viernes, 17 de julio de 2015

Borges y la Librería Mitchell`s




"(...) En Buenos Aires, el estupor que me produjo su olvido se repitió. Ante los once deleitables volúmenes de las obras de Emerson, en el sótano de la librería inglesa de Mitchell, encontré,  una tarde, a Patricio Gannon. "

Tomado de J. L. Borges,
"La otra muerte",
en El Aleph, (1949).

  
"(...) En lo que se refiere a libros [Borges] tenía una naturaleza adquisitiva. Se sentaba en el suelo y empezaba a retirar libros de los estantes más bajos. Los examinaba y los leía con la página casi tocándole la nariz. ( Le vi hacer esto en casa de los Bioy, en la biblioteca pública en donde era un modesto empleado y en Mackern`s y Mitchell`s, las librerías inglesas, donde era conocido y se le permitía revolver todo lo que quisiera). "

Tomado de Estela Canto,
 Borges a contraluz, Espasa Calpe,
Madrid, 1989, pág. 31.



La Librería Mitchell´s

Mitchell´s English Bookstore fue fundada en el año 1907 por Edwuard Bellet Mitchell, nacido en Londres en 1867 y muerto en Buenos Aires el 17 de Julio de 1949. Primitivamente, la librería ocupó un local de la calle Cuyo, hoy Sarmiento, al 600, de donde se mudó a Cangallo 580, finca lindera con Gath y Chaves. El dueño de la casa, antes se había desempeñado como empleado en el ferrocarril del Sur y luego como dependiente en las librerías de John Grant y en la de Guillermo Bremer.

La buena suerte quiso que un día Mitchell fuera agraciado con el premio mayor de la lotería y ese hecho feliz varió su destino, decidiendo trabajar por cuenta propia. Hombre sobrio, disciplinado y de férrea voluntad, pronto logró acreditarse en la profesión librera. Su casa habría de conquistar gran reputación como el centro más completo y surtido en obras clásicas y modernas de literatura en idioma inglés. El establecimiento consolidó su prestigio con la incorporación al mismo de Miguel, Arturo y Juan Regan, quienes actuaron, respectivamente, como gerente, empleado y contador de la empresa. Poco después, formarían parte de la firma, quedando prácticamente al frente de su giro comercial. Mitchell, a su vez, decide trasladarse a Londres, en cuya ciudad permanece la mayor parte del año para atender mejor los intereses de la librería y efectuar directa y personalmente las compras. De este modo, lograba también la prioridad en el servicio puntual de las novedades con destino a la casa de Buenos Aires.

Esta se hallaba instalada en un salón de grandes dimensiones que era, al propio tiempo, un punto estratégico de reunión para la colectividad británica, pues a lo largo de Cangallo se distribuían numerosos comercios de esa nacionalidad, entre los que figuraban las librerías de Perkins, John Grant y Robert Grant, estas últimas independientes entre sí, ya que sus propietarios, no obstante la identidad de apellido, no tenían vinculación alguna de parentesco. Mitchell´s English Bookstore, en sus primeros tiempos, explotaba, además del ramo de la librería propiamente dicha, cuyo fondo estaba constituido exclusivamente por material impreso en inglés, los renglones de papelería fina, útiles de escritorio, fantasías y anexos. Bajo este último aspecto, conviene señalar que fue la primera casa que tuvo la iniciativa de importar a Buenos Aires las famosas plumas estilográficas de Londres –entonces se las llamaba lapiceras-fuente-, a cuyos fines creó Mitchell un servicio especial de reparaciones a cargo del hijo homónimo, el cual se había especializado en la misma fábrica extranjera. La casa disponía, igualmente, de algunos artículos y productos que, por entonces, gozaban de gran aceptación en el público. Entre ellos, la tinta Stephen, las plumas Perry, la goma de pegar marca Gloy y un sinfín de curiosidades presentadas a títulos de cosas originales, tales, por ejemplo, el chewing gum o goma masticable, máquinas de afeitar, colonias, jabones, cosméticos, etcétera.
Mitchell trajo al país los primeros libros de texto para la enseñanza del idioma inglés y, simultáneamente, difundió en Londres y Buenos Aires, una nutrida serie de tarjetas postales en colores que reproducían escenas de costumbres, tipos, edificios y paisajes de la vieja capital del Río de la Plata, todos ellos extraídos de láminas de los primeros pintores y litógrafos argentinos.

La librería contó, por otra parte, con una amplia y distinguida clientela porteña, aparte, naturalmente, de la de origen británico y estadounidense, que consideró siempre a la casa como la preferida de la ciudad. La frecuentaron, en distintos períodos, Joaquín V. González, el general Julio A. Roca, lector asiduo de los clásicos ingleses, al igual que el hijo del mismo nombre, Enrique Larreta, Mariano de Vedia y Mitre, Rafael Alberto Arrieta, Fernando Pozzo, el general Agustín P. Justo, Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges y algunos ilustres visitantes extranjeros, de paso por Buenos Aires, como Rabindranath Tagore, Franklin D. Roosevelt, etcétera. 

El alma y el nervio impulsor de la librería era el gerente, don Miguel Regan, un irlandés culto, afable con el público y comprensivo con el personal de la casa, el cual veía en él una prenda de estímulo y garantía. Entre 1916 y 1925 Mitchell’s acrecentó el fondo de su casa, incorporando al mismo las existencias de las librerías de Guillermo Bremer y John Grant, ésta muy próxima a su domicilio, en Cangallo 491. A Bremer le compró, inclusive, un letrero luminoso muy original y llamativo que servía de señuelo y propaganda a su comercio. Era una especie de farol de cristal que se hallaba suspendido al frente o entrada de la calle Florida 333 –luego pasó a ocupar el mismo lugar en la librería de Mitchell- y ostentaba la imagen de la bandera británica con sus colores.

El recuerdo de Mitchell’s perdura, especialmente, por la edición que hiciera de dos álbumes históricos de vistas y escenas de la antigua ciudad de Buenos Aires. En 1910 encargó a Londres una reproducción fotográfica de Recuerdos del Río de la Plata, de Carlos E. Pellegrini, aparecida por primera vez en nuestra capital, por la Litografía de las Artes, en 1841. En 1944, por los talleres gráficos de Sebastián de Amorrortu, de Buenos Aires, estampó una edición facsimilar de dos mil ejemplares de Picturesque illustrations of Buenos Ayres and Montevideo, 24 vistas tomadas por el marino inglés E. E. Vidal, sobre la base del texto original hecho en Londres en 1820 por R. Ackermann.

En 1941 falleció Miguel Regan, el animador de la librería, y más o menos por la misma fecha se retiró de la misma el fundador, don Eduardo Mitchell. Estos hechos fueron el principio del fin. Después de una etapa crítica, se constituyó una sociedad cooperativa con los antiguos empleados de la casa. No obstante esos esfuerzos, las dificultades se multiplicaron y la librería se declaró en estado de quiebra a mediados de 1955.

Tomado de Buonocore, Domingo;
Libreros, editores e impresores de Buenos Aires,
Bowker Editores, Buenos Aires, 1974

Fuente  :  Portal del  Libro





  

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