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domingo, 30 de noviembre de 2025

La Verde, una batalla olvidada: de la muerte del abuelo de Borges al increíble hallazgo de sangre en proyectiles desenterrados

 

En el marco de una revolución encabezada por Mitre, sus 5000 soldados fueron frenados por 800 hombres en una estancia bonaerense

Adrián Pignatell

 

Tal vez, cuando comenzó la batalla ya estaba dispuesto a que le volasen la cabeza o quizá fue parte de un final imaginado por su nieto escritor. En esas versiones en las que se confunde la épica con relatos orales familiares que refieren a los últimos instantes de vida, habría lucido un poncho blanco y montado un caballo del mismo color, y cabalgaba al galope frente a sus hombres hacia el mismo infierno donde los defensores estaban bien parapetados muñidos con modernos fusiles Remington. El coronel Francisco Isidro Borges, que desde Caseros había estado en todas, como en el sitio de Buenos Aires, Cepeda, Pavón, en la guerra contra el Paraguay, en la represión a López Jordán y en la lucha contra el indio, ahora era visto por sus pares, amigos y hasta ayer entrañables compañeros de trinchera, como un traidor.

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Francisco Isidro, quien en el futuro iba a ser abuelo del genial escritor Jorge Luis Borges, diez días atrás había cumplido 39 años, y dejaba a una joven esposa y a dos hijos de corta edad. Fue en La Verde, la batalla librada el 26 de noviembre de 1874, en el marco de aquella lejana y no tan conocida revolución. Ocurrió cuando Bartolomé Mitre llamó a la rebelión por el resultado de las elecciones en las que resultó electo presidente Nicolás Avellaneda, ya que había denunciado un fraude escandaloso.

Bartolomé Mitre había sido presidente

Bartolomé Mitre había sido presidente entre 1862 y 1868. En las elecciones de 1874 volvió a presentarse y fue a la revolución por el fraude cometido

 

Más de 130 años después, en esa extensión de la pampa bonaerense en el partido de Veinticinco de Mayo, un grupo interdisciplinario de arqueólogos e historiadores especialistas en el estudio de los campos de batalla, a partir de los vestigios hallados, como proyectiles, vainas y restos de bayonetas, aportaron nuevos elementos para la comprensión de dicho enfrentamiento, donde casi 800 hombres frenaron un ataque de cinco mil, y donde 300 perderían la vida. Esta es la historia.

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En 1874, Domingo Faustino Sarmiento terminaba su mandato presidencial y había estallado, literalmente hablando, la lucha por las candidaturas. Se anotaron Nicolás Avellaneda, que a mediados del año anterior había renunciado como ministro de Instrucción Pública, y era apoyado por el gobierno; Bartolomé Mitre, ex presidente y entonces senador nacional por el Partido Nacionalista, que le había entregado el gobierno a Sarmiento, y Adolfo Alsina, vicepresidente del actual mandatario, líder del Autonomismo.

José Inocencio Arias en sus

José Inocencio Arias en sus últimos años. Con solo 800 hombres enfrentó a un ejército de cinco mil

 

El conflicto explotó el 1 de febrero. Ese día, se celebraron elecciones a diputado nacional en todas las provincias. Los de Avellaneda se impusieron en 11, los de Alsina en dos y Mitre en una. Alsina decidió retirarse de la contienda y apoyó a Avellaneda luego de negociar el reconocimiento de sus diputados en detrimento de los mitristas, mientras que el ex presidente impugnó la victoria de su contrincante en la provincia de Buenos Aires, argumentando fraude. Hubo acusaciones cruzadas, con el agravante de que se aplicaba el sistema de lista completa, donde el ganador se quedaba con todas las bancas. Se decidió que la impugnación fuera tratada en el Congreso, en la apertura de sesiones, que sería el 13 de mayo.

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En el medio, el 12 de abril fueron las elecciones a presidente y Avellaneda consiguió una contundente victoria para el colegio electoral: 146 electores contra los 79 de Mitre. Este, acicateado por sus partidarios, que pugnaban por patear el tablero, cedió. Anunció que se debía hacer la revolución pero una vez que Sarmiento entregase el poder, porque el sanjuanino representaba a un gobierno constituido.

Una pequeña muestra de lo

Una pequeña muestra de lo hallado en el campo de batalla: proyectiles y botones en los que se distinguen el escudo nacional

 

La llamada “Revolución Mitrista” tuvo dos teatros de operaciones: Cuyo-Córdoba y provincia de Buenos Aires, aunque el alcance fue mayor: en Buenos Aires el general Ignacio Rivas; el general José Arredondo en Cuyo; el teniente coronel Plácido Martínez en Corrientes, el general Antonio Taboada en Santiago del Estero, y además se había plegado un sector de la Armada.

 

El gobierno, al tanto de los preparativos, decretó el estado de sitio, primero en el litoral y después a todo el país. El presidente Sarmiento presionó a los oficiales jefes a mantenerse leales al gobierno, entre ellos a Francisco Borges. Borges estaba comprometido con Mitre, ambos eran masones de la logia Confraternidad Argentina N° 2, pero el militar le aseguró a Sarmiento que tendría su fidelidad, ya que sabía que la revolución estallaría una vez que éste dejase el poder. Una vez ocurrido esto, entregó las unidades que comandaba, los regimientos 2, 3 y 5 de caballería de línea, que custodiaban la frontera norte contra el indio.

Así luce el paisaje donde

Así luce el paisaje donde 151 años atrás se desarrolló la batalla. Al cumplirse cien años, se colocó un monolito (Carlos Landa)

 

Si bien hubo enfrentamientos en distintos puntos del país, nos concentraremos en La Verde, combate del que hoy se cumplen 151 años. En la noche del 25 de noviembre de 1874 fuerzas del gobierno al mando del teniente coronel José Inocencio Arias acamparon donde sería la batalla. Al parecer, desobedeció las órdenes del gobierno de dirigirse a defender la estación de ferrocarril de Altamirano, punto de bifurcación de las vías. Primero avanzó hacia Las Flores, donde derrotó a la vanguardia de Mitre y acampó en La Verde.

 

Las fuerzas de Mitre al frente del llamado “Ejército Constitucionalista”, no estaban lejos y mandó a un parlamentario, que invitó a Arias a rendirse. Los mitristas eran 5500 contra 782. Pero Arias mandó decir que él y sus tropas estaban resueltos a morir peleando.

 

Arias era un uruguayo de 28 años que había tenido su bautismo de fuego en Pavón, y que en la guerra del Paraguay había sido gravemente herido en Curupaytí, donde perdió la audición de un oído. Por eso le decían “el sordo”.

Los estudios llevados adelante con

Los estudios llevados adelante con Luminol arrojaron resultados positivos de restos de sangre en algunos de los proyectiles desenterrados (Carlos Landa)

 

Arias colocó a los tiradores en la casa, en el corral y en una fila de árboles. En dos potreros repartió al batallón y a la caballería. Los revolucionarios decidieron avanzar en tres columnas, encabezadas por Mitre y su estado mayor. A sus flancos, estaba la caballería, detrás los infantes y cerraban tres escuadrones de jinetes.

 

Antes de iniciarse la lucha, Borges, a quien sus amigos habían apodado “Pancho”, se adelantó a todo galope con bandera blanca para convencer a su viejo y querido amigo Arias de que se dejase de locuras que la proporción era seis contra uno. No hubo caso. Se despidieron con un abrazo.

 

Cuando comenzó el ataque, la fusilería de las fuerzas del gobierno hizo estragos. Se usaron fusiles Remington calibre 43, de fabricación norteamericana, cuyas primeras remesas habían sido adquiridas por el gobierno de Sarmiento.

Parte del equipo de arqueólogos

Parte del equipo de arqueólogos junto a algunos elementos recogidos en el campo (Carlos Landa)

 

El embate de los mitristas, que también disponían de Remington aunque en menor medida, obligaron a los efectivos que estaban en los potreros a replegarse hasta una empalizada y un foso. Como el alambrado no estaba del todo expandido en el interior, los fosos cumplían la función de contener al ganado. Los soldados los habían excavado aún más, transformándolos en espléndidas defensas.

 

Luego de tres horas, Mitre le dijo al general Rivas: “El triunfo se ha hecho imposible. Es ya necesario ordenar la retirada”. Durante la batalla murieron entre 300 y 500 soldados, según las informaciones de la época.

 

Arias le escribió una carta a Mitre, informándole que se estaba ocupando de los heridos revolucionarios y había permitido que los soldados regresasen al campo de batalla a ocuparse de los compañeros. “Si V.E. puede hacerme saber de Borges, yo se lo agradecería en el alma”, pedía Arias.

 

Borges, en el medio de la refriega, había decidido morir. Montado en un caballo blanco, se envolvió en un poncho del mismo color y cabalgó al frente de sus hombres hacia donde se concentraba el fuego de los defensores. Fue alcanzado por dos disparos. Agonizó todo ese día y murió al anochecer.

Se hallaron muchas vainas de

Se hallaron muchas vainas de proyectiles, los que dieron la idea de la magnitud del combate (Carlos Landa)

 

Por 1870 había conocido en Entre Ríos a Frances Ann Haslan, con quien tuvo dos hijos, Francisco y Jorge Guillermo. Este último se casó con Leonor Acevedo, y tuvieron a Jorge Luis. El reconocido escritor le dedicaría cinco poemas, entre ellos “Al coronel Francisco Borges”.

 

Con el objetivo de profundizar en el conocimiento dinámico de la batalla y la tecnología empleada, el Grupo de Estudios de Arqueología Histórica de Frontera de la UBA estudió en el propio campo la Batalla de la Verde, con un detalle inédito, que es la aplicación de metodologías de la criminalística y de las ciencias forenses en la denominada Arqueología de Conflicto, donde nuestro país es pionero y prolífico en cuanto a sitios de combate estudiados.

 

Para ello, dividieron al campo de batalla en cinco grandes sectores, donde del 1 al 4 correspondían a la ubicación de los atacantes y el 5 a la posición de los defensores. Se realizó una prospección y un barrido con detectores de metales.

 

Los hallazgos fueron sorprendentes: se encontraron 155 vainas, algunas con marca cóncava de percutor y 66 con marca plana de percutor. Además se desenterraron 354 proyectiles ojivales y esféricos, 31 deformados por el impacto, muchos de plomo de fusiles Remington calibre 43, botones militares de latón con la figura del escudo patrio y con la marca de fábrica, importados de Francia e Inglaterra, hebillas de cinturón y de correaje, y fragmentos de bayonetas. Estos valiosos elementos fueron georeferenciados, generándose mapas que permitieron evaluar con más precisión la dinámica de la batalla, que duró tres horas.

Fue el presidente Avellaneda quien

Fue el presidente Avellaneda quien amnistió a los oficiales revolucionarios que habian sido juzgados por tribunales militares

 

Los lugares donde fueron desenterrados proyectiles y vainas ayudaron a determinar desde dónde se disparó y hacia dónde. Las vainas orientaron desde dónde se hizo fuego y las balas hacia dónde se dirigieron. Además, revelaron dos patrones: por un lado, las maniobras y despliegues en espiral con respecto al núcleo de la batalla, centrada en el puesto de la Estancia La Verde; y por otro, el espacio donde se parapetaron las fuerzas de Arias.

 

Fue así como el grupo interdisciplinario integrado por Raúl Doro, Carlos Landa, Alejandra Raies, Emanuel Montanari, Luis Coll, Carlos María Diribarne y Diego Alejandro Alvarez concluyó que fueron ocho los movimientos desde el inicio del ataque hasta la retirada mitrista. Se precisó que durante el asalto al corral, por la cantidad de vainas halladas, los arqueólogos suponen que los defensores sostuvieron un fuego certero y bien ejecutado.

 

Asimismo, concluyeron que el enfrentamiento, en gran parte, estuvo dominado por el intercambio de los Remington y de las armas a chispas y a percusión, y que los combates cuerpo a cuerpo se habrían restringido cuando la caballería mitrista desmontó para pelear como infantes, según los restos de bayonetas halladas.

 

Los proyectiles fueron sometidos a quimioluminiscencia (Luminol) para la detección de rastros hemáticos latentes humanos, es decir sangre. Método popularizado por series de televisión como CSI, Bones o Dexter, puede aplicarse a vestigios antiguos. Se analizaron artefactos de 800 años hallados en La Puna, hachas de material lítico del noreste argentino, en los hospitales de la batalla de Gettysburg y en sitios donde funcionaron centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar.

 

Para efectuar la aplicación de este método sobre la muestra seleccionada, en primera instancia, se generó un elemento testigo de verificación, constituido por una plomada esférica a la que se le aportó sangre humana O+ y A+. La muestra se dejó expuesta en superficie por tres meses, luego enterrada en sedimento de las mismas características que las del sitio, para luego extraerla, limpiarla con pincel suave y lavarla con agua al 90% de alcohol y testear con el producto de luminol, arrojando resultados positivos. Este procedimiento se efectuó con el objetivo de replicar las condiciones en las cuales fueron tratadas las piezas arqueológicas en gabinete.

 

El análisis se llevó a cabo en la Escuela Técnica N° 31 “Maestro Quinquela” de La Boca, ya que se precisaba de un ámbito adecuado sin luz y la asistencia de fotógrafos profesionales. Este establecimiento cumplía con ambos requerimientos.

 

Se hallaron 18 elementos positivos a partir de la aparición de un color azul fluorescente.

 

La ubicación espacial de plomo con reacción positiva de sangre permitió inferir qué bando recibió mayor cadencia de fuego y de qué sectores se produjeron más intercambios de disparos.

 

Las vainas aportaron identidad, cantidad y tipos de armas usadas. Se sometieron a un análisis con técnicas forenses de balística comparada para identificar armas individuales y grupos de armas. A partir del estudio en el microscopio balístico, se diferenciaron tres grupos de vainas accionadas por tres diferentes armas.

 

Luego de La Verde, Mitre marchó al frente de un ejército debilitado por las deserciones hacia Nueve de Julio. El 2 de diciembre, le entregó su espada a Arias, se rindió en Junín y se terminó la revolución. El ex presidente, salvo una banca de diputado nacional, no volvería a ocupar puestos de relevancia en la escena nacional.

 

Muy cerca de allí, está el pueblo de Del Valle, que recuerda a Narciso del Valle, un militar que peleó contra los aborígenes. Cuando se cumplió el centenario de la batalla, hubo un festejo porque los pobladores saben lo que significó este suceso y se erigió un monolito, cerca de donde habían enterrado a los caídos. Hoy el grupo de arqueólogos presenta en el pueblo el libro “Yuyo verde y roja sangre. Mitre y Borges en las trincheras. Arqueología histórica en el campo de batalla de La Verde (1874)”.

 

El equipo tiene una asignatura pendiente: ubicar el lugar donde se levantó el hospital de sangre y la o las fosas donde fueron enterrados los muertos. En esta cuestión, los arqueólogos manejan tres hipótesis y aclararon que es como buscar una aguja en un pajar. Si se hallaran restos humanos, tendría sentido determinar el tipo de sangre detectada en los proyectiles, así como la extracción del ADN.

 

Ellos explican que lo ideal es conseguir un escáner especial que se conecta a un dron que barre la superficie omitiendo vegetación. Así sería más sencilla la localización de anomalías en un terreno que aún esconde secretos, allí donde dicen que el coronel Borges fue a la muerte en un caballo blanco.

 

Fuentes: A sangre y plomo. Análisis de balística comparada y evidencias de rastros hemáticos latentes en proyectiles de la batalla olvidada de La Verde, de Raúl Doro, Carlos Landa, Alejandra Raies, Emanuel Montanari, Luis Coll, Carlos María Diribarne y Diego Alejandro Álvarez; Bartolomé Mitre, de Miguel Angel De Marco; Campañas militares argentinas. La política y la guerra. Guerra exterior y luchas internas (1865-1874), Tomo 4, de Isidoro Ruiz Moreno

Fuente: Infobae:

https://www.infobae.com/historia/2025/11/26/la-verde-una-batalla-olvidada-de-la-muerte-del-abuelo-de-borges-al-increible-hallazgo-de-sangre-en-proyectiles-desenterrados/

 


miércoles, 29 de junio de 2022

Cuatro preguntas sobre las confidencias de la madre de Borges (y el famoso cuento al que ella le escribió el final)

En un libro reciente, el investigador Martín Hadis rescata las memorias de la mujer que lo acompañó y hasta le dio ideas. Y da claves de la Historia argentina vivida como un asunto familiar.

Por  Patricia Kolesnicov

14 de Junio de 2022

 

Hacia fines del año pasado, Martín Hadis apareció con un libro llamativo: Memorias de Leonor Acevedo de Borges. Unas memorias escritas, en realidad, a partir de lo que la propia de Leonor -por supuesto, la madre de Jorge Luis Borges- le fue contando a Alicia Jurado en charlas informales durante los primeros años 70. Jurado, también escritora, fue redactando lo que Leonor le contaba.

 

Era una memoria personal, familiar e histórica: Leonor había nacido en 1876, se acercaba a los 100 años de vida, y su familia había sido parte de la construcción de este país. En sus recuerdos aparecen sus padres y sus abuelos y entonces ya estamos hablando de gente que vivió la época de la Independencia y de Rosas.

 

Por ejemplo, cuenta Leonor que cuando era chica “iba a visitar a mis tías, tres viejitas que me adoraban y me llenaban de golosinas. Dos eran viudas, Rosas había hecho cortar las cabezas de sus respectivos maridos”. La Historia y los cuentos de familia son uno en este libro.

 

    “Sorprende cómo los rasgos que le conocimos a Borges de adulto estaban ya presentes en su más tierna infancia”. Martín Hadis

 

¿Qué hizo Hadis? Reunió y organizó el material y, como un detective, buscó dar precisión a lo que era una mención al pasar. ¿Quién era tal persona mencionada sólo por su primer nombre? ¿Cuándo ocurrió tal hecho narrado al descuido? ¿Cómo se llamaba tal calle? Para saber: La Avenida Sarmiento, en Palermo, era Avenida de las Palmeras. Pueyrredón era Centro América. Viamonte tenía el nombre de Temple y Carlos Pellegrini era la calle Artes.

 

En el relato de Leonor aparece una ciudad que es otra y una forma de comer (mucho) que sorprende: “El almuerzo: caldo con arroz y garbanzos, siempre se comía puchero con todas las legumbres (y choclos en verano); los domingos y fiestas se agregaba una gallina. En el caldo se ponía arroz y garbanzos. A veces una cabecita de cordero. Tomate, pimiento, cebolla; se hacía salsa con aceite y vinagre para acompañar. Después, bifes a caballo, un plato de pescado (por ejemplo, filet de pejerrey con papas fritas) o cualquier frito, dos o tres postres y el café que mamá hacía exquisito en la mesa, en una máquina de Christofle de metal y cristal, con recipiente de alcohol”.

 

También se cuentan costumbres, relaciones y por supuesto mucho de la niñez de Jorge Luis Borges, ese enorme escritor de cuya muerte hoy se cumplen 36 años.

 

No es la primera vez que Martín Hadis se ocupa de Borges. Aunque por su formación es Licenciado en sistemas, lingüista y antropólogo, ya había publicado Borges profesor; Literatos y excéntricos. Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges o Siete guerreros nortumbrios, sobre los secretos de la tumba del gran escritor.

 

Aqui, Hadis contesta cuatro preguntas sobre Leonor, su libro y una incógnita: ¿ella escribía con Borges?

Cuatro preguntas sobre la mamá de Borges

 

-¿Qué es lo más sorprendente de las memorias de la mamá de Borges?

 

-Hay tres facetas que me parecen las más interesantes:

 

1) Estas Memorias de Leonor Acevedo de Borges describen la cultura familiar en la que Borges se crió, y la manera estrecha en que esa historia familiar estaba entretejida con la historia argentina. Entre los antepasados de Borges, y sus respectivos cónyuges y amistades, hay próceres y figuras fundamentales de nuestra historia. Impresiona encontrar en estas memorias, como parientes y amigos, a personajes de la talla de Cornelio Saavedra, Vicente López y Planes, Leandro N. Alem, etc. También me impresionó el hecho de que la madre de Borges no solo cuenta sus propias vivencias sino también los recuerdos que recibió de sus padres y abuelos, con lo cual hay anécdotas que se remontan a la Revolución de Mayo de 1810, e incluso algunas anteriores, de fines de 1700.

 

 

2) La segunda faceta sorprendente es que nos brindan una visión única, y desconocida hasta ahora, de Borges de niño. La manera en que su madre lo describe da mucha ternura, pero además sorprende cómo los rasgos que le conocimos a Borges de adulto estaban ya presentes en su más tierna infancia. Leonor relata unas bromas que Borges hace a la edad de 3 o 4 años que realmente asombran: en esas bromas del pequeño Borges están ya presente la inteligencia y la ironía feroz que luego desplegaría con tanta efectividad en su literatura, y también en diálogos, entrevistas e intervenciones públicas. Su madre tambien relata como ya desde muy chico despliega su amor por los libros, por los tigres, por las palabras y las etimologías. Resulta notable comprobar que Borges fuese tan enfáticamente Borges ya desde su más temprana infancia. Y hay varios otros rasgos más, muy peculiares, de su juventud y su adultez, que ignorábamos y que figuran por primera vez en estas Memorias. Están llenas de detalles reveladores e inesperados.

 

3) Por último, no solo lo que nos era desconocido es fascinante. También lo que ya conocíamos: los hechos que ya figuraban en varias biografías, figuran en las Memorias contados desde el punto de vista de su madre. Por ejemplo: ya sabíamos que cuando Borges era chico, solían venir a visitar a su padre numerosos escritores y poetas de la época. Ahora son grandes figuras literarias, algunos de ellos, casi próceres de nuestra cultura. Ahora bien: para la madre de Borges, eran solo los invitados de su marido. Y no a todos los soportaba. De manera que los describe de un modo irreverente, y en ciertos casos, con evidente fastidio. Así, dice que tanto su hijo (Borges) como su marido “tenían la chifladura de que [Macedonio] era un genio”, pero para ella no era más que “un loco de verano.” Luego comenta: “Xul Solar solía entrar en trance después de hacer unas morisquetas muy raras, entonces le dije que se dejara de pavadas porque asustaba a Norah y se normalizó”. Todos esos diálogos, esos comentarios totalmente irreverentes y cercanos sobre estos grandes escritores, resultan sumamente cómicos. Aunque sin duda reconocía su talento, para ella eran nada más y nada menos que los amigos de la familia, a quienes solía recibir. Y así los presenta.

 

-¿Qué ciudad muestra más allá de la propia historia?

 

-Recordemos que la madre de Borges fue muy longeva: nació en 1876, y murió en 1975. De manera que el relato de Leonor Acevedo retrata de un modo muy vívido la vida cotidiana en Buenos Aires durante su infancia y juventud, es decir, aproximadamente entre 1880 y 1900. Ella tenía una memoria muy precisa y además se explaya acerca de tantos aspectos, que uno siente que está ahí con ella, presenciando la revolución del parque o la caída de Juárez Célman en 1890. En este sentido, el libro funciona como una máquina del tiempo. Hay descripciones de las comidas diarias y los postres, de los desfiles y las fiestas, de los (pocos) restaurantes que había entonces en la ciudad, de las confiterías (que entonces eran lugares donde la gente se encontraba a conversar), de los distintos clubes y asociaciones y los bailes que tenían lugar en ellos, y también hay conversaciones con figuras que ahora son próceres, narrados como lo que eran: amigos de la familia. Hay asimismo un recorrido casi cinematográfico de las calles y los paseos de la ciudad. Uno siente, al leer a la madre de Borges, que está recorriendo esa ciudad del siglo XIX a su lado.

 

Es una ciudad que se parece a la Buenos Aires que conocemos, pero mucho más familiar, más pequeña, más tranquila y más despoblada. El barrio de Palermo tenía portones, por ejemplo; había arroyos que hoy han sido entubados, y las calles tenían otros nombres. Desde entonces a esta época la ciudad ha cambiado tanto que la misma Leonor Acevedo dice, ya anciana, a sus noventa y tantos años, en la década de 1970: “Cuando comparo aquel mundo de mi infancia con este tumulto actual pienso si este mundo es el mismo y si yo soy la misma, ¡claro que buena parte de un siglo ha transcurrido!”

 

-¿Apareció algún dato llamativo de Borges? ¿Del vínculo?

 

-Está lleno de datos llamativos sobre Borges. Quizá el más curioso, y que tiene que ver con vínculos, es que Leonor Acevedo subraya que la figura más importante en la educación intelectual de su hijo no fue ella sino el padre. Esto ya lo habían señalado los biógrafos y yo mismo lo analizo en libros anteriores. Acerca de Borges, Leonor Acevedo afirma: “Su inteligencia, su manera de escribir… todo eso Georgie (sobrenombre familiar de Borges) lo ha heredado de su padre.” Y luego: “Georgie tiene la misma inteligencia que su padre, el mismo tipo de sensibilidad, el amor por la filosofía, el mismo deseo de saber el origen de las palabras.”

 

-¿Es cierto que algunos textos de Borges los escribieron juntos?

 

-Borges solía situar sus cuentos de cuchilleros y compadritos en las últimas décadas del siglo XIX, una época que el jamás presenció, dado que había nacido en 1899. Por eso, para retratar con fidelidad los paisajes y escenas de esa época que él desconocía, recurría a la memoria de su madre. Dice Borges, por ejemplo: “cuando mi madre vivía yo le solicitaba detalles circunstanciales... Vamos a suponer que en un cuento describía un conventillo y alguien debía atravesar el patio. Podía haber flores. Entonces le preguntaba a mi madre qué tipo de flores podían existir en un conventillo. Y mi madre me las mostraba y yo las ponía, porque no me detengo en esas cosas”.

 

Esto era así para las calles, las esquinas, las paredes y la forma de andar y hablar de la gente. Toda esa atmósfera y esas imágenes provienen de la memoria de la madre de Borges, que, como se comprueba en este libro, era extremadamente vívida y detallada. Por eso digo que en cierto modo, Leonor Acevedo fue la escenógrafa de los cuentos “porteños” de Borges. Pero además, esta “colaboración” llegó al punto en el que Leonor intervino directamente en la redacción de los cuentos de su hijo.

 

El mismo Borges lo cuenta así: “Mi madre inventó el final de uno de mis cuentos más conocidos: La intrusa. Es un cuento en el que una mujer ha sido querida por dos hermanos que se celan entre sí. Yo le estaba dictando ese cuento a mi madre (yo ya había perdido la vista) y cuando llegamos al final, el hermano mayor tenía que decir una frase que resumiera todo lo ocurrido y que cerrara el cuento. Entonces, le dije a mi madre: ‘¿cómo hago yo ahora para que el mayor le diga al menor que él ha matado a la mujer; y al mismo tiempo hacerlo cómplice para enterrarla?´ Entonces, mi madre me miró; y luego, al cabo de un rato, me dijo —con una voz del todo distinta—: ‘Ya sé lo que le dijo’. Ya sé lo que le dijo, como si aquel relato mío hubiera realmente ocurrido y ella hubiera estado allí presente. Ella no me dijo: ´Ya sé qué podría decirle él´. No; dijo: ´Ya sé lo que le dijo´; es decir, en aquel momento ella aceptó la realidad de ese vago sueño mío. ´Bueno, entonces escribilo, le dije yo´. Entonces lo escribió y yo le dije ´Léemelo´; y ella me leyó la frase en voz alta: ´A trabajar hermano, esta mañana la maté.´ Y esa frase es perfecta, ya que al decirle eso, el asesino une al otro al crimen que ha cometido y además le hace notar que él es el mayor y que tiene que obedecerlo. Y todo eso en una sola frase. Con una economía verbal que ha sido elogiada como un efecto de Kipling o las sagas escandinavas. Pero que en realidad se le ocurrió a mi madre. Ella me dio el final de ese cuento mío. Yo no sabía cómo terminarlo y no hubiera dado con un final tan acertado.”

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/leamos/2022/06/14/cuatro-preguntas-sobre-las-confidencias-de-la-madre-de-borges-y-el-famoso-cuento-al-que-ella-le-escribio-el-final/

 

domingo, 5 de junio de 2022

¿Cómo era la mamá de Borges? Un libro revela aspectos desconocidos

              Leonor Acevedo con su hijo Jorge Luis Borges.
 

El investigador Martín Hadis habló con Clarín de “Memorias de Leonor Acevedo de Borges”.

 

01/06/2022

 

“Alicia Jurado entrevistó a la madre de Borges, pero con el fin de entretenerla recordando un pasado feliz”, eso nos cuenta Martín Hadis, el singular investigador de Jorge Luis Borges, un detective no tradicional, un arqueólogo de todos los Borges que existen alrededor del gran poeta y ensayista argentino.

 

Y de esas conversaciones con Leonor Acevedo de Borges, la madre del gran escritor argentino quedó un manojo de notas y papeles que merecían ser interpretados, ensamblados y recopilados en un libro inesperado y muy atractivo: Memorias de Leonor Acevedo de Borges, que Hadis presentó en la Feria del libro.

 

“Después encontré unas cartas, que Leonor Acevedo envió a su prima Esther Haedo de Amorim, que son más breves pero también más ordenadas. Y eso me sirvió también para organizar las anécdotas sueltas provenientes de los textos de Alicia Jurado. La combinación de todos esos textos dispersos dio este libro”.

 

Hadis es profesor, investigador, y escritor. Licenciado en sistemas, realizó estudios de posgrado en el Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.). También estudió inglés antiguo, escandinavo antiguo y religiones comparadas en la Universidad de Harvard y realizó otra maestría, en Antropología Cultural, en la Universidad de North Texas.

 

Entre otros libros, Hadis es autor de Borges profesor; Literatos y excéntricos: los ancestros ingleses de Borges; Siete guerreros nortumbrios; y Borges, el misterio esencial.

Memorias de Leonor Acevedo de Borges, trae al presente recuerdos de la madre de Borges, además de datos inéditos sobre la infancia y juventud del escritor y perspectivas hasta ahora desconocidas de su obra. El libro cuenta con fotos antiguas de Buenos Aires, de fines del siglo XIX y principios del XX.

 

Hadis señala que tiene varias capas: “Se superponen lo personal, lo familiar, lo narrativo, y de fondo están siempre Borges y la Ciudad de Buenos Aires. Y esos planos están todo el tiempo intersectándose.” La memoria detallada y los recuerdos del viejo Buenos Aires de Leonor Acevedo, señala Hadis, sirvieron luego a Borges como escenario de varios de sus cuentos.

 

–En las memorias de Leonor hay un Borges desconocido que emerge desde el punto de vista materno. ¿Cómo era ese primer Borges?

 

–Leonor Acevedo nos cuenta cómo era Borges de niño. No había hasta ahora ningún testimonio detallado de esto: Borges habla muy poco de su infancia. Y lo asombroso es que al leer las afirmaciones de su madre, uno nota que muchos rasgos característicos del Borges adulto tal como lo conocemos estaban ya presentes en él cuando tenía 3 o 4 años.

 

Entre ellos su humor feroz: en el libro figuran varias anécdotas que revelan que esa ironía agudísima que solía desplegar en su madurez estaba ya presente en su infancia. Asimismo encontramos el origen de los que serán luego los temas preferidos de su literatura: las espadas que habían sido de sus antepasados, las etimologías, la filosofía, y (curiosamente) los tigres.

 

La madre cuenta que lo llevaba al zoológico y él se quedaba como hipnotizado mirándolos y le resultaba difícil arrancarlo de allí. Para esos casos tenía una estrategia que nunca fallaba: cuando el pequeño Borges se empecinaba y no quería ceder, la madre le quitaba los libros que siempre llevaba en sus manos. “Era la solución”, comenta Leonor Acevedo.

 

Esther Haedo de Amorim coincide en su relato: afirma que cuenta que cuando los Borges iban a Uruguay a visitarlos en las vacaciones, el pequeño Borges estaba siempre leyendo y la única manera para que jugara con los otros chicos era sacarle los libros y escondérselos. Sorprende esa continuidad: que ya fuera tan devoto de los libros de pequeño. En resumen: que haya sido tan Borges ya de niño.

 

–¿Cómo ejerció Leonor su influencia, cuándo Borges pudo neutralizarla?

–Leonor cuenta el accidente que Borges tuvo en 1938, cuando tuvo una septicemia. Estuvo al borde de la muerte durante una semana y cuando se recuperó, se puso a escribir relatos fantásticos. La madre cuenta que eso la asustó un poco porque ella no entendía demasiado bien esos cuentos.

 

Entonces un día le pregunta “¿Por qué no volvés a escribir las mismas cosas de antes?” Y Borges le contesta: “Dejame, madre, dejame”. Y ella concluye “Y tenía razón.” Podríamos decir que en ese punto se termina el relato de la madre y acaso su influencia más directa, porque a partir de entonces, Borges deja de enfocarse tanto en Buenos Aires y se pone a escribir sus relatos más fantásticos.

 

–¿Hay anécdotas que permitan entender mejor a Borges?

 

–Sí, hay muchas. Por ejemplo, Borges tiene un breve texto titulado “El testigo” en el que relata el fin del paganismo anglosajón y la llegada del cristianismo a Inglaterra. Cuenta de un sajón que está muriendo, que es el último en haber visto imágenes talladas de Woden (Odín) y en haber observado los ritos de esa antigua religión que está desapareciendo.

 

Borges comenta: “El mundo será un poco más pobre cuando ese sajón haya muerto”, porque no han quedado registros de la mitología anglosajona y ese sajón había sido el último en conocerla. Borges se pregunta entonces: “¿Qué morirá conmigo cuando yo muera?”.

 

Y enumera los posibles recuerdos que quizá mueran con él, entre ellos “la imagen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas.” Borges no da ninguna explicación acerca de ese caballo ni de su significado. Pero ahora, gracias a los recuerdos de su madre esto queda explicado.

 

Cuenta Leonor que a Borges, de chico, le gustaba salir a caminar por Palermo, un barrio que por entonces era “bastante feo” con casas modestas y muchos terrenos baldíos. En uno de esos baldíos –recuerda la madre del escritor–, había un caballo sin dueño. El pequeño Borges decidió entonces que ese caballo le pertenecía. Y cada tanto le anunciaba a su madre que iba a visitar a “su caballo”.

 

Y eso a mí me conmovió singularmente porque este recuerdo de la madre nos permite entender ese recuerdo de Borges, entretejido en uno de sus textos, pero que hasta ahora no tenía explicación. Ahí te das cuenta que la imagen del caballo en el baldío es un recuerdo infantil y muy real de su niñez. Lo que lo hace muy enternecedor también.

 

–¿Y este libro también contiene observaciones acerca de Borges que no figuran en sus biografías?

 

–Sí, pero lo más interesante es que Leonor Acevedo relata episodios que ya figuran en las biografías pero desde una perspectiva totalmente diferente. Por ejemplo, es sabido que a la casa de los Borges llegaban figuras de la talla de Ricardo Güiraldes, Xul Solar o Macedonio Fernández. Pero para la madre estos personajes eran los invitados de su marido y ella. Entonces los describe de una manera muy poco formal.

 

De Oliverio Girondo dice que era “feo como un susto, pero un señor”. De Xul Solar dice que se sentaba en el sofá y entraba en trance. “Se puso hacer unas morisquetas que asustaban a Norah” – recuerda la madre de Borges – “así que le dije que se deje de pavadas y se normalizó”.

 

Y también habla de Macedonio. Dice que Borges tenía, al igual que su marido, “la chifladura de que Macedonio era un genio”. Porque a ella no le parecía ningún genio. Cuenta que cuando su marido, Jorge Guillermo, se lo presentó, Macedonio la miró un rato largo y le dijo: “¿Cuánto tiempo cree usted que se necesita para digerir una pasa de uva?”.

 

Luego cuenta que Macedonio se quería postular a presidente, y para eso creía que bastaba con que su nombre se hiciera conocido, entonces anotaba su nombre en papelitos y los tiraba por la calle. La conclusión de la madre de Borges es que Macedonio “era un loco de verano”. Ese punto de vista hogareño e irreverente hacia los invitados de su marido que hoy son figuras importantes de nuestra literaria es inesperado y realmente muy cómico.

Graduados de la Facultad de Derecho de la UBA, 1895. En ella se ve a dos de los graduados más célebres de toda la historia de la UBA. Segundo desde la derecha, aparece Macedonio Fernández. Y cuarto, desde la izquierda, aparece el abogado y profesor de filosofía Jorge Guillermo Borges, el padre de Georgie.

 

Graduados de la Facultad de Derecho de la UBA, 1895. En ella se ve a dos de los graduados más célebres de toda la historia de la UBA. Segundo desde la derecha, aparece Macedonio Fernández. Y cuarto, desde la izquierda, aparece el abogado y profesor de filosofía Jorge Guillermo Borges, el padre de Georgie.

–Ella parece ser de una personalidad avasallante, muy fuerte sobre Borges…

 

–Borges incluye una dedicatoria a su madre en la edición de 1974 de Obras Completas y en ese texto afirma que le debe muchas cosas, entre ellas, “tu memoria y en ella la memoria de tus mayores”. Al final de esa dedicatoria, Borges afirma “aquí estamos escribiendo los dos, y tout le reste est littérature, (todo el resto es literatura)”.

 

Es como un reconocimiento de todo lo que ella aportó para su obra. Ella fue, a través de sus recuerdos, la escenógrafa de los cuentos porteños de Borges. Y además le transmitió a Borges su identidad y su nostalgia por el viejo Buenos Aires. Todo eso le viene de su madre.

 

–Y así, Borges, con este entorno, va componiendo su obra.

 

–Sí, yo me quedé pensando en esta costumbre que tiene Borges de meter a sus amigos y conocidos como personajes en sus cuentos. Esto, me parece, tiene que ver con el linaje de Borges: está lleno de próceres y figuras tradicionales.

 

Él cuenta que su madre Leonor se refería a Cornelio Saavedra como “el tata Cornelio”. Leonor recuerda que su madre (que vendría a ser la abuela materna de Borges) solía visitar junto a Teresa Ocampo (una de las tías de Victoria Ocampo) la casa del tío Vicente, donde éste las hacía cantar el himno. Y luego resulta que “el tío Vicente” no era otro que Vicente López y Planes.

 

Además, entre los nombres de las calles de Buenos Aires figuran muchos de los ancestros de Borges. Por eso él habla en un poema de “la vana madeja de calles que repiten los nombre de mi sangre”. Debe ser bastante impresionante ir caminando por la ciudad y ver que una calle se llama “Soler” y pensar: “ah, ese era mi tío bisabuelo”, ver “Junín” y pensar, “esta es la batalla en que se batió mi bisabuelo”, etc.

 

–¿De qué modo influyo esto en los relatos de Borges?

 

–Influyó mucho en el sentido que muchos de sus relatos -y no solo los de cuchilleros y compadritos- están ligados a Buenos Aires. “El Aleph”, por ejemplo, transcurre en una casa de la calle Garay. Y luego Borges se coloca a sí mismo, y a sus amigos y conocidos, como personajes de esos relatos.

Y esto lo relaciono con el hecho de que Borges, dando muestras de su escepticismo anarquista, denomina “mitología” a la historia de cada país. Dice Borges que el planeta ha sido parcelado en países, “cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular”. De modo que la historia argentina vendría a ser para Borges otra de esas mitologías.

 

Y dado que su historia familiar se superpone con la historia argentina, no es extraño que Borges al crear esa otra mitología que conforman sus relatos, haya decidido vincularla con frecuencia a Buenos Aires, y poblarla de sus amigos y conocidos.

 

–La ironía de Leonor, tan característica, es la que le trasvasa a su hijo. ¿Y de su padre qué heredó?

 

–De su padre, Jorge Guillermo Borges, heredó sus rasgos más importantes: su formación literaria, su vocación de escritor, y también su marco intelectual y filosófico. Además, Borges se formó en la biblioteca de su padre, de la que afirmaba no haber salido jamás.

 

También heredó de él el idioma inglés y la literatura inglesa (la abuela paterna de Borges, Frances Haslam, era inglesa). Leonor Acevedo lo dice claramente, refiriéndose a Borges con su sobrenombre familiar: “Su inteligencia, su manera de escribir: todo eso Georgie lo ha heredado de su padre.

 

Jorge Guillermo Borges era tan irónico como Leonor Acevedo, pero de un modo más intelectual, más descreído y quizá más ácido. Solía decir que el mundo es tan extraño que hasta puede llegar a existir la Santísima Trinidad, para luego agregar: "Si tres personas pueden ser una, por qué no podría existir el unicornio” También pensaba que toda palabra encierra un sofisma.

 

La gente, decía, cree que va a sanar porque acude a un “sanatorio”. Desconfiaba también del estado y pensaba que era inminente una revolución anarquista, sin violencia pero que transformaría a la sociedad de fondo. Cuando Borges era chico, el padre le señalaba los cuarteles, las banderas y las carnicerías y le decía que mirara todo eso bien porque cuando él se hiciera adulto, todo eso no iba a existir.

 

El padre era realmente un erudito, un pensador, y de hecho empezó a escribir, pero su carrera de escritor quedó coartada porque la ceguera hereditaria de la familia le sobrevino siendo aún

bastante joven. De modo que el padre le brindó a Borges su formación intelectual, en tanto que la madre le legó su identidad porteña, la pertenencia a la Argentina a través de sus antepasados.

 

Para usar una metáfora edilicia, digamos que lo que es la estructura del edificio, los planos, las columnas y las portantes vienen del lado del padre, en tanto que podríamos decir que los materiales locales vienen del lado de la madre.

 

–¿Qué es lo que más te ha interesado de Borges?

 

–La intersección de todos estos temas: lingüística, germanística, el inglés antiguo, el nórdico antiguo, las sagas, las viejas mitologías de Europa, la historia argentina y las religiones. Y el hecho de que cada vez que Borges aborda cualquiera de estos temas lo hace con su genio y brinda una mirada inesperada.

 

Borges lo lleva a uno de la mano al budismo, al hinduismo, a la Cábala y tantos otros temas, y en cada caso afirma algo que te deja perplejo pensando. Por dar un ejemplo al azar, en el ensayo “El escritor argentino y la tradición” Borges afirma que “el culto de lo local es un hábito europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo”.

 

Y es verdad, el nacionalismo es un invento de Europa del siglo XIX… Borges lo deja a uno perplejo con esos razonamientos, que parecen paradójicos pero a la vez contienen afirmaciones muy profundas, verdades que parecen simples pero son geniales y reveladoras. Y sólo a Borges se le podía ocurrir señalarlas.

 

Fuente: Clarín

https://www.clarin.com/cultura/-mama-borges-libro-revela-aspectos-desconocidos_0_JvMYWYtzIl.html