domingo, 5 de abril de 2020

Entre el mismo y el doble se inscribe la alteridad. Psicoanálisis freudiano y escritura borgeana [1]




 Giovanna Bartucci [2]

"Tener por oficio la propia pasión significa, por lo menos en un sentido,resignarse a ser".[3]

Santiago Kovadloff.


Es curioso: el año 1899 produjo dos acontecimientos sin asociación aparente. El 24 de agosto nace Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo; el 4 de noviembre la editora Frank Deuticke, con sede en Viena y Leipzig publica Die Traumdeutung (La interpretación de los  sueños), libro de Sigmund Freud en cuya cubierta está grabada la fecha de 1900.

Con todo, 1931 va a ser el momento en que Freud, a los 75 años de edad, reitera la importancia de su creación, el psicoanálisis, aunque por medio de otro homenaje a esta piedra fundamental que alteró su vida y la de tantos otros. En el prefacio a la tercera edición inglesa de  La interpretación...(1900), Freud testimoniará que "él (el libro) contiene, aun de acuerdo con mi juicio actual, el mas valioso de los descubrimientos que tuve la fortuna de hacer. Una percepción como esta no nos cabe en suerte sino una sola vez en la vida". [4]

En 1931, el escritor argentino Jorge Luis Borges, "Georgie", andaba entonces por sus treinta y dos años. Los años treinta no serán fáciles para Borges, pero han de ser años de encuentros significativos, como con el escritor Bioy Casares. Borges publicará sus primeros grandes cuentos a lo largo de la década del treinta. Un profundo escepticismo en relación a los modos tradicionales de representación caracterizará su madurez literaria.

Es tal vez posible, que la asociación del psicoanálisis con los "modos tradicionales de representación", por parte de Borges, sea una de las razones por las cuales la obra de Freud y el propio discurso freudiano, tales como fueron apropiados por el siglo XX, no figuren en la páginas de aquel que es hoy, reconocidamente, uno de los mas importantes literatos del siglo. Actualmente sabemos, por medio de uno de sus biógrafos, que entre los años 1946 y 1949 [5] Borges visitaba a un cierto Dr. Miguel Kohan Miller con el pretexto de buscar ayuda para vencer la timidez. Aunque no tengamos certeza de que el Dr. Miller haya sido psicoanalista, ya que su formación parece haber sido superficial, sabemos que la productividad de Borges fué intensa en el año siguiente a sus visitas a Miller. Esta parece haber sido una buena señal, entonces, del probable aprovechamiento de Borges en relación a una psicoterapia. Si, sus historias mas inventivas eran su respuesta a la mas aguda adversidad, señalará también James Woodall.

Desde luego, podríamos continuar formulando hipótesis, incansablemente, en cuanto al posible desdén de Borges por el psicoanálisis o por la psicología. Un gran número de estudiosos de su obra sugiere su bien conocido antipsicologismo, traducido por un gran rechazo a todo aquello que sea excesivamente personal, sentimental, que pueda imponer a su escritura un carácter de personalización individualista. De hecho, la descripción de Bioy Casares del género literario del cual él mismo, Silvina Casares y Jorge Luis Borges hicieran antología en 1940, teniendo in mente, por cierto, los escritos de Borges, sostendrán estas formulaciones. Dirá Casares: la literatura fantástica era al mismo tiempo "ensayo y ficción... ejercicios de inteligencia e imaginación incesantes, (sin) ninguna languidez, sin el menor elemento humano, emocional o sentimental". [6]

Prefiero sugerir, sin embargo, que manteniendo las especificidades del campo literario y del ejercicio clínico del psicoanálisis, la escritura borgeana y la experiencia psicoanalítica no se presentan de manera tan distanciadas. Esta formulación se basa en la concepción de la experiencia psicoanalítica, de la que somos testigos en el trabajo con nuestros analizandos, como asi también en el lugar de la escritura como "lugares psíquicos de constitución de subjetividad" para aquellos sujetos cuyos destinos de sujeto será siempre el de un proyecto inacabado, produciéndose de manera interminable.

Sabemos que el desplazamiento del ser psíquico desde el campo de la conciencia para el registro del inconsciente, se revela una de las formulaciones mas brillantes del descubrimiento del psicoanálisis, permitiendo asi que subrayemos lo que no es enunciado por el discurso de la conciencia y que se presenta de forma desplazada en el registro de la transferencia.

Es así que, habiendo diferenciado los conceptos de repetición transferencial y compulsión a la repetición a partir de la última dualidad pulsional establecida por Freud, pulsiones de vida y pulsiones de muerte, [7] no pretendo indicar aqui ningún trazo de dicotomía entre la situación clásica de una neurosis de transferencia y las situaciones-límite de las que somos testigos en nuestra clínica, desde el momento en que no son los límites entre las instancias psíquicas los que son aqui puestos en jaque. De hecho, lo que está en causa aquí es la posibilidad de que tanto en la experiencia de encuentro con lo idéntico (de la proyección mimética de lo mismo) como de la experiencia-límite denominada das Unheimliche, la experiencia-límite de encuentro con el doble, se constituyan en lugares en que, a partir de la experiencia transferencial, lo que es del orden de la presentación (Darstellung), situado en primer plano de la experiencia psíquica, pueda encontrar (o no) facilitado su pasaje al registro de la representación (Vorstellung).

Es verdad, en un trabajo anterior [8] sobrepuse la experiencia de encuentro de lo idéntico a la experiencia-límite denominada das Unheimliche. No obstante, trataré de distinguir aqui entre ambas, ya que las cuestiones que están en el cierne de estas inquietudes acerca de la clínica psicoanalítica se apoyan en la formulación de que, al tomar como "fundamental" el concepto freudiano de pulsión, el psiquismo y el sujeto del inconsciente resultarán ser "destinos de pulsiones" – privilegiados, por cierto – desde el momento en que estas sean consideradas en el registro de la fuerza como "exigencia de trabajo". Así, la pulsión es una fuerza (Drang) que necesita ser sometida a un trabajo de ligazón y de simbolización para poder inscribirse en el psiquismo propiamente dicho.

De ahí la relevancia de la experiencia psicoanalítica: se instituye un lugar privilegiado donde se presenta lo que está destinado a la compulsión de repetición, o sea, lo que no logra órdenes de significación estructurantes, lo que insiste bajo el modo de pulsión de muerte.

En esta medida, el acto analítico, como sugiere Joel Birman [9], implica que la figura del analista, junto con la del analizando, puedan constituir destinos posibles para las fuerzas pulsionales, ordenando circuitos pulsionales e inscribiendo la pulsión en el registro de la simbolización. Deseo agregar que va a ser lugar y función del analista posibilitar, junto al analizando, la constitución de la diferenciación en el interior del propio aparato psíquico, al fundarse los espacios externo-interior e interno-exterior. Siendo asi, en lo que respecta a la experiencia psiocanalitica, aun en esos momentos de un análisis en que el lenguaje, instrumento por excelencia del trabajo analítico, se muestra insuficiente, el lugar y la función del analista serán de interceptar el circuito autoerótico – necesario - que se configura en las situaciones de compulsión a la repetición.

Es curioso, porque va a ser exactamente el "juego de espejos" instaurador del universo borgiano, entendido aquí como movimiento constitutivo de apropiación continua de si, ya sea por la observación de si mismo, o bien de su doble, al cual considero instituyente de este lugar psíquico de constitución de subjetividad.

Pero atención, porque habiendo ya puesto de relieve que en la obra metaficcional los autores se vuelven problemas a resolver, y los personajes elementos que evidencian la sensibilidad del autor, permanecerá, sin embargo, una indagación importante. ¿Una vez establecido que el lugar de la escritura como lugar psíquico de constitución de subjetividad, quién o qué hará las veces de tercero, de la alteridad, aquel que va a "interceptar" el luego de espejos – necesario – y, como sabemos, instaurador del universo borgiano?

Georgie, los espejos y la escritura borgeana

Mucho ya fue dicho acerca de la escritura borgeana, a partir de diversas áreas del saber. Su influencia tambien puede hacerse sentir en innúmeros escritores de todo el mundo, y será inútil intentar aquí una enumeración abarcativa.

La habilidad de Borges para crear universos extraordinarios valiéndose, a partir de su madurez literaria, de una economía de estilo furtivo casi absoluta, toma la forma de una invitación permanente al ejercicio del pensamiento. Sus narrativas exhiben el deseo de despojar al lenguaje de una suntuosidad literaria.

En Borges ... (1985), retomé el concepto de metaficción con el objetivo de reflexionar acerca de este espacio paradojal que es el espacio ficcional borgeano. Si los metaficcionistas revelan su proceso de invención por medio de la propia forma ficcional, la técnica narrativa y el material presentado sólo se conectarán por intermedio de la experiencia de su entrelazamiento. En esta medida, el metaficcionista fragmenta el foco narrativo para realzar el proceso de creación de ficción.

Recién en mayo de 1942 Bioy Casares, su gran amigo y coautor de los libros de Bustos Domecq, escribió en reseña sobre el libro El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), publicada en Sur, revista literaria fundada en Buenos Aires, en 1931, por Victoria Ocampo y colaboradores, que la "escritura de Borges estaba abriendo un territorio nuevo en su preocupación con la metafísica, con – la verdad – la literatura hablando de sí misma".[10]

Así, aunque Borges opte en sus textos por cuestionar la noción de paternidad artística, valiéndose de la dilución de la figura del autor, de la fragmentación del foco narrativo, propongo que al hacerlo, Borges instituye este lugar psíquico de constitución de subjetividad, en la medida en que, al diluir la figura del autor, Borges está, en verdad, escribiendo para desconocerse.

Al transformarse en su doble, "en la maniobra mas inteligente y diversionista de su carrera literaria", como observa Woodall, Borges termina por dar cuerpo a diferentes Borges. Su testimonio es claro en cuanto a esta posibilidad; en 1971, en conferencia dada en el Institute of Contemporary Arts (ICA), en Londres, Borges dirá: "yo tenía, de niño, tres espejos enormes en mi habitación, y sentía por ellos un miedo profundo porque (...) me veía a mi mismo triplicado, y tenía mucho miedo al pensar que tal vez las tres formas comenzaran a moverse por su cuenta" [11]. Y, claro, el miedo de Borges no era sin fundamentos. No obstante, sin perder el control de "sí mismo triplicado", el ejercicio de dar vida a su(s) doble(s) hizo posible que Georgie se transformara en Borges. Como observó George Steiner en un artículo para The New Yorker, en 1970, "él profundizó el paisaje de nuestras memorias, y esa es la marca de un artista verdaderamente grande" [12].

La proyección mimética del mismo, el doble y la alteridad.

Veamos: la idea de que todo hombre es también otro hombre, o también todos los hombres, es sólo fundador de la mayor parte de las obras de Borges. Eneida Maria de Souza entiende que en la superficie textual, tenue y escurrudiza, en la cual conviven autores, personajes, citaciones, reflejos y reflejos de la escritura ajena, es imposible considerar la escritura borgeana como texto singular y marca registrada de su trazo individual. Sin embargo, la formulación anterior se explicita cuando comprendemos que Souza considera que "la imagen del Otro que lo habita (a Borges) se enmascara con textos y coautores, los cuales, juntamente con Borges porducen una obra a mil y una manos".

De acuerdo con la ensayista, el destino de escritor, heredado por Borges de su padre, Jorge Borges, se cumple por medio de la manifestación de la presencia de un culto paradojal que "traduce, al mismo tiempo, la tentativa de borrar la imagen paterna, un parricidio inconsciente, y el refuerzo de esta imagen, el fantasma del Otro que le marca el destino de escritor, desde el momento en que ambos, padre e hijo, pasaron por la experiencia de la ceguera y de la noche" [13]. Souza también ubica la ocupación de Borges con al actividad de lectura, un espacio aquí privilegiado que se convierte en el simulacro del acto de escribir y de vivir, como una forma de negación de la paternidad y de la propiedad de sus escritos.

Para Santiago Kovadloff, sin embargo, todo acto de admiración por los grandes autores del pasado que no sea un diálogo que traiga consigo una crítica sensible, sería un acto de servilismo. "No se trata de creer que vamos a superar a nuestros mayores, se trata de entender que sólo los podemos heredar si los incorporamos al diálogo creador con nuestro próprio trabajo" [14], sugiere Kovadloff en su ensayo acerca de la escritura como experiencia del acto creativo.

En verdad, el mundo ficcional de Borges se basa en la idea del arte como ilusión. Fundamentalmente, alude al hecho de que es imposible ser un escritor original en el siglo XX y, por sobre todo, que lo inalcanzable es lo real, aún por medio del lenguaje. En otras palabras, la realidad es dudosa e incierta; el universo es una unidad total en la cual la individualidad es mera ilusión. Así, al confundir los límites entre la realidad y las abstracciones absolutas, lo individual y lo genérico, Borges ampliará el campo de sus historias para "incluir" a todos los hombres.

El lenguaje es también "una tradición, un modo de captar la realidad, no un sistema arbitrario de símbolos" [15], por lo tanto "en una historia deberíamos trabajar la idea de no estar seguros de todas las cosas, porque así es la realidad" [16], dirá Borges. Kovadloff también sugiere que uno de los mensajes esenciales de la literatura consistiría en decir que nada cabría definitivamente en la palabra y que, siendo así, sería imprescindible volver a decir. "Precisamente porque la palabra no puede dar cuenta del objeto, el sujeto puede ser; puede ser en tanto se libera de los significados cristalizados que se autoproponenen como poseedores plenos de un sentido igualmente pleno" [17]. Pero, al mismo tiempo que las cosas son inalcanzables por el arte, estamos incesantemente creando estructuras de palabras, metáforas, imágenes, y como tal, Borges cree que este mundo pueda ser tan digno de elogios y real cuanto el de las cosas.

Anteriormente adelanté la idea de que, en la narrativa borgeana, la realidad se hace igual a la relación problemática entre los mundos real y ficcional. Su principal objetivo es confundir las fronteras entre realidad y sueño, entre realidad y ficción. Va a ser exactamente esto lo que permitirá al hombre, como lo hace Borges, crear su propia realidad de acuerdo con las leyes que eventualmente concozca.

Si por un lado, el autor usa lo real como trampolín para lanzar a sus lectores a un mundo de ficción, por otro, al identificar un posible aspecto de correspondencia, cuestiona la validez del mundo creado con la intención de dar una mayor realidad a éste, o sea, a la realidad de la construcción. Así lo hará al valerse de la intrusión de lo real en estilo documental, por medio de uso de amigos y colaboradores verdaderos como comentaristas de la veracidad de la narrativa, de la presentificación de objetos reales de la vida del autor, o aún de la puesta en escena de elementos de su vida, y del cuestionamiento de este mismo mundo, que Borges problematizará la relación entre los mundos real y ficcional. Consecuentemente, comprender o dar significado al mundo en que vivimos será lo mismo que estructurar la realidad de un modo personal y estilizado.

Pero atención: para Borges toda literatura es autobiográfica. Así, al afirmar que sus historias eran todas mas o menos autobiográficas, Borges no creó personaje alguno, pero escribió y reescribió sobre el mismo y viejo "Borges" levemente disfrazado.

Pero el hecho de que al escribir enfatizase algunas de sus particularidades y omitiese otras, lo llevó a considerar a "Borges" como una creación de fantasía. "¿Por que diablos preocuparme con lo que ocurre con Borges? Al fin de cuentas, Borges no es nada, es una mera ficción". Helo ahí, finalmente, el surgimiento de la figura del "doble".

Es importante que se explicite: para Borges, el "ego" es un espectador que se identifica con el hombre a quien él observa continuamente. "¿Porque, al fin de cuentas, que es el ego? El ego es el pasado, el presente, y también… el futuro" [18]. En esa medida hay, aquí, un movimiento constitutivo: un espectador que se apodera de si mismo al observarse continuamente a si mismo, o bien a su doble.

Jean-José Baranes, apoyándose en los trabajos de J. P. Vernant acerca del mito y pensamiento griegos, sugiere que "un doble es todo menos una imagen: ni imitación del objeto, ni ilusión del espíritu, ni creación del pensamiento, él es una realidad exterior al sujeto que, sin embargo, en su propia apariencia, se opone por su carácter insólito a los objetos familiares y al escenario cotidiano de la vida. Juega con los dos planos contrastados al mismo tiempo: en el momento mismo en que se muestra presente, se revela como perteneciente a un mas allá inaccesible" [19]. Baranes observa, en el mismo artículo, que esta ambiguedad característica de la figura del doble, o sea, en el momento mismo en que se muestra prsente, se revela como perteneciente a un mas allá inaccesible, es el lugar de lo extraño "y" de esa relación del límite entre mismo y diferente.

Así, Borges explicitará esa relación de límite entre mismo y diferente, ese lugar de lo extraño, transformándose en "Borges", su doble. Inicialmente, al transformarse en "Borges", Borges se elimina a si mismo, deja de existir, es, finalmente, nada, para que entonces "Borges" pueda ser. Como dirá el propio Borges, en "Borges y yo" (1960), "vivo, me dejo vivir, para que Borges pueda hacer la trama de su literatura y esa literatura me justifica ..., cuanto mas, estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro". Además Borges va a confesar, en "Borges y yo", que "(‘Borges’) logró ciertas páginas válidas, pero que esas páginas no pueden salvarme, tal vez porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o de la tradición" [20].

En su biografía literaria sobre el autor, Emir R. Monegal observa que las funciones y privilegios de Borges son usurpados por el personaje "Borges", desde el momento en que todo lo que ahora Borges hace, o lo que le agrada, se vuelve posesión del otro. Así, publicar, las entrevistas, la publicidad, la política y las opiniones pertenecen a "Borges". Los sentimientos, los sueños y escribir pertenecen al "yo". Un tercer Borges, el ficcional, es aquel que une en sí el "yo público" y la reflexión sobre sus experiencias. Es verdad, ser Borges/"Borges" es buscarlo en nuestras mas profundas idiosincrasias, en el centro que es cada uno de nosotros: ser yo mismo siendo el otro.

En "Lo ominoso", texto de 1919, Freud observa que das Unheimliche, que es la experiencia límite de encuentro con el doble, lo que provoca susto, terror, no-reconocimiento, tiene origen en el retorno de contenidos reprimidos, y no en un cesar de la creencia en la realidad de tal contenido. El prefijo "un" sería, entonces, la señal de la represión. La naturaleza secreta de la experiencia del retorno involuntario de la misma situación o experiencia estaría apoyada en el sentimiento de que ese extraño no sería algo ajeno o nuevo, sino algo muy familiar.

No obstante, entiendo que este "otro" va a ser inicialmente una proyección mimética de lo mismo, pudiendo volverse doble solamente a posteriori. La constitución de un "dentro de sí", un topos cuya espacialidad y temporalidad puedan ser la morada de un sí en permanente conocimiento y desconocimiento de sí, estará apoyada en la posibilidad de reconocimiento de la proyección mimética de lo mismo como algo del orden de la presentación (Darstellung), situado como está en primer plano de la experiencia psíquica. Pero, registremos: será en este mismo texto, de 1919, en que Freud considera que "todo lo que debería haber permanecido … secreto y oculto pero vino a luz", será percibido como Unheimlich.

Pero 1920 va a ser el año de publicación de "Mas allá del principio del placer", ensayo que termina por establecer el dualismo pulsional entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte. En esa medida, si entendemos que el concepto de compulsión de repetición comporta otras nociones cruciales como la noción de principio del placer, de pulsión de vida y de pulsión de muerte y la noción de ligazón (Bindung), aquello que está destinado a la  compulsión de repetición es lo que no logra órdenes de significación estructurantes, lo que insiste bajo el modo de la pulsión de muerte.

Así es que el uso de la denominación "intensidad transferencial" para llamar la atención del aspecto económico de la transferencia, en momentos de un análisis en que el trabajo de libre asociación está algo así como trabado por esta misma intensidad, apunta para la reactivación del displacer producido por grandes cantidades no metabolizables por el psiquismo incipiente, en el cual la capacidad de ligazón del aparato psíquico será lo que va a definir las posibilidades de dominio de esta energía.

Siendo así, mientras que aquello que es del orden de la presentación (Darstellung), situado como tal en el primer plano de la experiencia psíquica, puede ser reconocido como algo relativo a la experiencia de la proyección mimética del mismo, la experiencia del doble representaría en si una "regresión tópica" al momento psíquico pre-especular de lo "no separado". Una espacialización ilusoria de un dentro que normalmente permanece sellado por la represión estructurante, que representa el cierre que separa el si mismo del otro.

Baranes también sugiere que "el doble es, al mismo tiempo, mirada o espejo de petrificación, de atracción de muerte y estabilizador de potencias de lo extraño, pero también elemento operador con la función de mediador entre el mismo y el otro" [21]. Es importante que podamos retener esta idea, tanto en lo que se refiere a la psicoanalítica freudiana como a la escritura borgeana: la sugestión de que el doble opere como mediador entre el mismo y el otro.

Así, cuando los espejos dejaron de despertar los temores infantiles de Borges se convirtieron, en su universo, en emblemas del doble, del otro, de lo que podría ocurrir en este mas allá inaccesible. Es en esa medida que el juego de espejos instaurador del universo borgeano, este movimiento constitutivo de apoderarse de si mismo continuamente, ya sea observándose a si mismo, ya sea a su doble, instituye este lugar psíquico de constitución de subjetividad.

La presencia de ambiguedad instauradora de la figura del doble, este lugar mismo de relación de límite "entre" mismo "y" diferente, se vuelve, entonces, pasaje obligatorio, que va desde el desdoblamiento (de/sobre si) a la alteridad. Segundo Baranes, en lo que se refiere a la experiencia psicoanalítica, el doble es el precursor indispensable para la ascención a la alteridad, y condicion indispensable para un óptimo desarrollo del proceso analítico.
Psiquismo y sujeto del inconsciente: destinos de pulsiones.

Joel Birman, en un artículo acerca del indeterminismo de la pulsión en el discurso freudiano, observa que la problemática que paulatinamente se inscribe en el recorrido freudiano es la de cómo el registro de la cualidad se constituye a partir del registro de la cantidad. En otras palabras, como se constituye la producción de representaciones en el aparato psíquico, considerándose la primacía del registro económico en la metapsicología.

Birman propone que los ensayos metapsicológicos de 1915, en especial "Pulsiones y destinos de pulsión", intentarían responder a esta indagación. En estos ensayos, la pulsión pasa a ocupar la posición estratégica de concepto fundamental de la teoría psicoanalítica, es decir, de concepto fundador de los demás conceptos metapsicológicos. Es posible agregar que el concepto de pulsión, en su estatuto de concepto fundamental – un Grundbegriff – es concepto-límite que no apunta a ningún otro que le sea mas fundamental, sólo para los límites referentes a la propia teoría. Al introducir el concepto de pulsión, Freud introdujo un concepto que no posee una sustancia, cualquiera que sea, como referente. Tampoco hay, en lo que concierne a las pulsiones, ninguna determinación a priori, así como tampoco hay diferencias cualitativas entre ellas.

En esa medida, Birman adelanta la idea de que una reformulación epistemológica esencial se esbozó en la teoría psiocanalítica, en la medida en que sus fundamentos estarían siendo recompuestos. "El inconsciente no sería mas, como estaba establecido hasta entonces, el concepto fundamental del psicoanálisis. Ahora, la pulsión ocuparía tal lugar y el inconsciente sería un concepto derivado en la metapsicología freudiana" [22].

La consecuente formulación de Birman será, así, que el psiquismo y el sujeto del inconsciente serian destinos de pulsiones, a partir de que estas sean concebidas en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo. "El sujeto del inconsciente es uno de los destinos de las pulsiones, destino privilegiado, ciertamente, al lado del ‘retorno sobre el propio cuerpo’, de ‘transformacion de la actividad en pasividad’ y de la ‘sublimación’. Es en este contexto, entonces, en que el sujeto del inconsciente se constituye en el psiquismo como un desdoblamiento de las vicisitudes de las pulsiones en el campo del otro"; (con eso), "el sujeto como destino es siempre el de un proyecto inacabado, produciéndose de manera interminable, si es presentado siempre como una finitud de cara a sus impasses, confrontado a lo que le falta y a lo que no es" [23]. En esa medida, si la primera tópica se basa en el campo (red) de representaciones, la segunda subraya la existencia de un polo pulsional del psiquismo, el Ello, inexistente anteriormente.

Emilio Rodrigué, uno de los biógrafos de Freud, considera entonces que "el libro de los sueños brinda, en realidad, el tercer modelo de aparato psíquico; el primero, el aparato de lenguaje en la ‘(Interpretación de las) Afasias’(1891); el segundo, el modelo neuronal del ‘Proyecto (para una psicología científica)’, (1895); el tercero, sería la estructura presentada en el capítulo VII, modelo que articula los dos anteriores y que se aplicaría inclusive al carácter" [24].

Así es que el capítulo séptimo de esa obra será el que inaugura conceptualmente la formulación freudiana metapsicológica acerca del aparato psíquico. Al describir los sueños como pudiendo ser analizados a partir de un cuadrilátero – condensación, desplazamiento, sobredeterminación y realización de deseo – que se apoya en la postulación del sistema inconsciente, Freud concibió las leyes universales que regulan el funcionamiento psíquico. La ordenación de ese campo teórico irá a consolidarse hasta los ensayos metapsicológicos de Freud de 1915, cuando fue formalizada la primera tópica.

Recordemos, rápidamente, el método clásico de análisis de las psiconeurosis: un método extractivo, técnica de la interpretación, levantamiento de la represión. El retorno de lo reprimido se realiza, entonces, por medio de la libre asociación impuesta por la regla fundamental. Solo podría tener por objeto los elementos que ya hayan sufrido la represión secundaria o propiamente dicha, aquella del a posteriori (Nachdrängen), como conjunto consciente o preconsciente, habiendo adquirido en el transcurso de la historia del sujeto, estructuración suficiente para haberse inscripto en un cuadro memorial. Se trata, así, de hacer circular los fantasmas inconscientes que determinan el complejo sintomático y lograr su perlaboración en el pre-consciente.

Así, lo que está efectivamente en causa en la primera tópica es una teoría de los lugares psíquicos (tópica) en la cual la represión primaria, primer momento de la operación de represión, va a fundar la división entre los sistemas inconsciente, pre-consciente, consciente. Sin duda, las premisas que determinan el método implican generar las bases para que se instaure lo que llamamos cura, ofreciendo parámetro para seguir sus movimientos.

En esta medida, si la primera tópica intenta destacar diferentes modalidades de representación psíquica – inconsciente, pre-consciente y consciente –, la segunda tópica intenta agregar al campo de las representaciones el registro de las intensidades transferenciales en el cual la pulsión es concebida en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo. Se hace necesario, entonces, constituir destinos posibles para las fuerzas pulsionales, ordenando circuitos e inscribiendo la pulsión en el registro de la simbolización.

Así, cuando el psicoanálisis se enfrenta con la existencia de marcas que se encuentran en los límites del sentido y de lo representable, la estrategia del desciframiento es considerada insuficiente para el trabajo analítico. Es este el momento en que la estrategia de la "construcción" va a adquirir un significado fundamental y se constituirá como una operación, aunque complementaria al uso de la interpretación, imprescindible al trabajo analítico.

Es en ese sentido que va a ser lugar y función del analista posibilitar, junto con el analizando, este trabajo de ligazón de aquello que está destinado a la compulsión de repetición, de aquello que insiste bajo el modo de la pulsión de muerte, proporcionando, entonces, que lo mismo que es del orden de la presentación (Darstellung), ubicado en primer plano de la experiencia psíquica, tenga su pasaje al registro de la representación (Vorstellung) facilitada.



Vale la pena escribir para llegar a desconocerse [25]

Sin duda, la concepción del sujeto (del inconsciente) como destino de las pulsiones, cuando son entendidas en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo, va a ser lo que posibilitará que pensemos en el acto de creación, de la escritura, como creación de un sujeto, como lugar psíquico de constitución de subjetividad.

También Kovadloff sugiere que toda obra es autobiográfica, en la medida en que exprese con propiedad las tensiones derivadas del contacto con las oscilaciones entre la certeza y la incerteza de ser. Las metáforas de un escritor, sus temas, le servirán para realizar este desplazamiento del campo de lo inequívoco para el campo de la ambigüedad. Dicho una vez mas, el acto creativo sería la creación de un sujeto. Borges ya nos había llamado la atención sobre la manera por la cual los textos "lo escribían", al revés de lo contrario – "yo vivo, me dejo vivir, para que Borges pueda hacer la trama de su litertura y esa literatura me justifica".

Se pregunta Kovadloff: "¿qué es hablar o escribir con propiedad? ... Escribir con propiedad significa poder poner en escena la particular intensidad con que uno vive el acceso al fecundo y renovado desconocimiento de sí mismo y del mundo. Un poema verdaderamente logrado jamás opera como espejo. El autor no lo reconocerá si al verlo puede decir éste
soy el yo que conozco sino que lo reconocerá sólo si puede decir: el desconocido que ha creado este texto también soy yo. La obra que desmiente la familiaridad de los contenidos que nos adjudicamos restablece, aunque sea por un momento, el contacto con nuestra propia imponderabilidad" [26]. Es en esa medida que también la escritura borgeana puede ser entendida como lugar psíquico de constitución de subjetividad.

Sabemos, sin duda, que la constitución del sujeto implica asumir una deuda frente al otro sin lo cual el sujeto no tendría condiciones de existir, ya que no es causa de sí mismo, pudiendo advenir únicamente a partir del otro. Entondes, al valerse de la figura del doble, aqui entendida como un elemento operador con la función de mediador "entre" el mismo "y" el otro, Borges creó un dispositivo para sí mismo que permitió, sí, que el autor pudiese, mas allá de borrar la imagen paterna, incorporar sus antepasados, herencias familiares y literarias de modo de establecer un diálogo creador con su propia escritura.

Si al interpretar el circuito autoerótico – necesario – que se instaura en los momentos de compulsión a la repetición en el interior de un análisis, el analista remite a su analizando al encuentro con la alteridad, al valerse de su juego de espejos, lugar de esa relación de límite "entre" mismo "y" diferente, Borges está permanentemente lanzándose a si mismo, escritor, y a sus lectores, al encuentro de la alteridad.

Desconocerse y conocerse, desconocerse y conocerse, una vez mas, tanto por medio de la experiencia psicoanalítica, cuanto por medio de la escritura, implica la posibilidad de entrar en contacto con nuestra propia imponderabilidad, ampliando así el paisaje de nuestras memorias. Si la trayectoria de "Georgie" a Borges fue larga, como resalta Woodall, no menos trabajoso fue el recorrido de "Sigismund Schlomo Freud" a Sigmund Freud.



Bibliografía

 1-   Ensayo publicado originalmente en Percurso, Revista de psicanálise. São Paulo, año XI, n° 22, 1° semestre de 1999, p. 49-57. Traducido del portugués por Sara Hassan. Ver también
        Bartucci, Giovanna. (1999) Entre o mesmo e o duplo, inscreve-se a alteridade. Psicanálise freudiana e escritura borgiana". In: Bartucci, Giovanna (org.). Psicanálise, Literatura e Estéticas de Subjetivação. Rio de Janeiro, Imago, 2001, p. 369-386.
       Bartucci, Giovanna. (1999) "Entre le même et le double s'inscrit l'altérité: Psychanalyse freudienne et écriture borgésienne". Literary Research/Recherche Littéraire. Vol. 18, n° 35: Spring-Summer/printemps-été, 2001, p. 79-89.
2-   Psicoanalista, ensayista. Miembro del Departamento de Psicoanalisis del Instituto Sedes Sapientiae (Sao Paulo), doctorada en Teoria Psicoanalítica por la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), Maestría en Psicologia Clínica (PUCSP), B.A. en Estética da Recepção (Bates College, EUA.). Colaboradora de los diarios Folha de S.Paulo, Jornal do Brasil y Zero Hora, hapublicado ensayos y artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales. Es autora de Borges: a realidade da construção. Literatura e Psicanálise, Imago, 1996, A doença da morte: um direito de asilo, Annablume, 1998, organizadora de Psicanálise, Cinema e Estéticas de Subjetivação, Imago, 2000, Psicanálise,Literatura e Estéticas de Subjetivação, Imago, 2001, y Psicanálise, Arte e Estéticas de Subjetivação, Imago, 2002. Dirección: Rua Amalia de Noronha, 383 – apto. 109. Jardim America – 05410-010 – Sao Paulo – S.P. – Brasil. Email: gbartucc@uol.com.br
3-    Kovadloff, Santiago. (1991) La creación del arte. In: Vegh, Isidoro (org.). La creación del arte: incidencias freudianas. Buenos Aires, Nueva Visión, 1991, p. 96.
4-    Freud, Sigmund. (1900) La interpretación de los sueños. Sigmund Freud Obras Completas. Buenos Aires, Amorrortu editores (A.E.), vol. IV, 1989, p. 27.
5-    "Borges estuvo en tratamiento por casi tres años, de 1946 a 1949. Iba dos veces por semana. Esas sesiones eran muy agradables para mi porque no todo era psicoterapia … A veces incluíamos el problema de la angustia que él sufría como neurótico …", citado en Woodall, James (1996), Jorge Luis Borges: o homem no espelho do livro. Rio de Janeiro, Bertrand Brasil, 1999, p. 398.
6-    Citado en Woodall, James. (1996) op.cit., p. 183.
7-    Cf. Bartucci, Giovanna. (1998) Transferência, compulsão à repetição e pulsão de morte. Percurso, Revista de psicanálise. São Paulo, año XI, n° 21, 2° semestre de 1998, p. 43-49.
8-    Cf. Bartucci, Giovanna. (1985) Borges: a realidade da construção. Literatura e psicanálise. Rio de Janeiro, Imago, 1996.
9-    Cf. Birman, Joel. Estilo e mordernidade em psicanálise. São Paulo, Ed. 34, 1997.
10-  Citado en Woodall, James. (1996) op. cit., p. 185.
11- Ibid., p. 56.
 12-Ibid., p. 357.
13-    Souza, Eneida Maria de. Traço crítico: ensaios. Belo Horizonte/ Rio de Janeiro, Ed. UFMG/ Ed. UFRJ, 1993, p. 102 e 104.
14-    Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 102.
15-    Borges, Jorge Luis. (1972) The gold of the tigers. New York, E. P. Dutton, 1977, p. 8.
16-    Citado en Shaw, D. L. Borges: ficciones. Grant & Cutler, 1976, p. 71.
17-    Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 98.
18-    Citado en Barnstone, William. Borges at eighty. Bloomington, Indiana University Press, 1982, p. 47 e 101.
19-    Baranes, Jean-José. (1995) Double narcissique et clivage du moi. In: Le Double. Paris, PUF, 1997, p. 41.
20-    Borges, Jorge Luis. (1960) Borges e eu. In: Borges, Jorge Luis. (1960) O fazedor. Rio de Janeiro, Bertrand Brasil, 1995, p. 47.
21-    Baranes, Jean-José. (1995) op. cit., p. 42.
22-    Birman, Joel. (1997) op. cit., p. 60.
23-    Ibid, p. 10 e 37.
24-    Rodrigué, Emilio. (1995) Sigmund Freud: o século da psicanálise. 1895-1995. São Paulo, Escuta, vol. I, 1995, p. 403.
25-    Aunque haya adelantado tal formulación anteriormente (1985), dicha por un escritor (cf. Santiago Kovadloff) adquire estatuto de testimonio.
26-    Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 101.


Fuente: Comunidad virtual Russell

FREUD, BORGES Y EL SECRETO




 Carme García Gomila

En este artículo, como ya se apunta en el título, se hablará del Secreto. Recomiendo a quienes no hayan leído el relato de Borges (1992) La Secta del Fénix o habiéndolo leído desconozcan el enigma que contiene, que tienen la opción de leerlo o releerlo ahora mismo disfrutando de la intriga y el desconcierto que produce el encuentro con este texto, ya que advierto que a partir del siguiente párrafo desvelaré la clave que permite una segunda lectura más interesante, rica y divertida del relato, pues a fin de cuentas todos ustedes, como yo misma, somos Hombres del Secreto. Pueden encontrarlo en 

En el prólogo de Artificios (1944), donde está recogido el relato del que tratamos, Borges declara: “En la alegoría del Fénix me impuse el problema de sugerir un hecho común -el Secreto- de una manera vacilante y gradual que resultara, al fin, inequívoca; no sé hasta dónde la fortuna me ha acompañado.” Realmente es tal el talento en ocultar el Secreto que esa manera que él llamaba inequívoca resultó equívoca o al menos esquiva para todos, aunque quizá la poca fortuna que le acompañó para que fuera inequívoca constituye, a mi parecer, uno de los valores del relato, al dotarlo de un enigma que crea cierta inquietud y despierta la curiosidad. En mi caso, en la primera lectura me pasó casi desapercibido el cuento entre las soberbias propuestas de los otros relatos contenidos en Artificios y por la voracidad lectora de la juventud, y atribuí a mi ignorancia no saber desvelar entre las pistas propuestas la clave para dar sentido al texto. Muchos años después, mi profesor de taller literario, Gustavo Crespo, argentino como Borges, me hizo partícipe de la clave para entender, y desde luego para disfrutar de nuevo, La Secta del Fénix. Pero no me pregunté cómo era que él la sabía, cómo era que estaba en el Secreto. Sencillamente le creí y con la relectura del texto vi que encajaba perfectamente con el enigma que se proponía el autor. Sin más dilación, desvelo la clave: el Secreto a que alude Borges no es ni más ni menos que la sexualidad humana.

Hace poco, tuve la ocasión de asistir a una excelente clase magistral de Mariela Michelena, en la que divulgaba con gran claridad, amenidad y pedagogía su trabajo publicado en el libro Saber y no saber. Curiosidad Sexual Infantil (2006), cuya lectura recomiendo no sólo a aquellos que nos dedicamos al noble arte de reparar la salud mental, sino a todos aquellos a quienes les interesa la vida humana.  Pues bien, en el descanso de la conferencia hablé con ella, y le comenté que me había hecho pensar en el relato de Borges La Secta del Fénix. A lo cual respondió entusiasmada: “¡hablo de él en el libro!”. Y así, al leerlo me enteré de que la manera inequívoca a la que aludía Borges no era inequívoca, sino totalmente hermética, ya que no se había podido dilucidar el Secreto a partir del texto. Dice Michelena: “Los estudiosos de la obra de Borges se preguntaron durante años sobre la misteriosa Secta del Fénix y su Secreto. Proliferaron diferentes versiones. La más difundida supone que La Secta del Fénix es una metáfora de la ‘literatura misma que a pesar de los muchos pronósticos sobre su muerte, se niega a desaparecer’ (De Costa, 1999). Sin embargo, un periodista curioso y deseoso de descubrir la verdad de El Secreto, se atrevió a preguntar directamente a Borges en qué consistía el rito de la secta y éste le respondió, al oído, que se trataba de ‘lo que el marido sabe, gracias al acto de engendrar’”. Es cierto que Borges había dado en el texto alguna pista para dilucidarlo: “Los materiales son el corcho, la cera o la goma arábiga”, en clara referencia a antiguos métodos anticonceptivos, pero ello debió pasar desapercibido a los estudiosos que quizá como los niños querían a la vez saber y no saber.

Vamos a suponer que un hombre de tan vasta cultura como Borges conocía la obra de Freud. Vamos a suponer que de forma consciente o inconsciente tomara como punto de partida algunos de los conocimientos psicoanalíticos para inspirarse en la escritura del relato que nos ocupa. Pero también podemos suponer que por ser un Hombre del Secreto podía saber de qué iba la cosa. Pero cuando acaba el relato concluyendo con la frase: “Alguien no ha vacilado en afirmar que ya es instintivo”. ¿Se refería con ese “alguien” quizá a Freud? A mí me gusta pensar que sí, aunque también pudiera ser que no, y que la imaginación juguetona de Borges junto con su erudición inmensa le hubieran permitido un acercamiento tan acertado al tema de la sexualidad humana. Lo que sí sabemos es que Freud no pudo leer a Borges, pero me gusta imaginar que, juntos, hubieran pasado buenos ratos hablando del Secreto. Pero, ¿y Freud? Su actitud frente a la sexualidad humana fue totalmente contraria a la de Borges. Freud no quiso ser sugerente, vacilante y gradual, ni usar alegorías ni subterfugios; por contra, se dedicó al estudio de la sexualidad humana y a su divulgación, con prudencia y valentía a la vez, intentando que el Secreto dejara de serlo, en tiempos donde precisamente esta tarea no era fácil. Esa es sencillamente la diferencia entre este literato y este científico.

En los Tres ensayos de teoría sexual (Freud, 1905), sobre todo en el segundo, cuando habla de la sexualidad infantil podemos entrever el origen del Secreto. Cada uno descubre a través de las sensaciones en el propio cuerpo la sexualidad y cada uno la inventa en su mente, es decir da significado a esta experiencia y la guarda como un secreto. Más adelante, a pesar de, o gracias a la amnesia infantil, los conocimientos que pueda adquirir con posterioridad el sujeto sobre el tema, el secreto descubrimiento a la vez que invento de cada uno, matizará o determinará la expresión de su sexualidad adulta. Borges dice, “… se transmite de generación en generación, pero el uso no quiere que las madres lo enseñen a los hijos, ni tampoco los sacerdotes; la iniciación en el misterio es tarea de los individuos más bajos. Un esclavo, un leproso o un pordiosero hacen de mistagogos. También un niño puede instruir a otro niño”. Aquí bien pudiera decirse que Borges conocía los descubrimientos de Freud sobre sexualidad infantil.  Freud, en su Prólogo a la cuarta edición de Los tres ensayos de teoría sexual nos dice: “Si los hombres supieran aprender de la observación directa de los niños, estos tres ensayos podrían no haberse escrito”. Dice Freud más adelante en el mismo prólogo: “…una parte del contenido de este trabajo, a saber, su insistencia en la importancia de la vida sexual para todas las actividades humanas y su intento de ampliar el concepto de sexualidad, constituyó desde siempre el motivo más fuerte de resistencia al psicoanálisis.” Lo curioso es el acierto de Borges sobre la transmisión del Secreto, ya que a pesar de que tanto Freud como pionero, y muchos otros científicos después siguen divulgando seriamente detalles cada vez más finos del Secreto, la enseñanza y divulgación sigue en manos de niños, esclavos, leprosos o pordioseros. Al decir de Borges, “es tarea de los individuos más bajos”. La divulgación del Secreto no admite expertos. Me explicaré. En mi opinión, a pesar de los esfuerzos en llevar a las aulas la formación sentimental y sexual, a pesar de la mayor confianza en las familias en hablar del tema, hoy internet con sus redes sociales y sus webs y las televisiones con sus supuestos programas de divulgación y entretenimiento son los auténticos mistagogos de la educación emocional y sexual de las nuevas generaciones.  ¿No será que esas formas vulgares conectan mejor con los descubrimientos de los pequeños perversos polimorfos de los que nos hablaba Freud? Pienso que sí. Freud hablaría hoy de las mismas resistencias al psicoanálisis. Michelena lo describe bien ya en el título de su libro: saber y no saber. Y no podemos negar que las formas más vulgares, casi obscenas de formación son más adecuadas para confirmar las teorías sexuales infantiles, para poder permanecer en las propias fantasías sexuales de cada uno, en la propia invención. La diferencia fundamental entre otras épocas de la historia y la actual es, a mi parecer, que esta situación crea una paradoja. Con la divulgación masiva, casi diría que obligatoria de temas sexuales, parece que ha desaparecido la sensación de secreto, incluso la necesidad de privacidad, pero en realidad sencillamente se ha banalizado, por no decir que se ha profanado perdiendo la sensación de misterio y ocultando, de tanto hablar de él, la posibilidad de explorar de verdad la complejidad de la sexualidad humana y establecer un diálogo con los propios sentimientos. Ahora parece que ya todo se sabe y que además lo sabe todo el mundo, y que debe proclamarse la práctica del Secreto, siendo esta proclamación un nuevo dogma que oculta en vez de mostrar.

Freud pensaba que la liberación de la intensa represión sexual de la era victoriana contribuiría a una mejora en la salud mental de los individuos. Pero el ser humano es complejo y esquivo, y ahora nos hemos ido al otro extremo. La sexualidad ha pasado de estar prohibida a ser casi obligatoria, lo que genera otro tipo de malestares que a menudo contemplamos en nuestras consultas. Y si bien antes era el lascivo o el concupiscente el que estaba mal visto, ahora lo es el cauto, austero o selectivo en cuanto a la calidad de la práctica del Rito el que se ve ridiculizado o criticado. ¿Y cómo puede ser de otra manera? Borges y Freud lo dicen: la sexualidad humana está mechada de amor y de odio, de generosidad y violencia y de esto no nos libramos. Cambian las formas pero la esencia permanece. Y quizá así debe ser, pues sin el placer que proporciona la práctica del Rito la especie se habría extinguido y una de las cosas más placenteras que hay es sentirse partícipe de un Secreto y a la vez sentirse inventor del mismo, hasta el punto de negar que ya había sido inventado antes de nuestro nacimiento, hasta el punto de negar incluso que este nacimiento es precisamente una prueba irrefutable de que la invención del Secreto nos precedió. Por ello, larga vida a La Secta del Fénix, que con sus múltiples formas y maneras asegura nuestra permanencia en la Tierra.


Referencias bibliográficas

Borges, J.L. (1944), La Secta del Fénix, en Artificios, Obras completas,  II, Barcelona, Círculo de Lectores, 1992, pp. 114-116.

Freud, S. (1905), Tres ensayos de teoría sexual, en Obras completas, VII, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1996.

Michelena, M. (2006), Saber y no saber. Curiosidad Sexual Infantil, Madrid, Editorial Síntesis.


Carme García Gomila
Médico. Psicoanalista SEP-IPA


Fuente: Temas de Psicoanálisis