jueves, 24 de marzo de 2011

Los laberintos de los cuentos de Borges en Corteo - Cirque du Soleil


Mezclar diversión, espectáculo y delicadeza con la palabra muerte no es algo que se pueda considerar convencional. Precisamente eso es lo que propone Le Cirque du Soleil en Corteo, el nuevo espectáculo que la mayor compañía circense del mundo trae a España. Se trata de una maravillosa coctelera en la que conviven, como si fueran amigos de toda la vida, conceptos como la comedia del arte, los universos de David Lynch y Federico Fellini, las pinturas de Pablo Picasso, el carnaval de Nueva Orleáns, las mejores óperas barrocas, el teatro dentro del teatro, las pinturas de René Magritte y los laberintos de algunos cuentos de Jorge Luis Borges...


Pero Corteo supone también una ruptura en el concepto artístico habitual de los espectáculos del circo del sol. En esta ocasión el gran chapiteau no se convierte en un hábitat estrambótico y marciano habitado por seres fantásticos creados a base de vestuarios y maquillajes excesivos como los de espectáculos como Alegría, Saltimbanco o Quidam. No.

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En Corteo ese mundo está habitado por hombres de carne y hueso que se transforman en inverosímiles y sorprendentes por llevar hasta el extremo de la muerte su inquebrantable compromiso con el arte, la comedia y, en última instancia, el circo.

A finales de febrero, la elegante carpa blanca del Cirque du Soleil es uno de los mejores lugares para refugiarse de los once grados bajo cero que castigan Viena. El emporio circense ha invitado a un grupo de periodistas a una de las representaciones de este nuevo espectáculo que se estrenará en Madrid el próximo 4 de abril y, de paso, para mostrarle una vez más al público español cómo se habita en una de las seis microciudades ambulantes que El circo del sol tiene repartidas por todo el mundo (Además de Viena otras carpas se alzan en tres ciudades de Estados Unidos, Japón y Taipei). Nada más entrar en el gran chapiteau comienza la sorpresa. Ahora el escenario no está exento y a la vista del público como es costumbre en los espectáculos de esta compañía. Al sentarse en la butaca para ver Corteo parece que se va a presenciar una representación en la ópera de la capital austriaca o que como por arte de magia a uno le hubiera metido dentro del Amadeus de Milos Forman. Un enorme telón de 17,6 metros de ancho y 12 de alto y dos cortinas de estilo italiano esconden la escena mientras ristras de bombillas amarillas y candelabros en el suelo transmiten la sensación de que el patio de butacas estuviera iluminado por cientos de velas.

Fue una visita a la exposición "The Great Parade: Portrait of the Artist as Clown" en la Galería Nacional de Canadá la que inspiró a Jean Rabasse a pintar en acuarela una procesión festiva influenciado por la obra de artistas como Picasso, Tiepolo, Pelez o Knight e inspirado en una enorme pintura de Adolphe Willette que decoró el Chat Noir en Montmatre. Y en ese enorme lienzo está dibujado un resumen de lo que más tarde se verá en Corteo: ángeles, clowns, músicos, bailarinas, tutús, malabaristas, trompas, trombones y equilibristas en un desfile que quisiera traspasar el escenario.




Cuando se apagan las luces comienzan dos horas que bombardean la retina del espectador con potentísimas imágenes, equilibrios imposibles y demostraciones de fuerza y destreza envueltas en una atmósfera evocadora. Camas que vuelan, clowns que atraviesan la escena cabeza abajo haciendo funambulismo cargados con candelabros, zapatos de payaso que caminan solos...

"Mediante la yuxtaposición de lo grande con lo pequeño, lo ridículo con lo trágico y la magia de la perfección con el encanto de la imperfección, el espectáculo pone de manifiesto la fuerza y la fragilidad del payaso, así como su sabiduría y su bondad, para ilustrar la porción de humanidad que se encuentra dentro de cada uno de nosotros", así definen los propios responsables del circo este espectáculo creado Daniele Finzi Pasca que a su vez cree que "Corteo está inspirado en la muerte y el funeral de un payaso, y se basa en la figura de un payaso de un pasado lejano, antes de la existencia del circo... Una época en la que los payasos no eran los estereotipos que conocemos ahora, sino personajes mucho más complejos. El espectáculo se sitúa en un nivel extraño entre el cielo y la tierra, donde los dioses y los humanos pueden interactuar por medio del circo".

Sentados en dos butacas de las gradas vacías del gran chapiteau a la mañana siguiente de haber visto el espectáculo, Mauro Mozzani y Victorino Lujan, dos de los actores que participan en Corteo charlan con los periodistas. Monazzi da vida al clown muerto. Comenzará tumbado en su cama para acometer una regresión a toda su vida salpicada por números del malabarismo, acrobacias aéreas, ejercicios gimnásticos de atletas en barra fija, camas elásticas, contorsionistas y equilibristas. Mauro Mozzani tiene su propia compañía teatral en Piacenza a la que bautizó con el nombre de uno de los espectáculos de El Tricicle, Manicomics "Ya había trabajado antes con Daniele, hice con él una coproducción titulada Bruta, canalla, la solitudine. La idea del muerto ya estaba en esta producción del 2000. Fue después, cuando me propuso venir a trabajar aquí. Creo que soy uno de los pocos artistas que no han hecho audiciones para trabajar con esta enorme compañía -la mafia italiana- (ríe a carcajadas). Hicimos un trabajo muy centrado en la creatividad y de dirección teatral ya que mi papel es muy teatral y lineal. No interpreto un clown muy exagerado", asegura Mozzani que pasa 6 meses en Italia con su compañía y otros 6 girando con el circo del sol. Cuando no está, tiene que ser sustituido por otro actor.

Su figura será el hilo conductor del espectáculo acompañado de otros muchos personajes como el del clown gigante interpretado por el argentino Victorino Luján que es literalmente un descomunal actor de 2,8 metros de altura y un peso que "forma parte del secreto del sumario". Luján no lo tuvo tan fácil para convertirse en parte del elenco de este espectáculo. "Es una historia un poco larga. Había ido en Buenos Aires a un espectáculo de clown. Estaba allí sentado en una butaca y dos reclutadores de artistas del Cirque du Soleil se interesaron por mí, por mi estatura y mis dimensiones corporales. Me preguntaron si sabía lo que era el Cirque du Soleil y les dije que de nombre sí, pero que nunca había tenido la oportunidad de ver nada. Estudiaba canto lírico en aquella época y al día siguiente en la clase de mi maestra me hicieron el primer casting. Filmaron todo y luego lo enviaron a Montreal. Eso ocurrió en el año 1998. En el 2000, el circo mandó una delegación a Buenos Aires para hacer otra audición. Fui pasando etapas y pruebas, pero finalmente me dijeron que no había sobrepasado las pruebas, y que ya se hacían una idea clara de lo que podía hacer. Lo tomé un poco como una frustración porque no pude llegar hasta el fin. En 2004 me pidieron más vídeos, más material; en 2005 más material todavía... Lo estaba preparando cuando recibí una llamada en la que me decían si estaba dispuesto a viajar a Montreal para la creación de un nuevo espectáculo. Esa es más o menos la historia", recuerda Luján.

¿Cómo se han enfrentado estos dos artistas a un espectáculo que en principio trata sobre la muerte? "Es cierto que trata de la muerte. En la primera versión que vi cuando empecé a trabajar, me planteaba ciertas dudas... ¿Eso cómo se hace? Pero finalmente después de estos años trabajando en este espectáculo me he dado cuenta de que más que hablar de la muerte es una especie de celebración de la vida, de rescatar los valores y la diversidad y todos los tonos diferentes que una persona puede encontrar en su vida", asegura Luján.

El actor que interpreta al clown muerto lo deja claro: "Algunos espectáculos del Cirque du Soleil pueden calificarse como un poco fríos, esteticistas... Pero en Corteo, nosotros vamos a tocar algo en los espectadores. Es como una obra de un artesano. Esta creo que es la diferencia entre este y otros espectáculos. No es abstracto, es concreto. Es humano. Terrenal. Mágico. Cercano".

Fuente : El País – España

MANUEL CUÉLLAR - Viena - 21/03/2011

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