jueves, 23 de julio de 2015

HUMORISTA DESCONOCIDO




Borges no sólo cantaba tangos, sino que también escribía historietas

Escribe ISMAEL CANAPARO

Entre 1933 y 1934, introdujo textos propios sobre el periodismo y la literatura de la época en una tira denominada “Peloponeso y Jazmín”, que publicaba el diario Crítica.

El hallazgo de varios casetes de medio siglo atrás, con diversas conferencias sobre el tango que Jorge Luis Borges dio en Buenos Aires, provocó cierto revuelo en el mundo literario argentino y español. La imprevista traducción apareció ahora de la mano de su viuda, María Kodama, en la Casa del Lector de Madrid, entidad dedicada a la promoción de la lectura, junto con la Fundación Borges. Allí irán a parar el imprevisto descubrimiento, junto a un CD y un libro con los audios y las transcripciones de aquellos coloquios.

Por la propia Kodama, se supo una reiteración que siempre fue evidente: “A Borges le gustaban mucho los tangos de la Guardia Vieja”, agregando algo escasamente conocido: el escritor detestaba a Carlos Gardel. “Siempre decía que Gardel hizo del tango algo sentimental y llorón”. También apuntó que “solía tararear las canciones que sabía, pero las que más le gustaba eran las que no tenían letra”.

En un mundo tal, en el que arte y técnica se hallan por completo escindidos, sólo es posible reunirlos a través de la casualidad. De allí el tono satírico que hacía Borges en aquellas charlas de 1965, de allí las revelaciones del autor de “El Aleph”, algunas conocidas y otras no, como así también de sus constantes ironías. Más allá de la curiosidad, cuando se trata de reinstalar una mirada tanguera (con o sin la vehemencia romántica borgiana), un poco de revuelo no viene nada mal.

Como ella misma lo confesó, María Kodama adquirió años atrás la fuerte necesidad de encontrar trozos de las diversas actividades que desarrolló Borges a través de sus 87 años de vida y pegarlas en un árbol que ella llamó “confidencias”, todavía inédito. Hace poco tiempo atrás me la encontré casualmente en el aeropuerto de Barajas y tuvimos una linda charlas informal, mientras esperábamos el vuelo a Buenos Aires. 
Le contaba una anécdota desconocida que tuvo el escritor como protagonista, cuando llegó a Junín en los setenta y quiso recorrer la calle que lleva el nombre de su abuelo, el Coronel Francisco Borges. Casi como un rayo, la viuda buscó su cartera. Sacó una libreta y anotó, puntillosamente, cada párrafo de aquella situación.

La “Revista Multicolor”

El diario Crítica publicó entre agosto de 1933 y octubre de 1934, a modo de un gran avance editorial, un suplemento literario llamado la “Revista Multicolor”, que aparecía los sábados, dirigido por Jorge Luis Borges y Ulysis Petit de Murat. La saga, integrada por ocho páginas ilustradas, tenía un formato de 58 por 45 centímetros y alcanzó un total de 61 números editados.

La elección de autores que interesaban a Borges en esa época es obvia y conocida. Por un lado, Chesterton, H.G. Wells, Bernard Shaw, Jack London, Kipling, Novalis, O´Neill, Hudson, Bret Harte, Marcel Schowb. Por otro, Xul Solar, Vicente Rossi, Manuel Peyrou, Santiago y César Dabove, entre los nacionales. No es todo: hay también una serie de relatos que Borges retomará después en la “Antología de la literatura fantástica”, de 1940, realizada en colaboración con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares o en “Los mejores cuentos policiales”, de 1943, junto a Bioy y, además, algunos textos de los que dará su propia versión en “Cuentos breves y extraordinarios”, de 1955, nuevamente con Bioy.

“Peloponeso y Jazmín”

En esta historieta, Borges y Petit buscaron hacer algo diferente, especialmente en las líneas y réplicas de los personajes. Peloponeso es un hombre prehistórico que se encuentra con un dinosaurio y lo amaestra, aunque finalmente el animal termina casi adoptando a su patrón. No hay ninguna preocupación por la verosimilitud de lo que se cuenta y son en especial las contestaciones de los protagonistas las que le otorgan un carácter delirante, a través de alusiones a la historia, al mundo de los años treinta, a los aparatos modernos, al cine, al deporte, a la literatura.

Hay diálogos que no pueden provenir de ninguna manera del original. Es el caso de las menciones a la ciudad de Buenos Aires. Por ejemplo: “Esperame junto al pasaje Barolo”, “Esto se pone peor que Buenos Aires cuando llueve”, que bien podría fácilmente trasladarse a los momentos actuales, o “Tomá este paquete de serpentinas por si te ocurre ir al corso de Belgrano”. Se encuentran también referencias a costumbres o acontecimientos culturales de la ciudad, como: “Que salga el Tony” o “Prohibida la venta de El fuego de Barbusse” y “Sin novedad en el frente de Remarque”, dos de los grandes éxitos popular de la época.

Por otra parte, los personajes hablan en porteño y más aún, acumulan juegos de palabras. Peloponeso al refugiarse en la copa de un árbol dice: “El médico me recomendó que no me tome la copa, pero no me queda otro remedio”. Y, en el mismo número, al entrar a una gruta persiguiendo a un animal prehistórico: “El plato no es de mi paladar, pero ya que estoy en la boca de la garganta entraré sin tocar la campanilla”.

Todo un pretexto inteligente

La historieta, insertada en la “Revista Multicolor” de Crítica, es una muestra de la manera astuta y humorística con la que se pudo apropiar de un espacio destinado a sacar a los lectores del ámbito de lo estrictamente literario. Y en tal caso, es posible reconocer la marca del Borges de los años 20 y 30, cuya práctica literaria está marcada por lo contextual . Marcas que luego, hacia la década del 50 y sobre todo a partir de la primera edición de las “Obras completas”, él mismo se encargará de ir borrando y atenuando. 

Lo cierto, es que los diálogos funcionaban como un pretexto para situar los debates de los intelectuales argentinos a comienzos de los años 30, convirtiendo a la historieta en un verdadero campo de batalla literario. Además, los ataques de esas historietas recuerdan a las parodias de Borges y Bioy Casares en la década siguiente, publicadas con el seudónimo Bustos Domecq, junto a las sátiras que aparecieron en la revista “Los anales de Buenos Aires”.

Fuente :  La verdad on line

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