domingo, 7 de noviembre de 2010

Borges y Freud: una insospechada relación, o los trucos de Borges


Es conocida, quiero creer, la aversión intelectual que Borges sintió para con el psicoanálisis. No especularé aquí sobre la posible motivación psicológica de esa preferencia, que apenas necesita más que la contraria de una excusa. Sólo me interesa resaltar un pequeño nexo entre las obras de ambos autores que no he visto mencionado hasta hoy.

En Evaristo Carriego (1930; Obras completas, 1974, 146) y ya antes en «El truco» (La Prensa, 1-I-1928, reproducido en El idioma de los argentinos, 1928; 1994, p. 29), Borges trae el siguiente chiste, tras certificar que la «cachaza» del truco «es de picardía» y que el espíritu del juego es similar «al de los baratijeros Mosche y Daniel que en mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron:

—¿Adónde vas, Daniel? —dijo el uno.
—A Sebastopol —dijo el otro.
—¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!».

Con algunas ligeras variantes, el chiste fue repetido en el suplemento de Crítica 52, 4-VIII-1934 (Borges en Revista Multicolor, 1995, pp. 46 y 48):

Los baratijeros Mosche y Daniel se encontraban en la mitad de la mitad [sic] de la gran llanura de Rusia.
—¿Adónde vas, Daniel? —dijo el uno.
—A Sebastopol —dijo el otro.
Entonces Moshe lo miró fijo y dictaminó:
—¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!



Ahora bien: Sigmund Freud trae este chiste en un libro de 1905, Der Witz und seine Beziehung zum Unbewußten (El chiste y su relación con el inconsciente; cf. Studienausgabe. Frankfurt, 1982, IV, 109-110), el cual, debido a las implicaciones filosóficas del mentir con la verdad, ubica entre los «chistes escépticos».

Zwei Juden treffen sich im Eisenbahnwagen einer galizischen Station. „Wohin fahrst du?“, fragt der eine. „Nach Krakau“, ist die Antwort. „Sieh‘ her, was du für Lügner bist“, braust der andere auf. „Wenn du sagst, du fahrst nach Krakau, willst du doch, daß ich glauben soll, du fahrst nach Lemberg. Nun weiß ich aber, daß du wirklich fahrst nach Krakau. Also warum lügst du?“.




Traduzco sin conservar los rasgos dialectales sugeridos por Freud:

Dos judíos se encuentran en un vagón de ferrocarril en una estación de Galitzia. «¿Adónde viajas?» pregunta uno. «A Cracovia», es la respuesta. «Mira que eres mentiroso —se enfada el otro—. Dices que vas a Cracovia, para que yo crea que viajas a Lemberg. Pero ahora sé que viajas realmente a Cracovia. Así pues, ¿por qué mientes?».

Teóricamente, Borges puede haber abrevado en otras fuentes, según sugiere la introducción de los nombres propios y de la profesión de las figuras, así como el cambio de localidad; pero aunque así fuese, es mostrable que Borges conoció ese libro de Freud, al cual aludirá en 1937 (El Hogar 19-XI-1937; Textos Cautivos, 1986, pp. 188-189). Doy por seguro, además, que lo conocía desde mucho antes, ya que pertenece al corpus de libros comentados por su maestro y amigo Macedonio Fernández en sus estudios sobre la Humorística, y que ambos deben de haber discutido desde temprano.

Para mortificación del orgullo argentino, digno, a menudo, de mejor causa, agrego que el truco, ameno juego de cartas, es uno de los tantos mitos de que vive ese paciente pueblo. No es del todo cierto que le pertenezca. En Valencia, por ejemplo, existe uno muy similar, llamado truc. La peculiaridad de la variante argentina reside en el florido y estilizado lenguaje que emplean los jugadores.

Por lo demás, es poco conocido que Borges propuso a su otro maestro y amigo mexicano, Alfonso Reyes, componer una antología de dichos del truco.



El 28-I-1929 Reyes escribe una carta al polígrafo Pedro Henríquez Ureña (Epistolario III: 358-359):

Recordarás que en mi carta de ayer por la mañana te dije que se me habían ocurrido grandes cosas para los Cuadernos del Plata? Pues precisamente una de ellas (de que estuve hablando ayer en la tarde con Borges, como tú mismo lo sugieres en tu carta) es el juego del truco. (En España, truque, truquiflor, como también se dijo aquí, pues los antiguos trucos que aparecen en la Verdad Sospechosa son más bien las bochas).
Y bien: en la tarde recibo tu carta, en que me hablas largamente del juego del truco y me dices que debo ocuparme de él. (...) Ya comprenderás que lo del truco puede pasar a los Cuadernos del Plata, en una recoplación folklórica de las coplas y frases y cuentos que se injertan en el juego para envolver las palabras sacramentales: envido, quiero, flor, etc. (...)
[H]azme el favor de proceder a tomar nota de esta literatura folklórica, aunque esté llena de palabrotas, que aquí después haremos la selección. Esto, precedido de un ensayito escrito por Borges y yo, será un libro famoso en América, te lo aseguro.

En «Las Jitanjáforas» (Libra 1, invierno de 1929), artículo recogido y ampliado en La experiencia literaria (1942; Obras Completas de Alfonso Reyes, XIV, 233), el mexicano recordará:

Jorge Luis Borges pensó en recoger algún día las coplas del truco, de cuya locura puede dar idea la siguiente copla que se dice para tirar la flor: «Por el río Paraná / viene navegando un piojo, / con un lunar en el ojo / y una flor en el ojal».

Es de lamentar que el delicioso plan no fuese llevado a cabo. Tras este artículo, alguna inteligente y ambiciosa editorial podría recopilar finalmente los dichos del truco, mientras que nosotros, agradecidos lectores de Borges y de Reyes, podemos componer el erudito prólogo con retazos de las respectivas obras —ex ungue leonem, como Reyes propuso en «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», aunque referido a otro tema—.

Fuente :
El trujamán ,Centro Virtual Cervantes
Carlos García
20 de diciembre de 2004

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