lunes, 2 de mayo de 2011

Traiciones de la memoria

«Se lee con fascinación, sobre todo cuando se tiene la sensación de que, aunque todo lo que se cuenta sea cierto, aquello es, gracias a la magia con que está contado, una bella ficción.»
Mario Vargas Llosa

«Esta investigación para descubrir si un poema es o no de Borges es lo más emocionante que he leído sobre la pasión literaria en los últimos años.»
Jean Francois Fogel, Le Monde

Traiciones de la Memoria se presenta en la Feria del Libro de Buenos Aires, el miércoles 4 de mayo


El colombiano Héctor Abad Faciolince confirma en un libro la paternidad de cinco poemas de Borges. Y desde la literatura planta cara a la impunidad del asesinato de su padre que ese día llevaba en el bolsillo uno de esos poemas

El 25 de agosto de 1987 el doctor Héctor Abad, activista en favor de los desheredados y reiteradamente amenazado por sus denuncias de las desigualdades sociales, es abatido a tiros y en los bolsillos de su traje ensangrentado aparece un soneto apócrifo pero que todas las trazas de haber sido escrito por Borges. Algún tiempo después el hijo del fallecido, Héctor Abad Faciolince, llevará a cabo una apasionada investigación cuya finalidad será averiguar quién fue en realidad el autor del soneto y por qué lo llevaba el fallecido en el bolsillo.

Hace más de veinte años, el 25 de agosto de 1987, Héctor Abad acudía para identificar el cadáver de su padre antes del levantamiento. Lo habían asesinado en Medellín. Al vaciar los bolsillos encontró un poema escrito a mano y con las iniciales JLB. Ocupado durante meses con la indagación policial, Abad no entregó el poema al diario "El Espectador" hasta noviembre y allí se publicó firmado por Jorge Luis Borges. El poema, sin embargo, no aparecía en las Obras Completas y los especialistas acusaron a Abad de falsario. Debo resumir de un modo brutal una historia bella y detectivesca.

El caso es que no se resignó. No le angustiaba la acusación de los borgianos, sino la memoria de su padre. Aquel poema había sido lo último que pudo leer y era un poema sobre la certeza de una muerte próxima. Como si el poema anunciara lo que le iba a suceder. De modo que Abad comenzó una pesquisa que le llevó años, visitas a dos continentes, cientos de cartas, correos electrónicos, entrevistas. La autoría del poema era, además, una cuestión de honor porque Abad lo había hecho grabar en la tumba de su padre.


PRÓLOGO
Cuando uno sufre de esa forma tan peculiar de la brutalidad que es la mala memoria, el pasado tiene una consistencia casi tan irreal como el futuro. Si miro hacia atrás y trato de recordar los hechos que he vivido, los pasos que me han traído hoy hasta aquí, nunca estoy completamente seguro de si estoy rememorando o inventando. Cuando vivimos las cosas, en ese tiempo «durante» que llamamos presente, con ese peso devastador que tiene la realidad inmediata, todo parece trivial y consistente y duro como una mesa o un taburete; en cambio, cuando pasa el tiempo, las patas de ese taburete se rompen o se pierden, el asiento se dobla, el espaldar se deforma, el respaldo es devorado por el comején, y las cosas terminan siendo tan irreales como ese objeto definido una vez maravillosamente por Lichtenberg: «Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango». ¿Qué objeto es ese? Un objeto que puede existir tan solo en las palabras, una cosa que no se puede mostrar, pero una cosa que ustedes pueden ver en esa frase: «Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango». Eso es el pasado casi siempre, algo que ya no es y de lo cual solo nos queda el rastro de las palabras.

Lo ya ocurrido y lo que está por venir, en mi cabeza, son apenas conjeturas. Los relatos autobiográficos que componen este libro tienen esa consistencia mixta: o la paciente reconstrucción por indicios de un pasado que ya no se recuerda bien («Un poema en el bolsillo» y «Un camino equivocado»), o el asombro ante un futuro que quizás ya no seremos nunca («Ex futuros»). Estos relatos aparecieron inicialmente -en versiones más cortas y rudimentarias- en las siguientes publicaciones periódicas: Granta, El Malpensante, Letras Libres y El Espectador. Aquí están corregidos, menos incompletos, y, en algunos casos, con el material visual que me ayudó a rescatarlos de la confusión y de la desmemoria.

Fuente : El Boomeran
Félix de Azúa - sábado, 29 de mayo de 2010
Alfaguara


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