viernes, 19 de septiembre de 2014

El vínculo entre Borges y San Juan


Por Sebastián Saharrea

El vínculo entre Borges y San Juan: poco, pero bueno

Hubo dos instantes en la vida de Jorge Luis Borges que tuvieron telón de fondo sanjuanino. Solo dos, suficientes para cataratas de recuerdos de quienes tuvieron la fortuna de verlo pasar camino al congreso de literatura o, mejor aún, lo disfrutaron en privado en aquellas tertulias durante la semana del evento en que se paseó de reunión en reunión. También hubo un poema suyo dictado en esos días y en este suelo. Otro sobre un pariente lejano suyo y prócer además no sólo sanjuanino sino nacional, al que le dedicó uno de sus poemas ilustres. Y una compañera, María Kodama, que también pasó por San Juan y que ahora espera regresar.

El gran escritor sin Nobel recaló por estos valles por primera vez en 1981, cuando ya su notable pluma había abierto un surco en todo el mundo y su apellido era una marca. Era un mundo y un país distinto aquel, tal vez sea esa la razón por la que no quedaron registros escritos de ese paso y sólo permanece en la memoria de los románticos de época. Se presentó en el teatro Sarmiento a libro abierto, y recogió el guante de la platea que le puso por delante a la luna cuando el escritor preguntó "¿de qué podemos hablar  hoy?”. Quienes tuvieron la puntería de no perdérselo recuerdan más de dos horas de referencias al satélite, y a una platea en estado de gracia.

Distinto fue su paso por San Juan en 1984, a la sazón el último. Estuvo una semana completa en el Congreso de Literatura que se hizo en la provincia y convocó a muchos de los mejores escritores de la época: entre ellos, el gran Borges, quien aprovechó para recorrer la provincia, juntarse con gente en casas particulares, protagonizar pasajes memorables.

Lo recordó Juan Mariel Erostarbe en una nota que hizo la periodista Myriam Pérez en Diario de Cuyo. Erostarbe fue el factótum de la presencia de Borges: fue a Buenos Aires y llegó hasta el presidente Alfonsín para que le abriera la puerta del departamento porteño de Borges. Y así fue, un consagrado Borges aterrizó en San Juan durante toda la semana del Congreso: hoy, 30 años después, no es difícil encontrarse con quienes aún mantienen vivo ese recuerdo.

Beatriz Mosert de Flores recordó a Tiempo de San Juan una de esas cenas sanjuaninas con Borges. "Me parecía que estaba más allá de este mundo. Siempre tenía una frase irónica, ocurrente. Y siempre con una gran humildad, se reía cuando le hablaban de su obra. Tenía una mirada como la de quien recupera al niño interior”. En el anecdotario guarda las preguntas de Ana María Barrenechea sobre su etapa de profesor de literatura inglesa y la gran cantidad de gente que lo iban a ver: "yo pensé que sabía algo de literatura”, ironizó aquella vez.

Hay recuerdos de Borges en varias empresas, también en la universidad. Como un asado en la bodega Peñaflor ofrecido por la familia de Mario Pulenta a la que concurrió el actor y llevó hasta allí su magia y su convocatoria. O el doctorado Honoris Causa que recibió como distinción de la UNSJ y que el escritor recibió en su paso por el Congreso. Sólo tres universidades nacionales entregaron a Borges esa distinción, entre ellas la sanjuanina por gestión del propio Erostarbe.

Uno de los recuerdos más potentes de aquella larga permanencia en San Juan en 1984 lo dejó en Revista OH Mónica Porroli, quien fue encargada de llevar del brazo a Borges al ingreso del congreso. Era tal la cantidad de gente que había ido a verlo, la cantidad de flashes, que él sonreía y en un momento le dijo al oído: "Sonría porque seguramente esos aplausos son para usted”. "Él percibía los flashes a pesar de su ceguera”, cuenta. De esos flashes sanjuaninos, muchas fotos habrá dentro de los cajones, pocos que se hayan desempolvado.

Otra anécdota potente es la que le tocó atravesar a Guillermo Quiroga Yanzi, encargado de protocolo del congreso. Estuvo tanto tiempo con él que finalmente el autor le cantó una melodía: "Bueno, Quiroga, supongo que ahora somos amigos, ¿no?”. A tal punto que le dictó un bello poema que dejó como legado no para él sino como testimonio de su presencia en San Juan: una obra exquisita que reflexiona sobre la humildad ("¡cuántos dones me depara el azar!).

Habría sido esa su última presencia en la provincia porque falleció dos años después. Pero no la última vez presente en la memoria: más allá de su eterna presencia en los libros de las bibliotecas sanjuaninas, su viuda María Kodama aterrizó en la provincia en el año 1991 para hablar sobre Jorge Luis. Fue el 22 de agosto de ese año, pocos días antes de las elecciones del 30 de ese mes en que el bloquismo iba a dejar en manos de Jorge Escobar el gobierno provincial como recordó el periodista y escritor Carlos Quinteros.

Escribió Quinteros una memoria de su encuentro de entonces con Kodama (quien había llegado junto a la escritora Marta Mercader), en un Teatro Sarmiento casi desierto después de una presentación que había sido a sala repleta. Una vez desalojada la sala, ya Kodama pudo hamacarse entre los recuerdos de Ulrica, el único cuento de amor de Borges que cuenta el romance del escritor colombiano Javiel Otárola y la mujer llamada de esa manera, y que inspiró a Kodama a despedirlo de esa manera en su tumba: "De Ulrica a Javier Otárola”.

El último paso a modo de sobrevuelo de Borges sobre sus vínculos con San Juan fue el poema que le dedicó a Francisco Narciso Laprida, de quien sostenía que era pariente lejano porque nunca se explicó por qué. Es el poema conjetural, que con el permiso de la interpretación de una obra de semejante porte interpreta "conjeturalmente” lo que habría pensado el prócer sanjuanino, en tanto él uno de los padres de la independencia, en el momento de ser asesinado salvajemente en un cruce fratricida del país entre unitarios y federales en Mendoza.

Fuente : Tiempo de San Juan  -  17 de septiembre de 2014


Ver tambien : Borges en San Juan

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