miércoles, 3 de agosto de 2011

Borges enamorado


“Un hombre gris, la equívoca fortuna
hizo que un mujer no lo quisiera;
esa historia es la historia de cualquiera
pero de cuantas hay bajo la luna
es la que duele más”

Jorge Luis Borges, Enrique Banchs.

“Si es diferente la cáscara, idéntica es la pulpa
Se creen no obstante, de diversa trama
Nadie se parece más a un tonto verdadero
Que el más sutil de los sabios cuando ama.”

Mario Quintana, Espelho Mágico.

La foto muestra una imagen de Borges escasamente difundida. Barbudo, un poco gordo, con un traje que no le sienta bien y una gorra vasca cubriendo la cabeza, semi calva debido a una reciente y grave cirugía.

A su lado se encuentra Haydée Lange, cuyo porte grácil y estatura elevada contrastan con un Borges más bien grueso y robusto. Al pie de la imagen, la mano de Leonor Acevedo, madre del escritor, estampó con tortuosa caligrafía “Haydée Lange y Georgie de barba”. En el reverso, Borges escribió con letra diminuta la frase “Wounded Tapir, April the first, 1939”. (Tapir herido, 1° de abril de 1939). Es fácil conjeturar quién es el animal sufriente.

La vida de Jorge Luis Borges semeja una tormenta silenciosa.

Ese hombre tranquilo y mesurado, cortés y amable aun en la ironía y la polémica, ese caballero de hábitos rutinarios e inofensivos, devenido en anciano patriarcal y venerable, fue también un hombre marcado por la genialidad, la intensidad de pensamiento, la valentía para defender sus posiciones ideológicas —por objetables que sean— y artísticas.

Talentoso y lúcido, al punto de ser considerado como el mayor intelectual del siglo XX, Borges acumuló a lo largo de su obra algunos temas recurrentes hasta la obsesión: las literaturas germánicas, el culto del coraje, la épica del malevaje suburbano del '900, la memoria de sus antepasados militares, el tiempo, los universos fantásticos, etc.

Otra obsesión —cuyas huellas pueden percibirse con claridad en su obra poética— signó la prolongada vida de Borges: el amor.

“Borges nunca tuvo suerte con las mujeres. Yo creo que más que enamorarse, se obsesionaba y las obsesiones no son beneficiosas” afirmó alguna vez Adolfo Bioy Casares, uno de sus amigos más íntimos y con el que desarrolló una más que interesante obra en colaboración.

María Esther Vázquez, compañera de ruta del escritor durante mucho tiempo, refiere que Borges, cuando se enamoraba de una mujer, iniciaba un cortés pero sostenido acoso de llamadas telefónicas y correspondencia, y se ponía un tanto nervioso.

A comienzos de los años '20, un joven Jorge Luis se enamoró perdidamente de una adolescente llamada Concepción Guerrero. En una carta de dirigida a Jacobo Sureda, Borges hace referencia a sus encuentros con la amada, que se producían los sábados en casa de la familia Lange: “...hablamos muy poco, graves, distraídos, en la garganta una especie de angustia oscura de felicidad, hasta el momento en que se interpone la oscuridad de la noche y el rostro de Concepción, cerca de mí, se hace lejano. Cuando yo la abrazo, se estremece toda...pero puedo parecer un canalla al hablar de tales cosas, aunque sea vagamente”.

De este romance sabatino queda como testimonio el hermoso poema “Sábados” que Borges incluyó en su primer libro, Fervor de Buenos Aires.

En el año 1927, durante una reunión en la casa su amigo Pedro Henríquez Ureña, Borges conoció a Elsa Astete Millán. Comenzó entonces otro ciclo de visitas sabatinas —en el amor es difícil escarmentar— que tendría un final abrupto.

Un sábado lo recibió la madre de la muchacha, quien asombrada le preguntó a qué había venido, ya que “Elsita” se había casado el día anterior y ya no vivía en la casa. El espanto del escritor debe haber sido mayúsculo.

A pesar del enojoso incidente, Borges y Elsa Astete Millán tuvieron su segunda oportunidad, luego de que ella enviudara. Se casaron en 1967. Luego de la ceremonia, la pareja marcharía a pasar su luna de miel en la estancia de Bioy, pero ocurrió un inconveniente y el viaje se canceló. Ante el asombro generalizado, Borges besó a la flamante esposa, la acompañó a su casa y luego regresó a la suya. Cuando se le reprochó no haberla llevado a un hotel, repondió que le parecía innecesario dado que ambos tenían una casa.

Quizá Elsa no percibió jamás la singularidad del talento de Borges, pero sí comprendió rápidamente lo cotizado que era su marido en ciertos círculos. Manejó los asuntos financieros del autor de un modo por lo menos reprochable, sentando un precedente que secundaría María Kodama de forma superlativa.
El matrimonio de Elsa y Jorge Luis duró tres años.

Citada que fue la casa de la familia Lange, es necesario decir que Hyadée Lange —la de la foto ahí arriba— también le quitó el sueño a Jorge Luis por una buena temporada. Borges iba a buscarla con frecuencia al Banco donde ella trabajaba. Una tarde, mientras paseaban por la ciudad, él le pidió matrimonio. Ella rechazó la proposición.

Más tarde llegaría el turno de Estela Canto, una joven hermosa, culta, de “costumbres licenciosas” y comunista. El amor entre estos dos polos opuestísimos fue largo y atormentado. Posteriormente, Canto publicó un libro titulado “Borges a contraluz", y a contraluz aparecen ciertos rencores de la autora, y una buena dosis de malicia.

Según María Esther Vázquez, Borges se enamoró sucesivamente de Wally Zenner, Haydée Lange, Elvira de Alvear, Silvina Bullrich, Emma Riso Platero, Estela Canto, Pipina Diehl, Susana Bombal y algunas otras. Lo que no cuenta es que muy probablemente se hubiera enamorado también de ella, y que algunas de sus amistades llegaron a creer que ambos se casarían.

El último —y polémico— romance de Borges fue el que sostuvo con María Kodama, quien lo acompañó —o se le adhirió— durante los últimos diez años de su vida. Borges y Kodama contrajeron matrimonio de un modo bastante curioso, ya que el enlace se celebró por poderes en un recóndito juzgado de paz del Paraguay profundo, cuando el genial escritor ya estaba —como suele decirse— con un pie en el cajón. Pero mejor será que no me extienda sobre María Kodama, ya que su persona me inspira una equidad similar a la de los fans de John Lennon al referirse a Yoko Ono.

En el final de su biografía más reciente, María Esther Vázquez escribió: “Borges triunfó y se vio envuelto en el esplendor de la fama, de los halagos, de los premios. Eso lo hizo feliz. Y, sin embargo, fue incapaz de lograr un amor entero en el momento adecuado”

Amor entero en el momento adecuado. Casi nada...

Tal vez hay dones que no se prodigan en conjunto. No en vano escribió Denis de Rougemont que “el amor feliz no tiene historia”.

Fuente :El Capitan Fracasse
Montevideo Portal

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