sábado, 2 de agosto de 2014

Jorge Luis Borges en tiempos escandinavos




por Fernando Molina

En una larga entrevista con María Esther Vázquez, Jorge Luis Borges explica que llegó al mundo de lo
escandinavo por el camino de lo anglosajón y que, pese al enorme aprecio en que tenía a la lengua y la
literatura de Islandia, sólo se dedicaba a ella los sábados y los domingos. Ignoro el alcance real de esa
dedicación "de tiempo libre" a los temas escandinavos, pero el mundo del norte tiene un papel nada
desdeñable, sin duda, en la obra y el pensamiento del escritor argentino. La intención de estas páginas es
echar un vistazo rápido a algunas de las principales huellas dejadas por lo nórdico en la obra de Borges y
comprobar, de paso, qué hay de objetivamente auténtico y qué de visión personal en esos elementos
boreales.
  
El interés por lo nórdico

Encontramos rastros de la dedicación de Jorge Luis Borges a lo escandinavo en buena parte de su obra,
incluso en los lugares más insospechados, pero podemos analizarla en dos aspectos bien distintos: su
preocupación erudita, de historiador o crítico, reflejada sobre todo en su libro Literaturas germánicas
medievales y su artículo "Las kenningar"; y su actividad de traductor, como en La alucinación de Gylfi,
de Snorri Sturlusson. Por otro lado, lo nórdico es a la vez tema y motivo, casi incluso lugar común, en su
prosa y poesía.

Borges parecía dudar de que alguien pudiera interesarse por esa cultura que a él le apasionaba, como
ponen de manifiesto sus palabras en el prólogo a Historia de la eternidad: "El improbable y acaso
inexistente lector a quien le interesen las kenningar puede interrogar el brevario Antiguas literaturas
germánicas que publiqué en México en 1951". Ese desinterés parece auténtico, pues ni el artículo ni el
libro sirvieron para paliar el radical desconocimiento de las antiguas literaturas nórdicas de que hacían gala
los historiadores literarios españoles (y creo que latinoamericanos), signo probable de que ninguno de ellos
se había preocupado de leer las páginas de Borges. De modo que considero de justicia señalar el papel
pionero de Borges en los estudios literarios sobre la Escandinavia medieval, y muy particularmente
Islandia, en los países de lengua española.
  
La literatura islandesa medieval

"De las literaturas germánicas medievales, la más compleja y rica es incomparablemente la escandinava.
Lo que al principio se escribió en Inglaterra o en Alemania vale, porque en buena parte prefigura, o
porque imaginamos que prefigura lo que se escribiría luego. En las elegías anglosajonas presentimos el
movimiento romántico y en el cantar de los Nibelungos los dramas musicales de Wagner. En cambio, la
antigua literatura nórdica vale por cuenta propia. Quienes la estudian pueden prescindir de la evocación de
Ibsen o de Strindberg" (Borges, Jorge Luis: Literaturas germánicas medievales, pág. 76).

Todo el mundo podría estar de acuerdo con el principio de esta cita, pero pocos lo estarían con su
segunda parte: seguramente, la escandinava es mucho más compleja y rica que las otras literaturas
germánicas medievales, aunque habría que hacer algunas matizaciones respecto de la anglosajona. Lo que
no es cierto, sin embargo, es que sólo ella valga por cuenta propia. Borges hace una comparación un tanto
falaz: Ibsen y Strindberg, efectivamente, deben poco a la literatura medieval, pero hay equivalentes a
Wagner o al movimiento romántico inglés que nos permitirían imaginar que la literatura nórdica del
medioevo prefigura las letras de siglos posteriores. Podríamos tomar muchos escritores alemanes o
ingleses en los que queda poca huella, si es que hay alguna, de los escritos de los inicios de su lengua.
Pero la afirmación de Borges es interesante, y queda incluso reforzada en su libro, al concluir el capítulo
dedicado a las sagas islandesas: "Para la historia universal, las guerras y los libros escandinavos son como
si hubieran sido, todo queda incomunicado y sin rastro, como si acontecieran en un sueño o en esas bolas
de cristal que miran los videntes. En el siglo XII, los islandeses descubren la novela, el arte de Cervantes y
de Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan esteril para el resto del mundo, como su
descubrimiento de América" (Literaturas germánicas medievales, pág. 99).

Lo que dice es cierto si, como es habitualmente el caso, no conocemos la literatura escandinava de siglos
anteriores, antes de adentrarnos en la medieval. Pero para el lector de Beowulf o The Seafarer la literatura
inglesa de épocas más recientes es algo ya familiar y lo mismo le sucederá a quien se acerque a los
Nibelungos. En cambio, lo habitual es comenzar las lecturas de las sagas sin haber oído, ni siquiera hablar
de, pongamos por caso, Oehlenschlaeger o incluso Laxnes. De modo que el desconocimiento de la mayor
parte de lo que viene después, le da ese carácter único a lo medioeval en el caso de Escandinavia, a
diferencia de lo que sucede en Alemania o Inglaterra.

Pero ahí radica también la importancia de la opinión expresada por el escritor argentino. Porque un
extranjero, desconocedor de la historia de las literaturas nórdicas, puede ver lo medioval como algo
aislado, como algo que no precisa de continuación: Islandia podría haber desaparecido del mapa, pero su
producción literaria de los siglos medievales seguiría teniendo idéntico valor. Y no hay que olvidar que
Borges veía en la Islandia de hoy un reflejo de la medieval, de la germánica, de la vikinga. A Borges sólo
le parecía interesarle la Escandinavia medieval, no la moderna, ni siquiera como continuación o reflejo de
aquella. Así, aparte de sus valores intrínsecos, esa literatura tiene una significación especial, es un mundo
aparte, un mundo aislado geográficamente y temporalmente, pero no del todo, pues tiene raíces comunes
con otras literaturas, con otros mundos más familiares.

Al mismo tiempo, quizás por todo ello, parece algo onírico más que real. Ese aislamiento, esa lejanía, ese
carácter un tanto misterioso, ese desaparecer en el tiempo parece muy adecuado para los propios mundos
imaginarios del escritor porteño, y quizás en ellos radique buena parte del interés borgiano por la antigua
literatura escandinava. Borges la conocía bien, de ello son testigos las obras que ahora estoy comentando,
aunque no sea posible compartir todo lo que se escribe.

Las sagas islandesas son para nuestro autor las auténticas joyas de la literatura escandinava medieval, y no
sólo por ese "aislamiento" que ya se ha comentado. Su juicio sobre los valores literarios de estas
espléndidas narraciones en prosa se pueden suscribir sin dudar: "Las sagas son biografías de hombres de
Islandia, a veces poetas (...) El estilo es breve, claro, acaso oral, suele incluir, como adorno, aliteraciones.
Abundan las genealogías, los litigios, las peleas. El orden es estrictamente cronológico, no hay análisis de
caracteres, los personajes se muestran en los actos y en las palabras. Este procedimiento da a las sagas un
carácter dramático y prefigura la técnica del cinematógrafo. El autor no comenta lo que refiere. En las
sagas, como en la realidad, hay hechos que al principio son oscuros y que luego se explican y hechos que
parecen insignificantes y luego cobran importancia" (Literaturas germánicas medievales, pág. 87).

Vale la pena reproducir esta larga cita porque es difícil encontrar tan acertadamente concentrada una
caracterización de las sagas. Tampoco se aleja Borges de lo que sabemos hoy acerca del porqué de esas
características, cuando escribe: "Los rasgos diferenciales de la saga surgieron de las circunstancias que les
dieron origen. La saga fue realista porque refería, o pretendía referir, hechos reales, fue minuciosa porque
la realidad también lo es, prescindió de análisis sicológicos porque el narrador no podía conocer los
pensamientos de las personas sino sus actos y palabras. La saga es una crónica objetiva de hechos
históricos, a ello se debe la impersonalidad de su redacción" (Las literaturas germánicas medievales, pág.
90).
  
Comentarios finales

Creo que se puede establecer una cierta similitud con el carácter de bastantes narraciones del mismo
Borges. Seguramente no surgió por influencia de las sagas, pero sí considero probable que el gusto de
Borges por éstas fuera, entre otras cosas, una consecuencia de sus propias preocupaciones literarias, un
estilo nada barroco, preciso y muchas veces minucioso. Quizás Funes el memorioso sea un buen ejemplo
de minuciosidad, y la memoria juega también un papel importante en las sagas.

A nosotros nos sorprende este paralelo que traza Bernardez entre la saga y Funes el memorioso ya que
aquella "fue realista porque refería o pretendía referir hechos reales". En Funes el memorioso hay mucho
de "fantástico" como en mucho de la literatura borgiana. Funes es un hombre que no tiene reloj pero que
sabe siempre la hora exacta. En la minuciosidad de algunos relatos de Borges podría establecerse un
paralelo con las sagas, pero tratar de encontrar rastros de aquellas en el estilo del autor argentino nos
parece algo más aventurado.

Fuente . La Hoja Latinoamericana

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