lunes, 1 de junio de 2015

La profecía de Borges y Bioy




Marcelo Simonetti

Lo escribieron a cuatro manos, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Uno, Borges, no podía entender el fervor que el fútbol despertaba en la gente: veintidós hombres corriendo de manera estúpida detrás de un balón. El otro, Bioy, prefería el tenis. Aun así, una noche cualquiera de 1967 se impusieron la tarea de escribir un cuento en el que el fútbol fuera una cuestión capital dentro de la historia. Entonces nació Esse est percipi -en español, Ser es ser percibido-. Ajenos a la pasión futbolera, los dos argentinos concibieron el argumento de un cuento macabro para cualquier hincha: una conversación dejaba al descubierto que el fútbol se había convertido en una representación dramática a cargo de un hombre en una cabina y algunos actores. Todo pasaba por la televisión. De hecho, uno de los personajes del cuento, Tulio Savastano -presidente del club Abasto Junior-, verbaliza la tragedia: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37”.

Me acordé del cuento de Borges y Bioy cuando los diarios y los portales virtuales informaban de la reelección de Joseph Blatter el viernes último. Los votos le daban un triunfo avasallador: 133 contra 73 cosechados por Al-Hussein. Entre aplausos y abrazos, Blatter recibía el mandato de los presidentes de federaciones de seguir, por un quinto periodo, al mando de la FIFA. Pero tras los últimos acontecimientos, el presidente electo no tenía demasiadas razones para celebrar.

Las investigaciones del FBI no sólo develaron la responsabilidad de importantes colaboradores de Blatter en la comisión de delitos de corrupción, también dejaron entrever que el soborno es una práctica que al interior de la FIFA está establecida como parte del modo de hacer las cosas.

Desde hace años la FIFA nos ha hecho creer que las licitaciones por los derechos televisivos, que las votaciones de sus autoridades, que la elección de las sedes de las diferentes Copas del Mundo son realidad pura. Y sin embargo, vistas las pruebas y evidencias, no han sido más que pantomimas, verdaderas puestas en escena tan artificiales como los decorados de las antiguas películas de Godzilla. Y quién sabe cuántas cosas más tendrán la misma apariencia de verdad que luego de hurgar un poco terminará resquebrajándose.

¿Qué se puede esperar de este quinto mandato de Blatter? ¿Con qué autoridad moral gobernará en circunstancias que el descrédito de su imagen -más allá de los números de la votación- es evidente? ¿Cómo mantener la presunción de inocencia sobre su persona entendiendo que en una organización tan vertical como la FIFA se hace difícil creer que el presidente no supiera o sospechara de los negociados que se fraguaban casi en sus narices?

Pase lo que pase es de esperar que los acontecimientos no se desarrollen tan rápido y que cuando menos la Copa del Mundo de Rusia, en 2018, siga siendo lo que ha sido. De lo que no debiéramos sorprendernos es que Qatar 2022 se juegue sin estadios, dentro de un set de televisión, con un hombre en la cabina relatando partidos ficticios, falsos, que sólo cobrarán vida por el empeño y el oficio de un grupo de actores corriendo tras un balón.

Fuente : La tercera.com

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