domingo, 9 de junio de 2019

Esta nueva librería es genial y está inspirada en una obra de Jorge Luis Borges



El reconocido estudio español Selgas Cano, ha creado el concepto de una librería inspirada en "La Biblioteca de Babel", cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges.




Greta Alvarez


Librería, es el nombre que recibe el encantador establecimiento ubicado en la ciudad de Londres y que busca rendirle un homenaje a los libros impresos, por encima del formato digital.

En el cuento, publicado por Borges en 1941, el autor habla de "La Biblioteca" como un universo infinito a la vista, formado por galerías hexagonales que almacenan libros.


 Basándose en el cuento, sus arquitectos, José Selgas y Lucía Cano, crearon estantes de madera con formas hexagonales para crear la organización "invariable" de la que Borges habla en su libro.

Y no se les escapó agregar el espejo en el techo, inspirados también en el autor.

En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito
Jorge Luis Borges, La Biblioteca de Babel (1941).


 "En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito". Jorge Luis Borges, La Biblioteca de Babel (1941).

La tienda tiene una estricta ley que no permite el uso de teléfono para ofrecerle al lector disfrutar de su experiencia alrededor de literatura.


 Es importante mencionar que dentro de ella, los libros están organizados por temática en lugar de las usuales categorías o nombres de autor.


Además están curados con mucho cuidado, e invitarán a autores internacionales a conversar y elegir algunos títulos para los estantes.

Ubicación: 65 Hanbury Street, Londres.


Fuente: Buzzfeed.com




lunes, 3 de junio de 2019

El día que Borges decidió que no era hábil para inspeccionar aves y huevos





Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

 Albert Einstein, uno de los científicos más importantes que ha caminado este mundo, trabajaba de manera metódica y rutinaria en una oficina de patentes de Berna mientras delineaba su teoría de la Relatividad, llamada a modificar, desde Newton y para siempre, la manera de entender el universo, el espacio y el tiempo.

Ezequiel Martínez Estrada, poeta y ensayista fallecido en Bahía Blanca en 1964, escribió su ensayo Radiografía de la Pampa mientras era empleado del Correo Argentino. Esa situación le valió ser criticado por los que nunca faltan, mencionando que cobraba un sueldo público mientras se dedicaba a escribir su libro en horario de trabajo.

Jorge Luis Borges, sobre quien versa esta nota, también supo del trabajo de horario corrido, repetitivo y burocrático. En ese espacio de rutina y quietud fue puliendo su escritura, buscando hacerlo "con todas las palabras mirando al mismo lado", usando una idea de Stevenson.

En esa labor llevaba años cuando en 1946 un médico, Emilio Pío Siri, intendente de Buenos Aires entre 1946 y 1949, aseguran que sugirió quitarlo de ese trabajo y designarlo inspector del mercado de aves y huevos de Buenos Aires. La designación, jamás verificada ni escrita ni concretada, pretendió servir como reprimenda al escritor por haber firmado algunas solicitadas contrarias a la postura del gobierno nacional de Juan Domingo Perón.

Borges, anoticiado de esa supuesta intención, se fue esa misma tarde de la biblioteca para nunca más volver. Nunca recibió una notificación de su nuevo nombramiento, ni su despido, ni un llamado. Sólo existió una crónica de pocos caracteres de un diario de la época, dando cuenta de una supuesta idea de destinarlo al mencionado mercado. “Me confirmaron que era un castigo por haber firmado aquellas declaraciones”, comentó días después el escritor, en una cena de desagravio realizada por sus amigos por esa designación que nunca existió.

Victoria Ocampo, amiga, Contó tiempo después que frente al empleado que lo anotició de su posible suerte, Borges manifestó su asombro por haber sido elegido inspector, “habiendo tantos empleados capaces de hacer mejor ese trabajo”.

Luego de asumir que la sanción la merecía, por “andarme haciendo el democrático”, comprendió que trababan de molestarlo. “Me fui entonces a casa. Tenía un libro de Elouard y otro de Vercors. Me puse a leer y me olvidé del mundo”, contó. La deuda Borges se refirió varias veces en su vida al incidente de esa modesta biblioteca “de los arrabales del sur”.

También mencionó las ventajas que recibió de aquel empleo: “tengo una deuda de gratitud porque, cómo en todas las reparticiones públicas, había muchos empleados y muy poco trabajo”. En esas horas libres estaba cuando descubrió "el sótano, la azotea y algún desván” del edificio, donde pudo leer sin interrupción La caída del Imperio Romano de Gibbon, las obras de León Bloy y Paul Claudel.

En esos años también completó Ficciones, considerado uno de los mejores cien libros de todos los tiempos, emparentando así Borges su nombre con los de Dostoievsky, Faulkner, Eliot, Joyce, Tolstoi, Homero, Poe, Whitman, Camus y Dante.

 Aquella biblioteca le sirvió, según menciona en su cuento La Biblioteca de Babel, para vivir momentos gratos. "Una vez debí ser parte de la compra de libros ingleses. Al hojearlos recobré con asombro una tarde de mi niñez: la tarde que leí, en otro arrabal, el Vathek de Beckford".

Borges nunca recibió un comunicado oficial de su traslado como inspector de aves; o de aves y conejos; de pollos; de pollos, gallinas y conejos para el mercado de Concentración Municipal de aves, huevos y afines, entre algunas de las formas en que se menciona ese cargo jamás desempeñado. Apenas renunció a su puesto, incorporó una ocupación hasta entonces ajena: dar charlas y conferencias sobre temas diversos y ejercer la docencia.

“Si no me hubiesen echado me hubiera jubilado como bibliotecario sin haber conocido una de las felicidades: la cátedra”, comentó. Con esa labor, dijo, “me fuí defendiendo económicamente”. En 1955, nueve años después de abandonar esa biblioteca "casi secreta" de Boedo, subió los escalones de otra biblioteca, la Nacional, nombrado director por el gobierno de la Revolución Libertadora. Cuando recibió la propuesta laboral no estaba seguro de aceptar. Lo consultó con su amiga Victoria Ocampo. "No sea idiota", le dijo la escritora al enterarse de sus reservas de servir para el cargo.

Fue el cuarto director ciego que desempeñó ese puesto. Entraba cada día, dijo, en un paraíso. Fue director durante 18 años. Escribí muchísimo, inclusive esa maravilla que es poema de los dones: "Nadie rebaje a lágrima o reproche/ esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche.

Gallinas, huevos, conejos y mercados jamás supieron de su inhabilidad.

Fuente: La Nueva.com


JORGE LUIS BORGES: EL AXIOMA DE LA LITERATURA ARGENTINA



Los lugares comunes algunas veces aciertan. Por ejemplo: es imposible pensar la literatura argentina sin Borges. Pieza maestra del siglo XX, a partir de él se cruzan o se dispersan todas las líneas. Esto vale hasta comienzos de 1980. Desde entonces pasan cosas diferentes que darían lugar a otra nota, cuyo título podría ser "La literatura argentina después de Borges", cuando comenzó a funcionar de modo más "normal", menos volcánico; sigue siendo el Gran Escritor con quien, sin embargo, ya no todos ajustan cuentas y se trazan diagonales que Borges no pisó. La culminación absoluta y el apaciguamiento.

¿Cómo habría sido la literatura hasta los años ochenta sin Borges? Es difícil imaginar a Bioy Casares sin ese prólogo a La invención de Morel que escribió Borges. Pero podemos imaginar otros que, probablemente, habrían dibujado una cartografía distinta, despojada del "centro Borges". La pregunta permite pensar "en hueco", no como si algo faltara sino intentando imaginar su radical inexistencia. Si se lo pensara como un simple faltante, el ejercicio no valdría la pena.

En cambio, se trata de olvidar que existió y reordenar lo que queda. Los libros inaugurales de lo nuevo habrían sido Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), Calcomanías (1925) y Espantapájaros (1932), de Oliverio Girondo, y no la serie Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). Probablemente nadie habría releído a Evaristo Carriego, como lo hizo Borges, y la poesía argentina tendría en su centro operaciones más "vanguardistas", como las de Girondo. Y en lugar de las orillas porteñas, el barrio y las calles rectas hasta el horizonte, estaría el paisaje fluvial y fluyente de Juan L. Ortiz. En ausencia de Borges, probablemente ésas serían las dos grandes líneas poéticas de la primera mitad del siglo XX.

Martínez Estrada fue el gran escritor ideólogo; pero, sin Borges, no habría obstáculos para pensarlo, en soledad, como el gran ensayista del siglo. Por otra parte, sus relatos se correrían al centro del sistema. El prodigioso "Marta Riquelme", por ejemplo, habría inventado un espacio original, fantástico, laberíntico, arbitrario y terrible. "La inundación" sería el tributo que la literatura argentina, en ausencia de Borges, rindió a Kafka, el escritor que Borges admiró de modo incondicional. Pero algo estaría faltando. Martínez Estrada no es citable como lo es Borges, y una literatura es, entre otras cosas, un sistema de citas y reconocimientos, rebotes, préstamos y deformaciones.

Sin Borges, la forma más simple de ordenar la literatura de la primera mitad del siglo caería en pedazos. La servicial oposición en la que Borges fue lo que Arlt no pudo ser y viceversa le da un orden a los libros hasta 1950. Pero sin Borges, la originalidad de Arlt enlazaría directamente con la de Puig: dos escritores que escriben "desde afuera" de la literatura, aunque sea un mito sostener que no sabían literatura. Arlt escribe desde el periodismo, el folletín y la novela rusa (Borges detestaba la novela rusa y le gustaban, como una debilidad, sólo los folletines gauchescos); Puig escribe desde la novela sentimental y el imaginario del cine (Borges detestaba la novela sentimental, y le interesaba el cine, pero no a la manera de Puig: ponía sus distancias, hacía esguinces).

Probablemente Bioy no habría sido quien fue realmente sin Borges y a Silvina Ocampo se le reconocería una marca de originalidad muy fuerte. Ella no fue borgeana; su escritura tiene una turbiedad, una buscada imprecisión, una perversidad en el acople de palabras que no son borgeanas. Hay en Silvina Ocampo una especie de rebeldía a la racionalidad formal y a la trama bien compuesta, a la nitidez de lo complejo (la gran marca de Borges) que la coloca siempre como una outsider. Sin Borges, Silvina Ocampo habría sido una alternativa de primer plano, no una escritora extraña que, paradójicamente, estuvo cerca de Borges mucho tiempo.

Algunos escritores intocados por la ausencia de Borges: Leopoldo Marechal, por ejemplo. Poco habría cambiado. Adán Buenosayres está escrito en absoluta contemporaneidad con los grandes relatos de Borges, pero como si perteneciera a un sistema musical diferente, con otros tonos y escalas. La huella de Marechal habría sido probablemente la misma. Borges y Marechal no se escuchaban. Cortázar, en cambio, leía a Borges y declaró que quiso escribir en la lengua que Borges usaba. Como inventor de ficciones buscó lo que Borges rechazaba: el shock del surrealismo, el disparate de la patafísica. No estoy muy segura de que Borges le fuera indispensable del modo en que lo fue para Walsh o para Piglia. Lo fantástico de Cortázar no es una respuesta a Borges; es diferente.

Sin Borges, ¿qué habría sido Saer? Su primer libro, de 1960, En la zona, es tan borgeano como un homenaje o una ironía. Después, Saer (lector de Borges, de los mejores) se dedica a lo suyo, como si En la zona hubiera sido el paso necesario para mostrar que cualquiera imita a Borges, en un momento de copia necesaria y de competencia temeraria que, una vez atravesado, abre un territorio original. Copiar para exorcizar; copiar para ausentar.

Sin Borges, la literatura argentina no habría tenido un capítulo "anti-Borges" donde se discutieron las implicaciones entre figuración literaria e ideología política. AntiBorges es el título de la recopilación, hecha por Martín Lafforgue, de esos debates. Aunque parezca una discusión vieja, no lo es tanto y, a veces, vuelve en el momento menos pensado (precisamente porque es el momento en que se piensa menos). Sin Borges, el escritor de literatura fantástica más citado habría sido Cortázar, que presenta pocos problemas ideológicos después de su conversión a la revolución cubana. La oposición fantástico-realista habría tenido como objeto sus relatos.

Sin Borges, la teoría literaria no habría encontrado una obra que le permitiera alcanzar una autoconciencia argentina: pensar problemas teóricos con textos escritos acá, como si esos textos anticiparan aquellos problemas, los adivinaran y los dejaran abiertos. Y, aunque la lengua de Arlt y la de Saer llegan de geografías originales, sin Borges no se habría escrito en ese castellano rioplatense límpido, tan criollo como cosmopolita, que (al revés de los enigmas rebuscados pero banales) sólo muestra su dificultad magistral, su desafío a la inteligencia, una vez que el lector se ha acercado a comprenderla.

Por: Beatriz Sarlo Fuente de la noticia (La Nacion)

Fuente: Info Arenales.com

Se publica en España Camino a Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges




El hechizo iniciático del discípulo que conversa con su mentor; el genio interpelado por un jovencísimo talento que, con el tiempo, devendrá en uno de los más lúcidos literatos de nuestra contemporaneidad; quizás una de las últimas conversaciones con Jorge Luis Borges registradas antes de su partida al gran mar.

Camino a Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges se suma al catálogo del sello madrileño Huso Editorial que incluye buena parte de la mejor literatura que se está realizando en el siglo XXI a nivel internacional.

Héctor Álvarez Castillo revisa, corrige y enriquece su libro más difundido, para que el lector acceda a la edición definitiva de este material celebrando el 120 aniversario del natalicio de Borges. Camino a Babel brinda una visión complementaria del genio literario, muy deseable para el abordaje de la obra del escritor más revisado, comentado y traducido de la historia de la literatura universal luego de William Shakespeare.

Una obra distinta para los lectores e investigadores que encuentran en el autor de
El Aleph lo que no les ofrecen otros escritores. Escribe Fernando González Oubiña en el prólogo del libro que «En el camino de la mejor tradición borgeana, Álvarez Castillo hace alarde de erudición en citas y referencias, valor agregado a un texto cuya médula es retratar una serie de encuentros con el genio, ese que de niño descubrió ficcionalmente El Aleph».

Camino a Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges se suma al catálogo del sello madrileño Huso Editorial que incluye buena parte de la mejor literatura que se está realizando en el siglo XXI a nivel internacional.

Para González Oubiña «Este libro inicia desde una aguda visión que desglosa en sesenta y cuatro puntos múltiples obsesiones y grandes disquisiciones, en un juego matemático que funciona como introducción. Si las cuantificaciones son parte de la sustancia, entonces en términos cualitativos el contenido de este breve volumen sorprenderá al lector muy gratamente. Héctor Álvarez Castillo nos conduce por esos sinuosos andares del conocimiento enciclopédico de la literatura universal, aplicados en este caso a ilustrar sus encuentros con el autor de Inquisiciones, quien se vuelve emblema en las palabras aquí compendiadas, y uno se asoma a una intimidad fascinante. ¿Cómo era salir a dar un paseo con Borges? ¿Qué respuestas obtuvo del personaje célebre un joven escritor?»

Héctor Álvarez Castillo

Poeta, ensayista y narrador argentino, nacido en Buenos Aires en 1961. Ha recibido el Premio Bululú 2008/2009 a la mejor obra dramática, por El prisionero; el premio de poesía Alejandro G. Roemmers de la Fundación Victoria Ocampo por su libro La palabra es deseo, y otros poemas, y el Primer Premio del Concurso de Microrelatos Sanatorio “Modelo”, de Caseros, por su cuento “Fantasma en Sáenz Peña”, inspirado en Marco Denevi.

Entre sus obras se cuentan: Amatista, 1981-1985 (poesía), El faro de la tempestad y otros poemas (poesía), Gerstrauss o el amor (cuentos), Naif. Del juego a la Literatura (ficción breve), Ceos y la noche (cuentos), Historia de dos mujeres (novela) y La vida por Macri (cuentos). Se han estrenado sus obras teatrales: Matrimonio ciudad (Espacio Cultural Gandhi, 2005), El prisionero (Teatro Macondo, 2008; La Salita, 2010) y Niños en tinieblas (Espacio Teatral El Ópalo – gira por los CC de CABA, 2014, y Liberarte, 2015).

En 2010 la revista estadounidense Harper´ s Magazine publicó una reseña y la traducción de un fragmento de su libro Camino a Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges. De esta obra también aparecieron traducciones en la revista parisina Cultures & Conflicts y en Roma por el sello Giorni. Y en 2013, Ventana Abierta Editores publicó en Chile una segunda edición. En el 2011 se editó en México la plaquette, compartida con la narradora Gabriela D´Arbel, En dos tierras, en la que se reúnen cuatro textos ficcionales de su autoría.

En 2003 creó su propio sello editorial Álvarez Castillo Editor, dedicado a clásicos de nuestra lengua, literatura contemporánea y obras de autores argentinos, sello en el que actualmente dirige la colección Cuadernos de la Gran Aldea.

Fuente: Diario Digital