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viernes, 18 de septiembre de 2026

Exultante: “Principio de éxtasis”, un encomiable trabajo que multiplica el talento de un equipo creativo rendido ante Borges


 El coreógrafo Montero consuma un discurso coreográfico admirable en esta obra creada para el Ballet del Teatro Colón; magistral interpretación de Facundo Luqui en el rol protagónico

11 de septiembre de 2026

Néstor Tirri

Principio de éxtasis, ballet en dos actos. Coreografía: Goyo Montero, inspirada en el cuento “El Aleph”, de Jorge Luis Borges. Música: Gustavo Santaolalla. Música adicional y diseño sonoro: Owen Belton. Escenografía: Eduardo Basualdo, con la colaboración de Mariana Tirantte. Vestuario: Mariana Tirantte. Textos en off: Ricardo Darín. Por el Ballet Estable del Teatro Colón. Dirección: Julio Bocca. En el Teatro Colón. Próximas funciones: hoy, a las 20, y el domingo, a las 17, hasta el 20 de setiembre.

Nuestra Opinión: Excelente

Beatriz Viterbo era alta y frágil. El “Borges” de ficción (el que narra el emblemático cuento que la incluye, por eso las comillas) la agasajaba devotamente; ella respondía con ostensible desdén. Ahora, cuando ya ha muerto, su estéril enamorado puede consagrarse a evocarla, “sin esperanza, pero sin humillación”. Beatriz Viterbo, personificada en escena por Lola Múgica, no será la figura central del ballet (de excepcional despliegue, digámoslo de entrada) que acaba de estrenarse, pero sí el móvil o disparador por el que este “Borges”, asumido magistralmente por Facundo Luqui, visita cada año la sombría casa de la calle Garay donde ella vivía, y en la que su primo Carlos Argentino Daneri, encarnado por Juan Pablo Ledo, ha descubierto un (presunto) prodigio: en el sótano del comedor un borde de las escaleras esconde una suerte de destello inefable, al que denomina Aleph y que, según él, es un punto en el espacio que contiene simultáneamente todos los puntos del universo.

Alrededor de esta concepción fantástica, nada sencilla, se desarrolla la exultante Principio de éxtasis, pieza coreográfica del español Goyo Montero, de acuerdo a un ambicioso proyecto de antigua data de llevar a escena el cuento “El Aleph”, de Jorge Luis Borges, oportunamente estimulado por Julio Bocca, actual director del Ballet Estable del Colón, y desarrollado en un encomiable trabajo de equipo en el seno del propio teatro. Y es un rasgo de Beatriz (de nuevo la heroína que ya no está) lo que habrá de exaltar el título de la pieza: “Había en su andar (…) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis”.

Después de un sobrio dúo inicial de Jiva Velázquez con Lola Múgica (acaso una evocación juvenil del narrador, que permanece en un rincón de la escena) y de un vigoroso solo de Facundo Luqui que sirven de prólogo, se alza un segundo telón que se abre al inextricable mundo de la calle Garay. Una compleja estructura escénica de escaleras que se cruzan evoca los diseños espaciales de Escher pero también (era inevitable) los laberintos borgianos. Un ir y

venir de incontables mujeres (todas son, en realidad, la misma difunta en distintos momentos de su vida) que suben y bajan escalones en el formidable espacio creado por Eduardo Basualdo, más otro destacado solo del alucinado “Borges” de Luqui, convencen de que Principio de éxtasis va desplegando un espectáculo desbordante, más allá (o a pesar) de las implicancias metafísicas del relato original.

Un reñido dúo de Luqui con el experimentado y dúctil Juan Pablo Ledo (“Borges” y Daneri) se desenvuelve con fondo de un texto grabado en reverse y antecede a otra invasión de cuerpos en las escaleras; ahora son hombres, todos de negro, otro momento de gran espectacularidad que acaba con el destello fundamental: el sorprendente Aleph dispara chispazos del universo.

En rigor, la transcripción del emblemático relato que encara Montero no es una adaptación en sentido tradicional; se inspira en un texto secular, sí, pero invocar a Borges implica ingresar en una zona de abstracción, en un código que –por el contrario– es puro movimiento y visualización. No sería desatinado asociar el carácter de este desafío con el que hace unos años afrontó el italiano Mauro Bigonzetti con Kafka: El proceso, que coreografió para el Ballet Nacional de la República Checa; después de todo, las proyecciones metafísicas de Borges no son ajenas al universo kafkiano. Con su estilo personal y su imaginación para modelar cuerpos en acción, Montero consuma un discurso coreográfico admirable.

“Vi el Aleph y lloré”: la voz de Ricardo Darín recorre, en un tono objetivo, el párrafo central del cuento, a oscuras, para iniciar el segundo acto con las referencias al “inconcebible universo”, una voluminosa mole rugosa, imitación piedra, que hombres de negro manipulan y dividen en el centro de la escena.

Reaparece Beatriz, una ocasión para que Lola Múgica viva su mejor momento en la pieza, confrontada con el bloque uniforme de “humanos desnudos” (llevan mallas color carne) que la elevan y transportan en distintas direcciones. Siguen algunas alusiones a criaturas del mundo de Borges, como el dúo con el Minotauro (el versátil Nicolás Da Silva) alrededor de un peñasco, o el tango estilizado que Gustavo Santaolalla compuso para el duelo de cuchilleros, un clásico tópico borgeano que consuma con eficacia Jiva Velázquez con el recientemente incorporado José Ángel Borges González.

La última evocación de Beatriz da lugar al imaginariamente romántico dúo que van siendo cercados por “los humanos”, quienes finalmente dejan solo a “Borges”, ahora con su proverbial bastón. Solo, sí, pero apenas el tiempo necesario para que la masa de bailarines que lo rodeaba regrese, ahora, para multiplicar la figura central del escritor, ya mítica: cincuenta bastones, en manos de otros tantos “Borges”, una metáfora de la multiplicidad de un genio convertido en mito. Bastones como lanzas (como las que enmarcaban, coreográficamente, la figura del líder Espartaco). El personal lenguaje contemporáneo de Goyo Montero, al que los integrantes del Ballet Estable procuran adaptarse y lograr –en términos de Bocca– “algo diferente”, se impone en su esplendor, acaso como un destello más del enigmático punto de la casa de la calle Garay. En su centro, como gema insustituible, el porte de Facundo Luqui, en una virtuosa, inolvidable composición que lo aproxima (incluso en lo fisonómico) al mito de Borges.

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/danza/exultante-principio-de-extasis-un-encomiable-trabajo-que-multiplica-el-talento-de-un-equipo-creativo-nid11092026/

 

 

Todo lo que hay que saber de “Principio de éxtasis”, la apuesta más fuerte del Teatro Colón en el año, que reúne a Ricardo Darín, Julio Bocca, Gustavo Santaolalla y Borges


 

Creada por el español Goyo Montero e inspirada en el cuento "El Aleph", de nuestro genial escritor, tendrá a cincuenta bailarines del Ballet del Colón en escena.

Laura  Falcoff

09/09/2026

El Ballet del Colón, desde fines de 2024 dirigido por Julio Bocca, llevará a escena Principio de éxtasis, un espectáculo de danza que promete ser el gran acontecimiento artístico del año.

¿Por qué? Vayamos primero a los artistas implicados: en primer lugar, el coreógrafo español Goyo Montero, creador de esta coreografía y que ya había deslumbrado al público local en 2025 con su bella pieza Chacona. Luego, Gustavo Santaolalla, que junto con el compositor canadiense Owen Belton concibieron el universo sonoro de la obra.

Ricardo Darín, por su parte, dio la voz a textos que se dicen en off, y el renombrado artista plástico Eduardo Basualdo creó la escenografía asistido por Mariana Tirante.

Desde luego, el nombre relumbrante de este conjunto es el de Jorge Luis Borges, en cuyo célebre cuento El Aleph se basó Goyo Montero para construir su obra.

En Principio de éxtasis -el título está tomado de una frase del cuento-, Montero traslada a la danza, con una gran belleza poética y visual, elementos clásicos del mundo borgeano como son los laberintos y los espejos y a la vez cuenta la historia con una gran libertad e imaginación.

Borges, en escena

El personaje de El Aleph, que en el cuento narra en primera persona, se presenta a sí mismo como Borges. Montero pone en escena a cincuenta bailarines, el elenco completo, y todos ellos en algún momento representan al escritor.

Pero hay un Borges principal interpretado en las primeras funciones por un gran bailarín del Teatro Colón, que posee una enorme ductilidad y sensibilidad: Facundo Luqui. En el personaje femenino, otra estupenda intérprete: Lola Mujica. Para este rol Montero se ha inspirado en Beatriz Viterbo -la amada imposible de El Aleph- y también en la persona real de Estela Canto, una escritora y traductora que fue también un amor de Borges en buena parte frustrado.

En otras funciones, estos papeles estarán encarnados en dos igualmente excelentes intérpretes: Jiva Velázquez y Milagros Niveyro. En otros roles solistas figuran Juan Pablo Ledo, Nicolás Da Silva, Vinicius Vasconcellos, Yosmar Carreño yValentín Batista.

Pero volviendo a la trama de Principio de éxtasis, los personajes respectivamente reales y ficticios de Estela Canto y Beatriz Viterbo se funden, para el coreógrafo, en ese arquetipo de mujer inalcanzable: la búsqueda de la plenitud del amor por parte de Borges -también el real y el ficticio- encuentra en esta obra un lugar relevante.

En el primero de los dos actos el escenario está ocupado por unas escaleras inmensas que están totalmente integradas a la coreografía. O, mejor dicho, la coreografía está creada para estas escaleras, y en ellas se recrea un mundo de encuentros fugaces, de abandonos, de desencuentros y de chispazos de felicidad.

Un aspecto interesante decidido por Montero es que mientras se oye la voz de Ricardo Darín -dice algunos pasajes de El Aleph y dos poemas- no haya acciones en el escenario. Primero porque es imposible traducir estas palabras a la danza. Pero quizás posiblemente también porque permite al espectador (es una suposición) concentrarse enteramente en lo que escucha.

Aunque no es absoluto necesario leer o releer El Aleph antes de ver Principio de éxtasis, no está de más hacerlo. Es un relato breve, además de extraordinario, y puede abrir otras perspectivas sobre la traducción que hizo el coreógrafo a ese lenguaje sin palabras que es la danza.

Fuente: Clarin

https://www.clarin.com/espectaculos/saber-principio-extasis-apuesta-fuerte-teatro-colon-ano-reune-ricardo-

 

jueves, 25 de diciembre de 2025

“El Aleph” de Borges cumple 80 años: breve historia de “una puerta abierta a lo imposible”


 

En 1945, el cuento fue publicado por la revista Sur. Esta semana la Biblioteca Nacional inaugura una muestra dedicada a este texto que muchos consideran el mejor relato del escritor argentino más universal

 

Luciano Sáliche

 

Una mañana de 1945, de esas en que el verano se aleja y el otoño aparece despacio, Borges llegó exultante a la casa de Estela Canto. Días antes le había escrito una carta en la que le contaba que estaba terminando “el borrador de la historia que me gustaría dedicarte: la de un lugar (en la calle Brasil) donde están todos los lugares del mundo”. Esa tarde de 1945 Borges caminó las calles porteñas con una alegría disimulada. Tocó el timbre en una casa de San Telmo, Estela abrió la puerta, se besaron las mejillas y luego de algunas palabras corteses y sonrisas tímidas, sacó el texto. Era El Aleph.

 

Cuando Adolfo Bioy Casares los presentó, agosto de 1944, Borges apenas le tendió la mano. Estela era una mujer imponente y ese desinterés la descolocó. Él, de 45 años, era una figura gravitante en los círculos literarios —acababa de salir Ficciones—; ella, de 28, había publicado El muro de mármol, su primera novela. “Inmediatamente dirigió sus grandes ojos celestes en otra dirección. Era casi descortés. E inesperado. En aquellos días yo daba por supuesto que los hombres tenían que impresionarse conmigo”, escribió en su libro de 1989 —él ya había muerto—, titulado Borges a contraluz.

 

Llegó el verano, y una noche, ya más en confianza, Borges le propuso salir a caminar. “En avenida de Mayo entraron en un bar. Ella se pidió un café y él, como siempre, un vaso de leche”, cuenta Daniel Mecca, poeta y director del BorgesPalooza. A ambos les gustaba Bernard Shaw; sobre eso hablaron horas. Caminaron un rato más y en Parque Lezama, en la escalinata que mira a la calle Brasil, se sentaron en silencio. Esa imagen volvió al escribir El Aleph. Mientras conversaba con la mujer de la que se estaba enamorando, creyó ver lo que “ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”.

 

Aquella mañana, exultante, con una alegría disimulada, Borges sacó el manuscrito “garabateado, lleno de borrones y tachaduras”. Ella se sentó frente a la máquina de escribir. “Borges me hablaba de los progresos que iba haciendo con El Aleph y, mientras me dictaba, se reía a carcajadas de los versos que endilgaba a Carlos Argentino", recordó Estela. Carlos Argentino Daneri es el primo hermano de Beatriz Viterbo, la amada del protagonista del cuento. Ella acaba de morir y Daneri le dice que vaya a la casa de su prima, que iba a ser demolida, porque en el sótano hay un “objeto secreto y conjetural”.

 

Era “una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor”, dice el protagonista del cuento. “Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño”, y le sigue una larga descripción. Borges le pidió a Estela Canto que lo ayudara a escribir esa parte; ella se negó. “Sentí infinita veneración, infinita lástima”, concluye el protagonista. El relato —sobre el final— está dedicado: “A Estela Canto”.

 

Las interpretaciones de este relato son disímiles. La pregunta que subyace —y que subyace en toda obra literaria— es cuál es la potencia de la literatura. Nadie podría decir que a Borges no le interesaban esas cosas. ¿La construcción de un objeto que albergue, no solo la totalidad, sino la eternidad, todas las posibilidades, incluso las no imaginadas aún, no es acaso la potencia de la literatura misma? Es curioso, incluso gracioso, que el motivo por el cual el Aleph corre el peligro de desaparecer es que van a demoler la casa donde el objeto habita para ampliar una “desaforada” confitería.

 

Hace 80 años, en 1945, la revista Sur publicó "El Aleph" y cuatro años después se editó como libro

 

“Georgie estaba tan contento como un niño”, recordó en una entrevista que le hizo en 1989 Graciela Musachi en la Biblioteca Freudiana de Vicente López, rescatada por Daniel Mecca. El texto, escrito en hojas cuadriculadas, “contenía un objeto que mostraba todos los objetos del mundo. El objeto se llamaba el Aleph. No dijo que el Aleph era la primera letra del alfabeto hebreo. Para él era ese objeto, una puerta abierta a lo imposible. Era un calidoscopio”. Al terminar, se llevó las hojas mecanografiadas a la revista Sur, la revista de Victoria Ocampo, donde se publicaría por primera vez.

 

Cuando Borges le propuso casamiento, ella, risueña —¿una venganza al desinterés de cuando los presentaron?—, le dijo que aceptaría “con mucho gusto”, pero que había un detalle: “Soy discípula de Bernard Shaw”: “no podemos casarnos si antes no nos acostamos”. El incipiente romance jamás prosperó. Estela se quedó con el manuscrito y lo subastó en 1985: lo compró el Ministerio de Cultura de España por 25.760 dólares. Cumplió en avisarle; él apenas ofreció un chiste. Para entonces, ya había suficiente consenso de que era de uno de los mejores cuentos de la literatura argentina.

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/cultura/2025/08/20/el-aleph-de-borges-breve-historia-de-una-puerta-abierta-a-lo-imposible/

domingo, 19 de mayo de 2024

HOMBRE DE LA ESQUINA ROSADA.

 

El candombe Academia de baile

16 may 2024 

TEATRO POPULAR DE MEDELLÍN

 

Hombre de la esquina rosada, es una puesta en escena basada en el cuento homónimo de Jorge Luis Borges, donde se conjuga la danza, el canto, la música y la dramaturgia.

Está se lleva a cabo como los grandes musicales del mundo con un elenco de artistas profesionales, bailarines y músicos, un vestuario y una escenografía de la época, donde haremos que los asistentes vibren con esta historia, de este escritor argentino.

7 artistas en escena, donde en 60 minutos con tangos, valses, milongas, textos y momentos teatrales, llevan a escena este guion de la socióloga Laura Bedoya y el bailarín y director Jhon Blandón.

El cuento ha sido adaptado para baile y la acción se sitúa en el patio de un conventillo de la ciudad de Buenos Aires (Argentina), en el año 1900.

El relato ha sido adaptado para bailar. Como su autor algún día lo dijo: “Yo lo escribí como para un ballet”.

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=z0HFMVmBqOg

 

lunes, 13 de mayo de 2024

La pirata china que era invencible y fascinó a Borges

    Se llama Ching Shih y derrotó a todas las flotas que enviaron contra ella.

    El autor argentino la retrató en Historia universal de la infamia.

 

       Ching Shih: Nació en Cantón, China, en 1775, y murió en Macao, en 1844.

 

Carlos Aletto

Cuando en 1831, el orientalista alemán Karl Friedrich Neumann se sentó a traducir del chino la Historia de la pacificación de los piratas, escrita por Yuan Yonglun a la luz de una vela, no sospechó que casi todo el libro estaba dedicado solo a las proezas de una pirata mujer: Ching Shih.

Así, cautivado por el relato, la tinta negra de la pluma de Neumann navegaba por los distintos azules del cálido mar del sur de China mientras describía las aventuras de la pirata a la que decidió llamar simplemente la señora Ching.

El esposo de la líder pirata había sido almirante de todas las flotas corsarias y se convirtió en una obsesión para el Imperio. En 1801, el emperador lo nombró Senescal de las Caballerías imperiales, aunque después de su nombramiento, continuó devastando las costas de Anam y Cochinchina hasta que los habitantes se sublevaron y lo mataron.

Los sobrevivientes de la matanza se retiraron a bordo de sus barcos y continuaron combatiendo bajo la jefatura de la viuda de Ching.

La pirata china asumió el mando de seis grandes escuadras, cada una identificada por un color y liderada por un teniente con un nombre de guerra, como El Ave y la Piedra, El Azote del Mar de Oriente, La Joya de toda la Tripulación, o El Pasto de las Ranas. Estos serían los apelativos, según el relato de Neumann, porque del original solo se conserva un ejemplar en la Biblioteca Británica en Londres. Y hay que leer chino para desentrañar el misterio.

La señora Ching impuso un estricto código de conducta a sus tripulaciones, similar a la vieja escuela de los piratas europeos. Algunas de las reglas incluían castigos severos, como taladrar las orejas en público por actos de desobediencia o ejecutar a los reincidentes, prohibir el robo de objetos del botín y castigar con la muerte a quien violara a las mujeres cautivas sin permiso.

El personaje de Madame Ching fue tomado por la saga cinematográfica Piratas del Caribe. La encarnó la actriz Takayo Fischer.El personaje de Madame Ching fue tomado por la saga cinematográfica Piratas del Caribe. La encarnó la actriz Takayo Fischer.

 

Audaz y decidida

 

En una batalla contra una flota gubernamental, la señora Ching demostró su habilidad estratégica. Engañó al enemigo lanzando solo una parte de sus fuerzas y ocultando el resto, para luego sorprenderlos atacando por la retaguardia. A pesar de las pérdidas, logró derrotar a la flota enemiga, que finalmente se rindió después de un largo combate.

Para vengar la derrota, el gobierno chino ordenó al experimentado general Lin Fa atacar a los piratas. En un momento crucial del combate, cuando ambos bandos estaban inmovilizados por la falta de viento, la señora Ching dio la orden de que los piratas se lanzaran al agua y nadaran hasta los barcos enemigos y los capturaran. La maniobra fue exitosa.

En el siguiente año, el gobierno envió una flota más poderosa bajo el mando del almirante Tsuen Mow Sun para reparar el daño causado por Lin Fa. Durante la batalla, los piratas sufrieron grandes pérdidas y la señora Ching ordenó la retirada. Tsuen ordenó disparar a los timones de los barcos piratas, logrando inmovilizar las fuerzas de Ching.

Su reputación era tan temida que los campesinos huían y se escondían al escuchar de su cercanía.

Sin embargo, ella rápidamente reagrupó a sus seguidores y, con la ayuda de otros jefes, atacó de nuevo a la flota imperial, logrando una victoria sorprendente y obligando a los barcos enemigos a huir en desorden.

En 1809, la señora Ching, enterada de que el gobierno había encomendado al almirante Ting Kwei Heu la misión de destruirla y que este no se apresuró debido a las lluvias que -creía- retendrían a los piratas en su puerto, sorprendió a Ting Kwei con sus doscientos juncos, un tipo de embarcación tradicional de vela china conocido por su diseño distintivo, que incluye velas cuadradas y cascos anchos.

Los oficiales imperiales, inicialmente temerosos, fueron animados por el almirante a través de diversas promesas y exhortaciones. En el furioso combate que siguió, el almirante imperial se suicidó, resultando en la rendición de los veinticinco buques gubernamentales restantes. Después de esos eventos, Ching, con una flota más poderosa que nunca, navegaba libremente por los mares de China.

Durante el resto del año, centró sus ataques en los ríos, saqueando y capturando con quinientos juncos cientos de personas, especialmente mujeres, y causando estragos en ciudades y pueblos a lo largo de las orillas. Su reputación era tan temida que los campesinos huían y se escondían al escuchar de su cercanía.

Estos ataques de la señora Ching convirtieron en héroes a los aldeanos de Kan-Shin, quienes resistieron valientemente. Kei Tang Chow, maestro de boxeo del pueblo, mató a diez piratas y luchó junto a su esposa y su padre, quienes murieron en el combate.

Acordó entregarse junto con sus hombres a cambio del perdón imperial y de provisiones.

Tras vencer aquella resistencia, los piratas saquearon el pueblo y se llevaron mil ciento cuarenta prisioneros. Cerca de cien mujeres se escondieron en los arrozales, pero fueron descubiertas por el llanto de un niño. Entre ellas estaba Mei Ying, quien, al ser capturada, se enfrentó ferozmente al pirata, insultándolo. Cuando intentaron atarla de nuevo, Mei Ying agarró la ropa del corsario con los dientes y se arrojó con él al río. Murieron ambos.

Al poco tiempo, la señora Ching, al ver que uno de sus tenientes la traicionaba, se sometía al emperador y era recompensado, consideró que también podría beneficiarse de la sumisión. Aunque inicialmente se complicó la negociación, finalmente acordó entregarse junto con sus hombres a cambio del perdón imperial y de provisiones. Ching vivió el resto de sus días en relativa tranquilidad como animadora de una empresa de contrabando.

 

Personaje de Borges

 

Cuando el historiador británico Philip Gosse decide escribir The History of Piracy, trabajo publicado en 1932, encuentra la interesante historia de la señora Ching traducida por Karl Friedrich Neumann. En el capítulo IV del libro, Gosse relata la historia de la mujer pirata.

Un lector argentino actualizado y atento, llamado Jorge Luis Borges, publicó un año después, en la Revista Multicolor de los Sábados, su cuento La viuda Ching.

Dos años más tarde, este relato fue incorporado en el libro Historia universal de la infamia en la colección Megáfono de la editorial Tor, bajo el título La viuda Ching, pirata puntual. Con la reedición del libro por la editorial Emecé en 1954, apareció con el título definitivo, La viuda Ching, pirata.

Borges, al concluir su relato, aporta una interpretación personal de la historia de Ching, modificando algunos detalles y añadiendo su estilo característico: llama a Ching “la Viuda”, cambia los nombres de los corsarios y hace sobrevolar sobre los juncos “bandadas perezosas de livianos dragones”.

Sin embargo, al terminar, vuelve a la fuente original, citando las palabras finales del historiador chino Yuan Yonglun tal como aparecen en el libro de Gosse. De esta manera, Borges cierra su

relato con un retorno a la fuente histórica, dejando claro que, a pesar de sus licencias literarias, su relato está fundamentado en la realidad.

Gosse concluye la historia de la señora Ching con estas palabras:

“Desde aquel momento -concluye con lirismo el historiador chino Yuan Yonglun- los barcos comenzaron a ir y venir con toda tranquilidad. La calma reinó en los ríos y la serenidad en los cuatro mares. El pueblo vivió en paz y abundancia. Los hombres vendieron sus armas y compraron bueyes para labrar sus campos. Cumplieron sacrificios, recitaron plegarias en lo alto de las colinas e impartieron dulzura a sus días, cantando canciones tras sus biombos. El gobernador de la provincia, en agradecimiento de los servicios prestados por la pacificación de los piratas, recibió, por edicto del Hijo del Cielo, la autorización de llevar la pluma de pavo real”.

 

Fuente: Viva – Clarín

https://www.clarin.com/viva/pirata-china-invencible-fascino-borges_0_PP9mYlzaZ1.html