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domingo, 30 de noviembre de 2025

Del escritorio de Borges a una gran sala de lectura: así es la renovada Biblioteca Nacional de la calle México


Con una buena parte ya refaccionada, la sede histórica que dirigió el escritor es un tesoro asombroso. Está custodiada por un grupo de entusiastas eruditos que invitan a redescubrir este palacio neoclásico de película.

Mariana Mactas

23 de noviembre 2025


Por increíble que parezca, con su magnificencia, es una joya oculta en la ciudad. Así como los turistas de la antigua Roma se topan, al doblar una esquina, con el imponente Panteón, los distraídos paseantes de la Manzana de las Luces, frontera con San Telmo, se asombran al mirar hacia arriba y encontrarse con este palacio neoclásico. Salvando las distancias, pero no tanto: la ex Biblioteca Nacional, sobre la calle México, parece haber sido redescubierta en los últimos días por influencers y opinadores. Asombrados por su grandilocuencia, claman en redes sociales por mecenas, privados o lo que pueda llevarla de regreso a su esplendor original.

La Biblioteca Nacional fue creada en 1810 por el primer gobierno patrio, en 1901 se instaló en este edificio diseñado por el arquitecto italiano Carlos Morra. Había sido proyectado como sede de la Lotería Nacional, pero fue la gestión de uno de sus más famosos directores, Paul Groussac, la que logró que se convirtiera en casa de la lectura.

Como institución cultural más antigua del país, vivió en esta sede su época de oro. La que se percibe apenas se asoma uno a su gran sala de lectura, y siente que está en Hogwarts, en un decorado de película o de la imaginación. “Esta era la mejor sala de lectura del país, una ciudad de libros" —dice a TN Laura Rosato, codirectora de lo que hoy se llama Centro de Estudios Jorge Luis Borges, junto a Germán Álvarez—. “Una sala rodeada por estas bibliotecas con un sistema de escaleras para llegar a los tomos más alejados. Una belleza que además se relaciona con la historia de la biblioteca: para que el edificio la albergara, y en una tradición muy decimonónica, Morra suma la ornamentación con su historia institucional inscripta en la arquitectura”.

 

La mirada quiere perderse por todos los rincones. Pero hay que enfocar hacia arriba. A la enorme cúpula en la que sobresalen una suerte de monedas doradas en las que están inscriptos los nombres de todos los directores, desde la fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires hasta Groussac. Luego, los escudos, el de la Ciudad de Buenos Aires y el de la Nación. Y los años de las inauguraciones.

Más abajo, en los capiteles, las materias del catálogo metódico que fue la primera organización: ciencias, letras, historia y derecho. Pero hay otro objeto increíble en esa sala tesoro, y es el reloj patrón. Tenía un sistema de relojería monumental francés que hizo instalar Groussac por el cual controlaba todos los relojes de la biblioteca. “Si te fijás, tiene una campanita”, indica Rosato. “Esa campanita sonaba a las 18:00 y les avisaba a los lectores que finalizaba el día de lectura, para que fueran cerrando”.

“La colección se inaugura en el mismo momento que el edificio”, cuenta Laura. “Era como uno se imagina, o al menos se imaginaba, las bibliotecas. No sé qué le pasa ahora a un lector joven, pero yo creo que un lector que va a una sala de lectura moderna un poco se desilusiona porque no hay libros”.

Por supuesto que la cúpula cierra con un gran vitral que ahora está almacenado para su conservación. “Es un vitral espectacular, barcelonés, con el cielo del Cono Sur, un cielo estrellado. Los restauradores de la Secretaría de Cultura hicieron la guarda como guarda de restauración”.

Claro, el otro director más famoso que Groussac fue Jorge Luis Borges. El autor de El Aleph ocupó en increíble escritorio circular del primer piso durante dieciocho años, entre 1955 y 1973. Ya estaba ciego cuando asumió el cargo, y fue desde ahí que trabajó, repasó y pulió su propia obra. Otra de las grandes razones por las que este lugar mágico, salvado del abandono y a la espera de vientos favorables que le permitan recuperar su esplendor original, tiene el potencial de convertirse en un centro de interés cultural y turístico a escala global.

Desde que la sede se mudó al edificio brutalista diseñado por Clorindo Testa sobre la calle Agüero, en 1992, este palacio de México 564 ha sido sede de diversos organismos y hoy alberga a cuerpos de danza y música. Vale la pena invitar a sumarse a las visitas guiadas, que agotan cupos todas las semanas. Deberán coordinar una visita guiada enviando un correo a centro.jlborges@bn.gob.ar.

Como está en proceso de refacción, las visitas no son aptas por ahora para personas con movilidad reducida. Tampoco es posible ver su mítico ascensor, uno de los primeros que tuvo la Ciudad de Buenos Aires, detenido por el tiempo. Pero sí se puede entrar a su magnífico hall con columnas de mármol, en el que se guarda bajo una vitrina la placa de bronce que debía colgar de su fachada, bellamente restaurada, para evitar que lo roben.

Se puede subir por la majestuosa escalinata que lleva al primer piso, donde están las oficinas del que hoy es centro de estudios borgeanos. Ahí está el despacho semicircular, la chimenea y la sala en la que Borges cumplía con su célebre cargo. Ahí está parte de la más rica historia cultural del país, custodiada por entusiastas eruditos, listos para transmitirla a quien quiera acercarse.

Fuente: Todo Noticias

https://tn.com.ar/cultura/2025/11/23/del-escritorio-de-borges-a-una-gran-sala-de-lectura-asi-es-la-renovada-biblioteca-nacional-de-la-calle-mexico/

domingo, 14 de noviembre de 2021

Borges o la revisión del universo


Héctor Yánover

Director de la Biblioteca Nacional Argentina (1994-1996)

 

Borges es un gran tema para un escritor porque obliga a la inteligencia, a la deducción, como en una novela policial, al acertijo, a la búsqueda, a la controversia. Como en los grandes libros, el universo está en él, y además Borges. No es para analfabetos, exige perspicacia, sutileza, todas condiciones de las que carecemos pero a las que aspiramos y Borges nos hacer creer que las podemos alcanzar, las pone en nuestras manos. Hablar de Borges como hablar de la Biblia nos obliga a la revisión del universo. Al inventario. Sus temas son la mortalidad, la inmortalidad, el descreimiento, la fe, los libros que son El Libro y la necedad como enemigo. Por algo Borges decía que la religión era la hermosa, porque se basa en el libro, en la palabra, en la lectura de un hombre solo frente a la inmensidad, al terror, a la benevolencia.

 

El hombre exige a Dios, su alma se lo exige, exige a Borges, un vasto universo donde nos sentimos cómodos porque estamos hechos a su imagen y semejanza. Borges es importante para los que quieren saber. Para los que no quieren saber, no existió nunca. Desconfiaba del pensamiento rígido, del reglamento, por eso tantos reportajes; para enseñar a dudar y a contradecirse y encontrar un camino propio en medio, a través, con las contradicciones.a su imagen y semejanza.

 

Podemos seguir dando datos, acercar la lupa y ver detalles, escuelas, señalar modos, quedarnos en el imperio más frecuente, el de los lugares comunes. Darío son las marquesas, Vallejo los cholos, Neruda cuerpo de mujer o Stalingrado y Borges los tigres, los espejos, las espadas, el laberinto. Pero con todo eso no hacemos absolutamente nada. De lo que se trata es de leer un poema y sentirlo con la piel y con los huesos. Les voy a contar cuáles son algunos de mis poemas. Porque poemas hay muchos. Muchas veces me sorprendo escuchando que citan como ejemplo alguno que no es de aquellos que escribió cuando Dios puso las palabras en su boca. Sino los del oficio. Los que cualquier Borges puede escribir (ahora que se han multiplicado) y no Jorge Luis.

 

- Poema conjetural. -Baltasar Gracián

 

- Fundación mítica -Le regret d'Héraclite

 

- Un soldado de Urbina - A un poeta menor de la antología

 

- El gólem -La noche que en el sur lo velaron

 

- Leopoldo Lugones -El tango

 

- Borges y yo -Milonga de Jacinto Chiclana

 

-Poema de los dones -A un viejo poeta

 

-Límites -El general Quiroga va en coche al muere

 

"La poesía (¿el arte?) es la inminencia de una revelación que no se produce". Creo que no se puede dividir a un ser humano y esto ya lo sabía Salomón. Tampoco se puede dividir a un creador y poner aquí la prosa, aquí la poesía; son convenciones por supuesto, para poder estudiarlo mejor, pero sería imposible que alguien pretendiera decir que ha leído a Borges sólo porque ha leído sus cuentos. Borges le debe mucho a Marcelo Abramovicz a quien conoció en Ginebra y que fue quien le presentó nada menos que a los grandes poetas del simbolismo y la modernidad: Baudelaire, Rimbaud, etc. y a Rafael Cansinos Assens, un probable lejano descendiente de sefarditas que reivindica su ser judío y es el adalid español del ultraísmo que Borges importa al Río de la Plata. Estoy seguro que estos judíos que tampoco podemos dividir le dan junto con la literatura, su sentido de la unicidad y la Biblia, y de esa forma Borges no sólo es judío sino también griego, escandinavo, celta y vikingo y sobre todo argentino, porque esa es nuestra herencia occidental y literaria que Borges acepta, encarna y nos lega. La tendencia a dividir pone lo mortal y lo inmortal en distintos lugares, y como los pueblos tienden a no pensar aceptan la idea del ser separado. Borges en cambio tendía en sentido contrario, a pensar y no sólo a pensar sino a oír y, en primer lugar, a oírse a sí mismo. La Biblia es ese libro circular que su abuela Francis Haslam sabía de memoria. Dios, dice, es el verbo circular.

 

Si tuviese que definirlo de manera que en su presencia no nos sonrojáramos, diría que era un lector. El dice: lector hedonista, un lector que leía con placer, que gozaba con la lectura y que ese amor por la lectura le educó el paladar. Borges educa su pasión por los libros, aprende a leer, lee toda su vida, esa pasión no decae. Cuando comienza a escribir, su sentido crítico ("hay que llegar al propio crítico" le escribe Rilke a Kapus) lo va guiando y a veces bandeando, es un autodidacta avalorado por un vago bachiller ginebrino y así deviene ultraísta, simbolista, expresionista, folklorista. Llena de palabras del Río de la Plata sus textos, se enamora y desenamora de las metáforas, odia y ama a Leopoldo Lugones, proclama el verso libre y vuelve a la rima y a los sonetos, se ríe y ama a su país, está en Sur y ora lo defiende, ora no le gusta, es Borges y no le gusta, es argentino, de pronto parece que más que nada y no le gusta, habla el español y tampoco le gusta. Vive en conflicto, en guerra con sus entrañas y lo lee todo y lo procesa todo en esa máquina maravillosa que hace él mismo, artesanalmente, y que le fue otorgada por Jehová Dios porque se le dio la gana.

 

Nunca como ahora que los diarios se han inundado de Borges, ha quedado al descubierto tanto la ignorancia como el profundo respeto en torno a su obra. Borges tenía razón cuando decía que él era el escritor más comprado y menos leído. De ese quedarse afuera de Borges han dado testimonio fehaciente locutores de radio y televisión, animadores, charlistas, comentadores y críticos. También en revistas y diarios serían muy contados los nombres que realmente saben de qué están hablando. Propondría hacer un club Borges, si no estuviese seguro que "ellos" serían los organizadores.

 

Vamos a hablar de Borges y la literatura argentina. Tema importante porque contribuyó como pocos a enaltecerla. Nosotros que hablamos esta lengua nos damos cuenta de hasta dónde Borges es argentino, son sus buceos en este idioma nuestro los que lo han puesto donde está, sus búsquedas hasta encontrar el engarce que Dios le había marcado a sus palabras. Es notable cómo algunos países se las ingenian para incorporarlo a su panteón sin abdicar sus fronteras. Para los rusos, si hay gauchos en Borges hay cosacos en Gogol y eso, al emparentarlos, lo hace ruso. Para los alemanes Borges es un hombre universal, como Goethe, por lo tanto es alemán. Para los ingleses no hay duda, por el idioma que amó, la Biblia que leyó y los autores que cita profusamente. Además, George Steiner acaba de calificarlo "extraterritorial", ergo, es inglés, y casi todos ellos lo leen traducido y la traducción ¿no es con respecto al original, como el Golem al hombre? Esto sucede quizá porque no pueden aceptar que del perdido sur de los mapas, allí donde sólo habitan tribus que "disputan su tasajo con blanca encía y afilados dientes", pueda surgir Borges, que es -creo yo- más argentino que el pan criollo y por lo mismo, universal.

 

Borges supo encontrar sus palabras y dirigirlas hacia la difícil claridad con esfuerzo y con genio. Se apropió de la imaginación argentina, de los reverberos del lenguaje rioplatense, del destino de las palabras de sus mayores y aún las de sus herederos. El 9 de marzo de 1926 dice: "Criollismo pues, pero un criollismo que sea conversador del mundo y del yo, de Dios y de la muerte. A ver si alguien me ayuda a buscarlo". Tuvo la gentileza de ofrecer a cada cual una atalaya desde donde creemos que oteamos y conocemos su obra: podemos elegir cuchillos bibliotecas, espejos, tigres, laberintos. Borges no es avaro en sembrar pistas para que cada cual inicie su viaje por donde quiera. Me gusta la frase de Van Wyck Brooks que cita Pedro Salinas en Al Defensor: un gran escritor es un gran hombre que escribe.

 

Fuente: Lehman College

https://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v1n1/intro_04.htm

sábado, 25 de agosto de 2018

"Conferencias de Jorge Luis Borges (1945 - 1955)"


 En el antiguo edificio de la Biblioteca Nacional, donde funciona su Anexo Sur, se presentó  "Conferencias de Jorge Luis Borges (1945 - 1955)", un sitio interactivo que pone al alcance del público las conferencias, charlas y cursos que dictó uno de los más importantes autores argentinos del siglo XX durante esos años.

El sitio permite filtrar los contenidos por fecha, por tema o por ubicación.

Este proyecto fue realizado por el grupo de investigación “Escritura e invención”, radicado en la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Mar del Plata, con lugar de trabajo en el CELEHIS. El grupo está dirigido por la Dra. Mariela Blanco, investigadora del CONICET y docente de Literatura Argentina de la UNMdP. Desde 2014 el grupo lleva adelante estudios sobre los escritores Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. “En busca del habla de Borges”, financiado por el Fondo Nacional de las Artes, se enmarca dentro de estos proyectos de investigación.

El Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges contribuyó en la aplicación de herramientas y métodos de las ciencias de la información para desarrollar una interfaz que permite acceder a los datos de esta investigación, aporta conclusiones y la hace atractiva al público general y al especializado.

El acceso al sitio se encuentra en la página del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges

Ir a Conferencia Borges: http://centroborges.bn.gov.ar/

martes, 27 de febrero de 2018

Alberto Manguel: “El Buenos Aires que existe en el mundo fue inventado por Borges”



por Ryan, Romina

El director de la Biblioteca Nacional, Premio Formentor 2017, recuerda sus años juveniles, cuando concurría al departamento de Jorge Luis Borges a leerle en voz alta. También adelanta sus proyectos para la institución que preside y destaca la importante labor editorial que existe en nuestro país.

Autor de libros eruditos y cautivantes como Una historia de la lectura o Una historia natural de la curiosidad, Alberto Manguel pasó sus primeros años en Israel, donde su padre era embajador argentino. Durante la adolescencia conoció a Jorge Luis Borges en la librería Pigmalión y aceptó concurrir a su casa a leer varias veces a la semana entre 1964 y 1968 (de ello da cuenta en Con Borges). Luego partió a Europa, volvió cuando ganó el Premio La Nación, emigró nuevamente; escribió y trabajó para distintas editoriales y universidades en todo el mundo, y en junio de 2016 asumió como director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina.
Nos recibe una mañana con puntualidad y severa cordialidad en su despacho de la Biblioteca. Viste con elegancia y busca las palabras precisas antes de responder a las preguntas. Fue apenas unas semanas antes de recibir el Premio Formentor 2017, prestigioso lauro literario por su carrera dedicada a una “minuciosa recreación del arte de leer”.

¿Cuáles son los principales recuerdos de los años en los que le leyó a Borges?

En ese momento yo no sabía que Borges estaba haciendo una transición muy importante. Cuando se quedó ciego, a mediados de los ‘50, decidió dejar de escribir prosa: decía que necesitaba ver su mano escribir. Poesía sí, porque le venía como música y él podía dictar las palabras. Pero a principios de los ’60 esa cosa inevitable que es la imaginación del escritor se llenó tanto de historias e ideas que no pudo seguir sin escribirlas. Entonces decidió regresar a las ficciones. Pero como buen profesional, porque él era un técnico y un mecánico de la palabra en el mejor sentido, como un cirujano, decide revisitar las que para él eran obras maestras; no para recordarlas porque las sabía de memoria, sino para poder analizar el texto como un estudiante de latín: desmenuzar la frase, advertir cómo funciona la gramática, como un ejercicio de lógica. Cuentos de Kipling, Henry James, Leon Bloy, Stevenson…

Stevenson fue siempre un gran amor para Borges. ¿A qué adjudica su eclecticismo donde convive la admiración por autores tan distintos, como León Bloy, Conrad, Wells, Melville o Chesterton?

Todos esos autores tienen en común ser estilistas de una perfección casi absoluta. Borges nos recuerda, en el título “El hacedor”, que para los anglosajones “poeta” se decía “maker”, la persona que hace, el artesano. A él le interesaba ese aspecto de la literatura. Ideas y argumentos podía tener cualquiera, pero sólo un buen escritor podía armar esas ideas con las palabras precisas. Stevenson no fue todavía reconocido como el gran escritor que es porque a los ingleses les parece que un libro entretenido no puede tener suficiente valor intelectual. Pero Stevenson es uno de los escritores que sabe utilizar el lenguaje como un instrumento de precisión. Graham Greene, en un estudio sobre Stevenson, cita un párrafo de su última novela inconclusa donde no hay un solo adverbio ni un adjetivo, porque sabe elegir las palabras exactas para contar la historia. Alguien tendría que hacer una antología de sus cartas sobre la escritura; son una muestra de la inteligencia del escritor que entiende qué significa escribir.

A todos los que hemos tenido la posibilidad de visitar a Borges en la calle Maipú nos llamaba la atención los pocos libros que había, ¿verdad?

La biblioteca de Borges consistía en pocos libros, algunos que quería volver a leer o que le leyesen, algunas enciclopedias porque le gustaba esa presencia, pero era sorprendente la austeridad. Borges era uno de los mejores y más grandes lectores, con todo lo que eso significa, de todos los tiempos –la literatura y sobre todo la lectura se pueden definir como antes o después de Borges–, pero era un lector a quien no le interesaba el objeto físico del libro. Le gustaba algún tomo, otro tenía un valor sentimental, pero regalaba sus libros a todo el mundo. Al final del curso, le regaló un libro de su biblioteca a cada uno de sus alumnos de anglosajón. Cuando yo me fui a Europa me regaló el Stalky & Company de Kipling, que él había leído en su adolescencia.

Es notable el Borges de la reescritura o la corrección de sus textos.

En un ensayo de los años ’30, “Las versiones homéricas”, donde se refiere a las traducciones de Homero y las distintas lecturas de esas traducciones, sostiene que la noción de texto definitivo no pertenece sino “a la religión o al cansancio”. La religión decreta un dogma y no puede cambiar una palabra; el escritor corrige hasta que dice basta y publica. Para Borges decir que una versión es mejor que otra es un sinsentido, no puede justificarse; todas son versiones de un mismo texto. Dice que la traducción puede considerarse otra versión del texto, y que las versiones de un mismo escritor pueden suponerse como traducciones a un mismo idioma. En el campo de la reescritura, Borges reafirma la debilidad y la grandeza del lenguaje. Grandeza porque a través de sonidos, de gruñidos, podemos expresar ideas importantes, pero al mismo tiempo sabemos que nunca podremos expresar absolutamente; que cuando decimos “agua” nombramos tantas cosas y tan pocas cosas al mismo tiempo que necesitamos rodear la palabra de contexto. Y en ese sentido la metáfora es una suerte de muletilla del lenguaje: lo hacemos más ambiguo para tratar de justificar la pobreza de nuestra comunicación. Raymond Queneau decía que todo libro es la Ilíada o la Odisea, porque la vida es una batalla o un viaje. Estamos siempre reescribiendo, a veces nuestros textos y a veces los de otros. Borges seguía reescribiendo en la Biblioteca; tenemos ejemplos notables.

¿Quién sería el lector perfecto para usted?

He escrito un texto que se llama “Notas para una definición del lector ideal” y se publicó en mi colección de ensayos El sueño del rey rojo. Pienso que el lector ideal es sobre todo aquel que siente que ese libro fue escrito para él, que reconoce que ciertas experiencias e ideas que tuvo están puestas en palabras de una forma que refleja su pensamiento y su emoción. Leer es un acto reflexivo, porque las palabras son neutras hasta que un lector les da de nuevo sentido. Borges, nuevamente, define eso de manera exacta en Pierre Menard, autor del Quijote: “la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo…” y hace una lista que es un elogio retórico de la historia común y corriente. Esas mismas palabras, supuestamente escritas por Pierre Menard, en el siglo XX, son revolucionarias. Anticipan a Trump. Decir que la verdad es la hija de la historia y, por lo tanto, que la verdad es lo que decimos que es verdad, suena como un escándalo. Borges lo dice muy claramente y eso define al lector ideal. Trump sería el lector ideal de Pierre Menard.

A un año de asumir como director de la Biblioteca Nacional, ¿cómo vive esta experiencia tan distinta a las tareas académicas y de escritura?

Sigue siendo una experiencia extraordinaria; nunca imaginé estar en la Biblioteca Nacional y que supusiese tantas cosas. Me he convertido en electricista, psicólogo, diplomático, empresario, recaudador de fondos, contable, legalista… Los problemas son infinitos y es una institución complejísima, pero tenemos un personal extraordinario, cientos de personas que tienen experiencia de décadas en lo que están haciendo y que conocen a fondo cada detalle de las actividades esenciales y secretas de la biblioteca: preservación, atención a los no videntes, audiovisual, mapoteca… una infinidad de cosas. Me gustaría que el público sepa que la Biblioteca no es una serie de estanterías con documentos y una sala de lectura, y que los proyectos que tenemos son infinitos. Estamos consiguiendo mucho y creo que vamos a lograr, con el trabajo de todo el equipo, una Biblioteca con una identidad respetable, convincente, nacional e internacionalmente.Es muy importante la relación con las provincias y también hemos firmado acuerdos con España, Francia, Colombia, Estados Unidos y otros países.

¿Puede adelantarnos algún proyecto?

Una de las primeras exposiciones internacionales que vamos a hacer el año que viene es a partir der un acuerdo con la Biblioteca Municipal de Nueva York. Ellos tienen el manuscrito del cuento de Borges “La lotería en Babilonia” y nosotros tenemos la edición de la revista Sur donde lo publicó, corregido por él, completamente cambiado; también contamos con los libros que Borges consultó para escribirlo, anotados por él, y tenemos otra versión del cuento manuscrito. Con todo esto vamos a hacer una exposición, con un catálogo bilingüe, que abrirá en Nueva York y luego llegará aquí. Además estamos organizando otras muestras internacionales con la British Library, la Biblioteca Nacional de Australia… En agosto próximo, a partir de un acuerdo con la Biblioteca Nacional de Colombia tendremos la exposición García Márquez para celebrar el aniversario de Cien años de soledad. Vendrá Mercedes Barcha, la viuda del escritor, por primera vez desde que visitó la Argentina con su marido, y traerá la máquina de escribir en la que él escribió la novela. Estas iniciativas son fiestas y le dan nueva vida a la Biblioteca.

Está trabajando para recuperar el edificio de la calle México, donde funcionaba la antigua Biblioteca, para instalar el Centro Internacional de Estudios Jorge Luis Borges. ¿Cómo es el proyecto?

Uno de los muchos problemas que heredamos de la administración anterior es que el edificio de la calle México había sido cedido en parte al Departamento de Música y que la sala de lectura, por ejemplo, se había convertido en sala de ensayo del Ballet Folclórico Nacional. Lo que se pudo rescatar es el primer piso, donde estaba la oficina de Borges, y dos de nuestros bibliotecarios excepcionales, Laura Rosato y Germán Álvarez, están tratando de restaurar esos espacios. Ellos serán los directores del Centro de Estudios Internacionales Jorge Luis Borges. Es un escándalo que en la Argentina aún no tengamos un centro así. Idealmente quisiéramos instalar una Biblioteca Borges, con todas las ediciones en castellano de su obra, todas las traducciones a lenguas extranjeras, todos los comentarios y críticas a la obra de Borges y lo que Rosato y Álvarez han denominado como una suerte de Galaxia Borges, que son los autores que influyeron en su obra y los que escribieron a partir de esa obra. Naturalmente los libros que ellos encontraron anotados por Borges también estarían allí, porque son ya del acervo de la biblioteca. Desgraciadamente no tenemos manuscritos de Borges, salvo una tarjeta en la que escribió un final alternativo para “Tema del traidor y del héroe”. Y quisiera contar con los fondos para comprar manuscritos de Borges o lograr que nos los donen. Yobtuvimos la donación de la biblioteca de Bioy Casares y Silvina Ocampo, que va a ser clave para ese Centro.

Seguramente allí deben quedar muchos rastros de Borges.

Esa generación se preocupaba por conocer la literatura nacional y extranjera en el pasado y en el presente; Bioy compraba muchos libros y a partir de esos libros, Borges y él trabajaban: con notas, con papeles, con proyectos, manuscritos de los dos, y también de Silvina. Hay mucho material de ella y en el que colaboró; también los libros de infancia de las hermanas Ocampo, que ya es un área de estudio. Luego de que pase por un proceso técnico de preservación tenemos que hacer un inventario muy detallado porque no sabemos exactamente todo lo que hay allí.

¿Por qué plantearlo como Centro Internacional?

Borges es una figura universal. Es argentino en el sentido en que él quería ser argentino, con la elección de ser universal. Investigadores de todo el mundo estudian su obra desde puntos de vista muy interesantes e inesperados. Si bien él se preocupaba de culturas árabes, chinas y demás, el contexto principal es la Argentina y Buenos Aires; él imaginaba a partir de aquí porque el Buenos Aires que existe en el mundo fue inventado por Borges, hoy es un pobre reflejo del que imaginó, del que dijo en ese poema temprano “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire”. Esa Buenos Aires que no se fundó, que siempre existió y sigue existiendo es la Buenos Aires que soñó Borges, y a partir de allí ve la Muralla china, las Mil y una noches, a los anglosajones, que se convierten en elementos porteños. En este contexto, en una segunda etapa queremos tener residencias de investigadores en el Centro para que puedan trabajar allí, y convertir la sala de lectura en una sala de referencia, con mesas para investigadores, como es el Centro Joyce en Irlanda o el Cervantes en España.

¿Qué puede hacerse desde la Biblioteca por tantos autores argentinos que son desconocidos para las nuevas generaciones porque no han sido reeditados?

En la administración de Horacio González tuvieron la muy buena idea de lanzar la colección “Los raros”, dirigida por Sebastián Scolnik, brillante editor de la Biblioteca, y estamos relanzándola. Queremos publicar, por ejemplo, artículos inéditos de Sabato y también de Alberto Salas. En estos momentos tenemos una exposición muy grande sobre el Centro Editor de América latina, que fue tan importante para difundir a muchos autores entre los argentinos. Por otro lado, relanzamos el sitio web de la Biblioteca y también la revista La Biblioteca, fundada por Paul Groussac en el siglo XIX, ahora en versión digital. Además, con la revista digital Marca de agua buscamos dar a conocer nuevos escritores, sobre todo argentinos.

¿Cómo se acompaña la promoción de los nuevos libros cuando están en franco declive los suplementos y las revistas literarias?

El mundo del libro está pasando por un periodo un poco confuso. Antes, quien recomendaba un libro al lector era el librero, el crítico o la aparición de textos de ese autor en revistas y suplementos literarios. Eso ya no funciona. Por un lado, en casi todo el mundo excepto en Buenos Aires, las librerías desaparecieron. Nueva York es una ciudad sin librerías; hay tres o cuatro cuya presencia pone más en evidencia la ausencia. Los suplementos literarios tienen menos interés en reseñas sesudas que en promocionar ciertos productos alentados por las grandes compañías internacionales de edición. ¿Qué queda? Sigue el voz a voz, lectores que recomiendan autores a sus amigos; pero en muchos países hay una ignorancia lamentable de lo que se escribe, sobre todo en los países de habla sajona. De todas maneras siguen surgiendo pequeñas editoriales que hacen el esfuerzo, pero se ven confrontadas al problema de la distribución, que está en manos de esas grandes compañías. En la Feria del Libro en Londres o en cualquier feria en los Estados Unidos no están ni los clásicos extranjeros y hay poca literatura contemporánea extranjera.Lo notable es que en Buenos Aires, uno va a la Feria del Libro y advierte la extraordinaria cantidad de muy buen material que se está publicando. Es posible por ejemplo encontrar a un autor turco poco traducido, Ahmet Tanpinar, que me parece extraordinario; o a un autor chino que considero uno de los más grandes escritores después de Joyce, Mo Yan.

Foto: Gentileza Biblioteca Nacional


 Fuente: Criterio Dgital