Mostrando entradas con la etiqueta Borges y Humbert Eco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Borges y Humbert Eco. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de diciembre de 2020

Borges aparece en “El nombre de la rosa”, la novela que se convertirá en serie


Escritor, filósofo, ensayista, profesor, semiólogo, el italiano Umberto Eco (1932-2016) dedicó una vida a la academia y a los libros. Y cobró popularidad no por su Tratado de semiótica general, de 1975, o al menos no solo por él, sino sobre todo por su novela histórica, misteriosa, oscura, El nombre de la rosa, de 1980. El primero es un tratado, casi un manual de semiología, y el segundo, una novela, la primera que escribió Eco y la que le dio fama mundial. Y sin embargo, porque Eco nada dejaba librado a la casualidad, los dos están de alguna manera relacionados y no únicamente por su autor.

La historia de El nombre de la rosa –que este jueves 7 de mayo se estrena como serie para Latinoamérica en la plataforma de streaming Starzplay– está ambientada en el siglo XIV, en un cerrado ambiente religioso en un monasterio benedictino al norte de Italia, bajo el papado de Juan XXII. Allí una serie de crímenes son investigados por el fray Guillermo de Baskerville y su pupilo, el joven Adso de Melk, la voz narradora de la novela, transitando su vejez.

Umberto Eco, un referente de la semiología.

La abadía es conocida por su amplia biblioteca. La investigación no es sencilla –alguien ¿quién y por qué? se opone a que se sepa la verdad– y las muertes se suceden unas a otras. Y todos esos crímenes están vinculados a un libro prohibido, envenenado y que se creía perdido. Alerta de spoiler: ese libro “blasfemo” es el supuesto segundo tomo con de la Poética de Aristóteles, un libro, por lo que se sabe, desaparecido desde la Edad Media y que supuestamente trataba sobre la comedia. La risa aparece entonces como elemento subversivo, es, en definitiva, lo que provoca la muerte de los monjes.

Guillermo de Baskerville y su pupilo recolectan indicios, signos, huellas, señales –conceptos vertidos en el Tratado de semiótica general– para descubrir, homenajeando a los mejores detectives de investigación, lo que está sucediendo.

“El nombre de la rosa”, de Umberto Eco.

En el medio, Guillermo de Baskerville debe enfrentar, por un lado, al enviado papal e inquisidor Bernardo Gui, y, por el otro, su método científico de investigación se contrapone al fanatismo religioso de Jorge de Burgos, el bibliotecario anciano y ciego, un personaje que homenajea a Jorge Luis Borges y así es aparece en la novela:

“El que acababa de hablar era un monje encorvado por el peso de los años, blanco como la nieve; no me refiero solo al pelo sino también al rostro, y a las pupilas. Comprendí que era ciego. Aunque el cuerpo se encogía ya por el peso de la edad, la voz seguía siendo majestuosa, y los brazos y manos poderosos. Clavaba los ojos en nosotros como si nos estuviese viendo, y siempre, también en los días que siguieron, lo vi moverse y hablar como si aún poseyese el don de la vista. Pero el tono de la voz, en cambio, era el de alguien que solo estuviese dotado del don de la profecía”.

Eco quedó de muy joven fascinado con Borges, sobre todo a partir de la lectura de Ficciones. No pocos han remarcado cierta presencia de la biblioteca del cuento La biblioteca de Babel en El nombre de la rosa, sobre todo por lo laberíntico y espejado del lugar y porque en el cuento, un viejo librero se desvive por encontrar un libro perdido.

“Evidentemente, hay una suerte de homenaje en El nombre de la rosa, pero no por el hecho de que haya llamado a mi personaje Burgos. Una vez más estamos frente a la tentación del lector de buscar siempre las relaciones entre novelas: Burgos y Borges, el ciego, etc. Al igual que los pintores del Renacimiento, que colocaban su retrato o el de sus amigos, yo puse el nombre de Borges, como el de tantos otros amigos. Era una manera de rendirle homenaje a Borges”, dijo Eco.

Eco quedó fascinado cuando leyó a Borges y lo homenajeó con un personaje en “El nombre de la rosa”.

Publicada en 35 países y con más de 15 millones de copias vendidas, la novela tiene más de un nivel de lectura: puede ser leída linealmente como una historia de misterio, casi como un policial, y luego viene el desafío, la segunda lectura, la que permite captar una gran cantidad de referencias, personajes históricos, citas, juegos, retórica, ironías y notas al pie.

Pese a ser considerada una novela “difícil”, cosechó gran éxito entre los lectores y tuvo su espaldarazo mundial y masivo con la versión cinematográfica de 1986, dirigida por Jean-Jacques Annaud, en la que actúan Sean Connery y Christian Slater. También tuvo diversas adaptaciones a juegos electrónicos y hasta de mesa.

El título del libro es de por sí curioso y en algún punto una exquisitez semiótica: ha contado el propio Eco que el título iba a ser otro (La abadía del delito o Adso de Melk, por ejemplo), que de una larga lista de opciones El nombre de la rosa era la última elección. Es que la rosa es una figura simbólica y portadora de múltiples referencias y significados y por eso resultó tan conveniente para dar título a esta novela que juega bastante con los significados, para deleite de lingüistas y lectores.

 Fuente: Estar Informado

 https://estarinformado.com.ar/coronavirus/cuarentena-por-coronavirus-sabias-que-borges-aparece-en-el-nombre-de-la-rosa-la-novela-que-se-convertira-en-serie/

viernes, 19 de octubre de 2018

El cuento de Borges que fascinó a Umberto Eco





Por Isabel Zwanck

En 1977 Umberto Eco confesó su interés por el cuento de Borges "La busca de Averroes", al que calificó como "historia extraordinaria". Agregó que su "fascinación" por el texto lo condujo a comenzar el único ensayo sobre semiótica del teatro con la historia de Averroes relatada por Borges. Y se pregunta: "¿Qué es tan extraordinario en esa historia? Es que el Averroes de Borges es estúpido no en términos personales sino culturales, porque él tiene la realidad delante de  sus ojos (los chicos jugando) y no lo puede relacionar con lo que el libro le está describiendo"[1] (Eco 127).

A la luz de estos conceptos, enfoquemos la trama del célebre cuento de Borges: el sabio Averroes,  escritor, poeta y estudioso de la obra de Aristóteles, debe traducir al árabe los términos "comedia y tragedia". Busca dentro de su marco de referencia, donde predomina la doctrina del Islam que condena la representación por figuras humanas, y no puede comprender el significado. Preocupado por este dilema y, al mismo tiempo, ignorante de sus límites culturales, Averroes observa un espontáneo hecho teatral en la calle, donde…

… jugaban unos chicos semidesnudos. Uno, de pie en los hombros de otro, hacía notoriamente de almuédano; bien cerrados los ojos, salmodiaba No hay otro dios que el Dios. El que lo sostenía, inmóvil, hacía de almínar; otro, abyecto en el polvo arrodillado, de congregación de fieles. El juego duró poco: todos querían ser el almuédano, nadie la congregación o la torre (Borges: 1974 583).

Irritado por escuchar el dialecto grosero de la plebe musulmana, no le presta atención. Poco más tarde, visita a Farach, quien comparte con Averroes todo un mundo de teóricas especulaciones lingüísticas y literarias. En esa reunión escucha el relato de Abulcásim, un viajero que describe una ópera china. Abulcásim detalla un edificio teatral y explica el valor de re-presentar:

Las personas de esa terraza tocaban el tambor y el laúd, salvo unas quince o veinte (con máscaras de color carmesí) que rezaban, cantaban y dialogaban. Padecían prisiones, y nadie veía la cárcel; cabalgaban, pero no se percibía el caballo; combatían, pero las espadas eran de caña; morían, y después estaban en pie (Borges: 1974 585).

Como vemos, Averroes escucha por boca del viajero la descripción de todos los elementos del hecho teatral: escenario, vestimenta, sonidos, parlamentos, utilería, tramoya, etc. Sin embargo, Farach, el dueño de casa, al igual que Averroes, opina que las personas de "la terraza" estaban locas. Abulcásim responde: "No estaban locos (…) Estaban figurando (…) una historia". E insiste más adelante: "Imaginemos que alguien muestra una historia en vez de referirla". Completa su relato al insistir en el aspecto visual ("los vemos…") y el auditivo  ("¡Hablaban, y cantaban y dialogaban!"). Sus palabras condensan el núcleo del arte dramático, pero Farach continúa desoyéndolas y dictamina con orgullo: "…no se requerían veinte personas. Un solo hablista puede referir cualquier cosa, por compleja que sea". Notemos la oposición entre los verbos  que indican distintos tipos de percepción: mostrar, ver, hablar, cantar, y dialogar, frente a  referir.

Averroes comparte la opinión de Farach y, limitado por el estrecho marco de referencia con el que se maneja dentro de su círculo comunicativo, desconoce los dos hechos teatrales que en solo un día podrían haber facilitado su traducción de la Poética. Y obsesionado por su idea fija: "Con firme y cuidadosa caligrafía agregó estas líneas al manuscrito: Aristu (Aristóteles) denomina tragedia a los panegíricos y comedias a las sátiras y anatemas. Admirables tragedias y comedias abundan en las páginas del Corán y en las mohalacas del santuario".

La historia donde Borges quiso narrar "el proceso de una derrota", se abre a interesantes consideraciones. Muestra en primer lugar las limitaciones de un marco cultural de referencia único, basado sobre el libro (Corán) antes que sobre la vida, y sobre la fe, antes que sobre la razón. Averroes tiene interés por los conceptos de "tragedia y comedia", pero carece de categorías para entenderlas. Por eso no puede decodificar los indicios de la realidad (los dos hechos teatrales).

El texto enfatiza  el carácter lúdico, vital y espontáneo del hecho teatral (en el juego de los niños), así como su función actualizadora (Abulcásim insiste en el acto simultáneo de percepción del hecho teatral).

La trama, además, ejemplifica el choque de perspectivas entre Oriente y Occidente, y entre lo teológico y lo estético.

El cuento parodia en cierta forma la inclusión de citas traducidas en textos que serán canónicos. (La traducción de Averroes fue la más aceptada en su época).

Asimismo, señala los peligros de seguir sólo la coherencia un sistema de ideas que es incongruente con los hechos del mundo externo.

Finalmente, creemos que "La busca de Averroes" destaca un caso particular de recepción de un texto (el hecho teatral), sea éste visual (en la calle) o auditivo (relato de Albucásim), de acuerdo con la teoría de la percepción. En efecto, "las cosas se perciben cuando existen categorías perceptuales previas acerca de lo que se percibe (…) Dicho de otro modo, percibimos aquello que previamente conocemos. Lo que nos es totalmente desconocido ni siquiera lo percibimos" (Töpf 37).


– Coda.

En consonancia con su idea del cuento-ensayo, Borges agrega al desenlace de la historia un extenso párrafo, con el que imprime al texto una vuelta más de tuerca. En él, el narrador se cuestiona:

Sentí que la obra se burlaba de mí. Sentí que Averroes, queriendo  imaginar lo que es un drama sin haber sospechado lo que es un teatro, no era más absurdo que yo, queriendo imaginar a Averroes, sin otro material que unos adarmes de Renan, de Lane y de Asín Palacios. Sentí en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito (Borges: 1974 588).

Con esta última apertura del texto en la profundidad de sí mismo (mise en abyme), Borges  multiplica sus perspectivas pues dibuja amplios círculos concéntricos que, extendiendo sus fronteras permeables, tal vez, lleguen hasta el presente de nuestra recepción y nos incluyan como lectores o espectadores.


Obras citadas

Borges, Jorge Luis. "La busca de Averroes". En Obras completas. Volumen I. Buenos Aires: Emecé Editores, 1974.

Eco, Humberto: On  literature . (La traducción es nuestra). Florida: Harcourt, 2002.

Töpf,  José.  "Borges y el problema del conocer".  En Borges y la ciencia. . Prólogo de María Kodama. Buenos Aires: EUDEBA,  2004.


[1] Este texto es un fragmento de un ensayo más extenso titulado "La función del hecho teatral en algunos cuentos de Borges", incluido en el libro de mi autoría Borges o el cuento ausente y otros ensayos. Buenos Aires: Georges Zanun Editores, 2013


Isabel Zwanck es profesora en Letras y autora de "Borges Paso a Paso", "Posdata a la escritura contemporánea" y "Borges o el cuento ausente". www.isabelzwanck.com.ar

Fuente: Infobae

jueves, 27 de julio de 2017

El cuento de Borges que fascinó a Umberto Eco


Por Isabel Zwanck

En 1977 Umberto Eco confesó su interés por el cuento de Borges "La busca de Averroes", al que calificó como "historia extraordinaria". Agregó que su "fascinación" por el texto lo condujo a comenzar el único ensayo sobre semiótica del teatro con la historia de Averroes relatada por Borges. Y se pregunta: "¿Qué es tan extraordinario en esa historia? Es que el Averroes de Borges es estúpido no en términos personales sino culturales, porque él tiene la realidad delante de  sus ojos (los chicos jugando) y no lo puede relacionar con lo que el libro le está describiendo"[1] (Eco 127).

A la luz de estos conceptos, enfoquemos la trama del célebre cuento de Borges: el sabio Averroes,  escritor, poeta y estudioso de la obra de Aristóteles, debe traducir al árabe los términos "comedia y tragedia". Busca dentro de su marco de referencia, donde predomina la doctrina del Islam que condena la representación por figuras humanas, y no puede comprender el significado. Preocupado por este dilema y, al mismo tiempo, ignorante de sus límites culturales, Averroes observa un espontáneo hecho teatral en la calle, donde…

… jugaban unos chicos semidesnudos. Uno, de pie en los hombros de otro, hacía notoriamente de almuédano; bien cerrados los ojos, salmodiaba No hay otro dios que el Dios. El que lo sostenía, inmóvil, hacía de almínar; otro, abyecto en el polvo arrodillado, de congregación de fieles. El juego duró poco: todos querían ser el almuédano, nadie la congregación o la torre (Borges: 1974 583).

Irritado por escuchar el dialecto grosero de la plebe musulmana, no le presta atención. Poco más tarde, visita a Farach, quien comparte con Averroes todo un mundo de teóricas especulaciones lingüísticas y literarias. En esa reunión escucha el relato de Abulcásim, un viajero que describe una ópera china. Abulcásim detalla un edificio teatral y explica el valor de re-presentar:

Las personas de esa terraza tocaban el tambor y el laúd, salvo unas quince o veinte (con máscaras de color carmesí) que rezaban, cantaban y dialogaban. Padecían prisiones, y nadie veía la cárcel; cabalgaban, pero no se percibía el caballo; combatían, pero las espadas eran de caña; morían, y después estaban en pie (Borges: 1974 585).

Como vemos, Averroes escucha por boca del viajero la descripción de todos los elementos del hecho teatral: escenario, vestimenta, sonidos, parlamentos, utilería, tramoya, etc. Sin embargo, Farach, el dueño de casa, al igual que Averroes, opina que las personas de "la terraza" estaban locas. Abulcásim responde: "No estaban locos (…) Estaban figurando (…) una historia". E insiste más adelante: "Imaginemos que alguien muestra una historia en vez de referirla". Completa su relato al insistir en el aspecto visual ("los vemos…") y el auditivo  ("¡Hablaban, y cantaban y dialogaban!"). Sus palabras condensan el núcleo del arte dramático, pero Farach continúa desoyéndolas y dictamina con orgullo: "…no se requerían veinte personas. Un solo hablista puede referir cualquier cosa, por compleja que sea". Notemos la oposición entre los verbos  que indican distintos tipos de percepción: mostrar, ver, hablar, cantar, y dialogar, frente a  referir.

Averroes comparte la opinión de Farach y, limitado por el estrecho marco de referencia con el que se maneja dentro de su círculo comunicativo, desconoce los dos hechos teatrales que en solo un día podrían haber facilitado su traducción de la Poética. Y obsesionado por su idea fija: "Con firme y cuidadosa caligrafía agregó estas líneas al manuscrito: Aristu (Aristóteles) denomina tragedia a los panegíricos y comedias a las sátiras y anatemas. Admirables tragedias y comedias abundan en las páginas del Corán y en las mohalacas del santuario".

La historia donde Borges quiso narrar "el proceso de una derrota", se abre a interesantes consideraciones. Muestra en primer lugar las limitaciones de un marco cultural de referencia único, basado sobre el libro (Corán) antes que sobre la vida, y sobre la fe, antes que sobre la razón. Averroes tiene interés por los conceptos de "tragedia y comedia", pero carece de categorías para entenderlas. Por eso no puede decodificar los indicios de la realidad (los dos hechos teatrales).

El texto enfatiza  el carácter lúdico, vital y espontáneo del hecho teatral (en el juego de los niños), así como su función actualizadora (Abulcásim insiste en el acto simultáneo de percepción del hecho teatral).

La trama, además, ejemplifica el choque de perspectivas entre Oriente y Occidente, y entre lo teológico y lo estético.

El cuento parodia en cierta forma la inclusión de citas traducidas en textos que serán canónicos. (La traducción de Averroes fue la más aceptada en su época).

Asimismo, señala los peligros de seguir sólo la coherencia un sistema de ideas que es incongruente con los hechos del mundo externo.

Finalmente, creemos que "La busca de Averroes" destaca un caso particular de recepción de un texto (el hecho teatral), sea éste visual (en la calle) o auditivo (relato de Albucásim), de acuerdo con la teoría de la percepción. En efecto, "las cosas se perciben cuando existen categorías perceptuales previas acerca de lo que se percibe (…) Dicho de otro modo, percibimos aquello que previamente conocemos. Lo que nos es totalmente desconocido ni siquiera lo percibimos" (Töpf 37).


– Coda.

En consonancia con su idea del cuento-ensayo, Borges agrega al desenlace de la historia un extenso párrafo, con el que imprime al texto una vuelta más de tuerca. En él, el narrador se cuestiona:

Sentí que la obra se burlaba de mí. Sentí que Averroes, queriendo  imaginar lo que es un drama sin haber sospechado lo que es un teatro, no era más absurdo que yo, queriendo imaginar a Averroes, sin otro material que unos adarmes de Renan, de Lane y de Asín Palacios. Sentí en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito (Borges: 1974 588).

Con esta última apertura del texto en la profundidad de sí mismo (mise en abyme), Borges  multiplica sus perspectivas pues dibuja amplios círculos concéntricos que, extendiendo sus fronteras permeables, tal vez, lleguen hasta el presente de nuestra recepción y nos incluyan como lectores o espectadores.


Obras citadas

Borges, Jorge Luis. "La busca de Averroes". En Obras completas. Volumen I. Buenos Aires: Emecé Editores, 1974.

Eco, Humberto: On  literature . (La traducción es nuestra). Florida: Harcourt, 2002.

Töpf,  José.  "Borges y el problema del conocer".  En Borges y la ciencia. . Prólogo de María Kodama. Buenos Aires: EUDEBA,  2004.


[1] Este texto es un fragmento de un ensayo más extenso titulado "La función del hecho teatral en algunos cuentos de Borges", incluido en el libro de mi autoría Borges o el cuento ausente y otros ensayos. Buenos Aires: Georges Zanun Editores, 2013


Isabel Zwanck es profesora en Letras y autora de "Borges Paso a Paso", "Posdata a la escritura contemporánea" y "Borges o el cuento ausente". www.isabelzwanck.com.ar

Fuente : Infobae





Umberto Eco habla de Borges



                                                     Umberto Eco en Argentina 1994


Fuente : You Tube

domingo, 21 de febrero de 2016

Umberto Eco, lector de Borges



 
Bibliotecas, incunables y enigmas.

Desde "El nombre de la rosa", las influencias que el escritor italiano asimiló del autor de "El Aleph".

Cuando Umberto Eco tenía poco más de veinte años, por primera vez se publicaba en Italia el volumen Ficciones, de Jorge Luis Borges. Fue una edición pequeña de sólo quinientos ejemplares que pasó practicamente desapercibida. Recomendado por un poeta italiano al que admiraba, Eco leyó esos cuentos y quedó fascinado. “Me pasaba las noches leyéndoselo a mis amigos”, contó Eco, y de inmediato se reconoció en ese autor argentino. Aceptaba, además, que en El nombre de la rosa hubiera un homenaje a Borges: es en la figura de ese viejo monje ciego, español, de enorme erudición, que controla la biblioteca de la abadía donde transcurren los sucesos. El nombre: Jorge de Burgos. El mapa de coincidencias, entonces, resultaba evidente. Eco sonreía frente a los lectores tentados de buscar claves y encontrar conexiones entre Borges y Burgos. ¿Pero existen? “En realidad –respondió el escritor italiano en una entrevista–, me gustaba la idea de tener un bibliotecario ciego, y le puse casi el mismo nombre de Borges. Pero cuando elegí el nombre no sabía que iba a quemar la biblioteca. No es, por lo tanto, una alegoría. Le puse el nombre de Borges, como también puse en la novela los nombres de otros amigos. Son homenajes.”

Personajes que encuentran sus libros al recorrer librerías de viejo por avenida Corrientes, una singular manipulación de la enciclopedia, textos que mezclan autores ficticios y otros reales, escritores influenciados por obras aún no escritas, sueños cruciales para revelar preocupaciones eróticas, religiosas y asesinatos. En esos elementos, Borges y Eco se entrelazan permanentemente. Así lo analizó tanto Donald McGrady, de la Universidad de Virginia, como la escritora alemana Christine de Lailhacar, y en 1998 también lo hizo Nilda Guglielmi en su ensayo El Eco de la rosa y Borges, publicado por Eudeba. En este último, la académica argentina entendía que no podía negarse la inspiración que Eco había recibido de la intertextualidad, de Conan Doyle y “El sabueso de los Baskerville”, de Italo Calvino en Si una noche de invierno un viajero o La montaña mágica de Thomas Mann, pero resultaba indudable todo lo que Borges había orbitado en la trama y el universo ficcional construido por Eco. Con respecto a esta cuestión, el escritor Pablo De Santis entiende que “para levantar esa abadía benedictina –que es también el edificio especulativo de la filosofía medieval- , Eco trabajó con dos representaciones originadas en sus lecturas de Borges: el laberinto y la biblioteca. La resolución del crimen, tan simple como elegante, participa de las dos representaciones del mundo, y nos lleva del encierro a la salida, de los libros al Libro.”

En Las lenguas perfectas, Eco señala que Borges al menos en tres ocasiones inventa fragmentos de lenguas imaginarias. En una entrevista por televisión durante una visita a la Argentina, el semiólogo sostenía que “Borges era extraordinario porque leía tres líneas sobre el argumento y luego inventaba lo que en realidad había sucedido. En mi libro me ocupo del religioso y naturalista inglés  John Wilkins, que inventó un sistema de lengua perfecta. Hay un texto de Borges, que se llama 'El idioma analítico de John Wilkins', donde Borges confiesa haber leído sólo la entrada de Wilkins en la Enciclopedia Británica. Poquísimo. Y se mete a inventar por su cuenta y comprende exactamente cuál era el problema de Wilkins. En ese sentido Borges era extraordinario: en una palabra, inventaba todo, inventaba la realidad”.

En la introducción a la edición alemana de Seis problemas para don Isidro Parodi, publicada en 1983, Eco plantea que el de Borges es un universo en que mentes distintas no pueden sino pensar mediante las leyes expresadas por la Biblioteca, pero esa Biblioteca es la de Babel: sus leyes no son las de la ciencia neopositivista sino leyes paradójicas. “La lógica (la misma) de la Mente y la del Mundo son ambas una ilógica. Una ilógica férrea”, escribe Eco. “Sólo con esa condición puede Pierre Menard reescribir 'el mismo' Don Quijote. Pero, ay, sólo con esa condición el mismo Don Quijote será un Don Quijote diferente.” ¿Qué es lo que tiene de rigurosamente ilógico el universo de Borges y qué es lo que permite a don Isidro reconstruir con rigurosa ilógica los procesos de un universo exterior igualmente ilógico?, se pregunta Eco y la respuesta que encuentra es que el universo de Borges funciona según las leyes de la puesta en escena o de la ficción. Las leyes de la ficción, entonces, para Eco, son una clave a su vez para leer la obra de Borges. “No estamos nunca ante el azar, o el hado –plantea Eco–, estamos siempre dentro de una trama (cósmica o situacional) pensada por otra Mente según una lógica fantástica que es la lógica de la Biblioteca.”


Fuente :  Clarín