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sábado, 12 de noviembre de 2022

¿Qué más se puede decir de Jorge Luis Borges? Este libro tiene la respuesta

La EUNED recién publicó el libro ‘Borges en una banda infinita’, un título imperdible para todos aquellos que nos hemos dejado perder en los laberintos y sueños que ofrece la pluma del legendario autor argentino

 

Por Jorge Arturo Mora

23 de septiembre 2022

 

No importa si se trata del manco de Lepanto o de Leonardo: enfrentarse siempre a hablar sobre los grandes nombres del arte y la cultura supone el reto de alejarse los lugares comunes.

 

Las artes siempre han arrastrado ese conflicto a lo largo de la historia universal, pero no porque sea complejo debería ser algo imposible. Así lo asume Mauricio Arley, autor del libro Borges en una banda infinita, un ensayo que ofrece nuevas miradas sobre el autor argentino de los sueños, los laberintos y los jardines que se bifurcan.

 

Leer este libro implica sumergirse en aquella biblioteca infinita que el propio escritor suramericano imaginó: Arley habla de sus facetas, de sus logros, de sus contradicciones y de cómo ha envejecido el nombre de Borges tanto en lo literario como en lo sociológico.

 

Borges, sin dudas, fue más que un escritor. Es una influencia absoluta, no solo para nuestro continente, sino para las formas de crear e imaginar paisajes donde el umbral entre la fantasía, el sueño y la vigilia no importan.

 

Mauricio Arley sabe muy bien de todo lo que implica sentarse a estudiar su obra. Desde hace diez años, este profesor de literatura y psicoanalista costarricense ha inspeccionado con lupa todo lo que el argentino ha escrito. Incluso su tesis para el Doctorado en Lenguas y Manifestaciones Artísticas y Literarias de la Universidad Autónoma de Madrid fue enfocada en Borges.

 

Sobre describir todo lo que el argentino implica, Arley conversó en entrevista con Viva, a la luz del lanzamiento de su libro publicado por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED).

 

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La poesía y los cuentos de Jorge Luis Borges reimaginaron los catálogos fantásticos de todo el planeta. Acá en una foto en su apartamento de Buenos Aires, en 1981. Foto: Eduardo Di Baia-Archivo (Eduardo Di Baia)

 

—¿Qué lo llevó a realizar este libro? ¿Qué circunstancia lo hizo decidirse?

 

—Fue la amistad mística que fui creando con la escritura de Borges. Este vínculo fue base para escribir mi tesis doctoral en el 2015, cuyos directores Juan Carlos Gómez y Tomás Albaladejo de la Universidad Autónoma de Madrid se convirtieron posteriormente en amigos. Incluso cuando empecé a trabajar en la Universidad de Costa Rica en el 2008, pronto conocí al profesor emérito Óscar Montanaro, quien fue otro cómplice en este recorrido entre Borges y la amistad.

 

“Proust decía: “la lectura es una amistad”. Y para quienes vemos la lectura como una experiencia de amistad, los libros no son objetos de mercado, sino agentes espirituales y hedonistas. El propio Borges pudo percibir algo similar al conocer a Cansinos en 1920, en Madrid, al ser impactado por la idea de que en las bibliotecas habitaban personajes dormidos, hasta que aparecía alguien y al abrir un libro rompía el conjuro. En este sentido, escribir acerca de Borges ha sido para mí una forma de exorcizar a tantos personajes construidos por el bibliotecario“.

 

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—Es una pregunta tramposa, ¿pero qué es lo que más le fascina sobre la figura de Borges?

 

—Borges fue un hombre resiliente, tomó el miedo y lo convirtió en una experiencia digna de contar. Cuando Borges era niño le tenía miedo a los espejos, pero a la vez jugaba con caleidoscopios y quizá esta integración entre miedo y juego permitió generar en él un interés por relatar cuentos donde abundan espejos, dobles... Incluso Borges tiene su propio doble en los relatos de ficción. Mi experiencia como psicoanalista me ha llevado a seguir esa misma lógica de integrar el miedo con el placer como estrategia terapéutica para tratar eventos traumáticos.

 

“Al quedar ciego, relató que ‘en la ceguera el mundo se llena de luz’ y ese gesto resiliente es otro ejemplo de que la calidad de vida que llevamos depende mucho de cómo enfoquemos nuestra posición en el mundo. Borges no se privó del placer, siguió “leyendo” aún estando ciego, lo hacía a través de la lectura que otra persona podía hacer para él”.

 

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—¿Cuál es su criterio sobre la relación de Boges con el público? ¿Solo existe un público delimitado, por edad o por cultivo académico, o más bien es una literatura abierta para todos?

 

—Aún se sigue hablando en los programas de estudio acerca de “lecturas obligatorias”. Creo que el reto educativo de hoy es integrar ideas que habitan en los libros con fuentes que las personas consumen con mayor intensidad. Por ejemplo, al ver la película Doctor Strange en el multiverso de la locura, noto muchas bases teóricas que he desarrollado en mi libro. La teoría nos brinda instrumentos para leer complejidades ocultas entre textos literarios, películas, pinturas, etc.

 

”Hoy habitamos un mundo de la inmediatez, todo se quiere obtener rápido y eso lleva también a vivir tan dramáticamente distintas expresiones de ansiedad. Leer es un ejercicio de pausa, asimilación, de sentarse o recostarse.

 

”Borges reconoce que si una lectura genera tedio, es mejor dejarla, pues eso espanta posibles futuros encuentros de goce personal al leer. Lo importante es no pasar actuando compulsivamente por la vida, pues eso mata el placer por vivir”.

 

    Hay distintas versiones de Borges, así como nosotros, como seres humanos, vamos recreando diversas expresiones. Borges señala que su escritura de joven era críptica, llena de complejidad, pero que con los años se fue transformando. Por esto, habría que definir la atracción por los textos de Borges a partir de la etapa de su escritura.

Jorge Luis Borges es recordado por cuentos como 'El jardín de senderos que se bifurcan', 'El Aleph', 'El libro de arena', 'La biblioteca de Babel' y 'Las ruinas circulares', entre otros. Foto: reproducción Mauricio Arley

 

—Mucha gente piensa que todo está dicho sobre los autores canónicos. ¿Tuvo algún temor de repetir alguna reflexión que haya escuchado-leído en otro lugar?

 

—En mi libro señalo que luego de consultar diversas plataformas académicas, hallé más de 5.000 estudios realizados acerca de Borges y claro, debía hacer esa revisión para considerar qué novedad había en mi propuesta. En la vida, he ido formando amistad con personas en el área matemática y eso me ha permitido asimilar formas de cómo conciben el mundo literario. En el 2016 escribí el libro Matemática y Literatura en juegos de laberintos, en coautoría con dos amigos y profesores matemáticos Edwin Acuña y Gerardo Araya. Incluso con el topólogo de la UCR, Héctor Barrantes, ya he conversado para que escribamos un nuevo libro que permita integrar topología y literatura.

 

”En La historia de Plattner y otras narraciones (1897), H. G. Wells narra que G. Plattner, luego de iniciar un experimento químico, es enviado a otro universo, pero al regresar al original, descubre que su corazón está en su lado derecho. Este texto es un ejemplo de que la literatura se ubica antes que la crítica literaria. Mi ejercicio de lectura se fundamenta en plegar textos de Borges para develar transformaciones que siguen lógicas similares a las de Wells”.

 

    Borges fue un hombre resiliente, tomó el miedo y lo convirtió en una experiencia digna de contar. Cuando Borges era niño le tenía miedo a los espejos, pero a la vez jugaba con caleidoscopios y quizá esta integración entre miedo y juego permitió generar en él un interés por relatar cuentos donde abundan espejos, dobles”

 

—Borges representa acérrimos fans, así como radicales haters. ¿Por qué cree que el autor genera esas posturas tan fuertes?

 

—Hay distintas versiones de Borges, así como nosotros, como seres humanos, vamos recreando diversas expresiones. Borges señala que su escritura de joven era críptica, llena de complejidad, pero que con los años se fue transformando. Por esto, habría que definir la atracción por los textos de Borges a partir de la etapa de su escritura.

 

”Pero, por otro lado, las persecuciones políticas peronistas que sufrieron muchas familias argentinas, entre estas la familia de Borges, dejó heridas en cómo algunos percibían al escritor. La historia está llena de ejemplos de cómo la política puede deshumanizar. En una de las biografías de Borges, el investigador Woodall reveló que “Borges siempre sostuvo que fue el propio Perón quien personalmente había dispuesto su promoción a inspector de pollos y conejos”, esto luego de removerlo de su puesto como bibliotecario”.

 

—¿Qué siente usted que significa la obra de Borges como influencia para la literatura costarricense? ¿Es algo que se pueda diseccionar?

 

—Por un lado, Harold Bloom ha destacado que Borges es uno de esos escritores que más han incidido en el devenir de distintas producciones literarias en la literatura hispanoamericana del siglo XX. Pero, por otro lado, Umberto Eco confesó: “Borges me había influido de manera inconsciente”. Así, la literatura ofrece un espacio en el que los textos pueden guardar intertextos de otras fuentes y esto puede ocurrir de forma consciente o inconsciente.

 

—¿Cómo cree que se pensará a Borges dentro de 50 años? ¿Cómo cree que envejecerá el recuerdo del autor?

—El minotauro salió del laberinto de Creta y migró a ciertos textos de Borges. Esta dinámica solo es posible por la vitalidad de la pasión que generan los textos intemporales. (Roland) Barthes rescata una idea de (Friedrich) Nietzsche acerca de que “un hombre laberíntico jamás busca la verdad, sino únicamente su Ariadna”, así, en caso de que en 50 años o 500 años haya aún algo de los textos de Borges que permita integrarse a las pulsiones de la vida, en tal caso Borges seguirá siendo vigente, así como ocurre con la Biblia para muchas personas.

 

—¿Cuál es su mayor expectativa con este libro? ¿Qué es lo que más quiere dejarle al lector?

 

—Cuando hay situaciones en la vida que requieren de parte de nosotros una respuesta resolutoria o bien, como diría Viktor Frankl, escoger la actitud con la que se afronte un sufrimiento, nos damos cuenta de que debemos dejar de transitar la vida de manera lineal. Hay que aprender a curvar la realidad. La lectura literaria nos puede brindar diversas perspectivas para reflexionar acerca de nuestra vida y sentirnos felices por vivirla, lo cual requiere periódicas transformaciones. Así, la vinculación que trabajo en el libro acerca de topología y literatura puede verse como un modelo teórico para que algo de esta lógica permita visualizar dobleces en la vida.

 

Fuente: La Nacion – Costa Rica

https://www.nacion.com/ancora/que-mas-se-puede-decir-de-jorge-luis-borges-este/LEER2QLZ4JC63HKFOUA6HDFBDA/story/

viernes, 30 de octubre de 2020

Borges en el diván: literatura y psicoanálisis


Mientras Borges recorría su análisis personal, entre el 1946 y 1948, se puede suponer que estaba escribiendo varios cuentos de El Aleph, publicado en 1949. Allí, tal como en la experiencia psicoanalítica, interroga a los saberes adquiridos, para que emerja otra verdad: la verdad oculta del sujeto.

 

Por Pablo Melicchio | Ilustración: Matías De Brasi

 

Volví a ver, como quien relee un libro, las conferencias que Ricardo Piglia dictó sobre Borges para la Tv Pública, y me detuve donde antes había pasado de largo. En una de las charlas recomienda lo que para él es la mejor biografía escrita sobre Borges, la de Estela Canto: Borges a contraluz. Hice una pausa. Fui hasta mi biblioteca, y en el largo estante de madera, tierra donde se erige la ciudad borgeana, allí estaba, callado, nunca leído, la biografía, como uno más de los tantos libros deshabitados de lectura, pendientes para el incierto mañana.

Según Piglia, es Estela Canto quien le recomienda ir al psicoanalista. Y Borges, en el año 46, empieza una suerte de terapia. “Y qué pasó, lo que pasa con el psicoanálisis, Borges no resolvió el problema al que iba, pero perdió la timidez y pudo dar conferencias. A mí me pasó igual, yo empecé a analizarme en 1970, sigo con los mismos problemas, pero aprendí a bailar el tango como nadie”, dice Piglia, y la audiencia ríe. Pero a mí no me causó risa, como tampoco reí la primera vez que lo escuché. Entiendo que es una simpática ironía del escritor de Respiración artificial. Pero no me dio risa porque me quedé recalculando; vicio de psicoanalista. Se sabe, desde la práctica del psicoanálisis, que el motivo de consulta no siempre es por lo que verdaderamente se inicia una terapia; se va por una cosa, pero en el curso del análisis terminan saliendo otras.

Dejé la conferencia de Piglia en pausa, y empecé a esbozar algunas ideas y preguntas sobre un papel gastado, como un científico loco que busca encontrar la fórmula de la inmortalidad. ¿Borges en terapia? ¿Cómo saber qué lo llevó a consultar a un psicoanalista? ¿Qué pretendía ver, profundizar, entender? ¿Qué era un problema para Borges; que asumiera Perón; su incipiente ceguera; la timidez; las mujeres que le dolían en todo el cuerpo? ¿Su fallido debut sexual apurado por su padre, como señalan en algunas de sus biografías? ¿Pero importa de verdad conocer los motivos que lo llevaron a consultar a un psicoanalista? ¿No es acaso morboso, habladurías baratas, puterío de intelectuales, meterse en el baño, en la intimidad, en el diván de Borges? Lo cierto es que me entusiasmé sabiendo que Borges quiso psicoanalizarse, y más allá de lo que dijo o calló en ese consultorio, lo significativo es que estuvo allí, tratando de hacer algo con su neurosis, suponiéndole el saber de sus padecimientos a un profesional que tuvo la aventura única de entrar en el verdadero laberinto de Borges.

Mientras Borges recorría su análisis personal, entre el 46 y el 48, se puede suponer que estaba escribiendo varios cuentos que integrarían el libro El Aleph, publicado en 1949. En el cuento El Aleph, anticipado en la Revista Sur en 1945, Borges es Borges, es el narrador protagonista. Hay un relato en primera persona, y una muerte, la de la amada Beatriz Viterbo. Finitud, desdicha y amor no correspondido, ¿con lo que se confrontaría en su terapia? Y ante el olvido, que todo lo devora, el recuerdo como única forma de vencer a la muerte. Y desde luego, el encuentro con el famoso Aleph, la posibilidad de lo infinito, de lo ilimitado, de verlo todo, lo opuesto a la castración que implica el hecho mismo de estar vivos. El Aleph es literatura fantástica, pero como sucede en la experiencia psicoanalítica, el libro pone en jaque a los saberes adquiridos, abre grietas entre la realidad y la ficción, entre la conciencia y el inconsciente, para que emerja otra verdad: la verdad oculta del sujeto. ¿No somos acaso una ficción cuando nos describimos, cuando decimos “yo soy”? El psicoanálisis ayuda a liberar la propia voz, repensar el pasado y ponerlo en palabras, por lo tanto reinventarlo. Ficción proviene del latín fingere, que es fingir, pero también modelar, dar forma. Cuando contamos nuestra historia, ¿acaso no armamos una ficción construyendo nuestro ser en un relato?

Lo cierto es que antes de la terapia, Borges no daba conferencias, sentía terror a lo público, al público. Parece que el análisis le sirvió para resolver esa angustia y de algún modo encontrar una forma de hablar, de tomar la palabra y llevarla más allá de lo escrito. Borges se adueñó de una narración oral articulada entre sus lecturas y su vida porque hizo una relectura de su vida. Borges, inventor de ficciones, quizá encontró en el espacio de la terapia un oyente, el psicoanalista, que le devolvió sus propias palabras para que el escritor fundara una nueva manera de narrar. Si hubo un trauma en el pasado, y quedó reprimido, logró que su sufrimiento no retornara como inhibición, como síntoma o angustia, y que se liberara como energía vital para la creación. Borges se reinventó. La perfecta economía de su escritura encontrará, en la oralidad y en la asociación libre, un despliegue extraordinario, un discurrir pausado en complicidad con la audiencia, nunca subestimada. Borges conferencista, como un google de carne y hueso, extraía de la galera de recuerdos, citas y poemas en sus idiomas originales, e inmediatamente los traducía al español. Le hablaba al público, al que dejará de ver, producto de su ceguera, pero al que le seguirá hablando como un analizado recostado sobre el diván. La multitud entonces será una mancha difusa, como un test proyectivo donde Borges hablará para hablarse a sí mismo también. Fue convirtiéndose en un conferencista excelente, sin inhibiciones, a pesar de su tartamudez de infinitos saberes que se le atoraban en la garganta. Borges se quedará ciego a los 55 años, en su madurez como artista, y cambiará las reglas de su hacer para reconvertirse desde la sombra.

Borges, al momento de la consulta al médico psicoanalista, sabe que su destino cercano será ser ciego. Al inicio de la década del 50 se va acelerando ese largo crepúsculo de la ceguera. Otras inquisiciones, publicado en 1952, es su mejor testamento, tal vez la despedida del escritor clásico que escribe mirando la hoja y que va pariendo palabras sobre reglones. De la ceguera en adelante empezará a dictar lo que quiera escribir; otros y otras serán sus ojos. De alguna manera su escritura será en la hoja de la memoria y su tinta la palabra oral.

¿Quién era su “psicólogo”? Así lo nombra Borges, según Estela Canto, su biógrafa. Se llamaba Miguel Cohen Miller. Comencé a buscar más información por internet, pero no hallé certezas, sino más bien contradicciones, como sucede con la vida misma. Son inciertos los motivos de la consulta y los resultados del tratamiento también. Parece que el doctor Miller ya había analizado al escritor Manuel Peyrou y a la escritora española Rosa Chacel, exiliada de la guerra civil. Un doctor que incorpora el pensamiento freudiano, pero que con Borges queda más en la línea del médico consejero, que incluso se autoriza y cita a Estela Canto, o al menos ella relata eso en su libro. ¿Qué lugar tiene una prometida en el espacio analítico? Qué se jugó en esa sesión, como en las otras, lo saben sus protagonistas, que hoy solo viven en la memoria finita de los que quedamos haciéndonos preguntas. Como toda biografía, en Borges a contraluz se desnuda y humaniza al escritor, pero por sobre todo sobran datos innecesarios, propios de la intimidad que se abrió en el espacio de la confianza y que luego es traicionada por los que se cuelgan de las tetas del famoso. Como su supuesto amigo Adolfo Bioy Casares, que anotaba hasta cuándo, dónde y qué comía con Borges y cómo le quedaba la nueva dentadura postiza; ¿era necesario saber eso? Sí, para llenar esa suerte de diario exageradamente poblado de insignificancias.

Según Estela Canto, la idea del psiquiatra “…era que, al ayudar a Borges a emerger de su “infierno”, la literatura argentina se iba a ver beneficiada”. Si el infierno son los otros, como señaló Sarte, quizá Borges haya aprendido a entrar y salir del averno exorcizando a la audiencia, a sus lectoras y lectores, con el brebaje de palabras maceradas en infinitas bibliotecas. ¿Quién sabe qué buscaba ese médico desde el psicoanálisis y qué buscaba Borges con ese psicoanalista? ¿Quién sabe qué encontraron sin buscar? ¿Qué ficción se habrá tejido entre los dos? Tal vez yo, el que escribe, y vos, que estás leyendo, seamos parte de un sueño que Borges le está contando a su psicoanalista. Pero por hoy dejamos aquí.

 

Fuente: Agencia Paco Urondo

 https://www.agenciapacourondo.com.ar

 

sábado, 3 de octubre de 2020

El día que LACAN citó a BORGES

Juan Manuel Martínez

 

• Escritos 1, Jacques Lacan: https://espaciopsicopatologico.files....

 

• La carta robada, E. Allan Poe: https://www.literatura.us/idiomas/eap...

 

• El Tesauro de Roget: https://archive.org/details/Rogets-Th...

 

• El idioma analítico de John Wilkins, J. L. Borges: http://aracnologia.macn.gov.ar/st/bib.

 

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=xOlzxT9_g9s

domingo, 5 de abril de 2020

Entre el mismo y el doble se inscribe la alteridad. Psicoanálisis freudiano y escritura borgeana [1]




 Giovanna Bartucci [2]

"Tener por oficio la propia pasión significa, por lo menos en un sentido,resignarse a ser".[3]

Santiago Kovadloff.


Es curioso: el año 1899 produjo dos acontecimientos sin asociación aparente. El 24 de agosto nace Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo; el 4 de noviembre la editora Frank Deuticke, con sede en Viena y Leipzig publica Die Traumdeutung (La interpretación de los  sueños), libro de Sigmund Freud en cuya cubierta está grabada la fecha de 1900.

Con todo, 1931 va a ser el momento en que Freud, a los 75 años de edad, reitera la importancia de su creación, el psicoanálisis, aunque por medio de otro homenaje a esta piedra fundamental que alteró su vida y la de tantos otros. En el prefacio a la tercera edición inglesa de  La interpretación...(1900), Freud testimoniará que "él (el libro) contiene, aun de acuerdo con mi juicio actual, el mas valioso de los descubrimientos que tuve la fortuna de hacer. Una percepción como esta no nos cabe en suerte sino una sola vez en la vida". [4]

En 1931, el escritor argentino Jorge Luis Borges, "Georgie", andaba entonces por sus treinta y dos años. Los años treinta no serán fáciles para Borges, pero han de ser años de encuentros significativos, como con el escritor Bioy Casares. Borges publicará sus primeros grandes cuentos a lo largo de la década del treinta. Un profundo escepticismo en relación a los modos tradicionales de representación caracterizará su madurez literaria.

Es tal vez posible, que la asociación del psicoanálisis con los "modos tradicionales de representación", por parte de Borges, sea una de las razones por las cuales la obra de Freud y el propio discurso freudiano, tales como fueron apropiados por el siglo XX, no figuren en la páginas de aquel que es hoy, reconocidamente, uno de los mas importantes literatos del siglo. Actualmente sabemos, por medio de uno de sus biógrafos, que entre los años 1946 y 1949 [5] Borges visitaba a un cierto Dr. Miguel Kohan Miller con el pretexto de buscar ayuda para vencer la timidez. Aunque no tengamos certeza de que el Dr. Miller haya sido psicoanalista, ya que su formación parece haber sido superficial, sabemos que la productividad de Borges fué intensa en el año siguiente a sus visitas a Miller. Esta parece haber sido una buena señal, entonces, del probable aprovechamiento de Borges en relación a una psicoterapia. Si, sus historias mas inventivas eran su respuesta a la mas aguda adversidad, señalará también James Woodall.

Desde luego, podríamos continuar formulando hipótesis, incansablemente, en cuanto al posible desdén de Borges por el psicoanálisis o por la psicología. Un gran número de estudiosos de su obra sugiere su bien conocido antipsicologismo, traducido por un gran rechazo a todo aquello que sea excesivamente personal, sentimental, que pueda imponer a su escritura un carácter de personalización individualista. De hecho, la descripción de Bioy Casares del género literario del cual él mismo, Silvina Casares y Jorge Luis Borges hicieran antología en 1940, teniendo in mente, por cierto, los escritos de Borges, sostendrán estas formulaciones. Dirá Casares: la literatura fantástica era al mismo tiempo "ensayo y ficción... ejercicios de inteligencia e imaginación incesantes, (sin) ninguna languidez, sin el menor elemento humano, emocional o sentimental". [6]

Prefiero sugerir, sin embargo, que manteniendo las especificidades del campo literario y del ejercicio clínico del psicoanálisis, la escritura borgeana y la experiencia psicoanalítica no se presentan de manera tan distanciadas. Esta formulación se basa en la concepción de la experiencia psicoanalítica, de la que somos testigos en el trabajo con nuestros analizandos, como asi también en el lugar de la escritura como "lugares psíquicos de constitución de subjetividad" para aquellos sujetos cuyos destinos de sujeto será siempre el de un proyecto inacabado, produciéndose de manera interminable.

Sabemos que el desplazamiento del ser psíquico desde el campo de la conciencia para el registro del inconsciente, se revela una de las formulaciones mas brillantes del descubrimiento del psicoanálisis, permitiendo asi que subrayemos lo que no es enunciado por el discurso de la conciencia y que se presenta de forma desplazada en el registro de la transferencia.

Es así que, habiendo diferenciado los conceptos de repetición transferencial y compulsión a la repetición a partir de la última dualidad pulsional establecida por Freud, pulsiones de vida y pulsiones de muerte, [7] no pretendo indicar aqui ningún trazo de dicotomía entre la situación clásica de una neurosis de transferencia y las situaciones-límite de las que somos testigos en nuestra clínica, desde el momento en que no son los límites entre las instancias psíquicas los que son aqui puestos en jaque. De hecho, lo que está en causa aquí es la posibilidad de que tanto en la experiencia de encuentro con lo idéntico (de la proyección mimética de lo mismo) como de la experiencia-límite denominada das Unheimliche, la experiencia-límite de encuentro con el doble, se constituyan en lugares en que, a partir de la experiencia transferencial, lo que es del orden de la presentación (Darstellung), situado en primer plano de la experiencia psíquica, pueda encontrar (o no) facilitado su pasaje al registro de la representación (Vorstellung).

Es verdad, en un trabajo anterior [8] sobrepuse la experiencia de encuentro de lo idéntico a la experiencia-límite denominada das Unheimliche. No obstante, trataré de distinguir aqui entre ambas, ya que las cuestiones que están en el cierne de estas inquietudes acerca de la clínica psicoanalítica se apoyan en la formulación de que, al tomar como "fundamental" el concepto freudiano de pulsión, el psiquismo y el sujeto del inconsciente resultarán ser "destinos de pulsiones" – privilegiados, por cierto – desde el momento en que estas sean consideradas en el registro de la fuerza como "exigencia de trabajo". Así, la pulsión es una fuerza (Drang) que necesita ser sometida a un trabajo de ligazón y de simbolización para poder inscribirse en el psiquismo propiamente dicho.

De ahí la relevancia de la experiencia psicoanalítica: se instituye un lugar privilegiado donde se presenta lo que está destinado a la compulsión de repetición, o sea, lo que no logra órdenes de significación estructurantes, lo que insiste bajo el modo de pulsión de muerte.

En esta medida, el acto analítico, como sugiere Joel Birman [9], implica que la figura del analista, junto con la del analizando, puedan constituir destinos posibles para las fuerzas pulsionales, ordenando circuitos pulsionales e inscribiendo la pulsión en el registro de la simbolización. Deseo agregar que va a ser lugar y función del analista posibilitar, junto al analizando, la constitución de la diferenciación en el interior del propio aparato psíquico, al fundarse los espacios externo-interior e interno-exterior. Siendo asi, en lo que respecta a la experiencia psiocanalitica, aun en esos momentos de un análisis en que el lenguaje, instrumento por excelencia del trabajo analítico, se muestra insuficiente, el lugar y la función del analista serán de interceptar el circuito autoerótico – necesario - que se configura en las situaciones de compulsión a la repetición.

Es curioso, porque va a ser exactamente el "juego de espejos" instaurador del universo borgiano, entendido aquí como movimiento constitutivo de apropiación continua de si, ya sea por la observación de si mismo, o bien de su doble, al cual considero instituyente de este lugar psíquico de constitución de subjetividad.

Pero atención, porque habiendo ya puesto de relieve que en la obra metaficcional los autores se vuelven problemas a resolver, y los personajes elementos que evidencian la sensibilidad del autor, permanecerá, sin embargo, una indagación importante. ¿Una vez establecido que el lugar de la escritura como lugar psíquico de constitución de subjetividad, quién o qué hará las veces de tercero, de la alteridad, aquel que va a "interceptar" el luego de espejos – necesario – y, como sabemos, instaurador del universo borgiano?

Georgie, los espejos y la escritura borgeana

Mucho ya fue dicho acerca de la escritura borgeana, a partir de diversas áreas del saber. Su influencia tambien puede hacerse sentir en innúmeros escritores de todo el mundo, y será inútil intentar aquí una enumeración abarcativa.

La habilidad de Borges para crear universos extraordinarios valiéndose, a partir de su madurez literaria, de una economía de estilo furtivo casi absoluta, toma la forma de una invitación permanente al ejercicio del pensamiento. Sus narrativas exhiben el deseo de despojar al lenguaje de una suntuosidad literaria.

En Borges ... (1985), retomé el concepto de metaficción con el objetivo de reflexionar acerca de este espacio paradojal que es el espacio ficcional borgeano. Si los metaficcionistas revelan su proceso de invención por medio de la propia forma ficcional, la técnica narrativa y el material presentado sólo se conectarán por intermedio de la experiencia de su entrelazamiento. En esta medida, el metaficcionista fragmenta el foco narrativo para realzar el proceso de creación de ficción.

Recién en mayo de 1942 Bioy Casares, su gran amigo y coautor de los libros de Bustos Domecq, escribió en reseña sobre el libro El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), publicada en Sur, revista literaria fundada en Buenos Aires, en 1931, por Victoria Ocampo y colaboradores, que la "escritura de Borges estaba abriendo un territorio nuevo en su preocupación con la metafísica, con – la verdad – la literatura hablando de sí misma".[10]

Así, aunque Borges opte en sus textos por cuestionar la noción de paternidad artística, valiéndose de la dilución de la figura del autor, de la fragmentación del foco narrativo, propongo que al hacerlo, Borges instituye este lugar psíquico de constitución de subjetividad, en la medida en que, al diluir la figura del autor, Borges está, en verdad, escribiendo para desconocerse.

Al transformarse en su doble, "en la maniobra mas inteligente y diversionista de su carrera literaria", como observa Woodall, Borges termina por dar cuerpo a diferentes Borges. Su testimonio es claro en cuanto a esta posibilidad; en 1971, en conferencia dada en el Institute of Contemporary Arts (ICA), en Londres, Borges dirá: "yo tenía, de niño, tres espejos enormes en mi habitación, y sentía por ellos un miedo profundo porque (...) me veía a mi mismo triplicado, y tenía mucho miedo al pensar que tal vez las tres formas comenzaran a moverse por su cuenta" [11]. Y, claro, el miedo de Borges no era sin fundamentos. No obstante, sin perder el control de "sí mismo triplicado", el ejercicio de dar vida a su(s) doble(s) hizo posible que Georgie se transformara en Borges. Como observó George Steiner en un artículo para The New Yorker, en 1970, "él profundizó el paisaje de nuestras memorias, y esa es la marca de un artista verdaderamente grande" [12].

La proyección mimética del mismo, el doble y la alteridad.

Veamos: la idea de que todo hombre es también otro hombre, o también todos los hombres, es sólo fundador de la mayor parte de las obras de Borges. Eneida Maria de Souza entiende que en la superficie textual, tenue y escurrudiza, en la cual conviven autores, personajes, citaciones, reflejos y reflejos de la escritura ajena, es imposible considerar la escritura borgeana como texto singular y marca registrada de su trazo individual. Sin embargo, la formulación anterior se explicita cuando comprendemos que Souza considera que "la imagen del Otro que lo habita (a Borges) se enmascara con textos y coautores, los cuales, juntamente con Borges porducen una obra a mil y una manos".

De acuerdo con la ensayista, el destino de escritor, heredado por Borges de su padre, Jorge Borges, se cumple por medio de la manifestación de la presencia de un culto paradojal que "traduce, al mismo tiempo, la tentativa de borrar la imagen paterna, un parricidio inconsciente, y el refuerzo de esta imagen, el fantasma del Otro que le marca el destino de escritor, desde el momento en que ambos, padre e hijo, pasaron por la experiencia de la ceguera y de la noche" [13]. Souza también ubica la ocupación de Borges con al actividad de lectura, un espacio aquí privilegiado que se convierte en el simulacro del acto de escribir y de vivir, como una forma de negación de la paternidad y de la propiedad de sus escritos.

Para Santiago Kovadloff, sin embargo, todo acto de admiración por los grandes autores del pasado que no sea un diálogo que traiga consigo una crítica sensible, sería un acto de servilismo. "No se trata de creer que vamos a superar a nuestros mayores, se trata de entender que sólo los podemos heredar si los incorporamos al diálogo creador con nuestro próprio trabajo" [14], sugiere Kovadloff en su ensayo acerca de la escritura como experiencia del acto creativo.

En verdad, el mundo ficcional de Borges se basa en la idea del arte como ilusión. Fundamentalmente, alude al hecho de que es imposible ser un escritor original en el siglo XX y, por sobre todo, que lo inalcanzable es lo real, aún por medio del lenguaje. En otras palabras, la realidad es dudosa e incierta; el universo es una unidad total en la cual la individualidad es mera ilusión. Así, al confundir los límites entre la realidad y las abstracciones absolutas, lo individual y lo genérico, Borges ampliará el campo de sus historias para "incluir" a todos los hombres.

El lenguaje es también "una tradición, un modo de captar la realidad, no un sistema arbitrario de símbolos" [15], por lo tanto "en una historia deberíamos trabajar la idea de no estar seguros de todas las cosas, porque así es la realidad" [16], dirá Borges. Kovadloff también sugiere que uno de los mensajes esenciales de la literatura consistiría en decir que nada cabría definitivamente en la palabra y que, siendo así, sería imprescindible volver a decir. "Precisamente porque la palabra no puede dar cuenta del objeto, el sujeto puede ser; puede ser en tanto se libera de los significados cristalizados que se autoproponenen como poseedores plenos de un sentido igualmente pleno" [17]. Pero, al mismo tiempo que las cosas son inalcanzables por el arte, estamos incesantemente creando estructuras de palabras, metáforas, imágenes, y como tal, Borges cree que este mundo pueda ser tan digno de elogios y real cuanto el de las cosas.

Anteriormente adelanté la idea de que, en la narrativa borgeana, la realidad se hace igual a la relación problemática entre los mundos real y ficcional. Su principal objetivo es confundir las fronteras entre realidad y sueño, entre realidad y ficción. Va a ser exactamente esto lo que permitirá al hombre, como lo hace Borges, crear su propia realidad de acuerdo con las leyes que eventualmente concozca.

Si por un lado, el autor usa lo real como trampolín para lanzar a sus lectores a un mundo de ficción, por otro, al identificar un posible aspecto de correspondencia, cuestiona la validez del mundo creado con la intención de dar una mayor realidad a éste, o sea, a la realidad de la construcción. Así lo hará al valerse de la intrusión de lo real en estilo documental, por medio de uso de amigos y colaboradores verdaderos como comentaristas de la veracidad de la narrativa, de la presentificación de objetos reales de la vida del autor, o aún de la puesta en escena de elementos de su vida, y del cuestionamiento de este mismo mundo, que Borges problematizará la relación entre los mundos real y ficcional. Consecuentemente, comprender o dar significado al mundo en que vivimos será lo mismo que estructurar la realidad de un modo personal y estilizado.

Pero atención: para Borges toda literatura es autobiográfica. Así, al afirmar que sus historias eran todas mas o menos autobiográficas, Borges no creó personaje alguno, pero escribió y reescribió sobre el mismo y viejo "Borges" levemente disfrazado.

Pero el hecho de que al escribir enfatizase algunas de sus particularidades y omitiese otras, lo llevó a considerar a "Borges" como una creación de fantasía. "¿Por que diablos preocuparme con lo que ocurre con Borges? Al fin de cuentas, Borges no es nada, es una mera ficción". Helo ahí, finalmente, el surgimiento de la figura del "doble".

Es importante que se explicite: para Borges, el "ego" es un espectador que se identifica con el hombre a quien él observa continuamente. "¿Porque, al fin de cuentas, que es el ego? El ego es el pasado, el presente, y también… el futuro" [18]. En esa medida hay, aquí, un movimiento constitutivo: un espectador que se apodera de si mismo al observarse continuamente a si mismo, o bien a su doble.

Jean-José Baranes, apoyándose en los trabajos de J. P. Vernant acerca del mito y pensamiento griegos, sugiere que "un doble es todo menos una imagen: ni imitación del objeto, ni ilusión del espíritu, ni creación del pensamiento, él es una realidad exterior al sujeto que, sin embargo, en su propia apariencia, se opone por su carácter insólito a los objetos familiares y al escenario cotidiano de la vida. Juega con los dos planos contrastados al mismo tiempo: en el momento mismo en que se muestra presente, se revela como perteneciente a un mas allá inaccesible" [19]. Baranes observa, en el mismo artículo, que esta ambiguedad característica de la figura del doble, o sea, en el momento mismo en que se muestra prsente, se revela como perteneciente a un mas allá inaccesible, es el lugar de lo extraño "y" de esa relación del límite entre mismo y diferente.

Así, Borges explicitará esa relación de límite entre mismo y diferente, ese lugar de lo extraño, transformándose en "Borges", su doble. Inicialmente, al transformarse en "Borges", Borges se elimina a si mismo, deja de existir, es, finalmente, nada, para que entonces "Borges" pueda ser. Como dirá el propio Borges, en "Borges y yo" (1960), "vivo, me dejo vivir, para que Borges pueda hacer la trama de su literatura y esa literatura me justifica ..., cuanto mas, estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro". Además Borges va a confesar, en "Borges y yo", que "(‘Borges’) logró ciertas páginas válidas, pero que esas páginas no pueden salvarme, tal vez porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o de la tradición" [20].

En su biografía literaria sobre el autor, Emir R. Monegal observa que las funciones y privilegios de Borges son usurpados por el personaje "Borges", desde el momento en que todo lo que ahora Borges hace, o lo que le agrada, se vuelve posesión del otro. Así, publicar, las entrevistas, la publicidad, la política y las opiniones pertenecen a "Borges". Los sentimientos, los sueños y escribir pertenecen al "yo". Un tercer Borges, el ficcional, es aquel que une en sí el "yo público" y la reflexión sobre sus experiencias. Es verdad, ser Borges/"Borges" es buscarlo en nuestras mas profundas idiosincrasias, en el centro que es cada uno de nosotros: ser yo mismo siendo el otro.

En "Lo ominoso", texto de 1919, Freud observa que das Unheimliche, que es la experiencia límite de encuentro con el doble, lo que provoca susto, terror, no-reconocimiento, tiene origen en el retorno de contenidos reprimidos, y no en un cesar de la creencia en la realidad de tal contenido. El prefijo "un" sería, entonces, la señal de la represión. La naturaleza secreta de la experiencia del retorno involuntario de la misma situación o experiencia estaría apoyada en el sentimiento de que ese extraño no sería algo ajeno o nuevo, sino algo muy familiar.

No obstante, entiendo que este "otro" va a ser inicialmente una proyección mimética de lo mismo, pudiendo volverse doble solamente a posteriori. La constitución de un "dentro de sí", un topos cuya espacialidad y temporalidad puedan ser la morada de un sí en permanente conocimiento y desconocimiento de sí, estará apoyada en la posibilidad de reconocimiento de la proyección mimética de lo mismo como algo del orden de la presentación (Darstellung), situado como está en primer plano de la experiencia psíquica. Pero, registremos: será en este mismo texto, de 1919, en que Freud considera que "todo lo que debería haber permanecido … secreto y oculto pero vino a luz", será percibido como Unheimlich.

Pero 1920 va a ser el año de publicación de "Mas allá del principio del placer", ensayo que termina por establecer el dualismo pulsional entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte. En esa medida, si entendemos que el concepto de compulsión de repetición comporta otras nociones cruciales como la noción de principio del placer, de pulsión de vida y de pulsión de muerte y la noción de ligazón (Bindung), aquello que está destinado a la  compulsión de repetición es lo que no logra órdenes de significación estructurantes, lo que insiste bajo el modo de la pulsión de muerte.

Así es que el uso de la denominación "intensidad transferencial" para llamar la atención del aspecto económico de la transferencia, en momentos de un análisis en que el trabajo de libre asociación está algo así como trabado por esta misma intensidad, apunta para la reactivación del displacer producido por grandes cantidades no metabolizables por el psiquismo incipiente, en el cual la capacidad de ligazón del aparato psíquico será lo que va a definir las posibilidades de dominio de esta energía.

Siendo así, mientras que aquello que es del orden de la presentación (Darstellung), situado como tal en el primer plano de la experiencia psíquica, puede ser reconocido como algo relativo a la experiencia de la proyección mimética del mismo, la experiencia del doble representaría en si una "regresión tópica" al momento psíquico pre-especular de lo "no separado". Una espacialización ilusoria de un dentro que normalmente permanece sellado por la represión estructurante, que representa el cierre que separa el si mismo del otro.

Baranes también sugiere que "el doble es, al mismo tiempo, mirada o espejo de petrificación, de atracción de muerte y estabilizador de potencias de lo extraño, pero también elemento operador con la función de mediador entre el mismo y el otro" [21]. Es importante que podamos retener esta idea, tanto en lo que se refiere a la psicoanalítica freudiana como a la escritura borgeana: la sugestión de que el doble opere como mediador entre el mismo y el otro.

Así, cuando los espejos dejaron de despertar los temores infantiles de Borges se convirtieron, en su universo, en emblemas del doble, del otro, de lo que podría ocurrir en este mas allá inaccesible. Es en esa medida que el juego de espejos instaurador del universo borgeano, este movimiento constitutivo de apoderarse de si mismo continuamente, ya sea observándose a si mismo, ya sea a su doble, instituye este lugar psíquico de constitución de subjetividad.

La presencia de ambiguedad instauradora de la figura del doble, este lugar mismo de relación de límite "entre" mismo "y" diferente, se vuelve, entonces, pasaje obligatorio, que va desde el desdoblamiento (de/sobre si) a la alteridad. Segundo Baranes, en lo que se refiere a la experiencia psicoanalítica, el doble es el precursor indispensable para la ascención a la alteridad, y condicion indispensable para un óptimo desarrollo del proceso analítico.
Psiquismo y sujeto del inconsciente: destinos de pulsiones.

Joel Birman, en un artículo acerca del indeterminismo de la pulsión en el discurso freudiano, observa que la problemática que paulatinamente se inscribe en el recorrido freudiano es la de cómo el registro de la cualidad se constituye a partir del registro de la cantidad. En otras palabras, como se constituye la producción de representaciones en el aparato psíquico, considerándose la primacía del registro económico en la metapsicología.

Birman propone que los ensayos metapsicológicos de 1915, en especial "Pulsiones y destinos de pulsión", intentarían responder a esta indagación. En estos ensayos, la pulsión pasa a ocupar la posición estratégica de concepto fundamental de la teoría psicoanalítica, es decir, de concepto fundador de los demás conceptos metapsicológicos. Es posible agregar que el concepto de pulsión, en su estatuto de concepto fundamental – un Grundbegriff – es concepto-límite que no apunta a ningún otro que le sea mas fundamental, sólo para los límites referentes a la propia teoría. Al introducir el concepto de pulsión, Freud introdujo un concepto que no posee una sustancia, cualquiera que sea, como referente. Tampoco hay, en lo que concierne a las pulsiones, ninguna determinación a priori, así como tampoco hay diferencias cualitativas entre ellas.

En esa medida, Birman adelanta la idea de que una reformulación epistemológica esencial se esbozó en la teoría psiocanalítica, en la medida en que sus fundamentos estarían siendo recompuestos. "El inconsciente no sería mas, como estaba establecido hasta entonces, el concepto fundamental del psicoanálisis. Ahora, la pulsión ocuparía tal lugar y el inconsciente sería un concepto derivado en la metapsicología freudiana" [22].

La consecuente formulación de Birman será, así, que el psiquismo y el sujeto del inconsciente serian destinos de pulsiones, a partir de que estas sean concebidas en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo. "El sujeto del inconsciente es uno de los destinos de las pulsiones, destino privilegiado, ciertamente, al lado del ‘retorno sobre el propio cuerpo’, de ‘transformacion de la actividad en pasividad’ y de la ‘sublimación’. Es en este contexto, entonces, en que el sujeto del inconsciente se constituye en el psiquismo como un desdoblamiento de las vicisitudes de las pulsiones en el campo del otro"; (con eso), "el sujeto como destino es siempre el de un proyecto inacabado, produciéndose de manera interminable, si es presentado siempre como una finitud de cara a sus impasses, confrontado a lo que le falta y a lo que no es" [23]. En esa medida, si la primera tópica se basa en el campo (red) de representaciones, la segunda subraya la existencia de un polo pulsional del psiquismo, el Ello, inexistente anteriormente.

Emilio Rodrigué, uno de los biógrafos de Freud, considera entonces que "el libro de los sueños brinda, en realidad, el tercer modelo de aparato psíquico; el primero, el aparato de lenguaje en la ‘(Interpretación de las) Afasias’(1891); el segundo, el modelo neuronal del ‘Proyecto (para una psicología científica)’, (1895); el tercero, sería la estructura presentada en el capítulo VII, modelo que articula los dos anteriores y que se aplicaría inclusive al carácter" [24].

Así es que el capítulo séptimo de esa obra será el que inaugura conceptualmente la formulación freudiana metapsicológica acerca del aparato psíquico. Al describir los sueños como pudiendo ser analizados a partir de un cuadrilátero – condensación, desplazamiento, sobredeterminación y realización de deseo – que se apoya en la postulación del sistema inconsciente, Freud concibió las leyes universales que regulan el funcionamiento psíquico. La ordenación de ese campo teórico irá a consolidarse hasta los ensayos metapsicológicos de Freud de 1915, cuando fue formalizada la primera tópica.

Recordemos, rápidamente, el método clásico de análisis de las psiconeurosis: un método extractivo, técnica de la interpretación, levantamiento de la represión. El retorno de lo reprimido se realiza, entonces, por medio de la libre asociación impuesta por la regla fundamental. Solo podría tener por objeto los elementos que ya hayan sufrido la represión secundaria o propiamente dicha, aquella del a posteriori (Nachdrängen), como conjunto consciente o preconsciente, habiendo adquirido en el transcurso de la historia del sujeto, estructuración suficiente para haberse inscripto en un cuadro memorial. Se trata, así, de hacer circular los fantasmas inconscientes que determinan el complejo sintomático y lograr su perlaboración en el pre-consciente.

Así, lo que está efectivamente en causa en la primera tópica es una teoría de los lugares psíquicos (tópica) en la cual la represión primaria, primer momento de la operación de represión, va a fundar la división entre los sistemas inconsciente, pre-consciente, consciente. Sin duda, las premisas que determinan el método implican generar las bases para que se instaure lo que llamamos cura, ofreciendo parámetro para seguir sus movimientos.

En esta medida, si la primera tópica intenta destacar diferentes modalidades de representación psíquica – inconsciente, pre-consciente y consciente –, la segunda tópica intenta agregar al campo de las representaciones el registro de las intensidades transferenciales en el cual la pulsión es concebida en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo. Se hace necesario, entonces, constituir destinos posibles para las fuerzas pulsionales, ordenando circuitos e inscribiendo la pulsión en el registro de la simbolización.

Así, cuando el psicoanálisis se enfrenta con la existencia de marcas que se encuentran en los límites del sentido y de lo representable, la estrategia del desciframiento es considerada insuficiente para el trabajo analítico. Es este el momento en que la estrategia de la "construcción" va a adquirir un significado fundamental y se constituirá como una operación, aunque complementaria al uso de la interpretación, imprescindible al trabajo analítico.

Es en ese sentido que va a ser lugar y función del analista posibilitar, junto con el analizando, este trabajo de ligazón de aquello que está destinado a la compulsión de repetición, de aquello que insiste bajo el modo de la pulsión de muerte, proporcionando, entonces, que lo mismo que es del orden de la presentación (Darstellung), ubicado en primer plano de la experiencia psíquica, tenga su pasaje al registro de la representación (Vorstellung) facilitada.



Vale la pena escribir para llegar a desconocerse [25]

Sin duda, la concepción del sujeto (del inconsciente) como destino de las pulsiones, cuando son entendidas en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo, va a ser lo que posibilitará que pensemos en el acto de creación, de la escritura, como creación de un sujeto, como lugar psíquico de constitución de subjetividad.

También Kovadloff sugiere que toda obra es autobiográfica, en la medida en que exprese con propiedad las tensiones derivadas del contacto con las oscilaciones entre la certeza y la incerteza de ser. Las metáforas de un escritor, sus temas, le servirán para realizar este desplazamiento del campo de lo inequívoco para el campo de la ambigüedad. Dicho una vez mas, el acto creativo sería la creación de un sujeto. Borges ya nos había llamado la atención sobre la manera por la cual los textos "lo escribían", al revés de lo contrario – "yo vivo, me dejo vivir, para que Borges pueda hacer la trama de su litertura y esa literatura me justifica".

Se pregunta Kovadloff: "¿qué es hablar o escribir con propiedad? ... Escribir con propiedad significa poder poner en escena la particular intensidad con que uno vive el acceso al fecundo y renovado desconocimiento de sí mismo y del mundo. Un poema verdaderamente logrado jamás opera como espejo. El autor no lo reconocerá si al verlo puede decir éste
soy el yo que conozco sino que lo reconocerá sólo si puede decir: el desconocido que ha creado este texto también soy yo. La obra que desmiente la familiaridad de los contenidos que nos adjudicamos restablece, aunque sea por un momento, el contacto con nuestra propia imponderabilidad" [26]. Es en esa medida que también la escritura borgeana puede ser entendida como lugar psíquico de constitución de subjetividad.

Sabemos, sin duda, que la constitución del sujeto implica asumir una deuda frente al otro sin lo cual el sujeto no tendría condiciones de existir, ya que no es causa de sí mismo, pudiendo advenir únicamente a partir del otro. Entondes, al valerse de la figura del doble, aqui entendida como un elemento operador con la función de mediador "entre" el mismo "y" el otro, Borges creó un dispositivo para sí mismo que permitió, sí, que el autor pudiese, mas allá de borrar la imagen paterna, incorporar sus antepasados, herencias familiares y literarias de modo de establecer un diálogo creador con su propia escritura.

Si al interpretar el circuito autoerótico – necesario – que se instaura en los momentos de compulsión a la repetición en el interior de un análisis, el analista remite a su analizando al encuentro con la alteridad, al valerse de su juego de espejos, lugar de esa relación de límite "entre" mismo "y" diferente, Borges está permanentemente lanzándose a si mismo, escritor, y a sus lectores, al encuentro de la alteridad.

Desconocerse y conocerse, desconocerse y conocerse, una vez mas, tanto por medio de la experiencia psicoanalítica, cuanto por medio de la escritura, implica la posibilidad de entrar en contacto con nuestra propia imponderabilidad, ampliando así el paisaje de nuestras memorias. Si la trayectoria de "Georgie" a Borges fue larga, como resalta Woodall, no menos trabajoso fue el recorrido de "Sigismund Schlomo Freud" a Sigmund Freud.



Bibliografía

 1-   Ensayo publicado originalmente en Percurso, Revista de psicanálise. São Paulo, año XI, n° 22, 1° semestre de 1999, p. 49-57. Traducido del portugués por Sara Hassan. Ver también
        Bartucci, Giovanna. (1999) Entre o mesmo e o duplo, inscreve-se a alteridade. Psicanálise freudiana e escritura borgiana". In: Bartucci, Giovanna (org.). Psicanálise, Literatura e Estéticas de Subjetivação. Rio de Janeiro, Imago, 2001, p. 369-386.
       Bartucci, Giovanna. (1999) "Entre le même et le double s'inscrit l'altérité: Psychanalyse freudienne et écriture borgésienne". Literary Research/Recherche Littéraire. Vol. 18, n° 35: Spring-Summer/printemps-été, 2001, p. 79-89.
2-   Psicoanalista, ensayista. Miembro del Departamento de Psicoanalisis del Instituto Sedes Sapientiae (Sao Paulo), doctorada en Teoria Psicoanalítica por la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), Maestría en Psicologia Clínica (PUCSP), B.A. en Estética da Recepção (Bates College, EUA.). Colaboradora de los diarios Folha de S.Paulo, Jornal do Brasil y Zero Hora, hapublicado ensayos y artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales. Es autora de Borges: a realidade da construção. Literatura e Psicanálise, Imago, 1996, A doença da morte: um direito de asilo, Annablume, 1998, organizadora de Psicanálise, Cinema e Estéticas de Subjetivação, Imago, 2000, Psicanálise,Literatura e Estéticas de Subjetivação, Imago, 2001, y Psicanálise, Arte e Estéticas de Subjetivação, Imago, 2002. Dirección: Rua Amalia de Noronha, 383 – apto. 109. Jardim America – 05410-010 – Sao Paulo – S.P. – Brasil. Email: gbartucc@uol.com.br
3-    Kovadloff, Santiago. (1991) La creación del arte. In: Vegh, Isidoro (org.). La creación del arte: incidencias freudianas. Buenos Aires, Nueva Visión, 1991, p. 96.
4-    Freud, Sigmund. (1900) La interpretación de los sueños. Sigmund Freud Obras Completas. Buenos Aires, Amorrortu editores (A.E.), vol. IV, 1989, p. 27.
5-    "Borges estuvo en tratamiento por casi tres años, de 1946 a 1949. Iba dos veces por semana. Esas sesiones eran muy agradables para mi porque no todo era psicoterapia … A veces incluíamos el problema de la angustia que él sufría como neurótico …", citado en Woodall, James (1996), Jorge Luis Borges: o homem no espelho do livro. Rio de Janeiro, Bertrand Brasil, 1999, p. 398.
6-    Citado en Woodall, James. (1996) op.cit., p. 183.
7-    Cf. Bartucci, Giovanna. (1998) Transferência, compulsão à repetição e pulsão de morte. Percurso, Revista de psicanálise. São Paulo, año XI, n° 21, 2° semestre de 1998, p. 43-49.
8-    Cf. Bartucci, Giovanna. (1985) Borges: a realidade da construção. Literatura e psicanálise. Rio de Janeiro, Imago, 1996.
9-    Cf. Birman, Joel. Estilo e mordernidade em psicanálise. São Paulo, Ed. 34, 1997.
10-  Citado en Woodall, James. (1996) op. cit., p. 185.
11- Ibid., p. 56.
 12-Ibid., p. 357.
13-    Souza, Eneida Maria de. Traço crítico: ensaios. Belo Horizonte/ Rio de Janeiro, Ed. UFMG/ Ed. UFRJ, 1993, p. 102 e 104.
14-    Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 102.
15-    Borges, Jorge Luis. (1972) The gold of the tigers. New York, E. P. Dutton, 1977, p. 8.
16-    Citado en Shaw, D. L. Borges: ficciones. Grant & Cutler, 1976, p. 71.
17-    Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 98.
18-    Citado en Barnstone, William. Borges at eighty. Bloomington, Indiana University Press, 1982, p. 47 e 101.
19-    Baranes, Jean-José. (1995) Double narcissique et clivage du moi. In: Le Double. Paris, PUF, 1997, p. 41.
20-    Borges, Jorge Luis. (1960) Borges e eu. In: Borges, Jorge Luis. (1960) O fazedor. Rio de Janeiro, Bertrand Brasil, 1995, p. 47.
21-    Baranes, Jean-José. (1995) op. cit., p. 42.
22-    Birman, Joel. (1997) op. cit., p. 60.
23-    Ibid, p. 10 e 37.
24-    Rodrigué, Emilio. (1995) Sigmund Freud: o século da psicanálise. 1895-1995. São Paulo, Escuta, vol. I, 1995, p. 403.
25-    Aunque haya adelantado tal formulación anteriormente (1985), dicha por un escritor (cf. Santiago Kovadloff) adquire estatuto de testimonio.
26-    Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 101.


Fuente: Comunidad virtual Russell