lunes, 7 de julio de 2014

Joyce: el odio, el amor y la nostalgia de Ulises



 
La Nación, 28 de agosto de 1982

El odio, el amor y la nostalgia de Dublín a través de Ulises y Finnagan´s Awake constituyó el tema de Borges al hablar sobre Joyce en el Mes de las Letras auspiciado por LA NACIÓN y organizado por la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines. Introducido en el tema por Jorge Cruz, quien recordó los 40 años de colaboraciones del escritor en el suplemento literario del diario y la enseñanza de su obra, fundada en talento, trabajo y años, Borges habló –reflexionó en voz alta- acerca del creador irlandés de cuyo nacimiento se han cumplido y celebrado cien años.

Objetos verbales. El protagonismo de Ulises es el idioma inglés, señaló Borges en sus primeras palabras acerca del autor. El tema de la lengua –destacó- es uno de los tantos misterios de la literatura. Hay escritores en los cuales no se siente el lenguaje. En Joyce sí. Tanto como en Quevedo o en Shakespeare, porque son escritores barrocos. En el caso de Cervantes se ve el fenómeno con claridad: importa más el sueño que cuenta que las palabras que utiliza. En cambio en Joyce las cadencias, las connotaciones, las palabras son más importantes que los triviales hechos de esas 24 horas que relata en Ulises. De esta manera –agregó el escritor-, los libros de Joyce son ¨objetos verbales¨, que viven por su cuenta y pueden interponerse como objetos casi independientes entre el autor y el lector. Explicó la trama de ese día normal de un ser humano, que Joyce concibió como una obra épica pero que, según él no le salió (sic!). No se siente la epopeya, insistió Borges al hablar de esa característica. Explicó luego las simetrías- existen pero para el lector común son imposibles de descubrir- para concluir en que esos esquemas necesarios imprescindibles para comprenderlo, constituyen el gran defecto del libro, su fracaso…

El tiempo circular. Borges explicó largamente la imposibilidad de traducir a Joyce a las lenguas romance, porque son reacias a la composición de palabras. Abundó en ejemplos de esta afirmación, para terminar señalando que probablemente el libro no haya sido escrito para ser leído, sino para ser analizado, estudiado, o para darle prestigio, o quizás para que se convirtiera después de mucho tiempo en un libro para niños. El ideal de un libro que fuera en realidad un laberinto –de allí Dedalus, uno de los personajes- hijo que Joyce equivocara el camino y tentara una novela, su mayor error. Quizás si Joyce hubiera escrito cuentos, o poemas, hubiera sido más valioso y más inteligible. Joyce tenía un sentido muy intenso de las palabras y con ellas jugaba, como por ejemplo con el mismo título de Finnagan´s Awake, que en realidad contiene un juego de palabras que simboliza su idea temática: el concepto del tiempo circular.



El máximo barroco. De todas maneras Joyce es el máximo escritor barroco y en la época en que escribe, llena de ismos y de escuelas, quizás la única justificación de toda esta literatura, sean sus dos libros. Recordó las palabras de Virginia Woolf: Ulises es una derrota, pero ¡qué derrota! Insistió en el libro como fracaso, lo comparó con el intraducible barroquismo de Quevedo, recordó la ceguera de Joyce, la imposibilidad de recordar a sus personajes con la familiaridad casi íntima con que uno recuerda a Martín Fierro, o a Alonso Quijano, y finalizó exhortando a preguntar, porque él también quería aprender algo… Y allí comenzó el agudo, irónico, benévolo, chispeante, retozón y zumbón monólogo de Borges, mechado de innumerables preguntas oportunas e inoportunas.

Fuente : De Fierro

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