domingo, 5 de junio de 2011

Una historia dentro de un laberinto



A pocos kilómetros de San Rafael, en Cuadro Bombal, se ubica la Finca Los Álamos, un lugar soñado que acaricia lo místico. En ella se encuentra un laberinto de dos hectáreas, hecho con arbustos, que visto desde el aire forma, a modo de homenaje, el nombre de uno de los máximos intelectuales argentinos: Jorge Luis Borges.

La Finca Los Álamos es un lugar como “sacado de un cuento”, por qué no, “un cuento de Borges”. Una casa que comenzó a construirse en 1830, árboles de más de un siglo, viñas y el sonido de muchos pájaros rodean un enorme laberinto hecho con 7.000 plantas de arbusto boj (buxus sempervirens).



El laberinto es un homenaje hecho por mucha gente al escritor Jorge Luis Borges. Pronto, el 14 de junio cuando se cumplan 25 años de la muerte del autor se inaugurará otro laberinto construido de la misma forma en una abadía de Venecia, Italia.

Carolina Aldao, una de las dueñas y responsables del laberinto, nos cuenta en esta entrevista, la historia que esconde esa obra de arte viva que posee “en el patio de su casa”.

¿Cual es su relación con esta casa?

Esta casa era de Domingo Bombal, que fue mi bisabuelo. Pasó por mi padre y ahora es mía y de mis hermanos, Sofía y Nacho.

¿Qué dimensiones tiene este terreno?

Son 200 hectáreas, lo que rodea a la casa, con las viñas, ciruelas, el laberinto…

¿Cómo arrancó el laberinto?

Susana Bombal, mi tía abuela, era una escritora muy amiga de Borges. Esta casa tiene mucho que ver con lo literario. Borges estuvo aquí y la relación entre Susana y Borges no fue sólo de amistad, sino además que ella hizo muchas traducciones y ensayos con él.

En medio de esa relación que ellos tenían, en los años ’50, aparece un diplomático inglés llamado Randoll Coate y se hicieron muy amigos. Randoll era un fanático de Borges y de los laberintos, y fue además un gran diseñador de laberintos. Pasaron los años y la amistad entre ellos tres quedó en cartas y en idas y venidas, y cuando muere Borges, Randoll Coate le escribe una carta a Susana Bombal en la que dice más o menos “querida Susana, tuve un sueño, y en ese sueño nosotros hablábamos de qué le podíamos hacer a nuestro amigo ‘Georgi’ en homenaje”. A partir de ahí ellos se ponen a hablar en el sueño y se dan cuenta de que tenía que ser un laberinto, pero que no fuera un monumento, sino algo vivo.

Cuando murió Susana Bombal, Camilo Aldao, mi hermano, ordenando sus cosas encontró esa carta y con ella, en un viaje que hace a Londres en los años ‘90, lo fue a ver a Randoll Coate, que cuando vio a Camilo se puso a llorar de emoción porque él había estado acá en la estancia y le quedaban muy buenos recuerdos de la Argentina y de sus amigos.

Randoll agarra el diseño de un laberinto que había presentado como homenaje a Borges en el Centro Pompidou en Francia. Lo corrige, se lo da a Camilo y le dice “yo quiero que esto esté en la Argentina”. Camilo viene y la contacta a María Kodama (esposa de Jorge Luis Borges) a quien ya conocía porque era amigo a través de Susana Bombal. Hubo un camino de parte de ellos y de Carlos Thays (nieto de Jules Charles Thays, diseñador del parque San Martín de Mendoza y de los Bosques de Palermo) para que el laberinto se hiciera en Buenos Aires a modo de homenaje, pero no hubo forma porque políticamente hablando nadie lo entiende a Borges, porque se olvidan de que más allá de cuál fuera su ideología, es un genio para la cultura argentina. El cuento de Borges hace un antes y un después.




El proyecto quedó encajonado burocráticamente, y un día Camilo con algunos amigos (Gabriel Mortarotti, Mauricio Runno y Andrés Ridois) lo sacan a flote. Camilo se fue a las 2 de la mañana al centro y la llamó a María Kodama. Lo gracioso es que ella estaba en su biblioteca mirando libros, y se le cayó uno que se abrió en una página que decía “labyrinths and mazes” (del inglés: laberintos) y en ese momento sonó el teléfono y era Camilo para decirle que hicieran el laberinto acá en la finca, por lo que María dijo “hay que hacerlo porque me pasó esto y es como una señal”.

A partir de ahí se genera muy rápido. El proyecto cobra vida. Van a buscarlo a Buenos Aires y Carlos Thays hace bien las dimensiones: tiene el tamaño de una cancha de fútbol, pero había que ver qué separación tenía que haber entre planta y planta, los caminos, etcétera. Se pusieron a trabajar y lo hicieron rapidísimo. Camilo salió en algunos medios, en una radio de Buenos Aires y un hombre llamó y le dijo que era agrimensor y que quería ayudar. Se vino a San Rafael con su familia y se instaló dos semanas, e hizo gratis la agrimensura, por ser un fanático de Borges. Hubo mucha gente que apareció y empezó a aportar sólo por ser “borgianos”.

Hicieron toda esta movida en seis meses y terminó de plantarse en octubre del 2003. Randoll Coate nunca pudo venir porque tenía más de 90 años, pero le filmaron todo lo que iban haciendo y se lo mandaron, y para él fue una emoción muy grande. Lloró al ver que su laberinto estaba hecho “del otro lado del mar, al pie de Los Andes”. A los 2 años Randoll muere (2 de diciembre de 2005).



¿El Municipio les dio una mano cuando decidieron hacer el laberinto acá?

Estaba Ernesto Sanz de Intendente e hizo el apoyo, en cierta forma San Rafael ayuda a que esto se haga. Se lo declaró “de interés cultural” y eso hizo que la Municipalidad nos ayudara con las máquinas para limpiar el lugar donde está el laberinto. Fue un trabajo groso y esas máquinas nos ayudaron mucho.

Si bien hubo una cabeza, todo el mundo se involucró. Gerardo Padilla puso todas las piedras de la laguna (hay una laguna revestida de piedras junto al laberinto). Todos lo hicieron por amor a Borges. Todos colaboraron, por ejemplo las plantas nos dijeron “llevatelas y las pagás cuando puedas” y las pagamos cuando pudimos. Está bueno saber que en la Argentina hay gente que está mucho más allá de muchas cosas.

¿Cómo se cuida el laberinto?

Camilo después falleció y lo seguimos nosotros. Hace unos tres años me vine y comenzamos a cuidarlo. Yo lo cuido igual que como se cuida a una viña en cuanto al riego y la poda. Tiene riego por goteo, pero de vez en cuando lo regamos por arriba también.
Por ahí llegaba gente “de la nada”, como paisajistas que nos tiraban ideas.



¿Vienen turistas?

Esta casa recibe extranjeros 4 meses por año. Lo que hace la gente es vivir exactamente como se vive acá, con las comidas típicas, verduras, frutas y todo lo casero. Esta es una casa “muy argentina” y hay mucho arte. Esas cosas los deja muy impresionados con este lugar y sienten que están viviendo muy conectados con la cultura.

El proyecto es que después del laberinto tener una biblioteca para que la gente pueda venir, caminarlo, sentarse, leer y conectarse con otras cosas. Hasta ahora lo que se busca es que crezca, que se vaya haciendo el parque, que se vayan fortaleciendo las raíces.

La gente se entera de boca en boca. Nosotros no podemos decir que está abierto porque la idea es que crezca.

¿Cuándo quedaría listo el laberinto borgiano de acá?

Siempre está listo. Después se va a podar en forma de libro, es decir que en el medio del laberinto no vas a poder ver y más cerca de los costados sí. Eso lo vamos a hacer de a poco. Hay que tener en cuenta el clima de Mendoza. Es más lento de lo que podría ser en otros lugares. Acá no llueve nunca e independientemente de que lo riegues, es importante el agua de lluvia.

¿Es el único laberinto hecho así en Argentina?

Creo que no hay otro más grande ni hecho así.

¿Cómo surge lo de Venecia?

María vino varias veces acá a ver el laberinto con la idea de hacerlo allá e incluso en Dinamarca también. Ella ya me había comentado de una abadía en Venecia.

La idea es que el laberinto fuera una especie de símbolo de Borges, un homenaje que fuera por el mundo y que los lugares que tengan el laberinto se conecten entre sí a nivel cultural y que generen cosas positivas, como cambios de libros, hacer bibliotecas, intercambios culturales, etc. Eso es algo que vendrá en el futuro, hacia allá se proyecta.

La abadía está en isla de San Giorgio, en Venecia y la lleva adelante la Fundación Cini. En ella hay una biblioteca increíble. Borges tenía un gran respeto por estos lugares.

¿Van ustedes a Venecia?

Voy con mi hermana Sofía. Nos invitaron al palacio de la Fundación Cini. Van a haber invitados Premios Nobel, va a tocar un importante grupo de música Barroca. María Kodama va a recitar el poema “La Luna” que le escribió Borges a ella… será el 14 de junio con luna llena y se iluminará el laberinto en Venecia. Al mismo tiempo mi papá estará acá y va a ponerle simbólicamente unas luces al laberinto para que queden los dos iluminados.

¿Ustedes quieren que este lugar sea público?

Nos gustaría que fuera “semi-público”. La idea es que la gente pueda venir y disfrutarlo y se conecte con el lugar desde lo literario. El turismo no queremos que sea de masa. No queremos que vengan ómnibus, sino que venga realmente la gente que tenga ganas de venir porque le guste. Los extranjeros quedan fascinados.

Puede ser un espacio donde también se puede hacer música, si alguien trae proyectos que se use el lugar. También puede ser un espacio para enseñarle a leer a la gente. A mí me interesa mucho el tema social con los barrios de acá. Es fusionar un poco todo.
Igual hay gente que viene bastante. Vienen colegios. Me llaman maestras y vienen con los chicos, ¡que no sabés lo que son!, corren, se divierten, les encanta.



La Finca Los Álamos, su casa y el laberinto borgeano, son un lugar que genera una sutil sensación de paz en el que no alcanza la vista para mirar la enorme cantidad de arte que envuelve. Como decía Jorge Luis Borges “al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Es que realmente ése, es un laberinto en el que no daría miedo perderse.

Fuente : Mediamza.com
Max Belaeff
5 de junio de 2011
http://www.mdzol.com/mdz/nota/300779-una-historia-dentro-de-un-laberinto/
Videos : YouTube

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