lunes, 11 de junio de 2012






Resumen: Las Noches de Goliadkin y los demás relatos policiales incluidos en Seis problemas para don Isidro Parodi son parte de un riquísimo testimonio de escritura conjunta que nació de un tercer autor distinto de Borges y Bioy Casares: H. Bustos Domecq. Esta singular mezcla dio como resultado una nueva síntesis literaria basada en una relación dialéctica entre el policial clásico inglés y la crítica burlesca que ambos escritores realizan a diversos aspectos de la sociedad argentina de los años 40.

Reconozcamos, sin embargo, que este socrático Bicho Feo es irresistible. ¡Diablo de hombre! Con una carcajada que me desarma, admite la rotunda validez de mis argumentos; con una carcajada contagiosa, reitera, persuasivo y tenaz, que su libro y nuestra vieja camaradería exigen mi prólogo (Borges 1995: 15).

La cita anterior es un fragmento del Discurso liminar de don Gervasio Montenegro, texto con el que este miembro de la Academia Argentina de Letras e íntimo amigo del autor Honorio Bustos Domecq, a quien íntimamente llama Bicho Feo, le prologa su colección de cuentos policiales Seis problemas para don Isidro Parodi. Desde luego, don Gervasio es tan apócrifo como don Honorio.

El rimbombante y ampuloso prólogo de Montenegro, en el que se permite lanzar todo tipo de juicios que condenan o consagran diversas prácticas presentes en la sociedad argentina de los años 40, es un hilarante anticipo del tono burlón y paródico que contiene la media docena de relatos policiales escritos conjuntamente por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

Cada una de las historias incluidas en Seis problemas… presenta el mismo procedimiento: Parodi, un peluquero encarcelado por un asesinato que no cometió, recibe en su celda a diversos personajes acusados por un crimen o relacionados con él. Luego de que las visitas le entregan su versión de los hechos al improvisado detective, Parodi consigue atar los cabos sueltos y determinar las verdaderas culpabilidades sin necesidad de moverse de su celda.

Como resultado de su espectacular olfato policial a distancia, las circunstancias de este improvisado detective son tan paródicas como paradójicas: resuelve brillantemente intrincados problemas criminales, sin embargo es incapaz de demostrar su propia inocencia:

Esta endeble estructura, endeble e inverosímil, permite que don Isidro acceda a los universos más surrealistas y a la resolución de los problemas más abstrusos con el sólo concurso de su inteligencia. Es, por tanto, un hombre que mantiene una línea abierta con el mundo por una única vía, la espiritual, y, a partir de ahí, se expande una correlación de corte matemático que adquiere su justa correspondencia, o verosimilitud, con la realidad (Juristo).

Esta compleja premisa le sirve de pie a los autores para deshacer y parodiar la construcción clásica del tradicional género de enigma. Burlándose de las narraciones policiales y del contexto sociocultural de la época, Borges y Bioy Casares consiguen crear un nuevo subgénero de relato de enigma. Se intentará demostrar esta afirmación a partir del análisis del cuento Las noches de Goliadkin , el segundo de los seis problemas que resuelve don Isidro.

Estructura clásica de cuentos anticlásicos:
Respecto de su concepción del cuento y de los géneros, Borges afirmó lo siguiente:

Uso la palabra `cuento´ entre comillas, que no sé si lo es o qué es, pero, en fin, el tema de los géneros es lo de menos. Croce creía que no hay géneros; yo creo que sí, que los hay en el sentido de que hay una expectativa en el lector. Si una persona lee un cuento, lo lee de un modo distinto de su modo de leer cuando busca un artículo en una enciclopedia o cuando lee una novela, o cuando lee un poema. Los textos pueden no ser distintos pero cambian según el lector, según la expectativa (Analítica).

Si bien Borges no creía en una estética determinada y teorizó de modo más bien indirecto y alejado de los cánones académicos mediante cuentos, consejos narrativos y algunos prólogos, para profundizar en el análisis de la estructura empleada en Las Noches de Goliadkin se utilizará como base la Tesis del cuento de Ricardo Piglia. Y para interpretar el sentido del relato objeto de este análisis, se seguirán de manera general los criterios de Umberto Eco en Obra Abierta .

Para Piglia, un cuento siempre cuenta dos historias, la oculta y la evidente. En ese sentido, Borges y Bioy Casares aplican en la estructura de Las Noches de Goliadkinun rasgo propio del género policial: la coexistencia de dos historias, la del crimen y la de la investigación. La primera historia, la del crimen, permanece oculta y encriptadadentro del relato. No obstante, es la que pone en marcha la historia de la investigación, la cual se narra al lector de manera abierta y evidente. Por lo tanto, el procedimiento habitual que se ejecuta en el género policial es contar la historia de la investigación hacia adelante o en orden cronológico. A medida que el relato de la pesquisa avanza, el lector va reconstruyendo hacia atrás la historia del crimen, la cual cobra pleno sentido una vez que el receptor concluye el relato.

La historia de la investigación en Las Noches de Goliadkin se origina por el siguiente crimen: Gervasio Montenegro, un famoso y pedante actor, es acusado del robo de una valiosa joya y de asesinar a dos personas. Lo primero que llama la atención es que nuevamente reaparece el nombre del autor del prólogo de Seis Problemas… ya no en su rol de miembro de la Academia Argentina de Letras, sino que como principal sospechoso. Con esto, los autores establecen uno más de sus burlescos juegos literarios: un autor apócrifo, H. Bustos Domecq, inventa un personaje que bautiza con el nombre de un amigo ficticio con el fin de reírse ficticiamente de él, pues es evidente que el soberbio y despectivo discurso que domina a Montenegro-actor se condice con el pretencioso y denso discurso del Montenegro-prologuista.

Volviendo al relato de la investigación, Montenegro llega de mala gana a la celda 273 de Parodi haciendo patente su nula convicción de que un presidiario consiga demostrar su inocencia. Con marcada arrogancia le expone a Parodi los detalles de su tragedia, la cual se inicia en un largo viaje en tren de La Paz a Buenos Aires en el que comparte camarote con Goliadkin, comerciante de joyas al que Montenegro describe desdeñosamente : “se trata de un ruso, de un judío, cuya impronta en la placa fotográfica de mi memoria es decididamente débil. Era más bien rubio, fornido, de ojos atónitos; se daba su lugar: se precipitaba siempre a abrirme las puertas”(Borges1995: 37).

Montenegro reitera este tono pedante para referirse al resto de los pasajeros del convoy con quienes entabla contacto: la baronne Puffendorf-Duvernois, “una mujer ya hecha, sin la fatal insipidez de las colegialas, curioso espécimen de nuestro tiempo, de cuerpo estricto, modelado por el lawntennis, una cara tal vez basée, pero sutilmente comentada por cremas y cosméticos” (Op.cit); el joven poeta catamarqueño Bibiloni, sobre el que afirma que “los lentes bicicleta, la corbata de moño y elástico, los guantes color crema, me hicieron creer que me hallaba ante uno de los innumerables pedagogos que nos ha deparado Sarmiento” (Ibíd.: 38); el padre Brown, sobre quien confiesa que “lo miraba con cierta envidia. Los que tenemos la desgracia de haber perdido la fe del carbonero y del niño no hallamos en la fría inteligencia el bálsamo reconfortante que brinda a su rebaño la Iglesia” (Ibíd.: 39).

Respecto del último pasajero con el que mantiene contacto, el actor expresa que “ es imposible, aunque deseable, olvidar al barbudo y apopléjico coronel Harrap, típico ejemplar de la vigorosa vulgaridad de un país que ha logrado el gigantismo, pero que ignora los matices, las nuances, que no desconoce el último pillete de una trattoria de Nápoles y que son la marca de fábrica de la raza latina” (Ibíd.:37). Luego de esta postrera descripción viene la réplica de Parodi, fiel reflejo de la agudeza local:

—No sé dónde queda Nápoles, pero, si alguien no le arregla este asunto, a usted se le va a armar un Vesubio que no le digo nada (Op.cit).

Una buena explicación sobre el pintoresco carácter del habitante de la celda 273 se encuentra en un análisis de la crítica Cristina Parodi, quien afirma lo siguiente acerca del detective sedentario :

Es la única voz detrás de la cual hay una conciencia que pone un orden al caos verbal de las historias. Detrás de esa voz mesurada, sobria, socarrona, hay un ´criollo viejo´, solitario (aunque no ha elegido su aislamiento) y sabio. Su sabiduría no proviene de una inteligencia sobrehumana ni de conocimientos extraordinarios, como es, por ejemplo, el caso de Holmes (…) Lejos de los personajes creados por el género, don Isidro carece de rasgos exóticos: el abundante tiempo libre de que dispone no está ocupado por la ejecución del violín, la esgrima o el cultivo de orquídeas; a veces, se distrae jugando a las barajas; en lugar de estimularse con cocaína, disfruta del mate.

En suma, el saber práctico de este eficiente detective amateur es producto de laescuela de la vida y de la calle en el contexto del subdesarrollo social latinoamericano, en oposición a los cultos y sofisticados detectives que protagonizan aventuras policíacas en modernas ciudades del primer mundo.

La historia de la investigación, en cuyos intersticios comenzamos a descifrar la historia del crimen, prosigue de la siguiente forma: Montenegro le cuenta a Parodi que Goliadkin porta una joya valiosísima que, según él, le robó a su amante, la princesa Claudia Fiodorovna, quien por falta de recursos se vio obligada a emigrar a Buenos Aires para dedicar su vida a administrar un local de mala fama. El ruso le explica al actor que, debido a la humillante situación de su ex pareja y para demostrarle que su amor había sido sincero, decidió viajar para devolverle su joya.

Durante l a tercera noche, Bibioni es asesinado; al cuarto día, Goliadkin pierde el diamante jugando a los naipes con Montenegro. Sin embargo, como el ruso viaja con una copia de la joya, puede interpretarse que lo engañó para conservar el original. Esa misma noche, Goliadkin es arrojado del tren y Montenegro es acusado por el crimen.

Hasta ahí la historia de la investigación o la historia evidente del relato. Tras meditar por un par de días en su celda, Parodi manda llamar a Montenegro para entregarle sus conclusiones, momento en que comienza a revelarse la segunda historia del relato. Vale decir, la historia oculta, la del crimen. Con sorprendente lógica, Parodi le evidencia a Montenegro que sin querer se vio envuelto en el intento de robo del diamante de Goliadkin por parte de una banda integrada por Bibiloni, la baronesa, el coronel Harrap y el falso padre Brown. Los delincuentes jamás sospecharon que, tras el juego de naipes en el que perdió el diamante con Montenegro, Goliadkin le entregaría al actor la joya real y retendría la falsa. ¿Por qué? Porque el ruso estaba conciente de que si la banda de ladrones lo eliminaba, la única alternativa que tenía para hacerle llegar la joya a su ex amante y redimirse, era entregándosela a un tercero.

Borges y el policial: sublimación de la sabiduría popular

En sus resoluciones, además de descubrir a los verdaderos criminales don Isidro desarrolla un discurso de tono crítico y moralista:

Su método consiste en una mezcla de sentido común, cinismo y desconfianza de las apariencias. Si bien él es una parodia de los detectives convencionales del relato policial, también es una suerte de parodia al revés, por exclusión, de todos los fantásticos atributos que se han acumulado alrededor de las figuras de Dupin, Holmes, Nero Wolfe y Lord Peter Wimsey (Balderston) .

Por más que la solución de un caso se apegue a una estricta lógica, no significa que sea menos fantástica e increíble, considerando que el peluquero no ha ido al lugar del crimen, no busca pista alguna, ni interroga a todos los involucrados. La resolución es tan extraordinaria, que incluso el arrogante Montenegro la considera digna de él, razón por la cual se la apropia descaradamente, como observamos en las últimas líneas del cuento:

—Es la vieja historia —observó—. La rezagada inteligencia confirma la intuición genial del artista. Yo siempre desconfié de la señora Puffendorf-Duvernois, de Bibiloni, del padre Brown y, muy especialmente, del coronel Harrap. Pierda cuidado, mi querido Parodi: no tardaré en comunicar mi solución a las autoridades (Borges 1995 : p.47).

En diversas entrevistas, Borges declaró que el policial era su género favorito. Fue asiduo lector de las obras de Poe y de sus sucesores. Cuentos como La Muerte y la brújula consagraron al escritor argentino como un innovador y un destacado heredero de esa tradición.

Sin embargo, en las singulares historias incluidas en Seis Problemas… , Borges se distancia burlonamente del policial clásico: juega, abusa y extrema sus recursos, arriesgando incluso la verosimilitud de sus relatos; satiriza ciertos tipos porteños y alude constantemente a los vicios y defectos de la época; por si fuera poco, incluye chistes internos y juegos inteligibles sólo para él y Bioy Casares.

Pese a esto, se concuerda con Cristina Parodi cuando afirma que no viola las normas y características propias de los relatos de enigma:

No llegan a afectar las leyes ni las convenciones mayores del género. En los policiales de enigma, el espacio cerrado o limitado suele funcionar como una condensación del espacio social entero. A la celda de don Isidro llegan todas las voces de la ciudad que se extiende fuera de la penitenciaría, es una metonimia de todos los modos del habla de Argentina de la época.

En ese sentido, Seis problemas… puede definirse como un laberinto verbal cuyo protagonista es el lenguaje. Es un universo de voces que cuentan historias, cada una con su tono propio y desde un punto de vista particular, sin que detrás de ellas exista una conciencia que les permita advertir la singular manera en que relatan. Los personajes sólo son discursos, perspectivas y modos de hablar que entran en conflicto, se interrumpen, se superponen, se contradicen. Y Parodi es el filtro que organiza ese fenómeno a través de su fantástica lógica.

Un tercer autor: HBD.
Por su intención paródica y por las constantes burlas y críticas sociales que caracterizan a las aventuras de Parodi, guardando las proporciones se puede decir que Borges es a la novela policial lo que Cervantes es a la novela de caballería. Claro que para dar el salto que significó Seis Problemas… y obtener ese resultado, Borges requería de un Sancho: Bioy. Gracias a él y con él, puedo crear su Quijote particular: Parodi.

De ahí que se pueda afirmar que Honorio Bustos Domecq (HBD) es un nuevo ente creativo, que no es ninguno de los dos autores:

No hay en Borges ni en Bioy una obra semejante en su lucidez satírica y ésta es la ventaja de Bustos Domecq en su argentinidad con respecto a los dos autores antes citados. Se podrá decir que la obra de Borges es más límpida, profunda, más matizada, más doliente… se dirá que la de Bioy planea en su fantástica visión hacia cielos que don Isidro Parodi ni siquiera puede vislumbrar. Pero la gracia, la desenvoltura, la falta de cualquier gravedad es patrimonio de Bustos Domecq (Juristo: Op.cit).

Se trata, entonces, de un tercer autor, con vida y estilo literario propio.

El seudónimo Honorio Bustos Domecq fue creado a partir de los apellidos de los tatarabuelos de los autores: Bustos, de Borges, y Domecq, de Bioy. En múltiples entrevistas, ambos amigos declararon que se divirtieron mucho trabajando en conjunto, al punto que Borges recuerda los orígenes de esta colaboración como uno de los principales hitos de su existencia:

One of the chief events of these years —and of my life— was the beginning of my friendship with Adolfo Bioy Casares. We met in 1930 or 1931, when he was seventeen and I was just past thirty. It is always taken for granted in these cases that the older man is the master and the younger his disciple. This may have been true at the outset, but several years later, when we began to work together, Bioy was really and secretly the master (Borges 1970: 86).

Por su lado, Adolfo Bioy Casares entrega sorprendentes datos acerca de las intenciones originales de la dupla:

Cuando empezamos a colaborar nos sentíamos alineados en una campaña en favor de la trama y de la escritura deliberada, eficaz y consciente. Íbamos a escribir cuentos policiales clásicos como los de la literatura inglesa hasta los años cincuenta, cuentos en los que había un enigma con resolución nítida, poca sicología, los personajes necesarios y la reflexión apenas indispensable. Resultó que escribimos de un modo barroco, acumulando bromas al punto que por momentos nos perdíamos dentro de nuestro propio relato, y alguno de los dos preguntaba: “¿Qué es lo que iba a pasar con ese personaje? ¿Qué íbamos a escribir?”. Esto es casi patético porque ambos nos jactábamos de ser muy deliberados. Es como si el destino se hubiera burlado de nosotros (Bioy Casares 1994: 112).

De modo impensado, H. Bustos Domecq adquirió autonomía y entidad propia, fenómeno que ambos escritores reconocieron. Por lo mismo, Borges nunca atribuyó a él o a Bioy idea alguna ni el más mínimo párrafo de sus textos en colaboración, pues sentía el firme convencimiento de que los frutos del trabajo en conjunto constituían el nacimiento y la existencia de un nuevo autor: “ A third man, Honorio Bustos Domecq, emerged and took over. In the long run he ruled us with a rod of irony and to our amusement, and later to our dismay, he became utterly unlike ourselves, with his own whims, his own puns, and his own very elaborate style of writing” (Borges: Op.cit). Un nuevo escritor cuya técnica de composición, según el propio Borges, era una especie de injerto entre Alfred Hitchcock y los Hermanos Marx.

Maestro y discípulo se arman de parodia: crítica a la Argentina de los años 40

Seis Problemas… parte de la intención de parodiar el clásico recurso del detective limitado: investigadores ciegos, sordos, lisiados o enamorados, que muestran impedimentos para actuar normalmente. Pero en don Isidro la parodia es doble, pues además se satiriza con descaro a ciertos tipos argentinos.

En el caso de Las Noches de Goliadkin , los dichos y juicios de Parodi representan la simpleza del pueblo, la picardía e inteligencia criolla. Por su lado, el rebuscado y siútico lenguaje empleado por Montenegro aluden a un frívolo arribismo social y a molestas pretensiones de erudición, fenómenos que Borges y Bioy observaron en diferentes círculos de la década de los cuarenta.

Parodi surge de la necesidad que tenían ambos escritores de criticar esta clase de situaciones desde una perspectiva nacionalista:

(Buscan) Ajustar las cuentas de su argentinidad a través del lenguaje. Pienso que, hoy día, lo que queda de este libro es ese esfuerzo memorable por dar entidad a ciertos argentinismos y llenarlos de significación plástica. Sabido es que hubo en Argentina escritores llamados populares, entre ellos Roberto Arlt, a los que Borges y en general todo el grupo Sur despreciaban por su descuido idiomático. Esta novela es una respuesta, inteligente por lo demás, para deshacer algunos malentendidos sobre la supuesta `antiargentinidad´ de sus autores. El resultado es espléndido y digno de la inteligencia casi perversa de Jorge Luis Borges (Juristo: Op.cit).

De ahí que, en palabras de Alfonso Reyes, “amén del interés del enigma, el libro adquiere un valor de testimonio social” (1959: 308) , pues la parodia al policial fue utilizada como marco y excusa para llevar a cabo una crítica humorística a ambientes, personajes y formas de expresión que se daban en el Buenos Aires de aquellos años.

Nueva síntesis: el cuento policial trasnochador
Borges, en conjunto con Bioy, a través de un tercer autor llamado H. Bustos Domecq, crea una nueva síntesis literaria que se basa en una relación dialéctica entre el policial clásico inglés (tesis) y la abierta burla que ambos escritores realizan a diversos aspectos de la sociedad argentina de los años 40 (antítesis).

Por lo tanto, cada uno de los relatos de Seis problemas… , incluido el cuento analizado, es producto de la ingeniosa mezcla de parodias al relato de enigma convencional, con circunstancias, personajes, actos de habla, modismos, en fin, que aluden con humor crítico al contexto social de la época.

Esta singular mezcla dio como resultado un cuento policial criollo, localista, burlesco, pícaro, juguetón. Cuento que, en honor a la obra objeto de este estudio, se denominará policial trasnochador , en el sentido de que se trata de relatos policiales parranderos, despiertos, fiesteros, despabilados, noctámbulos. En definitiva, de un nuevo subgénero de relato de enigma (síntesis).

Las Noches de Goliadkin y el resto de los relatos incluidos en Seis problemas… son parte de un riquísimo testimonio de escritura conjunta que nació de un tercer autor distinto de Borges y Bioy Casares, H. Bustos Domecq, fenómeno que “establece el trueque más fértil de la literatura Argentina” (Paoletti: 15) y tal vez de Hispanoamérica.

Con certeza se trató de uno de los más prolíficos divertimentos que se ha permitido la literatura en lengua castellana. Sin embargo, “creo advertir una velada impaciencia en el rostro de mi lector. Hoy por hoy, los prestigios de la aventura priman sobre el pensativo coloquio. Suena la hora del adiós. Hasta aquí hemos marchado de la mano; ahora estás solo, frente al libro.

Gervasio Montenegro De la Academia Argentina de Letras” (Borges 1995: 15)
Trabajos consultados
Bioy Casares, Adolfo: Memorias. Buenos Aires: Sudamericana, 1994.
Borges, Jorge Luis: Obras Completas en Colaboración ( Las Noches de Goliadkim ). Buenos Aires: Emecé, 1995.
Goic, Cedomil: Historia y crítica de la novela hispanoamericana (Vol.3) . Barcelona: Ediciones Críticas, 1988.
Eco, Umberto: Obra Abierta . Barcelona: Seix Barral, 1965.
Muñoz, Juan Jacinto: “¿En qué creía Borges?”. Revista Chilena de literatura Nº 54. (Abril 1999).
Paoletti, Mario: Borges Verbal. Buenos Aires: Emecé, 1999.
Piglia, Ricardo: Crítica y Ficción. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte, 1991.

Fuentes de internet
Balderston, Daniel: El precursor velado: R. L. Stevenson en la obra de Borges , en sitio web www.hum.au.dk
Borges, Jorge Luis: El cuento y yo , (Conferencia) en sitio web http://www.analitica.com/
Fernández Vega, José: Una campaña estética: Borges y la narrativa policial, en sitio web www.hum.au.dk
Juristo, Juan Ángel: prólogo edición on line de “Seis problemas par don Isidro Parodi”, en sitio web www.librodot.com
Parodi, Cristina: Borges y la subversión del modelo policial , en sitio web www.hum.au.dk
Donald A. Yates: La colaboración literaria de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares , en sitio web w ww.imaginaria.com.ar


Fuente : Crítica.cl –
Pablo Unda Henríquez
Artículo publicado el 14/11/2007
REVISTA DIGITAL DE ENSAYO
http://critica.cl/literatura/borges-y-el-policial-%E2%80%9Ctrasnochador%E2%80%9D-en-las-noches-de-goliadkin

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