Se realizará del 8 al
12 de agosto en el marco del 123º aniversario del nacimiento del autor y
participarán de él figuras nacionales e internacionales. Las 14 actividades
programadas serán libres y gratuitas con inscripción previa.
04/08/2022
Por Mónica López Ocón
La literatura de Jorge Luis Borges es inagotable. Las
sucesivas lecturas de sus obras descubren siempre nuevos aspectos. El interés
que produce va mucho más allá de la literatura para relacionarse con otras
disciplinas, desde el cine y la música hasta la matemática y la física
cuántica. En su escritura encuentran materiales interesantes tanto eruditos en
su obra como un artista de rock como Mick Jagger.
El objetivo del Festival Borges, creado en 2021 por la
editora Marisol Alonso y la escritora Vivian Dragna, es acercar a este escritor
argentino y universal a nuevos lectores. “En esta edición –sostiene Alonso-
buscamos tender puentes con otros países para redescubrir la dimensión de un
autor como Borges —que ha sido tan argentino y tan cosmopolita al mismo
tiempo—, y conocer nuevas lecturas desde otras culturas». También –completa Dragna- extendemos las
charlas a otras disciplinas como la música, la física y el cine para poder
apreciar nuevos abordajes en torno a un autor que trasciende las fronteras de
la literatura».
Participarán del encuentro figuras internacionales y
nacionales. El autor español Javier Cercas, se referirá a sus lecturas de
Borges y a la influencia que tuvo en su propia literatura. El poeta español
Luis García Montero redescubrirá el rasgo poético en Borges, y el académico
italiano Federico Favali trazará paralelismos entre los textos borgeanos y las
piezas musicales de los siglos XIX y XX.
Por su parte, Beatriz Sarlo se referirá al espíritu
cosmopolita de Borges en tensión con su destino nacional, Alberto Manguel, dará
cuenta de su identidad como lector y María Rosa Lojo, recorrerá el camino del
héroe en el cuento borgeano.
También integrarán el encuentro el escritor y físico Alberto
Rojo; el traductor Jorge Fondebrider; el director de cine y guionista Sebastián
Cardemil Muchnik; las investigadoras Mariela Blanco y Magdalena Cámpora; la
profesora francesa de Literatura latinoamericana, Mariana Di Ció; y el profesor
y Doctor en Letras, Lucas Adur.
Además, habrá dos talleres, gratuitos y con inscripción
previa, sobre cuentos emblemáticos como El jardín de senderos que se bifurcan,
por el comunicador Marcos Liyo, y Emma Zunz, por la autora Silvia Hopenhayn.
El encuentro se emitirá desde el canal de YouTube Festival
Borges. El primer día del Festival, el lunes 8 de agosto, habrá dos
disertaciones. A las 18 el científico Alberto Rojo se referirá a Borges y la
física cuántica, mientras que a las 20 será el turno del especialista Sebastián
Cardemil Muchnik que hablará de la relación del escritor con el cine.
Borges, el escritor
que se anticipó a la física cuántica
El científico argentino Alberto Rojo, autor del libro Borges
y la física cuántica (Siglo XXI) dialogó desde Estados Unidos con Tiempo
Argentino. Borges se adelanta a la física cuántica en el cuento El jardín de
senderos que se bifurcan. La idea de la
física cuántica que se anticipa en el cuento mencionado es “que es que en cada
proceso de medición o de observación el universo éste se replica en tantas
copias como alternativas hay para el resultado de esa medición. Es una cosa
extravagante –afirma Rojo- porque se estarían creando universos constantemente
que evolucionan en paralelo y nosotros estamos hablando en uno de ellos. Esa
idea que hoy forma parte de la teoría cuántica, la formuló Borges antes de que
se postulara en la física. Yo trato de indagar sobre si aquellos que postularon
la teoría habían leído a Borges. También me interesa en un segundo nivel la
irradiación de Borges hacia otras disciplinas, por qué es el poeta más citado
por científicos. Es un caso inédito para mí porque desde la literatura gravitó
en otras disciplinas que van más allá de la literatura como la lingüística, la
matemática, la paleontología, la estadística. El Festival es una oportunidad
para hablar de él en conexión con la ciencia. En un tercer nivel me interesa la
conexión entre el arte y la ciencia y
voy a referirme a esos temas.”
La pregunta que se impone es si Borges vendría a demostrar
que la división entre la objetividad de la ciencia y la subjetividad de la
literatura es tan tajante.“ Creo que la ciencia no es tan objetiva y la
literatura no es tan subjetiva, contesta Rojo. Borges cultiva un estilo
particular que combina una ingeniería de ejecución única con un profundo
lirismo. Creo que para encontrar a alguien similar hay que ir a Bach, que tiene
una estructura rigurosa y, a la vez, nos conmueve. En esa combinación de rigor
con lirismo Borges tiene acceso a través de la poesía a esas cosas que son
inexpresables.”
La poesía, según la visión de Rojo, puede ser un auxiliar de
la ciencia. “En la física –afirma- ocurre muchas veces que el universo es tan
sutil que escapa a las descripciones verbales que tenemos como herramientas en
el uso corriente de nuestro lenguaje. Ahí es donde la poesía puede ser un
auxiliar para ayudarnos a entender ciertas cosas que nos están indicando las
matemáticas o ciertos órdenes naturales que no sabemos expresar con precisión.
Borges es alguien que, sin saber ciencia, lo que en este caso es una virtud, es
capaz de destilar algunas ideas que estaban en proceso de gestación y de
encontrarles un hábitat en esa frontera transparente que divide al arte de la
ciencia.”
La imaginación, que tantas veces se señala como patrimonio
exclusivo de la práctica artística, también tiene su lugar en la ciencia, y
Borges es, quizá, el ejemplo paradigmático de esta característica común que
comparten ambos campos: Dice el
científico: “Hay que tener muchísima imaginación para concebir, por ejemplo,
que las especies evolucionan, que el universo se expande. Hay que tener mucha
imaginación para hacer una teoría microscópica del mundo, para postular que no
somos el centro del mundo cuando la intuición natural nos dice que todo gira
alrededor de la Tierra, para pensar que el Sol es el centro del sistema
planetario y que giramos alrededor de él. La misma imaginación que crea el arte
es la que crea la ciencia. Eso se ve, a mi juicio, en que las teorías
científicas tienen el estilo personal de sus creadores a pesar de que se diga
que hay una objetividad. En la ciencia hay imaginación en la formulación de
conceptos que son realmente fantásticos. Si uno piensa que las partículas
microscópicas están simultáneamente en varios lugares, ése es un concepto de la
física al que se llega con muchísimo sentido de la especulación y de la
imaginación que es muy parecido o incluso superior al de Julio Verne.”
El cuento borgeano El Aleph parece sugerir a priori que
podría tener algún punto de contacto con la ciencia. ¿Pero esta intuición es
cierta? Rojo contesta: “El Aleph está tomado de El huevo de cristal de
H.G.Wells y es una especie de agujero negro porque es un punto singular en el
que se puede ver toda la historia del mundo. En El Aleph al mirar se ven cosas
universales y cosas particulares. En la idea de la existencia de un punto
singular en el que, si uno se aproximara, vería toda la luz que va cayendo y,
por lo tanto, la historia del mundo hay una alegoría científica, aunque no tan
estrecha como la de El jardín de senderos que se bifurcan. Lo que sucede con
Borges es muy interesante, porque no se trata de un anticipo tecnológico, sino
conceptual. En mi charla voy a hablar de en qué sentido es que Borges se
anticipa. Siempre subrayo qué gran escritor fue, qué intelectual fuera de toda
escala y nosotros tenemos el privilegio de poder leerlo en su lengua original y
de entender ciertas cosas cuando habla de Buenos Aires que un extranjero no
entendería del todo. Creo que Borges es la figura argentina más importante de
toda la historia, alguien que para mí representa mucho.”
Cuando tenía 25 años, Rojo tuvo un breve intercambio con
Borges, del que no se olvidó jamás. Acababa de casarse y fue a saludar a sus
padres al hotel Dorá, donde se alojaban sus padres. Borges comía solo en una
mesa. Venciendo su timidez y por pedido de su padre, aceptó acercarse a
conversar con él. “Tuvimos una charla extraordinaria , recuerda. Yo lo había
leído y lo seguía leyendo. Era estudiante en el Instituto Balseiro y en los
libros de física con los que estudiábamos había encontrado que lo citaban
muchas veces. Cuando se lo comenté, él me dijo que no sabía nada de física, que
solo sabía lo que su padre le había enseñado acerca de cómo funcionaba el
barómetro. Insistí en que los físicos lo citaban mucho y él me contestó: “Ah,
pero qué imaginativos los físicos”.
Borges cinéfilo,
amante del western, crítico, guionista y mucho más
“La idea es recorrer la vinculación que mantuvo Borges con
el cine a lo largo de su vida en
distintas etapas”, dice Sebastián Cardemil Muchnik refiriéndose a la charla que
dará en el Festival Borges. “Cuando él vuelve a Buenos Aires en los años 20
–cuenta- se convierte en un gran cinéfilo. Hay testimonios de que iba al cine
cuatro o cinco veces por semana. Durante toda su vida va a ser un gran
espectador de cine, aun ciego. En esa etapa va a ver películas que ya conoce,
va a ver El ciudadano Kane, las adaptaciones de Shakespeare en la Sala Lugones.
Desde la constitución de la revista Sur en los años 30, se abre una segunda
etapa en la que pasa de ser cinéfilo a ser crítico de cine. Se suceden luego
otras en las que Borges es guionista, es un escritor adaptado al cine, un
escritor citado por directores de otros países y se convierte en un escritor de
la contracultura en películas europeas de Jean-Luc Godard, de Nicolas Roeg, de
Bernardo Bertolucci. En mi intervención
voy a tratar de hacer un recorrido por esas esas etapas una por una.”
Curiosamente, según afirma Muchnik, “como espectador a
Borges le gusta el cine popular de Hollywood, las películas de gangsters y
el western. También le gustaba la
literatura popular: Stevenson, Chesterton, la tradición del siglo XIX de
género. Pero a la hora de producir, va a ser un escritor de vanguardia, no
popular. Va ser un escritor bastante difícil, hermético, no un escritor para
todos. Hasta el día de hoy creo que es muy conocido pero no tan leído. Lo que
él hace es transformar todo ese material en lo que conocemos como lo
“borgeano”, que está atravesado por lecturas y saberes de todo tipo,
tradiciones de distintos lugares del mundo que va a tomar en sus cuentos. El
cine de autor europeo a él no le gusta nada, va a hablar pestes de esas
películas que forman parte de un cine
muy elitista que empieza a llegar a la Argentina sobre todo en los años 60.
Durante el resto de su vida se va a seguir considerando como un espectador de
un cine muy popular, muy hollywoodense. Tenía, por supuesto, algunos reparos
críticos frente a ciertos tratamientos que hace Hollywood, pero elabora las películas
de gangsters y el western y las convierte en esos cuentos de cuchilleros y
compadritos. El cine mudo de los años 20 se puede ver en cuentos como Hombre de
la esquina rosada. Borges no solo es un
gran lector, es un gran espectador de un cine que es de segunda categoría para
cualquier escritor. Ningún escritor se animaba a decir que le gustaba ese cine,
pero Borges lo hace, pero luego transforma lo que ve en algo muy personal. Toma
procedimientos cinematográficos y los convierte en procedimientos literarios
cuando, en general, es al revés, porque es el cine el que toma la literatura.
Ese me parece un gesto vanguardista. Hay que ver que en el medio en el que él
se movía, por ejemplo, en el la revista Sur, el cine es considerado un
entretenimiento para el populacho. En este sentido, es alguien muy desafiante.
Entre el año 31 y el año 44 escribe en Sur reseñas de películas de todo tipo,
argentinas, europeas, norteamericanas y tiene una trayectoria como crítico
sumamente interesante y visionaria”
Y agrega: “Algunas críticas son antológicas porque él ya
comienza a fijarse en directores cuando muy pocos lo hacían. Habla de
Hitchcock, de Chaplin, de Eisenstein, mientras la mayoría le prestaba más
atención a los actores o al género. Su mirada sobre el cine es bastante poco
común para la época. De Chaplin dice que era un conjunto de lugares comunes. Le
molestaba su sensiblería, su apelación a los golpes bajos para ganarse al
público de una forma muy obvia: la chica ciega, el vagabundo que siempre recibe
los golpes de la clase rica, situaciones que están pintadas con brocha gorda.
Borges desata ese estereotipo tan evidente y reduccionista. Distingue entre
estereotipos bien y mal utilizado. Une el western a la Ilíada y la Odisea, a la
tragedia griega, pero no le gustan los estereotipos de Chaplin. En los años 60
comienza a ser muy conocido en Europa, gana el Premio Formentor que comparte
con Beckett. Cuentos escritos 30 años antes comienzan a conocerse tardíamente
en los 60. Se convierte en un escritor para cierto tipo de lector, es una
figurita difícil de la contracultura. Por supuesto, lo leen muchos escritores.
Umberto Eco, por ejemplo, cuenta muy bien cómo le llega a él su literatura.
Pero en el cine comienzan a citarlo. Godard en Alphaville cita un poema. Nicolas
Roeg también lo cita en Performance, una película en la que actúa Mick Jagger.
Eso va a continuar en este siglo y el mejor ejemplo es Christopher Nolan que lo
cita varias veces, incluso lo plagia, me atrevo a decir que en gran parte de la
película, el final de El caballero oscuro está copiado del cuento de Borges
Tema del traidor y del héroe. Si hablamos de Bertolucci, el final de Último
tango en París es el final de Emma Sunz. Muchas veces resultan más interesantes
este tipo de ejemplos que las adaptaciones de Borges al cine. Él no habla de
música, no habla, de pintura, no habla de ballet, habla de cine.”
Fuente: Tiempo Argentino
https://www.tiempoar.com.ar/cultura/llega-la-segunda-edicion-del-festival-borges/