jueves, 25 de diciembre de 2014

EL LABERINTO DE ESPEJOS. Ficciones, Jorge Luis Borges



Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan.

Jorge Luis Borges

Desde la perspectiva de nuestra concepción cultural occidental y moderna, solemos aproximarnos a la realidad de dos maneras, alternativa o simultáneamente: mediante la experiencia, o a través de los libros. Borges se inclina, y se ve inmerso, por circunstancias familiares y voluntad propia, en la segunda. Nacido en Buenos Aires en 1899 en el seno de una familia culta, creció entre la memoria de sus bisabuelos, de su abuelo paterno, héroes de sucesivas guerras patrias; la instrucción de sus abuelas que le educaron en la corrección inglesa y en la sobriedad criolla; la protección de su entusiasta hermana Norah; la actitud intelectual de sus padres.

Mujer de inteligencia rápida (…) Leonor Acevedo siempre estuvo orgullosa de sí misma, de su familia, de su clase y, en grado superlativo, del talento de su hijo (1).

En cuanto a su padre, Jorge Guillermo Borges,

le enseñó a su hijo tres cosas: el poder de la poesía, aceptar con estoicismo las desdichas físicas y buscar en la filosofía, o mejor, en los diferentes sistemas filosóficos, las explicaciones últimas (2).

En el ambiente intelectual de la familia se integran los amigos del padre que frecuentan la casa, hombres inquietos que se apasionan en vehementes disquisiciones tertulianas. Uno de estos personajes influirá vivamente en Borges: Macedonio Fernández. Borges
manifiesta admiración por un personaje que torna mítico, casi creación fantástica (…). Macedonio se solazaba en la apología del filósofo volado, del hombre que se ufana de ser absurdo: “Tienes que disculparme el no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo de que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y hasta me olvido de avergonzarme”. Muchos no le encuentran gracia, pero Borges lo consideró un portento (3).

En este entorno familiar Jorge Luis Borges, Georgie, creció rodeado de libros que empezó a leer y traducir desde pequeño. Borges fundó un universo propio en el que convivía con los personajes de los libros, pero también con sus autores, considerándolos a todos por igual sus compañeros de juegos. Su casa de Buenos Aires, las diversas estancias donde pasaban los veranos, sus viajes por Argentina y sus residencias en Europa, se convirtieron en escenarios fantásticos donde se desarrollaba su vida. Ese aprendizaje del mundo a través de la vía intelectual tiene como consecuencia una visión más global del mundo. La experiencia siempre nos ofrece un punto de vista parcial y sesgado, mientras que a través de la lectura podemos acceder a perspectivas diversas, tanto cronológicas como espaciales, con las que esbozar en nuestra mente un panorama más amplio, completo y, a la vez, aparentemente contradictorio, del universo, conocido o intuido, que nos rodea. Esta dilatada percepción lleva a Borges a conclusiones a veces difíciles de asumir por el lector, como la existencia del Aleph, el universo concentrado en una esfera de apenas unos centímetros; como la idea herética y sacrílega de que Dios elija ser Judas. Borges siguió toda su vida este camino intelectual iniciado en su infancia. Eso podría explicar el desapego a las cuestiones físicas que sugieren sus biógrafos. De ahí también su declarado anarquismo, pues frente al orden del universo las pretendidas leyes humanas no pueden sino resultar falaces. Sus restos descansan en Ginebra, dónde murió en 1986, bajo una lápida de clara evocación épica.

El pedido de Borges: ‘Sólo pido / Las dos abstractas fechas y el olvido’ no fue tenido en cuenta (4).


Debo a la conjunción de un espejo y una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.

La obra de Borges Ficciones, publicada en 1944, aparece como reunión de dos libros del autor argentino, El jardín de senderos que se bifurcan, de 1941, y Artificios, de 1944. Lo que a primera vista se presenta como una colección de relatos independientes, puede convertirse, bajo el influjo del propio autor y siguiendo la propuesta que él mismo lanza desde sus páginas, en un laberinto en sí mismo, un recorrido por espacios y tiempos que convergen en las esquinas de las narraciones, un laberinto conformado por pasillos adornados de espejos que reflejan retazos de las demás estancias. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias (p.87) (5). Borges nos propone un juego, una adivinanza, a la que nos invita a cada tramo de lectura, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres (p.39). ¿Cual es el objeto final propuesto por Borges al final del camino? En puridad, no sería descabellado afirmar que ninguno, pues cada encrucijada daría lugar a un nuevo recorrido: infinitas historias, infinitamente ramificadas (p.82). Así, podemos explorar Ficciones como el laberinto, siguiendo la estela de las imágenes que se repiten en distintos espacios y tiempos, donde la historia de un hombre es la de todos los hombres, cualquier hombre es todos los hombres (p.143), y el universo infinito se resuelve como un infinito juego de azares (p.76).

La posibilidad de tal infinitud elude en cierto modo el compromiso ético, pues el autor no va a mostrar inclinación por cualquiera de las múltiples vicisitudes y los heterogéneos desenlaces a los que se verán abocados los protagonistas de los cuentos, sino que cualquiera de ellos será igualmente natural y admisible. Recogeremos el guante que el autor nos arroja y aceptaremos el reto de adentrarnos en el laberinto de palabras que se abre ante nosotros. Borges confía en que el viaje será largo y placentero, y que nuestra inteligencia será capaz de asumir el asombro. El lector de este libro singular es más perspicaz que el detective (p.79), nos anima el poeta.


A la realidad le gustan las simetrías.

La primera pista que encontramos en el laberinto de la obra es la presencia de espejos a los largo de sus páginas. Hemos visto que es el primer objeto que el autor nombra, y aunque, según sus biógrafos, su apariencia siempre despertó el miedo en Borges desde niño, no puede sustraerse a la fascinación que le producen, y se convierten, como ya anunciábamos, en un elemento principal en esta lectura de Ficciones que proponemos. Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres (p.14), afirma en ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’. Estos espejos dan lugar a la multiplicidad, pero cada uno de sus reflejos será, a la par de simétrico, opuesto, y dará lugar a nuevas digresiones, nuevos sucesos inversos en los que la muerte precede al nacimiento y la cicatriz a la herida y la herida al golpe (p.80). En ‘La biblioteca de Babel’ el espejo refleja la magnitud inabarcable del universo, las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito (p.87). A ‘Funes el memorioso’, su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez (p.134). Condenado por el azar y por un caballo embravecido a tener plena conciencia de todas y cada una de las partículas que le rodean, el joven Ireneo soporta la carga fatigosa y magnífica de su omnisciencia. El detective Lönnrot se multiplica infinitamente en espejos opuestos (p.166) en su deambular por Triste-le-Roy, la quinta abandonada en donde está a punto de resolver el enigma que le ha llevado hasta allí -aunque, paradójicamente, él aún no sepa que ese va a ser su último caso-, en el relato policial ‘La muerte y la brújula’. En ‘Tres versiones de Judas’, Borges argumenta la supuesta traición de Judas como un acto de redención, para el cual, si Dios se humilla a ser hombre, el hombre debe rebajarse a ser infame, pues el orden inferior es un espejo del orden superior (p.187). ‘Las ruinas circulares’, donde un individuo sueña a otro y lo proyecta a un escenario análogo a repetir los actos que él mismo ha llevado a cabo, se abre con una cita de la obra de Lewis Carroll “A través del espejo”. ‘The secret mirror’ es el título de la comedia heroica que lleva al éxito al personaje Herbert Quain, en la que la trama de los actos es paralela, pero en el segundo todo es ligeramente horrible (p.84). Todos estos espejos

que ‘amueblan’ los relatos son los que invitan al lector a seguir los diferentes ramales que el camino va dibujando hasta el infinito. Así, los temas y las ideas que Borges va desgranando encontrarán su igual, su símil o su opuesto transitando por los cuentos.

Para la otra vez que lo mate –replicó Scharlach- le prometo ese laberinto, que consta de una sola línea recta y que es invisible, incesante.

Borges nos propone adentrarnos en su laberinto, perdernos sin miedo por sus sinuosidades, sin un objetivo aparente. El laberinto parece no tener fin. Sus senderos se abren y cierran en innumerables variaciones que coinciden y divergen a cada paso. La idea de Borges del universo y la vida como ese laberinto, la falta de sentido de la existencia humana que toma de Schopenhauer, le lleva a una expresión lúdica de la misma, donde las decisiones que llevarán al individuo por un determinado derrotero estarán inevitablemente influidas por el azar. Tal vez lo único que Borges pretende con esta propuesta es que algún día uno de sus lectores-detectives se convierta en su redentor y, como Teseo a Asterión, le salve de esa terrible prisión a que ha sido condenado: la vida. El laberinto como representación de la vida, se repite también a los largo de los relatos, para que el lector no olvide que la realidad se extiende mucho más allá de los límites de la simplicidad de los hombres. Tlön es un laberinto urdido por los hombres (p.39). La idea de un universo ingeniado por el hombre resulta acaso fantástica para los lectores, pero, ¿no son todas las civilizaciones, todas las filosofías, todas las religiones, todas las ciencias, únicamente el fruto de la mente de los hombres? El laberinto aparece también en ‘La lotería de Babilonia’, como el recinto donde todo hombre libre automáticamente participaba en los sorteos sagrados que se efectuaban cada sesenta noches (p.71). En este relato los individuos no resuelven que camino tomar, sino que se entregan al azar asumiendo todas las consecuencias. Herbert Quain titula su primer libro ‘The God of the Labyrint’ (p.77), y desarrolla en su obra posterior la simetría y la divagación. Por supuesto, ‘La biblioteca de Babel’, ilimitada y periódica (p.99), iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, inútil, incorruptible, secreta (p.98), no es sino ese laberinto que es representación del universo, cuyos libros son, en multitud de ocasiones, mero laberinto de letras (p.89). El doctor Stephen Albert, exégeta del Laberinto de Ts’ui Pên, ‘El jardín de senderos que se bifurca’, se refugia él mismo en el interior de un laberinto, según las palabras del doctor Yu Tsun: el consejo de siempre doblar a la izquierda me recordó que tal era el procedimiento común para descubrir el patio central de ciertos laberintos (p.106). El laberinto de Ts’ui Pên se bifurca en el tiempo, no en el espacio (p.112), lo que prefigura cualquier desenlace posible, incluso el más insospechado, como la muerte de Albert a manos de Yu Tsun. En ‘Tema del traidor y el héroe’ Ryan, indagando sobre la vida de su bisabuelo Kilpatrick, héroe nacional, encuentra claves que se repiten de manera paralela en otras historias y personajes. De esos laberintos circulares lo salva una curiosa comprobación, una comprobación que luego lo abisma en otros laberintos más inextricables y heterogéneos (p.148), hasta descubrir que él mismo no es sino un elemento más de la trama. El más ilustre de los pistoleros del Sur, Dandy Red Scharlach (p.162), se refugia en la quinta de Triste-le-Roy, que abunda en inútiles simetrías y en repeticiones maníacas (p.165) tras un tiroteo en un garito en el que fue arrestado su hermano. Allí juró por el dios que ve con dos caras y por todos los dioses de la fiebre y de los espejos tejer un laberinto en torno al hombre que había encarcelado a mi hermano (p.168). Este es el tema de ‘La muerte y la brújula’, que narra cómo el detective Lönnrot consigue llegar al centro del laberinto, sólo para encontrar su propia muerte. En ‘El milagro secreto’, el escritor de origen judío Jaromir Hladík es arrestado y condenado a muerte por los nazis. Minutos antes de la hora prevista para su fusilamiento es conducido al patio. Hladík había previsto un laberinto de galerías, escaleras y pabellones (p.180). La realidad, más acorde con su sórdido destino, fue parca en detalles.

-¿Su antepasado? ¿Su ilustre antepasado? Adelante.

Casi como estampas, como cromos en un álbum, Borges utiliza a lo largo de la obra pequeños retazos de su propia vida. Como meras referencias a veces, parte del paisaje o del paisanaje, dando nombre a otros personajes como una reverencia a su memoria, encontramos en algunos relatos, más que una presencia, un reflejo singular en alguno de los espejos que antes mencionábamos, una alusión a su realidad intrincada con la ficción. Su amigo Bioy Casares es el primero que aparece como responsable del descubrimiento del universo imaginario de Tlön por el propio Borges: Al día siguiente Bioy me llamó desde Buenos Aires. Me dijo que tenía a la vista el artículo sobre Uqbar, en el volumen XXVI de la Enciclopedia (p.15). El hallazgo de este nuevo cosmos tiene lugar en el escenario real de Buenos Aires, dónde visitan la Biblioteca Nacional en busca, infructuosa, de información. También en un escenario conocido, el hotel de Adrogué, donde la familia Borges solía pasar el verano durante la infancia del escritor, encuentra por fin el libro anhelado: A First Encyclopaedia of Tlön. Vol XI. Hlaer to Jangr (p.20). ‘La Biblioteca de Babel’ narra en clave fantástica la peregrinación por el universo literario que Borges viene recorriendo desde la infancia. Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos (p.87). Borges trabajó durante casi nueve años en la Biblioteca Miguel Cané, destinado al departamento de clasificación y catalogación. Según narra Mª Esther Vázquez, fue un tiempo de “firme infelicidad”.

Los compañeros, con la excepción de uno sólo, eran gente vulgar interesada en las carreras, en el fútbol y en cuentos verdes (6).

Es posible encontrar un retrato irónico de estos compañeros en ‘La Biblioteca de Babel’: Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros (p.90).

El cuento ‘Funes el memorioso’ se desarrolla en Uruguay, en el pueblo de Fray Bentos, dónde el narrador pasa las vacaciones en la estancia de sus parientes, la familia Haedo. Este es también el apellido de los primos de la madre de Borges. En la quinta de estos familiares, en Paso del Molino, cerca de Montevideo, pasaban los Borges parte del verano, antes de trasladarse a Adrogué.

Cuenta Alicia Jurado, en su libro ‘Genio y figura de Borges’, que en el Paso del Molino había un mirador con una escalera de caracol, sus ventanas de vidrios de colores supone que inspiraron a Borges los rombos rojos y verdes de Triste-le-Roy (7).

También en ‘Funes el memorioso’, en el sistema de numeración que éste había discurrido, Luis Melián Lafinur es el nombre dado a uno de los números. Era primo de Jorge Guillermo Borges, el padre del autor. De igual manera da un nombre familiar a uno de los personajes de ‘La muerte y la brújula’, Azevedo, que era el apellido de su madre, aunque escrito Acevedo. Sorprende que diera este nombre al personaje de Daniel Simón Azevedo, hombre de alguna fama en los antiguos arrabales del Norte, que había ascendido de carrero a guapo electoral, para degenerar después en ladrón y hasta en delator (p.158), habida cuenta la veneración y respeto que Borges declaró siempre por su madre. Pero quizás algún remoto e inconfesable episodio protagonizado por un familiar deshonesto le llevó a ponerle su nombre al infame personaje. La abuela paterna de Borges, Fanny Haslam, cede también su apellido a un personaje, en este caso el autor de “History of the Land Called Uqbar” 1874 (p.17), Silas Haslam. Jorge Guillermo Borges había muerto en 1938 por la rotura de un aneurisma. Dos personajes de Ficciones fallecen de idéntica patología: Herbet Ashe, en ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’; Nils Runeberg, el teólogo autor de las vindicaciones del apóstol traidor en ‘Tres versiones de Judas’. En esta última narración, se cita al hebraísta dinamarqués Eric Erfjord (p.189) como autor del prólogo de una de las obras de Runeberg. Erfjord era el apellido de una tía de Borges, la esposa de su tío paterno Francisco Borges.

Otro Francisco Borges, abuelo del autor, el coronel Borges, había luchado contra los indios en la frontera, entre otras acciones y murió en un acto de honor:

Los mitristas fueron vencidos en la batalla de La Verde; el coronel Borges vistió un poncho blanco, montó a caballo y, con los brazos cruzados sobre el pecho, avanzó lentamente hacia las trincheras de los vencedores” (8).

En ‘El Sur’, Francisco Flores, abuelo del protagonista, Juan Dahlmann –quien trabaja, como Borges, en una biblioteca-, también muere en acto de batalla, pero luchando contra los indios de la frontera. En la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann eligió el de ese antepasado romántico, o de muerte romántica. Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas músicas (…) fomentaron ese criollismo algo voluntario, pero nunca ostentoso (p.205). En su poema ‘Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges’, escribiría de nuevo: mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada (9). En las lineas finales de ‘El Sur’, si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor (p.215): el protagonista se enfrenta con firmeza, como había hecho el coronel Borges, a la muerte cierta que le espera.

Por antecomedores y galerías salió a patios iguales y repetidas veces al mismo patio.

Proponíamos al principio un recorrido laberíntico por Ficciones, un tránsito no lineal, sino dejándonos llevar por desvíos insinuados, por la confusión de un espejismo, por el reflejo en el azogue que nos depara múltiples visiones; soluciones precarias a incógnitas plurales que, aunque sigan sin resolver nuestros interrogantes, nos reconforten con la esperanza que subyace en la incertidumbre. Muchos son los senderos que se bifurcan, que transitan de un cuento a otro sin llegar a conclusión alguna. Hemos señalado tres elementos que se repiten con insistencia a lo largo de la obra: los espejos, el laberinto, las referencias personales. Retomando uno de estos últimos, por ejemplo, mencionábamos la presencia de un personaje, Eric Erfjord, en ‘Tres versiones de Judas’. En una nota al margen, se indica que Erfjord, para justificar esa afirmación invoca el último capítulo del primer tomo de la ‘Vindicación de la eternidad’, de Jaromir Hladík (p.190). Hladík es el protagonista de ‘El milagro secreto’. En el relato, escribe un drama titulado ‘Los enemigos’, en el que la trama del primer acto resulta ser, en el segundo acto, el delirio de uno de los personajes. Este es, en lineas generales, el argumento análogo de ‘The Secret Mirror’, la comedia que escribe el protagonista de ‘Examen de la obra de Herbert Quain’. El pretexto de este cuento es realizar una loa elegíaca a la muerte de un escritor, que comienza con un reproche: las necrológicas que le ha dedicado la prensa son evocaciones que nadie juzgará inevitables y que no hubieran alegrado al difunto (p.77). En el primer párrafo de ‘Pierre Menard, autor del Quijote’, de nuevo el desagravio a un autor difunto: Diríase que ayer nos reunimos ante el mármol final y entre los cipreses infaustos y ya el Error trata de empañar su Memoria… (p.41). En este cuento cita Borges a diversos autores filosóficos y literarios, y muchos de ellos encuentran su correspondencia en otros relatos. Así, Russell aparece en una nota al margen de ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’ –en Tlön, a veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro (p.33), quizás por ello un tigre o caballo de piedra corona el recinto circular (p.56) de ‘Las ruinas circulares’-; Shakespeare es parte esencial de la trama narrada en ‘Tema del traidor y el héroe’, y también es mencionado en ‘La secta del Fénix’; “Salammbó” refleja la imagen de su autor, Flaubert, en el cuento ‘El milagro secreto’; la alusión a Edmond Teste nos remite de nuevo a ‘Examen de la obra de Herbert Quain’. A propósito de Quain, el propio Borges confiesa en el cuento: De ‘The Rose of Yesterday’, yo cometí la ingenuidad de extraer ‘Las ruinas circulares’, que es una de las narraciones del libro “El jardín de senderos que se bifurcan” (p.85). Así surgen nuevos caminos que siguen entrecruzándose y tejiendo el artificioso laberinto. En ‘La secta del Fénix’ se apela a textos de Tácito para argumentar su origen; los libros perdidos de este autor se encuentran en ‘La Biblioteca de Babel’, donde es posible encontrar también el evangelio gnóstico de Basílides (p.92), que se cita en ‘Tres versiones de Judas’. El protagonista de este relato, Nils Runeberg, se apellida igual que el agente alemán eliminado por Madden en ‘El jardín de senderos que se bifurcan’ (aunque su nombre real era Rabener). De nuevo en ‘El jardín’, el doctor Albert señala las “Mil y Una Noches” en su argumentación sobre un posible libro infinito. Dicha obra desencadena, de alguna manera, los acontecimientos del último cuento del libro, ‘El sur’. Juan Dahlmann lee las narraciones de Sherezade durante su viaje en tren hacia la estancia que posee en el Sur; Lönnrot, en ‘La muerte y la brújula’, también toma el tren hacia el sur en pos de un asesino. Ambos contemplan desde la ventanilla como la ciudad se desgarraba en suburbios (p.210). Ambos encontrarán una suerte análoga al final del trayecto. La última aventura de Lönnrot había comenzado con la investigación de un crimen cometido a causa de un funesto error. En realidad, el asesino sólo pretendía robar unos zafiros. Uno de estos zafiros quizás sea arrojado al río, si así lo determina ‘La Lotería de Babilonia’: un sorteo decreta que se arroje a las aguas del Eufrates un zafiro de Taprobana (p.74). La Compañía, que administra el funcionamiento de la lotería, utiliza espías para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos terrores de cada cual (p.71). Además, en cierta letrina pueden los ciudadanos depositar delaciones. También hay letrinas en los zaguanes que unen las galerías de ‘La Biblioteca de Babel’, y un espejo, que fielmente duplica las apariencias (p.87). De la misma manera que Lönnrot se multiplicó en espejos opuestos (p.166) antes de encontrarse con su enemigo. Cuando éste habló, Lönnrot oyó en su voz una fatigada victoria (…), una tristeza no menor que aquel odio (p.167). De manera similar declara Yu Tsun tras su crimen: No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio (p.118). Yu Tsun es un espía alemán con la misión de facilitar un ataque a Inglaterra durante la primera guerra mundial. Casi un siglo antes, Gran Bretaña había sido el enemigo para otros contendientes: Irlanda. En ‘Tema del traidor y el héroe’, un lider irlandés, Kilpatrick, resulta ser el delator que traiciona a su propia causa, y, como acto de redención, firma su propia sentencia de muerte. Para no desvirtuar los propósitos revolucionarios, se planea una ejecución espectacular, que simule una muerte heróica, tomando elementos de varias fuentes, entre ellas la obra de Shakespeare Julio César. En ‘Funes el memorioso’, los comentarios de Julio César es una de las obras que el narrador lleva consigo. Irineo Funes, tras un aparatoso accidente, había quedado tullido (…) y no se movía del catre (p.126). En el cuento ‘El fin’, Recabarren vive también postrado, a causa de una hemiplejia. Desde su lecho, es testigo de la pelea entre Martín Fierro y el negro que quiere vengar la muerte de su hermano -como Scharlach ha vengado la de su hermano con la muerte de Lönnrot-. Como Dohlmann en ‘El Sur’, Fierro y el negro salen a batirse a cuchillo a la puerta de la pulpería. Antes de morir, Fierro alcanza a herir al negro y marcarle la cara. La misma marca en forma de media luna que exhibe John Vincent Moon en ‘La forma de la espada’. Moon repite, cien años después, el personaje de Kilpatrick: es irlandés, es revolucionario, es traidor. Pero en este cuento, el traidor no redime su culpa mediante el sacrificio, como había hecho Kilpatrick, sino que tras vender a sus compañeros de rebelión -cobró los dineros de Judas (p.145)-, huye y debe soportar toda la vida el peso de su infamia. El sacrificio por la redención es el argumento que desarrolla Borges en el cuento ‘Tres versiones de Judas’. Plantea las tres tesis de Runeberg que intentan dar sentido a la traición del apóstol: en la primera, si Dios se humilla a ser hombre, Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator (el peor delito que la infamia soporta) (p.187); la segunda versión propone para Judas un hiperbólico y hasta ilimitado ascetismo(…) Pensó que la felicidad, como el bien, es un atributo divino y que no deben usurparlo los hombres (p.188); por último, la tercera tesis: Dios totalmente se hizo hombre pero hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo.(…) eligió un ínfimo destino: fue Judas (p.191). Elucidaciones sobre el mismo principio que, como “April March” de Herbert Quain, como las galerías de la Biblioteca, como el jardín de Ts’ui Pên, como el mismo libro Ficciones, pueden bifurcarse de manera ilimitada y periódica (p.99). Ab aeterno (p.88).

He conjeturado el plan de ese caos.

Podríamos seguir dando vueltas por el laberinto de Ficciones, acompañar a Borges por los vericuetos que despliega en sus páginas, y el camino cada vez sería distinto. O no. Si asumimos como base la idea de que yo soy los otros (p. 143), no importa que alternativas ponga el laberinto ante nosotros, indiferente a nuestro paso por el mundo un mismo destino nos estará esperando. La historia del hombre como Borges la entiende y quiere representar, no es sino la repetición inacabable de los mismos episodios con alguna variante en el argumento, en el carácter o la fisonomía del protagonista, un escenario disfrazado, complicidades y animadversiones que oscilan de uno al otro lado del péndulo. Jaime Alazraki, en su estudio sobre los cuentos de Borges, opina:

De todas las versiones del eterno retorno, la que Borges prefiere es aquella que considera que los ciclos que se repiten infinitamente no son idénticos sino similares (10)

Igual que la Biblioteca de Babel contiene todas las obras y, en consecuencia, muchas de ellas difieren de otras sólo por algún carácter, hemos visto cómo los relatos de la obra desarrollan temas y circunstancias semejantes, incluso idénticas, pero que siempre acaban bifurcándose para dar lugar a una situación distinta. El laberinto es la representación de un universo cuyas leyes escapan por su inabarcable magnitud a los límites de la inteligencia humana. Todas las religiones, las filosofías, las ciencias, las artes, no son sino un intento de comprensión, o cuanto menos de aprehensión, de ese magma que aparece ante nuestros ojos infinito, absoluto, ignoto. Borges opta por la vía literaria, pero no desde los presupuestos de un razonamiento trasnochado que adjudica al cosmos unos límites a imitación de los pobres contornos del ser humano, sino que se sitúa como una partícula más en el cosmos, se deja llevar por sus corrientes y no admite demarcaciones ni conclusiones cerradas. De ahí que un mismo argumento tenga la misma validez en cualquier tiempo y espacio, que la vida del hombre pueda desarrollarse en similares términos independientemente de sus circunstancias. Borges construye con su lenguaje un laberinto para que el lector juegue en él hasta tomar conciencia de su ínfima y defectuosa presencia en el orden cósmico. Para ello funde realidad con ficción: personajes reales y caracteres inventados aparecen de manera contemporánea en una misma escena; citas apócrifas de autores reales que se mezclan con afirmaciones filosóficas históricas; inventa polémicas basadas en su magnífica erudición. Borges defiende esta concepción literaria como la verdadera esencia de la creación y la escritura, y la justifica con toda la tradición presente en la literatura de la antigüedad: la Biblia hebrea, los Vedas hindúes, la literatura fantástica china, la mitología griega, las Mil y Una Noches árabes,… Borges toma elementos presentes en la tradición literaria, filosófica, religiosa, y los convierte en materia prima de sus invenciones. Este artificio le lleva a otra conclusión también muy presente en su obra, y consecuente con lo hasta ahora expuesto: si un hombre es todos los hombres, todas las obras son obras de un mismo autor, que es atemporal y anónimo (p.31) Ese autor es la propia humanidad, que desde sus orígenes, desde el despertar remoto de su conciencia, ha ido forjando con sus palabras la historia y los mitos que conocemos. Rodríguez Monegal aboga por esa sabiduría natural y atávica como base de la obra de Borges

Algunos de sus símbolos le llegan de la tradición más ancestral: sirven para expresar esos temas que parecen no creados por un individuo sino por un autor colectivo y eterno (11)

El laberinto va a convertirse en el armazón donde inscribir esa idea universal de la historia, de la sabiduría, del destino. Un laberinto que se dispersa en meandros que se entrecruzan y cuyas tramoyas y actores se reflejan de manera infinita y simultanea en el espejo que multiplica, fragmenta y enfrenta al hombre con su propia identidad.

(1) María Esther Vázquez. Borges, esplendor y derrota. Tusquets Editores. Barcelona, 1996. Pag. 29

(2) Idem. Pag. 30

(3) Volodia Teitelboim. Los dos Borges. Ed. Meran. La Roda, 2003. Pag. 62

(4) María Esther Vázquez. Op. cit.. Pag. 332

(5) Jorge Luis Borges. Ficciones. Alianza Editorial. Madrid, 2002. En todas las citas que siguen se utiliza esta edición y se señala el número de página.

(6) María Esther Vázquez. Op. cit. Pag. 157

(7) María Esther Vázquez. Op. Cit. Pag. 157

(8) María Esther Vázquez Op. cit. Pag. 26

(9) Jorge Luis Borges. Obra Poética. Emecé Editores. Buenos Aires, 1994. Pag. 141

(10) Jaime Alazraki. La prosa narrativa de Jorge Luis Borges. Editorial Gredos. Madrid, 1968. Pag.84

(11) Emir Rodríguez Monegal. Borges por él mismo. Monte Avila Editores. Caracas, 1991. Pag. 96

Bibliografía

ALAZRAKI, Jaime. La prosa narrativa de Jorge Luis Borges. Editorial Gredos. Madrid, 1968

BORGES, Jorge Luis; BIOY CASARES, Adolfo; OCAMPO, Silvina. Antología de la literatura fantástica. Edhasa. Barcelona, 1996

BORGES, Jorge Luis. Ficciones. Alianza Editorial. Madrid, 2002

BORGES, Jorge Luis. Obras Completas. Emecé Editores. Barcelona, 1997

BORGES, Jorge Luis. Obra Poética. Emecé Editores. Buenos Aires, 1994

CUNHA, Elo. Jorge Luis Borges: Enigmas e Labirintos Literários. Revista ZUNÁI, 2007 (internet)

OVIEDO, José María. Historia de la literatura hispanoamericana. Alianza Editorial. Madrid, 2001

PEICOVICH, Esteban. Borges, el palabrista. Ediciones Libertarias. Madrid, 1999

REIS BRANDAO, Márcia. O real e o virtual em um conto de Borges. Revista ZUNÁI, 2003 – 2005. (internet)

RODRIGUEZ MONEGAL. Emir. Borges por él mismo. Monte Avila Editores. Caracas, 1991

TEITELBOIM, Volodia. Los dos Borges. Vida, sueños, enigmas. Ediciones Meran. La Roda, 2003

VAZQUEZ, María Esther. Borges, esplendor y derrota. Tusquets Editores. Barcelona, 1996

Fuente :  De poetas y energumenos


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