sábado, 9 de mayo de 2015

Borges en Bahía Blanca


Jorge Luis Borges, en una bahía demasiado blanca

El notable escritor estuvo en nuestra ciudad en 1949 y volvió 13 años después. De su última visita quedan, además de sus conferencias, sus críticas a la arquitectura urbana.


Jorge Luis Borges, durante su disertación de 1962 en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

“Tampoco hay ciudades. A juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido mucho”. “De Utopía de un hombre que está cansado”, cuento incluido en “El libro de Arena” (1975).

Jorge Luis Borges, acaso el más importante escritor de nuestra historia, señaló a principios de los 60 que el progreso de Bahía Blanca “era correspondiente a una dinámica de antigua procedencia”, y aunque se maravilló de los altos edificios que daban cuenta de ese progreso material, este hombre al que sus ojos sólo le permitían ver “sombras, bultos y luces” criticó “el exceso de blanco” de su arquitectura, la falta de colores que le den levedad a esas obras y no que la hagan demasiado parecidas, con su uniformidad, “a las cárceles, los hospitales o los manicomios”.

Borges visitó nuestra ciudad en 1962, a sus 63 años de edad, invitado por el director del Instituto de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur, el poeta Héctor Ciochini.

El autor de El Aleph había estado en Bahía Blanca en 1949, por gestión del Colegio Libre de Estudios Superiores. En aquella ocasión habló de Almafuerte y de la novela policial, visitó a Ezequiel Martínez Estrada en su chalet de la avenida Alem y participó de una recepción de honor en casa de Gregorio Scheines.

En esa primera presencia su figura fue señalada por este diario como “una de las más prestigiosas de las letras argentinas” y una nutrida concurrencia colmó las instalaciones del edificio de Mitre y Rodríguez (actual sede de la CGT) para escuchar su voz, baja y monocorde.

Cuando regresó, 13 años después, mucha agua había corrido debajo del puente. El presidente Juan Domingo Perón ya lo había echado de la biblioteca municipal Miguel Cané, en Boedo, y la Revolución Libertadora lo había designado, en 1955, director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó hasta 1973.

Aquella segunda visita fue para hablar de Literatura Fantástica --lo hizo en el salón de actos de Colón 80-- y compartió un coloquio con los estudiantes de Humanidades que cursaban Estilística, una materia centrada en su obra.

Dicho encuentro, calificado como “constructivo, ameno y esclarecedor”, marcó a muchos estudiantes para toda su vida. En esa oportunidad, el escritor concurrió al restaurant Suizo, en la avenida Colón al 200, donde disfrutó de su reparador patio.

Excesivo blanco

Si bien Borges no tenía el don de la vista --“lo perdí en un lento crepúsculo que duró más de medio siglo”, según gustaba decir-- no fue eso un escollo para hablar de nuestra ciudad.

“Admito que sus altos edificios manifiestan su progreso material”, le señaló a un periodista de este diario, pero no tuvo pudor en ensayar una cruda crítica a su arquitectura: “Hay un excesivo blanco”, dijo, lo cual provocaba que los edificios lo impresionaran “como masas pesadas”, sugiriendo, con su uniformidad, “a las cárceles, hospitales o manicomios”.

Borges contrapuso a esta cualidad el ejemplo de las obras que se estaban realizando en los Estados Unidos --tiempos del posmodernismo--, a las cuales se aplicaban colores como “el amarillo cromo, el azul celeste o el rojo combinado con marrón”, tonalidades que, a su parecer, “daban sensación de levedad a los gigantescos cuerpos arquitectónicos”.

Luego de dos días, Borges dejó la ciudad para nunca más regresar. Preso de ese “mundo indefinido” de los ciegos, reflexionó sin embargo que peor suerte le tocó a su amigo Eduardo Mallea, bahiense de nacimiento, que veía grises los rojos. “Creo que eso es peor, haber besado labios grises…”.

Fuente  :  La Nueva  -  Bahía Blanca  -  Argentina


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