Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas sobre Borges. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas sobre Borges. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de diciembre de 2020

Qué debe aprender Netflix de Borges

En “Borges, big data y yo” (Ed. Siglo XXI), Walter Sosa Escudero aborda cuentos como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “Tlön Uqbar Orbis Tertius” y “La biblioteca de Babel” desde la estadística. La ficción “científica” de Borges se vuelve así un camino para comprender nuestra vida y nuestro comportamiento en tiempos de datos a gran escala

 

Por Patricio Zunini

La big data se instaló en nuestra vida y, aunque todavía se debate si es una ventaja o una amenaza, en el imaginario se acepta sin discusión que rige nuestras decisiones, nuestros intereses, nuestros deseos: desde lo más banal como definir el recorrido que haremos en auto hasta los más profundos como qué carrera estudiar o en qué zona vivir. Los datos a gran escala parecerían, entonces, una suerte de fantasma en la máquina que se mueve con voluntad propia y que no comprendemos del todo.

En su libro anterior, Big data (Ed. Siglo XXI), Walter Sosa Escudero se metía —se entrometía— con esta idea y, con un tono afable, didáctico pero no profesoril, sencillo pero sin perder rigor, señalaba la dinámica, el alcance y los límites de los “macrodatos”. Estas ideas vuelven a aparecer en Borges, big data y yo (también publicado por Siglo XXI), pero con una interesantísima vuelta de tuerca: a partir de cuentos como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La biblioteca de Babel”, “Funes, el memorioso”, “Pierre Menard autor del Quijote” y un largo etcétera, Sosa Escudero se interroga por la función de la estadística, la utilidad de la big data en tiempos de coronavirus, la ubicuidad de los números en las tomas de decisión.

Borges, Big data y yo entra en una tradición de libros que aborda la relación entre Borges y las diferentes ramas de las ciencias formales: la antología Borges y la ciencia, compilada por Eudeba y con prólogo de María Kodama, Borges y las matemáticas, de Guillermo Martínez, Borges y la física cuántica, de Alberto Rojo. La lista, como cabe a una serie borgiana, podría extenderse hacia el infinito. Pero no deja de ser una característica muy llamativa, dado que el propio Borges había admitido que tenía rudimentarios conocimientos de matemática.

“La ciencia es la construcción de un universo”, dice Walter Sosa Escudero en diálogo con Infobae Cultura. “Es como si nosotros primero hubiésemos determinado las reglas del mundo y después la gente opera con respecto a esas reglas. Es un poquito lo que hace Borges: es el argumento de ‘Tlön Uqbar Orbis Tertius’ puesto cabeza abajo. Borges inventa esos universos que se parece muchísimo al tipo de universo que, a los gritos pelados y con urgencia, quiere crear un científico. En ‘La biblioteca de Babel’, Borges plantea una tremenda cantidad de preguntas acerca de la tensión entre lo finito y lo infinito, de la posibilidad de buscar y encontrar, de qué significa que una cosa sea más grande que la otra. Es el tipo de cosas que un científico pretende hacer; la tarea del científico no es dar respuestas sino generar preguntas”.

Esa mirada “científica” de Borges se acentúa también en cómo sus cuentos toman ideas que se estaban formando mientras él escribía. Alberto Rojo, por ejemplo, refiere en Borges y la física cuántica que una lectura de “El jardín de senderos que se bifurcan” podría dar cuenta de la teoría del multiverso.

“Borges”, sigue Sosa Escudero, “parece sentirse comodísimo con los conceptos contemporáneos de la física y la matemática que eran prácticamente contemporáneos, y eso habla, no del Borges erudito ni del Borges intelectual, sino del Borges creador. Tendemos a pensar en Borges como intelectual, como si fuese Bertrand Russell, y no lo vemos como si fuese un Picasso, como un Stravinsky. Como científico, lo que más me impacta es el Borges creativo”.

Del rigor de la ciencia

—Alguna vez Borges dijo que había dos clases de mentiras: la psicología y la estadística. ¿Cómo se puede leer esa frase a la luz de tu libro?

—Qué tiene que ver la estadística con Borges: bueno, uno de los temas más recurrentes de Borges es la tensión entre la realidad y su representación. En “Funes el memorioso”, Borges dice: “Intentaré resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo”. Y resumir con veracidad es casi una descripción de la tarea de la estadística. Es algo aparentemente contradictorio resumir y ser veraz, porque toda vez que uno quiere resumir parece estar faltando a la verdad. Pero, justamente, el objetivo de la ciencia es quedarse con la verdad a través del resumen. Pensemos en el juego que hace Borges con “Del rigor en la ciencia”, donde un grupo de cartógrafos hace un mapa escala uno a uno. La ciencia ocurre con un propósito y, si uno se lo saca, termina representando al mundo en su forma más trivial.

—Yo creo que una de las cosas por las que te gusta tanto Borges es su pasión por el infinito.

—En el libro digo que, si vos decís tres veces infinito, el espíritu de Borges empieza a flotar por donde estás. La estadística vive del infinito. Si pudiésemos lanzar una moneda infinitas veces, aprenderíamos que las chances de que salga cara o ceca son 0.5. Ese razonamiento, que se llama “Ley de grandes números”, pide a gritos la presencia del infinito. Y el resultado a partir del cual puedo aprender algo por replicarse infinitas veces tiene un nombre muy simpático: se lo llama “Teorema fundamental de la estadística”. Si veo cómo algo se replica entiendo su esencia. La estadística vive en esa esperanza de ver replicar las cosas infinitas veces. En la práctica no se da infinitas veces sino en un número lo suficientemente grande, pero es la esperanza del infinito lo que permite que la estadística viva.

Netflix de senderos que se bifurcan

“La big data”, dice Sosa Escudero, “es un montón de información que la gente decide mostrar. Pero el problema de big data es pensar que el tamaño importa. La masividad es interesante, pero muchísimos problemas de la big data tienen que ver con sobreconfiar en los datos sin saber que son tremendamente sesgados: yo puedo tener un montón de datos de una encuesta que hizo una celebrity en Twitter, pero esos datos están filtrados por la decisión de seguir a esa persona. Si los analizo inocentemente, estoy metiendo la pata más fuerte. Big data te ofrece un montón de información que es interesante, pero que no es completa”.

—¿Qué tiene que aprender Netflix de Borges?

—Es un poco contradictorio lo que puede aprender Netflix del infinito y de Borges. Porque Netflix nos ve en los senderos del jardín que hemos visitado, pero no en los otros que no visitamos. Qué quiero decir: Netflix ve un enorme derrotero de lo que estoy haciendo, pero quizá mañana camino por otro sendero, y Netflix querría mantenerme eternamente cerca de donde yo ya estaba. Lo interesante es cómo señalarle a Netflix que existimos también en otros senderos, porque parte de la esencia del ser humano es saltar rápido a otros senderos del jardín. Ese es el problema de Netflix y los algoritmos: por un lado, tienden a pensar que somos las personas más conservadoras del mundo, pero por otro lado sabe que estamos dispuestos a pegar esos saltos. Esos saltos… borgianos, si se quiere.

—Pero: si el censo es la foto del día y al día siguiente pueden variar, si big data es incompleta, si, como decís en el libro, es imposible tomar el PBI varias veces al año, si hay ochenta maneras de medir la pobreza y cada una es sesgada, si tenemos todas esas limitaciones, ¿para qué sirve la estadística?

—Ahí está el asunto. La estadística se mueve por “piedras de Rosetta”. Suponete que tomás una medición del desempleo en base a tres mil hogares que son representativos de los tres millones que hay en CABA: en algún momento necesito ver si lo que medí con tres mil hogares es muy distinto de lo que podría haber medido con tres millones. Cada tanto la realidad te ofrece esas piedras de Rosetta en donde la estadística permite ver si las cosas realmente funcionan. Lo importante de la estadística no es que sea buena o mala, sino con que sea útil o inútil. La pregunta es útil para qué: útil para la toma de decisiones. No hay peor estadística que la que no se usa. Si te digo qué va a pasar con el dólar y no logro cambiar tu marco decisorio —independientemente de que acierte o no—, es como que no te hubiera dicho nada. Las estadísticas son útiles en la medida en que nos permitan tomar decisiones más informadas. O, si se quiere, mejores decisiones.

La pandemia y el milagro secreto

—¿Qué tendrían que aprender Ginés, Quirós y los ministros de Salud de Borges?

—Siguiendo con “El jardín de senderos que se bifurcan”, uno tiene que prestar atención a los datos y a los escenarios contrafácticos, que son los peores de todos porque son los que tenemos que imaginar. Si ahora la tasa de contagios baja, no puedo tomarlo como una medida de éxito de la política que se tomó, porque es una mezcla del éxito de la política con la evolución natural de la pandemia. Así como están las cosas, por lo menos en esta circunstancia, la tasa de contagios tiene que bajar. La gran pregunta es si va a subir. Y la otra gran pregunta es cómo hubiese sido la curva de casos de haber adoptado otra política. Entonces, si tuviese que dar un consejo borgiano: hay que meterte en todos los posibles senderos del jardín para ver cómo hubiera sido el escenario de haber hecho otra cosa.

—¿Se puede considerar como “otro sendero” las medidas de otros países?

—Pero los datos te muestran nada más que una cosa y te muestran, insisto, una mezcla de causas. Antes decíamos que Uruguay era un país ejemplo y ahora resulta que están preocupados. Se decía que Europa ya se habían sacado el problema de encima y ahora les pegó de vuelta. En definitiva, la enseñanza borgiana es que hay que dejar hablar a los datos, pero no demasiado. En algún momento uno tiene que pensar los escenarios alternativos porque es la única forma de evaluar políticas.

—Cuando la cantidad de infectados era baja, el coeficiente de multiplicación era muy alto. Ahora, ese número es bajo, pero la tasa de infectados es muy superior. Entonces, ¿era válido que el gobierno tome ese coeficiente para pasar de una fase a otra de la cuarentena?

—Todos estos coeficientes son distintas formas de mirar lo mismo, lo que pasa es que con algunas es más fácil de ver la cantidad de contagios, de casos, la tasa de duplicación, etc. Tu pregunta pone arriba de la mesa que una realidad compleja no se puede resumir en un coeficiente solo. La complejidad de la dinámica del coronavirus tiene que ser representada de una forma relativamente compleja para que no se distorsione la realidad. Me parece que es tan peligroso reportar nada más que casos a la Funes —el personaje de Borges—: estos son los datos y yo no digo nada, como intentar resumirlos en un número y ver si ese número sube o baja. Una enfermedad como esta es un fenómeno más relativo que absoluto. La discusión que se está manteniendo ahora es si no estamos viendo el comienzo de la tasa de rebote. Si uno mira la curva ve una caída pronunciada, pero si sacás la lupa vas a ver que esa caída se detuvo. En términos técnicos estás mirando otra característica de una función.

—Una derivada.

—Exactamente, estamos mirando la segunda deriva. Siempre les digo a mis alumnos que las situaciones simples demandan estadísticas simples y que las situaciones complejas demandan estadísticas complejas. Eso es inevitable. Lo que ha pasado con la pandemia es que algunas circunstancias las agarrás con un numerito, pero cuando tenés que ver dinámicas complejas como ver si se pega un rebote o analizar si se va a ocupar la capacidad hospitalaria, necesitás estadísticas más sofisticadas. La gente tiene una preferencia innata por las cosas simples y está bien que así sea, pero entonces se pone nerviosa cuando decís que necesitás estadísticas más complejas. “Antes te alcanzaba con estadísticas simples, por qué ahora necesitás estadísticas complejas”. Bueno, no todo puede simplificarse: ¡bienvenido a la ciencia!

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/cultura/2020/12/20/que-debe-aprender-netflix-de-borges/

 

domingo, 24 de febrero de 2019

Carola Reyna, la chica que paseaba a Borges en un Fitito



                        Carola en su adolescencia, junto a Borges

Vivió su infancia entre Venezuela, España y la Argentina. De adolescente escribía y llegaron a publicar sus poemas, pero la actuación terminó imponiéndose. Retrato de una actriz que viaja en colectivo.
Marina Zucchi

Imagine a Jorge Luis Borges siendo subido a un Fiat 600 verde esmeralda. Imagínelo recorriendo la Avenida Maipú en Vicente López, ciego, dejándose llevar por una chica al límite de la mayoría de edad, que apenas hace días obtuvo su registro. La imagen onírica existió más que en los sueños de ella. Alumna de un taller literario de Félix Della Paolera, fue la elegida para un encuentro que terminó en un bodegón, entre metáforas, teorías sobre el azar, y fideos. Del segundo cruce queda como registro una foto en blanco y negro. Y un libro de poemas de la época, antología de la que forma parte la joven autora: Carola Reyna.

                                                    
-¿Por qué creés que te eligieron a vos, entre tantos alumnos, para ir a buscar a Borges?

-Fue una arbitrariedad. Supongo que querían evitar lo formal y protocolar, yo era casi una nena, era una aventura. Me acuerdo que llegué y estaba peinadito y esperando como un nene. Lo subimos al asiento delantero y yo ya me imaginaba el titular: "Chocó llevando al hombre más importante del mundo".

Fuente: Clarin (fragmento)


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Facundo Cabral sobre Jorge Luis Borges




Un pequeño monólogo de Facundo Cabral sobre Jorge Luis Borges. y previamente un pedacito de la entrevista de Matias Martin a Facundo donde cuenta la anécdota de cómo conoció a Jorge Luis Borges, allá por los años 60's el primer encuentro entre ellos.

Fuente : You Tube

miércoles, 30 de julio de 2014

Conociendo a Jorge Luis Borges



La Doctora Gloria Guzmán Johannessen es profesora emérita de la California State University en Pomona. Durante esta entrevista conducida por Luis Figueroa, la doctora Guzmán explica la perspectiva de Jorge Luis Borges sobre la reflexión y el conocimiento a sí mismo.

Fuente : You Tube

jueves, 24 de julio de 2014

Borges, Cuántica y Relatividad en Lanata Sin Filtro


Entrevista al físico Argentino Alberto Rojo en el programa radial Lanata Sin Filtro previo a la presentación en la feria del libro, de su libro "Borges y la mecánica cuántica". La entrevista gira en torno al cuento "El jardín de los senderos que se bifurcan" de "Ficciones", la interpretación de Everett de la mecánica cuántica, y se amplia a las nociones básicas de teoría de la relatividad y el sentido estético en las ciencias físicomatemáticas.





jueves, 2 de enero de 2014

Borges para Rodríguez Fer: sin fronteras




El poeta Claudio Rodríguez Fer es un profundo conocedor de la obra borgeana. Da fe de ello su último libro, Borges y todo (Del Centro Editores), que reúne cuatro poliédricos ensayos escritos a lo largo de más de tres décadas.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges


Resulta difícil retratar a Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956) en una entradilla, pues sus actividades creativas y científicas, que no son pocas, se entreveran constantemente con su vida. Padre de la lírica erótica galaica (Tigres de ternura, A boca violeta [La boca violeta], Cebra…) y galán dulce pero voluptuoso. Insaciable viajero y especialista en la obra del más universal de los vates gallegos (dirige la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente). Hombre comprometido con las víctimas del fascismo y autor de una trilogía poética sobre la memoria histórica (Lugo Blues, Amóte vermella [Te amo roja] y A loita continúa [La lucha continúa]). Fiel amante del cine y autor de textos (poemas, narraciones, artículos, ensayos) que ahondan en los universos de Orson Welles, de Woody Allen o de Jean-Luc Godard…

  
 Rodríguez Fer ha publicado recientemente Borges y todo (Escepticismo y otros laberintos) (Del Centro Editores); en este poliédrico libro, el lucense ha reunido cuatro ensayos sobre las cuestiones que más ha investigado en el genial Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) a lo largo de más de tres décadas: “Su concepción de la literatura fantástica, su relación con Galicia y con la cultura gallega, sus encuentros con Valente y su capacidad caleidoscópica para disfrutar del universo en toda su diversidad, de ahí que se titule Borges y todo”.

P.- En el primero de los ensayos reunidos en Borges y todo, explicas que la enjundia literaria del argentino nace en su radical escepticismo.

R.- El propio Borges dejó claro en Otras inquisiciones que su tendencia “a estimar las ideas religiosas o filosóficas por su valor estético y aun por lo que encierran de singular y maravilloso” es indicio de su “escepticismo esencial”. Por eso toda clase de manifestación del pensamiento humano se muestra relativa y meramente conjetural en su obra, pues, como él mismo declaró, “yo no tengo ninguna certidumbre, ni siquiera la certidumbre de la incertidumbre”.
  
P.- En Borges, como también explicas, casan perfectamente escepticismo y fantasía…

R.- Desde luego, porque lo fantástico, a diferencia de lo extraño —que es lo aparentemente imposible de explicar— y de lo maravilloso —que es lo fehacientemente imposible de explicar—, no implica confianza en la razón ni requiere fe en lo sobrenatural, sino que es al mismo tiempo extraño y maravilloso, porque no se explica ni se deja de explicar por la razón ni por la fe, como postula el escepticismo.


P.- En sintonía con ese radical escepticismo, recoges una cita de Borges que me parece muy reveladora por su mezcla de desmitificación y asombro: Dios es “la máxima creación de la literatura fantástica”. Dicho lo cual, conviene recordar que el argentino siempre se sintió atraído por la teología.

R.- La teología le parecía a Borges una fuente inagotable de fantasía y consideraba que sus creaciones superaban en imaginación a las de los propios escritores fantásticos: el dios creador y todopoderoso de los monoteísmos, los multiplicadores de Budhas de la tradición Mahayana, la infinita sustancia de infinitos atributos postulada por Spinoza, etc.

 
P.- Entre los grandes autores que cultivaron la fantasía, ¿Borges, debido a su radical escepticismo, es quizás el que más se interesó por el misterio, en detrimento de la solución?

R.- Puede ser, porque, para Borges, el misterio es abierta e inaprensiblemente rico, complejo y fascinante, y la solución resulta a menudo empobrecedora, simple y decepcionante. Como escribió en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”: “El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución, del juego de manos”.

 
P.- La actitud de Borges es estética no sólo hacia la teología, la metafísica, la fantasía…, sino también hacia otras realidades, digamos, más tangibles (la política, la Historia…). En ese sentido, me parece muy oportuno un ejemplo que traes a colación en tu libro: el creador americano, en el cuento “Deutsches Requiem”, llega a homenajear al nazismo, una ideología que él tenía por enemiga.

R.- Borges fue comprometidamente antinazi durante la Segunda Guerra Mundial y, de hecho, suscribió varios manifiestos antifascistas publicados en la revista argentina inequívocamente llamada Antinazi. Pero, al mismo tiempo, era muy amante de la gran cultura alemana, lo que contribuyó a que en “Deutsches Requiem” llegase a homenajear con nobleza la estética del enemigo en el momento de su derrota.

 
“Deutsches Requiem” (“Réquiem alemán”, en la lengua de Nietzsche) es uno de los memorables relatos de El Aleph. Difícilmente el lector sensible no caerá rendido ante líneas tan expresivas como éstas: “Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros, ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del islam o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos”. Conviene recordar que el narrador del cuento, personaje verdaderamente complejo e incluso paradójico (exsubdirector de un campo de concentración, amante de la poesía, de la filosofía y de la música clásica…), está a un día de ser fusilado “por torturador y asesino”.

 
P.- Aun sabiendo de la mirada poliédrica de Borges, considero que Enrique Anderson Imbert exagera al decir del autor de El Aleph: “(…) cree en la belleza de todas las teorías”. (La cita la extraigo de tu ensayo.) Considero exagerada esa tesis, pues, como tú mismo recuerdas con tino en otro pasaje del mismo ensayo, para el genio era horrendo y disparatado el dogma de la Santísima Trinidad.

R.- Supongo que Enrique Anderson Imbert se refería a las grandes teorías en general y no a fenómenos concretos como el de la Santísima Trinidad, que, en efecto, a Borges le parecía un engendro de pesadilla, tal como escribió en Historia de la eternidad: “Imaginada de golpe, su concepción de un padre, un hijo y un espectro, articulados en un solo organismo, parece un caso de teratología intelectual”.

  
P.- Hablemos ahora de la relación del fantástico escritor con Galicia y con la literatura galaica, tema del que te ocupas en el segundo de los ensayos reunidos en Borges y todo. Además de su tendencia a actitudes escépticas y al cultivo del género fantástico —explicas—, existe otro trazo que parece aproximar el universal arte de Borges al trazo atribuido frecuentemente a Galicia y al ser gallego: “simbólicamente, la concepción de la vida y del mundo como laberinto”. Esa atinada observación, unida a la ascendencia portuguesa del propio Borges, es fundamental, creo yo, para acercarnos a la pasión que el maestro sentía por Galicia.

R.- El símbolo más emblemático de la obra de Borges es, sin duda, el del laberinto y, de hecho, Labyrinths fue el título escogido para presentarla en inglés cuando en 1962 se tradujo en Estados Unidos una selección de cuentos de Ficciones y El Aleph. Pero aunque la base del símbolo asiente en el mito griego, que Borges recreó en el relato “La casa de Asterión”, el mismo autor lo buscó en muchas otras culturas y lo llevó a muchos otros lugares, por ejemplo a Babilonia y a Arabia en “Los dos reyes y los dos laberintos” o al Nilo en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”. Pero algunos de los más importantes cuentos de Borges, como el enciclopédico “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” o los policíacos “El jardín de los senderos que se bifurcan” y “La muerte y la brújula” son también desarrollos del mito del laberinto, aparte de que su poesía está también absolutamente llena de recreaciones del dédalo. El propio Borges aludió con admiración a los angustiosos laberintos contemporáneos de Kafka, pero creo que su propia concepción del laberinto está más próxima a la lúdica de Poe en “El escarabajo de oro” o en general a la del escocés Stevenson y a la del irlandés Joyce, tres de sus maestros narrativos, los dos últimos de raíces celtas. Análogamente, podríamos conectar el dédalo borgeano con el laberinto más cósmico que caótico y, por tanto, más bien consolador y esperanzador, que encontramos en Galicia, desde los petroglifos rupestres de la Antigüedad hasta el pensamiento, la literatura y el arte contemporáneos.

  
P.- Borges incluía a Santiago de Compostela entre las ciudades inolvidables en donde había estado.

R.- En efecto, Borges incluyó, en Un ensayo autobiográfico, a Santiago de Compostela entre las ciudades más inolvidables que había visitado, junto a otras cuatro europeas, Ginebra, Edimburgo, Estocolmo y Copenhague, y dos norteamericanas, San Francisco y Nueva York. La razón de esta inclusión la ofreció él mismo cuando explicó que, frente a urbes tan recientes como su natal Buenos Aires, ciudades históricas tan antiguas como la escocesa Edimburgo, la inglesa York o la gallega Santiago de Compostela “pueden mentir eternidad”.


Rodríguez Fer me confiesa que desde muy joven siente predilección por “autores universales” como Verne o Borges. De hecho,crdrgz se especializó en la literatura del ourensano José Ángel Valente porque éste, como los autores citados, “también estableció en su obra un diálogo con materias y culturas de todas las épocas y de todos los continentes, Borges incluido”. Precisamente en su último libro, Rodríguez Fer —que dirige la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente en la Universidad de Santiago, donde además ejerce la docencia y está al frente del anuario filológico Moenia. Revista Lucense de Lingüística & Literatura— ha incluido un ensayo dedicado a los encuentros físicos y literarios que el autor de Fragmentos de un libro futuro mantuvo con su maestro argentino. “Valente, que trató y admiró mucho a Borges, escribió sobre él a la manera borgeana, concretamente en ‘El otro Borges’ y en ‘Borges y yo’, escritos que tienen al mismo tiempo elementos ensayísticos, narrativos y hasta poéticos, como ocurre en numerosos textos del escritor argentino, sobre todo de El hacedor, libro que, desde luego, dinamita la homogeneidad del género literario. Valente siguió este mismo camino en El fin de la edad de plata, Interior con figuras, Nueve enunciaciones y otros muchos lugares”.

Efectivamente, la prosa “El otro Borges” refleja a la perfección ese estilo borgeano (es decir, sinuoso, proteico, pleno de paradójicas imágenes) con que Valente homenajeó al propio genio argentino. Como explica Rodríguez Fer en su ensayo, Valente incluyó en un libro de crítica (Las palabras de la tribu) el citado texto, y, sin dejar de aportar las claves de la literatura del argentino, utilizó procedimientos absolutamente creativos, como el uso de la segunda persona del singular, que, efectivamente, le sirvió para dialogar con el autor de Ficciones: “¿quién es, en efecto, Borges? Sí, Borges, díganos: ¿Quién es usted? ¿Una invención del ya difunto Roger Caillois, como usted ha supuesto? ¿Un bibliotecario bisoño en barrio extremo de la ciudad de Buenos Aires, cuyo nombre coincidía ya, luengos años hace y por curioso azar, con el de un escritor argentino relacionado en el Espasa? ¿O, simplemente, como para la patricia sociedad porteña de otra época, el hijo de Leonorita Acevedo? ¿Será usted la ilustración perfecta de lo que Hegel llama, aunque usted tan poco hegeliano sea, la identidad en la diferencia? ¿Borges y contra-Borges a un tiempo, para cumplirse así en sí mismo como los libros de Tlön, que no eran libros propiamente, sino encerraban a la vez su contralibro? ¿O sería usted anónimo, en rigor? Pues cierto es que no muy útil resultaría en este trance decir que Borges es Borges, si creemos, como quiere un viejo saber, que el nombre que puede ser nombrado no es el verdadero nombre”.

Por supuesto, el homenajeado Borges jugó con el desdoblamiento de forma exquisita, como prueban estas líneas que extraigo de El hacedor: “Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página”.

 
P-. Borges creía que el germen de la narración estaba en el cuento. Para él, una novela incluía, dada su longitud, elementos superfluos, ajenos a la trama: “Yo creo que es imposible escribir una novela sin ripio, pero un buen cuento —de Kipling por ejemplo— puede no contener ningún ripio, que yo sepa. No he escrito novelas porque no soy lector de novelas”. ¿Desmonta esta tesis la vieja creencia popular de que, para ser un buen narrador, hace falta haber leído muchas novelas?

R.- A Valéry le resultaba aburrido leer y más aún escribir trivialidades habituales en las novelas como “La marquesa salió a las cinco”, según recogió Breton en su “Manifiesto del surrealismo” de 1924, y lo mismo le ocurría a Borges. En cambio, en el cuento suele predominar la exigente motivación compositiva de la que hablaba Chejov: si aparece un clavo al principio, alguien se colgará de él al final, porque nada debe ser superfluo nunca. Esta economía de lo imprescindible es la que encontramos en Borges y en sus maestros Poe, Stevenson y Kipling, o en sus verdaderos discípulos, como Julio Cortázar, todos ellos virtuosos del relato breve. En la literatura española se encuentra ese ejemplo en la borgeana narrativa breve de Valente, por cierto lamentablemente oscurecida por la mucho más reconocida producción poética de su autor.

 
P.- En 2010, se supo de la existencia de un manuscrito borgeano de 4 páginas acerca de los nietos desheredados de un héroe de la Guerra de la Independencia. El relato, identificado como Los Rivero, está inacabado, y su descubridor, Julio Ortega (crítico y profesor de la Universidad de Brown), cree que ésa fue la novela que Borges no quiso escribir. Según Ortega, el autor de Libro de arena abortó la empresa de Los Rivero precisamente porque se dio cuenta de que el texto se trataba de una novela y de que, por tanto, necesitaría extenderse. Pero ésa es sólo una hipótesis… ¿Sería descabellado imaginar cómo se movería Borges en la distancia larga?

R.- Borges pensó en más de una ocasión en hacer una novela, por ejemplo cuando proyectó “El congreso”, que luego fue un cuento largo incluido en El libro de arena, pero, en cualquier caso, su novelística nunca abusaría del tedio o de la trivialidad de los detalles, sino que seguramente se parecería a la de su admirado Kafka. Prueba de ello es la kafkiana película de largometraje titulada Invasión, de la que hizo el guión junto a su amigo Adolfo Bioy Casares y al director Hugo Santiago Muchnick.

 
P.- Destacaré una similitud que Borges encontraba entre el cuento y el poema corto: uno y otro —decía— pueden darnos “una sensación de plenitud continuamente”, porque, al contrario que la novela, son ideales para leerse de una sola sentada. Tratándose de algún otro literato, yo probablemente te preguntaría: ¿en qué medida está el poeta presente en sus cuentos, y en qué medida el narrador está presente en su lírica? Pero el americano es un creador integral y rebasa los cánones…

R.- Desde luego, hay muchos temas, como el del laberinto cósmico, y muchas técnicas, como la de la enumeración caótica, que se encuentran por igual en la poesía y en la prosa e Borges, y, dentro de esta, tanto en el cuento como en el ensayo. Toda obra, incluso si es científica, como toda vida, tiende a la plenitud y por tanto a la poesía, tal como explicó el propio Borges: “Buscamos la poesía; buscamos la vida. Y la vida está, estoy seguro, hecha de poesía. La poesía no es algo extraño: está acechando, como veremos, a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento”. Pues bien, a mi ver, en su obra, la poesía y la vida surgen continuamente.


P.- Al hilo de esa condición de escritor integral, en el último de los ensayos reunidos en Borges y todo, dado a conocer electrónicamente el pasado año en la revista Jot Down, escribes algo que también apreció Valente y que yo, desde luego, suscribo: el creador de El oro de los tigres derrocha genialidad no sólo en el cuerpo central de sus libros, sino también en los prólogos, en los epílogos ¡e, incluso, en las dedicatorias! Difícilmente se puede ser más integral…

R.- En efecto, el escritor, el poeta, el genio, lo es por igual en sus obras mayores y en los paratextos de las mismas, así que se pueden hacer excelentes antologías de prólogos, epílogos o dedicatorias de Borges. De hecho, ya existen volúmenes compilatorios como los titulados Prólogos con un prólogo de prólogos, Biblioteca personal o Prólogos de La Biblioteca de Babel, que contienen auténticas delicias.

 
Son muchos los paratextos borgeanos que ejemplifican la tesis de Rodríguez Fer. Destacaré estas visionarias líneas extraídas del epílogo de El hacedor: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

  
P.- Hablábamos antes de tus ensayos dedicados a Borges. Pero en tu obra creativa, también has homenajeado (de forma directa u oblicua) al autor de La rosa profunda. De hecho, este mago ya aparece citado en tu primer libro, Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte), publicado en 1979. Y uno de tus Meta-relatos se titula significativamente “A biblioteca de Borges” (“La biblioteca de Borges”). Pondré otro ejemplo más reciente: en Viaxes a ti (Viajes a ti), este micropoema tuyo (se titula “Borges”) es casi una traducción de una frase de El Aleph: “Eu tamén vin / en Inverness / unha muller / que non esquecerei” (“Yo también vi / en Inverness / una mujer / que no olvidaré”).

R.- En efecto, Borges es uno de esos autores con los que establecí contacto desde mi primer libro y con los que he mantenido diálogo permanente. De hecho, la primera cita del primer poema de mi primera obra es precisamente de Borges: “Yo, que tantos hombres he sido…”. El más reciente poema “Borges” surgió, como epifanía erótica y borgeana a un tiempo, cuando visité las Tierras Altas de Escocia, pues allí sentí el maravilloso abismo de estar viviendo la frase alusiva a Inverness de la enumeración caótica de El Aleph.


P.- Amor, humor, teología, literatura, ciencia, filosofía, política, arte, geografía, historia, astronomía… En las páginas de Borges, laten prácticamente todas las inquietudes del hombre (de ahí que el título de tu último libro sea tan oportuno), pero ahora que hablas de tu “epifanía erótica y borgeana”, sería injusto obviar que el erotismo es un tema apenas cultivado por el autor de La cifra…

R.- En la poesía y en la narrativa de Borges aparece muchas veces el amor, pero muy pocas su manifestación erótica explícita, entre otras razones porque este autor fue formado como una especie de pudoroso caballero victoriano y le desagradaba mostrar abiertamente tal dimensión. No obstante, el erotismo aparece en la obra de Borges de una manera sutil y simbólica no exenta tampoco de sensualidad. Por ejemplo, en el precioso cuento “Ulrica”, que sucede en la histórica ciudad de York, los enamorados, un maduro colombiano y una feminista noruega, se acuestan juntos en un cuarto con las paredes empapeladas de un rojo muy profundo, a la manera del diseñador utopista William Morris, lleno de frutos y pájaros entrelazados. Y, en este contexto tan estéticamente erótico, desaparece la espada simbólica de la Saga nórdica de la que habían hablado y que invisiblemente había entre los dos, sugiriéndose a continuación bella y fluidamente la aliteración que brota de la unión sexual: “Secular en la sombra fluyó el amor”.

  
P.- Volvamos a las enseñanzas que recibiste de Borges. En una ocasión, me dijiste que debes al mago “la apertura sin límites a los más variados temas, mundos y autores”. Ciertamente, en tus creaciones no es difícil percibir el gusto por el exotismo borgeano. Verbigracia: el universo imaginario del argentino está poblado de tigres, y tú titulas significativamente tu segundo poemario Tigres de ternura (Premio Nacional de la Crítica de 1982), tomando como fuente de inspiración a Cansinos Assens (“Yo seré como un tigre de ternura”), quien a su vez era un maestro para el propio Borges. Un hermoso triángulo…

R.- Cuenta Borges que cuando iba de pequeño a contemplar el tigre al zoo, a todos los niños les parecía sanguinario y hermoso, pero a su inocente hermana Norah le parecía que estaba hecho para el amor. Luego Borges asoció esta observación al verso de su maestro judío-español Rafael Cansinos Assens, quien en efecto había escrito “Yo seré como un tigre de ternura”. Por todo esto, yo mismo, admirador desde niño de los tigres y lector desde muy joven de Borges y, gracias a Borges, también de los tigréfilos Blake, Chesterton, Kipling y Cansinos, no podía sino titular Tigres de ternura aquel libro lleno de referencias al tigre. Además, al reunir dos elementos aparentemente antagónicos, este título reflejaba muy bien la pasión amorosa, que me parecía que debía reunir la fiereza de lo felino y la dulzura de lo tierno. En este sentido, tanto en el libro como en el título había una dimensión reivindicativa, porque, como es obvio, en la tradición patriarcal de la época en la que yo fui formado, la ternura era vista como un sentimiento más bien femenino e impropio del varón, que se entendía más acorde, en cambio, con la agresiva fortaleza del tigre o del león, cuando no con la del gorila. Y yo pensaba entonces, como por supuesto sigo pensando ahora, que el hombre no es menos ni más hombre por sentir o manifestar ternura, solo, eso sí, es más persona, o sea, es un ser humano más completo y no mutilado o amputado de una dimensión tan necesaria para dar y recibir lo más importante que puede darse y recibirse en la vida, que, naturalmente, es el amor.


P.- ¿Fabulaste alguna vez con la posibilidad de conocer en persona al fabuloso Borges, fallecido en 1986?

R.- Después de leer y releer a un autor muy admirado o simplemente muy próximo aunque no se haya conocido en persona, Borges decía que uno acababa considerándolo como a un amigo. Así lo dijo de Oscar Wilde, por ejemplo: “Pensar en él es pensar en un amigo íntimo, que no hemos visto nunca pero cuya voz conocemos, y que extrañamos cada día”. Al final de “Borges y los regalos del universo”, sin desdecir de mi admiración por muchos grandes escritores, yo digo que a lo largo de mi vida sentí, incluso desde niño o desde adolescente, algo parecido con respecto a narradores como Verne, Cervantes y Tolstoi, o a poetas como Whitman, Rosalía y Dickinson, para concluir que desde muy joven lo sentí siempre respecto a Borges. Ahora bien, en este caso, como en el de otros autores coetáneos, no podemos decir que no los hayamos visto u oído nunca, porque seguramente los hemos visionado y escuchado muchas veces a través de grabaciones audiovisuales, que dan una proximidad todavía mayor, más directa, más personal y más íntima. Así que, en realidad, yo tengo la misma o mayor sensación de haber conocido a Borges o a Cortázar, de quienes leí, vi y oí casi todo, que a otros autores que conocí o que incluso traté personalmente. Como decía Quevedo, otro gran maestro de Borges, a propósito de la lectura, al menos en estos dos casos: “vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Fuente : Revista Universitaria La Huella Digital.com