sábado, 15 de agosto de 2015

Borges en Paraná


Borges en nuestros pagos

Por Rubén Bourlot

Publicado originalmente en la revista Orillas

Paraná tuvo en varias oportunidades la visita de Jorge Luis Borges, en un aparente  retorno a sus antiguas raíces. Por la venas del autor del Aleph corría sangre tagüé mezclada con  torrentes de estirpe anglosajona. Su abuelo, el coronel Francisco Borges anduvo por Entre Ríos en la época de las rebeliones jordanistas y aquí se casó con Frances Ann Haslam y de esa unión nació su padre, en 1874, Jorge Guillermo Borges. De ente último es la novela El Caudillo, que  transcurre en el ambiente de las guerras civiles provinciales.

Es por ello que en la frondosa literatura borgeana se cuelan personajes entrerrianos, sables, cuchillos y tacuaras. De sus primeras escrituras, de su etapa irigoyenista y prologuista de Jauretche, son sus relatos amigables con esos paisanos que frecuentó su padre, que luego abandonó con el paso del tiempo, prefiriendo los compadritos orilleros de Buenos Aires. Por otra parte, la amistad de Borges con los entrerrianos Evaristo Carriego (Carrieguito) y Carlos Mastronardi es bien conocida.

En los años 50

En la década de 1950, apabullado por las turbas peronistas, por la irrupción de personajes orilleros de carne y hueso, nuestro escritor laureado arriba a Paraná en una visita más o menos clandestina. Cuenta Iris Estela Longo que Beatriz Boch “evoca una casi ignorada visita de Jorge Luis Borges a Paraná en tiempos difíciles (1952, época peronista), para dictar una conferencia, que contó con un público discreto en cuanto al número, pero no distante. Lo fue a buscar al Plaza Hotel, y mientras caminaban por calle San Martín, D. Jorge Luis le confió que nunca había imaginado que alguna vez saldría a pronunciar conferencias (confesión que años más tarde comentarían varios de sus biógrafos). Finalizada la conferencia, muy pocos se animaron a cenar con él en el modesto restaurante de la Sociedad Italiana, frente a la Plaza Alvear. Eran cuatro o cinco -puntualiza-; entre ellos el ex gobernador Raúl Uranga. Al otro día, alternó con Juan L. Ortiz y Julio H. Meirama, quien lo condujo en su automóvil hasta la estación del ferrocarril, desde donde viajaría hasta Gualeguay. A Beatriz Bosch se le iluminan los ojos cuando rememora que le llevó a la estación un ejemplar de la primera edición de Historia Universal de la Infamia, para que se lo autografiara. Ninguno de los cuatro contaba con una lapicera para el caso. ‘No sé de dónde Borges sacó un cabito de lapicera (tal vez se lo daría Meirama) y grabó fuertemente los caracteres: ‘A.B.B. con la amistad del antiguo entrerriano J.L. Borges, 1952’ (lo de “entrerriano”, dice, era por el recuerdo de su padre, nacido en Paraná en 1874)”.

En los años 60



 Firma de Borges sobre la pared de un local de Paraná

Una década después, el 29 de julio de 1963, El Diario de Paraná publica una foto del autor de Libro de arena para ilustrar una breve nota donde informa sobre su “visita a la redacción después de pronunciar la magnífica conferencia en el Colegio de Escribanos y bajo el patrocinio de la Asociación Mariano Moreno”. No abundan testimonios periodísticos sobre la repercusión que tuvo el acontecimiento. De esta visita sí quedó estampada su firma en el local donde Élida Guzmán editaba la revista Orquídeas, ubicado sobre calle Laprida casi San Martín.

Más ecos periodísticos tuvo su visita de 1969 cuando el laureado y sempiterno candidato al premio Nobel fue convocado en el marco de un ciclo organizado por una conocida compañía fabricante de máquinas de escribir. Borges habló sobre el tema “El tiempo y los libros” en el auditorio del Instituto del Seguro.

Previamente a la disertación mantuvo una entrevista con periodistas de El Diario. Entre otras consideraciones, manifestó que “cuando escribo pienso fundamentalmente en mis amigos, aunque naturalmente me place, obviamente, que el público en general pueda acoger con satisfacción y agrado mis obras”. En otro segmento de su diálogo periodístico consideró que “el escritor no debe mostrar preocupación alguna por ser contemporáneo, porque ya lo es por naturaleza. Recuerdo a propósito, que cuando yo era joven quería ser moderno, porque creía descubiertos el pasado y el porvenir. Estoy seguro que perdía así toda autenticidad. Ahora escribo, en cambio, con libertad y comodidad; me abandono a la práctica fácil del oficio (…)”. Más adelante sostiene que “la influencia de Groussac y Alfonso Reyes y la frecuentación de la literatura inglesa (…) me han ayudado a simplificar la elaboración de mis conceptos. Antes, creo que por ser un mal lector de los clásicos españoles y de la obra de Leopoldo Lugones, me incliné a un barroquismo que luego presentí que usaba en mis primeras páginas para evitar, quizás, que se descubriera mi propia simpleza (…)”


 El diario aporta datos sobre las actividades del escritor en ese momento: profesor de Literatura Inglesa desde 1955 y actualmente a cargo de un seminario de poesía anglosajona en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa.

Al final de la entrevista, el cronista agrega que el diálogo termina “no porque se agote el tema, ni porque Borges lo pida. Sólo es la hora del almuerzo. ‘Y comer es una necesidad natural que debemos cumplir. Como escribir – dice Borges -, sin que nadie nos lo imponga y sin motivaciones especiales”

Cuenta Adolfo Golz,  presente en la conferencia,  un acontecimiento curioso: dice que al momento de comenzar la alocución el micrófono se “empacó” y no hubo manera de arreglarlo por lo que el escritor la emprendió a viva voz, pero la mala acústica del lugar que se sumó a la deficiente dicción del disertante convirtieron la charla en ininteligible. No obstante los concurrentes a la salida, en los corrillos, comentaban: “qué bueno, qué interesante conferencia…”

Acompaña la nota de El Diario una foto que muestra a Borges departiendo con el cronista de El Diario, Carlos Lerena y el presentador Marcos Rosemberg.

Años después, nos informa Roberto Romani en su libro Hermanos de Patria y Cielo, el ya veterano escritor arribó a Gualeguay con motivo del traslado de los restos de su amigo Carlos Mastronardi. 

Corría 1982 y se cumplía seis años de la muerte del autor de Luz de provincia, era junio y el cementerio gualeyo temblaba con la brisa fría que lo atravesaba. Y ahí estaban firmes para brindarle el merecido homenaje Borges, Héctor Izaguirre, Juan José Manauta, Roberto Beracochea, Juan María Gianello y Armando Freyre, entre otros.

Fuentes:

Testimonio de Adolfo Golz, Paraná.

El Diario, Paraná: 29-07-1963 y 15-08-1969

Romani, Roberto, Hermanos de patria y cielo, Ed. Del Clé, Nogoyá, 1013.

Longo, Iris Estela, La herencia entrerriana en Borges, en Espéculo, revista digital, Nº 35, marzo – junio, 2007


Fuente : La solapa enterriana


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