lunes, 25 de noviembre de 2019

La ficción y los multiversos: De Jorge Luis Borges a Christopher Nolan


Los universos cuánticos del director Christopher Nolan se cruzan con algunas ideas expresadas en la obra de Jorge Luis Borges. Todo esto a propósito de los cinco años del estreno de “Interestelar”.

Interestelar, película dirigida por Christopher Nolan, fue asesorada por el físico estadounidense Kip Thorne, y parte de su trama ocurre cerca de un enorme agujero negro llamado Gargantúa. A pesar de pertenecer al género de la ciencia ficción, Interestelar lleva al cine principios físicos y recrea lo que se conoce hasta ahora sobre los agujeros negros.

Hanguk Yun Y Saneli Carbajal

De entre todas las posibles facetas atribuibles a Jorge Luis Borges —que no son pocas— una no tan conocida fue su habilidad para fabular ideas científicas. Durante la vida del escritor argentino (1899-1986), se revelaron muchos de los descubrimientos de la ciencia moderna, o, dicho de otro modo, las verdades observables del mundo. En la obra de Borges, un entusiasta del conocimiento, hay rastros de estos hallazgos: algunos de sus cuentos dialogan con teorías científicas que proponen la existencia de universos paralelos.

La filmografía de Christopher Nolan muestra, por su parte, algunas incursiones en la ciencia ficción. Una de las más recientes fue Interestelar, película que en octubre cumplió cinco años, con la que el cineasta británico deseaba “inspirar a una nueva generación para echar un vistazo hacia las estrellas otra vez”. Con la asesoría del físico teórico Kip Thorne, la película fue elogiada por la rigurosidad de sus ideas científicas. La más osada de todas es quizá su propuesta de dimensiones ocultas de la realidad.


Los mundos cuánticos

La tarde en que lo perseguían para capturarlo, el espía Yu Tsun ideó un plan para cumplir su misión. Tomó sus pertenencias —documentos, dinero y un revólver— y huyó a la mansión del sabio Stephen Albert. Allí pasó una tarde casi íntima y sostuvo una amena conversación sobre su bisabuelo, un antiguo gobernante que renunció a todo para dedicarse a construir un laberinto y un libro. Pero, al final de la velada, cumpliendo su plan secreto, Tsun disparó al sabio. Con este acto, transmitió la ubicación de la base enemiga, una ciudad de nombre idéntico al del sabio: Albert. Tsun cumplió su misión.

Aunque ese es el argumento del cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan” (1941), de Jorge Luis Borges, el desenlace pudo haber sido cualquier otro: Tsun pudo ser atrapado por su captor; perderse de camino a la mansión de Albert; o arrepentirse a último momento de dispararle porque, como se lee en el cuento, todos los desenlaces ocurren y cada uno es el punto inicial de otros posibles. Y es que, en el centro de este relato, está presente una idea científica inquietante: la existencia de universos distintos al nuestro, en los que —como en el cuento— todas las realidades ocurren a la vez.

Dieciséis años después de que Borges publicara el relato, en 1957, el físico Hugh Everett III propuso la tesis de los muchos mundos. Esta es una continuación de la llamada “mecánica cuántica”, la teoría científica que explica el comportamiento de los átomos y partículas subatómicas. De acuerdo con Everett, el mundo cuántico está regido por reglas complejas. Una de las más enigmáticas es que las partículas subatómicas no tienen un solo destino, sino que experimentan distintos estados a la vez. En otras palabras, viven, como propone el cuento de Borges, todas las realidades posibles.

En el relato borgeano, el sabio Albert lo explica de esta manera: “El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên (bisabuelo del espía). A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esta trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades”.

La teoría de Everett ha sido sustentada en experimentos posteriores que concluyen, con poco margen de error, que una partícula puede estar en varios estados a la vez. Y más aún, si todo lo existente es una combinación de partículas, la materia e incluso los seres humanos estarían experimentando todas las realidades posibles, solo que no pueden percibirlo. Si Everett acertó —las teorías por ahora le dan razón—, el universo sería como lo imaginó Borges: un laberinto de muchas realidades.

Otra dimensión

En el mundo de Joseph Cooper, la humanidad ha agotado las reservas alimenticias y la Tierra es estéril como un desierto. En un intento de supervivencia, la NASA buscará, en una galaxia remota, un planeta habitable. La misión es a todas luces riesgosa —quien la emprenda debe estar listo para la soledad y tal vez la muerte—, y, aunque es uno de los pilotos de mayor genio, Cooper no está seguro de hacerlo. Aun así acepta. Le consuela saber que, de encontrar ese nuevo mundo, sus hijos podrán sobrevivir al hambre.

El argumento que propone Interestelar (2014), de Christopher Nolan, está tejido sobre una rigurosa base de preceptos científicos: ingeniería espacial, agujeros negros, viajes interestelares y, quizá lo más sorprendente, una teoría cuántica de la gravedad. Esta teoría —uno de los sueños frustrados de Stephen Hawking— es central para entender el hecho más importante de la película: los mensajes que Murphy (hija de Joseph) recibía de un supuesto fantasma.


Muchos años después de que su padre se perdiera en el espacio, Murphy regresa a la granja de su infancia. En la biblioteca, frente a sus viejas cajas de objetos personales, algo extraño vuelve a ocurrir: unas marcas de código morse aparecen en su reloj. Entonces, recordando los mensajes que un supuesto fantasma le enviaba de niña, Murphy se da cuenta de que el remitente es en realidad su padre. Usando el código, desarrolla una teoría cuántica de la gravedad. La humanidad, gracias a ella, logra dominar los viajes interestelares y salvarse en otro planeta.

Como en el cuento de Borges, la película se sostiene sobre la física cuántica. En efecto, era Joseph Cooper quien enviaba los mensajes a su hija. Lo hacía desde una dimensión creada por unos seres —la historia sugiere que son humanos del futuro—, que lo ayudan a sobrevivir. Desde esta dimensión, Cooper puede moverse en distintos momentos del tiempo, y transmitir mensajes a su hija. Crear una dimensión así solo sería posible con un control avanzado de la teoría cuántica de la gravedad.

Multiversos cosmológicos

En la última etapa de su vida, un bibliotecario anónimo decide contar los secretos del lugar que habita, una biblioteca de tamaño incalculable. Su descripción del espacio se inicia así: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales”.

Como el propio personaje lo dice, “La biblioteca de Babel” (1944) puede leerse como una metáfora del universo. Al igual que en la biblioteca, el número de libros es infinito; las galaxias del universo —de acuerdo con observaciones cosmológicas actuales— lo son también. Así como la biblioteca borgeana dispone de 25 caracteres con los que están escritos todos sus libros, el universo posee poco más de 100 átomos para crear toda la materia.

Dado que esta es infinita y los caracteres de los libros son solo 25, estos necesariamente se repiten. Borges lo justifica diciendo que la biblioteca es ilimitada, pero periódica. Y remata con esta frase: “Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza”.

La teoría del llamado multiverso cósmico estudiada por el físico Max Tegmark propone una idea similar. Si el universo es infinito y existe un número determinado de átomos que forman todo lo existente, un viajero podría llegar en algún momento a rincones del espacio virtualmente idénticos al que habitamos. Hallaría otra Tierra, otra Vía Láctea y otro sistema solar. Un universo espejo pero distante.

Esta certeza científica se apoya en el análisis de la radiación cósmica de fondo, la fotografía más antigua del universo, y en la teoría inflacionaria, la cual propone una expansión tremenda y acelerada del universo en su origen. Por estas evidencias, los científicos saben —como los bibliotecarios de Babel— que el universo está lleno de materia y se extiende hasta el infinito.

Aunque parezca increíble, existen cálculos sobre la distancia que debería recorrer este viajero cósmico para llegar al universo espejo del nuestro. Tegmark estima 1010 metros. Una distancia enorme, pero finita. Quizá nuestra soledad podría alegrarse con esa esperanza.

Fuente: El Comercio  -  Perú

Los magistrales interrogantes y certezas de Borges en "El Sur"


Roque A. Sanguinetti

Tal vez "El Sur" sea el más conocido entre los cuentos de Borges referidos al campo argentino. Y la historia de Juan Dahlmann, ese hombre de ciudad un tanto soñador, lector del Martín Fierro, que tras un serio accidente viaja en uno de aquellos trenes al decaído casco de estancia que había heredado en el Sur, es posible que ya forme parte de la memoria cultural de los argentinos, como sin duda forma parte con otros cuentos de Borges de la mejor literatura.

La primera parte del relato es muy autobiográfica, por la descripción del personaje y su mundo, y porque el accidente que le ocurre a Dahlmann es idéntico al que en la vida real sufrió Borges al golpearse la cabeza con el filo de una ventana, y lo puso varios días entre la vida y la muerte, en un estado de inconciencia y ensoñación.

Y el cuento puede leerse como un relato directo, según se suceden los acontecimientos que van llevando a Dahlmann, inexorablemente, hacia su destino. Pero extrañamente, también puede ser otra cosa, ya que en cambio podría interpretarse descubriendo que desde su estadía en el hospital o desde el viaje en tren los demás hechos pueden no haber ocurrido nunca, y solo existirían en el estado de somnolencia en que se halla Dahlmann.


Y Borges deja ambiguamente la duda al lector, inspirándose posiblemente, opinamos, en el también ambiguo relato inglés llamado Otra vuelta de tuerca. ¿Es un cuento directo o una ficción dentro de la ficción? Borges mismo dijo alguna vez que se puede leerlo como una directa narración o de otro modo.

También se puede deducir, con una mirada política, que además es una metáfora de la famosa alternativa de Sarmiento entre civilización y barbarie planteada en el libro Facundo, que Borges admiraba. Una metáfora que asimismo se vislumbra en otro cuento magistral suyo situado en el campo profundo, "El evangelio según Marcos". Y no faltó quienes dijeran que habría alusiones a las circunstancias del país cuando escribió esos cuentos, y que él las veía como incorregibles, y por eso no son precisamente esperanzados.

Por todas esas facetas y los interrogantes que provoca, más allá del interés del relato y de su notable y rara descripción de las sensaciones, la ciudad, el viaje y aquel campo primitivo, "El Sur" ha dado materia para la interpretación. Como suele ocurrir en los relatos de Borges, en los que siempre se encuentra algo nuevo.

Y para culminar, el final puede considerarse incierto. O evidente, según se piense. ¿O imagen de alguna otra cosa? Y aquí le deja la palabra última al lector.

La vigencia continuada de la disyuntiva de Sarmiento lo convierte en un cuento argentino simbólico. Y hay un matiz más: aún en la actualidad, el lector tal vez haya sufrido o imagine sufrir circunstancias similares a las que cercan a Dahlmann en los penúltimos párrafos de "El Sur".

Fuente: La Nación

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Un puente llamado Jorge Luis Borges




 Alejandra Lazo

 La Legislatura porteña convirtió en ley el proyecto de la diputada Carolina Estebarena que denomina “Jorge Luis Borges” al puente vehicular que cruza sobre las vías del Ferrocarril Roca, en el límite de los barrios de Barracas y Constitución.

Este curioso puente de hierro es un lugar que Jorge Luis Borges admiraba y visitaba a menudo sólo para observar el movimiento de trenes de la estación Constitución, y que además fue fuente de inspiración para uno de sus poemas, “Mateo XXV, 30”.

Fabricado en Liverpool (Inglaterra), está construido con perfiles metálicos que se unen mediante platabandas y remaches para constituir una estructura tubular reticulada de dos tramos, en cuyo solado se pueden observar todavía en excelente estado de conservación los antiguos adoquines colocados en semicírculo y una vía de tranvía.

“Fue colocado para reemplazar a otro provisorio cuya construcción había sido autorizada en 1927 a la empresa Ferrocarril del Sud a fin de permitir el cruce sobre la parrilla de vías, uniendo las calles de Guanahaní y Paracas, en las cercanías de la Estación Constitución, en la prolongación virtual de la calle Ituzaingó”, explicó en los fundamentos la autora de esta ley.

“Durante mi niñez y adolescencia he cruzado en innumerables ocasiones este puente, por la cercanía a mi hogar, maravillándome una y otra vez su estructura que en mi apreciación de aquellos años me resultaba llamativa e imponente”, comentó la diputada de Vamos Juntos que promovió esta iniciativa.

“Fue una alegría en su momento el que la Legislatura porteña lo declarara integrante del Patrimonio Cultural de nuestra Ciudad, sentimiento que ahora se renueva, con la sanción de la ley que lo bautiza con el nombre de uno de mis escritores favoritos”, agregó Carolina Estebarena

Además la diputada contó acerca del origen de esta propuesta parlamentaria: “En una reunión de vecinos a la que asistí acompañando al Jefe de Gobierno Leandro, quien vive en un departamento con vista al puente, nos propuso ponerle el nombre de Jorge Luis Borges a modo de homenaje al genial escritor al cumplirse este año el 120 aniversario de su natalicio, y sin dudarlo, tomamos su sugerencia. Pero no quedó ahí, además del proyecto legislativo que presenté para promover esta denominación oficial, el Ejecutivo avanzó en la puesta en valor del puente, que hoy luce hermosísimo, especialmente de noche, cuando se enciende su iluminación”.

Fuente: ADN

34 Festival de Cine de Mar del Plata - 2019: “La invención de Borges” de Nicolás Azalbert




Camila Mollica 

Si buscamos en el diccionario la cinefilia refiere al amor por el cine, eso que sentimos todos en el momento en el cual nos sentamos en una sala en la oscuridad y la pantalla gigante nos transporta hacia otro espacio. Ese mismo sentimiento llevó a Hayrabet Alacahan a volverse un “enfermo” por el cine, adjetivo que él mismo se adjudicó cuando presentó la película “La invención de Borges” junto a su director Nicolás Azalbert, en esta edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, film que forma parte del Panorama de Cine argentino en este evento.

El film recorre la historia de este personaje que merece un reconocimiento por el gran trabajo que le ha dedicado al cine. Hayrabet realizó dos tomos de Enciclopedia con todos los realizadores de cine que han existido desde los inicios del séptimo arte, sin dejar a ninguno de ellos afuera, para reconocer a los olvidados y repasar aquellos que sí llegaron a los ojos de la mayor cantidad de espectadores, un esfuerzo gigante hecho con amor y que esta película logra realizar el necesario homenaje.

Su título remite a la comparación que hace el film entre Borges y Hayrabet. Los cuentos del escritor fueron motor de inspiración para una cantidad innumerable de films. Como en sus obras existe la presencia de una tercera persona que relata los hechos, el film toma el mismo método para contar los diferentes recorridos que va realizando el protagonista junto a Emma (interpretada por Camila Fabbri), donde se narran algunos hechos verdaderos y otros ficticios, contados por una voz en off, la cual escuchamos a lo largo de toda la cinta. Junto a estos relatos ficticios observamos fragmentos de varias películas clásicas que se unen con la historia del protagonista. Es el propio Hayrabet quien se interpreta a sí mismo, pero la ficción le agrega la ceguera, particularidad que sufrió Jorge Luis Borges.

De la misma manera que el documental de Luz Ruciello llamado “Un cine en concreto” retrataba la pasión que sentía Omar José Borcard por el cine al construir una sala en su casa para que pudieran asistir los habitantes del pueblo donde vive, la película en cuestión también realiza un gran homenaje a Hayrabet Alcahan, un personaje que debe ser conocido por todos los que amamos el cine: las películas que se centran en estos personajes particulares hacen que reflexionemos sobre todos los sentimientos que se pueden despertar a partir de los films y son estas vidas que es hermoso conocer y emocionarse junto a ellas.

En resumen, “La invención de Borges” es una historia para emocionarse, es una película sobre el amor hacia el cine, donde además de ver la cinta, vemos otros films dentro de la misma, además de otras referencias sobre las diferentes etapas y modos de filmar que existieron a lo largo de la historia del séptimo arte. Un film que todo cinéfilo va a disfrutar.

Fuente :Cinéfilo serial

domingo, 10 de noviembre de 2019

Dios para Borges



 
Esteban Pittaro

A 120 años del nacimiento de Jorge Luis Borges, una de las plumas literarias más fascinantes del español, una de las preguntas más persistentes subsiste: ¿En qué creía Borges?
Conoce el lector de Borges que su sinceridad en la literatura difícilmente pueda ser tenida en cuenta. Desde citas absolutamente apócrifas pero verosímiles, entremezcladas con referencias a clásicos de todos los tiempos, en su obra crea personajes que pueden ser desde un orgulloso y culto nazi que busque autojustificarse a notables autores que reescriben el Quijote, todos falsos pero increíblemente verosímiles. Borges reza los sueños religiosos que evoca o inventa, cree en el perdón cristiano, la cábala judía, el panteísmo. ¿Es quien dice ser en su obra, pero en cuál de sus cuentos?

Interrogado en entrevistas, se ha llamado ateo o agnóstico, pero a la vez ha expresado envidia por aquellos que creían. Negaba a Dios, pero lo respetaba, y lo buscaba en su obra casi de manera permanente, buscando descifrarlo, desandar sus laberintos. El filósofo Santiago Kovadloff se refirió a Borges y a Dios en una edición del Atrio de los Gentiles que tuvo lugar a finales de 2014 en palabras luego recopiladas por la revista Criterio. Borges, decía Kovadloff, no accede al enigma de Dios desde la fe religiosa sino desde la imaginación poética. Y para Borges, como define el padre Osvaldo Pou, es más poética la duda que la afirmación de la fe.

Está claro que admiraba a los hombres de fe como Chesterton, incluso admiraba más esa fe encarnada que la Fe de los hombres, y en particular la de los argentinos. Borges escribe en Discusión: ‘los católicos (léase los católicos argentinos) creen en un mundo ultraterreno, pero he notado que no se interesan en él. Conmigo ocurre lo contrario; me interesa y no creo’.

Borges, en literatura y entrevistas, que acaso son lo mismo, ha expresado que le cuesta llamar a Dios con el nombre de Dios, porque supondría por ejemplo individualizar una Trinidad que la doctrina enseña y en la que él, reconoce, no termina de creer. Su padre agnóstico, recordó alguna vez, le decía sin embargo que “el mundo es tan extraño que hasta la idea de la Trinidad es algo posible”.

Aún sin creer, Borges hace caso a su madre católica, que cuentan antes de morir le pidió que recé un Avemaría cada noche. Cosa que él hizo. Y solicitó el sacramento de la unción de los enfermos poco antes de morir.

¿Creía o no creía Borges en Dios? La duda persiste en la respuesta, aunque quizá no en la búsqueda. Para Borges, comprender la existencia de Dios fue una fascinante búsqueda de toda su vida.


En el Argumentum Ornithologicum Borges comparte otra de sus enigmáticas piezas de búsqueda de Dios y emulando el argumento ontológico de San Anselmo escribe:

Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos. No sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número?

El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta.

En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etc.. Ese número entero es inconcebible, ergo, Dios existe.

La retórica borgiana puede llevar al lector a dudar si es que acaso con su argumento Borges está parodiando los argumentos lógicos de la existencia de Dios o simplemente está aportando el suyo. Vicente Cantarino, analizando este poema, ya en 1976 concluía tras una extensa revisión del argumento que una u otra visión, la parodia o la honesta argumentación, llevan a la misma conclusión: Dios existe. Cantarino titula ese artículo: Borges: filósofo de Dios.

Fuente: Aletelia