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domingo, 6 de julio de 2014

Un collage de textos, cartas y fotos de Borges y Victoria Ocampo



 
El libro "Diálogo con Borges" está prologado por María Kodama, quien subraya cómo ambos escritores a través de caminos diferentes "convergían en su percepción y busca del sentido estético en la literatura, en el arte y en una inquebrantable ética".

En la introducción, "Una amistad compleja en el jardín de los senderos que se bifurcan", Odile Felgine, destaca el encuentro entre los dos, en septiembre u octubre de 1927.

"¿Qué voy a poder decirle a Victoria? ¡A Victoria Ocampo!", dice con inquietud el joven a su madre Leonor un día antes de ir a almorzar con la escritora, donde comprobó que "naturalmente conversaron mucho".

Victoria lo describe como "un muchacho de veinticinco años con una cierta timidez en la marcha, en la voz, en el apretón de manos y en sus ojos de vidente o de médium".

Los dos tienen muchos puntos en común: "Los dos han nacido en el mismo barrio de Buenos Aires, a algunas cuadras de distancia. Los dos han sido educados por institutrices europeas, una inglesa, en el caso de Borges y una francesa y otra inglesa, en el caso de Victoria (...)los dos han viajado y vivido en Europa".

"En muchos de los textos reunidos aquí -desliza Felgine-, ambos, con una extraña fascinación se prestan voluntariamente al juego y al esfuerzo de determinar, en su recorrido personal, lo que los une, su pertenencia histórica, cultural y geográfica; emociones de la infancia, recuerdos de los inicios de Sur".

    En el volumen, recién publicado por El Ateneo, hay una larga entrevista que Victoria le hace a Borges, salpicada por fotos que ilustran los temas tratados, relativos a la infancia, la génesis creativa del escritor, los ancestros, sus padres y su hermana Norah

Aunque sus opiniones "sobre la literatura y la vida divergen, sus caracteres también", ambos se respetan y para Borges, su participación en Sur lo hará conocido en el extranjero.

"`El Diálogo`, las cartas de Borges a Victoria, impregnadas de una constante gratitud, de humor, son la marca de su admiración recíproca, a pesar de los malentendidos. (...) Borges suministra varios relatos breves y concisos sobre su familia. Mientras que Victoria, en su misiva, se revela fogosa, pragmática", desliza.

Ocampo escribe: "La ironía de Borges actuaba sobre mí como el limón sobre la ostra abierta" (...) y repasa el itinerario literario del escritor, comenzando con un cuento titulado "El río fatal" que escribió a los 6 años y repasa datos conocidos como sus lecturas de niño (Dickens, Stevenson, Kipling, Bulwer-Lytton, Mark Twain, Edgar Allan Poe), su aprendizaje del alemán con un libro de poemas de Heine, ayudado solo por un diccionario alemán-inglés.

En su relato, Victoria cuenta que el primer número de Sur incluyó un artículo de Borges sobre "El coronel Ascasubi" y en el segundo una nota acerca de Martín Fierro.

Y habla de la relación de su hermana Silvina y de Adolfo Bioy Casares, con Borges: "En 1941, los tres cómplices publicaron una Antología poética argentina. Cómplices porque yo los encuentro ahí un poco arbitrarios. Y ellos pensarán la misma cosa sobre mí".

Muy al pasar, Ocampo menciona a Perón ("un oscuro coronel"), sin nombrarlo, y recuerda que cuando Borges fue designado director de la Biblioteca Nacional, su vista ya lo había traicionado. "De esta ciudad de libros hizo dueños/ A unos ojos sin luz, que solo pueden/ leer en las bibliotecas de los sueños (...).

En el volumen, recién publicado por El Ateneo, hay una larga entrevista que Victoria le hace a Borges, salpicada por fotos que ilustran los temas tratados, relativos a la infancia, la génesis creativa del escritor, los ancestros, sus padres y su hermana Norah, entre otros.

En su momento Manuel Mujica Láinez dijo: "Es como si los diversos personajes que en el libro figuran y los dos conversadores fuesen contemporáneos entre sí, y estuviesen situados, simultáneamente, en un aire, más allá de los días, que convoca para la historia, en pie de igualdad, a seres cuyas existencias y cuyos pensamientos se vinculan con lo profundo del alma humana".

- ¿Qué es lo que atrae en figuras como el orillero y el compadrito?, pregunta Victoria.
- Me atrae lo que Evaristo Carriego llamaba `el culto del coraje`. Pienso que esos orilleros eran pobre gente que, para justificarse de algún modo, crearon lo que yo llamé alguna vez `la secta del cuchillo y del coraje`. Del coraje desinteresado, se entiende, contesta el escritor.

Más adelante, ella le pregunta por Adrogué: "Descríbame un poco ese lugar donde han veraneado tantos años". Y él recuerda aquel "perdido y tranquilo laberinto de quintas, plazas de calles que convergían y divergían, de jarrones de mampostería y de quintas con verjas de fierro".

Borges coincide con Victoria en que algunas palabras no existen en otros idiomas porque la gente que los habla no ha sentido necesidad de inventarlas (...). En cambio, tenemos en inglés o en escocés la palabra `uncanny` y en alemán la palabra análoga `unheimlich` porque esa gente ha sentido la presencia de algo de sobrenatural y maligno a la vez (...) si a un idioma le falta una palabra es porque le falta un concepto o, mejor dicho, un sentimiento". 

Entre las cartas reunidas en el texto figuran cuatro escritas por Borges a Victoria; y otras firmadas por Georgie y Leonor, su madre.

"Mi gratitud por el amparo de este manto, que me deparó la transitoria ilusión de participar de su esplendor, querida Victoria"  (29 de marzo, Mar del Plata, día de lluvia) le escribe Georgie con una caligrafía vacilante, en lo que parece ser un agradecimiento por un trozo de género con el que se guarnecieron de la lluvia él y Bioy.

Para el final, se transcribe el emblemático texto de despedida, que escribió Borges, a la muerte de Victoria.

"Yo sólo le debo favores. Favores hechos de la manera más delicada posible", escribe Borges y recuerda que le debe a Victoria su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional.

"Yo le dije a Victoria. `¡Que disparate, me queda grande el cargo!¡Si pudieran nombrarme director de la Biblioteca de Lomas de Zamora, sería suficiente!`. Y ella me dijo:`¡No seas idiota!`. Y consiguió aquello, que era un cargo mucho más importante".

"Siempre nos tratamos de usted. Además ella era myor que yo, nunca me hubiera atrevido a tutearla. Soportó la crítica y la incomprensión muchas veces, pero no creo que le doliera. Era muy valiente. (...) Es imposible definirla con una sola palabra. La mejor forma de definirla es decir Victoria Ocampo", la honra su amigo.

   
Fuente :  Telam Cultura – 3 de julio de 2014

Borges y Victoria: la pasión de una amistad difícil




El autor de Ficciones y la directora de Sur mantuvieron un vínculo fructífero que no careció de momentos de rispidez, como lo prueba el sugestivo epistolario incluido en Diálogo con Borges, que El Ateneo/Sur publicarán el próximo mes

Por Pablo Gianera
 
Sólo desde el final, con esa necesidad que el presente proyecta sobre el pasado, puede entenderse la relación -tan simple, tan intrincada- que unió a Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges. Victoria murió en enero de 1979. En el lapso de los tres meses siguientes, Borges escribió tres artículos sobre ella. "Casi puedo escribir que hoy tiene principio nuestra callada y verdadera amistad", anotó en uno de ellos, fechado en abril. "Podemos verla ahora -decía en otro, titulado sencillamente 'V. O.', que apareció en LA NACION-. Antes la ocultaban las circunstancias, las cosas del azar, cada día. Desde un instante de 1979 la distancia mágica de la muerte nos deja divisarla de un modo inmóvil, eterno y singular." ¿Cómo es la visión última, cuál es la singularidad? Ese mismo artículo, como los otros dos, serán intentos trabajosos, algo incómodos, de responder esa pregunta, posible únicamente con la muerte de una de las partes.

Victoria Ocampo y Borges se conocieron hacia mediados de la década de 1920 por intermedio de un amigo en común, Ricardo Güiraldes, muerto cuatro años antes de la fundación de Sur. Victoria era infalible para reconocer la condición excepcional que había en los otros. No se equivocó con Igor Stravinski, ni con Duke Ellington, no se equivocó con T. E. Lawrence ni con William Faulkner ni con la mayoría de los autores que decidió publicar en la revista y en la editorial Sur. Tampoco se equivocó con Borges. "Había en él una tendencia a ironizar sobre aquello que no fuera de su gusto, y nuestros gustos diferían. La ironía de Borges actuaba sobre mí como el limón sobre la ostra abierta." Esto cuenta Victoria Ocampo en el artículo que formó parte de la edición del cuarto número de Cahier de L'Herne dedicada a Borges y que, traducido, integra ahora Diálogo con Borges. Ese volumen reúne también cartas inéditas [ver aparte], textos del autor de Ficciones, el libro de conversaciones entre ambos publicado originalmente en 1969 y varias fotografías. La del limón y la ostra es una metáfora curiosa: el ácido provoca convulsión en el cuerpo de la ostra, pero también la limpia casi hasta la esterilización. Que Borges podía irritar a Victoria queda claro ya en la metáfora de la frase; menos evidente es que la convirtiera en alguien distinto, que la hiciera cambiar de idea. Sin duda, a él lo desalentaban algunos entusiasmos volátiles de ella ("cometía para mí la herejía de preferir Baudelaire a Hugo", dice en el discurso pronunciado en la sede de la Unesco el 15 de mayo de 1979), pero ella habría renunciado a cualquier cosa antes que a sus entusiasmos.

Aunque escasa, la correspondencia entre Borges y Victoria, de la que aquí se reproducen varios pasajes, permite una mirada un poco más microscópicamente íntima sobre el vínculo; más íntima, para empezar, que los envaramientos del homenaje y el obituario. De 1927 a principios de la década de 1970, cada una de las cartas de Borges incluye alguna variedad del agradecimiento o tiene su causa en él. Tres ejemplos. En la primera, justamente de los años veinte, le agradece la lectura de su conferencia "Sobre el idioma de los argentinos", que había salido en La Prensa (de paso: Borges, que no leía en público, fue sustituido en el foro): "Usted ha sabido decir lo que yo siempre he pensado de la lengua española, y que no he podido decir". Quiso encontrarse con él. Medio siglo después -desde el final una vez más- Borges dirá: "El muchacho, como es de suponer, estaba un poco intimidado por la imperativa señora y cincuenta años no pudieron borrar del todo aquel miedo inicial". Borges y Ocampo pudieron estar en desacuerdo en muchas cuestiones, pero esa coincidencia inicial acerca de la conferencia fija una posición compartida; incluso un texto posterior como "El escritor argentino y la tradición" condensa una parte considerable del espíritu de Sur.

Más de una vez -en 1946, en 1953- Borges envía por carta antecedentes profesionales a pedido de Victoria. Ella no era su agente, naturalmente, pero actuaba como si lo fuera. El Borges público que conocemos, el conferencista full-time, es en buena medida una invención de Ocampo. Otra cosa era Victoria como editora. Aunque Borges publicó casi todo en Emecé, la mayoría de sus cuentos, poemas y ensayos aparecieron primero en la revista Sur. Era como si Borges usara en cierto modo la revista de Victoria como base de operaciones; como si necesitara la distancia de lo impreso en una publicación periódica para dar después con la forma final. Y una última instantánea. En las cartas que envía desde Austin, Texas, durante el viaje que hizo con su madre entre fines de 1961 y principios de 1962, Borges pide "alguna tímida noticia" sobre una Antología personal que dejó "por ahí". La carta, con alguna intromisión de la madre Leonor, está datada el 30 de noviembre de 1961 y la Antología personal en cuestión, que publicó la editorial Sur, lleva pie de imprenta de diciembre de ese año. Además de ser la primera antología de Borges, ese libro tuvo otra particularidad un poco más banal. A contramano de la austeridad del diseño de tapas de Sur -nada más que título, autor y la flecha que apunta hacia abajo sobre fondo liso- en Antología personal había -excepción concedida al escritor excepcional- una foto de Borges.

"Personalmente le debo mucho a Victoria Ocampo, pero le debo mucho más como argentino", dice Borges en "V. O.". La deuda nacional, muy general, parece disimular aviesamente la personal. Pero nadie hizo tanto por Borges como ella; lo hizo aun indirectamente gracias a la áspera relación que, por intermedio de Victoria, Borges entabló con Roger Caillois, resueltamente decisivo para la recepción de Borges en Francia y otros países de Europa. En la única carta de Victoria, una epístola sin fecha con un punto de resentimiento que trata sin embargo de poner las cosas en su lugar, ella dice: "Por ejemplo, si la revista Sur no hubiera invitado en 1939 a Roger Caillois, autor joven y desconocido, para dar conferencias en Buenos Aires, tal vez la traducción de sus obras, querido Georgie, hubiera tenido que esperar algunos años más. Desde luego, se hubiera tratado sólo de una demora. Otro Colón lo hubiera descubierto (para los europeos). Pero en este caso, la feliz elección de Sur resultó beneficiosa para la difusión de la obra de Jorge Luis Borges..."

"Poseyó, en grado sumo, 'la gracia que no quiso darme el cielo', el don de la confidencia siempre íntima y nunca indiscreta, que es el atractivo esencial de sus Testimonios." El elogio tardío de Borges esconde una reticencia o una incomprensión. El primer atractivo de los Testimonios no es la confidencia; si así fuera, su interés resultaría meramente documental. Para decirlo de una vez: no sería justo que, todavía ahora, la obra de Sur y su proyecto modernizador siguieran postergando a la escritora.

"A Borges le llevo una ventaja -escribió Victoria en la novena serie de Testimonios-: lo conozco. La recíproca es improbable. Lo admiro. La recíproca es impensable." Su generosidad se pone a prueba también en la manera en la que su carácter imperioso aceptó, dócil y fiel, relaciones que juzgaba asimétricas. La de Borges y Victoria fue la amistad menos probable; una amistad que hicieron posible solamente la inteligencia y la abnegación más desinteresada.

Fuente : La Nacion

sábado, 12 de abril de 2014

Borges y Victoria Ocampo


por Axel Díaz Maimone

Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges se conocieron en 1925, a través de Ricardo Güiraldes. Según contaba la madre de Borges, eso fue cuando su hijo habló sobre “El idioma de los argentinos”, y al día siguiente recibió una carta de V.O. donde lo felicitaba por su conferencia y le pedía que la recibiera para conversar sobre el tema. Así, surgió entre ellos una amistad que contempló ciertos roces o asperezas.

Cinco años después, cuando Victoria Ocampo decidió fundar la Revista SUR por consejo de Waldo Frank, Borges estuvo a su lado. Borges fue un hombre de SUR, pese a que no le gustaba que lo llamaran así; estuvo en el consejo de redacción de la Revista desde que se fundó, y colaboró en sus páginas hasta el final. SUR fue la única publicación que homenajeó a Borges con un número especial cuando la Comisión de Cultura le negó el Premio Nacional de 1941 por El jardín de senderos que se bifurcan. Y gracias a las gestiones de Roger Caillos, que pasó en Argentina la II Guerra Mundial como huésped de SUR y tradujo los cuentos de Ficciones, Borges fue conocido en toda Europa.

Diálogo con Borges

En varios de sus Testimonios y en muchas páginas de SUR y de los principales diarios y revistas del país y del exterior Victoria Ocampo habló de Borges. Pero, quizás, el mejor reconocimiento que Victoria le dio al poeta fue Diálogo con Borges; con ese libro le demostró su amistad y su admiración.

La conversación entre Victoria y Borges, a medida que van pasando las páginas del álbum fotográfico que Leonor Acevedo de Borges le prestó a Victoria y que ellos comparten con el lector, es interesante y reveladora. Gracias a Victoria descubrimos un Borges distinto del que aparece en los libros de entrevistas (el Borges que habló con Victoria una tarde de 1967 en San Isidro solo es comparable con el que nos ofrece María Esther Vázquez en sus diálogos). Aquí, el autor de El Aleph da rienda suelta a sus recuerdos, habla de sus antepasados, de sus padres y de su hermana, de su vida, de los lugares que quiere. Como sentenció Bioy Casares, Diálogo con Borges es “un libro valioso, además de divertido” .

Manuel Mujica Lainez, amigo de Borges y de Victoria Ocampo, fue el encargado de presentar el libro. En el acto, Mujica dijo: “Es como si los diversos personajes que en el libro figuran y los dos conversadores fuesen contemporáneos entre sí y estuviesen situados, simultáneamente, en un aire, más allá de los días que convoca para la historia, en pie de igualdad, a seres cuyas existencias y cuyos pensamientos se vinculan con lo profundo del alma argentina. […] Aunque Victoria se ha empeñado en despojar al libro de intimidad y en hacer de él un testimonio lo más objetivo posible, advertimos, al ir de una página a la otra, el calor y el resplandor que brotan de los sentimientos hondos. […] No hay duda de que el libro que hoy se lanza proclama, escuetamente, sencillamente, la madurez de la literatura argentina, pues una literatura que solicita, que exige la aparición de textos como los que comentamos, reclamados por el público, ansioso de saber más y más acerca de sus escritores, ha logrado una calidad
equiparable a la que distingue en los países de alta tradición cultural, al mundo del espíritu”.
Victoria corrige a Borges

A mediados de la década de 1960, Jean de Milleret entrevistó al autor de Ficciones y luego publicó esas conversaciones bajo el título de Entretiens avec Jorge Luis Borges (Belfond, París, 1967). Nuestro escritor dijo unas cuantas inexactitudes, en lo que a SUR se refiere, y Victoria no las dejó pasar. Enseguida le pidió que corrigiera las erratas, para luego olvidarse del tema. Y cuando apareció la edición española del libro (Monte Ávila, Caracas, 1970) volvió a encresparse al comprobar, horrorizada, que nadie había tenido en cuenta sus observaciones.
Desde Mar del Plata le escribió a María Renée Cura, su gran amiga: “Querida Miné: […] No sé si viste en La Nación (suplemento) del 6 de febrero una nota sobre las Entrevistas de Borges – Milleret, traducidas y publicadas en español en Caracas. Aquí no las habían querido publicar por las cosas hirientes (gratuitamente) que Borges y Milleret se ingeniaron en juntar en ese libro. // Me resultó muy indignante volver a leerlas en español y resolví contestarlas. […] ¿Por qué hará perradas así? Vivimos en planos tan distintos que no se explica. Él no tiene motivos para sentir rivalidad con nadie y menos conmigo, que estoy como dije en otro plano. Además no debe apreciar nada de lo que yo escribo… (si es que lo leyó alguna vez, cosa dudosa)” .
La sinceridad de la carta de Victoria se pone de manifiesto en “Fe de erratas” (Testimonios, novena serie), la nota que envió a La Nación corrigiendo los dichos de Borges. Allí habla con tal simpleza que cualquier persona se hubiera puesto de su lado. Y no duda en largar algunos dardos, con puntería certera, contra Borges y sus declaraciones. Esa nota fue un desahogo y, al mismo tiempo, un acto de justicia.

Una callada amistad

En las muchas páginas que Victoria le dedicó a Borges, siempre valoró su talento, su inteligencia, sus méritos. Para ella, Borges era Borges; nunca lo llamó por su nombre ni lo tuteó, pero lo sentía su amigo. Quizás basten dos citas para ejemplificarlo: la primera (leída hace mucho en una separata de SUR que se ha perdido en mi biblioteca) dice “Lo admira, su amiga Victoria Ocampo”; la segunda: “A Borges le llevo una ventaja: lo conozco. La recíproca es improbable. Lo admiro. La recíproca es impensable” (Testimonios, novena serie).

Borges, que habló de Victoria en contadas ocasiones, dijo con motivo de su muerte: “Personalmente, le debo mucho a Victoria Ocampo. Pero le debo mucho más como argentino”. Esa declaración, publicada en La Nación en febrero de 1979, se complementa con otra que apareció en La Prensa unos meses después, que terminaba diciendo que en el momento de la muerte de Victoria Ocampo, se había dado cuenta de lo que ella había significado en su vida y que, a partir de entonces, había empezado entre ellos una “callada y verdadera amistad

Fuente : Axel Diaz Maimone blogspot



Google rinde homenaje a Victoria Ocampo con un nuevo "doodle"


En el 124° aniversario de su nacimiento, el buscador recuerda este lunes en la Argentina a la escritora quien fuera directora de la revista literaria Sur

Google Argentina le rinde homenaje este lunes 7 de abril a la escritora Victoria Ocampo, con un nuevo "doodle" gráfico en el que se ve a la artista sosteniendo un ejemplar de Sur, la revista literaria que fundó y desde donde promovió a diversos talentos nacionales e internacionales.
En el 124° aniversario de su natalicio, el buscador de Internet recuerda a la autora de diversos libros como "La laguna de los nenúfares", "Testimonios y Tagore en las barrancas de San Isidro". Recientemente, su casona quedó envuelta en una polémica
Nacida hace 124 años en el seno de una familia aristocrática, Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo, más conocida como Victoria Ocampo, fue educada con institutrices y su primer idioma fue el francés. Nació en la localidad bonaerense de Béccar y falleció el 27 de enero de 1979.
Publicó su primera obra en 1924, "De Francesca a Beatrice", editada por la Revista de Occidente con la ayuda del filósofo español José Ortega y Gasset.
Participó desde su juventud en las primeras manifestaciones de los movimientos feministas, intelectuales y antifascistas argentinos, lo que la llevó a fundar en 1936 la Unión de Mujeres Argentinas. Y en 1976 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras, la primera mujer en ocupar ese lugar.
Además fue presidenta del Directorio del Teatro Colón en 1933; Vicepresidenta Honoraria Internacional del Pen Club; y Miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes de 1958 a 1973.

Sus viajes por el mundo le permitieron entrar en contacto con los principales exponentes de la literatura como Waldo Frank y Eduardo Mallea, quienes la impulsaron a fundar la revista y editorial Sur en 1931, desde donde promovió las obras de destacados autores nacionales e internacionales, como Federico García Lorca o Virginia Woolf.
En 1941, se instaló definitivamente en su residencia de San Isidro Villa Ocampo. La casona supo ser lugar de encuentro de intelectuales y artistas de todo el mundo, como Jorge Luis Borges, Rabindranath Tagore, André Malraux, Waldo Frank, Roger Caillois, Ernest Ansermet, Indira Gandhi, Gabriela Mistral, Igor Stravinsky, Graham Greene, Le Corbusier y Albert Camus, entre otros.

Fuente : Iprofesional


sábado, 21 de enero de 2012

Carta de Victoria Ocampo a Jorge Luis Borges, 18/12/1977







Fuente : Academia Argentina de Letras
http://www.letras.edu.ar/wwwisis/avo/form.htm