viernes, 10 de junio de 2011

Marcel Schwob y la re-ingeniería creativa de Borges


Acusar de plagio a un hombre que aseguró por activa y por pasiva que el lector tiene una parte tan importante en la formación de un texto literario como el autor sería absurdo. Así que la intención de esta nota no es en ningún caso tratar de restar originalidad a las ideas y temas borgeanos, sino proporcionar una pista interesante sobre algunos de éstos.

Que Borges leyó a Marcel Schwob es algo que está fuera de duda, desde el momento en que el rioplatense dedicó al francés uno de sus incontables prólogos/artículos/textos magistrales. Dando por sentada esta familiaridad, cabe señalar dos o tres notables coincidencias que ponen de manifiesto la forma en que el autor rioplatense llevaba a su molino el agua que había pasado anteriormente bajo el de otros autores.

En primer lugar, está la semejanza estructural entre las Vidas imaginarias (1896), de Marcel Schwob, y la Historia universal de la infamia (1935), de Jorge Luis Borges. Como escribe el propio Borges: «los protagonistas [de las Vidas de Schwob] son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de esta obra está en ese vaivén…». Algo parecido sucede en la Historia universal de la infamia, cuyos personajes son reales o casi reales, puesto que lo único que hace el autor es cambiarles el nombre, mientras que los hechos que se les imputan o atribuyen son más bien imaginarios, aunque, al igual que en el caso de Schwob, podrían haber sido reales, por lo que resultan perfectamente plausibles. Si los hechos protagonizados por los personajes de Schwob nos parecen fabulosos es sólo debido a la distancia temporal y cultural que nos separa de su mundo, mucho menos racional y lógico que el nuestro. La clave en que deben leerse sigue siendo una clave realista, aunque impregnada del simbolismo que constituía el santo y seña del autor francés. En ese sentido no son tanto literatura fantástica como un acercamiento poético a una materia biográfica lejana. Otro tanto podría decirse de las historias de infamia que armó en su día Borges con la saludable intención de sacar a la literatura española del atolladero en que la habían metido el Naturalismo y el Realismo del siglo xix y que contribuyeron, aunque silenciosamente, a preparar el camino de lo que un par de décadas más tarde dio en llamarse el «realismo mágico» o «maravilloso».


Esto por lo que respecta al préstamo estructural Schwob-Borges.
Por lo que respecta a las ideas y los temas, es preciso que nos fijemos ahora en uno de los relatos de las Vidas imaginarias, el titulado Lucrecio. Poeta. En él se nos habla de la «inutilidad de cualquier esfuerzo en busca de ideas». La expresión podría haber sido de Borges a justo título. De hecho, parece inspirar o dar vida subterráneamente a muchas de las conclusiones a las que nos llevan sus mejores cuentos. Toda la vida de Borges, sin embargo, parece contradecir esta idea negativa, pues si hubo alguien empeñado en dar sentido a la materia inclasificable de la vida con base en las ideas, ese alguien fue él. Tal vez incluso fuese ésa su principal y más llamativa contradicción. Un hombre de ideas (como en otro tiempo se decía un hombre de iglesia o un hombre de armas) que siente en lo más profundo de su ser que cualquier esfuerzo que se haga en busca de ellas está condenado al fracaso. O a la inutilidad, que viene a ser lo mismo, porque ¿qué otra cosa sino fracaso puede llamarse al esfuerzo baldío? Acerca de esto, de la inevitabilidad de la derrota, pero también de la gloria que lleva aparejada la derrota cuando uno juega la partida de buena fe, deportivamente y hasta sus últimas consecuencias, sólo un lector atento del Quijote podía habernos enseñado algo que valga la pena. Y ese lector atento, por supuesto, fue Borges. O Schwob, cuyas Vidas imaginarias se han editado más de una vez en compañía de La cruzada de los niños, que es una historia quijotesca allí donde las haya.

Y sin necesidad de andar mucho, en la misma página en la que leemos acerca de la inutilidad de buscar ideas capaces de dar sentido al mundo o al menos a lo que hacemos nosotros en el mundo), encontramos nada más y nada menos que una prefiguración de la idea del aleph. Esto es lo que dice Schwob:

Luego, cruzando el monte bajo, de pronto se encontró en medio del templo sereno del bosque, y sus ojos se hundieron en el pozo azul del cielo. Fue en él donde puso su reposo.

Desde allí contempló la inmensidad bullente del universo; todas las piedras, todas las plantas, todos los animales, todos los hombres, con sus colores, con sus pasiones, con sus instrumentos, y la historia de estas cosas diversas, y su nacimiento, y sus enfermedades y su muerte.


Autor esencialmente urbano, Borges prefirió situar el descubrimiento del aleph en el sótano de una casa de un suburbio rioplatense, en lugar de en un bosque, pero aquí, y en la situación socialmente más compleja de su relato, se agotan todas las diferencias. La idea esencial de ese objeto cabalístico en el que se condensa, como en un muestrario mágico, todo lo existente, es la misma. Borges, si se quiere, le da un mayor valor añadido al ponerle nombre. Debió parecerle que, al carecer de nombre, el objeto de objetos de Schwob estaba incompleto y, como otros frecuentadores asiduos de la Cábala y del pensamiento filosófico idealista, pensaba que antes de las cosas está el nombre, o al menos que el solo nombre de las cosas basta para dar a éstas una realidad que sin él nunca llegarían a tener.

Fuente : Instituto Cervantes – Madrid - España
Jacobo García
http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_11/10062011_0

Greenaway, en el universo de Borges



El reconocido realizador británico Peter Greenaway, de visita en el país, manifestó su interés en rodar un filme de semificción inspirado en el universo literario creado por Jorge Luis Borges.
Lo hizo en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional, luego de su arribo desde Amsterdam, al momento de ser recibido por Ezequiel Grimson, director de Cultura de la Biblioteca, y Gonzalo Álvarez y Laura Ascasubi, autores del volúmen "Libros y lecturas de Borges".
El libro surgió a partir de una colección que Borges donó a la Biblioteca Nacional cuando dejó de ser su director, guardada por años en la Sala del Tesoro e intervenida por el escritor con comentarios al pie en los idiomas originales de las obras.
El trabajo consistió en relevar los manuscritos de Borges, transcribirlos, y luego buscar la influencia o aparición de esos textos en la obra posterior del autor de "El Aleph".
Greenaway, de 69 años, es un confeso admirador y fanático de Borges, escritor que forma parte del canon personal de su biblioteca. Así el cineasta anunció que uno de sus proyectos es filmar una película inspirada en la obra del autor de "Ficciones".
Pero este futuro trabajo será en la misma tónica de su documental de 2008 sobre Rembrandt, "Rembrandt's j'e acusse" en el cual realiza una investigación sobre la famosa pintura del artista holandés, "La ronda de la noche" intentando desenmascarar la conspiración y el asesinato que esconde la obra.


Por este tipo de trabajos, el director se ubica en la escena mundial como uno de los más polémicos y críticos realizadores de la actualidad. Autor de filmes como "El vientre de un arquitecto" o "Los libros de Prospero", basada en el libro de Shakespeare "La tempestad", Greenaway ha marcado su estilo en el horizonte de la cinematografía mundial con su fuerte mirada artística.

Fuente : La Mañana – Neuquen
7 de junio de 2011

La muestra "El Atlas de Borges" se exhibe en Milán


Permanecerá en esa ciudad italiana hasta el 28 de Julio

El Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, y la titular de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, María Kodama, asistieron a la inauguración de la muestra “El Atlas de Borges” en la Biblioteca Sormani, de Milán, que es la biblioteca municipal más importante de la ciudad. La muestra viene itinerando por distintas ciudades del mundo organizada por el Ministerio de Cultura porteño y la Fundación Borges y podrá visitarse en la ciudad italiana hasta el 28 de julio.

“El Atlas de Borges genera un nuevo recorrido. El recorrido del recorrido. Una muestra que exhibe, pero que fundamentalmente invita a participar del universo de Borges desde su forma de ver, interpretar y vivir el mundo que recorrió y que reflejó con sencillez a través de su obra. Esta visita a Milán sin duda enriquecerá su trayecto. Quizás vuelva con aquello del tiempo que pasa y la identidad que perdura. Y disfrutaremos del recorrido del recorrido del recorrido.” –expresó Lombardi.

“El Atlas de Borges” propone entrar en la intimidad del mundo borgeano a través de una selección de fotos que Borges y María Kodama tomaron de sus viajes alrededor del mundo. Las percepciones que recibieron del mundo están reflejadas en estas fotografías que no pretenden tener un valor técnico, sino el poder de lo genuino, del asombro y frescura de sus experiencias por el mundo.


En total, hay más de 130 fotografías del álbum de viajes que no habían sido exhibidas hasta que se produjo esta exposición, y que invitan a un nuevo acercamiento a más de 20 ciudades del planeta del modo en que sólo Borges pudo haberlas percibido. Filadelfia, París, Roma, Buenos Aires, Estambul, Venecia, Ginebra, Creta, Izumo… enigmáticos lugares de un mundo que Jorge Luis Borges y María Kodama perpetuaron en imágenes y palabras a través de sus viajes.

Este abordaje diferente también permite descubrir al eminente escritor como a un hombre que desarrolla actividades placenteras, distendido, reflexivo, solemne, compañero y de cuantiosas formas distintas a las que se habían visto hasta hoy.

La exposición está formada por pequeñas instalaciones que estimulan la interacción, áreas de exhibición, audio y proyecciones, que permitirán distinguir una muestra que aporta un contenido íntimo del autor, donde los visitantes transitarán un vasto recorrido de sensibilidad que ahonda en el conocimiento de las infinitas realidades y mundos de Borges, así como también les permitirá encontrar nuevos significados en su obra.

En el prólogo de “Atlas” Borges reflejó las infinitas formas que proponen los viajes por el mundo, en la contemplación intelectual y convierten al viajero en un eterno descubridor “…María Kodama y yo hemos compartido con alegría y con asombro el hallazgo de sonidos, de idiomas, de crepúsculos, de ciudades, de jardines y de personas, siempre distintas y únicas…”.


Quienes visitan esta muestra acceden a instalaciones que estimulan la interacción, áreas de exhibición, sonidos, proyecciones y espacios participativos. La muestra aporta un contenido íntimo del autor, donde los visitantes transitarán un recorrido vasto de sensibilidad que ahonda en el conocimiento de las infinitas realidades y mundos de Borges.

Desde enero de 2008 ha sido exhibida en Madrid, Praga, París, Zaragoza, Ginebra, Berlín, Almería, León, Palma de Mallorca, Frankfurt, Santiago de Chile, México DF, Quebec, Tokio, Alicante, Chicago y Roma..

Fuente : Gente BA
9 de junio de 2011

martes, 7 de junio de 2011

Borges en la Bienal de Venecia



Adrian Villar Rojas presenta “Ahora estaré con mi hijo”.Esta obra premiada está inspirada en el cuento “Las Ruinas Circulares” de Jorge Luis Borges

Argentina recuperó su lugar en la prestigiosa Bienal de Venecia, al lograr su propio pabellón, el cual funcionará por los próximos 22 años.

Para esta Bienal el artista seleccionado por el curador Rodrigo Alonso fue Adrián Villar Rojas , ambos rosarinos y la obra construida en el lugar consistió en una monumental instalación de carácter efímero, hecha con adobe y cemento que dominaba todo el espacio, y que será destruida al terminar la exposición.

El nuevo pabellón se levanta en un sector de los viejos arsenales de artillería de la otrora poderosa Armada veneciana, un edificio que se remonta al siglo XVI y que fue donado al municipio por el Ministerio de Defensa italiano. Nuestro país fue el primero en ser aceptado para instalar su predio en ese lugar.

El nuevo sitial ocupa una posición de privilegio en el trazado del recorrido que propone la Bienal,.

La principal atracción de la representación argentino es la obra de Adrián Villar Rojas., que ya fue premiada.

Se trata de once esculturas de gran tamaño que demandaron 25 toneladas de arcilla y otros materiales, dos meses de trabajo y la labor de diez escultores y constructores, asistentes, productores y diseñadores, bajo la curaduría de Rodrigo Alonso.

La creación del rosarino, titulada "Ahora estaré con mi hijo", está inspirada en el cuento "Las ruinas circulares" de Jorge Luis Borges y se basa en las teorías de los "multi-universos", o universos paralelos, que proponen la coexistencia de mundos alternativos al nuestro como consecuencia de los diversos senderos que podría haber tomado la humanidad durante su historia.


En el lenguaje del arte contemporáneo, a este tipo de obras se las conoce como site specif, un conjunto especialmente diseñado y construido para el espacio donde será exhibido.

"Como en la mayoría de los proyectos de este tipo que caracterizan una parte importante de la producción de este artista, la tarea comienza con un análisis minucioso del entorno. Cualquier artista contemporáneo sabe que estos espacios de trabajo son igualmente fuentes de ideas e inspiración, de imágenes, fantasías y relatos", destacó Alonso.

Villar Rojas, de 31 años de edad, alcanzó renombre mundial en 2009 con su obra "Mi familia muerta", una gigantesca ballena de madera, rocas y vidrio, la cual fue instalada en los bosques de Tierra del Fuego, en ocasión de la Bienal del Fin del Mundo de ese año.

Creada a finales del siglo XIX por Humberto de Savoya, la Bienal de Venecia ha venido acogiendo el trabajo de los grandes creadores argentinos que hicieron historia en cada una de sus presentaciones.

Fuente : Diario Rio Negro.com
7 de junio de 2011

domingo, 5 de junio de 2011

Borges y el Laberinto : Videos


Borges y el Laberinto : Borges para millones




Borges por él mismo : El Laberinto

Fuente : Videos YouTube

Una historia dentro de un laberinto



A pocos kilómetros de San Rafael, en Cuadro Bombal, se ubica la Finca Los Álamos, un lugar soñado que acaricia lo místico. En ella se encuentra un laberinto de dos hectáreas, hecho con arbustos, que visto desde el aire forma, a modo de homenaje, el nombre de uno de los máximos intelectuales argentinos: Jorge Luis Borges.

La Finca Los Álamos es un lugar como “sacado de un cuento”, por qué no, “un cuento de Borges”. Una casa que comenzó a construirse en 1830, árboles de más de un siglo, viñas y el sonido de muchos pájaros rodean un enorme laberinto hecho con 7.000 plantas de arbusto boj (buxus sempervirens).



El laberinto es un homenaje hecho por mucha gente al escritor Jorge Luis Borges. Pronto, el 14 de junio cuando se cumplan 25 años de la muerte del autor se inaugurará otro laberinto construido de la misma forma en una abadía de Venecia, Italia.

Carolina Aldao, una de las dueñas y responsables del laberinto, nos cuenta en esta entrevista, la historia que esconde esa obra de arte viva que posee “en el patio de su casa”.

¿Cual es su relación con esta casa?

Esta casa era de Domingo Bombal, que fue mi bisabuelo. Pasó por mi padre y ahora es mía y de mis hermanos, Sofía y Nacho.

¿Qué dimensiones tiene este terreno?

Son 200 hectáreas, lo que rodea a la casa, con las viñas, ciruelas, el laberinto…

¿Cómo arrancó el laberinto?

Susana Bombal, mi tía abuela, era una escritora muy amiga de Borges. Esta casa tiene mucho que ver con lo literario. Borges estuvo aquí y la relación entre Susana y Borges no fue sólo de amistad, sino además que ella hizo muchas traducciones y ensayos con él.

En medio de esa relación que ellos tenían, en los años ’50, aparece un diplomático inglés llamado Randoll Coate y se hicieron muy amigos. Randoll era un fanático de Borges y de los laberintos, y fue además un gran diseñador de laberintos. Pasaron los años y la amistad entre ellos tres quedó en cartas y en idas y venidas, y cuando muere Borges, Randoll Coate le escribe una carta a Susana Bombal en la que dice más o menos “querida Susana, tuve un sueño, y en ese sueño nosotros hablábamos de qué le podíamos hacer a nuestro amigo ‘Georgi’ en homenaje”. A partir de ahí ellos se ponen a hablar en el sueño y se dan cuenta de que tenía que ser un laberinto, pero que no fuera un monumento, sino algo vivo.

Cuando murió Susana Bombal, Camilo Aldao, mi hermano, ordenando sus cosas encontró esa carta y con ella, en un viaje que hace a Londres en los años ‘90, lo fue a ver a Randoll Coate, que cuando vio a Camilo se puso a llorar de emoción porque él había estado acá en la estancia y le quedaban muy buenos recuerdos de la Argentina y de sus amigos.

Randoll agarra el diseño de un laberinto que había presentado como homenaje a Borges en el Centro Pompidou en Francia. Lo corrige, se lo da a Camilo y le dice “yo quiero que esto esté en la Argentina”. Camilo viene y la contacta a María Kodama (esposa de Jorge Luis Borges) a quien ya conocía porque era amigo a través de Susana Bombal. Hubo un camino de parte de ellos y de Carlos Thays (nieto de Jules Charles Thays, diseñador del parque San Martín de Mendoza y de los Bosques de Palermo) para que el laberinto se hiciera en Buenos Aires a modo de homenaje, pero no hubo forma porque políticamente hablando nadie lo entiende a Borges, porque se olvidan de que más allá de cuál fuera su ideología, es un genio para la cultura argentina. El cuento de Borges hace un antes y un después.




El proyecto quedó encajonado burocráticamente, y un día Camilo con algunos amigos (Gabriel Mortarotti, Mauricio Runno y Andrés Ridois) lo sacan a flote. Camilo se fue a las 2 de la mañana al centro y la llamó a María Kodama. Lo gracioso es que ella estaba en su biblioteca mirando libros, y se le cayó uno que se abrió en una página que decía “labyrinths and mazes” (del inglés: laberintos) y en ese momento sonó el teléfono y era Camilo para decirle que hicieran el laberinto acá en la finca, por lo que María dijo “hay que hacerlo porque me pasó esto y es como una señal”.

A partir de ahí se genera muy rápido. El proyecto cobra vida. Van a buscarlo a Buenos Aires y Carlos Thays hace bien las dimensiones: tiene el tamaño de una cancha de fútbol, pero había que ver qué separación tenía que haber entre planta y planta, los caminos, etcétera. Se pusieron a trabajar y lo hicieron rapidísimo. Camilo salió en algunos medios, en una radio de Buenos Aires y un hombre llamó y le dijo que era agrimensor y que quería ayudar. Se vino a San Rafael con su familia y se instaló dos semanas, e hizo gratis la agrimensura, por ser un fanático de Borges. Hubo mucha gente que apareció y empezó a aportar sólo por ser “borgianos”.

Hicieron toda esta movida en seis meses y terminó de plantarse en octubre del 2003. Randoll Coate nunca pudo venir porque tenía más de 90 años, pero le filmaron todo lo que iban haciendo y se lo mandaron, y para él fue una emoción muy grande. Lloró al ver que su laberinto estaba hecho “del otro lado del mar, al pie de Los Andes”. A los 2 años Randoll muere (2 de diciembre de 2005).



¿El Municipio les dio una mano cuando decidieron hacer el laberinto acá?

Estaba Ernesto Sanz de Intendente e hizo el apoyo, en cierta forma San Rafael ayuda a que esto se haga. Se lo declaró “de interés cultural” y eso hizo que la Municipalidad nos ayudara con las máquinas para limpiar el lugar donde está el laberinto. Fue un trabajo groso y esas máquinas nos ayudaron mucho.

Si bien hubo una cabeza, todo el mundo se involucró. Gerardo Padilla puso todas las piedras de la laguna (hay una laguna revestida de piedras junto al laberinto). Todos lo hicieron por amor a Borges. Todos colaboraron, por ejemplo las plantas nos dijeron “llevatelas y las pagás cuando puedas” y las pagamos cuando pudimos. Está bueno saber que en la Argentina hay gente que está mucho más allá de muchas cosas.

¿Cómo se cuida el laberinto?

Camilo después falleció y lo seguimos nosotros. Hace unos tres años me vine y comenzamos a cuidarlo. Yo lo cuido igual que como se cuida a una viña en cuanto al riego y la poda. Tiene riego por goteo, pero de vez en cuando lo regamos por arriba también.
Por ahí llegaba gente “de la nada”, como paisajistas que nos tiraban ideas.



¿Vienen turistas?

Esta casa recibe extranjeros 4 meses por año. Lo que hace la gente es vivir exactamente como se vive acá, con las comidas típicas, verduras, frutas y todo lo casero. Esta es una casa “muy argentina” y hay mucho arte. Esas cosas los deja muy impresionados con este lugar y sienten que están viviendo muy conectados con la cultura.

El proyecto es que después del laberinto tener una biblioteca para que la gente pueda venir, caminarlo, sentarse, leer y conectarse con otras cosas. Hasta ahora lo que se busca es que crezca, que se vaya haciendo el parque, que se vayan fortaleciendo las raíces.

La gente se entera de boca en boca. Nosotros no podemos decir que está abierto porque la idea es que crezca.

¿Cuándo quedaría listo el laberinto borgiano de acá?

Siempre está listo. Después se va a podar en forma de libro, es decir que en el medio del laberinto no vas a poder ver y más cerca de los costados sí. Eso lo vamos a hacer de a poco. Hay que tener en cuenta el clima de Mendoza. Es más lento de lo que podría ser en otros lugares. Acá no llueve nunca e independientemente de que lo riegues, es importante el agua de lluvia.

¿Es el único laberinto hecho así en Argentina?

Creo que no hay otro más grande ni hecho así.

¿Cómo surge lo de Venecia?

María vino varias veces acá a ver el laberinto con la idea de hacerlo allá e incluso en Dinamarca también. Ella ya me había comentado de una abadía en Venecia.

La idea es que el laberinto fuera una especie de símbolo de Borges, un homenaje que fuera por el mundo y que los lugares que tengan el laberinto se conecten entre sí a nivel cultural y que generen cosas positivas, como cambios de libros, hacer bibliotecas, intercambios culturales, etc. Eso es algo que vendrá en el futuro, hacia allá se proyecta.

La abadía está en isla de San Giorgio, en Venecia y la lleva adelante la Fundación Cini. En ella hay una biblioteca increíble. Borges tenía un gran respeto por estos lugares.

¿Van ustedes a Venecia?

Voy con mi hermana Sofía. Nos invitaron al palacio de la Fundación Cini. Van a haber invitados Premios Nobel, va a tocar un importante grupo de música Barroca. María Kodama va a recitar el poema “La Luna” que le escribió Borges a ella… será el 14 de junio con luna llena y se iluminará el laberinto en Venecia. Al mismo tiempo mi papá estará acá y va a ponerle simbólicamente unas luces al laberinto para que queden los dos iluminados.

¿Ustedes quieren que este lugar sea público?

Nos gustaría que fuera “semi-público”. La idea es que la gente pueda venir y disfrutarlo y se conecte con el lugar desde lo literario. El turismo no queremos que sea de masa. No queremos que vengan ómnibus, sino que venga realmente la gente que tenga ganas de venir porque le guste. Los extranjeros quedan fascinados.

Puede ser un espacio donde también se puede hacer música, si alguien trae proyectos que se use el lugar. También puede ser un espacio para enseñarle a leer a la gente. A mí me interesa mucho el tema social con los barrios de acá. Es fusionar un poco todo.
Igual hay gente que viene bastante. Vienen colegios. Me llaman maestras y vienen con los chicos, ¡que no sabés lo que son!, corren, se divierten, les encanta.



La Finca Los Álamos, su casa y el laberinto borgeano, son un lugar que genera una sutil sensación de paz en el que no alcanza la vista para mirar la enorme cantidad de arte que envuelve. Como decía Jorge Luis Borges “al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Es que realmente ése, es un laberinto en el que no daría miedo perderse.

Fuente : Mediamza.com
Max Belaeff
5 de junio de 2011
http://www.mdzol.com/mdz/nota/300779-una-historia-dentro-de-un-laberinto/
Videos : YouTube

sábado, 4 de junio de 2011

Los idiomas de Borges



por Martín Hadis.

Nos hemos acostumbrado a tal grado a afirmar que Jorge Luis Borges fue un “escritor universal” que esta expresión y el nombre de Borges han pasado a ser casi sinónimos. Famoso y reconocido por la amplitud y la profundidad de sus obras, Borges fue un escritor a la vez profundamente argentino y cosmopolita. En sus poemas y cuentos aparecen compadritos del viejo Buenos Aires, sacerdotes mayas, vikingos de las sagas nórdicas o reyes anglosajones largamente olvidados. El conocimiento que Borges tenía de las diversas literaturas del mundo era poco menos que enciclopédico y las múltiples y diversas fuentes de su inspiración continúan siendo investigadas por la crítica. Sin embargo, un hecho que a menudo se pasa por alto es que Borges logró acercarse a muchas de estas obras gracias a las numerosas lenguas que estudió durante toda su vida.
Para comenzar, Borges creció en un hogar bilingüe, hablando inglés y castellano desde pequeño. “Cuando le hablaba a mi abuela paterna” –recordó una vez- “lo hacía de una manera que después descubrí que se llamaba el idioma inglés, y cuando hablaba con mi madre o mis abuelos maternos lo hacía de otra forma que luego resultó ser la lengua castellana…” El autor de Ficciones siguió aprendiendo nuevos idiomas durante su infancia, juventud y madurez. Para Borges, el estudio de cada nueva lengua era, en sus propias palabras, “una nueva aventura”, que le permitía adentrarse en “un delicado laberinto.” A través de cada idioma, nuestro escritor accedía a nuevos sonidos y nuevas palabras, como también a nuevos enfoques literarios que a menudo terminaron influyendo en su propia obra.

Una vasta biblioteca de ilimitados libros ingleses

Borges sintió desde muy temprana edad que su destino era convertirse en escritor; a tal fin, difícilmente podría haberse criado en un ambiente más propicio. Su padre, Jorge Guillermo Borges, era un lector ávido; la madre de éste último, y por ende abuela paterna del escritor, Frances Anne Haslam, era oriunda de Staffordshire, e introdujo en el hogar familiar el idioma y la literatura inglesa. Este inglés heredado permitió a Borges acercarse a los cientos volúmenes que albergaba la biblioteca de su padre, y fue a través de estas primeras lecturas que entró en contacto con los autores que más tarde se convertirían en sus favoritos: G. K. Chesterton, Robert Louis Stevenson y Rudyard Kipling, entre otros.


Chesterton

Pero en esa biblioteca paterna, Borges encontró mucho más que relatos y autores ingleses. En el siglo XIX, el Imperio Británico se encontraba en plena expansión, y el interés de los ingleses por los distintos y vastos rincones del planeta que sus naves alcanzaban surcando los mares no hacía más que crecer. Así, entre los libros de su padre, Borges también encontró numerosos volúmenes acerca del budismo, el taoísmo, el sufismo, y muchas otras vertientes religiosas, místicas y filosóficas que tuvieron luego una gran influencia en sus escritos.
La rama paterna de los Borges padecía asimismo un mal genético: una ceguera hereditaria y progresiva, que se transmitía de generación. En 1914, la visión del padre del escritor, Guillermo Borges, se había deteriorado a tal punto que la familia decidió viajar a Europa para consultar a un especialista. No pensaban quedarse por largo tiempo, pero las circunstancias históricas cambiaron drásticamente sus planes. En palabras de Borges: “Éramos tan ignorantes de la historia universal que no sabíamos que esa era la fecha de la Primera Guerra Mundial.” El estallido de la guerra impidió el regreso a Argentina; la familia terminó quedándose en Europa durante siete años. Se instalaron pues en Ginebra, donde Jorge Luis comenzó a asistir a la escuela primaria. Allí, el futuro escritor aprendió francés y latín. ”El latín era la materia más importante,” escribió Borges, “y pronto descubrí que si uno era bueno en latín uno descuidar las demás materias un poco”. Su conocimiento de esa lengua fue creciendo con los años y llegó a desarrollar un buen manejo de ese idioma, pero como sucede a menudo con las lenguas muertas que no se practican con frecuencia, Borges fue perdiendo su dominio del latín con el paso del tiempo. “Ahora me quedan latines, nada más” – dijo una vez. Pero su afición estética por ese idioma persistió a lo largo de los años. En sus propias palabras: “El latín tiene una dignidad a la que aspiran todas las lenguas romance que lo sucedieron”.


Robert Browning

Al reflexionar sobre el carácter solemne de este idioma, Borges solía recordar un verso del poeta inglés Robert Browning “Marble´s language, Latin pure, discreet” (“El latín, ese idioma de mármol puro, sobrio”). Según solía afirmar el escritor, este verso de Browning refleja la idea de que las palabras latinas, debido a su carácter solemne y digno, parecen haber sido diseñadas para ser talladas en mármol: “Es como si hubiera una afinidad natural entre esos dos hechos” –declaró- “entre el latín y el mármol.”.


Robert Browning Recites His Poem (1889 Edison Cylinder)

El idioma alemán: un amor personal

De verse obligado a preservar un solo idioma entre todos los que conocía, afirmó Borges una vez, optaría por el alemán, una lengua que le fascinaba tanto por su sonido como por su estructura. Sus vocales abiertas y su pronunciación austera le resultaban especialmente atractivas; la posibilidad que el alemán ofrece de formar espontáneamente palabras compuestas colocaba a su juicio a este idioma por encima del resto. Este fue el primer idioma cuyo aprendizaje Borges acometió por sí mismo. Borges comenzó sus estudios de alemán por sí solo en el año 1916, con el propósito personal y explícito de acceder a a las obras del filósofo Arthur Schopenhauer en idioma original. Al comienzo de su estudio, sin embargo, optó por textos más simples; la elección recayó en Heinrich Heine, un poeta expresionista cuyos versos se caracterizaban por su sencillez. Borges comenzó a leer estos versos alemanes con la ayuda de un diccionario; pero sus esfuerzos pronto rindieron fruto y un buen día se dio cuenta de que podía continuar su lectura sin ayuda: “Hubo un momento en que me di cuenta de que ya podía seguir leyendo por mi cuenta. En ese momento lloré, porque de una manera modesta había logrado poseer al vasto idioma alemán”. El aprendizaje autodidacta del alemán ofreció a Borges una serie de perspectivas sin precedentes: de repente no sólo era capaz de leer a Schopenhauer, sino también a muchos autores y filósofos alemanes, en su lengua original.


Arthur Shopenhauer

Otros idiomas romances

A pesar de que Borges aprendió a hablar el francés fluidamente durante su estadía en Ginebra, el sonido de este idioma nunca terminó de gustarle: “No me agrada el sonido del francés” –afirmó una vez- “Creo que le falta la sonoridad de las otras lenguas romances”. “Pero”-se apresuró a añadir-, “¿Cómo podría pensar mal de un idioma que ha per­mitido versos admirables como el de Hugo, L’hydre-Univers tordant son corps écaillé d’astres? ¿Cómo censurar a un idioma sin el cual serían imposibles esos versos?”
Borges también logró un buen dominio del idioma italiano, que aprendió a leer a con una edición bilingüe de la Divina Comedia de Dante. “He leído y releido la Divina Comedia en más de doce ediciones diferentes”, dijo una vez. “También he leído a Ariosto, Tasso, Croce y Gentile, pero soy incapaz de hablar italiano o de seguir una película o una obra de teatro en ese idioma.”
Algo similar podría decirse acerca de su conocimiento del portugués: “Yo no sé portugués”, dijo una vez. Y sin embargo, afirmó “He leído a Eça de Queiroz. Cuando no entendía una frase la leía en voz alta y el sonido me revelaba su sentido.”

Idiomas del norte y del oriente

Borges comenzó sus estudios de inglés antiguo como consecuencia del agravamiento de su ceguera. ”Mi ceguera fue avanzando desde el año de mi nacimiento como un lento crepúsculo de verano, y en 1955 me di cuenta de que había perdido mi vista como lector. Ya no podía leer.” Para compensar esa terrible pérdida, Borges decidió volvió a uno de sus orígenes mitológicos: el pasado remoto de Inglaterra, y por lo tanto de sus antepasados ingleses Resultó ser una decisión correcta y prolífica: el estudio del inglés antiguo no solo le brindó consuelo, sino también el disfrute estético de una lengua a la vez sonora y áspera. Si para Borges la cadencia majestuosa del latín recordaba a la severidad del mármol, las duras consonantes del inglés antiguo sonaban para él como “el ruido de las espadas, el golpe de las lanzas sobre los escudos, el tumulto de los gritos de la batalla “. En el carácter legendario y heroico de la antigua poesía anglosajona, Borges encontró asimismo personajes, atmósferas y hechos históricos que alimentaron su inspiración para numerosos cuentos y poemas en los años por venir.
Tras lograr un conocimiento profundo del inglés antiguo, y traducir directamente al castellano varios poemas de ese idioma, Borges pasó a interesarse en otro dialecto germánico medieval: el escandinavo antiguo. Esto le permitió acceder a las Eddas, antiguas compilaciones de mitología germánica, como también a las sagas de Islandia, con resultados igualmente fructíferos.
Otros idiomas que Borges abordó durante sus últimos años fueron el japonés -cuya gramática Borges encontraba fascinante, pero que nunca llegó a aprender del todo- y el árabe, que estudió durante los últimos días de su vida.

El hacedor

Es difícil imaginar cómo hubieran sido las obras de Borges si éste, por alguna razón improbable, hubiera dejado de lado el estudio de idiomas, palabras y alfabetos lejanos. Los cuentos de Borges son con frecuencia autobiográficos, y si bien -como el caballero victoriano que era-, evitaba siempre las revelaciones íntimas y con frecuencia se divertía difuminando hechos y enturbiando detalles, sus referencias bibliográficas frecuentes, así como sus prólogos y las numerosas citas literarias en diversos idiomas que aparecen en sus ensayos y artículos dan testimonio de la amplitud y el alcance de su red lingüística. A veces, la influencia de un idioma llevó a Borges a adentrarse en un nuevo género, como los tanka y haiku que escribió en castellano siguiendo formas japonesas; en otras ocasiones, las lecturas en otros idiomas impulsaron a Borges a escribir nuevos relatos (como en el caso del poema de The Collar, de George Herbert, que lo llevó a escribir su famoso “Libro de arena”) o una reescrituras de antiguos textos medievales como ”Brunanburh, 937 AD”.


Brunanburh, 937 AD

Tales ejemplos abundan, los rastros de las muchas literaturas y los muchos idiomas a los que Borges se acercó pueden encontrarse a lo largo y a lo ancho de toda su obra. “Cada idioma”, dijo una vez, “es una forma de sentir el universo.” Sin estar en desacuerdo con esta afirmación, uno podría asegurar que quien fue acaso el más curioso de los escritores argentinos no se contentó con la observación pasiva. En las manos de Borges, cada uno de estos idiomas se convirtió a su vez en la materia prima que éste utilizó no sólo para percibir el universo, sino también para crear mundos nuevos y fantásticos, sostenidos únicamente por el poder de la palabra y por su extraordinaria capacidad de imaginación.

Fuente : Eterna Cadencia
Martin Hadis
21 de abril de 2011




Without his command of multiple languages, Argentina's
most famous author would not have been the writer he was.

BY MARTIN HADIS

Originally published in: The Buenos Aires Herald Magazine. June 2001.

We have grown so used to calling Jorge Luis Borges a universal writer that these words have almost fused in most readers' minds. Known for the breadth as well as the depth of his creations, Borges was at the same time profoundly Argentine and a true cosmopolitan.

His poems and stories can feature compadritos (the rakish figures of Tango lore) from late 19th century Buenos Aires as easily as Vikings from the Norse sagas or long-forgotten Anglo-Saxon kings. Borges's knowledge of literature was nothing short of encyclopedic, and his sources and inspirations continue to be researched by critics. But a fact that is often overlooked is that Borges was only able to approach many of the works that he read through his command of the numerous languages he studied throughout his life.

Raised bilingual, Borges continued to learn new languages during his boyhood, youth and adult years. For him, the study of each new tongue was in his own words, a new adventure, akin to entering "a delicate labyrinth." Each language brought him new sounds and new words, as well as new literary approaches that often influenced his own works.

A VAST LIBRARY OF INNUMERABLE ENGLISH BOOKS

Borges always stated that he felt, from a very early age, that he was destined to become a writer. He could have scarcely grown up in a more propitious environment. His father was an avid reader. His paternal grandmother, an Englishwoman, Frances Haslam, hailed from Staffordshire and brought both the English language and its literature into the family. Borges' inherited English soon allowed him to approach the hundreds and hundreds of volumes in his father's vast library, and it was through these early readings that he would come in touch with those authors that would later become his favorites: G.K. Chesterton, Robert Louis Stevenson and Rudyard Kipling, to cite but a few.

But it was not just new stories and authors that Borges found in these bookshelves. In nineteenth century England, orientalism was all the rage. Thus, among his father's books, Borges also found numerous volumes dealing with Buddhism, Taoism, Sufism, and other diverse forms of mysticism and philosophy that would influence his writings.

Blindness ran in the Borges family as an inherited condition. In 1914, Borges' father Guillermo's vision was deteriorating so badly that the family decided to travel to Europe to consult an expert ophthalmologist. But World War I broke out and abrupt­ly changed their plans. The Borges family ended up staying in Europe for seven years. They settled down in Geneva, where Jorge Luis started attending school. There, he learned both French and Latin. "Latin was the main sub­ject," wrote Borges, "and I soon discovered that if one was good at Latin one could neglect other subjects a bit."

His skills grew with the years and he developed a good command of Latin. As often happens with dead tongues that are insufficiently exercised, Borges' command of the language slowly declined with the passage of time. But his aesthetic fondness for the language persisted through the years. In Borges' own words, Latin had "a dignified air to which all later Romance languages aspired."

When reflecting on its solemn nature, Borges would often recall a verse by Robert Browning: "marble's language, Latin pure, discreet." According to Borges, this verse reflected the notion that Latin words, because of their strict and dignified nature, seem to have been intended to be engraved in marble: "It's as if there were a natural affinity between the two concepts, Latin and Marble," he wrote.

GERMAN: A PERSONAL LOVE AFFAIR

In one of his lectures, Borges stated that, were he forced to choose to keep one language among all existing tongues, he would choose to keep German, a tongue he loved as much for its sound as for its structure. German's open vowels and stark pronuncia­tion made it especially attractive to Borges' ear; the possibility that German affords of spontaneously forming composite words also put German above the rest. It was the first language that Borges taught himself, as a personal undertaking.

Borges began his studies of German in 1916, with the explic­it purpose of reading Schopenauer's works in the original. In order to learn the language, however, he decided to start with simpler texts. His choice fell on Heinrich Heine, a German expressionist poet, whose works he started reading with the help of a dictionary. With time Borges' efforts bore fruit: he was suddenly able to continue his readings of Heine unaided:

"There was a moment when I realized that I could go on reading on my own. At that time I cried, because in a modest way I had managed to apprehend the vast German language."

Borges' self-taught German opened up unprecedented vistas: he was suddenly not only able to read Schopenauer, but also to approach many other German authors and philosophers in the original.

OTHER ROMANCE LANGUAGES

Even though he became a proficient French speaker during his stay in Geneva, Borges disliked the language's sound. "I find the sound of French unpleasant, I think that it lacks the sonority of the other Romance languages," he once commented. "But," he hastened to add, "how can one speak ill of a language that has produced verses like this one from Hugo: L'hydre-Univers tordant son corps écaillé d'astres? How can one criticize a language without which these verses would not exist?"

Borges also acquired a good command of Italian, teaching himself by using a bilingual English-Italian edition of Dante's Divina Commedia. "I have read and read the Divina Commedia in more than twelve different editions," he once stated. "I have also read Ariosto, Tasso, Croce and Gentile, but I am incapable of speaking Italian or of following a movie or a drama in that language."

Something similar could be said about his knowledge of Portuguese: "I do not know Portuguese at all," he once stated. "But I have read Efa de Queiroz. Whenever I stumbled upon a sentence that I could not understand, I would read it aloud and through its sound its meaning would be revealed."

LANGUAGES FROM THE NORTH AND THE EAST

Borges began his study of Old English mainly as a reaction to his going blind. "My blindness progressed since the year of my birth like a slow twilight," and "In 1955 I realized that I had lost my sight as a reader. I could no longer read."

To compensate for such an enormous loss, Borges returned to his mythological origins: namely, to his ancestral English side. It proved to be the right decision. Old English provided not only comfort, but also the aesthetic enjoyment of a language whose nature was both sonorous and rough. If Latin's majestic cadence reminded Borges of marble, the harsh consonants of Old English sounded to him "like the clash of swords, the crashing of spear against shield, the tumult of battle-cries."

Even more importantly, the legendary and warlike nature of Old English poetry provided Borges with topics and themes that he would use to great literary advantage during his later decades.

After mastering Old English, and producing his own Spanish translations of many poems belonging to this period, Borges also became interested in Old Norse, a Scandinavian linguistic rel­ative to Old English, with similarly inspiring results. Other lan­guages that Borges tackled in his later years were Japanese – whose grammar Borges found both fascinating and mesmerizing – and Arabic, which he studied during the very last days of his life.

THE MAKER

It is hard to imagine what Borges' works would have been like if he had, for some improbable reason, failed to cast such a wide linguistic net. Borges stories are often autobiographical, and even though he disliked the disclosure of specific information and frequently enjoyed muddying details, his frequent biblio­graphic references, as well as his prologues and explicit quotations in numerous essays and articles testify to the breadth and scope of his language skills. Sometimes the influence of a language can be felt in Borges' attempting a new genre, such as the tanka and haiku that he wrote, influenced by Japanese poetry; sometimes it's a verse or a topic that inspires Borges to craft a new story, as George Herbert's The Collar did his "The Book of Sand," or a new version of an ancient text, like his "Brunanburh, 937 A.D."

Examples abound; traces of the many literatures that Borges approached can be found all throughout his works. "Each human language," he once stated, "is a way of perceiving the universe."
Without disagreeing with this statement, one could safely argue that this most imaginative of writers was not content with passive observation. In Borges' able hands, each of these languages became in turn the raw material that he used not only to perceive the universe, but also to create new, fantastic worlds of his own.

Fuente : MARTIN HADIS
Buenos Aires, June 2001.
http://www.martinhadis.com

Conferencias y lecturas de textos de Borges en el Festival Tangopostale en Toulouse Francia



El festival Tangopostale celebrará su tercera edición entre el 5 y 10 de julio en Toulouse Francia. Y como todos los años, se inaugurará a orillas del río Garona a pura milonga.

Una apretada agenda de conciertos, conferencias, cine, exhibiciones y clases de tango y canto folclórico reúne a miles de personas y es la cita del año más esperada por la veintena de asociaciones de tango y centenares de milongueros de la cuarta ciudad de Francia, entre quienes hay cada vez más jóvenes, según Pascale van den Ostende, responsable de comunicación del festival.

Esa ráfaga, el tango, esa diablura los atareados años desafía; hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos, que la liviana melodía, que solo es tiempo El tango crea un turbio pasado irreal que de algún modo es cierto, el recuerdo imposible de haber muerto peleando, en una esquina del suburbio, escribió Jorge Luis Borges en su poema El tango.

"Borges y el tango" consistirá en una lectura bilingüe de textos del genial escritor argentino que describen el ambiente del género rioplatense. Personalidades de la escena cultural de esta ciudad del sudoeste galo leerán, en francés y en español fragmentos de "El Tango", "Para las seis cuerdas" y "Alguien le dice al tango". Todo al compás del rasgueo de una guitarra y con las figuras dibujadas por una pareja de baile en escena.



Programa de Conferencias

05 July 2011
Tuesday, 05 July 2011 18:30 - 20:00
Conferencia Borges y el tango

07 July 2011
Thursday, 07 July 2011 18:00 - 19:30
Conférence : Piazzolla dans son temps et son espac ...

08 July 2011
Friday, 08 July 2011 18:00 - 20:00
Mesa redonda: al reencuentro de Astor Piazzolla

09 July 2011
Saturday, 09 July 2011 14:00 - 15:30
Conferencia: El tango en el cine

Fuente Tangopostale y Revista Ñ
4 de junio de 2011

miércoles, 1 de junio de 2011

Pettoruti y el arte abstracto. 1914 -1949



Malba – Fundación Costantini presenta Pettoruti y el arte abstracto. 1914 -1949, una selección de 37 obras realizadas por el artista argentino Emilio Pettoruti (1892-1971)durante la primera mitad del siglo XX. Curada por Patricia Artundo, esta exposición propone repensar la relación de Pettoruti con el arte abstracto, ineludible para comprender gran parte de su producción artística.
Se exhiben, collages, óleos y acuarelas, realizados por el artista entre 1914 y 1949, período que abarca sus primeros años en Italia, su regreso a la Argentina y sus posteriores viajes por Europa antes de instalarse definitivamente en París. “Aquella producción inicial de los años de su residencia en Italia ha sido pensada básicamente a partir de su contacto con los futuristas. De lo que se trata aquí, precisamente, es de sacarla de ese lugar donde no parece tener nexo con la historia del arte abstracto en la Argentina y, en todo caso, formular otras preguntas no solo en relación con ella sino también con su producción anterior a 1953, año en que el artista, ya radicado en París, se volcó decididamente a la pintura abstracta”, explica Patricia Artundo, curadora de la exposición.


A cuarenta años de su fallecimiento, el objetivo es reflexionar acerca de lo que se ha pensado y escrito sobre Pettoruti durante los últimos años. “Recuperar desde las obras su propio ejercicio reflexivo, caracterizado por la complejidad, la variedad y la densidad de sus propuestas”, afirma Artundo.
Las obras que integran la exposición provienen de colecciones particulares y de colecciones públicas, como el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires; el Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori” de Buenos Aires; el Museo Castagnino + MACRO de Rosario; el Museo Provincial de Bellas Artes “Emiliano Guiñazú” (Casa de Fader) de Mendoza; el Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettoruti”- Instituto Cultural de La Plata; y la Cancillería Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, entre otras.


Junto con la exposición, Malba editó un catálogo de 120 páginas, bilingüe español e inglés, que incluye el ensayo curatorial “Otros papeles de trabajo. Pettoruti y el arte abstracto”, a cargo de Patricia M. Artundo; y el texto “Emilio Pettoruti y la búsqueda de una estrategia propia”, escrito por Marcelo E. Pacheco - curador en jefe de Malba- en 1992 e inédito hasta ahora. Además, se reproducen a color todas las obras representadas en la muestra.

Pettoruti y la abstracción

“Para evitar que la mirada del otro –aún a través de nuestros propios ojos– nos defina, es importante explorar especialmente los años de formación de nuestros artistas para encontrar allí las claves propias que después abran el camino al estudio alternativo de sus producciones posteriores. En el caso de Pettoruti, al observar sus obras desde 1914 se advierte una unidad particular que lo llevará precisamente a diferenciarse de sus contemporáneos europeos”, analiza Marcelo Pacheco, en el ensayo “Emilio Pettoruti y la búsqueda de una estrategia propia”.
Durante su primera estadía en Europa, a partir de 1913, Pettoruti subvierte la tradicional práctica de aprendizaje —basada en la copia de las obras de los grandes maestros— y se propone una relectura inédita de sus principios formales y compositivos. “Lo que realizó fue un estudio del color y de sus relaciones y armonías en función de su distribución proporcional en el plano. Y ésta fue una de las vías por las que llegó a la abstracción”, asegura Artundo. Otro de los caminos que guiaron al artista hacia la abstracción fue su contacto con los futuristas, sus obras, sus publicaciones y manifiestos y, también a través de ellos, el cubismo sintético. La serie de dibujos a la carbonilla realizados entre 1914 y 1916 está relacionada con las investigaciones que los futuristas habían iniciado dos años antes y en las que continuaban trabajando.


Si durante la década de 1910 el paisaje se convirtió en el campo de experimentación de su producción, en la década siguiente se observa un punto de inflexión con la aparición de un nuevo tema: los músicos. “Asimismo, la problemática de la abstracción pura pareció ceder su lugar a otras cuestiones o, en todo caso, apareció relacionada con otras, siguiendo su línea de investigación, a partir del cubismo en su definición por planos de color/luz y el trabajo por la definición de claves tonales que llegan a desmaterializar y dificultar el reconocimiento de las formas naturales”, explica Artundo.
Luego, en la década del 30, el artista realizó una serie de pinturas con otro motivo en común: las copas, que actúan como un nuevo campo en el que el artista despliega sus investigaciones relacionadas con la pintura abstracta.
“Pettoruti no trabaja sobre temas –aun cuando estos sean reconocibles como en el Retrato del poeta Alberto Hidalgo
(1925)-, sino que trabaja sobre motivos que constituyen el soporte sobre el cual ejerce sus investigaciones. De allí la aparente repetición y/o reiteración, cuando en realidad de lo que se trata es de la definición de matrices”, sostiene la curadora.
Para Artundo: “El pintor se manejó con absoluta libertad por dentro y por fuera de la vanguardia. Él fue capaz de absorber todo y de acercarse desprejuiciadamente a los maestros italianos para realizar otro tipo de investigaciones que lo llevaron, por otro camino, a la abstracción: la realización de mapas cromáticos a partir de la obra del Beato Angelico; la generación de nuevas estructuras compositivas y espaciales desde su lectura de los frescos de Masaccio; la creación de armonías tonales con los venecianos; la investigación acerca de la luz y su incidencia sobre las superficies ejercitada desde el estudio de la técnica del mosaico y del vitraux”, explica.


En los años 40, Pettoruti retomó su preocupación por estudiar la luz propia de su pintura y cuestionó la noción misma de representación apelando nuevamente a una ambigüedad. Posteriormente, entre 1948 y 1952 —antes de instalarse definitivamente en París—, el artista repensó su obra en su conjunto. A partir de sus nuevas pinturas
(Crepúsculos marinos, Farfallas, Soles y Noches), comenzó a definirse como "pintor abstracto".
“Sin embargo, en el fundamento de esas nuevas obras y aun cuando estas implicaran un giro sobre sus talones en relación con su obra de la década anterior, una mirada atenta descubre el ejercicio reflexivo continuo acerca de una problemática que lo ocupó durante gran parte de su vida”, concluye la curadora.

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires -MALBA
Sala 3 (primer piso)
Del 27 de mayo al 27 de junio.

Curadora invitada: Patricia Artundo

Fuente : Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires –
MALBA Prensa – Mayo 2011

Prologo de Jorge Luís Borges a Pettoruti



En ocasión de la muestra de homenaje a Emilio Pettoruti realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1962 Jorge Luís Borge prologo el catalogo de la muestra.







Homenaje Nacional a 50 Años de Labor Artística
Museo Nacional de Bellas Artes
Buenos Aires, Octubre 1962