domingo, 30 de noviembre de 2014

Borges, tango y memoria




 Por Karina Micheletto

“Tal vez la misión del tango sea ésa: dar a los argentinos la certidumbre de haber sido valientes, de haber cumplido ya con las exigencias del valor y el honor.” La cita de Borges vuelve en la memoria de Juan Sosa, y el músico dice que fueron estos temas borgeanos –el valor, el honor, la misión o el destino– los que lo llevaron años atrás a enfrentarse al autor que admira desde la música. Los versos de Jorge Luis Borges sirvieron de guía para El tango, un trabajo que el guitarrista encaró con los recitados de Héctor Alterio. Ahora, puestos en un presente que es otro, con nuevos arreglos y esta vez con él mismo recitando esos versos de los que no deja de asombrarse, Sosa volverá a mostrar ese trabajo hoy a las 17 en el Museo del Libro y de la Lengua (Las Heras 2555), con entrada gratuita. Lo acompañarán Fernando Díaz en guitarra, Carolina Rodríguez en viola, Damián Foretic en bandoneón y Emanuel Munich en bajo, todos jóvenes músicos con los que Sosa retoma su trabajo, esta vez ya finalmente radicado en Buenos Aires, de regreso de su exilio. También estará en cello y flauta Ricardo Munich, quien en los ’70 fuera su compañero en tiempos de Huerque Mapu.

“No pensábamos dejar nuestros huesos en España”, sintetiza la decisión que lo trajo esta vez a un regreso definitivo junto a su compañera, con la que eligieron como nuevo hogar el corazón mismo de la porteñidad, por Corrientes y Callao. Tras su participación en Huerque Mapu y su militancia primero en el grupo clasista Los Obreros, y luego en Montoneros, Sosa pasó por el exilio en México, París y Madrid. Hubo un regreso a la Argentina en los ’80, que duró unos años, y ahora éste, en el que vuelve también su música: la “Milonga de la calandria”, en la que él mismo musicaliza a Borges, las músicas de Jorge Sarraute o de Oscar Grossi para otras milongas y tangos, o la obra de Piazzolla sobre Borges, otro punto de partida sobre el que trabajó Sosa.

“Toda esa cuestión del culto al coraje, esa atmósfera del duelo a cuchillo que narra Borges me recordaba lo que viví cuando era pibe: yo me crié en Mar del Plata, en un barrio de frontera entre el campo y la ciudad”, relata el músico. “Vivía a veinte cuadras del centro, pero en ese entonces era campo. Iba a la escuela y veía vacas, pasaba por los tambos donde vendían manteca suelta en un frasco con agua. Y he visto duelos a cuchillo en el conventillo donde me crié. Nuestra música era ésa, el tango, el folklore, los bares donde llegaban los payadores anarquistas. Por eso, en estos versos, cada imagen me retrotrae a aquello. Como si fuera todo un violento olvido y apareciera de vuelta con un color único, por la distancia y el tiempo. Y me da mucha alegría que pase eso.”

Hay otra frase de Borges que vuelve de memoria en esta ligazón emocional: “El tango puede discutirse, y lo discutimos, pero encierra, como todo lo verdadero, un secreto. Los diccionarios musicales registran, por todos aprobada, su breve y suficiente definición; esa definición es elemental y no promete dificultades, pero el compositor francés o español que, confiado en ella, urde correctamente un ‘tango’, descubre, no sin estupor, que ha urdido algo que nuestros oídos no reconocen, que nuestra memoria no hospeda y que nuestro cuerpo rechaza. Diríase que sin atardeceres y noches de Buenos Aires no puede hacerse un tango y que en el cielo nos espera a los argentinos la idea platónica del tango, su forma universal (esa forma que apenas deletrean ‘La Tablada’ o ‘El choclo’), y que esa especie venturosa tiene, aunque humilde, su lugar en el universo”. “Lo digo con Borges porque no sé cómo podría decirse mejor en castellano. Es simplemente perfecto”, concluye Sosa. A esos atardeceres y noches en Buenos Aires ha vuelto Sosa a hacer tango, justo en un momento en el que casualmente su pasado está siendo revisitado en un libro de reciente aparición: Un fusil y una canción, de Ariel Zak y Tamara Smerling, que reconstruye la historia de Huerque Mapu, el grupo de folklore que hizo la Cantata de Montoneros. “Me emociona pensarlo, porque Huerque Mapu representa una parte de mi historia, la parte fundamental que es la de la lucha política”, dice Sosa.

Fuente : Pagina 12
30 de noviembre de 2014

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