¿Por qué leer hoy a Borges? : A 40
años de su muerte
Borges cambió para siempre la
literatura porque convirtió la lectura, la cita y el resumen en una forma
superior de creación. No solo escribió cuentos inolvidables: sino que reordenó
la tradición
Colaboradores Confabulario
Borges es el mejor escritor de la
historia de la literatura. Empiezo por el final, lo sé. Repito: el mejor de la
historia de la literatura. Con esta primera aseveración, la pregunta que da título a
este artículo estaría respondido. Javier Cercas recuerda que Alfonso Reyes lo
dijo de manera parecida: “Por fin tenemos en Latinoamérica alguien comparable a
Shakespeare y a Cervantes”. Pero, me temo que dejar solita a esta primera
respuesta sería un insulto a los lectores dejarlo aquí, que todo el artículo se
resuma a esta primera frase. Por otra parte, El Universal no me lo pagaría por
demasiado breve. Mal negocio para todos. Así que lo difícil viene ahora, la
parte en la que ensayar los motivos por los cuales algunos pensamos que esta
declaración que tanto asusta, provoca y llama al chiste de la vanagloria
nacionalista argentina (soy argentino, discúlpenme), puede sustentarse.
En
las muy admirables sesiones tituladas Borges por Piglia (disponibles en
youtube), el autor de Respiración Artificial, dice: “Es como si Borges hubiera
dicho: yo me ocupo de citar y resumir. El movimiento es un movimiento clásico:
voy a escribir lo que leo”. Partiendo de esta idea (Un escritor es alguien que
lee y copia lo que lee), no se llega demasiado lejos. A cualquiera que puede
copiar lo que lee no necesariamente lo consideramos un escritor. Lo
verdaderamente revolucionario es que Borges hace de este procedimiento la base
de su oficio gracias a que desarrolla una prosa inigualable y un punto de vista
original sobre lo que lee. Le cuentan un cuento y nos lo re-cuenta,
optimizándolo. Se centra en un dato enciclopédico que le interesa, y lo
reescribe, ampliándolo, iluminándolo, tergiversándolo, cambiando su sentido.
Recuerda un dato biográfico o histórico, y lo desarrolla como si sirviera para
explicar al alma humana y al universo entero. Así, muchos de sus libros, no son
más que resúmenes de historias reales, o historias que inventa simulando que
fueron reales, y que enfoca de manera única, nueva, sorprendente. Esto es lo
que en El factor Borges Alan Pauls sostiene: el de la reinterpretación del
mundo a través de una traducción deliberadamente personal, un riguroso trabajo
para traicionar los originales.
Por
sumar un “por qué hay que leerlo hoy” con ejemplos, diré que gracias a textos
como “Pierre Menard, autor del Quijote” o “Kafka y sus precursores”, los que
estudiamos literatura leemos de un modo diferente. Un antes y un después, eso
es Borges. Como dice Alberto Manguel, “en la Historia de la Literatura existe
un “A.B.” y un “D.B.”, o sea, un Antes de Borges y un Después de Borges”. Por
entender esta verdad, también hay que leerlo.
Y
leerlo por todo lo que se ha dicho hasta la extenuación, a saber: por sus
traducciones de Kafka o de Victoria Woolf, por la mirada sabia sobre la
gauchesca, por su enseñanza al mundo castellano sobre la literatura inglesa y
la anglosajona y la tradición judía y la árabe, por algunos cuentos como El
Sur, Emma Zunz, Hombre de la esquina rosada, por despojar a la prosa en español
del engolamiento, del adorno insustancial, y por sus tigres y sus laberintos y
sus espejos y sus rosas, por sus conferencias sobre el budismo o sobre la
metáfora o sobre Dante y por su sociedad con Bioy Casares y todas las risas que
nos trajo és personaje que habló por ellos llamado Bustos Domecq y llamado
Suárez Lynch, y por su modo único para adjetivar, recuérdese “el íntimo
cuchillo” del Poema conjetural o la “unánime noche” de Las ruinas circulares o
la “cicatriz rencorosa”, de La forma de la espada.
Pero,
por sobre todas las cosas, estas palabras de periódico quieren incidir sobre un
motivo para abrir las páginas de sus libros: hay que leerlo no porque sea nuevo lo que su literatura
proponga si no porque su mirada hace nuevo todo lo viejo. Nadie lo había
hecho en Literatura de ese modo y nadie lo ha vuelto a hacer. Se dice esto de
Bach en la música y de Picasso en la pintura. Georgie, como lo llamaban en su
casa, es una máquina de releer para reescribir y así, termina por reinventar
los materiales con los que trabaja. No se trata ya de inspiraciones ni
singularidades, se trata de volver a pegar las partes de otro modo. Y así,
siempre de modo caótico y fragmentario, nos coloca en la posibilidad de una
ilusión: adentrarnos en la médula de todos los relatos importantes de la
Historia, en la explicación potencial de todas las tradiciones en las que se
sustenta la cultura humana. Ilusión de develación y globalidad y de placer
literario permanente porque se está parapetado en un atalaya donde se lo
distingue todo.
Yo
diría, a riesgo siempre de simplificar hasta el absurdo, que hoy hay que leerlo
porque fue el hombre que, con el conocimiento de muchas cartas de la
literatura, de la alta y de la baja literatura, y de la Historiografía y de la
filosofía y de su particular memoria, barajó y dio de nuevo, reseteó la manera
de leerlo todo.
Para
otra conmemoración hablamos de cuál fue el motivo por el que no ganó el Nobel,
porqué hoy se ha convertido en un símbolo pop y el “inventor” de internet, por
qué no escribió ni una sola novela, o por qué los que lo criticaban por sus
posiciones conservadoras ya no hacen caso a ese “detalle”, entregados a su
arte, a su vida, a su inacabable arcón de frases y anécdotas.
Lean a Borges hoy, y no dejen de
leerlo, y la pregunta que da título a este artículo empezará a responderse
sola.
Fuente:
El Universal – Suplemento Confabulario – México
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