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viernes, 2 de agosto de 2019

Borges, heredero de Shakespeare y Cervantes




En su nuevo libro, el escritor español Jorge Carrión destaca la importancia universal del autor de “El Aleph”.

Por Patricio Zunini

La parodia y el homenaje tienen como raíz el gran conocimiento de la obra original. Nunca una parodia ni un homenaje serán buenos si no hay admiración, dedicación y estudio. Por eso muchas veces César Aira es tan mal parodiado —entre las excepciones se destaca, sin dudas, el trabajo de Ariel Idez—; por eso muchas veces Jorge Luis Borges es tan mal homenajeado.

No se puede leer ingenuamente a Borges, no se lo puede homenajear ingenuamente. Además, Borges supone un problema extra: tomar cierta distancia de él. Es como un virus, un caballo de Troya que prepara todo para abrir las puertas mientras estamos descuidados y conquistarnos. "Aún los que están totalmente en contra de él leen con un criterio borgiano", decía Alan Pauls hace unos años, al hablar de su ensayo El factor Borges. Quienes fueron conscientes de las puertas que abría Borges y pudieron reelaborar su literatura son los que hicieron algo nuevo y valioso. Para nombrar solo a dos ejemplos de una lista extensa: Roberto Bolaño en Literatura nazi en América y Luis Chitarroni en Siluetas tuvieron la capacidad de apropiarse de los temas, de sus búsquedas y las preguntas de Borges.

En este grupo está también, sin dudas, el español Jorge Carrión con el libro Shakespeare & Cervantes (Ed. Nórdica, 2019). Carrión escribe a partir del cuento "El otro": un hermoso relato de 1972, donde un Borges de pelo gris se encuentra en un banco de plaza con una versión joven de sí mismo: ambos se entrecruzan como en un ensueño fantástico, hablan de sus libros, de sus padres. No hay consejos, no hay cambios de conducta, no hay preguntas cruciales ni verdades reveladas. Tan solo dos hombres —el mismo— que miran al destino como un camino insondable.

Carrión recupera el artificio borgiano de hablar de un manuscrito extraviado… de Borges, en este caso. Como un médium, le da una voz posible y retoma varias de sus características más conocidas para darle un marco y un sostén a la historia: el libro apócrifo, la primera persona que certifica el verosímil, la cita falsa, el pliego barroco de la realidad, la literatura como indagación.

El cuento perdido de Borges se llama "Los otros dos". Es un cuento menor, dice Carrión, del que sólo tuvo acceso a unos pocos fragmentos. Más borgiano no se consigue. Y, sin embargo, es exquisita la manera en que evita el error de todos los epígonos e imitadores de Borges. Carrión nunca pierde su estilo. Shakespeare & Cervantes podría ser un escrito póstumo en colaboración.

La victoria del género menor

La estructura del libro es relativamente simple. Carrión comienza hablando de sí —como tantas veces ha hecho Borges— y sutilmente desliza el tema del cuento perdido y nos mete en la historia adentro de la historia: en "Los otros dos" Borges pasea por Ginebra y, mientras mira una partida de ajedrez en la plaza, se sienta en un banco ocupado por dos hombres, William y Miguel. El diálogo es intrascendente, pero se adivina que es un efecto buscado por el narrador, que "omite o desfigura los hechos".

"El secreto de Cervantes y Shakespeare", escribe Carrión casi al final, "está en el mecanismo creativo que concibieron, desarrollaron y perfeccionaron, en paralelo, sin conocerse. Los dos trabajaron a partir de materiales previos, de novelitas populares y leyendas urbanas y cuentos chinos. De relatos pulp, de la pulpa de papel, sustrato de la cultura. De géneros menores. Los dos moldearon, remezclaron, transformaron esos textos preexistentes, hasta convertirlos en obras maestras. El mecanismo es antiguo, se remonta a los orígenes de la creación literaria. Pero Shakespeare y Cervantes lo reconfiguraron en clave moderna: sin miedo a los límites, sin miedo a los géneros y sin miedo a los dioses".

La lectura que hace de Cervantes y Shakespeare aplica a la perfección para Borges. Y tal vez sea también un intento para pensarse a sí mismo. No hay que olvidar que él mismo toma esos materiales —aunque tal vez con más hincapié en cine y series— para sus libros, como en la novela Los muertos y en el ensayo Teleshakespeare.

Centro y periferia

En el ensayo "El escritor argentino y la tradición" (1957), Borges planta el precedente de una arrolladora que modificó la forma de concebir la literatura, no sólo en la Argentina, sino en América latina y en todos los países "tercermundistas" en general: no hay razón para que no se pueda considerar a cualquier autor ni a cualquiera obra como instrumento. Borges invierte la relación de fuerzas entre las tradiciones "fuertes" y las "nuevas". Sólo este ensayo debería servir para que la imagen de conservador con la que siempre se lo asoció se rompiera en mil pedazos.

Cómo no volver a aquel ensayo, cómo no pensar por dónde pasa el eje centro-periferia de la literatura, ahora, cuando es un español el que usa la obra de Borges como arcilla y lo pone en una serie junto con Shakespeare y Cervantes.

Fuente: Infobae

sábado, 21 de abril de 2018

Un thriller literario que evoca a Jorge Luis Borges


La segunda obra de la "trilogía de Toronto", de Mercedes Fernández, será presentada este miércoles. La anterior, Grietas en el paraíso, obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

La mencionada obra era la primera entrega de la denominada "trilogía de Toronto", cuya segunda parte, La marca, se presentará este miércoles a las 20 en el Salón de los Pasos Perdidos de la Legislatura de Mendoza y el 1 de mayo lo hará también en la Feria del Libro de Buenos Aires. La próxima y última entrega se llamará Muerte en North Park.

La autora habla en esta nota de las singularidades de La marca y por qué considera que este trabajo es un "thriller literario".

–¿Cómo se vincula "La marca" con el resto de la "trilogía de Toronto"?

–Es una trilogía porque lo que la enhebra son los escenarios (Toronto y Mendoza) y los personajes que realizan la investigación: la periodista mendocina y el detective canadiense. En este caso, este libro yo digo que es un "thriller literario" porque ellos van a estar envueltos en una situación donde un hombre entra en coma y pierde la memoria. Cuando despierta no recuerda quién es y sólo puede hablar con textos literarios.

–Es complejo armar diálogos a través de los textos de otros...

–Por eso hay toda una bibliografía detrás, muy grande, con todas las citas correspondientes.

–Y todas tus lecturas. Me parece que acá se han juntado la escritora y la lectora...

–Por supuesto, y por eso ha sido un gusto. Un escritor es lo que lee y esa es la marca, lo que ha leído. 

De allí "la marca" que va a tener este hombre. En el medio hay una serie de extrañas muertes y sobrevuela la figura de Jorge Luis Borges, con El Golem, porque el asesino va dejando versos de esta obra. Mi novela tenía como subtítulo La novela de Borges, que al final no lo dejé, porque la pareja protagónica va persiguiendo una novela de él, secreta, porque recordemos que Borges no escribió ninguna, porque descreía del género. Esta novela secreta es cabalística, de metafísica, simbólica.

–¿Cada una de las novelas de la trilogía conserva su independencia en cuanto a lo argumental?

–Sí, son independientes, pero la última comienza con la frase con la que termina la primera novela: 

"Alguien en algún lugar levantó un teléfono y dio una orden". Así comienza Muerte en North Park, que cerraría la trilogía.

–¿Planeaste la trilogía completa?

-No. En Grietas en el paraíso me gustó la manera en que se movían los personajes y La marca surgió cuando leí que un hombre había perdido la memoria, eso fue en Toronto. No sabía quién era a raíz de un golpe que había sufrido y a partir de eso me interesó trabajar con el tema de la memoria y Borges, porque él es la memoria, el ejercicio de la memoria. A este hombre de mi novela se le despierta lo que se llama "memoria límbica", ese lugar donde él atesora todos los textos que ha leído y ni sabe cuándo los ha leído. El va a ser uno de los sospechosos de las muertes, en una trama policial y literaria.

–¿Antes de escribir, esquematizás la novela?

–La trilogía se armó sola, pero cada novela la trabajo independientemente. Primero hago un resumen de la obra, una síntesis y a partir de allí luego aparece la estructura. La marca se escribió cronológicamente, tal como fue planteada, pero después tuve que hacer, al mismo tiempo la investigación de los textos. Estos son bastante largos y llevan un número entre paréntesis que luego remite a la cita. No los quise poner directamente como citas para no romper el ritmo de la novela, la tensión.

–¿Qué podemos decir de este hombre que no recuerda nada, excepto estos textos?

–Lo único que sabe de sí mismo es que se llama Alex Zimmerman. Lo llamé así porque Alex comienza con la letra A y Zimmerman con la Z, y entre la A y la Z están contenidas todas las letras que conforman las palabras. Todo esto está explicado a lo largo de la novela.

–¿Cómo definís "La marca"?

–Creo que es una obra que tiene bastante tensión, suspense, pero para mí ha sido una fiesta escribirla, por el recorrido que he hecho por los libros que me gustan a mí.

–Además de Borges, ¿qué otros autores aparecen?

–James Joyce, Hermann Hesse, Jean Paul Sartre. También hay citas de la ópera La flauta mágica o de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. También hay textos de Rainer Maria Rilke, Charles Baudelaire, Julio Cortázar, Hermes Trismegisto, Umberto Eco, Clarissa Pinkola Estés, John Keats, Ezra Pound, Walt Whitman... Me he dado el gusto de correr un poco por la literatura. 

También hay muchos latinismos, porque este personaje habla con otro en latín, aunque no sabe dónde aprendió a hablarlo.

–Supongo que "La marca" va a generar muchas expectativas, sobre todo por lo bien que le fue a "Grietas en el paraíso"...

–Esta novela me da un poco de miedo, porque a lo mejor es algo compleja, porque la lectura va a exigir la lectura de otros autores.

–También puede verse como un puente para los lectores, para que vayan a buscar los libros de esos otros autores...

–Creo que sí, eso mismo me comentaron mis lectores objetivos, que se fueron a buscar esos otros textos. Además los incluyo en itálica y entre comillas, para que no quede como que yo he usado las frases de otros, para que sea claro que se trata de textos de otros autores.

Fuente: Diario UNO  -  Mendoza

domingo, 3 de septiembre de 2017

Dos textos de Borges en Irak


Bassem Al Meraiby
Poeta y editor iraquí, radicado en Suecia.

Encontré a Jorge Luis Borges, a principios de los años 80 bajo los portales de la calle Al Rashid. Acababa de salir del Baraziliyya café. Titubeaba en cruzar la calle. Lo tomé del brazo. Mientras caminábamos hacia el edificio del Correo Central, le pregunté: ¿Qué te ha traído aquí, si nuestro país está en guerra? Dijo: No importa, soy descendiente de guerreros. Vengo en búsqueda de Harún al-Rashid. Llevaba, en mi mano, La epopeya de Gilgamesh, que acababa de comprar ende una librería a pocos pasos del café. Puse el ejemplar en su mano y dejé al maestro en el laberinto de Bagdad.

Barajar
El interrogador encargado de seguir el caso del secuestro y asesinato del pintor y periodista Salam Raoof Jattar se sorprendió al ver al sospechoso confesándolo todo; no sólo su responsabilidad en este crimen, sino de otros también, cuyos víctimas, en su mayoría, han sido gente conocida. Confesó que pertenecía a una organización llamada “Grupo independiente del crimen”. Asombrado, el interrogador preguntó acerca del nombre de la pandilla. El detenido explicó que su grupo no se adscribía a ningún partido político de esos que abundan y controlan el país. Su misión, dijo, es antes que todo observar los conflictos y regateos entre el gobierno y los otros partidos o personalidades políticas, por un lado, y los periodistas, intelectuales y los opositores en general, por el otro. Debido al creciente número de casos donde tales conflictos se transforman en amenazas, su organización –así insistió en llamar a su pandilla– se aprovecha de la tensión reinante para elegir a las víctimas para la ejecución de sus crímenes. La muerte de ellas, dijo, luego aparece como un ajuste de cuentas entre las partes en conflicto. Nosotros no tenemos nada que ver con todo lo que pasa y nada nos importa, dijo, y todos los asesinatos que hemos cometido los hicimos sin querer. Nuestra misión, dijo, es barajar. Con estas palabras terminó el asesino su confesión y parecía estar tranquilo.

El dictador y los perros
El dictador reprochaba a sus ciudadanos por no amar a los perros. Según él, no amar a los perros indicaba su retraso. Así, emitió una orden que obligaba a cada individuo adulto a adoptar un perro. Una familia que contaba con diez adultos entre sus miembros tuvo que convivir con diez perros en la casa, y así sucesivamente. Fue así como, con el tiempo, el número de perros si hizo igual que el número de los ciudadanos. Misteriosamente, el número de perros comenzó a superar al de los ciudadanos hasta que, un día, sólo quedaron los perros y el dictador. Fue cuando el dictador suspiró profundamente y dijo: Sólo ahora hemos alcanzado el progreso.


 Bassem Al Meraiby
Poeta y editor iraquí, radicado en Suecia.
Traducido del árabe al español por Shadi Rohana
Tomado de La Jornada Semanal.

Fuente : Listín diario


viernes, 11 de noviembre de 2016

Cuando el deporte y la literatura juegan juntos





 
El nuevo libro de cuentos de Ariel Scher entrecruza la vida de las canchas con la de los libros.

Hay colecciones de cuentos que son buena literatura y hay colecciones de cuentos en los que el tema es el deporte. Ahora, como novedad, Ariel Scher publica "Deportivo Saer y otros cuentos de literatura y deporte", una suma de ficciones en las que la literatura y el deporte se entrecruzan para contar vidas, mundos, libros y goles.

Editado por el sello Club House, el libro de Scher funciona como muchas cosas al mismo tiempo: colección de historias, homenaje a incontables autores y deportistas, original ensayo con forma de cuentos sobre la trama de vínculos que ata a la literatura con el deporte, desfile de hallazgos sobre la presencia del deporte en escritos y escritores muy diversos. Esparcidos en las páginas surgen Roberto Fontanarrosa y Nicolino Locche, Jorge Luis Borges y decenas de futbolistas, Roberto Arlt y la selección argentina de fútbol, grandes autores argentinos de diversas épocas y el básquetbol, obras famosas y olvidadas como llaves para generar nuevos textos. Después de los cuentos, el libro incluye una amplia bibliografía.

Scher es narrador, periodista y docente y ya publicó otros libros de ensayos, ficción e investigación, entre ellos Fútbol, pasión de multitudes y de elites (con Héctor Palomino); La patria deportista, Wing Izquierdo, el enamorado; La pasión según Valdano (con Jorge Valdano); Fútbol en el Bar de los Sábados, Deporte Nacional (con Guillermo Blanco y Jorge Búsico), Contar el juego: Literatura y deporte en la Argentina.

Fuente : Clarín


miércoles, 1 de junio de 2016

‘Hiperficción’ el libro interactivo de Miguel Herrero Herrero




‘Hiperficción’ es un ensayo multidisciplinar (literatura, cine, videojuegos, artes plásticas, artes escénicas, etc.) realizado al estilo de los libros de ‘Elige tu propia aventura’. La obra de Miguel Herrero Herrero cuenta con cinco o más itinerarios posibles de lectura y más de 40 contenidos adicionales. Enlaces a vídeos, documentales, tráilers, entrevistas, reportajes, producciones interactivas y webs, que se pueden visualizar mediante el uso de códigos QR o de la web de la productora cinematográfica y editorial Cinestesia.

Este ensayo pretende mostrar la evolución del hipertexto y la hiperficción en la literatura, en el cine y en los videojuegos, en relación con otras artes y disciplinas, a partir de los autores y las obras más destacadas, generalmente no lineales. Desde escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, William S. Burroughs, Italo Calvino o James Joyce a cineastas como Luis Buñuel, David Lynch, Jim Jarmusch, Quentin Tarantino o Christopher Nolan. Capítulos que van desde las películas interactivas, la realidad virtual, los juegos de rol, la transmedia hasta los sandbox, pasando por teorías psicológicas y de la física cuántica relacionadas con la hiperficción.



El libro aporta, además, una lluvia de ideas, destinada a escritores, cineastas, creadores de videojuegos y artistas en general. Muestra todo un abanico de posibilidades y alternativas para la elaboración de cualquier tipo de obra de hiperficción.


Fuente : Audiovisual 451



viernes, 25 de marzo de 2016

El evangelio según San Borges por Omar Pérez Santiago




Conferencia del escritor chileno Omar Pérez Santiago en la Biblioteca Nacional de Chile. Es autor de los libros La Novia de Borges, Allende, el retorno y Nefilim en Alhué, entre otros


El Evangelio según San Borges

Omar Pérez Santiago, Junio 2006.


Me levanto muy temprano y voy al encuentro con Jorge Luis Borges.

Participo de una reunión de trabajo de la OMS en Ginebra. Pero esta mañana de invierno salgo del Hotel Cornavin decidido a encontrarme con Jorge Luis Borges, el maestro.

La nieve le otorga una azulina claridad a esta ciudad, a esta hermosa ciudad. Cruzo el río Ródano y me introduzco en la ciudad vieja por Rue de la Sinagoga. Ingreso al Cimetière des Rois, el panteón de Ginebra. El cementerio es austero, a estos muertos les ofende el lujo y la apariencia. En la entrada hay una capilla y en la muralla, un mapa. Camino a la zona D y llego a la tumba 735. La piedra recubierta de hielo dice: Jorge Luis Borges. Debajo de un relieve de unos guerreros vikingos la frase “…and ne forhtedon nà” —”…no tener miedo”—, y, más abajo: (1899-1986).

No sé que hacer.

Doy una vuelta alrededor de la piedra. Allí se lee la frase de la Völsunga Saga: “Hann tekur sverðið Gram og leggur í meðal þeirra bert” —”Él tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos”.

Hay un grabado de una nave vikinga, y bajo ésta una tercera inscripción: “De Ulrica a Javier Otálora”.

De pronto, siento un aliento.

En este mismo cementerio, unos pasos más allá, están los restos de Juan Calvino. Me surge una intuición. Borges fue un calvinista. Su estética es calvinista.

¿Y su fe, cuál era la fe de Borges?

Borges llegó por primera vez a Ginebra el 24 de abril de 1914 y la ciudad tenía 130 mil habitantes. Hasta el 6 de junio de 1918 vivió aquí con sus padres, su hermana y su abuela materna —en la Vieille cité, en la actual Ferdinand Doler número 9, cerca de la iglesia ortodoxa rusa.

Entonces Borges tenía 15 años, la edad única de formación intelectual y de una fe. Borges no era feliz. “Yo era entonces un joven desdichado”.

Su padre lo envió a ver una puta en la calle Dufour. No pudo realizar el acto. Era joven y no era feliz. Su hermana Norah ha recordado que Borges estaba muy triste y volvía por las noches llorando a casa. Esta desdicha la convertiría Borges con el tiempo en una pose literaria:

    “He cometido el peor de los pecados
    que un hombre puede cometer. No he sido
    feliz” (El remordimiento).

El joven desdichado hace el bachillerato en el College Calvin, un liceo inaugurado en 1559 por Juan Calvino. Borges entra a la clase del profesor H. de Ziegler, el segundo año lo hace con de Patois y el tercer año con Juvet. Son cuarenta alumnos, más de la mitad eran extranjeros. Varios de sus compañeros y amigos eran judíos.

¿Qué se podría haber estudiado allí en el College Calvin?

Conjeturo: una fe.

Borges, el bilingüe, se hace multilingüe. Lee allí lo que muchos jóvenes aún hoy leen como primeras lecturas: los simbolistas franceses (Verlaine, Rimbau, Mallarme), la poesía de Walt Whitman (en una traducción alemana en un anuario expresionista) y la filosofía de Schopenhauer. Borges no puede sustraerse a la influencia de la revolución rusa del 17 y escribe sus poemas Los salmos rojos (“La trinchera que avanza / es en la estepa / un barco al abordaje / con gallardetes de hurras”).

Borges leyó la Biblia en la traducción de Lutero, que “contribuye a la belleza” y aprendió de Calvino su gusto por la sencillez.

Obviamente, qué duda cabe, Borges aprendió en el liceo a parafrasear como su actual vecino, Calvino: corto, irónico, cortés, elusivo. El decoro de los calvinistas. Puntillistas. Calvino se dirigía a la gente culta. Su estilo de escritura es clásico. Razona sobre los sistemas, utiliza la lógica. Calvino amaba el retraimiento. Era breve.

Qué duda cabe, ¿verdad? Borges se educa en el recato de los calvinistas. Austeros. Les ofende el lujo y la apariencia. Calvino había roto con los santos, las devociones y las supersticiones. Calzaba bien con Borges, con su pudor, su sentido del ridículo y su dignidad.

Juan Calvino buscó encontrarse a sí mismo: “Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se debe tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo” (Religión Cristiana, Libro Primero).

Borges creyó lo mismo: “Le doy vueltas a una idea: la idea de que, a pesar de que la vida de un hombre se componga de miles y miles de momentos y días, esos muchos instantes y esos muchos días pueden ser reducidos a uno: el momento en que un hombre averigua quién es, cuando se ve cara a cara consigo mismo” (Credo de poeta, Arte Poética).

Extraer de sí mismo a sí mismo. Un nacimiento interior. Una proyección de Dios. O del Espíritu. O del destino (que tal vez es lo mismo, diría el mismo Borges). La palabra —ha dicho el poeta— viene dada. Uno descubre su voz natural, su ritmo. Uno, finalmente, transmite un sueño. Sus historias deberían ser leídas como se leen las historias bíblicas, “como las fábulas de Teseo o Ahuasero”, al fin, como un evangelio no canónico.

Esta es la conclusión, que recibo esta mañana fría frente a su tumba: Borges era gnóstico, creía en el proceso intuitivo de conocerse a sí mismo. Los gnósticos —se había olvidado esto— son cristianos eruditos y carismáticos. En la época paleocristiana —entre los siglos I al IV— había tres corrientes del cristianismo, la cetrino-paulina, la judeocristiana y la gnóstica.

Los “evangelios gnósticos” —el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, el Apocrifón de Juan, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio de los Egipcios, el Evangelio de Judas, el libro secreto de Jaime, el Apocalipsis de Pablo, la Carta de Pedro a Felipe y el Apocalipsis de Pedro— habían permanecido ignorados.

Existen muchos antecedentes en la obra de Borges de su relación con el gnosticismo. Y quizás una parte de esa influencia haya estado en Ginebra, donde había una fuerte corriente gnóstica y que, quizás por la influencia anarquista de su padre, haya tenido acceso.

En 1944 se publicó Ficciones de Borges. El libro incluía ocho cuentos ya reunidos antes en El jardín de senderos que se bifurcan (1941) y agregaba otros seis nuevos, bajo el encabezamiento Artificios.

En el cuento La forma de la espada, el protagonista narra la historia de una traición como si él fuera la víctima y no el traidor. En El tema del traidor y la muerte, el primero se convierte en el segundo, en una trueque de roles. En el cuento Tres versiones de Judas, el sueco Nils Runeberg, interpreta la naturaleza del sacrificio de Cristo. Su tercera conclusión es que Dios no se encarnó en Jesús cuando asumió la condición humana, sino que Dios totalmente se hizo hombre en Judas.

Años después, en 1975, Borges publica El libro de arena. Y su cuento La secta de los Treinta puede leerse como un adjunto de Tres versiones de Judas. Aquí habla sobre la voluntariedad del sacrificio de Jesús y de Judas. En la tragedia de la Cruz sólo hubo dos voluntarios: el Redentor y Judas.

Por otro lado y del mismo modo a Borges le preocupa la belleza. Calvino admiraba a los celtas por razones políticas, religiosas y estéticas. Borges aprendió de Calvino que las traducciones literales tenían exotismo, y por eso, belleza. Borges afirma que las bellas traducciones literales surgen con las traducciones de la Biblia. Principalmente, cita Borges a la Biblia inglesa, la Biblia de su abuela protestante, donde él aprendió a leer.

Calvino admiraba a la literatura gaélica por la calidad estética de la traducción de la Biblia.

La literatura gaélica era un orden de los celtas. Viene del alfabeto ogham y tiene base rúnica.

La literatura gaélica está asociada a la religión culta y a la lectura de la Biblia.

Así Borges llegó a la idea germana: unos hombres sometidos a la lealtad, al valor y a una varonil sumisión al destino. Por esa vía, Borges se topó con la literatura escandinava, las runas y las sagas islandesas. Una runa era una manifestación divina. 46 años después, Borges, junto a la bella María Esther Vázquez, completaría su viaje cuando publica Literaturas germánicas medievales, y escribiría su popular sentencia: “De las literaturas germánicas medievales la más compleja y rica es incomparablemente la escandinava”.

Cuando su mujer, María Kodama, en sus últimos días aquí en Ginebra, le preguntó si le llamaba a un sacerdote, Borges contestó que le trajera dos: un católico y un protestante.

Antes de morir el poeta rezó el Padre Nuestro.

En Ginebra, el día 14 de junio de 1986, oficiaron los ritos funerarios de un gnóstico, un sacerdote católico, Pierre Jacquet y un pastor protestante, Edouard de Montmollin, que aclaró la importancia de la fe metodista de la abuela de Borges. El pastor leyó el primer capítulo del evangelio según San Juan. Leyó, como si fueran textos sagrados, como si fueran textos del Evangelio según Borges, la parábola El palacio y el poema Los conjurados, un homenaje a Ginebra, un homenaje a la tolerancia:

    “Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan
    diversas religiones y que hablan en diversos idiomas.
    Han tomado la extraña resolución de ser razonables.

    Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades”.

En el funeral de Borges María Kodama estaba vestida de blanco, y las rosas, también blancas, sobre el féretro. Ese día de junio, en la Catedral de Saint Pierre, una iglesia gótica donde Calvino proclamó su fe cismática, fue velado el poeta. Desde la catedral por una sola callejuela en bajada se llega, por la rue de la Sinagoga, al Cimetière des Rois.

Este es el Panteón de Ginebra.

Aquí está Calvino.

Aquí está Borges.

Y aquí estoy yo, humildemente, en esta ciudad fría, fría y bella y de luz azulina, para rendir respeto al maestro.

Fuente : Radio del Mar  - Chile