domingo, 23 de octubre de 2011

TLÖN, UQBAR, ORBIS TERTIUS. UNA MIRADA ESPECULAR PARA UN PROCESO SEMIÓSICO. APLICACIÓN DE LA TEORÍA DE LOS ESPEJOS DE UMBERTO ECO



1. INTRODUCCIÓN

El presente trabajo versará sobre el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, escrito por el argentino Jorge Luis Borges y publicado por primera vez en la revista “Sur” en 1940. Para abordarlo, propongo la aplicación al relato de la teoría elaborada por Umberto Eco en su ensayo “De los espejos”, contenido en su libro De los espejos y otros ensayos. Me serviré también del material adquirido a lo largo del seminario “Utopías II”, impartido por el Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges, en la universidad de Aarhus, Dinamarca, en el semestre de otoño del 2002, donde este relato fue debatido en profundidad, así como de otras fuentes teóricas con las que ilustraré algunos aspectos de este estudio.

En primer lugar glosaré el argumento del relato para introducirnos en la materia que vamos a tratar. El relato está dividido en tres partes diferenciadas. En la primera, una voz narrativa nos refiere en primera persona un “descubrimiento” singular; el de un artículo de una enciclopedia ”pirática”, que tras una búsqueda a través de manuales y enciclopedias, resulta versar sobre un país inexistente llamado “Uqbar”.

En la segunda parte, una voz narrativa cuyo referente coincide con el de la primera, nos explica en primera persona la adquisición casual del onceno tomo de una enciclopedia sobre un país llamado “Tlön”, por lo visto también inexistente; y nos ofrece un breve resumen de lo contenido en él, centrando su atención en la particular manera de concebir el mundo de los habitantes de este universo inventado.

La última parte, encabezada por el epígrafe “1940. Salto Oriental” (Tlön, 174), adopta la forma de posdata de las dos partes anteriores, a las que esta última voz narrativa se refiere como “artículo” de una “Antología de la literatura fantástica” (Tlön, 174). Esta parte pretende ser, por un lado, la explicación del misterio referido en dicho artículo, al parecer dilucidado en la carta de un presunto confabulado en la creación de Tlön.

En esta carta que el narrador resume, se explican las cuestiones referentes a la enciclopedia de Tlön, quiénes crearon el proyecto y cómo se llevó a cabo. Por otro lado, se trata de un epílogo resolutivo no exento de ambigüedad, en el que se narran los últimos acontecimientos, a saber: el hallazgo en el mundo real de objetos procedentes del mundo ficticio Tlön, la exhumación y divulgación de todos lo tomos de la enciclopedia y la subsiguiente simbiosis o conversión del mundo real en Tlön.

En los siguientes apartados de este estudio expondré en primer lugar, la teoría de Umberto Eco sobre los espejos, destacando aquellas cuestiones que principalmente van a servir a nuestro objeto sobre el relato de Borges. La hipótesis sobre la que voy a fundamentar mi estudio es la de que en el relato de Borges se dan ciertos fenómenos especulares que son interesantes observar y desentrañar a la luz de la teoría elaborada por Eco.

El ensayo de Eco se articula básicamente en dos conceptos fundamentales: el de “fenómeno semiósico” (Es, 11) y el de “fenómeno especular” (Es, 11) -(más adelante se explicarán ambos conceptos)- y en la relación de estos dos fenómenos, cogiendo como punto de referencia los fenómenos especulares.

Baste decir en primera instancia, que trataremos de ver qué hay en este cuento de fenómeno especular y qué de semiósico, teniendo en cuenta que un relato es por su naturaleza de mensaje ficcional, un “fenómeno semiótico”. Sobre la hipótesis de que el cuento de Tlön contiene (o es) un juego especular, parece interesante determinar de que manera este juego puede simular procesos semiósicos.

Una vez desentrañado esto, analizaremos qué tipo de espejo/s se han utilizado para construir las imágenes especulares encontradas en el cuento, poniendo en relación el mundo de Tlön con el mundo real, o más bien con el mundo visto a través de la mirada de Borges. Basándonos en el concepto que Eco propone de la “puesta en escena procatróptica” (Es, 31) veremos como en el relato hay una manipulación de espejos que simula este fenómeno tanto a nivel textual como a nivel argumental.

Por último consideraremos las distintas actitudes y consecuencias dentro del relato que se derivan de todas estas maniobras especulares. Esto nos llevará a determinar una interpretación del final, de tal manera que la supuesta intrusión del mundo Tlön en el mundo real puede ser tomada como una respuesta, es decir, como una actitud determinada ante este tipo de espejos.


2. PRESENTACIÓN DE LA TEORÍA DE ECO

Humberto Eco en su ensayo “De los espejos”, pone en relación los “fenómenos especulares” con los “fenómenos semiósicos”, en un planteamiento que trata de demostrar que los fenómenos especulares no son semiósicos (porque las imágenes especulares no son signos.)

Por “fenómenos semiósicos” entiende los procesos en los que participan un signo, su objeto y su interpretación. Los signos que intervienen en todo proceso semiósico tienen unas características determinadas que los definen como tales. Eco utiliza para definirlos la teoría elaborada por los estoicos por considerarla “la primera y más completa” (Es, 26).

La característica esencial que define a un signo como tal para los estoicos, es la de tener que ser “antecedente” revelador de un “consecuente” (Es, 26); esto es, que se de una relación lógica de implicación donde el “consecuente” (Es, 26) sea de alguna u otra forma causante lógico de su “antecedente”, sin que sea necesaria la existencia de una relación cronológica entre ellos.

Por “fenómenos especulares” entiende Eco aquellos que son producidos por los espejos, donde intervienen el reflejo, su objeto y el espejo que refleja la imagen. Eco nos explica la fenomenología de los espejos, cómo funcionan y cómo debemos nosotros usarlos, la llamada “pragmática del espejo” (Es, 17). Articula su explicación partiendo de que los espejos son “designadores rígidos” (Es, 22).

Este término lo toma Eco de Kripke, que lo acuñó para referirse a aquellos nombres o descripciones que designan un objeto, “designan su extensión rígidamente” y una vez tiene lugar lo que Kripke llama “bautismo hipotético” no pueden desvincularse de su referente. (Sentido, 24)

Otra característica que Eco atribuye a los espejos es la de funcionar como “prótesis”. En este caso el espejo sería la prótesis del ojo humano, porque puede captar el estímulo visual con la misma precisión como lo haría el ojo, allí incluso o quizás especialmente donde el ojo no puede llegar, extendiendo por tanto su radio de acción, así como ampliando sus funciones, creando efectos magnificadores o reductores.

Los espejos pueden ser por tanto intrusivos o extensivos, además de tener la mágica especificidad de permitir que nos veamos tal y como los demás nos ven. Como prótesis los espejos son canales, ya que son transmisores de información. Eco también nos proporciona una clasificación de los distintos tipos de espejos según sus propiedades y los distintos reflejos que pueden proporcionar según el caso. Distingue entre los espejos de superficie plana y los de superficie curva (que a su vez puede ser convexa y cóncava), los espejos deformantes, los ahumados, los espejos que “congelan” la imagen, etc.

Sirviéndose de la teoría que los estoicos elaboraron del signo y partiendo de los espejos como designadores rígidos, establece una comparación entre el signo y el espejo, demostrando que las características definitorias del signo no pueden ser aplicadas a los espejos.

Por otro lado el análisis de la fenomenología especular lleva a Eco a establecer casos en los que las imágenes especulares pueden interpretarse como semiósicas o incluso situaciones en las que un espejo puede utilizarse efectivamente para producir situaciones semiósicas.

Expondré brevemente estos casos que serán cruciales en este trabajo por lo que tiene de análisis de lo semiósico en lo especular.

En primer lugar Eco considera que los espejos como prótesis, es decir, como aparatos que hacen las veces de un órgano, extendiendo su radio de acción, son canales y en este sentido pueden de varias formas simular funciones semiósicas.

Por ejemplo, cuando consideramos un espejo como síntoma de una presencia que en ese momento no podemos ver, pero que el espejo es capaz de reflejar, se da un componente interpretativo que puede revestir funciones semiósicas, que no obstante tienen que ver con el uso que se hace del canal y no con el mensaje en sí, que por su naturaleza sigue siendo ininterpretable, porque los espejos reflejan la realidad tal cual ésta es.

Otra situación se da cuando el espejo se presta a provocar engaños perceptivos, tales como hacernos creer que estamos ante un objeto real que es en realidad imagen especular. En este caso, como en el anterior, tampoco estamos ante un fenómeno semiótico tal y como lo venimos entendiendo, sino que la percepción errónea de la imagen especular puede revestir principios interpretativos que son ajenos a la imagen especular en sí misma.

También es posible la manipulación del canal, es decir, la mentira en torno a los espejos, creando un fenómeno semiósico mediante la simulación de un fenómeno especular. Y por último, el espejo puede en ocasiones imponer procesos interpretativos, por ejemplo si consideramos la imagen de un espejo fragmentado que tenemos que reconstruir para recuperar la imagen reflejada y determinar su referente.

Estos son los casos en los que sin serlo, las imágenes especulares pueden parecer signos. Además existen casos en que los espejos por su específica naturaleza, pueden dar lugar a respuestas interpretativas que los convierten en una especie de fenómeno semiótico. Ocurre por ejemplo con los espejos deformantes, que pueden ampliar y deformar la función del órgano originando funciones alucinatorias.

Las distintas actitudes que pueden generar este tipo de espejos determinan en cierta medida el tipo de fenómeno a considerar, siendo el olvidar el referente para fantasear sobre el contenido, lo que les daría su principal carácter de semiósico.

Otro caso interesante es lo que Eco llama “puesta en escena procatróptica” (Es, 31), gracias al cual se pueden crear ilusiones de realidad. Partimos de que el espejo tiene la propiedad de encuadrar, es decir, podemos jugar con la posición de los espejos seleccionando aquello que queremos reflejar en una suerte de artificio artístico. Por tanto se puede producir una maniobra de espejos a modo de montaje que origine una situación semiósica auténtica, creando artificios encuadrantes con un sentido determinado.

3. TLÖN COMO FENÓMENO SEMIÓSICO Y ESPECULAR

Partiremos de la consideración de que las imágenes especulares no son signos y de la teoría del signo que Eco aplica a las imágenes especulares. Siguiendo el resumen que Eco hace de la teoría del signo formulada por los estoicos, trataré de ver en qué sentido Tlön puede ser considerado como fenómeno semiósico. Asimismo utilizaré la aplicación de esta misma teoría a las imágenes especulares que Eco hace, para justificar por qué una imagen especular no es un sigo, y para establecer en qué sentido Tlön es un fenómeno especular.

La teoría de los estoicos postula que cualquier cosa puede asumirse como signo de cualquier otra, siempre que estemos ante un antecedente que revela un consecuente. Los estoicos utilizaron el ejemplo del humo (antecedente) que da cuenta del fuego (consecuente). Sabemos que la situación normal es escribir una enciclopedia (producir un signo-consecuente) sobre un lugar existente (antecedente); pero Borges en su relato imagina la ficción de una sociedad secreta que acomete la tarea de crear una enciclopedia sobre un planeta inexistente.

Tomemos esta particular enciclopedia como signo-consecuente y veamos como funciona a la luz de la teoría del signo de los estoicos.

3.1 Tlön como fenómeno semiósico

- El primer punto que establecen los estoicos tal y como Eco lo presenta, es que el antecedente para que sea signo de un consecuente tiene que estar presente y ser perceptible, mientras que el consecuente debe estar ausente, (percibimos el humo pero no el fuego).

Así, la enciclopedia de Tlön está presente, existe para el narrador personaje que la encuentra y para el lector al que le da cuenta de ella; sin embargo el mundo al que se refiere (que circunstancialmente no existe), está fuera del radio de percepción tanto del lector como del narrador.

- El segundo punto establece que el antecedente puede tener lugar sin que sea necesario que exista un consecuente, ya que el antecedente puede producirse de manera artificial, (se puede crear la ilusión de que ha habido un fuego mediante humo artificial), y por tanto, el signo puede mentir.

Así pues, la enciclopedia de Tlön se refiere a un mundo que no existe, aunque lógicamente una enciclopedia debe remitir a un mundo existente, (así como el humo nos remite al fuego que necesariamente tuvo que provocarlo).

- El tercer punto tiene que ver con el anterior. La explicación de por qué el signo puede mentir, es que no ha tenido por qué ser causado necesaria ni eficientemente por su consecuente aunque sea causable por él. Así ocurre también con la enciclopedia de Tlön. Suponemos que un mundo existente tiene que ser el consecuente de una enciclopedia, pero podemos mentir y crear un signo que no ha sido causado por ningún consecuente, esto es, crear una enciclopedia sobre un mundo imaginario.

- El cuarto punto se refiere al antecedente-expresión que tiene que estar correlacionado con un contenido, pero no necesariamente con un referente. Esta característica es la que mejor define a la enciclopedia de Tlön como fenómeno semiósico, ya que ésta no tiene referente alguno (porque se refiere a sí misma), y sin embargo tiene un contenido, todo un mundo perfectamente articulado.

- En el siguiente punto el signo es definido como una relación de implicación por la cual si se da el consecuente, el antecedente tuvo o tiene que darse, (“si hay humo, entonces hay fuego” (Es, 27)). Una enciclopedia presupone también un mundo que es su necesario consecuente, (si hay enciclopedia entonces hay mundo), pero en este caso el mundo al que refiere no existe, pero esto es de hecho irrelevante, porque como hemos visto, el signo puede mentir sobre estados del mundo.

La enciclopedia de Tlön ciertamente se refiere a un mundo, refiere y es su propio mundo. La relación sígnica correlaciona un antecedente tipo (mundo, fuego) con un consecuente tipo (enciclopedia, humo.)

- La relación que se establece entre el antecedente y el consecuente no se ve alterada por el medio o canal a través del cual se transmiten o producen los signos. La enciclopedia pudo ser escrita, pero también pudo ser nombrada y ello no cambia su relación con el mundo al que se refiere. Además hemos de considerar que la enciclopedia de Tlön es en primer lugar un mero resumen (interpretación) de un único tomo, un testimonio de alguien que la encontró pero que también pudo inventarla.

- Por último, el punto más importante en el ejemplo que nos ocupa es el hecho de que el contenido de un antecedente-expresión es interpretable. Esto es cierto en la enciclopedia de Tlön en varios sentidos. Por un lado el narrador personaje que descubre la enciclopedia ha tenido que interpretarla para transmitir su contenido. Más aún, quizás la enciclopedia estuviera en alguno de los idiomas originales de Tlön, (no queda claro si el onceno tomo hallado es la última revisión escrita en uno de los dialectos de Tlön), por lo que quién la encontró tuvo que traducirla primero.

Además se nos ofrece el resumen de un tomo (lo que implica una selección de información), que curiosamente dedica íntegramente al concepto del universo de los habitantes de Tlön. Y en este resumen de un planeta tan particular, el narrador ha tenido que recurrir a categorías del mundo conocido e incluso ha tenido que interpretar estas categorías; así, por ejemplo, para explicarnos la mente de estos habitantes el narrador se sirve de algunos supuestos idealistas seleccionando y poniendo en común teorías de diversos filósofos.

Todo esto nos da más información (o quizá menos), de la que nos daría la lectura directa de la enciclopedia, porque ha habido muchos procesos interpretativos que han mediado entre el contenido de la misma y los receptores.

Parece que podemos concluir que la enciclopedia de Tlön es un signo y que por tanto en el relato tiene lugar un particular fenómeno semiósico. Esto es algo también evidente desde el punto de vista del proceso creativo que es en sí mismo un relato, si consideramos que escribir una ficción es ya un acto semiósico en sí.

No lo es tanto determinar en qué sentido estamos también ante un fenómeno especular. Esto forma parte de la labor interpretativa que hacemos del contenido de la enciclopedia (Tlön en cuanto mundo). Veamos punto por punto cuáles son las características de Tlön como imagen especular. Partiremos de la hipótesis de que Tlön es una imagen especular del mundo, producida por una especie de espejo deformante (o tal vez no), que más adelante trataremos de determinar.

3.2 Tlön como fenómeno especular

- La imagen especular Tlön está presente (aún más, ha sido recogida en una enciclopedia) y su referente, el mundo, lo está también, en el sentido de que en el mundo Tlön, vemos infinidad de correlatos del mundo real sin los cuales Tlön no sería posible.

Supongamos que ponemos un espejo gigante frente al mundo y con la imagen que nos devuelve hacemos una enciclopedia. Está claro que hay una mediación, un intento de congelación de la imagen, pero sorprendentemente en el seno de la propia enciclopedia se encuentra la imagen especular que no es más que su referente, el mundo al que refiere es precisamente el reflejo del mundo.

- El objeto-mundo es la causa efectiva de la imagen-Tlön.

- La imagen especular no miente respecto de su referente, y así ocurre con Tlön que no miente respecto al mundo al que refiere. No obstante queda por determinar ante que tipo de espejo estamos, cuál es el juego que se produce y por qué aparentemente Tlön es tan distinto al mundo real.

También el hecho de que podamos mentir sobre las imágenes especulares puede darnos una pista de lo que ocurre con Tlön, ya que Tlön como imagen del mundo ha sido recogida en una enciclopedia, en la que han intervenido procesos selectivos y mediáticos a los que anteriormente nos hemos referido.

- Sólo podemos poner en relación el contenido de una imagen especular teniendo en cuenta la necesaria vinculación con su referente. Aparentemente Tlön no tiene una relación directa con su referente, pero tenemos que considerar en primer lugar, que puede que no estemos ante un espejo normal y en segundo lugar, la enciclopedia de Tlön es un canal de un canal.

- La relación que establecen las imágenes especulares es entre “especímenes” y no entre “tipos” y esto es así también en Tlön. Pero ocurre que al tratarse del mundo, la imagen tiende a abarcarlo todo y por tanto hay un cierto carácter universalizador que no tiene por qué ser tal, si consideramos la existencia de otros mundos posibles, ficticios o desconocidos. Establecer este juego con respecto a nuestro mundo, el mundo que conocemos y habitamos, no deja de ser una relación entre tipos.

- Este punto es importante en el ejemplo que nos ocupa. Si el medio o canal es fundamental para las imágenes especulares porque precisamente las definen, más importante es aún en Tlön. Efectivamente el canal que se ha utilizado para obtener esta imagen especular es de alguna manera lo que la hace ser como es. No puede desvincularse del canal porque se haría inteligible, tanto es así que si se hubiera utilizado otro tipo de espejo, tendríamos otra ficción completamente distinta, otro mundo por descifrar.

- Una imagen especular no puede ser interpretada, principalmente porque no tiene contenido; pero, si consideramos el hecho de que estamos ante una imagen especular deformada, la interpretabilidad de la misma tiene que ver con un intento de reconstruir el referente. Esto es lo que vamos a intentar hacer con la enciclopedia de Tlön, para ver qué manipulación se ha dado, cuánto hay de mundo en el mundo de Tlön y cuanto de deformación del mundo.

En los siguientes apartados trataré de determinar más concretamente en que sentido Tlön puede ser un reflejo del mundo y ante qué tipo de espejo nos encontramos. También es importante la actitud última que adoptamos ante este espejo, que finalmente nos devuelve un reflejo propio y que tiene sus consecuencias en la resolución del relato.

4. TLÖN COMO IMAGEN DEL MUNDO

En primer lugar veremos punto por punto cómo es el mundo de Tlön, qué lo hace diferente y qué similar a nuestro mundo real. Trataré de determinar qué tipo de espejos son usados en cada caso según el reflejo que producen. Es relevante señalar que los reflejos (recogidos en la enciclopedia), tienen que ver con un referente que es el mundo, pero se trata de un mundo que de alguna manera también está reflejado en la mirada de Borges.

El referente que tenemos que buscar es un universo borgesiano que como veremos, es una cosmogonía de valores invertidos, donde se da una particular inversión de las categorías ontológicas tal y como las entendemos en la realidad cotidiana.

Los aspectos que vamos a tratar son los que el narrador presenta a grandes rasgos en su resumen: concepción del mundo, lenguaje, filosofía y literatura. Esta clasificación no deja de ser significativa, en lo que se refiere a los aspectos que se consideran necesarios en el relato para construir un mundo completo, sin que otros aspectos que mejor pudieran dar cuenta de las características del mundo físico en el que nos encontramos, como son la geografía o el clima, tengan apenas mención.

Además en el relato (como ocurre en la realidad), tampoco se presentan las categorías en compartimentos estanco, sino que se implican y se relacionan, no sólo a nivel del orden textual, sino también en cuanto a su contenido: el lenguaje presupone una concepción del mundo, y ésta deriva en la creación de una ciencia, una metafísica y una religión determinadas.

4.1 Cosmogonía

En el resumen que el narrador hace del onceno tomo centra su atención en la concepción del universo de los tlönianos. Ellos son idealistas congénitamente.

En numerosos ensayos Borges manifestó su interés por la filosofía idealista llegando en su ensayo “Nueva refutación del tiempo”, a extremar las consideraciones de esta filosofía, que niega la existencia del mundo más allá de lo que la mente puede percibir y concebir. Dando un paso más, tras un recorrido por algunas de los planteamientos de sus más preciados filósofos, Borges afirma en este ensayo, que la consecuencia lógica del planteamiento idealista según como él lo entiende sería la negación del tiempo. “Niego, con argumentos del idealismo, la vasta serie temporal que el idealismo admite” (Otr, 175,176).

Son ideados unos habitantes que precisamente lo son desde el idealismo mismo, es decir, no es que consideren que la realidad extramental es inexistente porque no se puede percibir como harían los idealistas, sino que directamente estos habitantes no pueden concebir ninguna realidad exterior a la de su mente. “El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie independiente de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial” (Tlön, 170).

Borges admite que somos idealistas en el sentido de que tampoco nosotros podemos establecer la relación existente entre nuestra capacidad cognoscitiva y el mundo fenomenológico; no podemos probar un mundo más allá de nuestra percepción y nuestra mente. En este sentido el espejo utilizado en la enciclopedia de Tlön para recoger este aspecto de su mundo, nos devuelve una imagen de lo que somos sin saberlo, (porque como Borges advierte el idealismo no se puede concebir desde el idealismo mismo).

Propone un juego en el que extrema las consideraciones de los filósofos idealistas, en un recorrido en el que el escritor, refuta sus propias consideraciones sobre el idealismo, al ponernos en la situación de imaginar unos seres en una existencia idealista.

Esta es la desmesura del espejo ante el que Borges nos enfrenta. Aún más, se atreve a preguntar a través de su relato, qué consecuencias tendrían estas filosofías dentro de un mundo inventado y postulado en una enciclopedia.

Por lo pronto, los supuestos esquemas convencionales, el modo en el que probablemente nosotros hoy explicaríamos la realidad resulta ser en este mundo, el pensamiento herético. De nuevo Borges ironiza y juega, al ingeniar un espejo deformante en el que podemos vernos extraños, incluso ridículos, descalificados como herejes, relativos y diminutos.

4.2. El lenguaje

En segundo lugar el narrador nos refiere el lenguaje de Tlön, que toma especial importancia en la configuración de la realidad de sus habitantes, ya que éste determina los aspectos fundamentales de la concepción y comprensión de todo lo existente en un mundo donde además nada existe efectivamente. “Su lenguaje y las consideraciones de su lenguaje –la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo” (Tlön, 170).

Tras resumir cómo es el mundo para estos seres, “Es sucesivo, temporal, no espacial” (Tlön, 170), el narrador yuxtapone una aseveración que nos hace vincular directamente la percepción del mundo, la manera de ser el mundo, con la manera de ser nombrado el mundo: “No hay sustantivos en el conjetural Ursprache de Tlön” (Tlön, 170). Recurre al lenguaje para explicar una concepción del mundo; el lenguaje presupone una manera de ver la realidad y por lo tanto (aplicando también un enfoque idealista), una manera de ser la realidad.

Allegando de nuevo el ensayo “Nueva refutación del tiempo” en el que Borges afirma que “todo lenguaje es de índole sucesiva; no es hábil para razonar lo eterno, lo intemporal” (Otr, 178), vemos recogida esta idea de que el lenguaje puede determinar la realidad en el sentido de que no podemos concebir aquello que no puede ser dicho y en consecuencia tampoco pensado. En este mismo ensayo afirma que “comprender la doctrina idealista es fácil; lo difícil es pensar en su límite” (Otr, 173). Borges se adscribe a muchos preceptos idealistas y no obstante entiende que pensar el idealismo desde el idealismo mismo es impensable.

Así mismo el Wittgenstein del “Tractatus” afirma que las proposiciones no pueden representar la forma lógica de la realidad, es decir, que lo que en el lenguaje se refleja, el lenguaje no puede reflejarlo. (Sent, 8,9). Por tanto si los límites del lenguaje son los límites de mi mundo, un lenguaje idealista nunca podría explicarse a sí mismo ni explicar a los otros. Cabe preguntarse entonces desde dónde hay que situarse para escribir un lenguaje, si por otro lado la actividad misma del lenguaje es una actividad humana que no necesita que hablen de ella ya que habla por sí misma.

En ese sentido también el lenguaje de Tlön es la extremación de estas consideraciones, ya que es un lenguaje que efectivamente no puede definirse a sí mismo ni tampoco describir su mundo.

En el hemisferio austral de Tlön no existen los sustantivos. El sustantivo es una categoría universal del lenguaje que tradicionalmente se ha definido como aquella cuya dimensión denotativa se refiere a las entidades o lo que concebimos como tales.

Es importante recordar que la denotación da cuenta de la relación de un signo o expresión con los objetos externos al sistema de la lengua, con los objetos del mundo (Ling, 46). Así pues, un lenguaje carente de sustantivos y por tanto carente del mayor elemento denotativo, implica la imposibilidad de dar cuenta del mundo exterior, en tanto compuesto de entidades, y en última instancia la inexistencia de ese mundo exterior, que es lo que ocurre efectivamente en Tlön. En esto consistiría un lenguaje idealista; es incapaz de nombrar la realidad exterior y por tanto de concebirla.

Queda planteado pues un problema de la filosofía del lenguaje de primer orden sobre el sentido, la significación y la referencia de las expresiones lingüísticas, cuya respuesta ha sido debatida por numerosos filósofos a lo largo del siglo XX. Como he señalado previamente, el que el hecho de que no existan los sustantivos en el lenguaje, tenga como consecuencia la imposibilidad de percibir las entidades físicas, nos hace pensar en las teorías referencialistas. A grandes rasgos estas teorías que forman parte de la filosofía del lenguaje, postulan que el significado de las palabras es aquello a lo que refieren. (Sentido, 3)

Por ello el lenguaje de los tlönianos sólo puede decir esa sucesión de percepciones, de actos independientes que no tienen cabida en el espacio y que es su manera de concebir la realidad. El significado de su lenguaje es precisamente lo que refiere su lenguaje y esto es una realidad mental, que no refiere a nada porque no puede percibir más allá de ella misma.

Podemos allegar la teoría radicalmente referencialista de Bertrand Russell para ilustrar este fenómeno. Russell en su doctrina conocida como “atomismo lógico”, establece un isomorfismo entre la estructura de las frases y la de los hechos, es decir entre la realidad y el lenguaje. De esta manera el lenguaje significa al mundo.

Russell establece que nuestro conocimiento de la realidad se fundamenta en un conocimiento directo de la misma por medio de los datos sensibles, con el que luego construimos un conocimiento por descripción de las cosas que ya es indirecto. (Sentido, 5)

Lo importante es destacar que si a cada categoría lógica-lingüística le corresponde una categoría ontológica que es el mentado isomorfismo, en Tlön advertimos también esta situación, de tal manera que la ausencia de la categoría sustantivo explica la ausencia de las entidades físicas y referenciales en el mundo.

La mente de los tlönistas es una metáfora de la asunción de que no podemos corroborar que exista nada fuera de nuestro lenguaje y nuestro pensamiento.

Otro asunto concerniente al lenguaje, que nos obliga a reseñar de nuevo la particularidad de los espejos con los que Borges está jugando, tiene que ver con las primeras incursiones del autor en la poesía, su participación en las vanguardias que configura su etapa ultraísta (1918-1922.)

Los artículos “Tlön o la utopía cósmica” y el contenido en el libro Asedio a Jorge Luís Borges constatan que el lenguaje postulado en Tlön registra usos de la poesía de vanguardia en la que Borges incurrió, así como algunos procedimientos que practicó en ésta su primera poesía.

En la obra poética de Borges se advierte un sabio manejo de la adjetivación que entre otras cosas consiste en el empleo de adjetivos que añaden algo sustancial, que tienen algo de sustantivos.

En el lenguaje del hemisferio boreal la célula primordial es el adjetivo monosilábico. Los sustantivos, que pueden o no corresponder a un objeto real, y que tienen más que ver con la convocatoria de objetos ideales en el mundo de la ficción literaria, se construyen mediante la acumulación de adjetivos.

“El sustantivo se forma por la acumulación de adjetivos. No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo o tenue-anaranjado del cielo o cualquier otra agregación” (Tlön, 170). Nuevamente podemos ver aquí la propuesta de un lenguaje imaginario que Borges de hecho utilizó en su creación poética y que de alguna manera, implica la definitiva instauración de la ficción en la realidad por medio del lenguaje y la creación.

Tampoco es ajena al ultraísmo, la concepción idealista del mundo de estos habitantes. Las bases metodológicas del ultraísmo son las mismas que las del empirismo, que afirma que la realidad es una percepción de la realidad y que ésta existe en tanto es percibida.

Para el filósofo Hume, la mente es un conglomerado o colección de diferentes percepciones en perpetuo flujo o movimiento. Este pensamiento también se encuentra en la base de las vanguardias, donde además se da la disolución de la visión romántica del yo.

En un poema de su época ultraísta, “Prisma”, tenemos un claro ejemplo de esto. El poema está construido mediante yuxtaposición de percepciones, la puntuación ha desaparecido (porque el flujo de nuestros pensamientos carece de puntuación), y por último el “yo” está constituido en el poema como una Mente llena de preceptos.

Es interesante también que en la poesía ultraísta de Borges toda la realidad se metaforiza y esto es una forma de personalizar la realidad. Asimismo, un lenguaje que no puede corresponderse con la realidad porque lo que es llamado realidad no puede ser conocido en sí mismo, es todo metáfora.

Por metáfora entendemos la “traslación del significado de un término al de otro por relación de semejanza (muchas veces creada por la propia metáfora) entre algunas propiedades de sus respectivos referentes” (Figuras, 52,53). Tiene por tanto que existir un plano real (que puede o no estar presente en la metáfora).

Ocurre que estos habitantes no pueden conocer las propiedades de la realidad, es decir, no pueden establecer esa relación de semejanza porque carecen de conciencia del plano real. Esto es como decir que todos los sustantivos son metáforas, llamar a la lluvia “lluvia” es de alguna manera construir una metáfora, ya que nadie en Tlön sabe con certeza que es eso a lo que llaman lluvia. Sin embargo decir que todo en Tlön es metáfora impide el hecho mismo de que hayan metáforas, precisamente por la inexistencia de un plano real comparativo.

Así, este lenguaje es, por un lado, una manifestación clara de la mente idealista que trata de reflejar y que configura un mundo determinado, y por otro, la reminiscencia de un lenguaje poético que Borges reivindicó en su época primigenia.

4.3. La filosofía

El hecho de que las filosofías en Tlön se basen en la creación de “sistemas increíbles” de tipo sensacionalista, es una asunción por parte de los filósofos de Tlön de que las ideas que tratan de explicar el mundo, son provisionales, apuntan a la necesidad humana de conocer la realidad. Pero las epistemologías son siempre fluctuantes, inconsistentes y no absolutas.

Como señala Borges en “Nueva refutación del tiempo”, algunos de sus filósofos más admirados más debieran estar en manuales de literatura fantástica, y es que si algo puede caracterizar a los sistemas filosóficos es su carácter dialéctico y dinámico. Su inestabilidad y su ser provisional lleva a Borges a establecer también juegos dialécticos que simulan sistemas increíbles (como puede ser Tlön en este caso), para metaforizar tales teorías filosóficas y dar cuenta de ellas de forma irónica y extremada.

4.4. La literatura

En la descripción del lenguaje hay también anotaciones sobre la literatura. Se establece un vínculo, una relación directa entre lenguaje, pensamiento y creación literaria.

Refiriéndose al lenguaje del hemisferio boreal añade, “En la literatura de este hemisferio (como en el mundo subsistente de Meinong) abundan los objetos ideales convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas” (Tlön, 170); y más adelante “Hay poemas famosos compuestos por una sola palabra. Esta palabra integra un objeto poético creado por el autor” (Tlön, 170).

Por tanto existe en este lenguaje un modo de nombrar a los objetos, pero éstos forman parte de un universo mental puesto al servicio de la creación literaria, son construidos al margen de la realidad externa y su correspondencia con ésta es de carácter fortuito. No existen los objetos reales, extramentales, pero sí los objetos poéticos.

5. PUESTA EN ESCENA PROCATRÓPTICA

El cuento de Tlön sugiere también un intento de manipulación de los espejos como canales que da lugar a una “puesta en escena procatróptica”, artificio semiósico que genera una ficción.

Al igual que existe una puesta en escena profílmica, existe también una puesta en escena procatóptica, si consideramos la posibilidad de manipulación que tienen los espejos; podemos manipular el encuadre de los espejos para reflejar un estado de la realidad.

En la primera parte del relato se da una maniobra de este tipo que tiene que ver con una colocación determinada de los espejos o de sus equivalentes simbólicos construyendo un recorrido donde todo se va descubriendo por referencia a otro elemento que lo explica, aunque este elemento no sea sino el reflejo de otro reflejo.

Una voz narrativa nos refiere un descubrimiento singular: “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar” (Tlön, 166). Un espejo, situado en el fondo del corredor de una quinta que Bioy Casares y el personaje-narrador han alquilado, les inspira algo monstruoso: “Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso” (Tlön, 166).

No es fortuito que estos acontecimientos se produzcan en la noche, y es que para Borges la noche es espejo que refleja la sustancia de la realidad y es en la noche donde se producen los momentos de revelación. En el “Poema Conjetural” encontramos unos hermosos versos que resumen esta idea: “En el espejo de esta noche alcanzo/ mi insospechado rostro eterno.” (Tlón, 245)

Siguiendo con nuestro planteamiento de puesta en escena procatróptica de la propia configuración textual del relato, el espejo lleva a Bioy personaje a recordar la frase de un heresiarca: “los espejos y la cópula son abominables” (Tlön, 166). El espejo aquí realiza su función reflectante, pero de un modo muy particular.

La colocación estratégica del espejo (“el espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona” (Tlön, 166)), lleva a Bioy a advertir un reflejo de un objeto que sólo estaba en su mente, le lleva a una sentencia contenida en una enciclopedia, que además es un juego de espejos, el espejo es reflejo de otros espejos.

Esta sentencia es un juego de espejos en dos sentidos. Por un lado la cópula es reproducción, es creación de sujetos que de alguna forma son iguales entre sí, sujetos que necesitan de un creador que es su referente y los produce. Podríamos incluso aplicar algunas de las características que veíamos de las imágenes especulares a este ejemplo, tales como la necesaria presencia del objeto y la imagen (creador-criatura), la causalidad, la relación entre especímenes, etc. Y por otro lado, esta asociación se refleja a su vez en otro espejo, al establecerse la comparación de que la cópula es semejante al espejo en su cualidad de producir imágenes iguales.

Esta manipulación es susceptible de ser considerada como una maniobra de encuadre e inclinación de espejos, por la que por medio de un artificio, el espejo refleja un espacio determinado que bien puede ser como acabo de mostrar, un espacio no físico, de reflejo de asociaciones y no de objetos. Sin embargo, también podemos abordar el viaje en sentido inverso, ya que nos encontramos en un laberinto de espejos, esto es, un reflejo puede convertirse en espejo que refleja objetos consistentes.

La sentencia recordada por Bioy (imagen reflejada en un espejo), nos lleva al heresiarca que la formuló y éste a su vez, a la enciclopedia que daba cuenta de ambos. Es importante destacar la persistencia de lo apócrifo en el cuento, que apunta no sólo a una maniobra encuadrante, sino también a un empleo de espejos deformantes donde los referentes dejan de ser idénticos para convertirse en reflejos deformados, sobre los que podemos fantasear. Así la sentencia recordada por Bioy no es idéntica a la original, siendo más bien un puro reflejo deformado. También la enciclopedia que contenía la frase es apócrifa, falsa, un ejemplar pirático de “The Anglo-American Cyclopedia”.

Los espejos están circunscritos en un mundo de libros, de citas que nos llevan a otras citas. La enciclopedia apócrifa nos lleva a un país, del que es originario el heresiarca, que nos abocará a un rastreo para corroborar su existencia en un laberinto de libros. En esta búsqueda hay una bifurcación de espejos: los nombres contenidos en la enciclopedia (en el artículo sobre Uqbar), nos llevan a buscar el objeto reflejado.

El artículo contiene también referencias a libros. Los espejos se van haciendo profundos en el alejamiento de la realidad y las referencias que tienen lugar en los libros, van articulando realidades más auténticas en cuanto que son constatables. Es un viaje introspectivo, nos alejamos del objeto que origina el reflejo y nos adentramos en un mundo de imágenes y referencias.

6. RESPUESTAS ANTE EL ESPEJO

Después de este análisis vemos que los espejos que utiliza Borges para elaborar su ficción tienen algún elemento deformante, un elemento lúdico. A lo largo del relato se dan distintas respuestas ante la visión de este mundo deformado y tan similar por otra parte a nuestro mundo conocido. Eco también enumera las posibilidades de reacción ante este tipo de espejos y a la luz de sus consideraciones analizaremos las respuestas que tienen lugar en el relato.

Partimos de que la observación del reflejo del mundo/Tlön en un espejo deformante, está relacionado con la creación de una imagen que es distinta, no sólo en su reflejo, sino también en la interpretación o reproducción de dicha imagen. Observar el espejo es, en este caso, creación de una imagen determinada, porque la interpretación o actitud con la que nos enfrentemos a él, nos proporcionará una imagen determinada del objeto reflejado, que en cualquier caso siempre es el mismo.

Como veíamos al principio, Eco atribuye a este tipo de espejos deformantes la facultad de ampliar a la vez que de deformar la función del órgano. Distingue entre dos tipos de observadores; aquellos que no saben que están ante un espejo deformante y aquellos que sí.

Ya al inicio del relato se nos pone en antecedente de una polémica inquietante cuyo significado puede ayudarnos a esclarecer el sentido del cuento: “nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en tercera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal” (Tlön, 166).

Este preámbulo es la afirmación implícita de la instauración de lo falso en un acto de lectura que vamos a presenciar. Podemos imaginar, como Eco propone, un espejo compuesto de franjas horizontales de superficie reflectante intercaladas con franjas opacas finas.

El resultado es una imagen virtual incompleta que hemos de reconstruir, intervienen elementos interpretativos que podemos considerar como semiósicos.

Si esta sentencia es un guiño que el relato se hace a sí mismo y a sus lectores, podemos anticipar que caben dos tipos de lectores que coinciden con los señalados por Eco; los que advierten el espejo escondido y los que no. Y dando un paso más, también cabe distinguir entre los lectores de la enciclopedia que ven el espejo y que se ven en el espejo y los que no, y sus distintas reacciones y consecuencias.

Nos situaremos en el plano ficcional del relato. Al principio del relato encontramos una voz narrativa incrédula, cuya actitud obliga al lector a desconfiar. Este personaje no cree en la veracidad del heresiarca referido por su amigo.

La incredulidad que se desprende del narrador queda implícita en su modo de referir los acontecimientos: “anónimo”, “indocumentado” son adjetivos que apuntan al hecho de que existir es tener un referente textual, el lugar de tinta y papel es el que verifica la existencia de lo real. Una vez que Bioy le muestra el artículo a este personaje narrador, se lleva a cabo un rastreo que finalmente resulta inútil, ningún libro constata nada acerca de Uqbar, su indocumentación presupone su inexistencia.

Para el narrador personaje de la primera parte, el significado de un signo no puede ser sino su referente; su búsqueda, aunque mediada por libros, es siempre extralingüística. ¿Dónde está este país en el mundo?, ¿quién creó este país que ya sabemos que no está en el mundo?

Este narrador, como consciente de que toda imagen está anclada a su referente, busca en éste la explicación y el sentido de la imagen. Todo en esta primera parte, refleja desde todos los niveles, una posición desde la que se nos insta a inspeccionar la realidad.

Encontramos además pistas que veladamente expresan el requerimiento de un lector determinado, y que tienen que ver con un procedimiento metonímico muy utilizado en Borges, por el que hemos de buscar aquello que se expresa en una frase en otro lugar del texto. “Esas cuatro páginas adicionales comprendían el artículo sobre Uqbar; no previsto (como habrá advertido el lector) por la indicación alfabética” (Tlön, 167).

Previamente se nos muestra la indicación alfabética “(Tor-Ups)” de la enciclopedia pirática, por lo que la frase parentética puede parecer insultante a la inteligencia del lector. Resulta extraño que algo tan obvio sea de hecho lo que es aclarado; sin embargo y más acorde con los mecanismos de escritura de nuestro escritor, resulta más lógico pensar que lo que el lector tiene que prever no es eso, sino algo que tiene que ver con el enigma del relato y que también se nos anticipa en la ambigua sentencia del inicio.

En la segunda parte del relato, tras el descubrimiento del artículo sobre Uqbar, una voz narrativa cuyo referente parece coincidir con el de la primera parte, encuentra el tomo de una enciclopedia sobre un país desconocido. Ya al comienzo de su relato nos encontramos con una sentencia inquietante, “en el fondo ilusorio de los espejos” (Tlón, 166), que nos remite como al principio de la primera parte al universo especular.

Esta ilusión de realidad que la voz narrativa atribuye a los espejos, puede constituir uno de los casos señalado por Eco, en el que los espejos pueden producir apariencia de fenómenos semiósicos, que tienen más que ver con los engaños perceptivos; esto es, cuando confundimos una imagen especular con un objeto real, la imagen por un momento y en nuestra confusión perceptiva está en el lugar de la cosa que refleja.

Esta voz narrativa no investiga sobre la existencia de un referente, asume inmediatamente que se trata de un “planeta desconocido”. Ya no hay un rastreo como en la primera parte, hay una asunción de que no importa estar constatado por otros libros que confirmen su existencia más allá de sí misma, es decir, más allá de existir como enciclopedia que sólo se refiere a sí misma; la búsqueda se lleva a cabo hacia el interior de los reflejos, esto es, hacia el interior de Tlön, directos hacia su concepción del universo.

El resumen del onceno tomo apunta en general a un intento de interpretación de los datos que el espejo ha proporcionado al narrador, en un empeño de reconstrucción del referente a partir de la imagen. Podemos aventurar que el propio narrador puede tratarse de un habitante de Tlön, y por tanto no encontrará sentido a explicar el mundo de unos habitantes que no pueden concebir tal mundo. Basta con explicar a estos habitantes y como está configurada su mente para entender su mundo, que como la enciclopedia, no refiere a nada sino a sí mismo.

Como Eco afirma, en el caso de los espejos, esta reconstrucción del referente se lleva a cabo mediante la aplicación de unas reglas interpretativas. Se trata de descodificar la imagen deformada hasta obtener la imagen tal y como se proyectaría en un espejo normal y esta imagen real nos daría perfecta cuenta del referente tal cual es.

Este proceso interpretativo no es una búsqueda del referente de la enciclopedia, es decir, no consiste en una verificación de la existencia o no de Tlön, sino que es principalmente un deseo de descodificación de un mundo que es el nuestro, pero que está cifrado con otros números. Por ello, las reglas interpretativas aplicadas, son segmentos de la realidad que nosotros conocemos, tales el lenguaje, la literatura o la filosofía, y que más bien pertenecen a un mundo particularmente borgesiano, cuyo principal punto de referencia es el universo literario.

Nosotros, lectores más o menos atentos, podemos o no ver parte de nuestro mundo en ese reflejo y preguntarnos, por instancia de Borges, si acaso somos el reflejo deforme de una realidad que desconocemos, cifrada siempre en tinta; habitantes de un mundo imaginado o tal vez soñado, por otros seres que se esconden en los espejos de la noche, y que son también nosotros mismos.

7. BIBLIOGRAFÍA

(Tlön) Borges, Jorge Luis. Obras Completas. 4 vols. Barcelona: María Codama y Emecé Editores, (sa), 1989

(Eco) Eco, Umberto. “De los espejos”. De los espejos y otros ensayos. Barcelona: Lumen, 1988.11-39

(Figuras) García, Barrientos, José Luis. Las figuras retóricas. El lenguaje literario 2. Madrid: Arco Libros, S.L, 1998

Grau, Cristina. “Tlön o la utopía cósmica”. Variaciones Borges. 116-124

(Ling.) Hernández, Terrés, José Miguel / Escavy, Zamora, Ricardo. Lingüística General. Murcia: Diego Marín Librero-Editor, 1999

Irby, James E. “Borges o la idea de utopía”. Asedio a Jorge Luis Borges: Ultramar, 1981. 77-97

(Sentido) “Sentido y referencia: teorías del significado”. Cf. http://perso.wanadoo.es/angeljes/4/tema4.htm

Fuente : REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
Laura Cascales (Universidad de Murcia)
http://www.um.es/tonosdigital/znum10/secciones/corp-tertius.htm

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