sábado, 12 de abril de 2014

La reedición de un clásico que se anticipó al boom latinoamericano




Por José Loschi

Los años 60 fueron los de la explosión de la literatura latinoamericana. Tanto en la región como en los Estados Unidos y Europa, millones de lectores se asomaron por primera vez a un mundo de ficciones que con su capacidad de invención mostraba al mismo tiempo una proximidad con el sustrato de la realidad cotidiana en las diversas zonas de América Latina. El boom, como se dio en llamar este fenómeno -ante todo- editorial, se extendió a lo largo de esa década apoyado en la aparición de un público lector masivo que permitió un nivel de ventas pocas veces alcanzado antes o después en esta parte del mundo. Aunque también por entonces fueron pocas las obras que gozaron del mismo éxito que Rayuela o Cien años de soledad.

Publicado en 1964, Los nuestros fue uno de los primeros libros en dar fe del nuevo mundo narrativo. Los escritores que entrevistó Luis Harss iban dejando atrás su pequeño culto para muy pronto alcanzar status de figuras públicas en sus respectivos países. Algunos de ellos, como Borges y Juan Rulfo, ya habían escrito sus mejores páginas en la década previa o incluso antes. Harss engancha el momento justo de transición hacia lo que, con ironía, David Viñas llamó el vedettismo de estas figuras literarias. Tal vez hoy lamentamos que el libro no haya sido íntegramente las entrevistas que tuvo con ellos. Pero en aquel momento todavía era necesario presentar tanto a los autores como a sus obras. Harss se distancia de sus voces para ensayar distintas formas de acercamiento, desde la biografía y la crítica literaria al ensayo histórico, y hasta de la crónica al simulacro de autor, como cuando relata casi miméticamente su encuentro con Onetti en un lúgubre hotel céntrico de Montevideo.

¿En qué se reconocen los distintos autores entrevistados en este volumen y sus ficciones? ¿Cuál es la pertenencia que señala el título? Más allá de las listas y las etiquetas puestas por el mercado, más acá de la fama y el éxito que alcanzaron, Harss traza junto con sus perfiles un mapa que abarca zonas tan reales como imaginarias, desde el arrabal porteño de Borges o el sertão de Guimaraes Rosa hasta Macondo y Santa María, donde habitan los personajes individualistas del escritor uruguayo y los luchadores de buenas causas de Miguel Ángel Asturias. Lo que se muestra en todos ellos es el dominio del lenguaje para inventar un espacio en el que por fin se identifica una expresión a la vez local y universal, que trasciende las tendencias vanguardistas y regionalistas de primera mitad del siglo.

En una mirada retrospectiva del boom que tuvo su conferencia en Washington por los años 80, el crítico Jean Franco observó que a diferencia de la novela europea, que en su apogeo "cuenta la historia del individuo en la sociedad",  la novela latinoamericana que emergió con el boom  "situó al individuo como inventor o fundador al margen de la sociedad e incluso totalmente fuera de ella". La paradoja de este grupo de autores, que en cierto modo encarnaron a sus personajes, fue también su excepcionalidad: si pudieron mantener un margen para sus creaciones al mismo tiempo que la sociedad y el mercado los demandaba fue porque se habían ganado el apoyo de un público y una editorial que les daba por primera vez la posibilidad de entregarse enteros a sus propias obras.

La reedición de este clásico, que sigue los pasos de otras ediciones aniversario del boom, nos devuelve una imagen del escritor latinoamericano que desde entonces está cambiando. Hoy, lejos de las tapas de los diarios y la pantalla de televisión, la exposición y el contacto con los lectores parece tener lugar en espacios como Twitter. Allí se puede ver que Tlön ingresó hace rato en la realidad, y es esta la que presiona ahora sobre la ficción.

Fuente : Infobae.com



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