viernes, 5 de octubre de 2012

La imagen simbólica en Jorge Luis Borges: una aproximación a su propia realidad.



 Por Carlos Midence*


Cuando Michel Fouccault alude a Jorge Luis Borges en su libro Las Palabras y las cosas, quizá no pensó que, emotiva y precunscientemente, (características de la imagen simbólica) aludía a todo el entramado simbólica borgeano y del mundo moderno simultáneamente. 

Fouccault demanda para Borges un rango que hasta esa época sólo le era atribuido a la irracionalidad y al primitivismo: una arborescencia simbólica fruto de un imaginario cultural único.

Al momento que el epistemólogo afirma que la lectura de Borges "sacude, todo lo familiar al pensamiento-al nuestro: al que tiene nuestra edad y nuestra geografía, trastornando todas las superficies ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando una larga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de lo mismo y lo otro", observa en él un proceso de ruptura, un acto y un umbral epistémico, "un desplazamiento y transformación de los conceptos", atribuible interactivamente al mismo Fouceault. Una especie de internalización del acto simbólico en sí. Una figuración gratificatoria para Fouccault y del mismo modo para Borges.

Es decir, hoy a la luz de los estudios Fouccaultianos y borgeanos, puede demostrarse que el primero iba contra el poder en todo el sentido del término y el segundo iba con y contra el poder del lenguaje, cosa que el mismo Fouccault buscaba y reconocía en Borges. Ir con y contra el lenguaje implica no sólo renovarlo, sino introducir a este dentro de un proceso asociativo en el cual los objetos culturales participen de este complejo proceso. De ahí se desprenden esas tan irreverentes heterotopías borgeanas que desafían desde su raíz, toda posibilidad de gramática y desatan inconteniblemente todos los mitos, afirma el mismo Fouccault.

Todo lo antes dicho nos coloca frente al primer y mayor símbolo de los usados por Borges para connotar otras realidades o cuando menos sus propias realidades, en algunas ocasiones, apenas sospechadas.

Otros autores, en fin, en el que está presente toda una literatura, como afirma, Rodríguez Monegal, pero más que una literatura, diríamos está presente toda una cultura o varias, muchas culturas al mismo tiempo. Fouccault y Borges alter y ego de un mismo simbolizado. Ambos entran en un radio de connotación de uno y otro, puesto que, poseen cualidades reales que conducen a una equivalencia conceptual interiorizada, reflejada en la imagen interactiva de uno hacia a otro. Fouccault en su proyecto arqueológico del conocimiento y Borges por que siempre buscó la biblioteca total.

Partiendo de esa alteridad simbolizada en el que un autor es el mismo y muchos a la vez, diríamos que la primera premisa de ser el mismo, es otro símbolo impregnado en toda la obra de Borges. Su libro El Otro, el mimo lo confirman. Además a través de su prosa afirmó en muchas ocasiones: "Mi deber era conseguir que los interlocutores fueran lo bastante distintos para ser dos y lo bastante parecidos para ser uno". Y también decía: "El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme, yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormentaba el recuerdo". Todo obtiene como resultado una imaginativa intelectualización en la que el escritor se contempla así mismo como en un espejo o en un río que son dos símbolos muy queridos por Borges.

O bien Borges puede estar en ese Borges que nunca se separó de él y que lo calcaba con una paranoia desenfrenada. "De estirpe de pastores protestantes y de soldados sudamericanos que pusieron al godo y a las lanzas del desierto, su polvo incalculable soy y no soy".

Nos dice en uno de sus escritos que arroja luces sobre la cuestión linájica en él. Ese soy y no soy lo obliga a enmascararse de esta forma: "Estos cuentos son el irresponsables juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar ajenas historias". Esas ajenas historias no son más que las propias, las historias que él siempre quiso protagonizar y que, en algunas ocasiones protagonizó como cuando hablaba de individuos librescos, pasivos, indefensos, impostores, cosmovisionarios pero, de igual manera cuando hablaba de criaturas cuchillescas o aventuras con un cuerpo constitutivo de intriga, de búsqueda o quizá fantástico que tanta fama le ha granjeado ya sea, el protagonista Dhalman o el detective Lonnrot o el heresiarca de Tlon Uqbar Orbis tertius no son otra cosa que los personajes simbolizando al mismo Borges. Pues el símbolo lo que hace es ocultar y representar connotativamente a otro objeto.

En esto Borges asesta un golpe epistemológico de contundencia insospechables vindicado por Fouccault y acuerpado por Mircea Eliade, aunque no aludiendo a Borges, pero sí a la modernidad, a las culturas y a lo primitivo como oposición sarcástica de lo civilizado. "El mundo moderno al restaurar el símbolo en su carácter de instrumento de conocimiento, no ha hecho sino volver a una orientación diecisochesca y que es connatural, a las demás culturas extraeuropeas, bien actuales o bien arcaicas y primitivas". En Eliade la primitividad o arcaicida se difumina y se manifiesta en un expresionalismo estratégico del cual el hombre se vale para simbolizar su colectividad o sus observancias cognitivas a un nivel de subunidad. El magno "ente" simbolizador borgeano es entonces él mismo simbolizado por sus personajes. De esa imagen visionaria o simbólica como le llama Carlos Bousoño se da el desprendimiento de toda la gama, de la arborescencia simbólica muy bien manejada por él.

Emir Rodríguez Monegal logra juntar los símbolos más usados por Borges en lo que él llama "un sistema de símbolos". Sin embargo, los separa, los tipifica y en algunas ocasiones los asocia a Freud o a Jung, autores que según el mismo Monegal, Borges detestaba. El crítico se vale de la psicología junguiana para explicar algunas imágenes visionarias en Borges. Menciona entre los más característicos al río, al espejo, la máscara, la biblioteca, el tigre, el laberinto, espadas y cuchillos entre otros.

Esta simbología se une a una propensión matemática que le ha valido lo de autor frío, matemático. ¿pero al fin y al cabo que son las matemáticas? ¿acaso los números no son símbolos que aluden a una realidad más elevada?. ¿No fue por ellos que los pitagóricos preferían morir, antes de revelar sus secretos, porque para ellos simbolizaban lo inaprensible, lo deificado, lo mistérico?. Sin embargo, toda esta obsesión por la imágen simbólica, como dijimos anteriormente, tiene su raigambre en él como simbolo-único-subunizado-protagonista de toda su obra.

El río y el espejo; símbolo de una misma prosapia: la narcisiana, poseen una condición aparencial, especuolar, simboliza el pórtico, el acceso a otra dimensión de la realidad. Estos símbolos participan de una proyectiva autobiográfica donde el autor ha confesado temer desde niño, a las superficies especulares, pero en la cual, encuentra el expresionalismo, la representacionalidad, la reproducción de una realidad que no está en ellos si no fuera. Realidad en la que Borges es otro, invertido, el que deseaba ser y cuya expresión metafórica y necesaria objetividad poemática se resume de la siguiente manera: realidad A: biografía borgeana,
realidad B: literatura borgeana, en donde C sería la emoción en la conciencia de realidad deseada. *Sumiéndonos en un análisis extraestético, la realidad deseada por Borges, es lo que ha sido simbolizado por la imágen en cuanto imágen. Como cuando afirma en el Zahir: "todo en el mundo está dividido en dos partes, de las cuales una es visible y la otra invisible. Aquella visible no es si no el reflejo de lo invisible". Esto comprueba la imagen inficcionada del mito platónico de la caverna, y de igual modo de la realidad que puede proyectar el espejo o de la puerta que éste abre para sumergirse en otras realidades.

El símbolo de la biblioteca se desprende de la ambiguedad que atraviesa no sólo la obra, sino su vida. Oscilando entre la acumulación y el vacío, entre el mundo real-caótico y el mundo de la cultura. Entre linajes que a la postre conducen muchos, o la mayoría de sus símbolos. Ricardo Pligia divide el linaje de Borges en opuestos, lo que siempre lo regirá, según él, a desarrollar una narración geneológica donde se confunden la cultura y las armas, el mérito y el coraje, el culto a los libros y el culto a la pendencia. La biblioteca, y el libro se funde en uno de sus linajes, los puñales, las espadas y los cuchillos en el otro.

El laberinto puede aludir al caos y al orden de la condición linájica. Aunque a veces pareciera una mezcla. Un laberinto en el que él, como minotauro, no encuentra la permeabilidad, ni la conformación o el acceso a lo absoluto. Desesperación y frustración humana entre Dhalman y el heresiarca de Tlon Uqbar Orbis Tertius.

El tigre lo acompaña desde su infancia. Fue la primera palabra que pronunció en inglés. En el "otro tigre", así como en el tigre del Zhair se encuentra "el elemento salvador de la bárbaras distancias" asevera tajantemente. De esto deducimos un retorno al hombre-tigre o al tigre-hombre que busca la respuesta a la inquietud existencial de orden humano-abismo insalvable-orden divino afirma Jorge Pickenbayn.

Puede notarse que Borges atrapa símbolos universales que pueden incluirse en el orden de la colectivización, desde el punto de vista sociológico, antropológico y psicológico. Sin embargo, se individualizan y forman una dimensión simbólica de subunidad en la cual muchas veces, cabe sólo la propia realidad del autor.

Para ello resulta clave la jerarquización que realiza de simbolizaciones en el que no sólo entran en juego el doble y el mismo o la representacionalidad a través del personaje, sino, incluso, una realidad cualquiera donde pueda dominar una espontánea o adquirida vectorialidad simbólica y, en la que se es uno mismo y múltiples a la vez o por lo menos otros que quisiéramos ser.


* Catedrático de UNICIT/UNIVALLE
Conferencia dictada en la Universidad Americana UAM el 6 de octubre de 1999, en el coloquio en homenaje a Borges.



Fuente : Solo Literatura

 

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