domingo, 10 de mayo de 2015

El día en el que Borges cumplió con el rito del té en Neuquén


Inés Castro Rendón. Tiene 83 años y es hija del doctor Eduardo Castro Rendón. Se dio el gustazo de estar con el escritor cuando vino a la ciudad.
                       
El encuentro se concretó en la casa del padre de Inés, en la calle Santa Fe, luego de una conferencia que ofreció el escritor.

Desde que leyó el primer cuento de Borges, "Hombre de la esquina rosada", nunca dejó de leerlo y admirarlo.



PABLO MONTANARO

Una tarde en la ciudad de La Plata, a comienzos de los años ’60, una joven estudiante de la carrera de Letras se sumergió por primera vez en un cuento de Jorge Luis Borges, ya por entonces considerado uno de los autores más destacados de la literatura en español del siglo XX. Inés Castro Rendón siguió atrapada y conmocionada en la lectura de “Hombre de la esquina rosada”, incluido en el libro Historia universal de la infamia, en cuya narración el escritor logra dar una dimensión metafísica y universal a ese universo de cuchilleros, prostíbulos y mala vida que conoció desde su primera juventud en el barrio porteño de Palermo. Inés jamás se imaginó que pocos años después, ya instalada en Neuquén, tendría la oportunidad de estar frente a frente con el creador de un universo literario inigualable y, aun más, caminar por las calles de esta ciudad del brazo de él y compartir una charla y un té.
Ese mágico encuentro que vivió la hija del doctor Eduardo Castro Rendón se produjo, según ella, en 1963, en ocasión de la visita que hiciera el autor de Ficciones a esta ciudad para brindar una conferencia en la Cooperadora Escolar Conrado Villegas, ubicada por aquel entonces en la calle Yrigoyen al 1600 y que tenía por objetivo alimentar a más de 200 alumnos de escuelas del Bajo neuquino.
Hoy, a los 83 años, en el cálido living de su casa de la calle Río Agrio, Inés trata de retroceder un poco más de medio siglo para revivir ese momento tan especial e inolvidable en su vida, ya que además de admirar la obra literaria de Borges, tiene el privilegio de haber nacido el mismo día (24 de agosto) -“pero no el mismo año”, aclara con una amplia sonrisa- que el escritor que nunca consiguió el premio Nobel de Literatura.
“Al terminar la conferencia, me acerqué al escenario, le di la mano y le ofrecí que viniera a tomar el té a mi casa. Borges aceptó gustoso el convite, me pidió que le ayudara a bajar los dos o tres escalones que tenía el escenario, me agarró del brazo y nos fuimos caminando”, recuerda con emoción.
Borges disfrutó de aquel té en la casa del doctor Castro Rendón, en compañía de Inés, de su esposo, Félix Luis Vignolles, de Esmeralda “Beba” Lastra, hija del abogado y escritor Juan Julián Lastra, entre otras personas que la memoria de Inés no pudo retener.
De la charla compartida en la casa de la calle Santa Fe 40, Inés rescata algunas reflexiones que soltó Borges mientras saboreaba la infusión. Entre otras cosas, Borges dijo que cuando se empieza a escribir se lo hace de manera muy barroca y que el gran desafío de todo escritor es llegar a la simplicidad de lo que se quiere transmitir. Para Borges la forma barroca de escribir era sinónimo de vanidad o soberbia del escritor.
“Yo no era escritora, ni siquiera pensaba serlo, pero me pareció muy certero lo que dijo Borges”, cuenta Inés, quien le señala al periodista el sillón en el que se sentó Borges y que aún conserva.
Otra de las consideraciones que desplegó Borges en la reunión estuvo referida a los gustos del lector.
“Cuando lea a un autor y ese autor no le guste, no lo lea porque ese escritor todavía no escribió para usted, por más que se llame Shakespeare”, le sugirió Borges a Inés, quien años después se recibió de profesora de Historia en la Universidad Nacional del Comahue con un promedio superior a los 9 puntos, aunque jamás ejerció la docencia pero sí se desempeñó como secretaria en una escuela diferencial.
La mujer confiesa que cuando leyó por primera vez a Borges quedó impresionada y que se preguntó: “¿Puede haber una persona que escriba así?”.
El entusiasmo de Inés por la obra de Borges sigue hasta la actualidad y se refleja en que sobre la mesa en que se desarrolla la conversación para esta nota quedó señalada una página del libro Antología personal que Borges publicó en 1961 en la mítica Editorial Sur, que dirigía su amiga Victoria Ocampo.
Inés se vuelve a emocionar al recordar que cuando se puso de novia con Félix Luis, quien después se convertiría en su marido, le prestó un libro de Jorge Luis Borges. “Félix habrá pensado: ‘Si esta chica me dio un libro de Borges, entonces no es tan idiota; lee y entiende a Borges’”, concluyó.

Fuente : Lm Neuquén .com

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