domingo, 17 de junio de 2018

Daniel Balderston presenta su edición fascimilar de los textos de Borges


“Búsqueda apasionada e incesante”

Así define el catedrático estadounidense el proceso de escritura del autor de Ficciones. “El manuscrito de ‘A Francisco López Merino’ demuestra que hay una cantidad mucho más grande de palabras descartadas que las utilizadas en el poema final”, ejemplifica.

Por Silvina Friera

 

Daniel Balderston es director del Borges Center de la Universidad de Pittsburgh.

La letra insecto, ese ejército de hormigas que marchan sobre la página, es como el documento de identidad caligráfica de Jorge Luis Borges. Poemas & Prosas Breves es un excepcional trabajo conjunto de Daniel Balderston, director del Borges Center de la Universidad de Pittsburgh y la diseñadora María Celeste Martín que compila una serie de poemas y textos de Borges con imágenes facsimilares de los manuscritos originales, novedosas transcripciones tipográficas de los materiales y comentarios críticos. El libro –que en breve tendrá una versión en eBook– reúne una serie de poemas y prosas que abarcan desde 1919 hasta 1965, cuyos manuscritos están en Estados Unidos, sobre todo en Bibliotecas de universidades. Hay manuscritos que muestran sucesivas versiones en la misma hoja, como “Trincheras” y “Judería”, un poema inédito e inconcluso en inglés “Third English Poem”, otros semi inéditos (“A mi padre” y “Homenaje”), copias en limpio de la época de la primera escritura (“Rusia”, “La doctrina de pasión de tu voz”, “La vuelta a Buenos Aires”), copias en limpio hechas décadas después de la primera escritura (“La Plaza San Martín”, “Las calles”), un poema mecanografiado de la época de la ceguera (“Susana Soca”) y otro dictado a la madre cuando ya estaba ciego (“Jacinto Chiclana”). Son veinte textos que despliegan muchas de las etapas de la escritura de Borges.

Balderston, doctor en Literatura Comparada por la Universidad de Princeton, director del Borges Center de la Universidad de Pittsburgh y de la revista Variaciones Borges, cuenta que Poemas & Prosas Breves, presentado en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, es el primero de tres libros que pondrá en circulación la institución que él dirige: en septiembre se publicará una selección de manuscritos titulada Ensayos y a finales de este año llegará Cuentos. “Yo leí a Borges cuando estaba estudiando mi último trimestre en la Universidad de California, en el año 74. Cuando fui a Princeton para hacer el doctorado, había dos grandes estudiosos de Borges ahí: James Irby y Sylvia Molloy. Y acabé haciendo una tesis doctoral sobre la lectura que hace Borges de la narrativa de Robert Louis Stevenson”, recuerda el escritor estadounidense a PáginaI12. Balderston publicó Borges: realidades y simulacros (Biblos, 2000), un libro que se enfoca en la masculinidad y cuestiones de género, y es autor también de Innumerables relaciones: cómo leer con Borges (Universidad Nacional del Litoral, 2010) y How Borges Wrote (Universidad de Virginia), que se publicará el próximo año en español en una edición de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

“Borges era un objeto imposible para mí por la dispersión de sus papeles, por los precios que podían tener sus manuscritos y por el hecho de que había muy pocos manuscritos hasta hace unos diez años –explica Balderston–. Yo había hecho trabajo genético sobre las notas de El beso de la mujer araña de Manuel Puig, dirigí la edición crítica de las novelas cortas de Juan Carlos Onetti, y trabajé sobre originales de Juan José Saer y Silvina Ocampo. Hacia 2010 me dije: ‘ya tengo las herramientas para trabajar sobre los manuscritos de Borges, a ver qué se puede hacer’. Ya estaba con la picazón de querer saber cómo eran los manuscritos de Borges y tratar de entender su sistema de escritura”. El especialista aclara que el Borges Center no tiene manuscritos del autor de Ficciones, pero la Universidad de Pittsburgh acaba de comprar un cuaderno, que tiene firma de Borges, fecha y lugar (Adrogué, 1950). “El primer texto de ese cuaderno es el cuento ‘La espera’ y están las primeras anotaciones para ‘El escritor argentino y la tradición’. La mayor colección de manuscritos de Borges está en la Albert and Shirley Small Library de la Universidad de Virginia. También en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas hay cuadernos y la copia mecanografiada de ‘Emma Zunz’, que Borges le regaló a Cecilia Ingenieros, a quien le dedicó el cuento”, repasa Balderston.

–¿Cómo escribía poemas Borges, según lo que se puede leer en los manuscritos?

–En algunos casos hay la misma búsqueda apasionada e incesante de posibilidades. El manuscrito de “A Francisco López Merino” demuestra que hay una cantidad mucho más grande de palabras descartadas que las utilizadas en el poema final. Eso también ocurre en los manuscritos de algunos cuentos, donde hay muchísimo material descartado. Hay una gran diferencia entre los primeros borradores y los segundos borradores porque disminuye el grado de incertidumbre, pero aún en los segundos borradores puede haber muchas posibilidades latentes. Una de las cosas que yo discuto en How Borges Wrote es el hecho de que aún después de publicar sus textos, él sigue revisando y revisando con o sin intención de reeditar. Hay textos que él reescribió sobre publicaciones. La Biblioteca Nacional va a publicar tres versiones de “La lotería en Babilonia”, donde en la tercera versión hasta hay un cambio de título y nunca publicó eso; son cambios sobre un ejemplar de Sur y no los incorpora a ninguna versión publicada. El decía que después de la ceguera utilizaba la rima y la versificación regular para poder dictarle a alguien, para que fueran copias más limpias. Tenemos una versión mecanografiada sobre el poema de “Susana Soca”, pero yo no sé si hay una versión manuscrita de la persona que tomó el dictado. También tenemos la “Milonga de Jacinto Chiclana”, del 65, cuando él está ciego. Su madre Leonor toma al dictado, pero vemos en la versión, en el manuscrito, que ella va a anotando posibilidades, reemplazando, es decir que sigue el mismo procedimiento después de la ceguera.

–¿Qué es lo que más le atrae de Borges como escritor?

–Uno puede volver a leer a Borges y encontrar cosas muy diferentes, muchos niveles de interpretación y muchos abordajes posibles. Si me hubieran dicho hace 35 años que iba a trabajar con los manuscritos de Borges, no lo hubiera creído porque eso no estaba para nada en mis planes. Lo que más me atrae de Borges es la complejidad y el inmenso poder de sugerencia que tienen sus textos.

Fuente: Pagina 12

miércoles, 13 de junio de 2018

Mundial de Fútbol: Una saga para Borges





Ezequiel Fernández Moores

MOSCÚ.- "Ser los más fuertes entre los más fuertes". Lo responde Heimir Hallgrimsson cuando le preguntan por qué su ciudad natal, Vestman, una isla en un país que es una isla, vio nacer a los mejores jugadores de Islandia. Heimir tenía cinco años cuando la cancha de su primer equipo, IBV, fue arrasada en 1973 por el Eldfell, uno de los doscientos volcanes que hay en Islandia. La erupción lo obligó a vivir largos meses en una residencia provisional. Hoy célebre dentista DT de la selección de su país, Hallgrimsson sabe a qué se refiere cuando habla de "los más fuertes". "Los vikingos llegaron a Rusia", decía el lunes la TV de Moscú. No se refería a los vikingos islandeses que hace más de diez siglos invadieron lo que hoy es Rusia por el río Novgorod. Se refería a los que en 2016 unieron a su país en el grito y aplauso vikingo que saludó el histórico triunfo ante Inglaterra en la última Eurocopa. El grito que buscarán repetir este sábado en el Spartak de Moscú contra Argentina.

El relato de esos vikingos que terminaron asimilándose a ejércitos locales, siempre con su reputación de guerreros temibles, está en las sagas islandesas. Desde que su padre le regaló la traducción de William Morris de la "Volsunga", saga anónima escrita hacia 1270, Borges, se sabe, quedó deslumbrado de por vida con la lengua islandesa, "el latín del norte", como le decía. La etimología de sus palabras, su lenguaje económico, complejo e imaginativo. Viajó tres veces a Islandia, escribió tres libros sobre cultura islandesa medieval, dedicó numerosos poemas, declaró su amor a María Kodama y se emocionó hasta las lágrimas mientras recitaba sobre la cultura pagana de las sagas y visitaba los restos de la tumba de Snorri Stulurson. "Está cercada / tu casa.Sobre / tu pálida cabeza cae la espada / como en tu libro cayó tantas veces", dice el poema que Borges dedicó al mítico poeta, historiador y caudillo político, decapitado en 1241 por orden del rey noruego Haakon IV.

Fuente: La Nación

lunes, 11 de junio de 2018

"Jorge Luis Borges" (Felipe Pigna) - Historias de Nuestra Historia




Martin Hadis habla de los ancestros ingleses de Borges.

Audio de la entrevista de Felipe Pigna  a Martin Hadis en radio Nacional.

Nota de Oye Borges: Programa completo de Historias de Nuestra Historia de Radio Nacional. Incluye propaganda de programación de la radio.

Fuente: You Tube


viernes, 8 de junio de 2018

El enigma de la biblioteca de Bioy Casares y de Borges sale a la luz



 A la derecha del dibujo de Borges, correcciones a una página mecanografiada de "El jardín de los senderos que se bifurcan" Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Pablo Gianera

Más que en lo leído, el lector se revela en los usos caprichosos que hace de los libros. Nada lo delata más íntimamente que los subrayados, la marginalia, las citas que entresaca. Toda biblioteca es una autobiografía. Pero una biblioteca de varios es una biografía colectiva. Es exactamente eso lo que pasa con la biblioteca de Adolfo Bioy Casares , que le atribuimos a él pero que comprende también la biblioteca de Silvina Ocampo, las de los padres de Bioy (Adolfo Bioy y Martha Casares) y aun parte de las de los amigos, Borges , en primer lugar, o Pizarnik, y otros familiares, Angélica y Victoria Ocampo.

Esa es la impresión que quedó ayer en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional , primera insinuación de la biblioteca de Adolfo Bioy Casares, "un pequeño anticipo", según lo definió el director Alberto Manguel . Ahí están siendo catalogados y preservados esos libros, gracias al aporte de los donantes que hicieron posible la compra, por un precio de 400 mil dólares, a los herederos. Esa donación se realizó el 19 de septiembre del año pasado. Según Manguel, es "el núcleo de una galaxia de investigaciones".


Para darse una de idea, de los 17 mil volúmenes, vimos solamente 30, parte de las 11 cajas n° 26 en las que el librero Alberto Casares reunió velozmente aquello que juzgó más valioso. No sabemos qué más podrá aparecer, nadie más lo sabe, ni el propio Manguel, ni Laura Rosato y Germán Álvarez, los expertos al frente del Centro Internacional Jorge Luis Borges, que funcionará en la sede de la calle México y que será el destino de estos hallazgos. ¿Qué "dirán" las guías Michelin sobre los viajes de Bioy? es muy pronto para saberlo. Pero lo que pudo verse provoca ya la emoción del coleccionista, bibliófilo, del crítico y del genetista textual. Un ejemplo, entre muchísimos. Tres condiciones de las que, salvo de la crítica, Borges no participaba. Sus libros iban de acá para allá. Los dejaba en la Biblioteca Nacional, cuando era director, o en la casa del amigo con el que, durante años, comió todas las noches. Un ejemplo, entre muchos. Acá está un ejemplar de Las mil y una noches en la versión de Edward William Lane. En la guarda, Borges anota varias líneas de la traducción al alemán de Gustav Weil. En esas marginalias está ya cifrado el ensayo "Los traductores de las Mil y una Noches", de Historia de la eternidad.


Aunque a primera vista tiendan a confundirse, una cosa es la amistad de Borges con Bioy y otra, distinta y distante, la historia de esa amistad. Sobre la primera es poco lo que puede decirse porque esa intimidad, al igual que toda amistad, pertenece enteramente a los implicados, y a veces ni siquiera a ellos, pero nunca a terceros. La segunda, la historia, parecía estar, en cambio, a la vista. Bioy Casares conoció a Borges en la casa de San Isidro de Victoria Ocampo, hacia diciembre de 1931 o enero de 1932. Conversaron en el viaje de vuelta a Buenos Aires: "Borges era entonces uno de nuestros jóvenes escritores de mayor renombre y yo, un muchacho con un libro publicado en secreto". Poco más de tres años después ya estaban escribiendo juntos. Lo primero fue La cuajada de La Martona, brevísimo folleto publicitario, ilustrado por Silvina, sobre las virtudes del yogur. Después vendrían, por supuesto, las antologías compartidas, la mutua influencia (el modo en el que Borges curó a Bioy de su temprana escritura indómita y, por el otro lado, la insistencia de Bioy en que Borges moderara su admiración por Quevedo), el generoso prólogo de Borges a La invención de Morel (que Bioy juzgó, sin embargo, algo reticente porque no elogiaba el estilo) y la creación de un tercer escritor imaginario, que no es ninguno de los dos, pero mantiene un aire de familia con ambos, H. Bustos Domecq, cuya cumbre son los relatos reunidos con el título de Crónicas. Hasta aquí la historia conocida. Claro que la publicación, en 2006, de Borges, las más de mil seiscientas páginas extraídas de los diarios de Bioy en los que éste menciona a su amigo, alteró completamente el paisaje. "Come en casa Borges." Esa breve oración, repetida como un mantra en cada entrada del diario, constituye la prueba de una frecuentación de décadas.


A la derecha del dibujo de Borges, correcciones a una página mecanografiada de "El jardín de los senderos que se bifurcan" A la derecha del dibujo de Borges, correcciones a una página mecanografiada de "El jardín de los senderos que se bifurcan" Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

La amistad compartida queda inscripta en los libros. Ahí está también en un ejemplar del Finnegans Wake (no la misma edición que Borges usó para su reseña en El Hogar, sino otra con fecha manuscrita del 11 de junio de 1942) con anotaciones a cuatro manos. Hay cartas de García Márquez y Sabato a Bioy, y algunos detalles muy significativos sobre Silvina. Alejandra Pizarnik, acaso como provocación, le hace llegar Le Mort, de Georges Bataille. Inapelable, Silvina le responde a su amiga dos cosas: "Es bueno conocer cosas repugnantes". Y también: "Detesto lo escatológico". De Silvina, que estudiaría mucho más tarde con Giorgio De Chirico, vemos uno de sus dibujos de infancia.


Más importante es, por ejemplo, el ejemplar de la revista Los Anales de Buenos Aires que incluye la primera publicación de "El Zahir". Están las correcciones a mano de Borges. Una vez más, Borges, como lo hacía en Sur, usaba una revista como base de operaciones, es como si necesitara la distancia de lo impreso en una publicación periódica para dar con la forma última.

Manguel contó que en la Universidad de Virginia hay 60 manuscritos de Borges. "Estamos perdiendo nuestro pasado", dijo. Eso no pasará de nuevo.

Fuente: La Nación

lunes, 4 de junio de 2018

El Prado, paisaje del primer amor de Jorge Luis Borges



Villa Esther”, la quinta que aún conserva secretos de la infancia del escritor.

En una quinta de la avenida Lucas Obes y 19 de Abril, en el Prado, transcurrieron los veranos de la infancia del escritor argentino Jorge Luis Borges. La enorme casona y su parque circundante, en el que hoy sobreviven las caballerizas convertidas en una residencia familiar, ocupaban casi dos manzanas. No existía entonces la calle Juan Carlos Blanco, por lo que la finca se extendía hasta la avenida Suárez. Borges evocó decenas de veces su infancia en esa quinta del "Paso del Molino", como se le denominaba al barrio entonces. La zona también es mencionada en varios de sus cuentos. La historia menos conocida es que allí, el autor de El Aleph se enamoró de su prima Esther de Haedo y los padres de ambos planearon un casamiento, que nunca se concretó.

"Villa Esther" se llamaba la quinta, en honor a la hija mayor de los dueños de casa: Francisco de Haedo Suárez y Clara Young.

De Haedo era primo hermano de Leonor Acevedo Suárez, madre de Borges, y tanto con ella como con su marido, Jorge Guillermo Borges, los unía además del parentesco, una gran amistad.

En más de una ocasión, el propio Borges afirmó que "había sido concebido" en la estancia San Francisco de los Haedo, en el departamento de Río Negro. El establecimiento permaneció en poder de la familia hasta hace algo más de una década, cuando fue comprado por un argentino. Tiene una extensión de casi 5 mil hectáreas de las mejores tierras que se pueden encontrar en Uruguay.

Su señorial casco en forma de U data de 1868, pero su historia se remonta a comienzos del siglo XVIII e involucra a las misiones de los jesuitas. Su patio central estaba poblado de centenarios olivos.

Por si le faltaba historia al establecimiento, Leonor Acevedo y Jorge Guillermo Borges concibieron allí a su primer hijo, que resultaría ser uno de los escritores más extraordinarios de la lengua española.

Se habían casado en Buenos Aires el 1° de octubre de 1898. Leonor tenía 22 años y Jorge Guillermo, 24. Pasaron parte de su luna de miel en el campo de sus parientes orientales. El 24 de agosto de 1899, en la capital argentina, nació Jorge Luis Borges. Dos años después, en marzo de 1901, llegaría Norah, la segunda hija del matrimonio.

Los Haedo tuvieron tres hijos: Esther (nacida en octubre de 1899, dos meses después que Borges); Aurora, nacida en 1891, y Carlos en 1895. De los tres, solo Esther vio la luz en la casa en que vivían entonces sus padres, en el centro de Montevideo. Sus dos hermanos nacieron en la quinta.

Se presume que la casona del Prado fue construida al promediar la década de 1880 y perteneció a la familia hasta 1948. Al principio, y a la usanza de aquellos tiempos, era la finca de veraneo. Quedaba en las afueras de la ciudad y la zona toda era el reducto que el patriciado y la alta burguesía habían elegido para edificar lujosas residencias en las que pasaban los meses más cálidos del año. Muy cerca estaba el Hotel del Prado, el paseo más elegante de aquellos tiempos, y el arroyo Miguelete, donde los jóvenes aprendían a nadar o pescaban.

Borges en Uruguay.

Los Borges llegaban a Montevideo a mediados de enero y permanecían en Villa Esther hasta comienzos de marzo. Durante esas largas vacaciones había escapadas al campo. En la estancia San Francisco, Jorge Luis practicaba natación en el arroyo Coladeras que bordea el establecimiento.

"El pobre Jorge ya era muy corto de vista", recordaba Esther de Haedo en una entrevista realizada por César Di Candia en 1990 y publicada en Búsqueda. Esther tenía entonces 91 años y recordaba que su primo se pasaba leyendo.

"A nosotros no nos gustaba que leyera tanto, queríamos que jugara, y nuestra venganza era esconderle los libros. Le hacíamos una especie de chantaje: si jugaba conmigo y con su hermana, le devolvíamos los libros. Esa era la única forma de apartarlo de la lectura, porque se trataba de un chico retraído, juicioso, demasiado juicioso para mi gusto".

Aunque Esther, en ese mismo reportaje sostuvo que ella veía a Borges como un amigo y compañero de andanzas —"No tengo dudas que fue mi amigo de la niñez", aseveraba—, reconoció que sus padres pensaban en un pronto noviazgo y posterior matrimonio. Ambos tenían 12 años. Era 1911.

Enamorado.
El amor de Borges por su prima fue con-firmado a El País por Pelayo Amorim Haedo, sobrino nieto de Esther y sobrino del escritor Enrique Amorim. En más de una ocasión, su padre le contó que Borges estaba enamorado de Esther y que ella correspondía a sus galanteos. Amorim también sostuvo que los padres de ambos querían que se casaran.

Eran tiempos de estricta moral, al menos en apariencia. Un episodio sucedido en la estancia San Francisco durante un verano pinta cómo se manejaban ciertos temas en aquellos años.

Don Francisco de Haedo sorprendió, a la hora de la siesta, a su hija Aurora besándose apasionadamente con su primo Ricardo. No dudó un instante: al mes y medio Aurora y Ricardo se casaron y fueron a vivir a Suiza. Allí permanecieron más de 20 años. Volvieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

La casa del Prado.

Villa Esther fue loteada en la década de 1940. Hasta mediados de los 50, los Haedo mantuvieron la casa principal y un amplio terreno. Luego se vendió y los nuevos dueños la demolieron. En su lugar edificaron una casa de estilo moderno. Pelayo Amorim nació y vivió los primeros años de su vida donde eran las caballerizas y las dependencias del personal, que fueron remozadas por sus padres. Esa casa fue ocupada en la década de 1930 por Esther y Enrique en sus estadías en Montevideo. La entrada da a la calle Irigoitía y de su historia, a la vista, quedan sus techos. Son iguales a los que guarecían a Villa Esther y que supieron del primer amor de Jorge Luis Borges.

La historia quedó inconclusa. Nunca conoceremos por qué el noviazgo no se concretó. Ambos se siguieron viendo durante muchos años. Borges entabló una gran amistad con Enrique Amorim, el marido de Esther. Esta y Leonor Acevedo siguieron en comunicación permanente a través de extensas cartas. En ellas, la madre de Borges no dejaba de expresar su angustia cuando su hijo comenzó a quedar ciego a fines de la década de 1938.

Siendo un adolescente, Amorim conoció a Borges en "Las Nubes", el famoso chalet de Salto de sus tíos Enrique y Esther. Lo vio por última vez en Buenos Aires, en la confitería del Hotel Dorá, en 1984.

Borges estaba con María Kodama. Pelayo se acercó y Kodama trató de detenerlo alzando su mano. Amorim no se dio por enterado y se presentó. Recuerda que al principio, Borges lo confundió con su padre, que tenía el mismo nombre, pero luego entendió quién era. Conversaron largo rato. El escritor tenía muy nítidos los recuerdos de Villa Esther, de la estancia San Francisco y del chalet Las Nubes. Cuando se despidieron, Borges le mandó un recuerdo "muy especial" para Esther.

Los abuelos uruguayos.

Se sabe, el autor de Historia Universal de la Infamia tenía dos abuelos orientales: por parte de madre, Leonor Suárez Haedo de Acevedo, casada con el argentino Isidoro Acevedo Laprida; y por parte de padre, el coronel Francisco Borges Lafinur, casado con Frances Haslam. La actuación de mayor destaque como militar del coronel Borges (foto izquierda) se produjo en Argentina a las órdenes de Bartolomé Mitre. Murió en el campo de batalla enfrentando a las fuerzas de Sarmiento, en noviembre de 1874.

ENTRE LÍNEAS.

"El muerto": orígenes de un cuento inmortal.
El muerto es uno de los cuentos de Borges más conocidos, al menos por los uruguayos. Fue llevado al cine en la década de 1970 y su rodaje —casi íntegramente— se realizó en Colonia. Cuenta la historia de Benjamín Otálora, que en palabras de Borges era "un triste compadrito porteño sin más virtud que la infatuación del coraje", que se interna en la Banda Oriental en 1891, cerca de la frontera con Brasil, y llega a jefe de contrabandistas. La historia transcurre en Tacuarembó y narra cómo Otálora se va apropiando de las cosas más valiosas de su jefe Azevedo Bandeira, un brasileño acriollado. Primero es el caballo "el colorado", luego el apero y finalmente irá por la mujer de Bandeira.

Borges se inspiró en un hecho real para escribir esta historia.

Sucedió en 1947 estando de vacaciones en Salto, en el chalet "Las Nubes" de Enrique Amorim y Esther de Haedo.

Pelayo Amorim padre, que por esos años era funcionario técnico del Ministerio de Ganadería, tuvo que trasladar en su auto al juez letrado a una estancia donde se había producido el crimen. Amorim y Borges quisieron ir con ellos y allí marcharon los cuatro. La historia, con nombres y fechas cambiadas, es la que narró en El muerto.

Fuente: El País  -  Uruguay
Foto Gentieza Pelayo Amorim