miércoles, 18 de marzo de 2015

Jorge Luis Borges y el problema de la interpretación



 
René Ceballos |

Herbst 1995

Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.
Jorge Luis Borges Pierre Menard, autor del Quijote.

Uno de los autores más leídos y a su vez más controvertidos —en lo referente a su interpretación— es Jorge Luis Borges. Existen diferentes puntos de vista que intentan ofrecer una interpretación de los cuentos de Borges, sin embargo, la mayoría de ellos se llevan a cabo en un nivel en el que se pregunta cuál es la intención del autor; qué pretende y qué podemos deducir de sus textos como lectores.

Uno de estos puntos de vista nos lo proporciona Umberto Eco (1). Según él, la técnica que Borges generalmente utiliza en sus cuentos está regida por la forma del pensamiento de la abducción. La abducción aparece cuando el pensamiento desarrollado por la inducción no nos ayuda más a resolver o aclarar cierto problema o fenómeno. Esto es, nos enfrentamos a una situación que podríamos llamar extraordinaria. Para que esta situación deje de ser inexplicable se tiene que encontrar una ley o norma bajo la cual las características de la misma sean aclarables o descifrables. Suponiendo que todos los datos que encontramos en un cuento de Borges fueran realmente verdaderos no tendríamos entonces ningún misterio, ninguna situación ilógica o inexplicable. Es decir, todo sería normal.

Eco propone que el lector adopte una posición spinoziana para poder encontrar un método lógico de lectura. Spinoza dice que “el orden y conexión de las cosas es idéntico con el orden y conexión de las ideas”, es decir, el mundo está organizado con una exactitud parecida a la de las matemáticas. Lo que Borges hace con esta concepción es convertirla en un universo en el cual todo se rige bajo las normas de una biblioteca: de una Biblioteca de Babel. En este “mundo spinoziano” el detective conoce de antemano cuál será el siguiente paso del asesino —y viceversa— porque ambos se rigen bajo las normas de una lógica fantástica que no es más que una “lógica de biblioteca” (2). Eco agrega más adelante que el universo borgesiano funciona bajo las leyes de la “escenificación”, es decir, de la Ficción (3). Este modelo parece funcionar sólo para algunos cuentos, es decir, las propuestas anteriores son “correctas” para los cuentos detectivescos pero pierden su validez al no poder ser aplicadas a aquellos de corte “fantástico” o a los “cuentos-ensayo”.

El anterior sólo es un ejemplo de los muchos intentos interpretativos de los cuentos de Borges. Al parecer no se hace el intento de penetrar en la estructura de los mismos (en el caso de que ésta exista) y tratar de determinar el funcionamiento general de los mismos. El propósito del siguiente trabajo no es tratar de demostrar si estas posiciones son válidas o correctas. Sin embargo, podemos decir que éstas no ayudan al lector a comprender la forma en la que Borges escribe, y por el contrario, crean aún más desconcierto y dudas en el mismo.

En el presente trabajo hemos analizado El idioma analítico de John Wilkins (4) tomando como punto de partida la teoría del Rizoma propuesta por Deleuze y Guattari en su libro Rhizom (5). En ella no se menciona en ningún momento la obra de Jorge Luis Borges, sin embargo, sus propuestas pueden ser empleadas para abrir un nuevo nivel interpretativo en la llamada Obra Borgesiana. Este es un intento más, si así se quiere ver, pero creemos que las ideas expuestas por Deleuze y Guattari pueden ayudar a explicar un poco la estructura de la escritura en Borges.

Al leer El idioma analítico de John Wilkins, el lector se encuentra, como en muchos otros textos de Borges, con una gran número de escritores, filósofos, científicos y sus respectivas obras, que el autor implícito menciona. Estos provocan, en primera instancia, perplejidad o desorientación en el lector. Tales nombres son los siguientes: John Martin Scleyer (volapuk), Peano (interlingua románica), Letellier, Descartes, Leibniz, Bonifacio Sotos Ochando, Pedro Mata (Curso de lengua universal; Buenos Aires 1886), Franz Kuhn, David Hume (Dialogues concerning natural religion; V, 1779), Chesterton, P. A. Wright Henderson (The Life and times of John Wilkins; 1910), Fritz Mauthner (Woerterbuch der Philosophie; 1924), E. Sylvia Pankhurst (Delphos; 1935), Lancelot Hogben (Dangerous thoughts; 1939) y John Wilkins (An Essay towards a Real Character and Philosophical Language; 1668) (6).

A continuación hacemos un excursión a través de las enciclopedias para saber hasta qué punto nos pueden ayudar los títulos y escritores citados en la interpretación de los textos.

Empezamos por John Wilkins, siguiendo la pista que el yo-narrador incinúa al comienzo del cuento: “He comprobado que la decimocuarta edición de la Encyclopaedia Britannica suprime el artículo sobre John Wilkins. Esta omisión es justa, si recordamos la trivialidad del artículo [...].”(7)

Consultamos la Enciclopedia   Britannica, sin embargo, no la decimocuarta edición sino la decimoquinta. En ella encontramos que  el obispo John Wilkins es mencionado, en el volumen  decimooctavo,  como uno de los primeros y más importantes exponentes del llamado “diccionario conceptual” o “diccionario de conceptos”: “The ‘conceptual dictionary,’ in which words   are   arranged   in groups by their meaning, had its first important expo-nent in Bishop John Wilkins, whose Essay towards a Real Character and a Philosophical Language was published in 1668.”(8)

Como podemos comprobar por medio de la cita anterior tanto el autor como el libro y la fecha de aparición que menciona el yo-narrador al inicio son verídicos (9). Más adelante encontramos en el mismo tomo de la enciclopedia una referencia a la forma de predicar de John Wilkins, según la cual, éste intenta substituir palabras por cifras y liberarlas así de sus asociaciones [podemos ver un intento de ello en el cuento de Borges (10)]: “John Wilkins, bishop of Chester, advocated a plain style in his discourse on preaching, Ecclesiastes (1646), and in his Essay towards a Real Character and a Philosophical Language (1668) he made a galant attempt to substitute ciphers for words so that their associations should be lost.” (11)

En otras páginas de la misma enciclopedia se hace mención a las investigaciones de John Wilkins en la rama de la física: Wilkins intenta utilizar las fuerzas magnéticas o eléctricas para producir un movimiento perpetuo (12).

El yo-narrador acota que John Wilkins se interesó por “la posibilidad de un viaje a la luna (13)”. A este respecto no encontramos nada en las obras consultadas, sólo se menciona que John Wilkins se interesó por volar (14). Es quizás este aspecto el que le da pie al comentario del yo-narrador y no limitarse a mencionar solamente su inclinación por las cuestiones del lenguaje. Este último aspecto es un punto que tienen en común el personaje y el narrador.

Pasemos ahora a otro de los autores mencionados: Fritz Mauthner (15). Este autor provocó con su obra principal Beitrage zu einer Kritik der Sprache (Aportaciones a una crítica del lenguaje), publicada en tres tomos entre 1901 y 1902, un cambio radical en la filosofía del lenguaje. Mauthner niega radicalmente la capacidad del lenguaje como instrumento de conocimiento del mundo; afirma que el lenguaje es metafórico y abstracto, razón por la cual carece de una relación directa con la realidad. Para Mauthner no existe ninguna conexión entre las cosas y sus denominaciones con la realidad. Afirma también que no solo hay un idioma sino que los idiomas son individuales y cada individuo los utiliza, en consecuencia, de distintas formas. El idioma es un juego con muchos jugadores para quienes las palabras nunca tienen el mismo significado y por ello se convierte el lenguaje en un medio del No-entendimiento. Sin embargo, la lengua sí resulta útil para la poesía y la política. Mauthner propone en su obra renunciar al intento de crear un “lenguaje universal” —ya que éste no nos serviría para percibir la realidad— y entregarse a la Mística en la que la división entre objeto y sujeto no existe.

Las posiciones anteriores se encuentran sin duda en mayor o menor grado en los cuentos de Borges, como lo afirma en su trabajo la autora Silvia G. Dapía (16). Sin embargo este hecho no nos es de gran utilidad para explicar la estructura o el funcionamiento de la literatura borgesiana.

Después de esta pequeña excursión nos preguntamos cuál es el objetivo del narrador al mencionar dichos autores y cuál es su fimción o de qué le sirve ésto al lector. En primer lugar podemos afirmar que no son mencionados para irritar, ahuyentar o desorientar al lector. Se trata de una especie de pista que el narrador nos brinda, es solamente el incicio de un cabo que comenzará ha desenvolverse en el transcurso de los narrado, sin implicar esto que el texto tomará una forma o estructura tradicionalemte coherente. Es también un pronóstico de lo que al lector le espera en las próximas líneas. El factor común entre John Wilkins y Fritz Mauthner es la ocupación con el lenguaje y el intento de ofrecer una nueva forma del mismo. Como hemos visto, ambos escribieron trabajos en este campo.

El yo-narrador en El idioma analítico de John Wilkins presenta, como los dos autores anteriores, su contribución a una nueva forma en el uso y posibilidades del lenguaje. Es aquí donde podemos hablar de intertextualidad. Ésta es, sin embargo, débil, es de “menor intensidad funcional”, es decir se trata más bien de una hipotextualidad (17). El autor implícito simula que su procedimiento al escribir se basa en la intertextualidad; no se trata de una intertextualidad al ciento por ciento, en la que el diálogo entre dos o más textos puede comprobarse fácilmente. Ésta sólo se simula, es decir, tenemos una serie en la que el peso de las informaciones no es proporcional al peso de las significaciones. La vaga codificación de la intertextualidad es también en algunos casos imaginaria, lo que nos sugiere que se trata de una simulación. Es curioso pero Borges, en sus inicios, simulaba ya, como lo comenta el crítico J. Alazraki. Borges era de la idea que al escribir de una manera sencilla la gente creería que no sabía escribir bien: “I used to write in a very baroque and ostentatious style. Out of timidity, I believed that if I wrote in a simple way, people would think that I did not know how to write. I then felt the need to prove that I knew many rare words and that I was able to combine them in a very startling fashion.” En su artículo comenta J. Alazraki que Borges con esta actitud juega a ser un escritor moderno: “Borges was then playing the role of being a modern writer, and by doing so he was at most a pseudo-modern” (18). Moderno o no el comentario anterior nos muestra cuál es la actitud de Borges al escribir.

Con otras palabras podríamos decir que el universo Borgesiano se rige por las leyes de la simulación (ficción) y también por las del rizoma. En el texto nos topamos con situaciones que aparentan otras que no son y parecen estar ligadas ilógicamente entre sí. Esto es, nos enfrentamos a una conexión asignificante de signos, existe una aparalelidad tanto en el nivel de la semántica como en el de la sintagmática. Los signos forman una red en la cual la relación convencional, directa entre significado y significante se desvanece. En este caso la intertextualidad se convierte en un rizoma. La conexión entre los signos no sigue la lógica de la semántica como en la clasificación taxonómica de la enciclopedia china. De este modo se crea una imposibilidad en la recepción inmediata y contemporánea de la lectura de las obras citadas. La intención del autor implícito es crear un texto totalmente nuevo a partir de los textos citados. En este sentido, el autor implícito se encuentra en la tradición intelectual de aquellos autores mencionados y la codificación ambigua es un signo más que el lector implícito debe descifrar para descubrir la afinidad literaria e intelectual con textos pasados. Los textos falsos atribuidos a autores existentes pueden haber sido escritos por ellos o no, esto no juega ningún papel importante ya que en el intertexto se mantienen las características y la tradición literaria de dichos autores. Es así como Borges lleva a cabo una deconstrucción de las obras citadas: identifica primero cuál es la estructura de dichas obras y las transporta al siglo XX sin imitarlas o destruirlas, las transforma a tal punto que resulta casi imposible reconocerlas ampliando asimismo las posibilidades de contenido. El punto de unión ficticio o verdadero entre los textos de Borges y aquellos por él citados no es más que un nudo más en el rizoma. No es un punto de partida ni tampoco uno de llegada, es simplemente un punto común con ramificaciones en diferentes sentidos y direcciones. Lo anterior nos lleva a pensar que Borges funciona como el alter ego de dichos autores creándose, a su vez, a sí mismo. Es decir, Borges crea, por medio de su escritura, a Borges.

En Foucault nació la sospecha, a partir de este texto de Borges, de que “hay un desorden peor que el de lo incongruente [...] que hace centellear los fragmentos de un gran número de posibles órdenes en la dimensión, sin ley ni geometría, de lo heteróclito” (19). Lo anterior con palabras de Deleuze y Guattari es un rizoma. En este punto nos preguntamos ¿qué tiene que ver lo anterior con Borges, qué es lo nuevo en él y cuál es su aportación literaria? La respuesta puede ser la siguiente. En los textos de Borges encontramos un nuevo paradigma en la tradición literaria en cuanto que niega la mimesis literaria e inaugura una escritura de carácter intertextual extremo, es decir, rizomática. Además de esto introduce una nueva concepción del signo: sus textos están formados en base a una cadena cuyos signos se encuentran drásticamente liberados de la convención. El modo de significación entre el significante y el significado se ha desvanecido. La codificación que normalmente hay entre ellos, ya sea explícita o implícita, es difícil de establecer. Ella ya no es unánime o constrictiva, fuerte o débil (20). Las “nuevas” características del signo en El idioma analítico de John Wilkins no están determinadas por la substancia de los mismos, sino por la forma (21). La yuxtaposición de los diferentes tipos de animales con las letras del alfabeto es lo que irrita al lector porque viola las reglas de la lógica del pensamineto e imaginación. Esta serie contrapone el desorden al orden, rompe con la tradición en la que el modo de significación estaba basado en la semejanza de significado y significante; rompe también con el orden de subordinación a un concepto o término superiormente codificado. La relación entre los signos es ahora ontológica y es ésta quien determina el sentido, como nos dice el narrador: “En el idioma universal que ideó Wilkins al promediar el siglo XVII, cada palabra se define a sí misma”. (Borges: 103)

El autor implícito juega con la imaginación, con lo ficticio y con lo real. Imagina animales, no monstruos (esto sería ya una exageración banal), y una clasificación fantástica, por ser imposible fuera de la narración. Todo esto lo sitúa en el lugar ideal o tradicional para el almacenamiento de conocimiento: un libro, una enciclopedia. Pero ésta, curiosamente, no es conocida en el occidente (como la Britannica), es apócrifa y además china. Para el recipiente occidental es todo aquello referente a China o su cultura tan lejano que casi podría decirse que aparece envuelto de un velo de fantasía conjugado con antigüedad y meticulosidad. Estos factores combinados son los que nos apetecen imposibles, rompen con la supuesta organización basada en similitudes y diferencias: nos parecen imposibles de pensar. Por otro lado vemos que este “conjunto de imposibilidades” es real y además goza de una realidad tanto óptica como acústica, sólo es posible dentro del lenguaje y es a través de él como percibimos y comprendemos la “realidad” en primera instancia.

Quizás se podría decir que el enigma del discurso borgesiano se desvanece poco a poco en la medida que el lector activo, el lector-coautor, se introduce más y más en este mundo que en ocasiones parece irreal pero que no lo es. Se va desvaneciendo cuando se descubren las diferentes pistas que Borges ofrece al lector. Un ejemplo de cómo puede entenderse a Borges nos lo proporciona él mismo en Kafka y sus precursores: “El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres”. Es decir, el significado externo o anterior (en el sentido de espacio y tiempo) de cada uno de los signos incluidos en un texto no son importantes. Ese significado anterior ya no es válido, lo que cuenta es sólo el nuevo significado que ellos adquieren en el texto que el lector tiene frente a sí mismo. Esto es, entender la literatura como una reescritura de la literatura. Borges es un autor que opera y divaga en el pasado literario (sin substituirlo o destruirlo), y su vez crea así una nueva forma literaria: rizomática e intertextual-simulada.

Para finalizar nos gustaría añadir una cita de Jacques Derrida. En ella leemos que una estructura sin “centro” representa lo impensable, sin embargo, encontramos que en el disurso borgiano lo impensable ya se ha vuelto posible: “Indem das Zentrum einer Struktur die Koharenz des Systems orientiert und organisiert, erlaubt es das Spiel der Elemente im Inneren der Formtotalitat. Und noch heute stellt eine Struktur, der jegliches Zentrum fehlt, das Undenkbare selbst dar.” (22)

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(1) Eco, Umberto: Über Spiegel und andere Phänomene. München (dtv), 1988.
(2) (Ibíd. 1988:212-213).
(3) (Ibíd.: 212).
(4) Borges, Jorge Luis: El idioma analítico de John Wilkins en: Otras Inquisiciones. Madrid (Alianza Editorial), 1989. Las citas fueron tomadas de este ejemplar.
(5) Deleuxe, Gille/Guattari, Félix: Rhizom. Berlin (Merve Verlag), 1977. Es importante aclarar que nuestras posiciones se basan también en los diferentes trabajos publicados a este respecto por A. de Toro.
(6) De todas las obras y autores mencionados sólo encontramos en las obras de consulta general (véase bibliografía) los nombres de John Wilkins, Fritz Mauthner, David Hume, Descartes y Leibniz. Los nombres volapuk e interlingua románica corresponden a idiomas “artificiales” parecidos al Esperanto.
(7) Vid. Borges, J. L.: (1989: 102).
(8) Enciclopaedia Britannica. Volumen 18 (1986: 390).
(9) La única diferencia se encuentra en la palabra An con la que comienza el título en el ensayo de Borges.
(10) John Wilkins acomete hacia 1664 la empresa de crear un idioma general capaz de organizar y abarcar todos los pensamientos humanos (análogo al sistema de numeración, propuesto por Descartes, que facilita en un solo día nombrar y escribir todas las cantidades hasta el infinito). En 1668, cuatro años después, escribe su libro An Essays towards a Real Character and a Philosophical Language.
(11) (Ibíd. 1986:580-581).
(12) (Ibíd. 1986: 442 y 457).
(13) Borges (1989: 102).
(14) No se puede negar que Borges es también un autor interesado por el lenguaje. Sin embargo, una de la “hazañas” del siglo XX que más le impresionaron fue la llegada del hombre a la luna (aquí se expresa otro punto en común con John Wilkins: volar). En un de las conversaciones que Jorge L. Borges sostuvo con Osvaldo Ferrari, comenta el primero, con respecto a la llegada del hombre a la luna, lo siguiente: “[...] yo escribí un poema sobre este tema. Ahora por razones políticas, es decir, circunstanciales y efímeras, la gente tiende a disminuir la importancia de esa hazaña que, para mí, es la hazaña capital de nuestro siglo.” Vid. Ferrari, O./Borges, J. L. (1987: 37).
(15) Con respecto a la obra de Fritz Mauthner hemos consultado: Neu Kindlers Lexikon (Vid. bibliografía).
(16) Vid. Silvia G. Dapía (1993: 49-139).
(17) Con respecto al término de hipotextualidad aquí utilizado vid. Alfonso de Toro (1992: 160).
(18) Vid. Jaime Alazraki (1990: 100).
(19) Vid. Foucault (1988:3).
(20) Con respecto al término “codificación” cfr. Guiraud (1992: 33).
(21) Utilizamos los términos substancia y forma en el sentido de Guiraud, quien a su vez se remite Hejelmslev. Vid. Guiraud (1992: 41-42). La forma se refiere a la conexión entre los signos y la substancia a todo aquello que se entiende bajo cierta palabra (signo).
(22) Derrida (1972:422).

BIBLIOGRAFÍA

Alazraki, Jaime: Borges and the New Critica! Idiom, en: Aizenberg, Edna (Ed.): Borges and His Successors. The Borgesian Impact on Literature and the Arts. University of Missouri Press. Columbia and London, 1990, pp. 99-108.

Dapía, Silvia G.: Die Rezeption der Sprachkritik Fritz Mauthners im Werk von Jorge Luis Borges. Koln, Weimar, Wien (Bohlau Verlag), 1993.

Derrida, Jacques: Die Struktur, das Zeichen und das Spiel im Diskurs der Wissenschaften vom Menschen, en: Derrida, Jacques: Die Schrift und die Differenz. Frankfurt am Main (Suhrkamp Verlag), 1972.

Deleuxe, Gille/Guattari, Félix: Rhizom. Berlín (Merve Verlag), 1977.

Eco, Umberto: Semiotik und Philosophie der Sprache. München (W. Fink Verlag), 1985.

Eco, Umberto: Über Spiegel und andere Phanomene. München (dtv), 1988.

Foucault, Michel: Las palabras y las cosas. México (Ed. Siglo XXI ) 1988.

Guiraud, Fierre: La semiología. México (Ed. Siglo XXI), 1992.

Toro, Alfonso de: El productor ‘rizomórfico’ y el lector como ‘detective literario’: la aventura de los signos o la postmodernidad del discurso borgesiano (intertextualidad-palimsesto-rizoma -deconstrucción), en Karl Alfred Blüher/Alfonso de Toro (Eds.): Jorge Luis Borges: Procedimientos literarios y bases epistemológicas. Frankfurt am Main (Verlag Klaus Dieter Vervuert), 1992.

Toro, Alfonso de: Borges y la “simulación rizomáíica dirigida “: percepción y objetivación de los signos, en: Revista de Estudios Hispánicos 28, (1994).

Kindlers Neues Literatur Lexikon. München 1991.

Enciclopaedia Britannica. Tomo 18 15a. Edición 1986.

Fuente :  Quetzal

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