martes, 10 de febrero de 2015

Análisis y representaciones del «Ajedrez», de Jorge Luis Borges




Por Alejandra González Hermosilla

Palabras iniciales:

El juego de las interpretaciones y la infinidad exorbitante de realidades no imaginadas dentro de un complejo textual logran su punto de encuentro en el análisis de la instancia narrativa y de la consideración de los elementos que lo constituyen, es decir, de todos aquellos elementos que hacen que la realidad se construya dentro de este corpus textual. Especialmente cuando tratamos con el elementos de carga significativa mayor en el plano de las interpretaciones.

El tema que se desarrollará en este escrito y tal como lo quiere presentar este introito será: «El complejo lírico como un tablero de ajedrez, juego y magia en la lírica de Borges». El objetivo general presentar el tablero de ajedrez como lugar de múltiples significancias. Y los objetivos específicos son analizar los elementos que componen el complejo textual del poema Ajedrez y determinar la analogía que se establece del tablero de ajedrez y su representación en la realidad concreta.

Cuerpo interpretativo:

«El ajedrez representa la vida, su organización y la resolución de sus conflictos».[1]

La revista de crítica cultural, en el artículo de Nancy Fernández, titulado Poéticas del margen. César Aira y Arturo Carrera, postula que «Escribir el (y sobre) el margen es una toma de posición que define el perfil del autor, en su relación con la experiencia de vida y trabajo».[2] Esto quiere decir que una experiencia puede determinar mi modo de expresión o ciertos rasgos que son interesantes de analizar, al mirar la vida de Borges y la influencia de su padre en sus escritos, resulta imposible no asociar sus representaciones de la vida con el legado filosófico que su progenitor le entregó. Esto queda claramente reflejado en las siguientes líneas: «Mi lector notará en algunas páginas la preocupación filosófica. Fue mía desde niño, cuando mi padre me reveló, con ayuda del tablero del ajedrez (que era, lo recuerdo, de cedro) la carrera de Aquiles y la tortuga».[3] Es, en definitiva, lo que hace que Borges conciba la propia poesía como un tablero de Ajedrez: «Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto».[4]

Pensar, sentir, observar o determinar en alguna media el pensamiento de un autor al momento de escribir un texto, es sumamente complicado, no sólo por las instancias que conocemos, que pertenecen a los niveles de los sujetos de la escritura, sino también a la mente de un escritor. Pero al hacerse repetitivo su pensamiento, su decir, su actuar, nos invita a entrar en el juego de las representaciones, en el mundo de las interpretaciones, y es precisamente aquí donde podemos descubrir qué es lo que el sujeto de la enunciación nos quiere contar.

La mirada general frente a un tablero de ajedrez es que es un juego de estrategias, donde uno de los jugadores termina siendo el vencido y el otro el ganador. Pero para Borges y otros escritores como Lewis Carroll en su libro, Alicia a través del espejo, y Julio Cortazar en varios de sus escritos los postulan como el lugar donde las figuras de diferente nivel y colores contrarios y radicalmente opuestos confluyen en un combate, en un lugar determinado que ya no sólo es el tablero de ajedrez sino que es la vida. Pero las piezas del ajedrez no se mueven solas, es imposible, no tienen vida a menos que exista algún jugador que las mueva, dirija, en la representación de Borges el tablero de ajedrez es la vida, y en ella se juega indefectiblemente una batalla. Al decir en su poema Ajedrez que hay un Dios que mueve las piezas está claramente representando la postura de oposiciones que encontramos en las disyuntivas precisas del existir: el blanco y el negro, el bien y el mal y preguntas básicas como el quién ganará. En qué se constituyen todas estas imágenes a la hora de leer este juego, a la hora de interpretar la batalla, en la hora en la cual la piezas cobran vida y ya no hablamos del simple tablero de ajedrez, sino de una batalla, una que hay que ganar o perder, una que terminará con la declaración al rey de jaque mate. Bien dicen que para ganar la partida hay que conocer al oponente, pensar como él pensaría y actuar en el juego anticipándose a los movimientos del otro para así vencerlo.

Representaciones:

El tablero es la vida, y sus infinitas posibilidades de victorias y derrotas, en su plataforma se ubican los trebejos, que son en orden: la torre, el caballo, el alfil, la reina, el rey, alfil, caballo y torre nuevamente para cerrar la primera fila de ocho piezas, y luego en la fila segunda o primera línea en la «batalla» encontramos a los peones. Cada una de las figuras representa algo en el campo de batalla.

«Adentro irradian mágicos rigores/ las formas: torre homérica, ligero/ caballo, armada reina, rey postrero,/ oblicuo alfil y peones agresores».

El Peón: es un soldado de infantería que está subordinado y que va a pie a la batalla, son los de las primeras líneas, protegen la escuadra mayor de guerra.

La Torre: es la segunda pieza más fuerte en el tablero de ajedrez, tiene sólo una única limitación que es que no puede saltar por sobre otras piezas, excepto en el acto de enroque. En sus inicios era llamada Roque, de roca.

El Caballo: es un arma de caballería, la única pieza autorizada para saltar por sobre otras piezas y que además tiene movimiento de ‘L’.

El Alfil: Simboliza a un oficial de ejército o funcionario medio, se mueve en forma diagonal.

La Reina: es la pieza más poderosa del ejército, se puede mover de cualquier manera, sólo no puede saltar.

El Rey: es la cabeza del ejército y a quien se debe proteger, representa figurativamente precisamente al jugador, ya que es a esta figura a la cual hay que proteger para no perder el juego o batalla.

«El ajedrez es un juego de variaciones infinitas. Si las jugadas que se hacen sobre el tablero correspondieran a la realidad, las variantes imaginadas, pero no hechas, equivaldrían a ficciones literarias».[5] La trascendencia es un concepto que no podemos dejar de lado cuando pensamos en analizar un escrito, sea cual sea, y la intencionalidad de Borges quien no sólo es un presentador de las figuras de la batalla, sino que también un ecuánime caracterizador, presentando no sólo la visión superficial sino que también la visión epistemológica de los conceptos.

«Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada/ reina, torre directa y peón ladino/ sobre lo negro y blanco del camino/ buscan y libran su batalla armada».

Es el tenue rey, el protegido pero a la vez cara visible y protagonista en la batalla. El sesgo alfil en símil con el concepto de elefante, que es el significado de la palabra, cuando los árabes usaban a los elefantes para salir a la lucha, y con su imponencia y simple postura vencían; la encarnizada reina es la pieza más importante, quien está facultada de autoridad y es capaz de realizar casi todos los movimientos, el peón ladino el que ocupa la primera fila el que pelea no por porte sino por convicción y compromiso a la corona son los que están presentes en la representación de Borges, en esta analogía de la realidad, de la vida.

El espacio en el que se desarrolla la confluencia de adversarios, el tablero de ajedrez es un «…ámbito en que se odian dos colores». Los dos colores presentes en este juego son el blanco y el negro, en la batalla serían ejércitos contrarios, los buenos y los malos, donde la ventaja la tiene el que parte o sea el blanco y donde el segundo adopta la postura defensiva para vencer.

La segunda parte del poema nos habla respecto de que la batalla jugada en este tablero, no es cualquier batalla y no representa la simplicidad de cualquier jugador.

«Dios mueve al jugador, y éste, la pieza». Luego las siguientes líneas del verso nos muestran el común y constante cuestionamiento del ser humano, la tierra es el tablero, la vida es aquel lugar que hay que preservar y el lugar para conseguir seguir viviendo. ¿Existirá alguien, que mueve las «piezas» de manera determinada y predeterminada?, ¿será acaso ese «alguien» el que determina la vida ser humano, para determinarlo como tal? Aquel que decide quién será el rey y las estrategias para protegerlo.

Jaime Alazraki describe perfectamente el juego que Borges realiza a la hora de relacionar simbólicamente la realidad con sus múltiples relaciones: «El sentido simbólico del juego como una contienda entre dos ejércitos que buscan la victoria, está aludido por Borges en su poema Ajedrez». Borges representa a la vida como el tablero de ajedrez y ahí volvemos al concepto citado anteriormente de que el ajedrez es un juego de relaciones infinitas y que sólo en la mente de quien dirige el juego, en el poema, Dios, se encuentra la victoria, el destino se encuentra en un tablero bicolor que adquiere significancia cuando las figuras están allí puestas, pero mucho más que eso, cuando existe alguien interesado en jugar la partida.

Palabras finales:

- No conjugar los conceptos de juego y realidad en Borges, sobre todo en su poema Ajedrez, resulta imposible, la impresionante calidad de representación, de alineación, de complicidad en los conceptos nos lleva a reconocer la presencia de estos elementos en su lírica.

- El complejo textual en su proceso de semiosis nos lleva interpretar los elementos que constituyen el texto para poder representarlo de alguna manera u otra. Borges consigue que en este tablero compuesto de colores opuestos se logre precisamente la lectura de la reunión de elementos opuestos que se enfrentan por conseguir sobrevivir y proteger el porqué de sus luchas. Nos permite entender que este juego adquiere vida y magia cuando existe quien está detrás de los trebejos, quien idea las jugadas y quien nos dirige a la búsqueda de sentidos, quien ya vio cómo llegar al objetivo aun cuando sólo se ha movido la primea pieza o cuando un «jaque» nos encuentra con una jugada mal lograda.

«La efectividad poética del símbolo depende, creo yo, de la capacidad del artista para encontrar una figura adecuada capaz de convocar simultáneamente este doble nivel en la representación, al que denomino el fenoménico y el absoluto, sin que ninguno de estos dos niveles prevalezca en la representación hasta el punto de anular el otro». [6]

Quisiera terminar este escrito con las mismas palabras que utilicé al inicio del cuerpo del trabajo, porque creo que engloban, sin lugar a dudas, el sentido desarrollado en las líneas anteriores: «El ajedrez representa la vida, su organización y la resolución de sus conflictos».


Bibliografía consultada:

- Pérez, Alberto Julián (1986). Poética de la prosa de J.L.Borges. Madrid, España: Editorial Gredos.
– Alazraki, Jaime (1983). La prosa narrativa de Jorge Luis Borges. Madrid, España: Editorial Gredos.
– Vargas Pereira, Javier (2001). Jorge Luis Borges y el Ajedrez. Revista literaria de ajedrez. Colombia.
– Pedró Fernando (2001). Jorge Luis Borges y el ajedrez.
– http://www.metajedrez.com.ar/vargas.htm. Consultado el 10 de mayo de 2008.
– Fernández, Nanci (2007). Poéticas del margen. César Aira y Arturo Carrera. Revista de Crítica cultural volumen 2, número 1. Versión electrónica: (http://www3.unisul.br/paginas/ensino/pos/linguagem/critica/0201/02.htm)
– Borges, Jorge Luis (1989). Obras completas: El Oro de los Tigres. Emecé, Buenos Aires, Vol.II, pág.517.
– Borges, Jorge Luis (1964). El otro, el mismo. Emecé, Buenos Aires, Argentina.

Notas

[1] Vargas Pereira, Javier (2001). Jorge Luis Borges y el Ajedrez. Revista literaria de ajedrez.
[2] http://www3.unisul.br/paginas/ensino/pos/linguagem/critica/0201/02.htm
[3] Prólogo a El oro de los tigres, 1972.
[4] Prólogo a El otro, el mismo, 1964.
[5] http://www.metajedrez.com.ar/vargas.htm
[6] Texto extraído del libro de Pérez, Alberto Julián (1986). Poética de la prosa de J.L.Borges. Madrid, España: Editorial Gredos. Página 130, bajo el título Símbolos cronotópicos.

Alejandra Loreto González Hermosilla. Profesor investigador proyecto MIMETIC Chile. Profesor Ad Honorem. Universidad de La Frontera (Chile). Profesor de Castellano y Comunicación Colegio Nueva Concepción, Temuco-Chile. Licenciado en Educación.
Es egresada de la Universidad de La Frontera, UFRO en la carrera de Pedagogía en Castellano y Comunicación, con la especialidad de interculturalidad, y en Licenciatura en Educación.
En el campo de la educación ha trabajado en investigación sobre temáticas evaluación universitaria; Generación de instrumentos audiovisuales como recursos pedagógicos. Ha estudiado e investigado la importancia de la creatividad y el desarrollo de las habilidades comunicacionales en los estudiantes, desde el punto de vista conceptual como práctico creando proyectos de desarrollo teatral en aula.
Desde el campo de la especialidad trabajó como ayudante de investigación en el Doctorado de Comunicación Intercultural de la Universidad de La Frontera (proyecto en curso).


Fuente : Revista Almiar – Margen Cero


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