viernes, 25 de marzo de 2016

La casa de Asterión de Borges




Margarita Carrera

“Encorvados los hombres, abrumado/ Por su testa de toro, el vacilante/Minotauro se arrastra por su errante/Laberinto. La espada lo ha alcanzado/y lo alcanza otra vez. Quien le dio muerte/no se atreve a mirar al que fue toro/y hombre mortal, en un ayer sonoro…” El Minotauro. J. L. Borges

Para entender el cuento La casa de Asterión, de Jorge Luis Borges, se ha de recordar la leyenda del Minotauro. Minos, rey legendario de Creta, mandó a construir el Laberinto con el fin de ocultar al Minotauro, monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro, hijo de su esposa Pasífae y de un toro enviado por Poseidón para su sacrificio, pero que Minos se niega a inmolar. El toro es llamado Toro de Creta y no es sino el mismo Zeus. Ahora bien, como Androgeo, hijo de Minos, había sido asesinado por los atenienses, como expiación por esa muerte, estos debían enviar al Laberinto, cada nueve años, siete jóvenes varones y siete doncellas, como alimento del monstruo. Estos sacrificios se continúan hasta que Teseo, héroe del Ática, ayudado por Ariadna, hija de Minos, logra descender al Laberinto y dar muerte al Minotauro.

La casa de Asterión es un brevísimo cuento cuyo personaje principal, llamado Asterión, habla melancólicamente en primera persona. Y es a través de sus palabras que descubrimos, poco a poco, cómo se va identificando con el Minotauro. Así, al describirnos su casa, notamos que se refiere al Laberinto. Afirma que no hay otra igual en la faz de la tierra y que no tiene puertas, de modo que cualquiera puede entrar y salir de ella a su antojo. Es a mitad del relato que nos damos cuenta de que no es un hombre normal quien hace de narrador, porque, cuando en un atardecer sale a la calle, ha de retornar pronto a su casa. La plebe se ha aterrorizado al verlo y el mismo Asterión nos confiesa su temor a causa de que dicha plebe era diferente a él, pues presentaba “caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta”.

Borges, al retomar el mito del Minotauro, expone cómo el Laberinto, en donde éste habita, podría identificarse con el infinito. Si Asterión es el Minotauro, la casa que habita viene siendo el Laberinto que, a su vez, es uno con el infinito o totalidad: “La casa es del tamaño del mundo: mejor dicho, es el mundo”, asegura Asterión. En esta casa inmensa, infinita, lo que se plantea fundamentalmente, según mi punto de vista, es el tema de la soledad. Asterión vive solo, en un total abandono. El hecho de ser único, esto es, diferente, fuera de lo normal, lo conduce a una insoportable soledad. Nadie lo acompaña. El dolor de Asterión, entonces, nos golpea. Su dramática vida solitaria conmueve. Más que un monstruo es una víctima. Un ser olvidado y marginado por un destino inclemente. El cuento culmina con la muerte del Minotauro. Inesperadamente aparecen Teseo y Ariadna. Teseo, asombrado, comunica a Ariadna que el Minotauro no se defendió ante la muerte.

Para mí que Asterión es el mismo Borges, cuya vida se hunde, extremadamente sola, en un Laberinto. La casa de Asterión es desolada, como la que habitó Borges en su niñez. Sin embargo, posee una biblioteca (algo que lamenta no tener Asterión). Una biblioteca que en la mente del niño sería infinita, como infinito, es, también, el Laberinto en donde vive Asterión. Una especie de cárcel olvidada y abandonada, en donde no existe el amor y en donde se percibe la falta de otros niños que hagan compañía, jueguen y diviertan al monstruo, el poeta. Seres que sufren tan infame soledad presienten que su única salvación está en la muerte. No en vano Borges ha escrito en su poema “Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia. –Ojalá yo hubiera nacido muerto”.

Fuente : Prensa Libre – Guatemala

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