viernes, 12 de agosto de 2011

Aprueban un plan para salvar a la Richmond



La Legislatura porteña declaró como sitio histórico a la confitería. El proyecto para conservar el emblemático edificio.

La tradicional confitería Richmond, establecida en el centro porteño desde 1917, fue declarada hoy Sitio de Interés Histórico de la Ciudad días después de conocerse que podría cerrar sus puertas.

La confitería fue protegida por sus características históricas, arquitectónicas, artísticas y urbanísticas, resaltó el texto aprobado en el recinto.


El cuerpo parlamentario también votó la colocación en el frente del café de una placa de mármol que destacará su condición de bien del patrimonio cultural: "Por su valor simbólico e identitario en la Ciudad de Buenos Aires".

Con la sanción proyecto, los legisladores porteños dieron el primer paso para la recuperación de este lugar de encuentro histórico, porque esta iniciativa impide a sus actuales propietarios cambiar el rubro.

La confitería Richmond está ubicada en la calle Florida 468, entre la avenida Corrientes y Lavalle, posee dos pisos y una superficie de 1.500 metros cuadrados.

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Confiteria Richmond

Desde que “la Richmond” abrió se convirtió en el punto de encuentro de intelectuales de la ciudad y de los que la visitaban. Por sus mesas pasaron Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Eva Méndez, Samuel Glusberg, Ricardo Güiraldes, Leopoldo Marechal, Conrado Nalé Roxlo, Eduardo Mallea y Baldomero Fernández Moreno, entre otros.


El edificio fue construido por el arquitecto belga Julio Dormal, que estuvo a cargo de la última etapa en la edificación del Teatro Colón. En una superficie de 1500 m2 distribuidos en dos plantas, su ambientación respeta el estilo inglés. Sillas y sillones Chesterfield tapizados en cuero, revestimientos en boisserie de roble de eslavonia y arañas holandesas de bronce y opalina crean un ambiente singular en medio de esta agitada calle porteña.


La aristocracia literaria, liderada por Borges, Girando y Marechal, que en aquellos años se los conocía como los “martinfierristas” aunque ellos nunca se denominaban así, conformaban el grupo de Florida, en oposición a los escritores, entre los que estaban Barletta, Yunque y César Tiempo, que se reunían en el bar de la esquina de San Juan y Boedo, un barrio más pobre. Estos dos grupos tenían distintas preocupaciones estéticas, ideológicas y culturales, que se manifestaban también en la elección del lugar de encuentro.

Los primeros adherían al “arte por el arte” y los segundos al “arte como compromiso social”. Borges desechaba la polémica y decía que había un solo grupo: el floredo. El subsuelo de la Richmond también es un pasaje a otros tiempos: muchas mesas de billar y de ajedrez y grandes maestros que juegan a toda hora.

Fuente: viajarhoy.com.ar y
Perfil.com
12 de agosto de 2011

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