renegrido secreto que ha emboscado en su barba renegrida Horacio Quiroga. Por él sabremos de qué aburridero de qué aula, de qué verso de Rojas sale ese tedio que recarga los domingos urbanos. Por él sabremos que volverá a la presidencia Irigoyen, pues tiene la complicidad no solamente de los hombres, sino también de las cosas de Buenos Aires: de los zaguanes, de las verjas, de las camas donde se engendra, del patio. Todo eso y mucho más ha de revelarnos Ramón, el hombre de ojos radiográficos y tiránicos, solo asemejables a los que tuvo ese otro debelador de esta América: don Juan Manuel de Rosas».

En 2009, la recientemente desaparecida May Lorenzo Alcalá, gran estudiosa de la modernidad rioplatense, publicó, en Eudeba, un buen libro —su último libro— sobre Norah Borges: La vanguardia enmascarada, en el cual, a la hora de abordar lo que pertinentemente designa como las «cartografías» de la pintora, analiza una carta de 15 de diciembre de 1925, en la cual Norah le cuenta a su novio cómo es su barrio: «Te envío otro mapita de los alrededores de casa, donde anduve hoy con Elenita. Hay rincones divinos, casas antiguas, jardines con palmeras que bajan hasta el río, antiguas iglesias, casas modernas, estilo colonial. Una tiene una ventanita de reja que da a un jardín donde se pasea un pavo real. ¿Me dejarás llevarte por ahí y mostrarte todo?». Y a continuación, un plano dibujado, en que concreta lo anunciado en esta lista.

Además del amor por la ciudad natal, los hermanos compartieron el amor por Montevideo, «el Buenos Aires que fue», en definitivas palabras de Borges, que escribió sobre la pintura de Pedro Figari, y que fue amigo de muchos escritores uruguayos, destacando Ildefonso Pereda Valdés, retratado por Norah en el frontispicio de su mejor poemario, La guitarra de los negros (1926), que sería reseñado en Martín Fierro por Borges, dedicatario de una de las composiciones y futuro epiloguista, con un gran texto, de la imprescindible Antología de la moderna poesía uruguaya (1927) del mismo autor. Entre los cuadros que prefiero de la pintora, su encantador Montevideo (1929). Ese uruguayismo no pasaría desapercibido a los ojos de Ramón. En su artículo para Arte, Ramón ve a Norah «subida en las terrazas de Buenos Aires y Montevideo». «Recorriendo las calles perdidas de Buenos Aires, paseándome por los barrios dulces de Montevideo, me daba cuenta de cómo había sido interpretado por Norah lo idílico de aquellas luces», y así sucesivamente, con enumeración de barrios porteños, y nostalgia de Madrid y Cádiz: «Me sentía en Carabancheles de antaño, mezclados a un poco de Andalucía, a algunos hotelitos de la Caleta».

Mi primer viaje a Buenos Aires, septiembre de 1990. Un día borgiano: mañana con Norah Borges, almuerzo con Adolfo Bioy Casares en La Biela, y cena con María Kodama en Mondrian, el desaparecido restaurante que fue propiedad de Alejandro Manara. En su apartamento de la calle Paraguay, Norah Borges me recibe rodeada de cuadros, de grabados, de libros... Hablamos de Madrid, de Sevilla, de Córdoba y de Romero de Torres, del ultraísmo. Pero salvo de Adriano del Valle y de Guillermo de Torre, no me cuenta casi nada de los ultraístas españoles, de algunos de los cuales citaba sin embargo versos. «Pero usted ¿conoció a los ultraístas?». «Tenga usted en cuenta, joven, que en aquella época, las señoritas... no íbamos al café».

Fuente : Nueva Revista número 136
Enero 2012


 

domingo, 4 de marzo de 2012

¿Quién dijo que Borges hubo uno solo?


Diálogos, anécdotas, recuerdos del gran escritor contados por quienes más lo conocieron. Con la fina ironía y el humor negro característicos del autor de "El Aleph", presentes en todos el relato.

"Farsante"
Cuando estuve en Madrid alguien me preguntó si yo había visto el aleph. Me quedé atónito.Mi interlocutor -que no sería una persona muy sutil- me dijo: "Pero cómo, si usted nos da la calle y el número." "Bueno, dije yo, qué cosa hay más fácil que nombrar una calle e indicar un número." Entonces me miró, y me dijo: "Ah, de modo que usted no lo ha visto." Y me despreció inmediatamente; se dio cuenta de que yo era un embustero, un mero literato.
(Contado por Borges
a Osvaldo Ferrari.)

Prematura

Primero en diarios franceses y luego en el New York Times, se publicó la noticia de que Borges había muerto. Eso causó un cierto revuelo.
Apenas pude me puse en contacto con él y le expresé mi desagrado por la noticia apócrifa de su muerte. "Apócrifa no -me corrigió él-; sólo prematura."
(Contado por
Ulises Petit de Murat.)

Monseñor

Borges era muy delicado si estaba con señoras, se cuidaba de no decir palabrotas, y cuando tenía que ir al baño solía disculparse con frases no exentas, sin embargo, de intención, como: "Voy a darle la mano a Monseñor." Un día una señora muy tonta se alborotó ante estas palabras y preguntó dónde estaba Monseñor, que ella también quería saludarlo. Cuando le dijeron que ya se había marchado, apenada y dulcemente, le recriminó a Borges: "A los monseñores no se les da la mano, Georgie, se les besa el anillo."
(Contado por
María Esther Vázquez.)

Sardana

La mañana del domingo se entregó a un largo paseo por el Barrio Gótico de Barcelona, guiado por nuestro amigo el poeta Juan Giménez Frontín. A la puerta de la Catedral no faltaron las sardanas, que alguien dijo que eran el símbolo del nacionalismo catalán. "Qué bien -dijo Borges-; mientras todo el nacionalismo catalán sea bailar la sardana, me parece bien."
(Contado por
Marcos-Ricardo Barnatán.)

Decimales

Cuando muere la madre de Borges, doña Leonor Acevedo, a los noventa y nueve años, llevaba ya tiempo tullida y postrada en la cama. Sus ayes se oían por toda la casa. Una persona sin imaginación, al darle el pésame a Borges, le dijo que era una pena que no hubiera podido llegar a los cien años. Y entonces Borges le contestó: "Me parece que usted exagera los encantos del sistema decimal..."
(Contado por
Alicia Jurado, 1980.)

Onetti Borges

Juan Carlos Onetti, el escritor uruguayo, era primo lejano de Borges.Mario Benedetti solía contar que cierta vez le sugirió al hijo de Onetti, Jorge, también escritor, que se buscase otro apellido artístico para evitar las odiosas comparaciones. "¿Por qué no te ponés el apellido de tu madre?", le propuso. "Es que mi madre es prima de papá: también se llama Onetti." Entonces, el segundo apellido de tu papá, "Es Borges", fue la desilusionada respuesta.

Tigres y amarillo

Norah Borges, sobre su hermano: "Al principio yo no dibujaba bien.Cuando fuimos a Europa con mis padres, llevé un álbum para ir dibujando en el camino.Yo dibujaba y Georgie leía. Él tenía una piel de tigre con cabeza y todo, que le trajo un tío del Sur. Entonces Georgie la extendía en el piso, se acostaba boca abajo sobre la piel, ponía el libro sobre la cabeza del tigre y así se pasaba días enteros, leyendo."Borges, sobre Norah: "Cuando Norah nació, y tenía sólo días, una mucama criolla le dijo a Madre: "Igualita a usted, señora. Con ese mismo color amarillo de muerto."

Xul

Era un hombre alto, rubio y evidentemente feliz. Creo que uno puede simular muchas cosas pero nadie puede simular la felicidad. Siempre estaba inventando cosas; la panlingua, el neocreol y un piano circular. Recuerdo que una tarde lo encontré al doblar una esquina. Me pareció más alto que de costumbre y se lo dije. Xul me respondió: "Ocurre siempre que coinciden Venus y Saturno. Suelo crecer entonces unos diez centímetros". Xul opinaba que Paul Klee era superior a Picasso. En cuanto al neocriollo, el idioma inventado por Xul, abolía todos los adverbios terminados en mente y buscaba la síntesis. En vez de decir "pagaré mi parte" bastaba decir "copago", y en vez de decir "te llamo por teléfono antes de ir", simplemente "te pretelefo". Comía ensaladas de flores y se hamacaba peligrosamente en las sillas. Sus cuadros, en los años cuarenta, llegaron a valer 10 mil dólares .
(Borges, sobre Oscar Alejandro Agustín SchultzSolari,
Xul Solar, en el diario Clarín .)
Estupidez
Alicia Jurado: Usted, Borges, siempre se ha enamorado de mujeres un poco tontas.
Borges: Es que la inteligencia es siempre comprensible, pero en la estupidez hay un misterio que resulta atrayente.

El burlista
Cuando en abril de 1973 Borges llegó a Madrid para dar un ciclo de conferencias [...] lo hizo acompañado por el poeta Fernando Quiñones y por algún funcionario español, pero las maletas venían en otro automóvil. Subimos a una habitación cuatro o cinco personas y Borges preguntaba, algo inquieto, por el destino de su equipaje. Alguien trató de tranquilizarlo diciéndole que estaba llegando, pero ante su insistencia al fin le preguntamos por qué se preocupaba tanto por las maletas; entonces con una sonrisa nos contestó: "Y, bueno, es que en la maleta traigo el cuchillo."
(Contado por
Marcos-Ricardo Barnatán.)

Nariz
Estela Canto me dijo que mi nariz era el pedazo de carne menos interesante del mundo. Y mi hermana Norah parecía estar de acuerdo.

Borges, por Marechal
Se lo acusa de andar por los barrios de Buenos Aires haciéndose el matón, escupiendo por el colmillo y rezongando entre dientes la mal aprendida letra de algún tango [...].Ha querido llevar a la literatura sus fervores místico-suburbanos, hasta el punto de inventar una falsa mitología en la que los malevos porteños adquieren no sólo proporciones heroicas sino hasta vagos contornos metafísicos [...].Lo mandaron a estudiar griego a Oxford, literatura en la Sorbona, filosofía a Zúrich ¡y regresa para meterse hasta la verija en un criollismo de fonógrafo!
(Leopoldo Marechal,
Adán Buenosayres, 1948.)

Marechal, por Borges

En 1968 le pregunté inocentemente a Borges por Leopoldo Marechal, que aún vivía, y me contestó: "¿Marechal, Marechal...? ¡Ah!, pero de Marechal ha de saber usted más que yo, ¿no es uno que se pasea por el palacio de Franco y que se hace fotos con la Guardia Mora?" Borges aludía a unas fotos de Marechal en Madrid que habían circulado en ese tiempo.
(Contado por
Marcos-Ricardo Barnatán.)
Gioconda / caballito
Habíamos llegado a laAvenida deMayo. Entramos en un bar. Yo pedí un café y él un vaso de leche. Al alejarse el mozo, él me escudriñó con la mirada, como si estuviera viéndome por primera vez (exactamente lo que estaba pasando) y dijo en inglés: "La sonrisa de la Gioconda y los movimientos de un caballito de ajedrez". Me sentí halagada. Ahora estaba pisando suelo firme. Borges era un hombre a quien yo impresionaba, uno más y -al parecer- no sólo por lo que veía. Y añadió: "Es la primera vez que encuentro a una mujer a quien le gusta Bernard Shaw. ¡Qué extraño!" No fue en ese instante, sino mucho más tarde, cuando entendí el sentido de esta observación, que revela la actitud de Borges hacia las mujeres en general. Para él eran frágiles "diosas" con intelectos débiles, sensibles y limitadas. Por cierto, una opinión poco original de un hombre original.
(Contado por Estela Canto.)

Santo remedio

Cuando íbamos al Jardín Zoológico, era difícil sacarlo de ahí.Y yo, tan diminuta, tenía miedo de que él, que era grande y fuerte, se encolerizara y me pegara... Cuando se empecinaba y no quería ceder, le quitaba los libros. Santo remedio .
(Contado por su madre.)

Atenta
Borges está con otras personas en una editorial de Buenos Aires, esperando a un gerente que se había retrasado y que llega, finalmente, con media hora de tardanza. Entonces ocurre este diálogo:
Gerente: Disculpen la demora, pero es que me ha sucedido un hecho extraordinario.
Borges: ¿Ah, sí?
Gerente: Juzguen ustedes mismos: anoche soñé con una antigua y muy querida novia. El sueño, que se repitió una y otra vez durante toda la noche, era de lo más turbador: la imagen de mi novia giraba dentro de lo que parecía un túnel, mientras con la mano derecha saludaba como despidiéndose una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez...
(El gerente tiene la frente cubierta de sudor; sus interlocutores aguardan.)
Gerente:Pero ahí no acaba la cosa. Esta mañana a las siete en punto suena el teléfono yme comunican quemi ex novia,la del sueño,había muerto anoche en un accidente... ¿Comprenden? Durante toda la noche,mientras iba en busca de su muerte,mi novia se despidió de mí una y otra vez, una y otra vez, saludándome con la mano... Y Borges, entonces, comenta:
- Qué atenta, ¿no?
(Contado por
Mario Benedetti.)

Vlady
Madre le tiene tanta rabia a Vlady (Kociancich), porque sabe cuánto la estimo, que insiste en llamarla Gladis.Es una forma de mostrar desprecio: no tomarse el trabajo de aprender un nombre, darse el trabajo de decirlo mal.

Carajo

La abuela materna, la criolla, enfermó de pulmonía en 1918, en Ginebra, a causa del frío. "Borges me contó que estaban todos desesperados: rodeando su cama, acariciándole la cara y las manos, mientras la pobre señora volaba de fiebre y por momentos perdía el sentido. Todos estábamos allí, sobre ella, tocándola, llorosos y sin saber qué decir ni qué hacer y, de pronto, en un raro momento de lucidez,mi abuela abrió los ojos, nos miró y dijo con voz apagada pero clarísima: "¡Déjenme morir tranquila, carajo!" Y la pobre señora tenía razón."
(Contado por
María EstherVázquez.)

Quipus
De regreso de un viaje al interior del país, Borges comenta: "La gente muy simpática y hospitalaria. Catamarca y Jujuy me gustaron mucho.
Salta es demasiado self conscious: la gente pagada de sí, el paisaje con algo de decoración de utilería.Además,hay demasiados árboles genealógicos.
A un Aráoz Anzoátegui, nacionalista,que me regaló su árbol genealógico, le aseguré que yo no tenía ascendientes ilustres -lo que indignó a Madre, cuando se lo conté- y que en cambio me afligía un ascendiente, primo hermano del tirano Rosas, lo que era como ser pariente de Cuitiño o de Perón. "Ah, usted no es rosista", contestó.
"No, soy persona decente -le dije-. Pero mire, si indagáramos bastante por lo desconocido y olvidado, todos descubriríamos algún criminal en la familia: todos descendemos de Caín." Lo jodí, porque dije de mí lo que a él le hubiera gustado decir de él -que tenía parentesco con Rosas- y lo dije sin vanidad, con reprobación. Me contaron muchos cuentos de Juan Carlos Dávalos. La intención era mostrarlo simpático y lo dejaban como un hombre aborrecible. Debió de ser un bruto. Me encontré con la usual queja contra Buenos Aires.
Les expliqué: "Siempre las grandes ciudades producen literatura. Acuérdense de Roma. Los provincianos bajan a la ciudad y se inspiran. En BuenosAires buscamos la inspiración en Europa." También les dije: "Pónganse cómodos. Háblenme en diaguita o en quechua.
¿Por qué se resignan al español, mero cocoliche del latín? ¿Qué quipu están por publicar? Imagino que no caerán ustedes en el nacionalismo, doctrina foránea inventada por el escocés Carlyle."

Una muela expiatoria

Come en casa Borges. Está con aire de cansancio. "¿Cómo te va?", pregunto. Me dice que bastante mal, que salió dos veces con "esta chica", antenoche y anoche, y que él confundió amistad con amor, y que fue espantoso, porque se llevó una desilusión. "Qué raro -comenta Borges-: uno vive para el futuro.Mientras me pasaba todo esto, el presente no me importaba, yo sabía que el presente es efímero, pero me preocupaba por el día después, me decía: "¿Cómo voy a hacer para aguantar el día de mañana?" Hoy andaba deshecho, y de pronto recordé las palabras de Shakespeare: Sweet are the uses of adversity y pensé que de algún modo debería aprovechar mi desventura. ¿Comprendés? No quería aprovecharla literariamente, sino en algo más real. Entonces me acordé de que tengo una muela que me incomoda y me puse a buscar chapas de dentista. Había un tal doctor Rodríguez que resultó medio pariente mío. Cuando le pregunté por la muela, contestó: "Esta tiene que irse"."No sabe qué buena noticia me da, doctor", le dije. Me puso una inyección, me dolió apenas y ya estuvo. Pensar que durante años creí que sacarse una muela era algo muy importante, que he pasado semanas anticipando con pánico el momento... Salí a la calle bastante contento con la experiencia, y de pronto me acordé de esa mujer y la magia de la muela desapareció. Bueno, te cuento todo esto, no para jactarme, sino porque pienso que a lo mejor vos alguna vez te preocupás como yo me he preocupado porque te van a sacar una muela: bueno, no es nada, es una pavada. Yo creo que lo mejor es no conocer al dentista ni al consultorio, para no imaginar de antemano las cosas ni fijar la fecha con anticipación. Salís a caminar y donde ves una chapa de dentista entrás. Total, no habrá mayor diferencia entre un dentista y otro... Con el dentista hablamos de instrumental. Me dijo que el mejor era el francés.Y aquí añadió algo que prueba los peligros de toda generalización: "Es claro que muchos no lo usan porque es tan feo... Es un instrumental fuerte, pero feo. En cambio el inglés es más esbelto y frágil". Si me hubieran preguntado, yo hubiese respondido: "El francés es elegante, el inglés es sólido y feo". Es claro que tal vez no dependa eso de los países, sino de los judíos que fabrican el instrumental, del gusto del Goldenberg de Francia y del Goldenberg de Inglaterra."
(Contado por
Bioy y José Clemente.)

Padre
Borges me contó que su padre se había dejado morir en 1938. Estaba ciego y hemipléjico. Y un día le dijo: "No voy a pedirte que me des un balazo, porque sé que no lo harás, pero ya me las arreglaré." Y desde entonces no dejó que le pusieran inyecciones y sólo tomaba un poco de agua muy de tarde en tarde [...]. De algún modo, se mató.
(Joaquín Soler Serrano,
locutor y periodista español.)
Solución
Norah Borges se casó con el español Guillermo de Torre, que había sido con Borges uno de los fundadores del ultraísmo y se empeñó luego en mantener viva su llama desafiando al tiempo y al hecho de que los mismos ultraístas habían optado por la desbandada, empezando por el propio Borges. (Para colmo, en 1927, De Torre había escrito que "el meridiano literario de América" pasaba por Madrid.
Aunque luego se disculpó, ni Borges ni sus amigos le perdonaron nunca ese acto de presunción.) La cesión de una hermana no es nunca tarea fácil, y tampoco esta vez lo fue. Las relaciones entre los antiguos amigos se fueron enfriando, coincidiendo con el aumento de la miopía en Borges y de la sordera en De Torre. Esto le sirvió a Borges para acuñar una maldad que fue muy famosa por aquellos años. Cuando le preguntaban cómo se llevaba con su cuñado,
Borges respondía: "Muy bien. Yo no lo veo y él no me oye."
(Contado por Félix Grande.)

Ventanita

Al final, sólo uno de sus ojos podía ver por un único punto, que era una especie de ventanita. Por ella le llegaban la luz y la sombra y unos pocos colores como el amarillo. El negro lo veía marrón; el marrón, violeta; el azul,verdoso.Pero podía reconocer el blanco. Cuando iba al cine, que abandonó en los últimos años, solía observar detalles insólitos: el mazo de naipes en la mano del jugador, pero no su rostro; un reloj apoyado contra una pared, pero no el cuarto.
(Contado por
María Esther Vázquez.)

Dinosaurio
Todos los pueblos de habla española están muy orgullosos de que Borges exista.Y los latinoamericanos en particular, porque antes de Borges tuvimos muy pocos escritores comparables con los europeos.
Hemos tenido grandes escritores, pero uno que sea universal, como Borges, es una rareza en nuestros países [...] Discutir con Borges, sólo porque todos quieren que yo discuta con Borges, eso no lo haré nunca. Si él piensa como un dinosaurio, eso nada tiene que ver con mis ideas. No entiende nada de lo que está ocurriendo en el mundo moderno, y creo que yo tampoco. Por tanto, estamos de acuerdo.
(Carta de Pablo Neruda
a Héctor Eandi.)

¡Jorge!

Jorge, el padre de Borges, cegatón y mujeriego, sigue por las calles de Ginebra a una mujer. Por último esta se vuelve y le dice: "¡Jorge! ¿Ni siquiera a mí me vas a dejar tranquila?" Era Leonor, la madre de Borges, su esposa. Borges comenta: "Este debe de ser un viejo cuento del siglo XVIII, que se aplica a cualquiera que sea cegatón y mujeriego." Admitía, sin embargo,que pudiera haber ocurrido entre su padre y su madre.

Fuente ; Tiempo Argentinp
Extracto de El otro Borges, anecdotario completo, de Mario Paoletti
30.01.2011
http://tiempo.infonews.com/notas/%C2%BFquien-dijo-que-borges-hubo-uno-solo