martes, 8 de septiembre de 2015

Borges, los astros y el tiempo



Carta Astral de Jorge Luis Borges (s/f). Fundación Internacional Jorge Luis Borges.

A través de escritos y circunstancias en la vida del célebre escritor, una mirada a las progresiones secundarias, que misteriosamente revelan cómo cada día en la Carta Natal corresponde a un año de nuestra existencia.
Los misterios de la existencia se reflejan en la obra del escritor argentino.

Jerónimo Brignone

Si (como el griego afirma en el Cratilo) / El nombre es arquetipo de la cosa / En las letras de ‘rosa’ está la rosa / Y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’ (Borges, ‘El Golem’, 1958. Ed. 1964).

Uno de los grandes misterios que nos plantea la urdiembre astrológica es el de la esencia y sentido mismos de nuestra existencia. Contenido como caja china en otro, fascinante, que es el del Tiempo, entelequia en la que nuestra identidad se nos revela a través de nuestros actos y la experiencia.

Si (como afirma Borges en El Golem), el apretado conjunto de signos que nos nombra nos contiene, los astros, esas letras luminosas que se mueven (a decir del neoplatónico Plotino en el siglo III d. de C.), nos refieren en el tiempo y nos designan.

Adán y las estrellas lo supieron (ibid.)

Una antigua herramienta para comprender la sucesión del devenir es la que considera que el movimiento de los astros cada día desde que nacemos se corresponde con un año sucesivo de nuestra vida.

Con vagas reverberancias bíblicas (Ezequiel 4:6 y Números 14:34), las así llamadas progresiones secundarias suponen una resonancia entre dos círculos análogos: el que describe la tierra en un día rotando sobre sí misma y el que describe en un año alrededor del sol.

Mis padres me engendraron para el juego / arriesgado y hermoso de la vida, / para la tierra, el agua, el aire y el fuego (‘He cometido el peor de los pecados’, 1976)

Jorge Luis Borges (1899-1986), de pensamiento escéptico y sofisticado, se refirió varias veces a la astrología, aunque sin legitimarla. Su carta natal nos llega gracias a su amigo entrañable, el polifacético artista e intelectual Xul Solar, primer astrólogo argentino de quien tengamos noticias, quien la calculó con los datos facilitados por la madre.

El río me arrebata y soy ese río (‘Heráclito’, 1976)

El mapa astral de Borges merecería todo un apartado, dada la refinada personalidad que lo acompaña. Más bien aludiremos al fluir entre hitos de su existencia, según la analogía mencionada y su preocupación por el devenir, su consciencia del tiempo que corre y su recurrencia a la imagen de la vida como un río, ente típico de Cáncer, su signo ascendente.

¿Qué trama es ésta del será, del es y del fue? (‘Heráclito’, 1969)

Luego de una infancia europeizante y transcurridos sus años mozos en el viejo continente, regresa a los 21 años a su ciudad natal, que lo deslumbra. 21 días después de nacer, el Sol se unía con Venus, el planeta del amor y de la belleza, inundándolo de aquello que intitularía su primer libro de poesía: ‘Fervor de Buenos Aires’. 

Siguieron unidos los dos astros con el crecimiento de su fama, tal como cuando recibió el Premio Nacional de Literatura en 1941, donde a Venus, plenipotente en su signo, Libra, se le había unido Mercurio, el dios de las letras, y la Luna, la otra luminaria que significa popularidad.

Saturno y Plutón, los planetas de la oscuridad y el poder, estaban opuestos entre sí al nacer. 47 días después de nacer el meridiano del lugar pasaba por arriba de los dos planetas, augurando vivencias difíciles y pérdidas. En 1946, a sus 47 años, el recién electo gobierno peronista lo empujó a renunciar a su trabajo estatal, debiendo seguir entonces un nuevo camino de conferencista itinerante en armonía con aquella unión -todavía vigente- de Mercurio (desplazamientos, oratoria) y Venus (la voz, el contacto con la gente).

Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche (‘Poema de los dones’, 1960)
Con la caída del gobierno peronista, pasó a ser miembro de la Academia de Letras y Director de su amada Biblioteca Nacional: un sueño realizado, típico del planeta Neptuno, señor de los paraísos y de lo onírico que suele expandir la fama a proporciones míticas y que se encumbraba alto en el meridiano. Pero también planeta de oscuridades y de pérdida de definición: la ceguera heredada se agudizó entonces a magnitudes definitivas.

68 días después de nacer, su ascendente conjuntaba a Marte natal, dios de la guerra, en Libra, signo de relaciones y matrimonio. Se casó con una viuda a la que llevó a su casa a convivir con su madre, la figura posesiva que literalmente lo acompañó toda la vida (destino típico de ascendentes Cáncer, signo de la madre). De resultas, la batalla campal entre las mujeres fue de corta duración y sin saldo positivo para nadie.

¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible? (‘Heráclito’, 1969)


1973 lo vio ciudadano ilustre y con la primera edición de sus obras completas. Tal consagración literaria de alguien que había amado tanto a su ciudad coincide, 74 días después de haber nacido, con el meridiano superior, símbolo de elevación y prestigio, uniéndose a su ascendente natal en el patrio signo de Cáncer.

Su madre, Leonor Acevedo Suárez, falleció a los 99 años de edad en 1975. Poco menos de 76 días después de que él naciera, la Luna, el planeta matriarcal, incómodo en el desolado signo de Capricornio, se unía en conjunción con el meridiano inferior, símbolo de  la familia y lo maternal.

Meses aciagos con la Luna (emociones) en Capricornio, un velo depresivo que no logró disipar en 1980 el premio Cervantes, la máxima distinción que puede recibir un escritor de lengua hispana y al que acompañaba la conjunción de Júpiter, el planeta del éxito, los premios y la fortuna, con el áureo brillo solar.

Somos el vano río prefijado / rumbo a su mar (‘Son los ríos’, 1985)

El ascendente caminó sobre su Júpiter natal y se le ofreció así una forma nueva e inesperada de plenitud y felicidad. Venus y Marte, los eternos amantes cuyas andanzas desplegara Homero, el invidente poeta tan venerado por Borges, se unían en el cielo para regalarle un amor que le deparó en 1986 un nuevo matrimonio, a la par que se preparaba para otras oscuridades previsibles.

Tres meses más tarde, el 14 de junio, mientras la Luna se unía a las vastas tinieblas de Neptuno y Plutón, sus ojos se abrieron en forma definitiva a esas dimensiones ignotas que avizoró en cada folio de su producción.

Mi mente se aplicó a las simétricas porfías / del arte, que entreteje naderías (ib. 1976)

Laberintos y espejos acompañan esas letras de los astros que se mueven. Letras de la rosa y de su nombre, inspirado a Eco por Borges: virtualidades del otro, metáforas de lo real.



Jorge Luis Borges. 24-8-1899, 3 hs 31 min, Buenos Aires (Biblioteca Fundación Caba).

Jerónimo Brignone es Presidente y Director del Caba, Fundación Centro Astrológico de Buenos Aires, entidad con más de 50 años de actividad y reconocimiento internacional. También dicta clases en la UBA;

Fuente : Clarin Buena Vida

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