miércoles, 9 de mayo de 2012

Teatro: “Labyrinthos”



La casa de Asterion de Jorge Luis Borges
Sala Helen Escobedo del Museo Universitario del Chopo. Mexico

Transitar un laberinto donde no se conoce la salida ni lo que vamos a encontrar ahí, crea inquietudes, misterios y elucubraciones. Suponemos que si es el mitológico laberinto de Creta, estaremos frente al Minotauro y tal vez obseraremos a Teseo intentando matarlo y a Ariadna sosteniendo la madeja en espera de su amado.

Labyrinthos, ideado por la directora Rocío Carrillo, conjuga teatro, instalación, video y música, y parte de este mito griego para construir un laberinto más complejo donde las puertas y los caminos que se recorren abarcan el presente el pasado, realidades paralelas y ficcionadas y un futuro prometedor. Su imaginación y la del equipo con que trabaja está rebosante, rica en situaciones y problemáticas que nos hacen perdernos y volvernos a encontrar.

El espectador participante recorre el laberinto y presencia historias fragmentadas en diferentes espacios. Rocío Carrillo se inspira en propuestas, como la obra dramática Los reyes de Julio Cortázar y el relato La casa de Asterion de Jorge Luis Borges, para lanzar otras hipótesis alrededor del mito; y si en la versión original Teseo entra al laberinto y ayudado por Ariadna mata al Minotauro y logra salir, en esta propuesta Ariadna opta por no traicionar a su medio hermano y corta la madeja quedando todos encerrados y en manos del hombre con cabeza de toro. Dédalo, el constructor del laberinto, deambula sin memoria en este laberinto, Ariadna que va perdiendo la vista, al igual que otros cautivos que el Minotauro utiliza para su procreación. La imaginación de la directora, de los actores y de los que con ella participan: Juan Manuel Marentes en el diseño de ambientación y las esculturas, Betsy Pecanins en el diseño de sonido y la música original, y Jaime López en la letra de las canciones que ahí se escuchan, se multiplica. La versión original queda trastocada por los dos hijos, sucesores de la bestia, que recorren el laberinto con uniforme de marines, para realizar un viaje iniciático en busca de salidas.

La linealidad del tiempo está rota, y si arrancamos con una cansada e innecesaria escena en el medioevo donde se filosofa sobre el bien y el mal, después nos asomamos por la ventana de una casa de los cincuenta en la que una familia pierde el tiempo y la madre que plancha es, en una vida paralela, aquella Danaé utilizada para dar un hijo a su señor el Minotauro. Los videojuegos en pantalla se conjugan con la escena y las partidas de ajedrez son también metáforas del laberinto. El espectador camina el laberinto y se detiene en los espacios donde sucede un acontecimiento; somos partícipes invisibles aunque nos reflejamos en los otros que también observan.

El espectáculo está ideado para veinte espectadores, pero cuando entran más se obstaculiza la visibilidad. La obra tiene hallazgos, imágenes sorprendentes, situaciones que nos imantan, pero al ser un recorrido tan largo –de dos horas y media–, el interés se va perdiendo y el regodeo y la dificultad de la renuncia, sale a flote.

En las propuestas que Rocío Carrillo ha hecho desde hace más de 20 años, el trabajo colectivo constituye un eje que le abre las puertas a las profundidades en la interpretación y la elaboración escénica. Los actores forman parte sustancial en la construcción de los universos que ella propone y su vida personal se enreda como en una maneja para elaborar un entramado donde los personajes que interpretan y su persona, forman ya un mismo hilo. Ulises Basurto, Leticia Garza, Carlos Guízar, Maricarmen Graue y Alejandro Juárez-Carrejo, entre un equipo de 10 actores, son parte fundamental de este Labyrinthos que se presenta de jueves a domingo en la Sala Helen Escobedo del Museo Universitario del Chopo.

Fuente : Proceso.com - Mexico
Estela Leñero Franco
8 de mayo de 2012
http://www.proceso.com.mx/?p=306845

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada