domingo, 10 de enero de 2016

Borges, 1938. Ensayando ficciones






Julio Woscoboinik

"Lo que yo opino es la medida de mi entendimiento,
no la medida de las cosas".
Montaigne

En este trabajo pretendo indagar, desde el psicoanálisis, las vicisitudes personales que permitieron al poeta y escritor, acceder recién a partir de 1938, a escribir cuentos. Ficciones que le dieron fama internacional y que lo inscribió en la excelencia de los escritores inmortales.

Esta investigación nació de la propuesta de estudiar a Borges, ensayista.

En nuestro siglo, y especialmente en los últimos años, tanto escritores como editores han dado en denominar "ensayo", a todo aquello difícil de agrupar en los géneros literarios tradicionales. Si a esto unimos la vaguedad del término y la variedad de las obras a las que pretende albergar, no debe extrañar que las definiciones propuestas se expresen sólo en planos generales. Para la Real Academia Española, el ensayo es el hermano menor de un tratado.

Montaigne, primero en usar el término, escribe: "reflexiono sobre las cosas, no con amplitud, sino con toda la profundidad de que soy capaz y las más de las veces me gusta examinarlas por su aspecto más inusitado". (3)

Como advertimos, más que definir un género, parece subrayar el pensamiento y el estilo de un escritor.

Es verdad que Benedetto Croce, rechazaba la clasificación por géneros, como algo impropio y extraño a la realidad de la obra literaria. Pero Gomez de Baquero, insiste que el ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica y el de la poesía, y que excursionan del uno al otro. (4)

Repasando los prólogos de Borges a sus libros, aquellos que podríamos considerar de ensayos, sólo he hallado la palabra ‘ensayos’ una sola vez y es cuando en el epílogo de Otras Inquisisiones, Borges escribe "Quiero asimismo aprovechar esta hoja para corregir un error: en un ensayo he atribuído a Bacon el pensamiento...etc."

El ensayo, como género, parecería no haberle preocupado. Lo que en ellos insiste es la vasta procedencia bibliográfica de su inspiración y algunas confesiones personales.

En 1930, uno de sus primeros "ensayos", Evaristo Carriego, incluye, casi en forma rapsódica, fragmentos heterogéneos -El puñal, La Inscripción de los carros, Historia del tango, Dos cartas- unidos por un delgado hilo conductor. El prólogo no habla de Carriego. Habla de sí mismo y de su nostálgico padecer: "Yo creí durante años, haberme criado en un suburbio de de BsAs, un suburbio de calles aventuradas y de ocasos visibles. Lo cierto es que me crié en un jardín, detrás de una verja con lanzas, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses." Y al final se pregunta: "¿Que había, mientras tanto, del otro lado de la verja con lanzas? ¿Qué destinos vernáculos y violentos fuerón cumpliendose a unos pasos de mí, en el turbio almacén o en el azaroso baldío? A esas preguntas quiso contestar este libro, menos documental que imaginativo." Subrayemos menos documental que imaginativo.

En 1932, aparece Discusión, y allí escribe: "Las páginas recopiladas en este libro no precisan mayor elucidación" Como vemos habla de ‘páginas’. Es en este preámbulo donde escribe aquella otra reflexión psicoanalíticamente tan significativa: "Vida y muerte le han faltado a mi vida. De esa indigencia, mi laborioso amor por estas minucias".

En 1935, Historia Universal de la Infamia, primer libro realmente anticipatorio de sus ficciones, considerado por algunos como ensayos, habla de "ejercicios de prosa narrativa, del irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna) ajenas historias."

En 1936, Historia de la eternidad, los nómina como artículos y allí también descubre algunas de sus obsesiones: "¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo?"

En el año de 1926 (Borges tenía apenas 27 años) en el libro El tamaño de mi esperanza escribía esta poética posdata: "Confieso que este sedicente libro es una de citas: haraganerías del pensamientos; de metáforas; mentideros de la emoción; de incredulidades; haraganerías de la esperanza." (5)

Exequiel Martinez Estrada, ensayista argentino, en el prefacio a la obra de Montaigne, opina que: "Todo indica que la mente de Montaigne trabaja a la manera de los poetas, más que de los filósofos" (6). Los ensayos de Borges son poéticamente borgeanos... Y si en algo podemos asociarlos es, precisamente, en la búsqueda erudita de lo inúsitado. Diríamos que Montaigne escribía desde la reflexión, íntima, intuitiva, de su capacidad psicológica de auto y alo observación y con un claro aliento moralista.

Borges, escéptico inquisidor, vé en la filosofía, en la teología y en toda realidad, ramas de la literatura fantástica y un vehículo para sus cuestionamientos. Sútil y a veces severo polemista, rebelde e irónico, se sirve de un desarrollo oximorónico de increíbles virtudes memoriosas y eruditas.

Con ellos pretende sorprender, fatigándose en múltiples citas qué, como las muletas en las pinturas de Dalí, lo sostienen y avalan. Desarrollos que expone para enfrentarlas primero, elogiarlas después, criticarlas más tarde, y finalmente aproximar sus propias e imaginativas conclusiones.

Comparado con el ensayo tradicional, Borges desanda los caminos de la lógica aristotélica, de la racionalidad, tratando de conciliar opuestos que solo aparentemente se desestiman. Hay en ellos una dimensión fantasiosa que lo acercan a las ficciones. Además, y éste es un dato no menos interesante, la extensión de sus trabajos es acotada. Medida breve de los ensayos, tanto como la de sus cuentos. Textos breves donde se anota su disciplinado estilo, atrevidamente condensado y lúcido.

A propósito de los textos breves, la Enciclopedia Británica dedica un capítulo especial a los "Short Story", como género literario, y del Siglo XX destaca especialmente a tres autores: Pirandello, Kafka y Jorge Luis Borges.

Al respecto de Borges se lee: "Sus historias envuelven al lector en un deslumbrante despliegue exhibicionista de erudición y de imaginación, algo previamente insospechado, y diferente a lo conocido en el género." (7)

Ensayando ficciones, fué el primer título para este trabajo. Lo hice pensando que los ensayos le permitieron a Borges prepararse para lo que habría de ser lo más importante de su producción literaria.

Borges fue poeta y ensayista hasta un cierto momento en que pudo despertar sin temor y sin prejuicios a la ficción. Aunque las mismas ya se insinuaban, no alcanzarón su plena realización hasta después de la Navidad de 1938. Allí está, por ejemplo, "Hombres peleando" en El idioma de los argentinos de 1928 y que luego, con el agregado de un personaje femenino, transformara en el famoso cuento "Hombre de la esquina rosada".

¿Por qué y en qué momento Borges se permite plenamente escribir ficciones?

" Sé que la parte menos perecedera de mi producción literaria son los cuentos, sin embargo, durante muchos años no me atreví a escribir relatos. Creía que el paraíso del cuento me había sido prohibido. Un día sufrí un accidente y…" le confiesa al escritor John Updike en una entrevista realizada en 1960. (8)

Este accidente nos lleva a la Navidad de 1938, a pocos meses de la muerte del padre.

Su madre lo describe así: "Fué en vísperas de Navidad que Georgie fue a buscar una invitada a cenar. Lo que sucedió fué que el ascensor no funcionaba y subió la escalera muy rápidamente; no se apercibió de la hoja abierta de una ventana. La herida no fué al parecer bien curada y se complica con una infección, alta temperatura y alucinaciones. Al cabo de 15 días la fiebre comienza a descender y él me pide que le lea una página. Luego de escucharla, él me dice contento: "Va bien, sí, me doy cuenta que no voy a enloquecer; he comprendido todo perfectamente".

De vuelta a su casa, continúa su madre, él se dispone a escribir un cuento fantástico, el primero.

"Yo creo que alguna cosa cambió dentro de su cerebro.(…)Desde entonces él no ha escrito más que cuentos fantásticos, que me dan un poco de miedo, porque no los entiendo bien."

Yo le dije un día: "¿Por qué no escribes las mismas cosas que antes?" Y él responde: ¡"Déjame, pues, déjame" ! Y él tenía razón". "¡Déjame, pués, déjame!" es el grito inusitado, por soltarse de un vínculo de asfixiante dependencia. (9)

Liberarse era poder soñar, y los sueños una forma de acceder a la libertad. Soltarse y volar.

Este corte le permite deshacer el ajustado nudo de una cruda tradición familiar patricia, de las calladas y severas exigencias de su padre. De los prejuicios y recelos religiosos de su madre. Jorge Luis Borges tenía 40 años...

Puede por fin y al fin, abrir de par en par las puertas y ventanas de esa biblioteca de infinitos libros ingleses.

Emir Rodriguez Monegal -que no es psicoanalista- y que frecuentaba y conocía muy bien su familia, lo explica : "Después del accidente (la prueba, la ordalía) Borges reaparece transformado en un escritor distinto, engendrado por sí mismo. Antes del accidente era un poeta, un crítico de libros; después del accidente será el redactor de arduos y fascinantes laberintos verbales, el productor de una nueva forma, el cuento, que es a la vez un ensayo. El nuevo Borges (el nuevo escritor) va mucho más lejos que cualquier proyecto de su padre. El hecho de que el accidente también ocurre en circunstancias románticas (iba a buscar una muchacha, no hay que olvidar) sólo agrega el necesario elemento erótico al parricidio simbólico que el acto mismo (la muerte y la resurrección del Héroe) ya implica." (10)

Este acontecimiento, que alcanza valor de hito, es retomado por Borges en dos cuentos de notables huellas autobiográficas: " El Sur" y "Funes, el memorioso".

Didier Anzieu, primer psicoanalista investigador de la obra de Borges- en 1971- comienza dividiendo su valiosa producción en un antes y un después del accidente de 1938. Que lo asocia a la muerte de su padre. (11)

Este corte, liberador, es ruptura de ataduras narcisísticas y de un vínculo simbiótico y ambivalente con su padre. Con su accidente paga, inconscientemente, el alivio culposo por su desaparición. Logra así el desprendimiento de esa fígura que, fantaseada o real, es la de un padre idealizado y persecutorio.

El padre de Borges- es importante recordarlo- fue huérfano de padre de toda su vida. No es necesario ni éste el lugar para referir las graves consecuencias psíquicas de esta fundamental carencia. La muerte de éste abuelo paterno, el Coronel Francisco Borges, que tan recordado era por el poeta, fue casi un suicidio. Considerado por sus ambigüedades, traidor por los dos bandos nacionales en pugna. Humillado, herido en su amor propio de Coronel, decide al final de una batalla entregarse a la muerte por sus enemigos. (12)

"Lo dejo en el caballo, en esa hora

Crepuscular en que buscó la muerte;

Que de todas las horas de su suerte

Ésta perdure, amarga y vencedora.

Avanza por el campo la blancura

Del caballo y del poncho. La paciente

Muerte acecha en los rifles. Tristemente

Francisco Borges va por la llanura.

"Alusión a la muerte del Coronel Francisco Borges (1833-74)", así la tituló y como ésta, son muchas las poesías que Borges dedicara al abuelo paterno que no pudo conocer. El nombre ‘Francisco’ forma parte del árbol genealógico, del rosario de nombres, con que fuera inscrípto el poeta: JORGE LUIS FRANCISCO ISIDORO BORGES.

Jorge Borges, el padre, fallece el mismo año y el mismo mes –febrero- de 1938, en que se suicida Leopoldo Lugones.

El libro El Hacedor lleva una extensa dedicatoria a Lugones. Pero es conocida, y está escrita, la opinión agridulce y ambivalente que éste le merecía. Entre la admiración y el rechazo, Borges frecuentó el arte estratégico de injuriar (veáse Historia de la Eternidad). "Estrategias predilectas, dirá el escritor David Viñas, frente a un hombre –Lugones- cuya mirada o la proximidad de su voz, le recordaban las más sútiles crueldades de su propio padre."

En 1937, un año antes, Jorge Luis publica, en su sección de la revista "El Hogar", (13) un breve ensayo donde alude a la influencia literaria de Lugones, en los jovenes escritores :

"Yo sé que nos defendíamos de esa belleza y de su inventor con la injusticia, con la denigración, con la burla. Hacíamos bien: teníamos que ser otros."

" Hacíamos bien, teníamos que ser otros." Borges grita así sus ansias de liberación de esas identificaciones heroícas familiares. Y así da cuenta de su conquista de esos "paraísos prohibidos" del cuento: "Me había abandonado al sueño y pude lograr, al cabo de tantos años, lo que antes busqué en vano". ("El escritor argentino y la tradición")

Soñar implica sortear con artificios diversos, la severa censura del Yo, y del Superyo cultural, cancerbero, muchas veces, riguroso y cruel de la conciencia moral. Social y familiar.

Soñar es, desde Freud hasta nosotros, la ‘vía regia’ hacia el conocimiento de lo inconsciente. Borges se confiesa con naturalidad y sin pudor hacedor de sueños y pesadillas quizás, la actividad estética más antigua. De ellas nacierón muchos cuentos. Y también ilustran algunos ensayos. En "La duración del infierno" (Discusión, 1932) hay una posdata relato de un sueño del cual Borges despierta angustiado y pensando "¿Quién soy? ¿Dónde estoy? : ésta vigilia, desconsolada ya es el infierno" .

Es precisamente esta connivencia con sueños y pesadillas que le permiten a Borges el preciado encuentro con sus fantasmas.

Zona de rara permeabilidad con el mundo de sus fantasías, las que parecen recorridas como por una cinta de Moebius. Desde las profundidades del alma a la belleza de un decir transparente, casi ingenuo.

Las musas –o "el subconciente", como él diría- se le aparecían de pronto en una esquina cualquiera. Una ocurrencia, una idea, una frase, una figura, que no sabía, de entrada, si serían las primeras líneas de una poesía o de un cuento... o, podríamos agregar, de un ensayo. "Siempre tengo esa convicción de recibir algo ajeno a mi. Ahora, yo no sé, si me parece ajeno, por que viene de muy adentro o de muy afuera..."

Los recursos retóricos más utilizados por Borges guardan mucho de los procesos de formación onírica: condensación y desplazamiento que es decir metáfora y metonimia; lo temporal-atemporal, las ideas contradictorias, la oposición entre dos ideas que pueden verse en una sola imagen oximorónica ( los idiomas humanos más antiguos empleaban la misma palabra para expresar la antítesis: dentro-fuera, fuerte-debil.etc.) las diversas alternativas alucinatorias, inesperadas e insólitas. (14)

Con todo pienso que, en esta transformación, en este acceso al paraíso prohibido de los cuentos, que se venía insinuando con cautela y temor, jugaron también otros factores: entre los que privilegio la colaboración literaria, por esos años, con Adolfo Bioy Caceres, 15 años menor que él (¿sublimación de otros encuentros paterno-fraternales?) y cuyas reuniones se constituían en verdaderos duelos lúdicos de desborde imaginativo y fantástico.

Por todo esto he titulado este trabajo "1938" y "Ensayando ficciones".


Notas

¿Es Borges un escritor de ensayos? Considero que sí pero, cierto también que definidos como tales, representan una instancia poco explorada de su vasta obra.

Eclipsados por la fama del poeta y autor de artificios. O tal vez, me permito conjeturar, porqué no fueron percibidas las diferencias. "Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto, que por la manera de ser leída" (2). ¿No estará aquí la clave? ¿No dependerá de nosotros, lectores , discriminar si estamos leyendo un ensayo o un cuento?

Sus ensayos no han sido suficientemente apreciados. Para Rodriguez Monegal los ensayos de Borges son fundamentales, pero acotados en cuanto su valor pasaría solo por "comprender el sentido final de su obra creadora".(1) Y para James Irby, "un complemento necesario para la comprensión de sus ficciones."

Borges mismo no se consideró jamás un autor de ensayos.

Buenos Aires, mayo de 2002



Bibliografía

  1-  J.ALAZRAKI, La prosa narrativa de J.L.Borges, Gredos, Madrid, 1983.
   2- J.L.BORGES, Nota sobre(hacia) Bernard Schaw, O.I. en O.C., 1974, p.747.
    3-MONTAIGNE, Ensayos, de Demócrito y de Heráclito, Clásicos Jackson, Buenos Aires, 1956, P.130.
    4-GOMEZ DE BAQUERO. Citado por J.L.GOMEZ-MARTINEZ Teoría del ensayo, Mejico, UNAM, 1992.
    5-J.L.BORGES, El tamaño de mi esperanza, Seix Barral, Buenos Aires, 1993.-p.130.
    6-E.MARTINEZ ESTRADA, Estudio Preliminar, en MONTAIGNE Ensayos, Clásicos Jackson, Jacson, Buenos Aires, 1956.
    7-ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA, Short story, registro electrónico.
    8-J.UPDIKE, El autor bibliotecario, Capítulo, C.E.A.L. Buenos Aires, 1981, p.70.
    9-L. ACEVEDO de BORGES, Propos, L'Herne, Paris, 1981.
    10-E.RODRIGUEZ MONEGAL, Borges, hacia una interpretación, Guadarrama, Madrid, 1976, p.87.
    11-D.ANZIEU, Le corps et le code dans les contes de Jorge Luis Borges in Nouvelle Revue de Psychanalisyse, N*3, 1971, Gallimard, Paris, p.190.
    12-J.WOSCOBOINIK, El alma de El Aleph, Nuevo hacer, Buenos Aires, 1996.
    13-J.L.BORGES, Las "nuevas generaciones" literarias, en Textos Cautivos Tusquets, Buenos Aires, 1986.p.99.
    14-J.WOSCOBOINIK, El Secreto de Borges, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2da. Edición, 1991.

  
Obras consultadas

    J.L. BORGES, Textos recobrados-1919-1929, Emecé, Buenos Aires,1997.
    J.L. BORGES, Libro de los sueños, TorresAguero, Buenos Aires, 1976.
    J.L.BORGES, Obras Completas en Colaboración, Emecé, Buenos Aires, 1979.
    J.L.BORGES, Pierre Menard autor del Quijote, en O.C. Emecé, Buenos Aires, 1974.
    D.YATES, en Con Borges (texto y persona), Compilación de Carlos Cortinez, p.181, Torres Aguero, Buenos Aires, 1988.

Fuente : Comunidad Virtual Russell

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