martes, 9 de febrero de 2016

El casamiento de Borges




A mediados de los años 60, Borges comenzó a estrechar distancias con Esthercita Zemborain Dose, viuda de Eduardo Torres Duggan. Cultísima mujer, madre de cinco hijos, amiga de Victoria y Silvina Ocampo, atractiva, elegante y muy estimada en la sociedad porteña, daba la sensación de ser la compañera ideal para el poeta. Todos parecían verlo de esa manera, salvo Borges, quien seguía obsesionado con Elsa Astete, su novia en 1927, una mujer sencilla de inmensa bondad y muy apreciada por todos. El escritor llamó a Alicia, la hermana de su ex, para averiguar un poco. Se enteró de que había enviudado y vivía en Tigre. No perdió el tiempo. Convenció a Alicia de que organizara un sábado el té del reencuentro. Tuvo lugar en febrero de 1967.

Aquel sábado, luego del té y café con leche con masas en lo de Alicia, el escritor invitó a Elsa a comer al restaurante Pedemonte y luego fueron al cine. El agitado primer día terminó cuando ella acompañó a Borges a su casa en Maipú y Marcelo T. de Alvear (vivía con su madre Leonor) y después se dirigió sola hasta Retiro donde abordó el tren a Tigre. Los encuentros se multiplicaron. Borges le propuso casamiento a su antigua novia. La escena tuvo lugar mientras caminaban por la calle. Sin separar la vista del horizonte le soltó: “Podríamos casarnos”.

El próximo paso fue poner en autos a Madre, como él la llamaba. A partir de ahí, Elsa iba a almorzar todos los domingos a la casa de su suegra. Contó James Woodall -biógrafo de Borges- que en una oportunidad, Leonor convocó a ocho amigas para que estudiaran a su futura nuera. Parece que superó la prueba. El 4 de agosto, Elsa (57 años) y Borges (67) se presentaron en el registro civil y se convirtieron en marido y mujer. Para la unión por Iglesia hubo que esperar unas semanas. Dieron el sí en la Iglesia Nuestra Señora de las Victorias (Paraguay y Libertad), el 21 de septiembre. La ceremonia se inició con el ingreso del novio a las 16:20 (del brazo de Madre). La novia se presentó con un vestido negro y un sombrero de tul rosa. A dos cuadras, el contraste era elocuente. En aquel tiempo, se celebraba la llegada de la primavera y el Día del Estudiante a lo largo de la avenida Santa Fe. Por lo tanto, aún en medio de la solemnidad del casamiento (donde se escuchó la célebre marcha de Mendelssohn y en la salida la de Wagner), el bullicio primaveral no pasaba desapercibido.

Elsa vivía entonces cerca de allí, en Talcahuano y Marcelo T. de Alvear, pero la fiesta íntima fue en lo de Borges. Hubo brindis combinado con entretenidas conversaciones sociales hasta que los invitados comenzaron a retirarse.

Por fin quedaron solos: los novios, la madre del novio y Fanny, quien trabajó en casa de los Borges durante treinta años. Gracias a la entrevista que le hiciera Alejandro Vaccaro a Fanny (plasmado en el libro El señor Borges), podemos reconstruir lo que ocurrió en las últimas horas del día. Mamá Leonor le dijo a Georgie que debía ir con su flamante mujer a pasar la noche de bodas al hotel Dorá, vecino a la casa. Borges tenía otros planes: dormiría en su cama y lo haría solo. La madre insistía en que fuera al hotel, con un único argumento: “Para eso se casó”. Ganó el hijo testarudo y la madre acompañó a su nuera a la parada del colectivo que la llevó a su casa.

A la mañana siguiente, Fanny despertó al señor Borges y, divertida, le preguntó cómo había pasado la noche de bodas. El escritor no se hizo cargo de la broma y respondió que durante toda la noche había soñado que viajaba colgado en un tranvía.

Con Borges soñando que viajaba en tranvía mientras que Elsa Astete se alejaba en colectivo. Así se inició la historia de esta pareja de novios de 1927 que contrajo matrimonio en 1967.

Fuente : Blogs La Nacion
http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/romances/el-casamiento-de-borges/

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