miércoles, 20 de mayo de 2015

Jorge Luis Borges, patrimonio colombiano




CARLOS GOEDDER
                       
El escritor colombiano Juan Camilo Rincón acaba de publicar un trabajo grato, con una investigación minuciosa, seria y amable, sobre la relación entre Jorge Luis Borges (1899-1986) y Colombia. El trabajo repasa las tres visitas del escritor a suelo colombiano, los trabajos de intelectuales colombianos sobre Borges y tres entrevistas con destacados colombianos que trataron con el escritor.                 
           
Un libro reciente de Juan Camilo Rincón, “Ser Colombiano es un acto de fe”, repasa la relación entre Jorge Luis Borges y los lectores colombianos


El escritor colombiano Juan Camilo Rincón acaba de publicar un trabajo grato, con una investigación minuciosa, seria y amable,  sobre la relación entre Jorge Luis Borges (1899-1986) y Colombia. El trabajo repasa las tres visitas del escritor a suelo colombiano, los trabajos de intelectuales colombianos sobre Borges y tres entrevistas con destacados colombianos que trataron con el escritor: Manuel Hernández Benavides, Juan Gustavo Cobo Borda y Mauricio Botero. El trabajo no sólo da un sabor colombiano a la obra de Borges, sino que ensancha la dimensión literaria y personal de este titán de las letras. La referencia es: RINCÓN B., Juan C. Ser colombiano es un acto de fe. Fundación Cultural Libros y Letras, abril de 2014.

El título del libro proviene de uno de los cuentos que Borges escribió hacia el final de su vida, publicado en 1977, titulado Ulrica. El protagonista es un profesor colombiano de la Universidad de los Andes, quien responde a la respuesta sobre qué es ser colombiano de este modo, “No lo sé. Es un acto de fe.” (p. 13). Efectivamente, todo nacionalismo y toda noción de patria entraña algo de misticismo y creencia superior a la razón, incluso cuando se trata de un sano apego al suelo y la cultura natal.

Mencionar la Universidad de los Andes corresponde a que la primera visita de Borges a Colombia fue para recibir un doctorado honoris causa de esta prestigiosa casa de estudios.  El entrevistado Cobo Borda enumera de modo afortunado y sucinto las tres visitas: “… En diciembre de 1963, cuando le es otorgado el Honoris Causa en los Andes, en Junio de 1965, durante el  mes colombo-argentino, y en noviembre de 1978, cuando se le otorgó la Orden Civil del Mérito en Bogotá.” (p. 109).  Si bien el punto inicial de las visitas fue Bogotá, Borges visitó otras ciudades colombianas. El mismo Cobo Borda señala: “Un hito que debemos recordar, porque existe un libro, es sobre una visita que él hizo a Medellín. Es un texto que registra toda su visita a la capital antioqueña. Lo recibieron, entre otros, Jorge Valencia Jaramillo, Darío Ruiz Gómez y Elkin Restrepo, y estuvieron paseando por Medellín, y por toda esa atmósfera del tango de Gardel.” (p. 109)

Manuel Hernández comenta en su entrevista sobre la visita final de 1978: “A Borges, como siempre, le fascinaba venir a Colombia; realmente le gustaba la manera de ser de nosotros, algo encontraba de raro en el colombiano, una cierta concavidad para entender la vida; él pensaba que, en ese sentido, éramos más maduros que los argentinos.” (p. 88) La fina ironía bogotana le encantaba a Borges, mencionándose un par de veces en la obra este magnífico ejemplo: cuando el invidente escritor visitó acompañado de un contertulio colombiano, Víctor Paz,  el bogotano Parque de la Independencia; al ser interrogado por Borges sobre los monumentos, Paz le respondió: “Aquí tenemos muchos próceres y pocos héroes.” (p. 131)
Rincón repasa exhaustivamente la cobertura de periódicos y la radio (especialmente la fundamental emisora HJCK) en las visitas de Borges. El escritor dejó consignada esta frase al ser entrevistado por el periódico colombiano El Tiempo el 15 de diciembre de 1963: “Una de las cosas que más admiro de Colombia es que la literatura se toma en serio.” (p. 17-8)  En otra entrevista, concedida al diario El Espectador el 8 de agosto de 1965, Borges persistía en esta visión: “Colombia es un país literario por excelencia. Aquí se tiene mucho cuidado con la pulcritud del idioma, y el escritor forma parte de la sociedad. El escritor colombiano es una persona considerada y apreciada.” (p. 21)

Como amena curiosidad del libro, se señala que Borges gustaba mucho de un poema colombiano que la madre del escritor, Da. Leonor Acevedo Suárez - fallecida en 1975 a los 99 años y una presencia determinante en su  vida – declamaba. Se trata de Nocturno de José Asunción Silva (1865-1896) (p. 18)– Uno de los best seller colombianos actuales trata precisamente sobre el asesinato del poeta colombiano, que se ha hecho pasar por suicidio: El libro de la Envidia, de Ricardo Silva.-  La literatura daba a Borges una visión universal. Hernández Benavides señala: “era un hombre muy cosmopolita, en el sentido que en los lugares a donde iba se sentía cómodo porque sabía algo del país a través de la literatura.” (p. 113)

El libro de Rincón repasa los ensayos de varios escritores colombianos en la mítica revista literaria colombiana Mito, publicados en 1961 en sus números 39 y 40, en un especial titulado Homenaje a Borges. Las opiniones de estos escritores revelan cómo entendían el legado de Borges y sus posibilidades para las letras hispanas.  Sugiero repasar algunas de esas reseñas.

Marcos Ricardo Barnatán, hispano-argentino, señala que “ninguno los escritores que ha dado su país, antes y después de Borges, han conseguido vencer a su manera los límites estrictos del mundo hispánico.” (p. 28)  Esta visión enlaza con la del entrevistado Mauricio Botero, quien afirma estos dos como los mayores aportes de Borges: “Logra crear una especie de sintaxis nueva que le da una gran fuerza, de modo que al escribir no es más lento que al hablar. Antes de los textos de Borges el idioma era un poco más lento, decimonónico, lleno de adjetivos y peripecias y ese es el aporte de Borges. Gracias a su herencia anglosajona incluye ese aprendizaje en sus escritos.” (p. 127) Y agrega: “Otro  aporte de Borges es el uso de conceptos futuristas o cuentos hacia el futuro; son conceptos vistos en Asimov o Verne, pero no era común en el castellano.” (p. 127)

El carácter profundamente latinoamericano de Borges, seguramente el más universal de los escritores contemporáneos en castellano, también es señalado por varios de los ensayistas en Mito. Rafael Gutiérrez Girardot  consigna: “Borges pone presente que la literatura hispanoamericana puede disponer de otras posibilidades de expresión y de otros supuestos intelectuales que la diferencian esencialmente de la española.” (p. 29)  De algún modo, Borges es ciertamente un fruto del crisol cultural y el mestizaje de América Latina, siendo decisiva la influencia europea en su educación bonaerense, su aprecio del barrio porteño y su respeto patriótico por  la Guerra de Independencia  (Un abuelo suyo fue comandante de caballería en la batalla de Junín). Marta Mosquera elabora: “Lo «mágico» de su escritura nace de su ser latinoamericano.” (p. 30) y agrega: “Borges es latinoamericanamente universal.” (p. 31)   Rincón resume esta valoración comentando: “Desde Gutiérrez Girardot hasta William Ospina, los escritores y críticos colombianos han reconocido a Borges como el eslabón indispensable para la evolución de las letras latinoamericanas hacia una posición universal. Su literatura sacó a nuestro continente de su terco provincialismo, de su excesivo y a veces ridículo patriotismo, al ubicarlo como pilar central de la cultura occidental.” (p. 76)

Sobre las motivaciones temáticas de Borges, la catedrática colombiana Piedad Bonnet establece: “No creo equivocarme al afirmar que el gran tema de la obra de Borges es la imposibilidad del hombre de comprender qué lugar ocupa en el universo.” (p. 66)  Rincón, en su erudición borgiana, incorpora la afirmación de un crítico literario francés, Paul Bénichou, quien escribió que la obra de Borges “se organiza en torno a dos temas básicos:  el mundo como maquinación o falsificación, cuyo sentido se nos niega, y el mundo como laberinto y ramificación infinita de posibilidades, cuyo cálculo nos sobrepasa.” (p. 31)

La dimensión poética de Borges también está presente en este ensayo formidable de Rincón: “Borges había manifestado que, si existiera la posibilidad de ser recordado, le gustaría que fuera por su poesía.” (p. 46)  Una de las más bellas evaluaciones sobre Borges la hace Gilberto Bello, de quien Rincón señala: “Bello reconoce que Borges había creído «que las metáforas existen desde siempre (el tiempo y el río, el vivir y el soñar, la muerte y el dormir, las estrellas y los ojos, las flores y las mujeres); la función del poeta es reinventarlas, descubrirlas de nuevo. La belleza nos está acechando por todas partes.»” (p. 51). Tan grata imagen es oportuna para resaltar esta deliciosa frase de Borges, señalada en la obra: “Los sueños son una obra estética, quizá la expresión estética más antigua.” (p. 77)

Julio César Londoño aborda el aporte de Borges como crítico literario: “Los principales detalles que hacen de su crítica la cumbre del género: erudición, brevedad, imaginación y su capacidad para urdir teorías, cazar paradojas, establecer asociaciones y describir claves (…) En la crítica de Borges, su creatividad asumió dos formas: una académica, caracterizada por asociaciones rigurosas y a veces sorpresivas, y otra fantástica, compuesta por especulaciones abiertamente poéticas.” (p. 79)

El libro repasa con detalle las crónicas de las visitas de Borges a Colombia y las de los entrevistados colombianos que fueron a visitar al escritor a Buenos Aires. En tal sentido, este libro de Rincón nos acerca a Borges persona y lo transforma también a él en un universo humanamente fantástico.

El tema político es ineludible en todo escritor de estas sufridas tierras. Cuando Rincón entrevista a Mauricio Botero sobre la actualidad de Borges y su popularidad entre escritores jóvenes, este señala: “Hace unos veinte o treinta años el gran héroe era Pablo Neruda, no sólo por su literatura, sino por la cuestión izquierdista, y el Che Guevara, porque esa generación creía que era el socialismo lo que se iba a imponer. Hoy el gusto literario por opciones políticas no es lo primordial; ahora cuando se sabe quién es Stalin el Canto de amor a Stalingrado de Neruda queda herido de muerte.” (p. 128)   Cobo Borda señala que Borges procuraba mantenerse al margen de la política y la imprudencia en esta materia le habría costado el nobel, al aceptar entrevistarse con Pinochet. El entrevistado describe el episodio: “… Él fue invitado por la Universidad de Chile, y Pinochet lo invitó ese mismo día y no lo vio de mala forma y para él era descortés negarse a una invitación del presidente de un país estando en ese territorio. Además, en ese momento él creía que la política y la literatura estaban separadas.” (p. 114)

Su relación con el peronismo sí fue de enemistad. Borges declaró en Colombia: “Soy demócrata integral y por patriotismo, antiperonista.” (p. 35)  Tenía sobrados motivos para detestar a Perón, como nos recuerda Rincón: “La continua resistencia del escritor a las ideas de Perón lo habían hecho objeto de una dura persecución. El despótico acoso por parte del régimen peronista llegó a límites insospechados, como fue la detención de su madre e inmediatamente la de su hermana, hasta su grosero nombramiento como «Inspector de Aves», cuya única finalidad fue avergonzarlo…” (p. 24)   Uno de los más grotescos relatos sobre la relación de los peronistas con Borges es cuando Manuel Hernández recuerda de su visita al apartamento de Borges que el ascensor del edificio estaba dañado y ya se lo habían advertido: “se rumorea que el portero [conserje] es peronista y odia a Borges; por eso le daña el ascensor, para que tenga que esforzarse más.” (p. 98)  Uno de los terribles misterios de Argentina, donde tuve el gusto de vivir por dos años y de donde es mi amada esposa, es que ha sido capaz de producir a Borges, Cortázar, Sábato, Quino y al mismo tiempo a Perón, Videla y los Kirchner, siendo que los electores olvidan aquellas alturas del pensamiento literario argentino cuando hunden a su país en cada elección política, aceptando las grotescas simplificaciones demagógicas y populistas de la realidad.

No obstante, no queda sino compartir esta idea del propio Borges: “La responsabilidad del pueblo argentino es tener esperanza.” (p. 122)   No menos afortunada es esta frase de Cobo Borda: “Eso es lo que hace encantador a Borges, que cuando lo lees lo que te da es libertad.” (p. 117)

Epílogo: en el libro se menciona la notoria obra de mi compatriota venezolano Guillermo Sucre sobre Borges, que es una referencia necesaria. Es oportuno comentar que en 1982 Borges visitó Venezuela y fue gracias a la gestión de un profesor mío, Manuel Jacobo Cartea, ya fallecido, quien ocupó el cargo de Ministro de Cultura. Borges probó las arepas venezolanas y presenció los “toros coleados”. Sería afortunado que alguien rescate los detalles de esa visita y entiendo ha avanzado algo en esa dirección Ricardo Portillo. No obstante, es difícil emular lo que ha hecho Rincón con Borges y Colombia.
Como recuerdo personal, cuando tuve la oportunidad  de visitar el domicilio del gran escritor venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001), hacia 1998 y gracias a las organizaciones CEDICE y LIDERAZGO Y VISIÓN, el titán tenía en lugar destacado su premio Príncipe de Asturias y, al lado, una foto con Borges.

Fuente : Fundación Atlas


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