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martes, 26 de agosto de 2014

Detalles del manuscrito que unió a Borges y a Cortázar


Hoy, cuando se cumplen 100 del nacimiento de Julio Cortázar, lo recordamos con este texto que escribió Jorge Luis Borges para CROMOS en agosto de 1980, en el que cuenta cómo conoció al genio de la escritura.

«El previsible manuscrito de ese alto muchacho», Jorge Luis Borges

«En 'Cartas de mamá' lo trivial está en el título, en el proceder de los personajes. El prodigio requiere esos pormenores».

Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara, la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que tría un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que los ilustraría mi hermano Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula Casa tomada. Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra.

Muy poco sé de las letras contemporáneas. Creo que podemos conocer el pasado, siquiera de un modo simbólico, y que podemos imaginar el futuro, según el temor o la fe; en el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos y cursará las páginas que merecen ser releídas. Schopenhauer aconsejaba que, para no exponernos al azar, solo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años. No siempre he sido fiel a ese cauteloso dictamen; he leído con singular agrado Las armas secretas de Julio Cortázar y sus cuentos, como aquel que publiqué en la década del cuarenta, me han parecido magníficos. Cartas de mamá, el primero del volumen, me ha impresionado hondamente.

Una historia fantástica, según Wells, debe admitir un solo hecho fantástico para que la imaginación del lector la acepte fácilmente. Esta prudencia corresponde a escéptico siglo diecinueve, no al tiempo que soñó las cosmogonías o el libro de Las mil y una noches. En, Cartas de mamá, lo trivial, lo necesariamente trivial, está en el título, en el proceder de los personajes y en la mención continua de marcas de cigarrillos o de estaciones del subterráneo. El prodigio requiere esos pormenores.

Otro rasgo quiero indicar. Lo sobrenatural, en este admirable relato, no se declara, se insinúa, lo cual le da más fuerza, como en el Yzur de Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente.

Julio Cortázar ha sido condenado, o aprobado por sus opiniones políticas. Fuera de la ética, entiendo que las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras.

Fuente : Cromos.com -  26/08/2014


viernes, 14 de marzo de 2014

"Rayuela", una novela frente al espejo



 
Por Maximiliano Tomas
   
Pocas cosas más argentinas que los datos biográficos de Julio Cortázar. Nació en Bélgica, el 26 de agosto de 1914, hace cien años. Vivió brevemente en Suiza y Barcelona, hasta que a los cuatro años llegó a la Argentina. En 1951, después de haber sido maestro de escuela y de publicar su primer gran libro de cuentos, consigue una beca en Francia y se instala en París. Ya no se irá más. Muere en esta ciudad en 1984, y es enterrado en el cementerio de Montparnasse.

Ese vínculo con una tierra y, sobre todo, con una lengua (el castellano rioplatense, en el que Cortázar escribió toda su vida) convivió con un sentimiento de atracción y repulsión por la realidad social y política de su país. Cortázar se exilió en Francia escapando del ambiente de opresión irradiado por el primer peronismo. Cortázar, que ha nacido en Bélgica por error o casualidad, se nacionaliza francés en 1981 en repudio a la dictadura militar argentina. Y sin embargo, o mejor dicho, gracias a todo esto (a su cosmopolitismo y a su debilidad por la cultura europea) hay pocos escritores tan argentinos como él. Lo mismo pasa con Jorge Luis Borges, quien eligió morir en Suiza, donde había estudiado de joven.

Gracias a todo esto (a su cosmopolitismo y a su debilidad por la cultura europea) hay pocos escritores tan argentinos como él

Borges y Cortázar son los dos grandes nombres de la literatura argentina del siglo XX (de un siglo por demás pródigo para la literatura argentina). Y pueden ser vistos como las caras de una misma moneda: Cortázar, una especie de antiBorges. Pero tal vez sea más interesante pensar el lugar de Cortázar en la literatura argentina con Borges. Al fin y al cabo, fue Borges el que publicó en 1946, en una importante revista, uno de los primeros cuentos de Cortázar y lo alentó a seguir escribiendo. Los dos buscaron renovar cierta tradición literaria, los dos fueron hombres cultos y con sentido del humor. A Borges no le interesaba el mundo de la política partidaria, salvo para burlarse del peronismo, y es señalado por lo general como un hombre de derechas. Cortázar, también antiperonista, se solidarizó con regímenes revolucionarios como el de Cuba, se fascinó con la figura del Che Guevara, y es considerado un hombre de izquierdas. Borges escribió cuentos, poemas, crítica, pero nunca una novela. Cortázar, cuyos cuentos están entre los mejores del género, y que tradujo magistralmente a Edgar Allan Poe, se hizo famoso precisamente por eso que Borges nunca hizo: escribir una novela. Es la que estamos recordando acá.

En 1963, cuando se publica Rayuela, Cortázar está a punto de cumplir cincuenta años. La escribió íntegramente en París, en dos casas distintas. Alguna vez dijo: "Si yo no hubiera escrito Rayuela, probablemente me habría tirado al Sena". Por entonces se relacionó al libro con otras obras del llamado "Boom latinoamericano", como Cien años de soledad, Pedro Páramo, La ciudad y los perros. Pero sus intenciones eran otras, y sobre todo su atmósfera era otra. Rayuela es una novela urbana, que transcurre entre París y Buenos Aires. Hay poco folclore y color local en sus páginas, y mucho jazz, arte contemporáneo e ideas de las vanguardias de aquel tiempo. En 1983, apenas veinte años después, Rayuela ya se había convertido en un clásico. También, para muchos, había envejecido bastante.

Pasa algo muy raro con la novela, que el propio Cortázar advirtió en su momento. Es un libro de madurez, que convoca sobre todo a los lectores más jóvenes. "Cuando escribí Rayuela -comentó Cortázar en una entrevista- pensaba haber escrito un libro para gente de mi generación. Cuando se publicó en Buenos Aires y empezó a ser leído en América Latina, mi gran sorpresa fue que empecé a recibir centenares de cartas, y de cien cartas, noventa y ocho eran de jóvenes que no entendían del todo el libro. De todas maneras habían reaccionado de una manera que yo no podía sospechar en el momento en que lo escribí. La gran sorpresa para mí fue que la gente de mi edad no entendió nada".

Es un libro de madurez, que convoca sobre todo a los lectores más jóvenes

Hace poco escribí un artículo cuyo título era "¿Quién lee a Cortázar hoy?". No pretendía ser una pregunta retórica, y la dosis de ironía era apenas la justa. Tampoco buscaba menoscabar su importancia como autor, sino tratar de ver si algo de eso había cambiado en todo este tiempo. Hace rato que entre los editores y novelistas que conozco el nombre de Cortázar no suena como influencia a la hora de escribir. En muchos casos ese lugar fue ocupado, paradójicamente, por un autor que podríamos denominar cortazariano: el chileno Roberto Bolaño. A pesar del enojo de algunos fanáticos, si algo me quedó claro después de aquel artículo es que Cortázar no es uno sino muchos escritores: un modelo para armar. Están los que admiran su compromiso ideológico y los que creen que ese compromiso arruinó su obra literaria. Están los que solo leen sus cuentos y no soportan sus novelas. Y están los que confiesan que Rayuela les cambió la vida. Pero hay algo que se mantiene inalterable: pensada como una novela para adultos, Rayuela es el libro que muchos argentinos leen entre los 15 y 25 años. Con ella experimentan y aprenden sobre el amor, los celos, el dolor y la muerte. Rayuela es un gran libro, quizá uno de los mejores, para esa etapa traumática, la adolescencia y la primera juventud (como lo pueden ser también El cazador oculto, de J.D. Salinger, o El lobo estepario, de Herman Hesse). Hay quienes siempre la querrán tener a mano y quienes no volverán a tocar el libro jamás. Pero leída a una edad temprana, su influjo se volverá indeleble. Luego habría que ver cuánto cambió el libro en estos cincuenta años de existencia. Probablemente mucho. ¿O no será que los que en verdad cambiamos, a los que nos estimula o avergüenza el reflejo que la novela nos devuelve, somos nosotros?

(Una versión de este texto fue leído el jueves 6 de marzo do 2014 en París, Francia, en el marco de las actividades "Rayuelarte", el homenaje que la Ciudad de Buenos Aires le rindió al escritor argentino a cien años de su nacimiento y a tres décadas de su muerte)..

Fuente : La Nacion.com

martes, 28 de mayo de 2013

MINOTAURO de Borges y Cortazar



Fuente : You Tube
http://www.youtube.com/watch?v=YiF7yF81QxU


domingo, 26 de agosto de 2012

El pasado mítico en Borges y Cortázar
 


Jorge Luis Borges afirmaba que un día se encontró con Julio Cortázar en París, y que este le recordó que le había dado un cuento: “Él me dijo: ‘Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana, y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito’. Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires (una revista ahora indebidamente olvidada), que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, Casa tomada; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: ‘En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah’. Pero, en esa ocasión, en París, Cortázar me dijo: ‘Lo que yo quería recordarle también es que ese fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía’. Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar (…) Bueno, como le decía, nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y además a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan”. Con esta exhaustiva descripción, Borges presenta, apoya y prestigia la “entrada” en la literatura argentina de Julio Cortázar. Más adelante, el cuento Casa tomada fue leído como una alegoría antiperonista.

Los anales de Buenos Aires

Más allá de las diferencias ideológicas que a lo largo de los años tuvieron ambos escritores, indudablemente a Borges y a Cortázar los une la dedicación a la escritura de cuentos fantásticos, en la que ambos se destacaron.




Los dos escritores han abordado diferentes géneros y ejes temáticos a lo largo de su recorrido. En la literatura de Borges hay una serie de inquietudes metafísicas que aparecen en sus poemas y en la narrativa: el laberinto, el espejo, el tigre, el doble, los sueños, el infinito y el tiempo cíclico. Cortázar, en cambio, presenta ciertos ejes temáticos que pueden resumirse en el mundo del boxeo, el jazz, la ciudad de París, la infancia, lo fantasmagórico, la defensa de los derechos humanos.  

El “hilo” que los une

La fascinación que ambos tuvieron hacia la mitología griega y romana podemos compararla al enamoramiento de Ariadna, hija de Minos y Pasífae, de Teseo. Este, para permitirle encontrar el camino en el Laberinto, la prisión del Minotauro, le dio un ovillo, cuyo hilo Ariadna fue devanando y sirvió para indicarle el camino de regreso. Tanto Borges como Cortázar se enamoraron del mundo clásico. Las derivas de ese entusiasmo los unen como un hilo, y pueden leerse las huellas de esas lecturas en varios de sus escritos. Como bien se señala en el artículo monográfico de la Revista Sudestada , en el año 1949 los dos escritores argentinos publicaron relatos que reelaboran el mito griego del Minotauro y el Laberinto. Se trata del cuento La casa de Asterión, de Borges, y del poema Los reyes, de Cortázar. Ambos respetaban la historia original y eligieron al monstruo como personaje central, pero a la vez incluyeron variaciones. Julio Cortázar, en su juventud, se acercó a la antigüedad clásica, y tuvo un interés particular por la mitología; siempre fue alentado por el saber de Arturo Marasso. La curiosidad por el mundo helénico puede leerse en el estudio que hizo sobre la obra de John Keats (a quien le dedica varios escritos que luego se reúnen en un volumen póstumo). Luego escribió textos en los que muestra las posibilidades de transformación y adaptación del mundo antiguo a otros espacios y tiempos. Mediante esas reescrituras, Julio Cortázar trató de entender el presente que le tocó vivir.  

Los Reyes

 

La primera incursión fue, como dijimos, con el poema dramático en cinco escenas Los reyes (1949), en el que se recrea el mito del Minotauro. El escritor invierte el mito clásico, lo lee al revés. Para Cortázar, el Minotauro es el poeta, el hombre libre, diferente de la sociedad que el sistema encierra y aísla inmediatamente. Mucho tiempo después, en 1983, reconocerá que en ese poema estaba “el móvil” de todo lo que escribió después, el sentimiento de libertad creadora que caracteriza su escritura. Minotauro En ese texto convergen varios intereses del autor: la materia griega, algo de la inocencia de Rimbaud, y del surrealismo que Cortázar conocía muy bien. También, en los poemas, el escritor vuelve una y otra vez al mundo helénico Grecia 59, Menelao mira hacia las torres, Voz de Dafne, Anacreonte, Los dióscuros, donde retoma el mito de Cástor y Pólux, hijos de Leda, y Las ruinas de Cnossos, escrito hacia 1951, entre otros. Grecia continúa presente en el mito de Acteón en Prosa del observatorio, para representar la condición humana y da lugar a varios de sus cuentos: Circe, Las ménades, El ídolo de las Cícladas, La isla a mediodía y Silvia, personaje inspirado en Cynthia de Endimión, identificado con la Luna. En todos los textos que apelan al mundo griego, Cortázar tiene en cuenta la proximidad a la tierra, a las comunicaciones oscuras, al lado primitivo de las cosas y recuerdos. Esta base sedimenta la producción fantástica posterior.  

Laberinto Borges

Borges, que ya en 1949 era un escritor prestigioso, conoce muy bien el mundo antiguo y lo reelabora en varios de sus textos, con distintos formatos. Poemas, cuentos, prosa son los espacios discursivos en los cuales el escritor despliega su asombrosa biblioteca clásica, que va desde la reelaboración de figuras míticas como Edipo, Jano, Jasón, Prometeo, Ulises, pasando por Heráclito, el Homero de la Odisea y el tema del laberinto. Uno de los textos en los cuales el autor reelabora el laberinto como metáfora de la existencia es Laberinto. Pero también hay otro poema denominado El laberinto donde aparece el tema del “otro” Borges. También es imprescindible leer los famosos versos de Edipo y el enigma, Heráclito, Poema del cuarto elemento, Otro poema de los dones –en El otro, el mismo–; Arte poética –en El hacedor–, El mar, en El oro de los tigres, el cuento “La casa de Asterión” en El Aleph, en el que recrea el mito del Minotauro pero, a diferencia del poema de Cortázar, se narra el monólogo de Asterión, un ser que vive en una casa a la que considera infinita y en la soledad de ese laberinto espera que lo liberen de su condición monstruosa. Sabemos que Penélope, esposa de Ulises, esperó a su marido durante veinte años mientras él se hallaba en la guerra de Troya… La leyenda y la literatura clásica nos exigen que no “esperemos” para leer, buscar, descubrir. Incorporar la lectura de los mitos y leyendas clásicas en el aula, investigar y escribir sobre ellas podría ser un aprendizaje cotidiano.

Fuente : Educar - 23/08/2012
Alejandra Torres
http://www.educ.ar/recursos/ver?rec_id=110742
Minotauro de Borges y Cortázar



Nota escrita y narrada por José Gordon y realizada por Rodrigo Adalberto Sánchez González para el programa Revista de la Universidad de TV UNAM en 2007

Fuente : You Tube
http://www.youtube.com/watch?v=YiF7yF81QxU

lunes, 26 de diciembre de 2011

Borges habla de Cortázar, Cortázar habla de Borges


Los dos mayores referentes de la literatura argentina del siglo XX tuvieron diferencias en sus estilos y en sus posiciones ideológicas pero estuvieron unidos por una admiración mutua. ¿Cómo se encontraron en el país del desencuentro?

En su tiempo, Borges habló de Cortázar. En su tiempo, Cortázar habló de Borges. Pero como ambos son eternos ("como el agua y el aire", en el decir de J.L.B.) nos referiremos a ellos, desde el título, en un tiempo presente.
Las palabras de Borges sobre Cortázar fueron dichas y escritas por él. Las de Cortázar aparecieron en sendos reportajes.
Y como acaso ambos escritores sean los mayores referentes de nuestra literatura del siglo XX, con sus no pocas similitudes en cuanto al ingenio y a sus preferencias por el género así llamado "fantástico" y otras insalvables diferencias en cuanto al estilo literario propiamente dicho y a sus posturas ideológicas, no podemos dejar de notar ciertas curiosidades pertenecientes a sus biografías, productos del azar o del destino.
Jorge Luis Borges nació un 24 de agosto y Julio Florencio Cortázar un 26 de agosto. Dos días separaban pues sus cumpleaños (aunque el primero haya nacido en 1899 en Buenos Aires y el segundo en 1914 en Bruselas). Ambos hombres pertenecían al signo de Virgo, identificado por los astrólogos como el determinante de una personalidad práctica, una mezcla de nitidez intelectual y de solidez terrestre. Amantes del deber, de la disciplina y del trabajo; devotos de la familia, los amigos y, siempre, de los más débiles. En sus amores, habría algo casto y puro que les es consustancial y serían solamente los caminos secretos y sutiles los que llegarían a su corazón. Minuciosos, críticos, a los nacidos en el signo de Virgo les enferma la estupidez, la ignorancia y la vulgaridad. Suelen aceptar su sino, con integridad.
Mirando someramente sus datos biográficos, observamos que Borges se casó dos veces y Cortázar también. Y algo más: ambos murieron a dos años de diferencia, víctimas del cáncer (Cortázar en París en 1984, tras padecer de una leucemia y Borges en Ginebra en 1986, como consecuencia de un cáncer hepático.)
Si bien Borges le llevaba quince años a Cortázar, falleció después que él, a los 86 años; mientras que el autor de Bestiario se fue de este mundo a la edad de tan sólo 69 años.

Más allá de las opiniones

En el libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, de Fernando Sorrentino (editado en 1996), Borges comentaba: "Yo me encontré con Cortázar en París, en casa de Néstor Ibarra. El me dijo: '¿Usted se acuerda de lo que nos pasó aquella tarde en Diagonal Norte?' No, le dije yo. Entonces él me dijo: 'Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito'. Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires, una revista ahora indebidamente olvidada, que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, Casa tomada; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah".
Y sigue relatando Borges acerca de aquel segundo encuentro en la casa de su amigo Ibarra: "En esa ocasión en París, Cortázar me dijo: 'Lo que yo quería recordarle también es que ese fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía'. Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar. Y luego nos vimos un par de veces en la UNESCO, donde él trabaja. El está casado -o estaba casado- con la hermana de un querido amigo mío, Francisco Luis Bernárdez (aludía, a la eximia traductora y luego albacea de Cortázar, Aurora Bernárdez). Bueno, como le decía -prosigue Borges- nos vimos creo que dos o tres veces en la vida y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y, además, a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan".
Ya mucho antes, en 1984, en el prólogo que Borges escribiera al libro de Cortázar Cartas de mamá se refería a la anécdota del primer encuentro con Cortázar en la redacción de la revista de Sara de Ortiz Basualdo y lo describe como "un muchacho muy alto. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido".Y cuenta Borges esa misma historia acerca de la publicación del notable cuento de Cortázar en esa revista que define como "casi secreta". "Ese cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula Casa tomada -agrega Borges-. Esa circunstancia me honra. Muy poco sé de las letras contemporáneas. Creo que podemos conocer el pasado, siquiera de un modo simbólico, y que podemos imaginar el futuro, según el temor o la fe. En el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos, las páginas que merecen ser releídas. Schopenhaueur aconsejaba que, por no exponernos al azar, sólo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años." Y manifiesta Borges: "No siempre he sido fiel a ese cauteloso dictamen; he leído con singular agrado Las armas secretas de Julio Cortázar y sus cuentos, como aquel que publiqué en la década del cuarenta, me han parecido magníficos. Cartas de mamá, el primero del volumen, me ha impresionado hondamente. Una historia fantástica, según Wells, debe admitir un solo hecho fantástico para que la imaginación del lector la acepte fácilmente. Esta prudencia corresponde al escéptico siglo diecinueve, no al tiempo que son las cosmogonías o el Libro de las Mil y Una Noches. (…) En este admirable relato -escribe generosamente Borges- no se declara, se insinúa, lo cual da más fuerza como en el Izur de Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente. Julio Cortázar ha sido condenado, o aprobado, por sus opiniones políticas. Fuera de la ética -repite y concluye Borges- entiendo que las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras".

Estilos que se bifurcan

A su vez, Julio Cortázar retribuye y reconoce el talento borgeano en varias entrevistas que otorga a distintos interlocutores en los años 70.
Al escritor y periodista uruguayo Omar Prego Gadea le dice: "En principio soy -y creo que lo soy cada vez más- muy severo, muy riguroso frente a las palabras. Lo he dicho, porque es una deuda que no me cansaré nunca de pagar, que eso se lo debo a Borges. Mis lecturas de los cuentos y de los ensayos de Borges, en la época en que publicó El jardín de senderos que se bifurcan, me mostraron un lenguaje del que yo no tenía idea (…) Lo primero que me sorprendió fue una impresión de sequedad. Yo me preguntaba: ¿Qué pasa aquí? Esto está admirablemente dicho, pero parecería que más que una adición de cosas se trata de una continua sustracción. Y, efectivamente, me di cuenta de que Borges, si podía no poner ningún adjetivo y al mismo tiempo calificar lo que quería, lo iba a hacer. O, en todo caso, iba a poner un adjetivo, el único, pero no iba a caer en ese tipo de enumeración que lleva fácilmente al floripondio".
Ya en esta opinión se vuelve clara la diferencia que, desde un punto de vista formal, habría entre los dos escritores: Cortázar, con su cálido y chispeante estilo coloquial, Borges con su precisión incisiva y ascética.
"La gran lección de Borges -continúa Cortázar- no fue una lección temática, ni de contenidos, ni de mecánicas. Fue una lección de escritura. La actitud de un hombre que, frente a cada frase, ha pensado cuidadosamente, no qué adjetivo ponía, sino qué adjetivo sacaba. Cayendo después en cierto exceso que era el de poner un único adjetivo de tal manera que usted se caiga un poco de espaldas. Lo que a veces, puede ser un defecto", sentencia, en un reportaje reproducido por la revista La Maga, en 1994.
Cortázar insiste en viviseccionar la escritura de Borges en su aspecto estilístico.
También lo hace, y esta vez de una manera halagüeña, al referirse a la dupla Borges - Bioy Casares, en una charla recogida y publicada por la profesora de Filosofía y Letras (de origen peruano) de la Universidad de California, Sara Castro-Klaren: "Bioy y Borges, rechazando como rechacé yo eso que los españoles llaman humor y que no es nada más que el chiste macabro y, en general, de muy mala calidad, han sabido meterlo en la estructura mental y lingüística del español y darle una especie de derecho de ciudad que le quita, digamos, el fondo anglosajón y lo vuelve perfectamente argentino y latinoamericano. En ese sentido yo encuentro una gran afinidad de mi propio humor con el de Bioy y con el de Borges".
En cuanto al aspecto ideológico que ha puesto a Borges y Cortázar en veredas opuestas, dividiendo las aguas también entre los lectores, sobre todo en los años de la dictadura militar, Cortázar le confesaba a Hugo Guerrero Marthineitz en La vuelta a Julio Cortázar en 80 preguntas: "En la actualidad, cada vez que se menciona a Borges, inmediatamente la gente se divide en bandos perfectamente diferenciados… en América Latina, diría yo. En otros lugares se lo conoce como escritor, pero lo que pasa en América Latina es que en estos últimos años (se refería a los años 70) además de su trabajo como escritor, hemos conocido los puntos de vista geopolíticos de Borges (…) Sin embargo -admite Cortázar-, Jorge Luis Borges ha escrito algunos de los mejores cuentos de la historia universal de la literatura. El escribió también una Historia Universal de la Infamia".
Tras la muerte de ambos, el colador del tiempo ha agigantado hasta lo indecible la genial figura de Borges en su propio país y en el mundo y ha colocado en un lugar de privilegio la escritura y el mundo ficcional de Cortázar.
Quedan aquí registradas las reflexiones de ellos -algunas más generosas que otras- como mera anécdota, pero no por ello carentes de interés.
Cuando leímos las palabras de Borges sobre Cortázar, resonaba en nuestros oídos esa voz trémula, titubeante, con ese leve tartamudeo, que varias veces escuchamos en su casa de la calle Maipú o en las inolvidables conferencias del teatro Coliseo.
Lo mismo nos ocurrió con Cortázar, con quien tuvimos la alegría de toparnos en París. Le oímos esa voz potente, grave, acorde con su cuerpo de gigante, ese castellano con un pronunciado acento francés, cuando frente al metro Odéon le dimos la mano y le contamos que veníamos de Buenos Aires. Era esa misma voz que tantas veces escuchamos, hechizados, en aquel famoso disco Long Play que él grabara con algunos de sus mejores cuentos, allá por los años 60.
Es muy difícil que un escritor se expida sobre otro, con juicios de valor, en especial si son compatriotas y contemporáneos. Sirva esta nota entonces como un imborrable recuerdo que conservamos de ambos y, por supuesto, como nuestro humilde, pero sentido homenaje a estos dos monstruos sagrados que asumieron el riesgo y se animaron a hacerlo.

Fuente : LA GACETA – Tucuman
Alina Diaconú
3 de abril de 2011
http://www.lagaceta.com.ar/nota/428988/LA_GACETA_Literaria/Borges-habla-Cortazar-Cortazar-habla-Borges.html

viernes, 18 de febrero de 2011

Borges, Cortázar y El Minotauro

Carta Inédita de Julio Cortázar a Jorge Luis Borges


lunes, 24 de mayo de 2010

Borges y Cortazar



Cuenta Borges

"Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula "Casa Tomada". Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra".

Cuenta Maria Kodama



"Creo que al otro día, fuimos al Museo del Prado y cuando justamente estaba yo mirando el gigantesco perro semihundido que pintó Goya, vi a Cortázar y se lo dije a Borges. Él me preguntó si yo quería saludarle y le dije que si él quería, yo quería. ‘Sí, claro. ¿Por qué no?’, me dijo. En ese mismo momento Cortázar vio a Borges y se acercó y fue divino, maravilloso y único… uno de esos instantes irrepetibles que nos regala la vida. Cortázar le recordó que le había llevado su primer cuento y destacó la generosidad de Borges con él. Y Borges rió y le dijo: ‘no me equivoqué, fui profético’".